Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

LA LUNA DE NOKA

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

jueves, 18 de octubre de 2018


CENSURA

¿Donde han quedado nuestras heridas?
aquellas propinadas con el filo de la lengua
columnas de falsos pedestales
¿Quien recuerda?
había una sola voz
ella sabía a Cesar
o tal vez
era los eunucos de Salambó 
el himno a Tanit
impedía que te escucharan





...Es que cuando la canción canta 
verdades 
ni la censura
ni el rencor la han de callar
("Señales", Callejeros)



miércoles, 17 de octubre de 2018


BORGES Y EL MINOTAURO
(José Luis Fariñas, publicado en el blog "La Pupila Insomne")

El espejo te completa y despedaza.
Las arenas resumen cada giro de la flor o el hierro en el desastre
y los tigres vuelven como un oleaje que derriba las ofrendas.
El espejo viene, hacerte despertar no es su tarea,
pero, oscuramente y con destellos muy precisos
(única forma en que ríen las fieras)
te despoja de ti, centro que ya eras del laberinto.


 (Fariñas, Cervantes quijotesco, acuarela, serie, colección Ediciones Liber, 2005)



martes, 16 de octubre de 2018


¿BAILAR EN CASA DEL TROMPO?



Seria mas fácil o no, depende de quién, retirarse como lo hizo Flaubert en su novela Salambó a describir una tierra lejana, en mi caso a la vorágine de la Gran Revolución de Octubre, y al "triunfo" finalmente de la idea de que el Socialismo se puede llevar a cabo en un solo país, defendida a raja tabla por el entonces omnipotente Stalin frente a un Trotski que vio la necesidad de que triunfara momentáneamente en un solo país, pero para su verdadera inserción en el Planeta, el Socialismo tenía que ser Mundial, a través de la Revolución Permanente. Para dar por sentado esa idea de un Socialismo en un solo país tendríamos que empezar por definir ¿Que es el Socialismo?, y si verdaderamente existe una sola respuesta a esa pregunta. Mi erudición es tan pobre que para tal ejercicio  necesitaría volver a nacer y dedicarme a esos menesteres, por tanto me acerco a los temas de este tiempo con muchas falencias, pero con un gran espíritu de entender.

Después de la caída del Muro de Berlín, nos encontramos en "las misma circunstancias" que 100 años atrás, y en ese sentido las fuerzas progresistas que defienden al trabajador de su explotación dentro del sistema capitalista buscan nuevos caminos, no exentos de errores propios y ajenos. Los partidos comunistas, muchas veces fragmentados por diferencias, no muy convincentes, como antaño, son una minoría consciente de la clase obrera, y aunque no han renunciado con hacerse del poder e implantar la Dictadura del Proletariado buscan travesías modernas en alianza con partidos "obreros y de trabajadores" un poco "más populares", que en su labor cotidiana han convencido a grandes masas para que los apoyen dentro de las reglas de la democracia burguesa.

Sin embargo todo esto se hace en el marco de una sociedad Capitalista, gobernada entre bambalinas (y no tanto) por la oligarquía nacional y extranjera, que por otra parte, al menos en los países latinoamericano está mas interesada en su "convicción extractiva de plusvalía", que generar países prósperos con masas amplias de trabajadores en condiciones de seguridad jurídica, medica, educación y consumo adecuado, que en el futuro hagan aumentar sus ganancias. La Oligarquía Nacional y Extranjera en nuestros países han hecho uso, durante más de un siglo, de la "clase política" que han engendrado, para garantizar no solo su impunidad ante su corrupción de "guantes blancos" (fuga de capitales, evasión impositiva, compra de jueces y fiscales, etc.), sino que ante la ultima arremetida de fuerzas populares al poder en varios países de Latinoamérica, léase Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Bolivia, Argentina, han decidido ponerse de nuevo esos "guantes blancos" y salir ellos mismo a defender su poder político, sin intermediarios.

Dicen las viejas tácticas de guerra, que hay dos condiciones que hay que evitar cuando uno se enfrenta a un enemigo, una, es hacerlo en el terreno del enfrentado y otra es aceptar las reglas del contrario en el enfrentamiento. Ambas condiciones no han sido evitadas por los movimientos progresista que han llegado al poder en Latinoamérica en los últimos 20 años, sin embargo en medio de esas fundamentales desventajas en su enfrentamiento con las oligarquías han logrado para la inmensas masas proletarias resultados de mejoramiento humano nada despreciable, aunque en muchas ocasiones esos proletarios no se "han percatado", de donde viene su dicha.

 Este quehacer cotidiano de los partidos progresistas durante muchas décadas, defendiendo a los humildes latinoamericanos, olvidados por más de 500 años, ha hecho posible su ascenso al poder dentro de las democracias burguesa, pero el compartir las reglas de juego que se imponen en esas democracias, los han convertido en parte del "establishment"  de sus sociedades y cuando han perdido su vinculación estrecha con esas masas populares que lo han colocado en esas posiciones gobernantes, reciben de ellas como mínimo la indiferencia y en otros, la condena masiva despojándoles de toda autoridad, es mas prefieren, a cualquier precio, un cambio de conducción política en sus países, optando en algunos casos por representantes de la vieja oligarquía.

Uno podría decir, sin temor a equivocarse, que si esos partidos progresistas que defienden a los proletarios de sus países, se radicalizan, tomando medidas profundas que afectan verdaderamente a la oligarquía nacional y extranjera, para una mejor distribución de la riqueza nacional, obtienen en el peor de los casos una arremetida judicial, económica, nacional e internacional, que puede acabar en un bloqueo total, afectando a toda la población, caso especifico de Venezuela.  Si por el contrario deciden con el mismo objetivo, "bailar en casa del trompo", y coquetear con los grandes capitales, dentro de sus filas, el gusano de la corrupción burguesa corromperá a más de uno, y de alguna manera se romperá ese "contrato cívico de honestidad" que han establecido con sus votantes.

En ambas situaciones se pierde y se gana, nuestros pueblos, tantas veces vilipendiados, tendrán al fin y al cabo la última palabra, a la minoría consciente de la clase trabajadora, que puede levantar la cabeza de las necesidades que los abruma y pensar, le corresponde en cada nueva ola proponer nuevos avance, nuevos senderos, teniendo en cuenta los errores cometidos, y en cada nuevo intento, al menos, detener una vuelta del trompo.

viernes, 12 de octubre de 2018


TRES BOMBAS DE TIEMPO QUE PONEN EN PELIGRO A BRASIL
 (Por Boaventura de Sousa Santos (*), publicado en PAGINA12)



La democracia brasileña está al borde del abismo. El golpe institucional que se inició con el impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff y prosiguió con el encarcelamiento injusto del ex presidente Lula da Silva está casi consumado. La consumación del golpe significa hoy algo muy diferente de lo que inicialmente pensaron muchas de las fuerzas políticas y sociales que lo protagonizaron o no se opusieron. Algunas de esas fuerzas actuaron o reaccionaron con el convencimiento genuino de que el golpe pretendía regenerar la democracia brasileña por vía de la lucha contra la corrupción; otros entendieron que era el modo de neutralizar el ascenso de las clases populares a un nivel de vida que más tarde o temprano amenazaría no sólo a las elites, sino también a las clases medias (muchas de ellas producto de las políticas redistributivas contra las que ahora se movilizan). Obviamente, ninguno de estos grupos hablaba de golpe y ambos creían que la democracia era estable. No se dieron cuenta de que había tres bombas de tiempo construidas en tiempos muy diversos, pero con la posibilidad de explotar simultáneamente. Si esto ocurría, la democracia revelaría toda su fragilidad y posiblemente no sobreviviría.

La primera bomba de tiempo se construyó en el período colonial y en el proceso de independencia, se accionó de modo particularmente brutal varias veces a lo largo de la historia moderna de Brasil, aunque nunca se desactivó eficazmente. Se trata del ADN de una sociedad dividida entre señores y siervos, elites oligárquicas y el pueblo ignorante, entre la normalidad institucional y la violencia extrainstitucional, una sociedad extremadamente desi- gual en la que la desigualdad socioeconómica nunca puede separarse del prejuicio racial y sexual. A pesar de todos los errores y defectos, los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) fueron los que más contribuyeron a desactivar esa bomba, creando políticas de redistribución social y de lucha contra la discriminación racial y sexual sin precedentes en la historia de Brasil. Para que la desactivación fuera eficaz sería necesario que dichas políticas resultaran sostenibles y permanecieran durante varias generaciones a fin de que la memoria de la extrema desigualdad y de la cruda discriminación dejara de ser políticamente reactivable. Como esto no ha sucedido, las políticas tuvieron otros efectos, pero no el efecto de desactivar la bomba de tiempo. Por el contrario, provocaron a quien tenía poder para activarla y hacerlo cuanto antes, antes de que fuera demasiado tarde y las amenazas para las elites y las clases medias se volvieran irreversibles. La avasalladora demonización del PT por los medios oligopolistas, sobre todo a partir de 2013, reveló la urgencia con la que se quería poner fin a la amenaza.

La segunda bomba de tiempo se construyó en la dictadura militar, que gobernó el país entre 1964 y 1985, y en el modo en que se negoció la transición a la democracia. Consistió en mantener a las Fuerzas Armadas (FF.AA.) como último garante del orden político interno y no solo como garante de la defensa contra una amenaza extranjera, como es normal en las democracias. “Ultimo” quiere decir en situación de disposición para intervenir en cualquier momento definido por las FF.AA. como excepcional. Por eso no fue posible castigar los crímenes de la dictadura (a diferencia de Argentina, pero en la misma línea de Chile) y, por el contrario, los militares impusieron a los constituyentes de 1988 veintiocho párrafos sobre el estatuto constitucional de las FF.AA. Por eso también muchos de los que gobernaron durante la dictadura pudieron seguir gobernando como políticos elegidos en el Congreso democrático. Apelar a la intervención militar y a la ideología militarista autoritaria quedó siempre latente, a punto de explotar. Por eso, cuando en los últimos meses los militares comenzaron a intervenir más activamente en la política interna (por ejemplo, apelando a la permanencia de la prisión de Lula), parecía normal, dadas las circunstancias excepcionales.

