Viaje a la Luna

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LA LUNA DE NOKA

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

jueves, 26 de marzo de 2026

 CUBA EN LA ENCRUCIJADA DE UN MULTILATERALISMO HIPOCRITA

El síntoma del amo es precisamente

No querer saber nada de lo que sostiene su poder.

Jacques lacan

 

(Por Josué Veloz Serrade)

 

El asedio perfecto: cuando la asfixia es la política

La actual crisis energética que atraviesa cuba no es un accidente de la naturaleza ni una mera falla de infraestructura. Es el punto álgido de un asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica a lo largo de seis décadas. Lo que hoy vive la isla es la convergencia letal de la guerra económica tradicional — el bloqueo — y un nuevo contexto internacional donde los actores que deberían equilibrar la balanza han optado por lo que podríamos denominar una geopolítica de mínimos.

Cuba no solo enfrenta la hostilidad del imperio, sino el abandono silencioso de aquellos que, en teoría, debieran disputar el orden unipolar.

Pero antes de analizar las coordenadas geopolíticas, es necesario interrogar el mapa psíquico que subyace a esta situación. Porque lo que ocurre con cuba no es solo un problema de correlación de fuerzas; es también un problema de deseo, de fantasma político, de aquello que freud llamó verneinung, la negación como forma de reconocimiento encubierto. Los que abandonan a cuba la niegan, pero al negarla, la confirman, y sobre todo confirman lo que niegan de sí mismos. El bloqueo existe porque cuba aún interpela, sigue siendo un síntoma incómodo dentro del sistema capitalista global. Si cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del amo.

La pregunta que sobrevuela este texto puede enojar a más de uno, pero es necesaria: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan a las acciones concretas? ¿qué significa realmente apoyar a cuba cuando el cerco se estrecha y la asfixia se vuelve material? Y sobre todo: ¿qué dice del conjunto de fuerzas geopolíticas que declaran querer otro mundo, el hecho de que sean capaces de mirar ese ahogamiento sin mover una mano?

El abandono no declarado de los socios estratégicos

En estos días de tensiones mundiales se desempolva también la teoría de las relaciones internacionales, en la que se aborda el realismo periférico que describe la tendencia de los estados a priorizar sus intereses inmediatos — comercio, estabilidad fronteriza, no incomodar al hegemón — sobre alianzas ideológicas o históricas cuando la presión del imperio aumenta. Pero el realismo periférico no alcanza para explicar del todo la conducta actual de rusia y china frente a cuba. Aquí opera algo más profundo. Opera la renuncia al deseo propio como condición para sobrevivir en el sistema que, supuestamente, desean transformar.

Lacan distingue entre la demanda y el deseo. La demanda es lo que se pide explícitamente; el deseo es lo que subyace y que a menudo no puede articularse sin costo. Rusia y china demandan, en sus discursos, un mundo multipolar, el fin de la unipolaridad, el respeto a la soberanía. Pero su deseo, revelado por sus actos y no por sus palabras, es la integración progresiva en las reglas del mismo sistema que dicen impugnar.

Por amargo que resulte escucharlo, al abandonar a cuba, no están siendo simplemente pragmáticos, están confesando que su horizonte real no es la transformación del orden mundial, sino la negociación de un lugar más cómodo dentro de él.

Atrapados en sus propios conflictos de desgaste — ucrania para rusia, taiwán y el mar de china meridional para pekín — , ambas potencias han consolidado una postura defensiva. Su apoyo a cuba se ha reducido al discurso en los foros multilaterales y a la provisión de determinados recursos, sin desafiar estructuralmente el bloqueo. No envían el petróleo necesario, no habilitan líneas de crédito que esquiven las sanciones secundarias, no escoltan con sus buques los suministros hacia la isla. Si se les preguntara por qué, la respuesta quizás sería la misma del gran conformista: el momento no es oportuno, los costos son demasiado altos, hay que ser realistas.

Pero el realismo, en este contexto, es otra forma de avanzar hacia una capitulación anticipada. Quizás en su fuero interno creen que están abandonando a los que pueden caer primero, no a los que caerán últimos, que podrían ser ellos mismos. Han encontrado su límite histórico y, en lugar de empujarlo y quebrarlo, lo han normalizado. Al hacerlo, cometen un error de cálculo estratégico que la historia ya ha castigado antes. Cada vez que una potencia permite que el orden hegemónico destruya a un eslabón sin costo, ese orden sale fortalecido y se acerca un paso más al sometimiento de los que creyeron estar a salvo. Al permitir que un proyecto soberano sea destruido por el imperio sin consecuencias, envían un mensaje a sus propias poblaciones y a otros actores secundarios: la solidaridad es un lujo que no podemos permitirnos; cuando llegue tu turno, estarás solo.

América latina y el caribe: la diplomacia de los abrazos vacíos

La postura de brasil y colombia es, quizás, la más paradigmática de la bancarrota contemporánea del progresismo. Lula da silva y gustavo petro, dos líderes que deben su capital político a la narrativa de la transformación social y la soberanía regional, han optado por lo que podríamos llamar una especie de simbolismo de bajo costo con declaraciones de apoyo moral, llamados al diálogo, presencia discursiva en los foros internacionales. Pero mientras las palabras circulan, las condiciones estructurales de asfixia — el bloqueo, las listas de países patrocinadores del terrorismo, las sanciones financieras — permanecen intactas.

Todo transcurre como si operara una especie de identificación con el agresor, como un mecanismo por el cual el sujeto sometido a una fuerza superior asimila, inconscientemente, los valores y las lógicas de ese poder para sobrevivir. No se trata de una traición consciente sino de una adaptación que, con el tiempo, se vuelve constitutiva de la propia identidad. Algo de eso ocurre con ciertos gobiernos progresistas latinoamericanos, han incorporado tanto la lógica del campo de juego imperial — sus instituciones, sus mercados, sus reglas — que ya no pueden imaginar una acción política que rompa con ese campo, aunque en el discurso la proclamen necesaria.

Brasil y colombia olvidan que si fueran hoy una verdadera retaguardia estratégica no sería un favor el que le harían a cuba, sería una necesidad propia. Si estados unidos sigue inclinando la balanza a su favor en la región — como lo hace con su política de sanciones, su dominio del fmi, su control de la oea y su influencia sobre las derechas locales — , ¿con quién contarán lula y petro cuando la marea reaccionaria los golpee a ellos? Habrán quemado, con su prudencia, la retaguardia que desesperadamente necesitarán. En días recientes lula afirmó que podrían ser invadidos «cualquier día»; podríamos contestarle: «y mientras más sólo te quedes, más posibilidades reales hay de que eso ocurra».

El caso de venezuela es el más doloroso porque representa la mutilación de un proyecto que alguna vez fue el pilar de la solidaridad regional. Hoy, venezuela está de facto sometida a las decisiones geopolíticas de los estados unidos.

El régimen de sanciones extrema, el secuestro de maduro y cilia flores, han logrado su objetivo: condicionar al estado venezolano, obligarlo a negociar en condiciones de inferioridad y reducir su capacidad de proyección internacional. Venezuela ya no puede ayudar a cuba porque apenas puede ayudarse a sí misma. Si el imperio pudo con venezuela, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ¿qué esperanza tiene un país más pequeño sin ese recurso? Pero los gobiernos de la región no extraen la conclusión correcta. En lugar de unirse para romper el cerco, se dispersan, negocian por separado, y caen uno tras otro.

Algunos de los países pequeños que recibieron solidaridad cubana — médicos en sus aldeas, maestros en sus escuelas, brigadas en medio de sus catástrofes — aprietan hoy la nariz y dan la espalda. En relaciones internacionales, es lo que se denomina bandwagoning: la tendencia de los actores débiles a alinearse con el más fuerte cuando perciben que el benefactor histórico está en retirada. Es una lógica cruel pero predecible.

