Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

viernes, 29 de noviembre de 2019


a S.R.D.

Alguna vez
cuando ya no estés
vendrán loores mejores que este
de un niño a medio vestir
mirando la Luna
del mancillado de cuatro mares
de los pobres de la Tierra
que no conocerán tu tonada

Alguna vez
me saldrá una copla
parecida a la tuya
porque hay huellas
junto a nuestras pisadas
destrozando versos
que se quedan en la nada

Alguna vez
en el siglo que viene
tus palabras encriptadas
otras muy abiertas
tendrán seguidores
del amor que sigue faltando
sin proporciones

Alguna vez
te volveré a dar las gracias
por tu vocablo lleno de música
tu compañera
que ha sido alivio
ganas
en este andar de madrugada



miércoles, 27 de noviembre de 2019


Alberto Fernández dio una primera señal en la búsqueda de recuperar el vínculo diplomático con Cuba
(Por Martín Dinatale, INFOBAE)

Unas tres horas antes de que recibiera al embajador de Estados Unidos, Edward Prado, Alberto Fernández recibió ayer al representante de Cuba en Argentina, Orestes Pérez, y confirmó de esta manera que las relaciones bilaterales que buscará su gobierno con las autoridades de la isla tendrán mucha más relevancia de la que le dio la gestión de Mauricio Macri.



Ni la embajada de Cuba o el área de prensa de Fernández difundieron una foto del encuentro con embajador Pérez en las oficinas de Puerto Madero. Pero allegados al presidente electo ratificaron a Infobae que el encuentro fue “muy positivo y servirá para construir una relación sólida entre Cuba y Argentina”.

Está claro, desde lo gestual hasta lo pragmático, y así lo dejaron a entrever los allegados a Fernández, que, a diferencia de Macri, el próximo gobierno quiere realzar las relaciones con Cuba. Es que durante la gestión de la administración actual casi no hubo vínculos con las autoridades de La Habana. Sólo se dio un viaje de cortesía en el 2018 del jefe de Gabinete, Marcos Peña, con el secretario de Asuntos Estratégicos. Fulvio Pompeo, para hablar con las autoridades de la isla. No mucho más que eso.

También se pudo saber que la diplomacia cubana se interesó por el enfoque que le dará la Argentina a su futuro vínculo con Estados Unidos y fue allí cuando Alberto Fernández mencionó que unas horas más tarde recibiría al embajador Prado para plantear una relación de “respeto y madurez” con Washington. De hecho, eso fue lo que escribió el ex jefe de Gabinete en su cuenta de Twitter tras la reunión. Es que la diplomacia cubana remarcó las diferencias que hubo en el diálogo de La Habana y Washington entre la presidencia de Barack Obama y la actual de Donald Trump, que encara un discurso agresivo hacia Cuba.

El otro tema preponderante en la reunión de Fernández y el embajador Pérez fue el de la agenda latinoamericana. El mandatario electo remarcó la necesidad de que la Argentina retome la agenda regional y dijo que la cumbre del Grupo Puebla que se dio hace 20 días en Buenos Aires marcó ese rumbo.

Se pasó revista de la situación de conflictividad social que se vive en Chile, en Bolivia, Ecuador, Colombia y, por supuesto, la necesidad compartida de encontrar una salida a la crisis de Venezuela.

Cuba representará para Fernández un país “amigo y cercano”, como graficaron en su círculo intimo. Y se remarcó este punto teniendo en cuenta también que la hija de Cristina Kirchner, Florencia, se encuentra allí desde hace un tiempo bajo un tratamiento médico. El embajador Pérez resaltó la buena sintonía que tiene la vicepresidenta electa con Cuba, que se reforzó con los viajes que hace permanentemente para ver a su hija.

Fernández apuesta también a reforzar las relaciones comerciales y económicas con Cuba para exportar alimentos y potenciar el intercambio en términos de acuerdos comerciales y de ciencia y tecnología.


miércoles, 13 de noviembre de 2019


La tradición de lucha y la organización ancestral de la base social de Evo Morales no han dicho la última palabra.
(Por Iroel Sánchez, en su blog “La Pupila Insomne”)


Evo Morales no es un político tradicional, tampoco un militar, se forjó como líder en los sindicatos y los movimientos sociales que tuvieron que enfrentar por largo tiempo represiones y dictaduras en el país que tal vez haya sufrido más golpes de estado en todo el planeta.

Cualquiera que conozca cómo funcionan los sindicatos y las juntas vecinales en Bolivia sabe de su democracia interna, de cómo someten a asamblea todos los asuntos en su larga historia de movilizaciones, resistencias y huelgas donde no pocos de sus integrantes han dejado la vida.