La tercera bomba de tiempo se construyó en Estados Unidos a partir de 2009 (golpe institucional en Honduras), cuando el gobierno estadounidense se dio cuenta de que el subcontinente huía de su control mantenido sin interrupción (con la excepción de la “distracción” en Cuba) a lo largo de todo el siglo XX. La pérdida de control contenía ahora dos peligros para la seguridad de Estados Unidos: el cuestionamiento del acceso ilimitado a los inmensos recursos naturales y la presencia cada vez más preocupante de China en el continente, el país que, mucho antes de Trump, se consideró la nueva amenaza global a la unipolaridad internacional conquistada por Estados Unidos tras la caída del Muro de Berlín. La bomba comenzó entonces a construirse, no sólo con los mecanismos tradicionales de la CIA y el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (también conocido por su denominación anterior, Escuela Militar de las Américas), sino sobre todo con los nuevos mecanismos de la llamada defensa de la “democracia amiga de la economía de mercado”.

Esto significó que, más allá del gobierno estadounidense, la intervención podría incluir organizaciones de la sociedad civil vinculadas a los intereses económicos de Estados Unidos (por ejemplo, las financiadas por los hermanos Koch). En consecuencia, es una defensa de la democracia condicionada por los intereses del mercado y, por eso, descartable siempre que los intereses lo exijan. Esta bomba de tiempo mostró que ya estaba lista para operar en Brasil desde las protestas de 2013. Fue mejorada gracias a la oportunidad histórica ofrecida por la corrupción. La gran inversión norteamericana en el sistema judicial se inició a principios de 1990, en la Rusia post-soviética, y también en Colombia, entre muchos otros países. Si la cuestión no es el regime change, la intervención tiene que ser despolitizada. La lucha contra la corrupción es precisamente eso.      Sabemos que los datos más importantes de la operación Lava Jato fueron proporcionados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El resto fue resultado de la miserable “delación premiada”. El juez Sérgio Moro se transformó en el agente principal de esa intervención imperial. Solo que la lucha contra la corrupción por sí sola no será suficiente en el caso de Brasil. Lo fue para neutralizar la alianza de Brasil con China en el ámbito de los Brics, pero no será suficiente para abrir plenamente Brasil a los intereses de las multinacionales. Es que, como resultado de las políticas de los últimos cuarenta años (algunas venidas de la dictadura), Brasil tuvo hasta hace poco inmensas reservas de petróleo fuera del mercado internacional, tiene dos importantes empresas públicas y dos bancos públicos, y 57 universidades federales completamente gratuitas. Es decir, es un país muy distante del ideal neoliberal, y para aproximarse al mismo se requiere una intervención más autoritaria, dada la aceptación de las políticas sociales del PT por la población brasileña.

Así surgió Jair Bolsonaro como el candidato “preferido de los mercados”.

Lo que él dice sobre las mujeres, los negros o los homosexuales o acerca de la tortura poco interesa a los “mercados”. Poco interesa que el clima de odio que él creó esté incendiando el país. En la madrugada del pasado lunes 8, el conocido maestro de capoeira Moa do Katende fue asesinado en Salvador por un seguidor de Bolsonaro a quien no le gustó que el maestro expresara su apoyo a Haddad. Y esto es solo el comienzo. Nada de esto interesa a los “mercados” con tal de que su política económica sea semejante a la del dictador Pinochet en Chile. Y todo lleva a pensar que lo será, pues su economista jefe tiene conocimiento directo de esa infame política chilena. El político de extrema derecha estadounidense, Steve Bannon, apoya a Bolsonaro, pero es solamente la cara visible del respaldo imperial.

Los analistas del mundo digital están sorprendidos con la excelencia de la técnica de la campaña bolsonarista en las redes sociales, que incluyó microdireccionamiento, marketing digital ultrapersonalizado, manipulación de sentimientos, fake news, robots, perfiles automatizados, etcétera. Quien vio la semana pasada en la televisión pública norteamericana (PBS) el documental titulado “Dark Money”, sobre la influencia del dinero en las elecciones de Estados Unidos, puede concluir fácilmente que las fake news en Brasil (sobre niños, armas y comunismo, etcétera), son la traducción al portugués de las que el dark money hace circular en Estados Unidos para promover o destruir candidatos. Si algunos centros de emisión de mensajes tienen sede en Miami y Lisboa es poco relevante (pese a ser verdadero).

La victoria de Jair Bolsonaro en segunda vuelta significará la detonación simultánea de las tres bombas de tiempo. Y difícilmente la democracia brasileña sobrevivirá a la destrucción que provocará. Por eso la segunda vuelta es una cuestión de régimen, un auténtico plebiscito sobre si Brasil debe continuar siendo una democracia o pasará a ser una dictadura de nuevo tipo. Un muy reciente libro mío circula hoy bastante en Brasil. Se titula Izquierdas del mundo, ¡únanse! Mantengo todo lo que digo ahí, pero el momento me obliga a una invocación más amplia: demócratas brasileños, ¡únanse! Es cierto que la derecha brasileña reveló en los últimos dos años una afección muy condicional a la democracia al alinearse con el comportamiento descontrolado (más bien controlado en otros sitios) por parte del Poder Judicial, pero estoy seguro de que amplios sectores de ella no están dispuestos a suicidarse para servir a “los mercados”. Tienen que unirse activamente en la lucha contra Bolsonaro. Sé que muchos no podrán pedir el voto por Haddad, pues tanto es su odio al PT. Pero basta que digan: no voten por Bolsonaro. Imagino y espero que eso sea dicho públicamente y muchas veces por alguien que en otro tiempo fue gran amigo, Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil y, antes de eso, un gran sociólogo y doctor honoris causa por la Universidad de Coimbra, de quien pronuncié el discurso de elogio. Todos y todas (las mujeres no tendrán en los próximos tiempos un papel más decisivo para sus vidas y las de todos los brasileños) deben involucrarse activamente y puerta a puerta. Y es bueno que tengan en mente dos cosas. Primero, el fascismo de masas nunca lo hicieron masas fascistas, sino minorías fascistas bien organizadas que supieron capitalizar las aspiraciones legítimas de los ciudadanos comunes a vivir con un empleo digno y seguridad. Segundo, al punto que llegamos, para asegurar un cierto regreso a la normalidad democrática, no basta que Haddad gane: tiene que hacerlo con un holgado margen. 

(*) Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal. Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.


jueves, 11 de octubre de 2018


BRASIL: FRENTE AMPLIO ANTIFASCISTA
(Por Ángel Guerra Cabrera, publicado en el blog de Iroel Sanchez "La Pupila Insomne")

La abrumadora victoria del nazi Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas no debe ser subestimada. Brasil es la octava potencia mundial, con posición geopolítica de primer orden en América del Sur. Bolsonaro, descaradamente chovinista, misógino, racista, homófobo, proyanqui, prosionista, detesta los valores democráticos.  Es la continuación del golpe de Estado contra la democracia, iniciado mucho antes del golpe parlamentario que tiró a Dilma con una extraña movilización de masas y una campaña mediática internacional que dibujó al PT como el único partido corrupto del país. Campaña salida del Departamento de Justicia estadounidense, promotor del caso Odebretch y las miserables delaciones retribuídas.

Bolsonaro no es un hecho local. Se inscribe en una corriente mundial de ascenso del fascismo, que tuvo su primera expresión rotunda en la elección de Donald Trump, a quién casi nadie tomó en serio, igual que al ex militar hasta hace unos meses.  Lo mismo ocurrió con Hitler. Esta corriente eslabona hoy a Trump, Le Pen, Salvini, Orban y, por supuesto, Netanyahu, entre otros. Está creando una internacional con articuladores como Steve Bannon, ex jefe de campaña del hoy inquilino de la Casa Blanca, y generosos donadores como los hermanos Koch, grandes entusiastas de Bolsonaro. Aunque no sean abiertamente fascistas, Duque, Macri y Piñera son fanáticos neoliberales y en un eventual triunfo de Bolsonaro el 28 de octubre, constituirían un peligroso polo reaccionario en América del Sur.

El capitalismo ha sufrido importantes mutaciones desde 1933. Pero hay constantes que mantiene y hasta se agudizan. De la misma manera que la crisis del capitalismo decimonónico liberal condujo a la Gran Depresión del 29 y al fascismo, aunque también la primera llevó a la Revolución Bolchevique y la segunda reforzó las opciones socialistas, la crisis del capitalismo neoliberal ha evidenciado la incapacidad de la democracia representativa y su sistema de partidos para procesar las grandes insatisfacciones que crea.  Ello hace que los de abajo anhelen soluciones alternativas a las de ese modelo y los de arriba constaten que ya no les alcanza para seguir controlando a las víctimas del sistema de explotación.  El neoliberalismo y la democracia de millonarios han sido incapaces siquiera de lograr crecimiento económico y grandes potenciadores de flagelos capitalistas como el desempleo, el analfabetismo, la falta de acceso a la cultura y la educación, a la vivienda, las continuas guerras, el cambio climático y verdaderos genocidios en nombre del combate a las drogas o al terrorismo.

La alternativa puede venir, en dependencia de una serie de factores, de victorias populares como la de AMLO en México; Evo Morales, en Bolivia o Chávez y ahora Maduro en Venezuela. Pero también llegar al extremo de amenazar en Brasil con el ascenso al poder del fascismo más crudo personificado en Bolsonaro. Por supuesto, la mayoría de los que votaron por el ex militar, no sabe lo que es el neoliberalismo, menos el fascismo, ni sospecha sus consecuencias. Muchos de ellos fueron beneficiados y catapultados a la clase media por los programas sociales de Lula. Comenzaron a disponer de más bienes materiales y de inéditas oportunidades de ascenso social pero no se realizó con ellos el trabajo de formación cultural y política que les permitiera comprender por qué y con qué fin estuvieron privados antes de esos beneficios y por qué recién los habían podido recibir ahora.  Los regímenes fascistas clásicos, históricamente han sido aupados por minorías de activistas que movilizaron a mayorías insatisfechas e indignadas, con frecuencia incultas políticamente, a las que la izquierda no fue capaz de ganar para una auténtica transformación social. En una encuesta realizada en favelas sobre el programa Bolsa Familia en los meses anteriores al golpe parlamentario contra Dilma, el mayor porcentaje de encuestadas contestó estar muy satisfecho porque Dios se los había proporcionado.  

La votación alcanzada por Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones, no puede menos que asombrar. El ex capitán con sus 49 276 990 sufragios estuvo a un tris de alcanzar la victoria definitiva.  Así habría evitado comparecer en el segundo turno, donde pese a la ventaja de 17 934 005 que le sacó a Fernando Hadad, candidato apoyado por Lula, corre el riesgo de ser derrotado por un esfuerzo gigantesco, ya en marcha, de gran parte de la izquierda y las fuerzas democráticas y progresistas brasileñas.