Lo que no entienden es que su supervivencia a largo plazo no depende de complacer al amo, sino de la existencia de un ecosistema regional soberano. Al dar la espalda a cuba, están contribuyendo a desmantelar el único tejido de solidaridad que podría protegerlos cuando ellos sean los siguientes en la lista. Es la lógica del «yo me salvo» que conduce inevitablemente al «todos nos hundimos». Todo el que elige salvarse a sí mismo termina aislado y luego sometido. Al final, igual le espera la muerte, pero una muerte solitaria, sin la dignidad de haber luchado junto a los demás.

El mito de la autosuficiencia es una trampa discursiva

Frente a ese panorama, la objeción liberal, y a veces incluso la de cierta izquierda, suena previsible: ¿por qué apelar a otros? ¿acaso cuba no debería valerse por sí misma? Esa pregunta merece ser demolida con rigor, porque opera como una trampa retórica que naturaliza la violencia del bloqueo y culpabiliza a la víctima.

La autarquía es un mito en el sistema mundial contemporáneo. Ningún país es una isla, ni siquiera las islas. Estados unidos no se vale por sí mismo, depende de una red global de bases militares, del dólar como moneda de reserva impuesta al mundo mediante los acuerdos de bretton woods y la presión de sus portaaviones, y de cadenas de suministro que explota sistemáticamente. China no se vale por sí misma, depende de materias primas africanas y latinoamericanas y de mercados globales para su sobreproducción industrial. Rusia no se vale por sí misma, su poderío energético es nulo sin los gasoductos y sin compradores dispuestos a pagar su tecnología militar.

La dependencia no es la excepción en el sistema internacional, es una regla estructural. Lo que varía es el tipo de dependencia y el margen de autonomía que se puede construir dentro de ella. Un país como luxemburgo disfruta de altos estándares de vida porque está incrustado en el corazón del bloque imperial. Un país como cuba tiene que sobrevivir a pesar de estar bloqueado por el imperialismo. La pregunta correcta, entonces, no es por qué cuba no es autosuficiente, sino por qué se le exige a cuba un nivel de autosuficiencia que no se le exige a nadie más. Esa exigencia asimétrica no es inocente, es una trampa discursiva y cobarde que coloca a la isla en una posición ontológicamente imposible, para luego presentar su imposibilidad como evidencia de su fracaso.

Se le impone a cuba una especie de doble vínculo, se somete al sujeto una condición que no puede cumplir, y se le culpa del incumplimiento. El neurótico producido por el doble vínculo no puede escapar porque la trampa está inscrita en el lenguaje mismo con el que se le habla. Cuba está atrapada en ese lenguaje: si resiste, es una dictadura que hace sufrir a su pueblo; si negocia, está cediendo al chantaje imperial; si pide ayuda, es un estado fallido que no puede sostenerse solo. No hay salida dentro del discurso del amo, porque el discurso del amo no está diseñado para tener una salida, sino para atrapar.

La metodología del imperio: negociar, ahogar, culpar

Lo que hemos descrito no ocurre en el vacío. Responde a una metodología del imperialismo estadounidense en sus negociaciones con actores soberanos que se niegan a capitular. El libreto histórico es invariable y ha sido ejecutado con mínimas variaciones.

Primero, la mesa del diálogo como trampa. Se sientan a negociar no para llegar a acuerdos, sino para ganar tiempo. Mientras la contraparte deposita esperanzas en la vía diplomática — mientras el sujeto cree que el otro es susceptible de ser convencido — , el imperio continúa aplicando sanciones, fortaleciendo a la oposición interna, preparando el terreno. Es el gesto que lacan identificaría como perverso, la promesa que estructura el vínculo solo para perpetuar la dependencia.

Segundo, la exigencia de concesiones unilaterales. El imperio nunca negocia de buena fe; negocia desde la posición de fuerza absoluta. Exige que la otra parte ceda primero, que demuestre voluntad de cambio, que desmonte sus estructuras defensivas como gesto de buena voluntad. Cada concesión que hace la parte débil es interpretada como signo de debilidad ulterior y se responde con más presión. El mecanismo es siniestro en su lógica: cuanto más se cede, más se debe ceder. La negociación se convierte en un proceso de vaciamiento progresivo de la soberanía.

Tercero, si no obtienen lo que quieren, invaden o destruyen. Cuando el diálogo no produce la rendición completa, pasan a la siguiente fase: invasión directa — panamá, granada, irak — , golpe de estado — honduras, 2009; bolivia, 2019 — , guerra de baja intensidad — nicaragua en los ochenta — , o destrucción económica sistemática — cuba, venezuela, irán — . La diplomacia es solo la antesala de la agresión.

Quienes, con buena fe, instan a cuba a negociar con washington ignoran esa estructura. Cuba no es empujada a la mesa para dialogar; es empujada a la mesa para rendirse en las condiciones más desfavorables posibles.

La crisis humanitaria como arma de guerra

La ayuda humanitaria que llega a cuba hoy — los envíos de alimentos, medicinas, generadores — es vital para aliviar el sufrimiento inmediato. Pero en términos políticos, funciona como un paliativo que corre el riesgo de despolitizar la crisis. Es el respirador que se le pone a un paciente en coma: mantiene al enfermo con vida, pero no repara la lesión que lo llevó al coma. El paciente necesita una operación estructural, no la perpetuación de la emergencia.

El bloqueo no es una sanción, es un mecanismo de desgaste diseñado para provocar una implosión desde adentro. Ofrecer ayuda humanitaria, por más valiosa que sea, sin romper el cerco financiero y energético es como bombear agua de un barco que sigue teniendo un boquete abierto por el ataque enemigo.

El boquete es permanente; y el bombeo, agotador. El objetivo estratégico del bloqueo — lo que en la terminología militar se llama guerra de cuarta generación o cambio de régimen por asfixia — es negar al estado la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, para que sea la propia población la que termine desbordando a su gobierno. No hay nada de accidental en esa estrategia: es deliberada, está documentada y ha sido aplicada con distintos grados de intensidad durante más de seis décadas.

El apagón no es solo ausencia de luz, es una pedagogía del miedo, una lección que el amo imparte día tras día. Cada hora sin electricidad, cada fila para conseguir alimentos, cada médico que no tiene insumos es un recordatorio de lo que cuesta resistir. Es el goce del poder en su forma más cruel, no el goce de destruir al enemigo de un golpe, sino el goce de verlo degradarse lentamente, de convertir su vida en una demostración permanente de que la resistencia conduce al sufrimiento. Duele constatarlo, pero la mayor crueldad del bloqueo no es su fuerza, es su lentitud.

La narrativa del estado fallido o la culpa siempre es de la víctima

Y aquí llegamos al punto más perverso de toda la operación, la construcción del relato que invierte la causalidad.

El imperio no solo destruye; además construye el dispositivo discursivo para que la destrucción parezca merecida o inevitable.

Un estado al que se le niega la posibilidad de importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos; al que se le bloquean sus finanzas internacionales; al que se le impide acceder a créditos; al que se le somete a una guerra mediática; al que se le castiga por comerciar con quien sea: ese estado tendrá, por definición, enormes dificultades para funcionar con normalidad. Luego, cuando esas dificultades se manifiestan — apagones, desabastecimiento, migración — , el coro imperial y sus voceros locales dicen: miren, es un estado fallido, el socialismo no funciona.

Se presenta como fracaso interno lo que es resultado de una agresión externa.

La causalidad se invierte, el bloqueo no es la causa de la crisis; la crisis es la prueba de que el régimen es incompetente. Es la misma lógica del abuso, se le ata las manos al sujeto, se le golpea durante horas, y luego se le acusa de no poder defenderse. Ese mecanismo tiene nombre: proyección. El agresor proyecta sobre la víctima la responsabilidad de lo que le hace; así externaliza su propia culpa y mantiene intacta su imagen de orden y civilización.