Es en esa cultura de lo colectivo, de la lucha social, de la negociación y de no decidir unilateralmente ningún asunto donde creció Evo Morales hasta convertirse en un estadista de talla mundial. Desde esa perspectiva renovó la política boliviana con una Asamblea Constituyente, nuevas instituciones, nuevas leyes y nuevas políticas que beneficiaron a todos los bolivianos y bolivianas, incluyendo los más ricos. Con él fueron muchos menos los pobres pero también los ricos se hicieron más ricos.

Su gestión económica fue muy exitosa, tanto que convirtió al segundo país más pobre en América en el de mayor crecimiento económico. Su política exterior estuvo abierta a todos, y la radicalidad de su discurso antiimperialista y anticapitalista no le impidió asistir a la toma de posesión de Jair Bolsonaro y dirigirse a él como “hermano presidente”. Su confianza en la verdad y la democracia es tal que, cuestionadas las elecciones en que recibió el 47% de los votos y 10% de ventaja sobre su más cercano adversario, convocó nada menos que a la proestadounidense Organización de Estados Americanos para que hiciera una auditoría, y ante la recomendación de esta de repetir las elecciones la aceptó, luego de consultar con la Central Obrera y el Pacto de Unidad conformado por diversas organizaciones sociales del campo y la ciudad, suspendió para renovarlo el Tribunal Supremo Electoral, y antes llamó a un diálogo con todos los partidos con representación parlamentaria que sus enemigos -quienes lo tildad de dictador- rechazaron.

A trece años de gobierno, algunos olvidaron la Bolivia empobrecida y con racismo institucionalizado anterior a Evo pero otros la desean de regreso. El eco de un referendo manipulado y descalificado judicialmente por la infame mentira de adjudicarle un hijo falso y abandonado se vuelve a enarbolar contra su reelección. Pero lo único real es que una vez más la oligarquía sólo respeta las reglas de su democracia cuando vence con ellas, de lo contrario da un golpe de estado.

Ante el riesgo de un baño de sangre por la negativa de la policía a velar por el orden y el llamado de los militares a que renunciara, Evo prefirió deponer su cargo pero sin arrepentirse de nada, y recordando el deber de los militares y de quienes lo adversan de proteger al pueblo y detener la ola de violencia fascista contra sus compañeros y partidarios que ya son objetivos de la violencia extrema. Sus últimas palabras fueron “la lucha sigue”.

 En un análisis crítico sobre los retrocesos de los gobiernos de izquierda en Latinoamérica, realizado en junio de 2016 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el Vicepresidente de Evo, Álvaro García Linera, analizó brillantemente resultados, debilidades y perspectivas de esos procesos, revelando una profunda comprensión de lo desafíos que deben enfrentar los procesos de emancipación popular en el continente. García Linera acudió allí al Lenin de la Nueva Política Económica para acertadamente plantear la necesidad de prestar a la economía la mayor atención. Sin embargo, el Lenin de El Estado y la Revolución parece no haber sido tomado en cuenta en ese análisis:

“…al llegar a un cierto grado de desarrollo de la democracia, ésta, en primer lugar, cohesiona al proletariado, la clase revolucionaria frente al capitalismo, y le da la posibilidad de destruir, de hacer añicos, de barrer de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués, incluso la del Estado burgués republicano, el ejército permanente, la policía y la burocracia, y de sustituirlos por una máquina más democrática, pero todavía estatal, bajo la forma de las masas obreras armadas, como paso hacia la participación de todo el pueblo en las milicias.”

Esta no es la hora de criticar, ni de señalar errores, cuando los compañeros bolivianos y sus líderes necesitan y merecen toda nuestra solidaridad. Sólo vale referirse a ello porque la maquinaria que adversa a la Revolución cubana y propone la cada vez más desacreditada democracia representiva para Cuba lleva años insistiendo en sustituir con ella la institucionalidad revolucionaria que impide que aquí pueda ocurrir algo así. Ver a unos implicados en el golpe, otros intentando una equidistancia imposible, pero todos atacando a Evo hasta llegar a la burla mediocre en las redes sociales confirma que jamás representarán al pueblo cubano cuya profunda cultura política lo hace estar unanimente del lado de los humildes de Bolivia.

Indefensas ante su enemigos de clase, con las instituciones armadas al servicio de la oligarquía y el imperialismo, un poder mediático nacional y global que los demoniza y unos movimientos sociales sin la capacidad movilizativa de cuando peleaban en la calle los derechos que Evo conquistó para ellos, no es muy esperanzadora la situación actual de las fuerzas que encabezara el primer Presidente indígena en Suramérica. Pero la tradición de lucha y la organización ancestral de esa base social no han dicho la última palabra.