Pero esa votación de Haddad habla de un gran esfuerzo movilizativo, del Partido de los Trabajadores  para llevar hasta allí a un candidato que no tenía ni un mes de proclamado. Fue cuando un Lula preso injustamente y sin pruebas y político más popular de Brasil punteaba en las encuestas y el Tribunal Supremo le prohibió competir electoralmente.

¡El fascismo no pasará!


miércoles, 10 de octubre de 2018


LAMENTO

Estoy en franco proceso olvido
tu desnudez en despedida
la gota tatuada en el medio de tu pecho
ando con mi hatillo
de pocas cosas
el catalejo, mi lupa, vagos apuntes,
unos mimos a la porcelana
la pestaña no se pego a mi dedo
la suerte no es para los que buscan
otro día regreso, si no te importa,
a retirar mis lagrimas



martes, 9 de octubre de 2018


...
Un pedazo de pan, ¿tampoco habrá para mí?
Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
pero dadme
una piedra en que sentarme,
pero dadme,
por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
pero dadme
en español
algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse,
y después me iré…
Hallo una extraña forma, está muy rota
y sucia mi camisa
y ya no tengo nada, esto es horrendo.
(Cesar Vallejo, "La Rueda del Hambriento")




lunes, 8 de octubre de 2018


LE PRESTAMOS POCA ATENCION
(Por Pablo Gentili (*), publicado en PAGINA12)



Bolsonaro es un fascista. Si lo es, resulta inevitable preguntarse cuáles son las razones que lo transformarán en el futuro presidente de uno de los diez países más poderosos del plantea. Una nación que, hasta hace sólo dos años, vivía un proceso de expansión y universalización de derechos ciudadanos, que comenzaba a conquistar algunas de las aspiraciones de justicia social y de igualdad consagradas en una innovadora y ambiciosa Constitución Nacional que acaba de cumplir 30 años.

Ocurre que Bolsonaro no es la causa de una democracia que agoniza, sino su consecuencia.

Cuando se siembra la desconfianza, el miedo, el odio y el desprecio hacia la institucionalidad democrática, por más fragilidades y defectos que ella posea, lo que se construyen son las bases éticas y políticas de regímenes totalitarios y despóticos. El titular del periódico O Globo, el día siguiente del golpe de Estado que dio inicio a la dictadura militar que asoló Brasil por más de dos décadas fue: “Resurge la democracia”. Medios de comunicación y empresarios golpistas, políticos y jueces golpistas, militares e iglesias pentecostales golpistas, se vuelven más fuertes y convincentes cuando las sociedades se despolitizan, cuando la narrativa democrática se torna sospechosa y la sociedad se hace indiferente a una barbarie que se trivializa.

Bolsonaro fue un militar mediocre, retirado al alcanzar el grado de capitán. Hace 25 años ejerce un también mediocre mandato como diputado. Muchos, dentro y fuera de Brasil, lo conocieron cuando votó a favor de la destitución de Dilma Rousseff y le dedicó el voto a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, que la había torturado cuando ella tenía 19 años. Ustra comandó el principal centro clandestino de detención durante la dictadura militar. Torturaba a sus víctimas y, cuando eran mujeres, además de violarlas, solía llevar sus hijos para que las vieran moribundas, ensangrentadas, desnudas, abrigadas sólo por su valentía y por su dignidad. Bolsonaro homenajea a Ustra cada vez que puede. No es un hecho aislado respecto del reconocimiento y el protagonismo que logró meteóricamente este militar sólo célebre por sus insultos racistas y machistas, por su apología de la tortura y por su permanente desprecio hacia los derechos humanos.

Los que rondan las mafias delictivas vinculadas al paramilitarismo, los que se cobijan a la sombra de las oligarquías empresariales antidemocráticas y los que sobreviven en el anonimato de un parlamento clientelista y corrupto, suelen mimetizarse con los excrementos en las cloacas del poder. Por eso los demócratas los despreciamos. Pero les prestamos poca atención. “Nunca llegarán a nada”, pensamos. Son sólo grises funcionarios del horror.

Así fue siempre Jair Bolsonaro: un outsider, un inimputable, un loco, un idiota, un enfermo compulsivo y agresivo. Mientras tanto, siguió pregonando impunemente su odio a la democracia, valiéndose de la protección que la democracia le brindaba. Durante todos estos años, sólo algunas heroicas diputadas lo enfrentaron con coraje, recibiendo insultos y golpes. Cuando la democracia es así de generosa con sus enemigos, acaba masticando su propia aspiración de libertad, igualdad y justicia, debilitándose, volviéndose frágil, tenue, imperceptible.

Brasil salió de la dictadura sin realizar un ajuste de cuentas con 21 años de opresión y violación al estado de derecho democrático. Cuando esto ocurre, las naciones suelen estar condenadas a repetir el pasado. Pero el pasado nunca se repite de la misma forma.

Las democracias sólo sobreviven cuando la ciudadanía se vuelve activa, participativa, cuando el espacio público es ocupado por sus propios dueños, por el pueblo y sus organizaciones populares, cuando los derechos se multiplican, cuando las libertades florecen, cuando le perdemos el miedo a la felicidad, cuando luchamos por lo que es común a todos.

Pocos días antes de ser desposeída del cargo que hasta hoy debería ejercer, Dilma Rousseff le pidió a Tereza Campello, su ministra de Desarrollo Social, que hiciera una encuesta entre las mujeres que participaban del programa Bolsa Familia. Cuando les preguntaron si su vida había cambiado gracias a esta iniciativa, más del 90 por ciento de las mujeres consultadas dijo que sí, que había cambiado para mejor, mucho o muchísimo. Cuando les preguntaron por qué, más del 80 por ciento dijo: “Gracias a Dios”. Fue estadísticamente irrelevante el número de mujeres que sostuvieron que su vida había mejorado gracias a la democracia, o gracias a la acción de un gobierno democrático.

En política no hay espacios vacíos. Y cuando los demócratas dejamos espacios vacíos, los ocupan los mercaderes de la fe, como las iglesias evangélicas pentecostales, los que trafican con la muerte, los profetas del odio, los fabricantes del miedo y de la desesperanza. Fueron esas ausencias y esas presencias las que parieron no uno, sino miles y miles de bolsonaros.

La democracia brasilera recibió un nuevo y duro golpe. Entenderlo es una de las condiciones necesarias para seguir luchando por ella. Los fascistas pueden tener victorias, pero éstas serán siempre pasajeras y mucho más efímeras de lo que ellos creen. Porque el fascismo está condenado a ser siempre derrotado por los que, a pesar de todo, seguimos convencidos de que la esperanza vence al miedo.

(*) Secretario ejecutivo de Clacso y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.


viernes, 5 de octubre de 2018


HABA CURSI

Vos lo sabes
y si no lo expreso
El amor esta en el aire
en todas partes cuecen habas
pero son tus ojos, nena
los que me hacen decir esto

Que te veo y me enamoro
que me hablas y embeleso
son dos cruces que llevo
en mis adentros tuerzo

Haba cursi apresto
sale este café espresso
este lleva mamey mango
en el almuerzo

Vos lo sabes
y si no lo expreso
que te veo y me enamoro
que me hablas y embeleso




miércoles, 3 de octubre de 2018


LA AMENAZAS Y SUS RESPONSABLES
(Por Eric Nepomuceno, publicado en PAGINA12)

Faltan cuatro días para la primera vuelta de la más tensa e imprevisible elección presidencial de los últimos 29 años en Brasil y crece de manera cristalina la formidable maniobra conjunta que reúne todas las instancias de la Justicia, los grandes conglomerados hegemónicos de comunicación, el mercado financiero y parte significativa del gran empresariado para abrir espacio de modo que el ultraderechista Jair Bolsonaro se haga con la presidencia del país más poblado y de mayor economía en América latina.

Faltan cuatro días y se constata que las viejas herramientas utilizadas en aquel entonces para favorecer al candidato derechista, un aventurero llamado Fernando Collor de Melo, y derrotar a Lula da Silva, son ahora reforzadas por una campaña mucho más abarcadora. Collor, como se sabe, fue destituido por el Congreso luego de un juicio por corrupción (había hartas pruebas) y hundió el país. Pero logró lo que realmente importaba: derrotar a Lula.

Faltan cuatro días y es como si todo límite impuesto por un mínimo de lucidez y decencia hubiese sido sumariamente suprimido en todas las instituciones, con tal de favorecer el sentimiento anti-PT y anti-Lula. Ese es el eje de lo que ocurrió en los últimos tres días y tratará de crecer en los próximos y decisivos cuatro.

Faltan, sí, escasos cuatro días y queda claro de toda claridad que los verdaderos autores del golpe de 2016 y sus principales socios se niegan a aceptar otro resultado –cualquier resultado– que no sea institucionalizar, por la vía de las urnas, el Estado de excepción apenas disfrazado que se instaló en el país desde entonces.

Empecemos por el juez de primera instancia Sergio Moro, un provinciano deslumbrado con la fama y que ha dado amplias, astronómicas muestras de arbitrariedad y abuso. 

A lo largo de meses y meses el ex ministro de Hacienda de la primera presidencia de Lula da Silva ofreció su “delación premiada”, con el objetivo de obtener una drástica reducción de su condena por corrupción y descongelar parte de su patrimonio. El Ministerio Público rechazó los términos de la propuesta delación “por absoluta inconsistencia de las pruebas ofrecidas”. En un movimiento inesperado, en abril –hace seis meses– la Policía Federal aceptó la “delación premiada”. 

Pues el lunes, cuando faltaban seis días para las elecciones, Moro, que andaba un tanto olvidado por las luces de la televisión, determinó la suspensión del sigilo de la propuesta de Palocci. 

No hay nada de nuevo: el preso dispara petardos de todos los calibres contra Lula, Dilma Rousseff y, claro, el PT, con base exclusiva en “supe”, “tuve conocimiento”, “me llegó la información”. 
Es decir, nada. Pero un nada que es harta munición para los medios hegemónicos de comunicación disparar todos sus cañones contra Fernando Haddad, Lula y, claro, el PT. 

Siempre hay un “y, claro, el PT”, porque de eso se trata.