La categoría de estado fallido no es descriptiva, es performativa. Nombrar a cuba como estado fallido no constata una realidad; construye una realidad que justifica el abandono y eventualmente la intervención. Es el concepto que hace posible lo que viene después, la haitianización como dijera claudio katz en días recientes. Reducir la isla a un estado de degradación tal que se convierta en vitrina del horror, en demostración permanente de lo que le ocurre a quienes se atreven a elegir un camino soberano.

El mensaje es perverso en su transparencia: miren lo que pasa si se atreven a ser libres.

Pero un estado fallido de verdad no resiste 65 años de bloqueo. Un estado fallido de verdad no tiene una tasa de mortalidad infantil más baja que la de estados unidos. No forma médicos que salvan vidas en todo el mundo. No mantiene un sistema educativo universal, una ciencia propia — con vacunas incluidas — y una cultura vibrante. Lo que el imperio llama estado fallido es, en realidad, un estado agredido que se niega a morir. Esa es la verdad incómoda. Y esa es, precisamente, la razón de la furia imperial. Cuba en realidad no fracasa. Cuba insiste. Y esa insistencia es intolerable.

¿Qué opciones le han dejado a Cuba?

Analizadas las coordenadas del asedio, la pregunta se vuelve ineludible, ¿qué opciones tiene en verdad la conducción política cubana? O para ser más preciso: ¿qué opciones le han dejado?

La primera es la negociación en condiciones de asfixia.

Es la que recomiendan los bienintencionados, los que quieren que cuba dialogue y negocie con los estados unidos. Pero negociar con un imperio que tiene el pie en tu cuello no es diálogo, puede ser rendición condicionada. Cuba ha demostrado voluntad de diálogo histórico en múltiples momentos, pero siempre desde posiciones de dignidad. Sentarse hoy a negociar sin haber roto antes el cerco energético y financiero es aceptar la negociación del ahogado, aceptar cualquier cláusula por una bocanada de aire. El resultado sería una normalización que equivaldría a la liquidación del proyecto revolucionario por goteo, como ocurrió en europa del este tras la caída del muro, pero con el agravante de tener al imperio a 90 millas.

La segunda opción es la resistencia heroica pero solitaria.

Es la que cuba ha practicado durante décadas: innovar, resistir, buscar rendijas, diversificar relaciones. Pero esa opción, que fue viable cuando existía un campo socialista dispuesto a sostener el flujo de recursos, hoy se enfrenta a un límite material concreto. La resistencia heroica sin retaguardia se convierte, con el tiempo, en resistencia agónica. No porque el pueblo cubano haya perdido la voluntad, sino porque la voluntad sola no mueve turbinas ni llena estantes.

La tercera opción es la que el imperio diseña como escenario deseado: la implosión.

El estallido inducido por la acumulación de sufrimiento, amplificado por las redes de oposición financiadas desde el exterior, que permita una intervención humanitaria o una transición pactada. Esta no es una opción para cuba; es la trampa que se le tiende.

La cuarta, la única que cambiaría en verdad el tablero, no depende de cuba.

Depende de que quienes dicen apoyarla pasen de las palabras a los hechos. Depende de que envíen el petróleo necesario, de que pongan los buques, de que escolten los suministros, de que rompan el cerco financiero con mecanismos concretos. Depende de que pregunten a cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metáforas. Es el petróleo o la asfixia. Son los buques o el bloqueo. Es la acción o la complicidad.

Las lecciones de la historia que el mundo prefiere olvidar

El olvido no es pasivo. El olvido es un acto: la represión activa de aquello que, si fuera recordado, obligaría a actuar de otra manera. La comunidad internacional olvida a conveniencia los paralelismos históricos, porque recordarlos haría insostenible la postura actual.

En 1941, los tanques alemanes estaban a las puertas de moscú. ¿cuánto tiempo estuvieron sin reaccionar? ¿cómo saben que no irán luego por ustedes? Hoy, nadie parece entender que la retaguardia cubana es la retaguardia del mundo entero. Algunos quizás la ven como un cadáver político adelantado y se comportan en consecuencia.

Durante décadas, los estados unidos sostuvo al régimen de chiang kai-shek en taiwán con dinero, armas y flota naval, incluso cuando era evidente su derrota en la guerra civil china. Lo hicieron porque taiwán era un portaaviones estratégico contra la china popular. Es decir, el imperio sostiene a sus aliados hasta el final, porque entiende que la fidelidad a los suyos es una condición de su propio poder. Pero los aliados de cuba hacen lo contrario: la abandonan cuando el costo político de sostenerla supera el beneficio de no hacerlo.

La república española es el recuerdo más exacto de la situación que hoy vive cuba. Luchaba contra el fascismo, pero las democracias occidentales — francia y reino unido, principalmente — firmaron el comité de no intervención mientras alemania e italia enviaban tropas, aviones y artillería a las fuerzas de franco. Estados unidos por su parte, promovió el embargo de armas. La no intervención fue el nombre elegante para la complicidad. La república fue abandonada, asfixiada y finalmente derrotada.

¿El resultado? Cuarenta años de dictadura franquista. Pero el mundo pagó además un precio mayor, la impunidad con que triunfó el fascismo en españa alentó al nazismo en tanto reforzó la impunidad fascista y contribuyó al inicio de la segunda guerra mundial. El abandono de la república no fue inintencional; fue una decisión con consecuencias históricas catastróficas. Hoy algunos gobiernos progresistas practican la misma no intervención frente a cuba, mientras el imperio ejerce su intervención permanente a través del bloqueo. No hay lección aprendida. El olvido es productivo y permite repetir.

Lo que el imperio olvida: los pueblos no se rinden

Y sin embargo, frente a este panorama desolador, existe un contrapunto que el análisis geopolítico clásico tiende a subestimar. Cuba cuenta con algo que ningún bloqueo puede estrangular del todo: cuenta con los pueblos del mundo más que con los estados. Con los movimientos de solidaridad que en cada país se reúnen, organizan y preparan envíos de ayuda. Con la memoria viva de millones de personas que saben lo que cuba ha dado al mundo y no están dispuestas a permitir que sea reducida a escombros en silencio.

Los estados calculan, miden costos, evalúan riesgos, sopesan sanciones. Los pueblos, cuando están organizados y conscientes, actúan por convicción.

La solidaridad interestatal es frágil porque depende de gobiernos, de ciclos electorales, de alianzas cambiantes, alianzas que hoy están muertas. La solidaridad de los pueblos es más lenta, más difícil de articular, pero cuando se activa es diferente: no puede ser sancionada por el fmi ni coaccionada por la otan.

No hay otro país en el mundo que tenga una red de movimientos de solidaridad tan extendida, persistente y arraigada en múltiples generaciones como cuba. Ese tejido humano es un activo estratégico que no aparece en ningún balance convencional.

La diáspora como quinta columna inversa

Hay un factor que el pentágono parece ignorar, quizás porque no entra en sus modelos de análisis: la composición demográfica de la emigración cubana en estados unidos ha cambiado mucho en las últimas décadas. Los cubanos de miami en los años sesenta eran la élite blanca que huyó de la revolución, propietarios expropiados, profesionales de clase alta, figuras del antiguo régimen batistiano. Eran el lobby más feroz contra la revolución, el motor del bloqueo, la base social del exilio duro.

Hoy la mayoría de los cubanos en los estados unidos son emigrantes económicos de las últimas décadas, llegados en balsas o por terceros países, con familia en la isla, con vínculos afectivos y culturales intactos, con una visión mucho más matizada de la realidad cubana.

Si el imperio osara invadir, las bombas caerían sobre sus pueblos, sobre sus abuelas, sobre sus hermanos. ¿de verdad alguien cree que los miles de cubanoamericanos — sus hijos y sus nietos — recibirían esa guerra con entusiasmo?