BAILAR EN CASA DEL TROMPO


Se ha efectuado un Golpe de Estado en Bolivia, no hay dudas de ello y la derecha golpista que seguía agazapada en el pasado y hoy tiene la aprobación del imperio, salió a la luz con sus armas de siempre. Pacificar el país sin Evo sí, con Evo en el gobierno no.

Ahora bien, yo no soy un político, cuanto más, alguien que las injusticias de este Mundo no le son ajenas, por tanto mi necesidad de expresarme en este rincón perdido de la inmensa red.

Los movimientos populares que resurgieron con Chavez después de 1998, tienen que entender, si es que así finalmente lo quieren, que si los cambios que se proponen los quieren hacer dentro de la democracia burguesa, que lleva años aceitando su perpetuidad en el poder, queridos míos les comento, están bailando en casa del trompo. La derecha burguesa, entreguista y complaciente con el imperio yanqui considera que el poder es de ellos, y los movimientos populares que llegan al poder avalados en las urnas, es solo un desvió momentáneo de su poder eterno, dictatorial, para ello no solo han conquistado con sus medios hegemónicos las almas de más de un pobre latinoamericano, sino que tienen todos los resortes económicos para hacer caer un intento de cambio profundo en las bases de su sistema.

Los movimientos populares que llegan al poder duermen con el enemigo todos los días, que los desprecia y los considera no aptos para llevar las riendas de nuestros países latinoamericanos. En ese marco de jugar con las reglas del otro y en su campo, los errores se pagan caro, sobre todo si las victorias en las elecciones no son contundentes, es decir como ha ocurrido recientemente en Bolivia. Hasta que Evo gano por más del 60% de los votos, podía llevar a cabo sus reformas a la constitución y sus cambios sociales, pero tan solo ese número se achico cercano a la paridad, la derecha golpista se sintió con el aval suficiente para hacer lo que acaban de hacer y propinar un golpe de estado sin mucho miramientos a sus propias reglas. Que el ejercito de un país que por la Constitución debe estar subordinado a su Comandante en Jefe, el Presidente de la República, “sugiera” la dimisión de la primera magistratura de un país, habla sin mucho rodeo de un Golpe de Estado.

Ahora bien, también me molesta, de que los movimientos populares se manden cagadas por no escuchar a la gente y luego tenemos que salir a apoyar sus meteduras de pata, es mas en esa situación uno apela a defender determinadas posiciones de principio de justicia social en contra de la siempre despiadada actitud que la derecha colonialista y obsecuente aplica, pero no tiene que ser así.

En la Argentina tuvimos que “manducarnos” a un gobierno neoliberal cuatro años, con todas las desgracias sociales que eso trae, porque Cristina no quiso preparar dentro de su movimiento a alguien que siguiera su línea estatista, a favor de las reivindicaciones sociales, industria nacional, la soberanía económica y científica. Así pago el pueblo su error, por simplemente no escuchar a la gente de a pie, y prestar solo oídos a los aduladores que siempre aparecen alrededor de los líderes populares.

En Bolivia ha pasado algo parecido, el 21 de Febrero de 2016 las urnas por estrecho margen le negó la posibilidad de “cambiar” la constitución, para poder ejercer un tercer mandato, debió escuchar y preparar su relevo para las próximas elecciones, sin embargo acudió a artilugios judiciales para poderse presentarse en este Octubre de 2019. ¿Por qué no escucho Evo y Linera?. El Vicepresidente Álvaro Linera, había alertado en ese mismo 2016 sobre la problemática de la continuidad del proceso transformador boliviano sin la presencia de su líder indiscutido, pero pasaron 3 años e insistieron en una única posibilidad, que Evo se presentase de nuevo, “violentando” de alguna manera las reglas del juego que han decidido acatar en una Constitución votada mayoritariamente por los bolivianos en el 2009.

Mi convicción más profunda es que si se decide enfrentar al enemigo en el campo de batalla que este ultimo conoce bien, no queda más remedio que hacerse catedrático de todas las condiciones de ese campo, sino se perecerá en la lucha.

Me duele lo que ha sucedido en Bolivia, ha sido un Golpe de Estado a la vieja usanza, seguiré apoyando las transformaciones que el movimiento MAS trajo a Bolivia, colocando a los vilipendiados de siempre al frente de sus demandas y cambios sociales. Evo sigue vivo, por suerte, y a él como líder le corresponde analizar los errores cometidos y volver a las bases, allí está la sabiduría que un día por el 2006, las masas populares aun contra las declaraciones explicitas de Estados Unidos lo coloco como el primer presidente indígena de su historia.