Los medios hegemónicos de comunicación, a su vez, siempre capitaneados por el Grupo Globo (el más poderoso conglomerado de América latina), usan y abusan del material fornecido. Y, al mismo tiempo, refuerzan la idea descabellada de que el enfrentamiento entre Fernando Haddad y Jair Bolsonaro es nada menos que un combate entre dos extremos. 

No existe ningún indicio de que a lo largo de sus trece años en el poder el PT, partido de Haddad, haya dado un solo paso contra los principios básicos y esenciales de lo que se entiende por democracia. 

No existe un solo indicio de que a lo largo de sus más de veinte años en la política Jair Bolsonaro haya dado un solo paso que no fuese contra todo y cualquier principio de la democracia. 

Ni siquiera cuando son blanco de arbitrariedades y maniobras imperdonables de la Corte Suprema de justicia los medios hegemónicos de comunicación se manifiestan de manera contundente. Por ejemplo: un juez del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski, autoriza que una reportera del diario Folha de S.Pablo (que, claro, apoyó el golpe de 2016) entreviste a  Lula da Silva, preso desde abril luego de un juicio en que fue condenado sin siquiera vestigio de prueba. Su colega Luis Fux revierte la autorización. Leandowski la reitera, y el presidente de la Corte, Dias Toffoli, interviene: el tema será sometido al Pleno, pero solamente el año que viene. 

Semejante prueba de censura previa no mereció un mísero editorial de los grandes diarios o de la televisión. Al fin y al cabo, una entrevista de Lula podría ser fatal para Bolsonaro, y el empujón final para la victoria de Haddad.
Pero hay algo todavía más asombroso. El sábado, centenares de miles de manifestantes salieron a las calles, convocados por mujeres, para decir “Él no”, en rechazo a Bolsonaro. 

El domingo, centenares de manifestantes salieron a las calles, convocados por la campaña de Bolsonaro, para decir “El sí”. Entre otras delicadezas, un hijo del ultraderechista lanzó la siguiente maravilla: “Las mujeres de derecha son más hermosas que las de izquierda, que enseñan las tetas y defecan en la calle. Las de derecha son más hermosas y más higiénicas”. 

Y es cuando aparece lo más terrible, lo más asombroso: con eso y todo, Bolsonaro creció en un sondeo. Ahora libra diez puntos de ventaja sobre Haddad. Y, peor de lo peor: su aprobación creció entre el electorado femenino. 
Hay espacio para dudas y preocupaciones si Fernando Haddad es electo presidente. ¿Cómo se comportarán el mercado y el empresariado? ¿Cómo reaccionarán las fuerzas armadas? ¿Logrará una base mínima en el Congreso?
No hay espacio alguno para dudas si gana Jair Bolsonaro: será el imperio de la ultra-derecha, conducido por un troglodita mentecapto que ni siquiera merece ser clasificado como fascista o nazi: le falta prepararación intelectual para tanto. 

Brasil se acerca al infierno. ¿Cómo evitarlo?


martes, 2 de octubre de 2018


HECATOMBE A UNA DIOSA

Reúno mis cien manos
veinte roces, cincuenta besos
los que tengo y no te he dado
los que sueño atontado
en sacrificio a tus caderas
en ayuno a tus libertades
allí en la memoria viva
allí en mi Odisea fértil
proclamo con rodilla en tierra, verte
y también, no de paso
con esta hecatombe
celebrarte







lunes, 1 de octubre de 2018


CARTA ABIERTA, espacio político de una parte de la intelectualidad Argentina, acaba de hacer un llamado a la Sociedad  en vista a las elecciones del 2019, que dejo a continuación.

Mi modesta apreciación es que si bien ha sido un espacio surgido en defensa del gobierno de Cristina en aquellos tormentosos días del lockout patronal del campo ante la controvertida Resolución 125/2008, sus cartas proclamadas como "Llamados a la Sociedad Argentina", tratan de describir la situación político, social y económica de la nación en un momento dado y pretenden aunar esfuerzos de la misma hacia determinados objetivos.

Este Llamado que se publica hoy, sigue esa misma línea que he planteado anteriormente y en ese sentido la descripción que hacen de la realidad actual con el Gobierno de Macri es verídica, sin embargo convocar de nuevo a Cristina como Presidenta, es un error político, que no se condice con las justificaciones que enumeran, empoderar de nuevo a Cristina, por el simple hecho de que es la política por excelencia que se ataca desde el gobierno, es caer en un simplismo que no está a la altura de la descripción económica y social que se presenta. Lo que está en juego en la Argentina es el modelo de país que se quiere imponer, independientemente de la figura concreta para llevarlo a cabo, Macri como tal, no es el enemigo, aunque lo representa muy bien, sino el modelo neoliberal imperante, y si se quiere atacarlo en las urnas no importa quién lo encare, lo que hay que anteponer es el modelo de justicia social y soberanía económica.

Si de verdad "el kirchnerismo" es una síntesis progresista moderna de una historia peronista, tendría que existir independientemente de una de sus figuras viva, que por otro lado en el momento que se necesito de su grandeza como líder político para proseguir profundizando lo alcanzado en unas elecciones del 2015, apoyando a un nuevo candidato, titubeo lo suficiente, y dejo la mesa servida a un modelo de país que nos destrozaría. La pregunta concreta seria: cuando los movimientos son verdaderamente revolucionarios, ellos existen y se superan por encima y a pesar de quienes lo fundan ¿Estaría el "Kirchnerismo" en capacidad de serlo o es un caudillismo de turno?.

UN LLAMADO ANTE UNA HORA CRUCIAL: 
Cristina Fernández de Kirchner Presidenta

1) La vida política e intelectual argentina, en lo que ambas se compenetran, ha sufrido enormes convulsiones en los últimos años, especialmente si tenemos en cuenta la necesidad de pronunciarse ante los constantes aspectos de singular dramatismo que componen la escena pública. Si ante el advenimiento del macrismo muchos han considerado que estábamos ante una derecha moderna, no pocos nos vimos ante la obligación de reflexionar sobre lo que parecía, y al cabo se demostró, un exceso de optimismo de algunos politólogos. No obstante, hasta hoy sigue en pie la necesidad de categorizar más específicamente este nuevo fenómeno, de aristas sumamente dañosas, que tienen articulaciones internas más complejas, pero menos visibles que los quebrantos sociales que provoca. Numerosas personas ligadas al mundo cultural, organizadas como grupos o en forma particular u ocasionalmente figurando en solicitadas y documentos públicos, han señalado diversos problemas. El principal de los cuales, parece ser la honda perplejidad que ocasiona la fuerte agresividad del gobierno macrista sobre el cuerpo social, laboral y simbólico en sus más diversas acepciones. Aun para los que no tienen una visión favorable del gobierno anterior, al que caracterizados representantes del pensamiento argentino le habían dirigido tantos esfuerzos críticos, ahora deben destinar suficientes reservas para interpretar el cuadro actual que ofrece el gobierno macrista. ¿Neoliberalismo tardío fracasado? ¿Fascismo social con el revestimiento de una subjetividad empresarial filtrada por la ley del arrepentido?

Distintos documentos dados a luz en tiempos recientes, reflexionan sobre el Estado de Derecho en términos escépticos, en razón del desprecio gubernamental hacia valores democráticos que perjuró respetar, lo que genera el dilema de si estamos ante distintas gradaciones del espacio público, esto es, una combinación de dictadura en los medios y procedimiento de control relativamente autocontenidos en los fines. O bien, si se trata de una dictadura de fines que todavía conserva como medios diversos aspectos de una institucionalidad más o menos abierta. ¿Puede ser democrático un gobierno que entrega la soberanía de forma humillante y somete impúdicamente al Poder Judicial y al Congreso? Evidentemente, miles de hechos cotidianos afirman que estamos ante la peor de las posibilidades, un gobierno de fuerza que mantiene formalidades parlamentarias y otros convenios de juridicidad heredados, pero marcha hacia el unicato de una voz que ni siquiera es la del saltimbanqui presidencial. Es la de los organismos financieros internacionales que regulan nuestra vida hablándonos al oído por medio de las más sutiles tramas de las corporaciones financieras, jurídicas y comunicacionales. Por otro lado, parecería evidente que lo que aparece como una severa violentación de la legitimidad jurídica del país, sería señalado con estupor por muchos grupos intelectuales y personas vinculadas a la actividad cultural. Sin embargo, no siempre es así.

Casi imperceptiblemente, los elementos de desapego a la razón crítica ya estaban siendo anticipados, desde hace mucho tiempo, en el mundo político y académico. Ahora, cuando muchos contemplan el rostro verdadero de lo que peticionaban tímidamente, dudan en hacer brotar una condena. Optan por relativizar lo que tiene la evidencia severa de un fuerte desnucamiento de los clásicos procedimientos judiciales. Los más dispuestos a abandonar la indiferencia ante lo evidente, perciben que se está poniendo en riesgo la facultad de juzgar de toda una sociedad. Otros siguen sosteniendo el argumento de que el nivel de corrupción existente en el gobierno anterior -llamada red, ruta, enterramiento, matriz o asociación delincuencial-, motivaba la adopción de instancias jurídicas excepcionales. Pero, justamente, nociones como "estado de excepción" y "nunca más a la corrupción" hacen gala de una notoria liviandad en el caso en que con ellas se quiera explicar los nuevos modos de actuación jurídica, como la figura del arrepentido, la detención preventiva o la recompensa para capturas, en razón de oscuros eventos de ilicitud que dan por anticipadamente acontecidos en el seno de los gobiernos kirchneristas, sin más recursos probatorios que los tan asiduamente llamados "relatos". ¿La penumbra jurídica y el parloteo comunicacional no constituyen una realidad ultra ficcional que les debería merecer ahora mucho más que esta despectiva denominación? Más que "relatos". Apocalipse Now.

Otro problema se presenta, y es el énfasis con que se privilegian cuestiones de la economía o de la moral pública. Por un lado, se recurre a argumentos moralistas, para los cuales la vida popular ha sido preparada por surcos constantemente abiertos por un poder mediático que asume contornos de punición sacramental, a fin de la masacre de los funcionarios del anterior gobierno. Pero si se escucha hablar a analistas económicos del más diverso signo, no puede no examinarse el abismo ante el que se ha puesto el país en razón de su fatal endeudamiento y el régimen de acatamiento a las conocidas medidas fondomonetaristas de restricción del horizonte de vida de toda una sociedad. Y entonces, algunos buscan ahí, con efecto de contrapunto o escarnio, invocar el tema de "se robaron un PBI entero". O dos, O tres. Los malos augurios de la economía, a la luz de los analistas del gobierno, precisa la ayuda de conceptos traídos de las ciencias ocultas y de la hechicería al paso. El presidente no se olvidó en Nueva York de mencionar los "cuadernos" como causal económica de su infortunio, mientras bailaba un tango arlequinesco. En el fondo era una advertencia a la desbocada trama judicial para proteger a sus amigos.