El cálculo político es el inverso: lo que el imperio tendría no es una retaguardia en miami, sino una quinta columna dentro de sus propias fronteras, una comunidad dispuesta a rebelarse desde adentro del amo.

Eso es lo que el análisis puramente institucional no puede ver, porque trabaja con categorías frías, alianzas, intereses y recursos. Lo que escapa a esas categorías es la dimensión libidinal de la política: el amor, el duelo, la pertenencia. Un pueblo no es una variable geopolítica. Un pueblo tiene madre. Y cuando las bombas caen sobre la madre, el cálculo racional se disuelve en algo más antiguo y poderoso.

Irán y vietnam: lecciones de la resistencia asimétrica

La heroica resistencia de irán frente al imperialismo nos ha mostrado el camino: donde caiga alguien, aparecerán cien dispuestos a empuñar las armas y defender a la patria. No es retórica, es la descripción de una sociedad que ha interiorizado la defensa de la nación como valor irrenunciable, que ha hecho de la resistencia una identidad colectiva más fuerte que el miedo.

Cuba tiene ese mismo adn: es una nación en armas no por conscripción forzosa, sino por la conciencia histórica acumulada en sesenta y cinco años de asedio.

Vietnam enseñó que una guerra no se decide únicamente en el plano militar.

La ofensiva del tet de 1968 fue una derrota táctica para el viet cong y el ejército de vietnam del norte, que sufrieron enormes pérdidas y no lograron sostener las posiciones tomadas. Pero fue una victoria política estratégica: demostró que podían atacar en cualquier punto del país, incluso en los centros del poder sudvietnamita, y quebró la narrativa de washington de que la guerra estaba cerca de ganarse. A partir de entonces, la confianza de la sociedad estadounidense en la guerra comenzó a desmoronarse. La guerra no se gana ocupando territorio; se gana desgastando la voluntad política del invasor. Y esa voluntad, en las democracias liberales con opinión pública y elecciones periódicas, tiene un límite medible en ataúdes y en puntos de aprobación presidencial. Cuba, con su geografía compleja, con su población preparada durante décadas de defensa territorial, podría reproducir ese escenario.

Una invasión a cuba no sería la operación quirúrgica de granada ni el paseo de panamá. Sería un atolladero sangriento y prolongado, que duraría años y costaría miles de vidas estadounidenses.

La paradoja del aislamiento preventivo, morir solo para no morir juntos

Llegados a este punto, debemos interrogar el mecanismo profundo que lleva a las potencias que deberían disputar el orden unipolar a abandonar a cuba. La respuesta superficial es el cálculo de costos: sostener a cuba tiene un precio en términos de sanciones secundarias, de tensión con Washington, de riesgo comercial. Pero esa explicación es insuficiente, porque el abandono no es solo racional, tiene una dimensión de satisfacción, de alivio, que quizás solo el psicoanálisis puede iluminar.

Existe en la política internacional algo análogo a lo que freud describió como pulsión de muerte en el individuo: la tendencia a la autodestrucción, al retorno a un estado de quietud que se alcanza a costa de la vida misma.

Los actores que abandonan a cuba no solo están calculando sus intereses; están también, de alguna manera, renunciando a su propio deseo de transformación. El abandono de cuba es la renuncia a la posibilidad de otro mundo. Es la aceptación, en el fondo, de que el orden del amo es el único orden posible, de que el capitalismo global es el horizonte insuperable de la historia.

Hay en esa renuncia algo de lo que marcuse llamó la desublimación represiva, que es la integración del sujeto en el sistema a través de la promesa de pequeñas satisfacciones que neutralizan el impulso radical. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, las potencias del brics, los partidos de izquierda europeos, las organizaciones solidarias que hoy miran para otro lado: todos han encontrado, de una manera u otra, su nicho dentro del orden. Han obtenido su cuota de reconocimiento, su espacio de cómoda disidencia, sus gestos permitidos. Y en ese proceso, han dejado de ver a cuba como un espejo de lo que podrían ser, para verla entonces como un recordatorio incómodo de lo que han dejado de ser.

Porque cuba interpela: eso es lo insoportable. No que sea un fracaso, sino que sea una pregunta permanente, dirigida a todos los que, en algún momento, creyeron que otro mundo era posible y luego decidieron que era demasiado costoso. Cuba les pregunta: ¿en qué momento exacto decidiste que la normalidad capitalista era preferible a la lucha? ¿en qué momento exacto entregaste el deseo? Esa pregunta es la razón profunda del bloqueo y del abandono.

Al abandonar a cuba, no están evitando su propio final; solo lo están aplazando y asegurándose de que, cuando llegue, se encuentren en la más absoluta soledad. Están cavando su propia tumba con la excusa de no mancharse las manos con la tierra de la tumba de cuba. Porque el que elige salvarse a sí mismo en una tormenta colectiva termina aislado y luego sometido. El amo, una vez que termina con el hermano, no firma la paz con los que miraron, los incorpora a la lista de los siguientes. Siempre necesita nuevas víctimas para legitimar su existencia.

La solidaridad como necesidad estratégica y acto de dignidad

Lo que hemos presenciado en este análisis no es una serie de errores tácticos aislados, sino una profunda crisis de conciencia geopolítica y moral en el progresismo global. Se ha perdido la noción de que la solidaridad no es un lujo moral reservado para los tiempos buenos, es una necesidad estratégica y, al mismo tiempo, la definición misma de lo que significa pertenecer a un proyecto político que aspira a algo más que la administración del orden existente.

Cuba no es solo cuba: es la demostración viva de que es posible resistir durante décadas el asedio del poder más grande del mundo y mantener en pie un sistema de salud universal, una educación gratuita, una cultura propia, una dignidad irrenunciable.

Eso no prueba que el modelo cubano sea perfecto: prueba que la alternativa al capitalismo global no es el caos ni el fracaso automático, sino que es posible y vale la pena construir algo diferente e incluso hermoso. Al destruir a cuba, el imperio no está eliminando una amenaza militar, está eliminando una prueba, está borrando un ejemplo. Pretende demostrar que fuera de la normalidad capitalista no hay vida posible.

Los que entregan a cuba se entregan a sí mismos. No como metáfora, sino en el orden estratégico. Un orden mundial que dice llamarse multipolar, pero no protege a sus miembros más vulnerables cuando el amo aprieta, no es un orden alternativo, es una extensión descentralizada del mismo dominio, un sistema donde la multipolaridad es la forma decorativa de la unipolaridad efectiva. Al traicionar a cuba le dicen al sur global: «si no tienes petróleo o una posición geográfica vital para nosotros, no esperes nada». Eso, a largo plazo, los priva de aliados auténticos y los deja en un mundo donde solo importa la fuerza bruta: un mundo donde ellos también, aunque grandes, son vulnerables.

Cuando el imperio mira a cuba, ve una isla pequeña que puede bloquear y asfixiar casi sin consecuencias. Lo que no ve — o lo que no quiere ver — es que esa isla es un volcán dormido sobre una falla tectónica global.

Cuba no es solo su geografía, es su historia, es su ejemplo, es el sueño de millones de personas que en algún rincón del mundo todavía creen que otro mundo es posible. Y mientras ese sueño exista, mientras haya un pueblo que lo encarne con su resistencia cotidiana, el orden del amo no estará completo. Siempre habrá una grieta. Siempre habrá una pregunta sin responder.

Si algún día el imperio olvida vietnam, olvida irán, olvida que los pueblos no se rinden y se atreve a invadir la isla, descubrirá que la guerra no se gana con portaaviones. Se gana con la capacidad de un pueblo para decir «no» aunque le cueste la vida. Y ese «no» de cuba, multiplicado por millones dentro y fuera de la isla, será su tumba.