lunes, 11 de noviembre de 2019

CARTA DE RENUNCIA DEL PRESIDENTE DE BOLIVIA EVO MORALES



HACE 46 AÑOS FUE ALLENDE, HOY FUE EVO, LA DERECHA GOLPISTA SIGUE INTACTA EN NUESTRA AMÉRICA



miércoles, 6 de noviembre de 2019


CUBA EN DATOS: ¿Cómo SERÍAN 24 HORAS SIN BLOQUEO?
(Por: Randy Alonso Falcón, Lissett Izquierdo Ferrer, Edilberto Carmona Tamayo, en CUBADEBATE)

Pensemos en un día de cualquier mes, pero no sería un día cualquiera. Imaginemos a Cuba 24 horas sin el bloqueo que desde hace casi seis décadas frena su desarrollo. Transformemos el costo de esa política extraterritorial en capacidad de pago del país, solo durante mil 440 minutos. ¿Cuántos beneficios socioeconómicos se reportaría? Hagamos el cálculo.
Tomemos los sectores de la Salud Pública y el Transporte, porque innumerables pudieran ser los ejemplos. De no existir las restricciones impuestas por el Gobierno de Estados Unidos, definitivamente todas las actividades verían sus cuentas más holgadas.
En el informe que Cuba presenta cada año ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, las afectaciones del bloqueo están expresadas de dos maneras: a precios corrientes y teniendo en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional. Para nuestro ejercicio seleccionamos este último caso.

Precios corrientes: indicador del valor de las mercancías o servicios acumulados al momento de la operación. Se emplea para referirse a los valores de las mercancías expresados a precios de cada año.



Salud





Transporte



Inversión extranjera



De no existir las presiones, amenazas y advertencias por parte de la administración estadounidense, ¿cuántos empresarios extranjeros estarían dispuestos a invertir en Cuba?




lunes, 4 de noviembre de 2019


EL TRIUNFO DE LA SENSATEZ
(Por Horacio Verbitsky, en “EL COHETE A LA LUNA” ) 

No es una revolución. No implica una redefinición ideológica. No funda una nueva identidad política. No es seguro que se trate de una combinación estable. No garantiza una salida rápida ni fácil a la grave crisis económica que, por primera vez, combina lo peor de dos mundos: estancamiento con inflación.

Pero constituye el triunfo de la sensatez, luego de años de extravíos. Nada más, pero nada menos. La victoria de Alberto y Cristina prueba la extraordinaria resiliencia de la sociedad argentina y el vigor del peronismo, a tres cuartos de siglo de su irrupción y a casi medio de la muerte de su fundador. Más aún, en otros lugares del mundo comienza a observárselo como una fórmula posible para contrarrestar la peste de la globalización asimétrica. Observadores del PT brasileño se ilusionan con que estos resultados incidan en la decisión del tribunal supremo que el mes próximo debe pronunciarse acerca de la posible libertad de Lula.

Ponerle un freno terminante al experimento macrista no es un logro menor. Desde la reforma constitucional de 1994, sólo Fernando De la Rúa fue derrotado en la primera prueba en las urnas posterior a su elección y ni siquiera cumplió su mandato de cuatro años, concluido por un senador bonaerense de la oposición designado para ello por la asamblea legislativa. Macrì logró consolidar un núcleo duro, de antiperonismo rabioso, al que sumó el manosantismo evangélico, con el que aspira a convertirse en jefe de la oposición. De este modo, la campaña de este año fue la de mayor interés ideológico, porque se enfrentaron en forma explícita dos proyectos antagónicos: el conservador oligárquico que aquí se enmascara como republicano, y el nacional y popular que encarna en el peronismo.

Horacio Rodríguez Larreta, el único triunfador de PRO en la jornada de ayer, tiene una idea distinta a la de Macrì. La ayuda del Hada Buena con la que cuenta, quedó devaluada por sus pobres resultados bonaerenses, este año en que la jerarquía católica se opuso al gobierno y no a los candidatos peronistas bonaerenses, uno por los nexos que le inventaron con el narco, otro por su pasado comunista.