Por eso, no se puede admitir que se nos ponga en situación de aceptar una falsa disyuntiva. ¿Hablamos de un tema o del otro, conforme a la conveniencia de cada batallón de artillería? ¿Según se piense que la responsabilidad de la presente crisis del balance de pagos y de la deuda, junto al cambio regresivo antipopular y de las estructuras económicas del ingreso y gasto público sean solo resultado de la obcecación neoliberal, las pensaremos al margen de las cuestiones de moral pública? ¿Según nos digan que "se robaron todo" o que el gobierno anterior había dejado una pesada carga con sus políticas inclusivas, dejaremos de ocuparnos de la pseudo racionalidad de variables de ajuste, a la que los lleva la idea de un mercado que da órdenes invisibles a un homo economicus que personificaría el deseo de vivir "dolarizado"? ¿Según nos digan que "nos dejaron una bomba" dejaremos de ocuparnos del endeudamiento como jaula de hierro para una sociedad considerada en un gravísimo ciclo de tiempo que abarca a varias generaciones de argentinos? Pero nada iba a explotar; ellos asumieron con dinamita en sus bolsillos.
De la manera que sea, no hay posibilidad de que estos dilemas sean resueltos por encima y por afuera de los compromisos que asume la vida intelectual en su especificidad crítica, pues es desde allí que se genera la objetividad inherente a todas las creaciones humanas. No a la inversa, partiendo de una objetividad abstracta, que solo traduce con supuestas leyes intangibles, el pensamiento de funcionarios de las finanzas internacionales, estadio superior de un orden mundial a los que sus similares argentinos no tienen otro remedio que acatar. Ante todas estas disyuntivas y opciones, cualquier grupo o nucleamiento de ciudadanos y militantes que desee ser partícipe de esta discusión, casi al borde del despeñadero de una sociedad y un pueblo, debe hacer un esfuerzo superior al acostumbrado para exponer sus ideas y compromisos, y a la vez descubrir en las suyas las que eventualmente se hayan expresado por otras vías, y en el camino de vuelta, averiguar si en la expresión de otros grupos intelectuales, aun de los que nos sentimos con diversos grados de distancia, hay también una apertura temática similar a la que ansiamos. Tendríamos la fortuna de poder asentar la discusión al margen de antiguos prejuicios y nuevas fantasías.

2) En primer lugar, aunque introducimos de modo abrupto la cuestión, se hace necesario indicar algunas cuestiones en relación al peronismo. El gobierno de Macri inauguró varias vetas sobre este tema. Anotamos en este sentido la expresión peronismo republicano, peronismo dialoguista o peronismo racional. En cualquiera de estos tres casos, el intento de separar kirchnerismo y peronismo es explícito y no tan sorprendente, pues visualizan como una anomalía salvaje a ser extirpada, a todo lo que imaginan que contiene la expresión kirchnerista. Sorprende un poco más, la vocación de innumerables funcionarios peronistas, sea que revisten en ámbitos parlamentarios, municipales o provinciales, en el grado que corresponda, incluyendo diputados, senadores o gobernadores, que acepten con total consentimiento bajo la impostura de la "gobernabilidad" esta redefinición que les atañe y que al parecer les provoca un sentimiento de comodidad. Implica el proyecto macrista de absorber al peronismo en una de las variantes de una entidad abstracta superior, cuál sería la construcción de un nuevo acto fundador de la política nacional, vaciando totalmente al país de vida emancipada, de justicia social y de soberanismo económico.
A este atroz propósito convocan al peronismo adjetivándolo de racional, republicano o dialoguista. No se debe despreciar ninguno de estos tres conceptos. Se debe alertar, en cambio, sobre el modo destructivo que los emplea el macrismo. A lo republicano lo hacen precondición de la degradación absoluta de todo el andamiaje judicial del país, a lo dialogal lo hacen precondición de crecientes medidas represivas y a lo racional lo ponen como cobertura elegante de lo que son, si los desarrollamos plenamente, actos consumatorios de diversas acciones de barbarie institucional, jurídica y cultural.
¿Esta situación debe llevarnos a suponer que al peronismo que acepta las condiciones del macrismo hay que oponerle un peronismo auténtico? Permítasenos apartarnos también de esta denominación. No hay autenticidad fija de antemano, solo hay interpretaciones y reinterpretaciones, que son el verdadero ámbito de entrelazamiento de las identidades políticas con la cuota que cada momento histórico opone como desafío para ser escrutado. Por lo tanto, sin que nadie pueda ser criticado porque mantiene premisas políticas que considera selladas con el lacre de una permanencia definitiva, tampoco nadie puede quedar en estado de ingenuidad sobre los pobres artificios del macrismo.

Primero llamar a los peronistas dispuestos a mimetizarse, a hacer "la oposición a Su Majestad" a fin de entrar en la dulce espera de una alternancia que le correspondería para usufructuar a su turno la benevolencia de los poderes mundiales o del FMI. Y luego, desafiar a esta fuerza política nacida a mediados de los años 40, a reexaminar sus clásicas fidelidades al proclamar el gobierno que ellos vienen a enterrar 70 años de infelicidad pública. De esos años, casi todos corresponden a la presencia compleja del peronismo en la historia nacional. Se salvan los dos primeros años, pero caen en la redada los dos primeros del macrismo, suprema concesión para la última gran operación entrecruzada, peronizar al macrismo y macrizar al peronismo. Si eso ocurriera, se inauguraría una nueva época en el derrotero nacional, bajo nuevos términos de declinación de la soberanía del país, destrucción de sus ya menguadas autonomías, pérdida de sus fuerzas productivas, repudio explícito a sus memorias sociales transcurridas, sea bajo el signo de las luchas, sea bajo el signo del consenso. Y fundamentalmente, la destrucción de sus fuerzas productivas, creadoras de vínculos colectivos y de autoconciencia social. Y entonces llamaríamos "macrismo" a la triste escena por la cual se inauguraría una época, donde una derecha colonial represiva, tomaría como motivo de festejo los préstamos condicionados del FMI, por lo cual a lo que nos arruina se lo aplaudiría como lo que nos salva.

3)Por eso denunciamos la desarticulación de la diversificación productiva y del ensanchamiento del mercado interno creados por el patrón de sustitución de importaciones, para convertir a la Argentina en un espacio de producción agropecuaria y agroindustrial dominado por el agronegocio junto a un enclave minero y petrolero, a la actividad pesquera, el turismo y a los servicios financieros. Especulación y extractivismo. Una versión actualizada que fusiona actividades de la Colonia con otras de la inserción primaria de fines del siglo XIX, imposible sin el desmantelamiento de la estructura sindical, de la potencia de los movimientos sociales y del complejo y desarrollado tejido social con agudas sensibilidades de solidaridad. Es el proyecto que en 1976 el poder económico juzgó irrealizable sin el terrorismo de estado. Hoy tenemos el refinado terror de ese ícono del Doctor Bonadio, con un montón de misteriosas carpetas bajo el brazo, imaginando perversas venganzas que piensan que solo a ellos no podrían hacerle daño, pues no quieren saber que ambos lo conducen, ni la explicación real de la oscura misión que le han impuesto. Por eso se superan en vulnerar la letra del derecho y vivir su gloria destructiva imaginando que le han dado todo el poder, jamás suponiendo que de entrada ya eran un hombre muerto.

El juez Claudio Bonadio al llegar a los tribunales de Comodoro Py (Foto: Maximiliano Luna)
Hoy el llamado al peronismo "razonable" resulta indispensable por la exigencia del FMI de la conformación de un régimen con oficialismo y oposición sometidos a la globalización financiera. El ciclo de financiarización macrista desembocó rápidamente en una crisis. La coyuntura es atravesada por el reclamo del Fondo Monetario de un presupuesto que es el instrumento que expresa las condicionalidades del déficit 0. La meta del ajuste fiscal no es, como se la quiere hacer aparecer, un esfuerzo por la salud financiera de la República, sino un instrumento clasista, una herramienta de revancha oligárquica sobre los sectores populares. Porque el gasto público es una herramienta poderosa de redistribución progresiva del ingreso. Durante el gobierno kirchnerista hubo una decidida vocación desde el lugar del Estado de ampliar notablemente su componente social. Los hitos más destacados fueron la incorporación de los adultos mayores que se encontraban excluidos del sistema previsional, la AUH, y la vuelta al régimen jubilatorio universal y de reparto; un gobierno, además, receptivo a paritarias que sostuvieron el valor del salario por encima del incremento del costo de vida.

Todas estas conquistas son cuestionadas por el FMI en su nivel, en su diseño y en su existencia. Cambiemos comparte el cuestionamiento. Agitan propagandísticamente su insustentabilidad. En términos reales, hoy sólo se prevé la expansión del gasto en intereses que aumentaría un 50% en el bienio 2018/9, mientras se propone para el mismo período, recortar todos los demás de manera sustancial, como el 23% en educación, el 48 % en vivienda y urbanismo y el 8% en salud, promoción y asistencia social 20%, y este año el 15 % para el Ministerio de Industria. Castigando las finanzas provinciales, se presupuesta provincializar los subsidios a los servicios, mientras se les quitará el fondo sojero. Pero una excepción resulta la producción de gas en Vaca Muerta, para la cual sí se prevé un fuerte subsidio. También resulta grave la venta de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSES por más de 73 mil millones de pesos para solventar erogaciones corrientes. Para una política de sentido inverso, los mayores gastos serían financiables con mejoras en la recaudación que impidan la evasión, con mayores impuestos a las ganancias y grandes fortunas, con endeudamiento interno en moneda propia, o con emisión de moneda nacional.