Mientras tanto, la batalla es otra. Es la batalla por la vida cotidiana, por la luz, por la comida, por la esperanza. Y en esa batalla, los pueblos del mundo tienen la palabra. No para reemplazar a los estados, sino para obligarlos a actuar. Para recordarles que la historia juzga. Que el juicio sobre los que abandonaron a la república española fue severo y permanente.

Que el silencio, cuando puede romperse, es una decisión. Y que las decisiones tienen consecuencias.

Cuba pide acciones concretas: el petróleo necesario, los buques, la custodia, la ruptura del cerco financiero, la protección del espacio marítimo, la presión real en los organismos internacionales. Pide que quienes dicen apoyarla pregunten qué hay que hacer y lo hagan. No es una petición de caridad, es una exigencia de coherencia. Basta de declaraciones. Basta de mensajes de apoyo que funcionan como coartada para la inacción.

La pregunta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su respuesta con 67 años de revolución. La pregunta es para el mundo. Para los que dicen querer otro orden.

Para los que firmaron declaraciones y enviaron mensajes. Para los que tienen petróleo y buques, pero no los envían, o votos relevantes en la onu que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿del lado de los que esperan a que los estados se decidan, o del lado de los que ya están actuando? ¿del lado de los que envían mensajes de apoyo, o del lado de los que envían los buques y deciden enfrentarse de una vez a los designios del imperialismo?

 









martes, 10 de marzo de 2026

 


Hoy 10 de Marzo, nos ha dejado otro GLADIADOR de la VIDA. Cada vez que en soledad tuve dudas por alguna tempestad que me chocaba de frente, me venía a la mente su capacidad de resiliencia, su espíritu de bambú para hacer frente a todo, podían doblarlo, pero jamar partirlo. UN BESO GRANDE MI TIO FARDY





viernes, 30 de enero de 2026

 ¿Y AHORA?

 

A veces la realidad te da una “trumpada”, sin esperarla o no, pero guerra avisada no mata soldado, dicen. La izquierda en el Mundo se ha desgañitado denunciando el genocidio contra Cuba, la ONU (organismo que nadie le da bola) todos los años, al menos desde 1992 (hace 33 años), hace una votación en contra del bloqueo contra Cuba, en la misma, Estados Unidos e Israel siempre votan en contra de la resolución, y se le suma en distintos años, algún que otro satélite de turno, Argentina por ejemplo, se sumó a estos dos en el 2025, y en el 2024, que no lo hizo, le costó el puesto a La Mondino, entonces canciller del Gobierno títere de Milei.

Ya en el primer mandato de Trump, transitorio inquilino de la Casa Blanca, hecho para atrás todo el avance que se había logrado, en desarticular el bloqueo yanquis contra Cuba, llevado a cabo por Obama, de hecho en el 2017 aplico más de 250 nuevas sanciones contra Cuba, todos denunciábamos entonces aquella aberración genocida, pero claro, la derecha mundial, en sus diferentes vertiente y utilizando intensivamente, sus medios de comunicación, negaban a viva voz, que no habia bloqueo sino “embargo” y que Cuba esta como esta, porque su sistema económico y politico es fallido, relegando a su mínima expresión la influencia de algo tan importante como el bloqueo.

Cuba no es el paraíso y nunca se vendió como eso, es más, los que se venden como paraíso acá en la tierra, están bastante alejados, del ideal humano y cristiano. El pueblo cubano ha querido, simplemente ser un país, soberano, independiente, que tenga dignidad, y finalmente, repartir, lo más equitativo que se pueda, la riqueza que crea, con sudor y sacrificio. Por supuesto que la Revolución Cubana surgió en el momento histórico de la guerra fría, pero hace mucho tiempo, al menos desde que el Muro implosión, que lo único que Cuba exporta, es solidaridad, hermandad humana y no su Revolución, como pretenden instalar desde el norte revuelto y brutal, que nos odia y nos desprecia, una Revolución, por otro lado, que le sirvió a Cuba, parece poco, pero no lo es, para no ser un Puerto Rico.

Ahora el Imperio se sacó la careta con este nuevo mandato de Trump, lo que antes hacía solapadamente, ahora a plena luz del día pone de manifiesto su accionar monroeista del siglo 21 descaradamente.

El 3 de Enero del presente año, el Imperio yanqui envió todo un mensaje para América Latina. Hoy 30 de Enero entró en vigencia, su bloqueo feroz a la venta de petróleo de cualquier nación a Cuba, puede ser la antesala de “entrar y destrozar todo”. Quiero escuchar ahora a los paladines de la democracia y el respeto internacional, quiero escuchar que me digan en la cara, que todo es mentira, que nunca hubo bloqueo, que el imperio no es tal, que solo quieren el bienestar de los pueblos.

Solo les digo algo bajito de sal, ¡A TOMAR POR CULO!, sobre sus conciencias quedará, no solo el genocidio a los judíos en la Segunda Guerra Mundial, también quedará, el GENOCIDIO AL PUEBLO DE CUBA.










 

miércoles, 7 de enero de 2026

Siempre han existido opiniones aberrantes, que circulan en medios marginales de cualquier sociedad, la supuesta “civilización humana”, con sus preceptos construidos durante su corta vida (teniendo en cuenta el tiempo del universo), siempre a base de sangre y muchos sacrificios humanos, ha tratado de mantener al margen algunas de esas ideas, sistemas de dominio, como las religiones, por ejemplo, se encargaron de ello, los herejes, las brujas, fueron sacrificados para que tales ideas no llegaran a conformar el estatus quo de las viejas sociedades, eso conllevo a atrasos humanos, porque a la larga, esos sistemas de dominio, impusieron sus preceptos oscuros y descartaron otros, que daban luz y prosperidad a la humanidad. Les toca a las nuevas sociedades discutir si el regreso a viejos preceptos, supuestamente superados porque eran deshumanizados, podrían "convivir" con las sociedades actuales.

El siguiente artículo de Tenembaum, ha pasado desapercibido, por obvias razones, se publicó el 4 de Enero, y ya sabemos lo sucedido el día 3, pone foco en algo peligroso que ya está en el nuevo poder de la Argentina y que sin dudas forma parte de su batalla cultural, la idea es un cambio de “paradigma”, y para ello necesita reciclar a “nuevos profetas”. Walter Block, es un economista estadunidense de la Escuela Austriaca, teórico del anarcocapitalismo, y discípulo de Murray Rothbard, supuestamente era un comunista en los años 50 y 60 y se “reconvirtió”, esos siempre son los peores, porque para “esconder” su pasado y demostrar que su reconversión ha sido efectiva, tratan de ser “los más aguerridos” luchadores del anticomunismo, exultantes teóricos de un Capitalismo “libre y sin reglas”, donde todo es posible, como es de esperar en los reconvertidos, sus ideas pasan a extremos no humanos inimaginables.

LECTURA DE VERANO: El regalo que dejó Milei en el arbolito
(Por Ernesto Tenembaum)

Javier Milei y los integrantes de su Gabinete posan con copias del libro Defendiendo lo indefendible

En el año 2010, la industria petrolera sufrió un golpe, cuando las instalaciones de Deepwater Horizon, de British Petroleum, estallaron en altamar. Más de 750 millones de litros de petróleo se desparramaron por el Golfo de México. Además, murieron 11 trabajadores, cuyas familias reclamaron una indemnización. La demanda parecía justa ya que una empresa –sobre todo una tan poderosa—debe responsabilizarse por las condiciones de trabajo de sus empleados. Pero no todos pensaban así. “Según la ley libertaria no les corresponde ninguna indemnización. Esos desafortunados trabajadores asumieron la responsabilidad de lo que hacían. Presumiblemente, cobraron un extra salarial debido a los riesgos que entraña este tipo de empleo”, escribió Walter Block, en su libro Defendiendo lo indefendible.