Durante toda la campaña, el poder económico y parte de la dirigencia política propia planteó que el Hada Buena era mejor candidata que Macrì y llegó a pedir que lo reemplazara en la fórmula. Sin embargo, sus resultados frente a Axel fueron más pobres que los de Macrì en la elección nacional. Varios intendentes de PRO pudieron conservar sus posiciones en el conurbano, al precio de cortar de la boleta a Macrì y a Vidal: es lo que ocurrió en Bahía Blanca, La Plata, Mar del Plata, Tres de Febrero y Lanús, que se sumaron a los inamovibles municipios prósperos de Vicente López y San Isidro. No les bastó en Quilmes, donde Mayra Mendoza batió en forma nítida al cocinero de las inundaciones. Los únicos resultados aceptables que Macrì obtuvo ayer fueron en la Capital, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, San Luis y Mendoza, si bien por márgenes inferiores a los de 2015. En cambio, perdió incluso en Corrientes y Jujuy, gobernadas también por aliados radicales. Junto con Horacio Rodríguez Larreta, el otro gran triunfador entre los derrotados es Alfredo Cornejo, que le saca varios campos de distancia a Gerardo Morales, el carcelero de Milagro Sala, quien pagó su excesiva cercanía con Macrì, explicable por algunos negocios. Junto con Martín Lousteau, o sea Enrique Nosiglia, Cornejo forma parte del eje con Horacio Rodríguez Larreta que pugnará con Macrì por el liderazgo de la oposición. No son diferencias sólo personales. Para Rodríguez Larreta, sin un cambio de fondo en las relaciones entre oficialismo y oposición, lo que viene después es un Bolsonaro. Macrì, en cambio, está dispuesto a endurecer sus planteos todo lo que sea necesario y no le disgustaría ser él ese ominoso Bolsonaro.

El domingo no fue tan notorio porque no le tocó el turno a Mister Hyde, como luego de las PASO, sino al amable doctor Jeckyll, que invitó al Presidente electo a desayunar. Con precisión, Cristina dijo en la sede del Frente de Todos que hasta el 10 de diciembre el único responsable del gobierno es Macrì. Medialunas sí, pero sin enchastrarse con la mermelada. A la medianoche, el Banco Central hizo ejercicio de esa facultad, al reducir de 10.000 a 200 dólares mensuales la restricción para la compra de dólares. Es muy claro que las reservas fueron descuidadas hasta que Macrì reconoció que el remate de 22.000 millones de dólares no bastó para impedir el desenlace cantado. “Nos obligaron a hacer kirchnerismo”, dijo el ocurrente ministro Dante Sica.

La travesía de Alberto

El ahora Presidente electo fue jefe de gabinete durante los cuatro años de Kirchner y el primero de su esposa, con quien disintió acerca del conflicto con la Sociedad Rural por cómo controlar el precio de los alimentos. Rompió a mediados de 2008 y pasó a la oposición, aunque nunca tuvo una base partidaria relevante. Eran él y su historia como integrante del Grupo Calafate, donde se gestó el kirchnerismo.

Luego de la notable elección de 2011, donde Cristina fue reelecta con el 54%, sólo por debajo del 62% de Perón en 1973, estaban las condiciones dadas para organizar la sucesión, apostando a un candidato que expresara las líneas centrales del proceso iniciado en 2003. En cambio, el gobierno se ilusionó con un batacazo en las legislativas de 2013 que permitiera suprimir el impedimento constitucional a un tercer mandato. Era una apuesta temeraria, porque aun repitiendo las cifras de 2011, el FpV estaría lejos de los 2/3 de cada cámara necesarios y debería contar con quienes estuvieran dispuestos a acudir en auxilio de la victoria.

Además, no hubo congruencia entre el principal candidato bonaerense y el tono de la campaña. Martín Insaurralde fue seleccionado porque su perfil coincidía con el de quien desafiaba a Cristina alejándose de sus filas, el intendente de Tigre Sergio Massa: joven, fachero, indefinido, obsesionado por la seguridad. Pero todos los avisos seguían el eje En la vida hay que elegir, que acentuaba las diferencias. Candidato y publicidad no coincidían. El original batió a la copia en forma holgada y se proyectó como aspirante presidencial para la renovación de 2015.
Intendentes y gobernadores peronistas apoyaban la candidatura de Daniel Scioli, a la que Cristina se resistió cuanto pudo. Para mellarlo, propició el lanzamiento de Florencio Randazzo, quien contó con un presupuesto mil millonario en dólares para remediar décadas de abandono ferroviario, que se pagaron con la derrota electoral en toda la línea del Oeste luego de la catástrofe de Once. Pero no era un buen candidato y sus ataques cada vez más duros a Scioli fueron contraproducentes.

Llegó a decir que con ese candidato el proyecto quedaba manco. Cada vez que profería un exabrupto contra el rival interno, bajaba en las encuestas. Cristina debió resignarse a Scioli. Le ofreció a Randazzo la candidatura a la gobernación de Buenos Aires, pero le respondió que la presidencia o nada, bien alavagnado. Le propuso entonces que enfrentara en internas a Scioli-Zannini, llevando a Axel Kicillof como candidato a vice. Tampoco lo aceptó y se recluyó en su pago chico de Chivilcoy.

Así y todo, Maurizio Macrì apenas ganó por 2,68% en el balotaje. La noche inolvidable del 9 de diciembre de 2015 los mayores estaban preocupados por lo que se venía. Los jóvenes tenían una extraña tranquilidad. Contra el pueblo movilizado no van a poder, decían.