Pero el gobierno de Macri no sólo redujo los impuestos a los ricos, sino que financió su déficit en moneda local tomando préstamos en divisas. Endeudarse en dólares para cubrir gastos en pesos es el innecesario y perverso camino, que en forma idéntica a la de la dictadura militar y el régimen de la convertibilidad menemista, ha conducido al crecimiento de la deuda externa. En lugar de recurrir a los mecanismos redistributivos y/o al uso del poder político nacional para solventar las mejores condiciones de vida, se sirve un negocio al capital financiero, asegurado por la premisa de los juzgados norteamericanos que reza "los estados nunca quiebran". Esta cesión de jurisdicción en favor de esos tribunales no tiene otro sentido que el otorgamiento de ese seguro gratuito. Macri flirtea en el American Council como si fuera un ganador de cabaret, mientras a pocas cuadras de allí se van preparando los futuros jueces Griesa.

El objetivo del déficit 0, ya intentado fallidamente por Cavallo, también es el dispositivo preferido por el FMI para estructurar las economías e institucionalidades periféricas en el formato del modelo estándar neoliberal, , que promueve junto al resto de los organismos internacionales. Bregan por generalizar los "cambios estructurales" que dejen atrás el espíritu del capitalismo de la edad de oro preñado de lógicas que incluían el intervencionismo estatal, y desplegado en el clima del mundo bipolar, época en que se abrían espacios para los nacionalismos populares que desafiaban las relaciones de dependencia a que eran sometidos los países del Sur. Esa preferencia es acompañada por otra obsesión de la burocracia financiera hegemónica: la del Banco Central independiente, constituido en un verdadero enclave de esa burocracia en el corazón de la institucionalidad económica de los países dependientes, y cuyo único fin es el control de la inflación mediante políticas monetarias que apunten a sostener un nivel de actividad lo suficientemente deprimido en favor de garantizar un nivel de desocupación que evite el conflicto por mejorar el salario.

El gobierno de Cambiemos se ha endeudado para financiar déficit, ha eximido de liquidar las divisas a los exportadores, quienes no tienen ningún plazo establecido para ingresarlas al país, ha quitado toda regulación al ingreso y el egreso de divisas, como así también eliminó todas las restricciones cuantitativas a la compra y venta de esa moneda mundial. Desreguló las importaciones, que crecieron y cambiaron su composición en favor de los bienes de consumo final. El llamado carry trade, cuya traducción es el ingreso de dólares destinados a ser vendidos y colocados en pesos a tasas de interés de usura para recomprarlos y fugarlos al primer síntoma del debilitamiento de la economía, fue la vedette del perfil de la macrieconomía. Una fugaz tormenta de "inversiones" especulativas de corto plazo. Paradigma de capitalismo parasitario.

El agudo deterioro de las cuentas externas fue compuesto por el derrumbe del balance comercial externo, producto del aumento de las importaciones y la caída de las exportaciones no tradicionales, el financiamiento en dólares del déficit fiscal y el retiro de los especuladores de corto plazo. Los dólares que entraron para cubrir el déficit público se transformaban en pesos y pasaban a abastecer la fuga de capitales, las divisas ingresadas por los especuladores también proveían materia para la fuga, los exportadores dejan en el exterior los dólares que reciben y muchos industriales y pequeñas y medianas empresas se reconvirtieron en importadores, ya que las tasas de interés para producir internamente son prohibitivas. Pero muchas otras pymes han desaparecido por cierres o quiebras, mientras empresas industriales de mayor tamaño cesan la producción despidiendo o suspendiendo trabajadores por la caída de la demanda y la recesión, cuya profundización será la más grave consecuencia del acuerdo con el FMI. Hasta la CGT lo sabe y pese a la cautelosa y postergada convocatoria, el gran paro del día 25 se transformó en un silencio cargado de síntomas, que proyectaron como mudo presagio el acto masivo del día anterior, de las CTA y los movimientos gremiales y sociales.

La gravedad de la situación económica no está en una supuesta y falsa crisis fiscal sino en la grave crisis externa producto de la financiarización y las liberalizaciones del mercado de cambios, de los movimientos de la cuenta de capital y del comercio exterior. Argentina fue llevada por la política de Cambiemos a una absoluta dependencia del FMI, organismo sujeto a la voluntad de la potencia imperial. De la autonomía construida en doce años de gobierno nacional y popular, bastaron sólo dos de destrucción para crear las condiciones de una crisis externa que no se soluciona con el nivel crediticio que comprometió ese organismo, el que aprovechará en reclamar más ajustes y reformas neoliberales frente a cada incumplimiento de condicionalidades o eventuales ampliaciones de financiamiento. Se han fugado más de 50 mil millones de dólares y el crecimiento de la deuda en moneda extranjera más que duplica esa cifra. Se ha generado una crisis del sector externo que provocó una secuencia de devaluaciones de la moneda nacional que impacta en el nivel de precios provocando un tipo de inflación que resulta fuertemente regresiva en términos distributivos y un fuerte incremento del desempleo. El salario real se encamina a un gravísimo deterioro en el presente año, que implicará pérdidas que probablemente superen el 20% en los ingresos de los trabajadores, impactando en la profundización de la recesión y la caída del empleo. El espíritu que traduzca la tradición peronista y de las otras fuerzas populares, progresistas o de izquierda, deberían expresarse ineluctablemente en el rechazo rotundo del presupuesto 2019 usando todas las estrategias para evitar su aprobación.

La caída del salario, el nivel de las tasas de interés, la invasión de importaciones, el cese de la obra pública, componen una Argentina que destruye su tejido industrial, que castiga sus economías regionales, que amplía velozmente la pobreza y la miseria, que se dirige al precipicio mientras a la distancia, como en una mueca burlona, se escucha el viscoso eco de un "sí, se puede". Desastre que tiene beneficiarios. Son quienes perciben rentas. La financiera, la agraria, la minera y las provenientes de los exorbitantes aumentos de tarifas de los servicios con precios regulados por el Estado. Es el desemboque en la tragedia de una Argentina signada por la desigualdad y la injusticia social.

Tan necesario como acometer una transformación en la estructura productiva que apunte a disminuir el peso de la restricción externa resultan de urgente prioridad la desvinculación de las políticas del Fondo Monetario, el establecimiento de la administración y racionamiento de las divisas -mediante la regulación del ingreso y salida de capitales y del mercado de cambios-, como la intervención estatal que desempeñe el rol de actor clave en la gestión del comercio exterior. Abordar una política de desarrollo resulta de la crítica a concebir el sólo crecimiento como la meta más deseada. No todo crecimiento genera bienestar para el pueblo. La construcción de igualdad social también es un objetivo de primer orden. Así como construir un patrón de consumo protector del medio ambiente, ahorrador de divisas y centrado en la ampliación de la atención de derechos de los sectores populares. La desmercantilización de las actividades que atienden esos derechos y la ciudadanización de las decisiones sobre las mismas, es central para una Argentina democrática. Un estilo tecnológico propio, autónomo de paradigmas prefijados por el devenir de la globalización es inescindible de un programa nacional.

4) De seguir el rumbo actual quedaría apenas de una nación, el pellejo inerte de lo que alguna vez fue una nación. O, al contrario, como es de urgencia afirmar, para evitar el quebranto de un completo país, se deberá conformar entonces un frente patriótico, nacional, democrático, popular y socialmente avanzado, tributario de la defensa de los Derechos Humanos, con los aportes del latinoamericanismo, el feminismo, el ecologismo y los pueblos originarios. . Al afirmar la utopía regresiva del desguace nacional, espinosa pero no inimaginable, no nos situamos sobre las piedras del orden, llamando a la unidad indiferenciada de lo que dijimos que parecía ser un peronismo verdadero. Desde luego, puede definirse el peronismo en su fase clásica y luego resistente, por nociones tales como un Estado con facultades intervinientes en la economía colectiva y en la distribución igualitaria de la renta nacional, y por cierto en un tipo de militancia caracterizada por una autoconciencia que, sin ignorar la noción de riesgo personal, tampoco abandona sus convicciones al compás de cada situación cambiante, poniéndolas a disposición de la tenue lógica con que se suceden las mutaciones de las condiciones de época. Estas existen y las hipótesis de tenerlas en cuenta hacen a lo real político, pero no menos hacen a lo real histórico. Reclaman no convertirse en un juguete del ocasionalismo diario que tiene la vida política, alterable e intensa por definición. Por eso el pasado de cualquier fuerza política no es un recuerdo ni una astucia, sino una memoria de múltiples estratificaciones que preservan en última instancia una coherencia entre sí.

No obstante, sin dejar de afirmar que por estas razones no hay peronismo verdadero, tampoco hay kirchnerismo verdadero. En ambos casos, hay proyectos de verdad que se enlazan como apuesta ante las condiciones adversas, la relación entre lo que se quiere y los instrumentos que se anuncian como viables para alcanzarlo, y que es también la relación entre la necesaria añoranza y lo que los rigores de cada inesperada coyuntura obligan en términos de poner a prueba esa evocación. Siempre ante las asperezas del momento. Muchos tienen la tentación de suponer que el kirchnerismo no significó sino un avatar más, incluso inconveniente, en el desarrollo de un peronismo primordial e inmutable. Las acusaciones a las que ahora es sometido y las investigaciones que no de ahora, sino de hace varios años, apelan a la matriz de corrupción y a la asociación ilícita, a veces tienden a aconsejar a los espíritus más atados a venerables signos, pero detenidos en su sosiego histórico, que imaginen cierto refugio que permita su absolución en el mejor de los casos, y el perdón "de los mercados" en los casos de los más temerosos.

De ninguna manera ignoramos la numerosa presencia de compañeros doctrinarios, que se atienen con orgullo justificable a los recordables dictámenes sobre el proceder político, que fijó de antaño apotegmas, refraneros y blasones. No los desatendemos, espontáneamente son parte integrante del frente que recobre la justicia y el autonomismo nacional. Figuran desde ya en nuestra rememoración y respeto cívico. Y dicho con mayor énfasis, no nos es indiferente la historia del peronismo como un capítulo magno de la presencia de la clase trabajadora en la bitácora de las luchas sociales, y en las decisiones sobre las numerosas urdimbres de un estado de bienestar, así como no olvidamos los nombres de los caídos e inmolados por el regreso de Perón a su Patria. Este mismo hecho es también aleccionador de que, cuando la represión adquirió el temible rostro del terrorismo de Estado, ya la expresión "desaparecidos" integró en un nombre único e indivisible a compañeros que actuaron desde un perseverante peronismo y una izquierda tenaz.