Unos días antes de Navidad, Javier Milei invitó a todo su gabinete a Olivos. La reunión dejó una foto de recuerdo donde se destacan algunos elementos. Mientras todos los ministros estaban vestidos, digamos, de elegante sport, el Presidente lucía su mameluco de YPF, el mismo que usa para juguetear con sus “hijitos de cuatro patas”. Todos estaban demasiado abrigados, para un día en el que hacía 35 grados: es que Milei, al mismo tiempo, se abriga, pero vive en ambientes muy refrigerados. Pero el dato más interesante es que los ministros posaban sosteniendo un librito -justamente, Defendiendo lo indefendible, de Walter Block- que Milei les había repartido como regalo de navidad.

Defendiendo lo indefendible es un viaje hacia un pensamiento, como decirlo, disruptivo. Block promueve la existencia de un mundo sin indemnizaciones, donde el Estado no persiga a evasores, narcotraficantes, voyeurs o difusores de pornografía, donde quien quiera pueda casarse con varias mujeres o varios hombres, en el que se permita comerciar con órganos y con niños, el libre comercio se imponga sin ningún límite ni estrategia, las calles sean privatizadas, la salud pública no exista, y la discriminación no sea sancionada. En otros tiempos, esas ideas podrían haber generado interés pero como una excentricidad académica. Las cosas han cambiado y ahora un presidente exitoso las difunde entre sus ministros. Parece motivo suficiente para espiar ahí adentro.

Por ejemplo, en medio del debate sobre la reforma laboral, muchos analistas intentan razonar si esa reforma es útil para blanquear trabajadores informales o impulsar el desarrollo productivo. Al leer a Block, aparece otra posibilidad: que el espíritu de esa reforma no responda sólo a cuestiones instrumentales sino también a una convicción filosófica profunda. Porque Block, por ejemplo, no cree que deban existir indemnizaciones en ningún caso. Para él, se debe equiparar una relación laboral con un matrimonio. Y así como cualquier persona tiene el derecho a divorciarse porque dejó de querer a su pareja, de la misma manera se puede romper una relación laboral.

“El patrón que desea ‘divorciarse’ de su empleado, debería poder efectuar dicho divorcio sin motivo. El despido improcedente no es injusto ni inapropiado, no más de lo que lo es el divorcio sin motivo. Si uno es un avance progresista en las relaciones humanas, también lo es el otro…Los hombres libres tienen el derecho de renunciar a sus empleos, y también de despedir a sus empleados -sin que exista motivo alguno-. A menos que el contrato especifique lo contrario, el patrón y su empleado deberían poder finalizar su relación en el momento en que lo deseen, por cualquier motivo, o sin motivo alguno”.

Defendiendo lo indefendible es muy ilustrativo también porque algunos discursos recientes de Milei parecen extraídos textualmente de ese trabajo. Por ejemplo, hace algunas semanas, el presidente argentino defendió su política aperturista con este argumento: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.

En el libro que Milei repartió entre sus colaboradores, se lee: “Si a los compradores se les ofrece elegir entre un par de vaqueros regionales por cincuenta dólares y un par idénticos fabricados en el sureste de Asia —en Hong Kong, por ejemplo — por diez dólares, caben pocas dudas de que la práctica totalidad de los consumidores elegirán ser económicos y ahorrarse cuarenta de sus dólares conseguidos con arduo esfuerzo, lo que inevitablemente resultará en la pérdida de trabajos regionales de producción de vaqueros. Pero no nos quedemos aquí, como hacen los proteccionistas, pues existen muchos más casos a considerar. ¿Qué harán los consumidores con cuarenta dólares extra? Puede que se lo gasten en otros productos de la zona, y, si lo hacen, algunos de los fabricantes de vaqueros desempleados podrán encontrar trabajos en estos otros sectores. También puede que ahorren el dinero, y entonces los bancos podrán ofrecer préstamos en términos más accesibles, creando con ello puestos de trabajo adicionales en construcción o en industrias".

Gran parte de los dogmas que el gobierno libertario intenta trasladar a la realidad están escritos o sugeridos por Block: por ejemplo, la idea de que no debe existir salud pública. Eso aparece en el capítulo dedicado a los fumadores. El autor sostiene que no debe haber ninguna prohibición para los fumadores porque, en todo caso, cada uno es dueño de hacer lo que quiere con su cuerpo y el Estado no debería decidir en qué casos interviene para proteger a las personas de sí mismas, y en qué casos no. Ante el argumento de que eso puede implicar un costo para la salud pública, responde que no debería ser así ya que la salud pública tampoco es un asunto del que deba ocuparse el Estado.

“Si se puede prohibir a la gente fumar en base a que el Estado encuentra inconveniente la resultante amenaza a la salud, se podría prohibir a la gente tomar parte de otras actividades potencialmente peligrosas. Pero, ¿queremos realmente una sociedad supernanny que ilegalice el fútbol, el rugby, el hockey, las maratones, los triatlones, el parapente, el motociclismo, los helados, los caramelos, el alcohol, y cualquier otra cosa que pudiera ponernos en peligro? Es poco probable. Sería mucho mejor eliminar la financiación pública de cuidados médicos”.

En el capítulo titulado “El homófobo”, Block explica por qué no se debe sancionar a una organización que expulse a uno de sus miembros por ser homosexual. Primero, porque sostiene que cada uno en una sociedad libre tiene derecho a contratar a quien quiera: “Cada persona tiene, por tanto, el derecho a ignorar, boicotear, discriminar a aquellos a quienes preferiría evitar”.

Luego, porque no sería una posición coherente ya que los homosexuales discriminan por el solo hecho de serlo. “Los homosexuales practicantes discriminan de hecho a las mujeres como objeto de relaciones sexuales. El movimiento de ‘derechos humanos’ es lógicamente incoherente. No puede ponerse de parte de un homosexual, discriminador confeso donde los haya, en nombre del apoyo a la lucha contra la discriminación. En su lugar, si deseara ser coherente con su lógica, este movimiento debería limitarse a apoyar los derechos de los bisexuales, gente que se implica en relaciones románticas con miembros de ambos sexos, pues ellos son los únicos que no discriminan en materia sexual”.

Y luego concluye que todo el mundo debería tener derecho a discriminar porque todo el mundo discrimina. “Todos discriminamos de algún modo. Lo hacemos en base a la honestidad, a la belleza, al talento, a los intereses comunes, etc. Incluso los bisexuales son culpables de esto, por lo que es totalmente imposible adoptar una política coherente de anti discriminación”.

Por lo demás, el texto ofrece múltiples ejemplos sobre las particularidades del pensamiento libertario, cuanto trata temas como el voyeurismo, la compra venta niños y de órganos o la poligamia.

-“El “macabro” mercado negro beneficia a los donantes de órganos al ofrecerles remuneración financiera así como la satisfacción de saber que los órganos que donen tras su fallecimiento permitirán vivir a otros. Al hacerlo, aumentará también el número de órganos disponibles, lo que será de inestimable beneficio para aquellos que de otro modo tendrían que haber sobrevivido sin riñón sano… Dejemos que la libre empresa opere en el campo de la sangre, la médula, y los órganos transplantables, y ahorrémonos una gran cantidad de dolor, agonía, sufrimiento, y tragedia”.

-“¿Cuál es la perspectiva libertaria sobre el matrimonio polígamo? Ya sea poliginia (un hombre con más de una mujer), poliandria (una mujer con más de un marido), o poligiandria (cuando varias esposas y maridos se casan entre ellos), la respuesta libertaria es la misma que para todo lo demás. Si la institución constituye una violación per se del principio de no agresión, debe ser prohibida, si no, debe ser legal”.