Sí y no. No pudieron consolidar un proyecto, pero ejercieron el gobierno en plenitud, como si hubieran ganado por veinte puntos. El poder es así. En 2003 Kirchner llegó con menos de la mitad, pero en el primer mes consolidó el poder con un hiperactivismo que lo mostró al mando, aplicando medidas anheladas por la sociedad. En apenas cuatro años, Macrì produjo una catástrofe económica y social: ató una vez más a la Argentina a la rueda del interés compuesto (la expresión es de Scalabrini Ortíz), endeudándola como nunca antes; autorizó tarifazos de los servicios públicos prestados por empresas de sus socios y amigos, en niveles que decenas de miles de usuarios no pudieron afrontar; destruyó la producción y el empleo), empoderó a las fuerzas represivas como respuesta al conflicto social.

Una victoria en la derrota

En mayo de 2017 un acuerdo secreto del gobierno y la Iglesia Católica generó el fallo de la Corte Suprema de Justicia que aplicó la derogada ley del 2×1 a militares detenidos por Crímenes de Lesa Humanidad. La impactante reacción de la sociedad, convocada a manifestarse por los organismos defensores de los derechos humanos, forzó al Congreso a sancionar una ley interpretativa que la Corte usó para retractarse. En agosto, el Poder Ejecutivo ordenó invadir con fuerzas federales una comunidad mapuche de Chubut sin orden judicial. En la desbandada desapareció el artesano Santiago Maldonado, cuyo cuerpo sin vida apareció en el río 77 días después. En diciembre, Macrì y su ministra de Seguridad Patricia Bullrich recibieron y presentaron como ejemplo al policía Luis Chocobar, quien había matado de un disparo en la espalda a un joven desarmado que huía, luego de haber robado y herido con arma blanca a un turista estadounidense.

Ese fue el contexto de las elecciones legislativas de 2017. Cristina presentó su candidatura en la provincia de Buenos Aires por Unidad Ciudadana, la combinación electoral que propició desde los primeros meses del gobierno de Cambiemos, instando a unirse a todos quienes sufrían las consecuencias de la política oficial. Randazzo se negó en forma empecinada a cualquier acuerdo, incluso rechazó el ofrecimiento de CFK de encabezar la lista de diputados. A Cristina le faltó entonces un operador capaz de torcer una voluntad que no se sostenía más que en un capricho. Alberto era en ese momento el jefe de campaña de Randazzo, quien apenas llegó al 5% de los votos. Quienes lo acompañaron entonces entendieron el mensaje.

Cristina fue vencida por el ex ministro de Educación Esteban Bullrich, el dirigente de Cambiemos que postuló una educación para la incertidumbre (respecto del empleo y el ingreso de cada uno) y afirmó nada menos que en la casa de Anna Frank en Holanda que el nazismo “no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia”. Pero el 37% que la acompañó reordenó todas las piezas dentro del peronismo. No bastó para imponerse al gobierno de Cambiemos, que logró mejorar su representación legislativa, pero mostró que nadie estaba en condiciones de disputar con ella el liderazgo de la oposición.

Dos meses después de esas elecciones, la resistencia masiva a la reforma del sistema previsional (por primera vez con coordinación entre la movilización callejera y el recinto del Congreso) dio comienzo a la decadencia cambiemosa, que no pudo aprobar la reforma laboral. Un día después de que se votara el presupuesto 2018, el gobierno anunció en conferencia de prensa que duplicaba la previsión inflacionaria. Esto a su vez incidió para que los mercados voluntarios de deuda se cerraran al gobierno argentino y comenzara la corrida.

De ahí en adelante todo fue cuesta arriba para el gobierno. Pero sin la movilización social primero y la combinación electoral después, eso podría haberse agotado como en Chile, donde el repudio a las políticas del neoliberalismo no tiene expresión política. Con todas las diferencias que hay entre las sociedades a ambos lados de la Cordillera, como los respectivos movimientos de derechos humanos y la diferente profundidad de los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, no es aventurado decir que la democracia chilena está viviendo su 2001, es decir el repudio colectivo a las políticas seguidas por los gobiernos de los distintos partidos que sucedieron a la dictadura. Los doce años de gobierno del kirchnerismo; la disposición del peronismo a reunificarse frente al adversario común; el sindicalismo, que desde las bases resistió las políticas de despojo de derechos; los movimientos sociales que organizaron y canalizaron el descontento para que no se agotara en estallidos anárquicos; el movimiento de mujeres que se constituyó en una nueva actriz política, son algunos de los elementos a tener en cuenta. Y también la visión estratégica de Cristina, que desde el primer día promovió esa unidad, sin ambiciones personales, con una lucidez que reconfiguró la escena nacional en términos incontrolables para el gobierno.