Que no hay un kirchnerismo verdadero solo quiere decir que en este nombre hay algo que no tiene y algo que sí tiene. Lo primero, es un contorno definido. Eso no lo posee. Pero es porque así se ha dado su transcurrir, sin exceso de programáticas orgánicas ni de documentos liminares. Pero es claro que no reclamaríamos como a priori político, a una experiencia que surgió bajo la acumulación heterogénea de diversas vetas políticas (diversos quiebres políticos de enorme magnitud, abismos económicos, carencia de respuestas en la sociedad civil, experiencias asambleísticas de avanzada, crisis de las identidades partidarias, falta de horizontes en la vida popular), que elaborara doctrinas estratégicas y tácticas para ordenar con ellas la heterogeneidad de los acontecimientos. La carencia de un contorno definido, le permitió considerarse raíz y su vez capítulo nuevo en el peronismo.

Este movimiento nacional -el peronismo-, si por un lado parecía aceptar una nueva transformación, por otro lado recelaba de los aprestos autonomistas de un kirchnerismo donde se integraban numerosos militantes o ciudadanos que habían pasado por experiencias del alfonsinismo, de las izquierdas, socialismos y progresismos diversos, por lo que la nave kirchnerista no parecía ser una etapa más de lo conocido, ni dejaba de reconocer un pasado en el peronismo, reconocimiento que al mismo tiempo debía ser lo suficientemente poroso para que cupieran en él las memorias también pasadas de aquellos que habían sido miembros de distintas expresiones de la izquierda o del alfonsinismo. Si el kirchnerismo dice exactamente la identidad que pretende tener, siente que corre un riesgo, el de desencantar a sus peronistas, o por el contrario, el de desechar a sus simpatizantes de izquierda y progresistas.

Esto provoca distintos tipos de malestares. El kirchnerismo siempre lidió con el malestar de sus peronistas ortodoxos y el de sus izquierdistas clásicos, cuando aparecían temas de rigor: la marcha peronista, la misma marchita con agregados, o emblemas y también al revés -esto menos frecuente pero no ausente-, de tradicionales insignias partidarias de la izquierda. Ahora, en un momento crucial de definiciones, no es admisible que quienes aceptaron al kirchnerismo, sea como nuevo rostro del movimiento nacional, o como su superación dialéctica, o simplemente porque había ocurrido, puedan hacer hoy un cálculo tan inocuo como dudoso, refugiarse en las efigies más seguras y tentarse en hacerse "racionales" sin percibir que ya lo serían de cualquier manera, solo que cambiando una razón que los comunica con la historia viva, por otra que los devuelve a ser un ala socavada popular -hasta lo que alcance su demagogia-, de similares políticas económicas que con todo gusto denominaríamos de "vendepatrias". Todo esto lo expresan a su manera las grandes movilizaciones de trabajadores de astilleros, de maestros y maestras, de trabajadores y trabajadoras de la economía popular, de despedidos estatales, de obreros y estudiantes, de científicos e intelectuales, de ciudadanos conscientes que se les está despojando del propio sentido de lo urbano. ¿No dicen ahora que han "desocultado" a Ciudad Oculta porque exhiben grandes afiches con una foto de esas construcciones precarias? Gran sintomatología del macrismo. Si la imagen pone en un acto estético a la pobreza, no estamos ante una denuncia que se hace cargo de un problema, sino de una pobre imitación de la publicística de Benetton.

5) Es claro que asusta la magnitud de las acusaciones que se hacen. Ruta del dinero, matriz corrupta, bolso, grutas, conventos, úteros donde se enclaustra una maldición usurpada de una sociedad que era transparente hasta que vinieran las emputecidas caballadas del kirchnerismo. Las bóvedas, las excavadoras, han suministrado horas a la televisión que devora constantemente escenas públicas para recrear la supuesta sordidez de lo íntimo. Una grúa horadando equivale a una escena sexual de masas, a un goce del capitalismo de las imágenes. Asusta, sí. Por eso, basados en ese miedo, muchos reconstruyen un pasado más manuable, un peronismo que quiere mostrar que se quita la verruga exógena del kirchnerismo. Al mismo tiempo este se sigue diciendo peronista, porque lo es, y porque lo es de la única manera hoy posible, abriendo las identidades que dispuso una calcinada historia nacional a una gran gesta aún en construcción, que es desalojar, siempre por el camino que exprese la soberanía popular, este penoso gobierno que hace su tarea destructiva con tanto ensañamiento. Son ajenos a la pericia mayor que les piden sus tutores de las bancas financieras internacionales. Ahora han puesto en el Banco Central un autor de cuentos infantiles. Pero lo que importan son sus decisiones como especialista adulto del FMI.

Es probable que muchos que piensen que esos flujos innominados de la globalización precisen administradores duchos en sus departamentos perimetrales -vulgo argentina-, y se miren ante el espejo para ensayar lo contrario de las contorsiones de Macri, lo contrario de sus frases blanduzcas, pero barnizadas de hirientes y socarronas ironías contra el pueblo y los trabajadores. Por eso el magma irredento de organismos financieros internacionales, el Tesoro norteamericano, los políticos del orden financiero mundial, buscan otra gerencia para la Argentina. "¿Seré yo?", piensan muchos. Y en esa pregunta irresponsable, quizás quieran hacer vibrar el mendrugo de peronismo abstracto, que se dispone a declarar que lo ocurrido no ocurrió, que lo sucedido durante más de una década no era simplemente malo, sino que debe ser olvidado en las penumbras de las penitenciarías para que los injustamente detenidos escriban sus cartas, que luego analizará un miserable editorialista llamándolas "mafiosas".

Ya ha sido señalada muchas veces la coalición entre sectores de la justicia, de los grandes medios de comunicación y los gobiernos insertos en los grandes esquemas de la finaciarización mundial, para abolir los derechos políticos de los partidos o las figuras que encarnan notoriamente una representación social. Es el caso de Cristina Kirchner, sometida a diversas formas de persecución judicial, tan novedosas como arteras. Basta leer las actas de tal imputación para ver la liviandad de las pruebas y el modo en que estas actúan menos en el ámbito del argumento judicial, que en las relaciones que formulan los redactores y comunicadores de conglomerados diversos, todos entrelazados con poderes corporativos, siendo corporativos ellos mismos.

Son escrituras, todas ellas, basadas en figuras del más pleno amarillismo periodístico. Procedimientos que violentan todas las formas del derecho conocidas, que finalmente se ligan a técnicas extorsivas, obteniendo declaraciones que son una red de imputaciones que bordean el policial negro, pero mal escrito y peor argumentado. No significa esto que las relaciones entre el estado y las empresas contratistas no deban ser revisadas, ni que el hecho de que haya sido este un modelo reprobable en varias décadas en el país, lo exima de un riguroso análisis -que incluya todos los gobiernos anteriores y el actual-, donde el material enjuiciable que ahora se ha obtenido por coacción a cambio de libras de arrepentimiento e infamación, quede observado y enjuiciado a la luz de un modelo judicial que reaprenda las condiciones democráticas de funcionamiento de la prueba, la pena y la investigación, liberando asimismo a los funcionarios del anterior gobierno arrestados ilegalmente.

Pero lo que acontece hoy en Argentina es que la persecución judicial sobre Cristina Fernández y funcionarios de los gobiernos kirchneristas no es otra cosa que el velo de esa violación de derechos políticos y el intento de proscribir a la fuerza política que no se aviene a acatar un rol exigido por el capitalismo financiarizado sometiendo al abandono del derecho a la autodeterminación del pueblo argentino. Mientras el espectáculo de un poder judicial, elevado a instancia suprema de la Nación por encima de la decisión ciudadana, se despliega con la primacía de la subjetividad de jueces, que avasallan el Derecho para arrasar con la oposición que resiste la reducción de la nación al programa imperialista. Es un poder judicial intervenido de hecho por la arbitrariedad del poder ejecutivo, y ambos por las performances de los medios de comunicación, que van de la ordalía a la guillotina. El país sigue asistiendo a los menús de Mirta Legrand, inverosímil varieté de un nación arrasada, cuyo ministro de Defensa no solamente es un oxidado perno de los diagramas geopolíticos de la llamada seguridad hemisférica, promovida desde el comando Sur de los Estados Unidos, sino que aun con el amparo de las mayores tecnologías sigue siendo portador de un trágica mueca de burla a los familiares de la tripulación del submarino San Juan, pues no está provisto de la cautela que le impida confundir una piedra a gran profundidad con el hallazgo que es imperativo concretar.

La Procuradora Gils Carbó fue hostigada hasta obligarla a renunciar por su independencia respecto del poder ejecutivo. El Procurador Balbín fue sustituido por Saravia Frías, afín a Macri, con el objetivo de que la familia presidencial eluda su deuda de decenas de miles de millones con el Estado Nacional por el caso del correo. En una maniobra circense la Corte Suprema y la Cámara de Casación se complotaron para cambiar la composición de la Cámara Federal, quedando dos jueces serviles del poder ejecutivo que encubren todas las arbitrariedades del juez Bonadío, quien animado por objetivos antijurídicos y patrocinados por servicios de información locales y extranjeros acumula causas de diversa raigambre, sin prueba y bajo la figura común y difusa de asociación ilícita para atacar a la líder de la oposición. Ahora asume la presidencia de la Corte Suprema el juez Rosenkrantz, quien es defensor de las empresas del poder concentrado y del multimedio Clarín, y propició con la promoción del 2×1 la limitación de la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad, como también el desacato al cumplimiento de fallos de instancias internacionales a las que Argentina no sólo adhirió, sino que les otorgó rango constitucional. Juez cuyo ingreso a la Corte se forzó con un decreto previo del presidente Macri y cuya designación para presidir la CSJ tuvo asegurado el apoyo de la jueza Highton quien resulta cautiva en forma permanente del ejecutivo por la maniobra espuria que fue urdida por éste para darle continuidad en forma ilegítima a su mandato. La Corte parece siempre salir de un vestidor de una tienda de ocasión, donde han abandonado su conciencia jurídica en un perchero para empezar a divagar, si es posible con latinazgos, en favor de sus patronales.