-“¿La poligamia es socialmente peligrosa, en cuanto que los hijos de matrimonios con múltiples esposas llevarán una vida más disoluta, delinquirán, y se darán a las drogas, con una frecuencia mayor que la progenie derivada del matrimonio tradicional? No hay pruebas para tal proclama. Y aún si las hubiera, incluso si se diera un patrón claro a este respecto, seguiría sin justificar una razón legítima para prohibir la práctica”.

-“Cualquiera puede casarse con cuantas esposas (adultas) desee siempre y cuando haya consentimiento mutuo”.

-“¿De qué modo, pues, debemos considerar al ‘fisgón’. Usa su derecho a abrir sus ojos y mirar aquí y allá de un modo procaz. Su escrutinio de señoritas desnudas y semidesnudas, sin lugar a dudas, no pasa del ‘examen olfativo’. Es ciertamente cuestionable desde un punto de vista moral. Pero, si esta actividad fuese ilegalizada, cualquier contacto ‘ojo a pecho’, algo de lo que prácticamente todo hombre heterosexual es culpable, y por una significativa proporción de sus horas activas, también sería ilegal. Así pues, el voyeurismo no es un delito…Pero ¿acaso esta actividad no deriva en delitos más serios, como la violación? ¿No debería bastar esta justificación para prohibir la práctica? Pues no. De ser así, Victoria’s Secret sería ilegal”.

-“A primera vista pocas cosas podría haber más atroces que la venta de niños. El simple concepto evoca imágenes de abuso infantil, corrupción y avaricia. Los pequeños están entre los seres humanos más indefensos por lo que nos compadecemos de las presuntas víctimas de la venta infantil y entramos en cierta cólera contra quienes perpetran un acto tan vil. Pero una breve reflexión nos convencerá de que esta imagen es errónea. Porque la venta de niños es como la adopción, pero solo que incluye la transferencia de dinero…Si es una buena acción adoptar un chiquillo, ¿por qué sería un delito si los padres naturales reciben dinero a cambio de ceder a su progenie?”.

Y esto es apenas una pequeña parte.

Defendiendo lo indefendible, de Walter Block.

Gran regalo para pedírselo a los Gaspar, Melchor y Baltasar que ya estarán cruzando el planeta en sus viejos camellos.

 






martes, 6 de enero de 2026

Uno todavía está en shock, y trata de buscar respuestas, encontré esto, es una narrativa alternativa de lo que acaba de ocurrir en Venezuela, al menos alejada de mi profunda sensación, de que todo ha sido una gran traición al pueblo venezolano…

Del Valle a Caracas: este filósofo es el arma militar más mortífera de Donald Trump
(Por Daniel Arjona)

El destino de Nicolás Maduro no se ha sellado en los pasillos del Pentágono, ni siquiera en el Despacho Oval de un Donald Trump exultante. No. El hilo de la parca que se cortó ayer, en la madrugada del 3 de enero de 2026 en Caracas, se empezó a tejer mucho antes, y no por un general con medallas en el pecho, sino por un excéntrico doctor en teoría social neomarxista que prefiere el esquí de fondo a las reuniones de directorio y que cita a Theodor Adorno mientras diseña la arquitectura de la vigilancia total.Hablamos de Alex Karp, el CEO de Palantir, una figura que parece escapada de una película de Woody Allen para aterrizar, con la contundencia de un misil Hellfire, en el centro del complejo militar-industrial del siglo XXI. Mientras el mundo digiere las imágenes de los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR) sobrevolando a baja altura Fuerte Tiuna y la base de La Carlota, conviene detenerse a mirar más allá de la pirotecnia cinética. Lo que ha ocurrido en Venezuela, bautizado como “Operación Resolución Absoluta”, no es solo una incursión; es el triunfo epistemológico de una nueva forma de hacer la guerra. Es el momento en que el algoritmo devoró al dictador.Final del formulario

[Este artículo se ha construido sobre los cimientos de tres fuentes documentales: la exhaustiva investigación de Michael Steinberger en 'The Philosopher in the Valley: Alex Karp, Palantir, and the Rise of the Surveillance State', que disecciona la psique y el ascenso de Karp; la biografía crítica 'The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley's Pursuit of Power', de Max Chafkin, esencial para entender el ecosistema ideológico de Palantir; y un informe técnico exclusivo elaborado por Gemini Deep Research que detalla la logística y la tecnología detrás de la captura de hoy y que se ha servido de 33 fuentes que aparecen reseñadas en el enlace]

Parte I: La Fenomenología del Asalto

Para entender la magnitud de lo sucedido, enviemos al cementerio de la historia la idea de que la tecnología es neutra. Karp, un judío birracial criado en un hogar de izquierda radical en Filadelfia, comprendió algo que a sus contemporáneos de Silicon Valley, ocupados en vender publicidad y “likes”, se les escapó: en un mundo peligroso, el software es la espada y el escudo de Occidente. Karp no es un tecnólogo al uso; es un hombre que obtuvo su doctorado en la Universidad Goethe de Frankfurt, bajo la sombra intelectual de su maestro Jürgen Habermas, intentando descifrar cómo el lenguaje y la agresión se entrelazan en la psique humana. ¿Quién iba a decir que aquel estudiante que buscaba comprender las raíces del fascismo terminaría construyendo el panóptico digital que ayer permitió a un comando de la Fuerza Delta extraer a un jefe de estado hostil sin sufrir una sola baja?

La narrativa oficial nos hablará de valor, de inteligencia humana y de la determinación de la administración Trump. Pero la realidad subyacente, la verdadera “fontanería” de la operación reside en la capacidad de procesar lo inabarcable. Según los informes preliminares de la operación, lo que permitió localizar a Maduro no fue un chivatazo de un coronel desleal, sino la fusión de petabytes de datos: patrones de consumo eléctrico, firmas térmicas, comunicaciones encriptadas y movimientos logísticos sutiles. Todo ello procesado por el Maven Smart System y la plataforma de Inteligencia Artificial (AIP) de Palantir.

Ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo

Karp suele bromear diciendo que su trabajo consiste en gestionar a gente inmanejable” , refiriéndose a sus ingenieros, a quienes llama cariñosamente “hobbits” en una alusión a Tolkien que vertebra la cultura corporativa de la empresa: su misión es “salvar la Comarca”. Pero ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo.

Es fascinante observar la trayectoria de Karp. De niño, en el barrio de Mount Airy, sus padres lo llevaban al Museo de Arte de Filadelfia, donde su padre, Bob, le señalaba insistentemente una estatua de Ícaro, quizás advirtiéndole sobre la hubris, acerca de volar demasiado cerca del sol. Sin embargo, Karp ha hecho de esa cercanía al sol su modus vivendi. Su empresa, cofundada con el polémico Peter Thiel —el libertario que soñaba con erosionar el estado-nación a través de las criptomonedas antes de decidir que era más rentable convertirse en el contratista favorito del Estado —, ha sido la arquitecta invisible de esta operación.

Mientras Silicon Valley jugaba a ser pacifista y rechazaba contratos militares, Karp abrazó la controversia con la ferocidad de un converso. “Nuestro software está en la lucha”, escribió en una carta pública cuando estalló la guerra en Ucrania. Hoy, esa lucha se ha materializado en el Caribe. La “Operación Southern Spear” , preludio naval de la captura, no fue solo un despliegue de fuerza bruta; fue una red de sensores alimentando a una inteligencia artificial capaz de predecir fallos logísticos antes de que ocurrieran gracias al sistema ShipOS.

Estamos ante el fin de la inocencia digital y el comienzo de la guerra cognitiva aplicada. Karp, el filósofo que en su juventud recorría Berlín buscando la “teoría crítica” y quizás algo de desenfreno, ha entregado a Trump la herramienta definitiva: la capacidad de ver a través de los muros de un palacio presidencial a miles de kilómetros de distancia. La pregunta que flota en el aire no es cómo lo hicieron, sino qué significa para la condición humana que un algoritmo decida el destino de las naciones.