La unidad y los riesgos

Alberto fue de los primeros en entender el significado de las elecciones bonaerenses y acercarse a Cristina. El acuñó la consigna Sin Cristina no se puede, sólo con Cristina no alcanza. Cuando la tarea de armado que emprendió junto con Máximo Kirchner estaba dando frutos y CFK ya acariciaba la victoria como candidata, sorprendió a propios y ajenos proponiendo que el candidato fuera Alberto. “Ganar sí gobernar es otra cosa”, le respondió ella. Esto favoreció la reunificación del peronismo e incluso el acercamiento de Massa, quien eludió así el triste final de Lavagna. Cada día que pasaba, Massa quedaba más relegado por la polarización. La presidencia de la Cámara de Diputados no es una mala recompensa por haber pegado el salto y ayudado a demostrar que el peronismo unido sigue siendo imbatible. Cristina exhortó anoche a preservar esa unidad. Massa estaba muy serio cuando Axel, Cristina y Alberto reiteraban los compromisos asumidos durante la campaña con los sectores desprotegidos por el macrismo. Mientras muchos especulan con una fisura entre Alberto y Cristina, que ambos niegan con igual énfasis, Massa apunta a ocupar posiciones en el gobierno vinculadas con la energía y las relaciones exteriores, que pueden constituir la primera contradicción seria al interior de la nueva coalición de gobierno.



viernes, 1 de noviembre de 2019


CLAVES PARA PENSAR LO QUE VIENE (y para no perder la oportunidad de construir)
(Por Ana Castellani, en “EL DESTAPE”)


Los resultados de las elecciones generales del último domingo confirman que en nuestro país aún sigue vigente un régimen particular de dominación política en el que dos bloques sociales de configuración diversa, que propician modelos socioeconómicos y culturales prácticamente opuestos, pugnan por convertirse en el actor central de un régimen estable y duradero. Un tipo de régimen de hegemonía escindida en el que dos proyectos de país, que hoy se expresan en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, disputan “la conducción moral de la sociedad”. Estos dos proyectos se fueron configurando desde 2008 en torno al clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo, condensando ahí ideas, creencias, valores y prácticas que recuperan tradiciones e identidades políticas previas, pero que fueron resignificadas a partir del llamado “conflicto con el campo”, delineando dos núcleos identitarios nuevos y distintivos.

Veamos cuáles son las características de cada uno de estos proyectos y los rasgos sociodemográficos de sus núcleos duros de adhesión:

En el caso del núcleo duro del actual oficialismo sabemos que está compuesto mayoritariamente por varones, mayores de 55 años, con estudios superiores, ubicados en niveles de ingreso medio-medio alto y alto de la pirámide social, residentes en CABA, zona norte del AMBA y zona central del país.

En términos identitarios se trata de un conglomerado heterogéneo donde conviven antiperonistas, liberales, radicales, socialistas, peronistas pero que tienen un denominador común: son profundamente antikirchneristas, con una valoración muy negativa de esos gobiernos y de sus dirigentes. En especial, de Cristina Fernández.

Este grupo detenta una doble distinción, moral y social. En términos morales se ufana de su superioridad ética e impugna a su adversario desde lo moral por considerarlo deshonesto (“no banco corruptos”, “se robaron un PBI”); y en términos sociales, defiende la desigualdad y el principio meritocrático de organización social (“no somos todos iguales”, “nos merecemos distintas cosas”).
El perfil sociodemográfico del otro núcleo es distinto; en su mayoría se trata de mujeres, jóvenes, con estudios básicos, pertenecientes a sectores medios bajos y bajos, residentes en Conurbano, Patagonia y NEA.

En términos identitarios vienen de tradición peronista y del centro izquierda. Creen en la solidaridad como principio de organización social, la igualdad como horizonte, la acción colectiva como herramienta de lucha social, reivindican la política como mecanismo de transformación, la defensa de la soberanía, y el rol activo del Estado en la economía. Valoran la experiencia de gobierno kirchnerista, con mayor o menor nivel de crítica, y tienen un compromiso militante fuerte.

Ahora bien, además de estos núcleos duros más definidos, existen “periferias blandas” que están integradas por votantes fluctuantes, más desafectados de la política, sin identificaciones partidarias sólidas, que reivindican su independencia para decidir en cada coyuntura a quién votar según un conjunto de razones que no derivan de una afinidad política definida sino de motivaciones instrumentales, valorativas y/o emocionales propias del momento. Opciones que se definen ante cada escenario electoral.

Vale aclarar que a pesar de definirse como apartidarios y de no involucrarse en la política, estos ciudadanos tienen un conjunto de ideas firmes sobre lo político, el país, la sociedad, los grupos que la integran, sus relaciones, etc. O sea tienen tanta ideología como cualquiera aunque no la reconozcan de manera explícita o consciente. En términos sociodemográficos sabemos que se trata mayoritariamente de mujeres, jóvenes, con estudios básicos, de sectores medios, medios bajos y bajos, residentes en zonas urbanas.