En tanto la UIF (unidad de información financiera) fue despojada de hecho de su autonomía, con la salida de su titular anterior José Sbatella que fue reemplazado por Mariano Federici y María Eugenia Talerico. Estos últimos vinculados a organismos, estudios y bancos dedicados a la facilitación de la fuga de capitales. Talerico fue defensora de HSBC, entidad sobre la que se comprobó su actividad ilegal en fuga de divisas y Federici fue abogado del FMI. Por otro lado, el diseño del blanqueo permitió la permanencia de fondos regularizados en el exterior, conducta asumida con descaro por los funcionarios del gobierno que mantienen sus ahorros fugados fuera del país, esta ingeniería de poder conformó un entretejido institucional-jurídico dirigido a eludir la investigación sobre estos comportamientos.

La malla de protección sobre las conductas irregulares y antipatrióticas del poder actual, transcurren con el mismo clima que durante los regímenes golpistas, que desplegaban acusaciones y denuncias sobre las autoridades legítimas depuestas por la fuerza con la esperanza del desprestigio con el fin de evitar su retorno al poder. Lo que ocurría en el pasado en Argentina, como lo que acontece hoy, fue parte de estrategias del Imperio articuladas, antes con oligarquías, y hoy con éstas y burguesías transnacionalizadas. Ecuador, Brasil y Argentina enfrentan una nueva forma de agresión a la República y la Democracia, con eje en los poderes judiciales, pero entreverados con servicios de información locales y extranjeros y también en algunos casos, como el brasileño, con las fuerzas armadas. Por eso el "mani pulite" latinoamericano no es el intento de mejorar la transparencia ni la ética pública, loables y necesarios objetivos, sino una estrategia de arrebato de ciudadanía a las mayorías populares. Es bueno tener las manos limpias y las uñas cortas, pero cuando el manejo del orden moral público queda en manos de una mafia judicial, la manicura de Comodoro Py destroza cartílagos de los cuerpos mientras finge perfumar meñiques y pulgares.

6) Lula encarcelado, y Cristina Fernández de Kirchner y Correa perseguidos encarnan esa ola des-democratizadora. Es tan grande este mecanismo que como en la Colonia Penal de Kafka ve con naturalidad la creación del horror judicial que significa escribir en el cuerpo del condenado la ley ficticia que lo pena con indiferente impiedad, que muchos compañeros aceptan que para combatirlos hay que aliarse incluso con los nuevos guardianes de la Colonia que hacen saber que elegirán variantes de mano blanda. No obstante, Macri elige las dos carátulas; según convenga, la dura, de otro modo, la blanda. Esto último es lo que piensa y lo que hizo Macri, porque entiende el mundo como una reunión de Directorio, donde se siente un poco inexperto ante tantos estrategas mundiales. Y como aún está en fase de aprendizaje y sospecha en algunas miradas un rápido destello de socarronería, se convierte en el aprendiz de todos los paternalismos geopolíticos y financieros que ahora lo tutelan. La Institutriz Lagarde, el Gran Bedel Trump. Y corre a las Naciones Unidas como chico con zapatos nuevos a pronunciar un discurso escrito en las lavanderías de lo que él mismo llamó "el orden global mundial". Por fin pudo hacer justicia a su célebre frase de que los derechos humanos "son un curro", pues los citó varias veces. Pero para convertirse en la avanzada judicial-militar contra Venezuela. Con un fraseo abstracto, como si su discurso, tan resbaloso como el mármol verde a sus espaldas, lo hubiera escrito un becario o un pasante recién ingresado al Departamento de Estado norteamericano. Entonces, de su boca maquinal salían palabras como diálogo y consenso, y apenas un milímetro detrás todo era descifrado adecuadamente por una gendarmería global. Las Patricias Bullrichs, los especialistas británicos en la cuestión Malvinas, y todo aquel que entendiera hasta qué punto podía llegar la humillación de un presidente argentino, se frotaban las manos. "He is our man".
Estamos bajo el conocido modelo de panem et circenses. Pero no hay mucho pan y el circo es descomedido. La gravedad del pozo ciego en que se halla la economía del país no puede suplantarse por la excavación de pozos desde la infinita odisea homérica de las grúas patagónicas. Beneficiarían a la arqueología argentina si encuentran restos de algún mamífero del período cuaternario, pero allí no están los papeles de cualquier tipo que infamen al kirchnerismo. Lo que infama es la propia imagen de ese artefacto que rasguña el suelo al mismo tiempo que las instituciones judiciales. Si bien nada de esto dispensa al kirchnerismo de exponer la crudeza de la situación, en otros términos, los que correspondan, que no son los de los actuales redactores del noticioso de ultratumba, sino los de los movimientos populares y democráticos que saben reponerse a la adversidad y poner en la escala de sus deseos emancipadores a todas sus decisiones administrativas, cuales fueran.

No es desatinada la propuesta de una auditoría general de la obra pública, único modo de crear veracidad sobre una cuestión política vital, cual es la del financiamiento de la política, y que peso tiene esta cuestión en las encrucijadas de las naciones, los pueblos y los trabajadores, a los que quieren prosternados ante la pulverización de sus memorias, intereses y anhelos. Como esta es una cuestión cuya fuerza es intelectual y moral, podemos decir que asistimos ahora a la necesidad de reconstituir los vínculos políticos en torno a la figura hostigada de la época, Cristina Fernández de Kirchner; de postular que entre esa dimensión de liderazgo -que emana de su propia biografía y del modo en que es acosada-, es dable desear que el vasto archipiélago del peronismo reflexione sobre esta situación, extrayendo de sí una historia que no puede recordarse solo por el lado costumbrista sino por sus dimensiones de resistencia y reconstrucción popular. ¿Es posible que olviden que el gobierno ha encubierto asesinatos, que han encarcelado sin pruebas a dirigentes populares? ¿Y que en la sordidez de sus noches imaginan asesinatos que nunca han ocurrido?.

Del peronismo estábamos hablando y de esa reflexión que ronda a sus principales dirigentes, pues son muchos los nombres que aun con las diferencias que pueden inferirse, no están dispuestos a perder la honra. Reflexión que debe ser ecuánime y desprendida, lo cual quiere decir que la mirada debe estar dirigida a las necesidades del pueblo argentino y a la altura de estos tiempos mundiales y nacionales, y no dirigida hacia encuestas y focus groups. La cuestión del peronismo y el kirchnerismo tiene dimensiones e incógnitas prácticas, teóricas y existenciales. No se resuelve poniéndole un guion de equilibrio provisorio entre ambos vocablos, sino con una reflexión histórica y social necesaria, profunda y capaz de examinar biografías, decisiones y simbolismos.A todos les cabe, desde el intendente del conurbano al gobernador provincial, desde el senador en apuros hasta el más entusiasta diputado y el más perseverante de los cuadros. Y como esta reflexión tiene como argamasa la historia reciente y no tan reciente del país, debe ser un foro abierto a todas ideas circulantes en este momento de una humanidad atravesada por un capitalismo depredatorio, un mundo financiero con una racionalidad perversa y antihumanista, un mundo judicial que ha perdido sus Beccaria, sus Kelsen, sus Sampay y sus Cossio, advirtiendo que nos rodean unos mares donde naufragan desterrados, unos vínculos y destrezas de carácter cultural amenazados por industrias llamadas "del conocimiento", que lo que hacen es espantar las grandes tradiciones del conocimiento. Justo en esta época, donde las movilizaciones sociales, feministas, de trabajadores desempleados, de científicos y maestras, de familiares de víctimas de la represión o de la desidia estatal, implican ampliar las fronteras del conocimiento invitando a que se desempolven viejas certezas y se traduzcan los anteriores mundos teóricos a las pulsaciones que están trazando los contornos vigorosos de nuevos mundos de vida.

En lo inmediato es imperioso rechazar la aprobación de un Presupuesto con el sello indeleble del FMI. Desde las semanas previas a la movilización y el paro, todos los principales referentes sindicales y sociales que protagonizaron las acciones masivas de protesta, llamaron a rechazar el presupuesto, denunciando su naturaleza neocolonial y los graves perjuicios que acarrearía, logrando que además de quienes ya anticiparon su rechazo, se sumaran a esta posición legisladores que el gobierno contaba entre sus posibles apoyos para darle al presupuesto y al acuerdo con el FMI una apoyatura fundamental desde el Congreso de la Nación. Hoy la posibilidad del rechazo legislativo se acrecienta, tras la contundencia de las movilizaciones y el alcance del paro nacional que escalaron consiguiendo la adhesión de importantes sectores medios del comercio y las pymes antes desmovilizados y reforzando el proceso de deterioro del bloque reaccionario y la recomposición de un amplio bloque nacional, popular y democrático. La perspectiva de un plan de lucha enhebra la presencia del pueblo a las puertas del Cngreso en oposición al presupuesto con otras movilizaciones y el desemboque en el repudio a Donald Trump y la reunión del G-20 el 20 de noviembre.
Al comienzo de esta proclama hemos hablado de la existencia de numerosos grupos intelectuales del país, que se han pronunciado asiduamente, algunos en términos parecidos a éstos, otros en forma divergente dentro de los más amplios matices. Desearíamos que se sepa que, a los hechos descriptos en estas líneas, los mencionamos no para cultivar la certeza privilegiada de nuestras convicciones, sino la voluntad de contrastarlas; no la verdad que parece siempre anticiparse a los hechos, sino la verdad que espera confiante, como una sombra, a los hechos que al final la nombren fidedignamente. Evidentemente, estamos pensando en la confrontación electoral del 2019, donde ninguno de los grandes temas que hacen a la condición humana y política del país deben estar ausentes. Si lo que aquí escribimos es una suerte de convocatoria, es porque es portador de la esperanza que, con la misma dimensión de un llamado, pensamos que quién puede hacerlo hacia toda la extensión de un gran arco político, es Cristina Fernández de Kirchner, habilitada por el coraje cívico que la acompaña.

Esto es así porque la próxima no es una mera elección. Es la rosa y la insignia de la posibilidad de cambiar lo aciago que ahora presenciamos por un nuevo libro de actas, esto es, una nueva época. No se crea que escribimos una mera consigna electoral cuando pensamos que en las presentes circunstancias, a través de instrumentos de selección de candidaturas que reúnan las mayores garantías democráticas, Cristina Fernández de Kirchner deberá al fin de este largo desfiladero, encabezar las listas frentistas -lo más ampliamente concebidas desde las grandes vertientes de las luchas sociales y las identidades políticas que no declinaron ante las extorsiones en curso-, que le pongan fin al omnipresente poder macrista, con una eficacia que no desmienta su vocación de originalidad. Es preciso revivificar todas las raíces emancipatorias en juego.

Concluimos con un llamado: Cristina Fernández de Kirchner Presidenta.