Parte II: El Disidente del Valle y la Máquina de la Verdad

Para comprender la arquitectura invisible que permitió la extracción quirúrgica de Nicolás Maduro, debemos retroceder desde el calor de Caracas hasta los fríos seminarios académicos de Frankfurt y los pasillos de Stanford. Allí se fraguó la improbable alianza entre Alex Karp y Peter Thiel, dos hombres que representan, quizás mejor que nadie, las contradicciones del poder estadounidense en el siglo XXI.

Karp no encaja en el molde del tecnócrata de Silicon Valley. Es un “disidente” autoproclamado, un hombre que en su juventud académica escribió una tesis doctoral titulada “Aggression in the Lifeworld” (“Agresión en el mundo de la vida”), un estudio denso sobre cómo el lenguaje puede preparar el terreno para la violencia. Resulta de una ironía shakespeariana que el hombre que dedicó sus años formativos a estudiar la agresión teórica sea hoy el proveedor de la herramienta más sofisticada para ejercer la agresión estatal. Karp, que se describe a sí mismo como un “neo-marxista” convertido, ha declarado sin ambages: “Mi mayor miedo es el fascismo”. Y, sin embargo, sus críticos argumentan que ha construido el instrumento definitivo para cualquier aspirante a autócrata.

La génesis de Palantir, la empresa que ayer hizo transparente el techo del Palacio de Miraflores, nace de las cenizas del 11 de septiembre. Peter Thiel, el cerebro libertario detrás de PayPal y antiguo compañero de Karp en la Facultad de Derecho de Stanford, tuvo una epifanía. El fallo de inteligencia que permitió los atentados no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos. La CIA y el FBI tenían las piezas del rompecabezas, pero estaban aisladas en silos burocráticos. Thiel vio que la tecnología que habían desarrollado en PayPal para cazar fraudes financieros —un sistema llamado IGOR que detectaba patrones delictivos en el caos de las transacciones— podía reorientarse para cazar terroristas.

El fallo de inteligencia que permitió los atentados del 11 de septiembre no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos

Así nació Palantir, bautizada en honor a las “piedras videntes” de J.R.R. Tolkien, esos orbes mágicos que permitían ver a través del espacio y el tiempo, aunque a menudo corrompían a quien los miraba. La misión fundacional de la empresa, conocida internamente como “salvar la Comarca”, era proporcionar a Occidente la superioridad analítica necesaria para sobrevivir. Y ayer, esa superioridad se manifestó en la “Kill Chain” digitalizada que atrapó a Maduro.

Lo que diferencia a la operación de Caracas de cualquier intervención anterior no es la potencia de fuego, sino la logística predictiva. Según los reportes técnicos filtrados sobre la operación, el sistema ShipOS de Palantir, descrito por sus creadores como un “traje de Iron Man de software”, gestionó la compleja coreografía naval en el Caribe. No se trataba solo de mover barcos; se trataba de predecir fallos mecánicos antes de que ocurrieran y optimizar las cadenas de suministro en tiempo real, asegurando que cuando llegara el momento crítico, la maquinaria bélica estadounidense funcionara con la precisión de un reloj suizo.

Karp ha defendido siempre que Palantir no vende datos, sino la capacidad de entenderlos. “Palantir es la convergencia de software y posiciones difíciles”, ha llegado a decir. Y ninguna posición era más difícil que penetrar el anillo de seguridad cubano-venezolano. El Maven Smart System, la plataforma que fusionó imágenes satelitales, intercepciones de radar y datos de redes sociales, no solo dijo a los comandos dónde estaba Maduro; les dijo hacia dónde iba a moverse. Es el triunfo del determinismo tecnológico: la creencia de que, con suficientes datos, el libre albedrío de un dictador se reduce a una variable predecible en una ecuación.

Mientras el mundo observa atónito las consecuencias geopolíticas de este “jaque mate” digital, Alex Karp probablemente esté en su refugio de New Hampshire, o quizás en una de sus propiedades remotas, practicando Tai Chi y reflexionando sobre la naturaleza del poder. Ha logrado lo que su antiguo mentor Habermas quizás hubiera temido más: la racionalización total de la violencia a través de la técnica. El filósofo del valle ha demostrado que, en la guerra moderna, la pluma —o mejor dicho, el código— es, efectivamente, más poderosa que la espada, siempre y cuando ese código dirija a un equipo de Operaciones Especiales con una precisión infalible.

Parte III: El Leviatán de Silicio y el Fin de la Soberanía

Cuando los helicópteros del 160.º SOAR despegaron de Caracas con su “paquete” de alto valor asegurado, no solo transportaban a un dictador caído; llevaban consigo la prueba de concepto de un nuevo orden mundial. La “Operación Resolución Absoluta” ha confirmado lo que los mercados financieros, con su olfato de sabueso para el poder real, ya anticipaban: Palantir es el pilar central del nuevo “Complejo Militar-Algorítmico”.

En los parqués de Wall Street, esto se conoce ya como el Trump Trade definitivo. Mientras las grandes tecnológicas de la costa oeste —Google, Apple, Microsoft— titubeaban ante contratos militares por escrúpulos éticos o presiones de sus empleados, Alex Karp y Peter Thiel eligieron bando hace mucho tiempo. “Palantir solo suministra sus productos a aliados occidentales. Nunca hemos suministrado nuestros productos a enemigos”, declaró Karp en una llamada con inversores, con la claridad moral de quien ha leído a Carl Schmitt y entiende que la política es, en última instancia, la distinción entre amigo y enemigo.

Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo

Esta alineación ideológica con la administración Trump no es casual. Peter Thiel, el cofundador de Palantir y mentor de Karp, fue una figura clave en la transición de Trump en 2016, llegando a tener una influencia tal que Steve Bannon describió su enfoque como la “teoría de gobierno de Peter Thiel”: la idea de deconstruir el estado administrativo desde dentro. Hoy, esa visión ha mutado. Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo.

La captura de Maduro plantea interrogantes inquietantes sobre la soberanía en el siglo XXI. La operación se sustentó legalmente en una acusación de narcoterrorismo construida sobre terabytes de evidencia digital: transacciones financieras, comunicaciones interceptadas y patrones de movimiento, todo procesado por la IA de Palantir. Es el triunfo de la jurisdicción digital sobre la territorial. Si el algoritmo puede reconstruir tus finanzas y predecir tu ubicación, las fronteras físicas se vuelven irrelevantes. Es la aplicación definitiva de la “guerra legal” o lawfare, donde la sentencia judicial es el preludio inmediato del misil.

Para China y Rusia, los valedores tradicionales del chavismo, el mensaje es demoledor. La impunidad con la que Estados Unidos ha operado en un entorno hostil, neutralizando las defensas de un aliado de Moscú, demuestra una brecha tecnológica que la fuerza bruta convencional no puede cerrar. No se trata de cuántos tanques tienes, sino de la calidad de tu software de gestión de batalla.

Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada

Resulta paradójico que Alex Karp, el hombre que en su juventud académica abominaba de la agresión inherente al lenguaje, haya perfeccionado la gramática de la violencia estatal. En una carta reciente a sus accionistas, Karp citaba al politólogo Samuel Huntington para recordar que Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada.

Desde el 3 de enero de 2026, esa violencia organizada tiene una interfaz de usuario elegante y corre sobre servidores en la nube. Nicolás Maduro vuela hacia una celda en Estados Unidos, y Alex Karp, el filósofo excéntrico que temía el fascismo, se ha convertido en el arquitecto de un poder tan absoluto que haría palidecer al Leviatán de Hobbes. La pregunta que nos queda, mientras miramos nuestras propias pantallas, es si en este nuevo mundo transparente y predecible, queda algún lugar donde esconderse.