Realizan una clara distinción social entre el que trabaja y el que no. Entre el decente y el delincuente. Tienen expectativas típicas de sectores medios aunque objetivamente no lo sean: quiere ascender, estar mejor, creen que puede hacerlo a través del esfuerzo personal pero también necesitan “un Estado que los cuide”.

Para salir de la dinámica propia del régimen de hegemonía escindida, que no permite estabilizar un proyecto viable de país, necesitamos encontrar ciertas demandas transversales a los dos proyectos que puedan ser recuperadas y resignificadas desde el campo nacional y popular. De esta forma se podrá correr el clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo que galvaniza al núcleo duro de la futura oposición, permitiendo avanzar en un proceso de legitimación mucho más amplio que otorgue perdurabilidad a la orientación de las políticas públicas del futuro oficialismo. Sólo así se podrá iniciar un sendero de desarrollo inclusivo y sostenido. Para eso es importante entender algunas cosas: ni todos los votantes de Macri son “gorilas cipayos”, ni todos los votantes de Fernández están convencidos de que “la patria es el otro”. Es más complejo. Y a pesar de las heterogeneidades, hay algunas ideas y prácticas comunes que pueden ser recuperadas para tender los puentes necesarios.

El desafío del Frente de Todos como gobierno y como construcción política es enorme. Tanto a nivel de las dirigencias como de los militantes y adherentes. Básicamente podemos resumirla en cuatro puntos:

1. Sostener la unidad del espacio. Es una condición indispensable para poder crecer acumulando densidad política. La fragmentación derivada de la defensa de intereses particulares de corto plazo y de “la pureza ideológica” sólo favorecen el debilitamiento del proyecto. Esa unidad no implica unanimidad de ideas, ni consenso completo, ni dominio de una fracción sobre otra. Sencillamente reconoce la importancia crucial de cada una de las partes para sostener la unidad. Unidad necesaria para la continuidad y el fortalecimiento del proyecto de gobierno.

2. Gobernar de una forma innovadora. La eficiencia, la transparencia, la integridad, la coordinación estratégica y la articulación política tienen que ser los ejes rectores del nuevo equipo de gobierno. Tenemos la oportunidad histórica de hacer un gobierno distinto, no sólo en el contenido de las políticas públicas sino en la forma de implementarlas. Donde el cuidado de los recursos públicos sea el principio rector de cada acción gubernamental porque son necesarios para desarrollar el país. Donde se pueda comunicar a toda la ciudadanía cada una de las decisiones que se toman de forma clara y precisa. Donde la idoneidad profesional y moral sea la marca distintiva de aquellos que sean convocados para gestionar, formando equipos capaces de trabajar coordinadamente, teniendo en claro que la función pública es, antes que nada, servicio.

3. Desafiar el sentido común de manera efectiva. Esta tarea constante es clave para lograr mayores grados de legitimidad social. Poner a la dirigencia y a la militancia en modo persuasivo permanente para tensionar las ideas más naturalizadas y arraigadas en la ciudadanía. Partiendo desde la escucha para poder llegar a la resignificación que permita construir nuevos sentidos comunes. Dejando atrás definitivamente los discursos de odio. Con serenidad y humildad, sin caer en la soberbia o la descalificación del otro. Siempre buscando la empatía. No se convence a nadie desde la subestimación o el agravio. Y eso no implica perder firmeza en las convicciones. Es el tono que debería primar en los discursos públicos de los dirigentes pero sobre todo el que tiene que estar presente en cada barrio, club, lugar de trabajo, etc. “Estamos al lado del otro, no estamos arriba de nadie”.

4. Mantener una conducta ejemplar. Predicar con el ejemplo siempre. Si valoramos la unidad y creemos en la justicia social es necesario actuar con humildad, autocrítica y austeridad. Con propios y ajenos. Hay demandas que atraviesan horizontalmente a la ciudadanía. La honestidad de las dirigencias es una de ellas. Recuperar el valor de la palabra, cuidar los recursos y bienes públicos, ponernos al servicio del otro es crucial para dar señales claras de la dirección elegida. Para evitar procesos de desafección política que pueden llegar a habilitar salidas antisistema con el discurso de “todos son lo mismo”.

El Frente de Todos es una construcción política nueva. Incluye y recupera la experiencia kirchnerista pero a la vez, la excede. Y eso hay que demostrarlo en cada gesto, en cada palabra y en cada política del próximo gobierno. Porque la oportunidad de “volver mejores” se abre ahora y no hay que desperdiciarla.