Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

LA LUNA DE NOKA

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

martes, 28 de enero de 2020


Seremos el Homagno de Martí cuando “el alma trémula y sola”, padezca al anochecer…  


YUGO Y ESTRELLA

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
–Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y de la Creación suma y reflejo,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Este, es un yugo: quien lo acepta, goza.
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Esta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña,
Esta, que alumbra y mata, es una estrella.
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz, se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sacó contento y grave
Su propio corazón: cuando a los vientos
De Norte y Sur virtió su voz sagrada,–
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
Se oye que un paso más sube en la sombra!
–Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.
  

HOMAGNO

Homagno sin ventura
La hirsuta y retostada cabellera
Con sus pálidas manos se mesaba.–

«Máscara soy, mentira soy, decía:
Estas carnes y formas, estas barbas
Y rostro, estas memorias de la bestia,
Que como silla a lomo de caballo
Sobre el alma oprimida echan y ajustan,–
Por el rayo de luz que el alma mía
En la sombra entrevé,– no son Homagno!

Mis ojos sólo, los mis caros ojos,
Que me revelan mi disfraz, son míos!:
Queman, me queman, nunca duermen, oran,
Y en mi rostro los siento y en el cielo,
Y le cuenta[n] de mí, y a mí dél cuentan.
¿Por qué, por qué, para cargar en ellos
Un grano ruin de alpiste maltrojado
Talló el Creador mis colosales hombros?
Ando, pregunto, ruinas y cimientos
Vuelco y sacudo, a delirantes sorbos
En la Creación, la madre de mil pechos,
Las fuentes todas de la vida aspiro:
Muerdo, atormento, beso las callosas
Manos de piedra que golpeo:
Con demencia amorosa su invisible
Cabeza con las secas manos mías
Acaricio y destrenzo: por la tierra
Me tiendo compungido, y los confusos
Pies, con mi llanto baño y con mis besos,
Y en medio de la noche, palpitante,
Con mis voraces ojos en el cráneo
Y en sus órbitas anchas encendidos,
Trémulo, en mí plegado, hambriento espero,
Por si al próximo sol respuestas vienen:–
Y a cada nueva luz– de igual enjuto
Modo, y ruin, la vida me aparece,
Como gota de leche que en cansado
Pezón, al terco ordeño, titubea,–
Como carga de hormiga, –como taza
De agua añeja en la jaula de un jilguero.»–
De mordidas y rotas, ramos de uvas
Estrujadas y negras, las ardientes
Manos del triste Homagno parecían!

Y la tierra en silencio, y una hermosa
Voz de mi corazón, me contestaron.


[HOMAGNO AUDAZ]

Homagno audaz, de tanto haber vivido
Con el alma, que quema, se moría.—
Por las cóncavas sienes las canosas
Lasas guedejas le colgaban: hinca
Las silenciosas manos en los secos.
Muslos: los labios, como ofensa augusta
Al negro pueblo universal, horrible
Pueblo infeliz y hediondo de los Midas,
Junta como quien niega: y en los claros
Ojos de ansia y amor, que la vislumbre
De la muerte feliz, arroba, brilla
Como en selva nocturna hoguera blanca
La mirada caudal de un Dios que muere
Remordido de hormigas:
Suplicante
A sus llagados pies Jóveno hermoso
Tiéndese y llora; y en los negros ojos
Desolación patética le brilla:
No, no Homagno, ¡negras ropas visten
Las mujeres de estos tiempos! —en que—
Como hojas verdes en invierno, lucen:
Oh las mujeres, oh las necias, trajes
De rosas sin olor: —jubón rosado,
Con trajes anchos de perlada seda:—
En los [...............] el galano
Talle le ciñen: —oh dime, dime Homagno,
De este palacio de que sales; dime
Qué secreto conjuro la uva rompe
De las sabrosas mieles: di qué llave
Abre las puertas del placer profundo
Que fortalece y embalsama: dilo,
Oh noble Homagno, a Jóveno extranjero:—

La sublime piedad abrió los labios
Del moribundo noble musitando:
La llave quieres, Jóveno, del mundo?
La llave de la fuerza, la del goce
Sereno y penetrante, la del hondo
Valor que a mundos y a villas,
Cual gigante amazona desafía;
La del escudo impenetrable, escudo
Contra la tentadora humana Infamia!
Yo ni de dioses ni de filtro tengo
Fuerzas maravillosas: he vivido,
Y la divinidad está en la vida!:
¡Mira si no la frente de los viejos!

Estréchame la mano: no, no esperes
A que yo te la tienda: ¡yo sabia
Antes tenderla, de mi hermoso modo
Que envolvía en sombra de amor el Universo!
Hoy, ya no puedo alzarla de la piedra
Donde me asiento: aunque el corazón
Plumas nuevas se viste y tiende el ala:
¡No acaba el alma humana en este mundo!
Ya, cual bucles de piedra, en mi mondado
Cráneo cuelgan mis últimos cabellos;
Pero debajo no! debajo vibra
Todo el fuego magnífico y sonoro
Que mantiene la tierra!
Ven y toma
Esta mano que ha visto mucha pena!
Dicen que así verás lo que yo he visto.
¡Aprieta bien, aprieta bien mi mano!
Es bueno ir de la mano de los jóvenes!:
¡Así, de sombra a luz, crece la vida!
¡Déjame divagar: la mente vaga
Como las nubes, madres de la tierra!

Mozo, ven, pues: ase mi mano y mira:
Aquí están, a tus ojos, en hilera,
Frías y dormidas como estatuas, todas
Las que de amor el pecho te han movido:
¡Las llaves falsas, Jóveno, del cielo!
Una no más sencillamente lo abre
Como nuestro dominio: pero nota
Còmo estas barbas a la tierra llegan
Blancas y ensangrentadas, y aún no topo
Con la que me pudiera abrir el cielo.
En cambio, mira a mi redor: la tierra
Está amasada con las llaves rotas
Con que he probado a abrirlo: —y que éste es todo

El mundo dicen los bellacos luego!
¡Viene después un cierto olor de rosa,
Un trono en una nube, un vuelo vago,
Y un aire y una sangre hecha de besos!
¡Pompa de claridad la muerte miro!:
¡Palpa cuál, de pensarla, están calientes,
Finos, como si fuesen a una boda,
Ágiles como alas, y sedosos,
Como la mocedad después del baño,
Estos bucles de piedra! Gruñes, gruñes
De estas cosas de viejo...
Ahí están todas
las mujeres que amaste; llaves falsas
Con que en vano echa el hombre a abrir el cielo.
Por la magia sutil de mi experiencia
Las miro como son: cáscaras todas,
Esta de nácar, cual la Aurora brinda,
Humo como la Aurora; ésta de bronce;
Marfil ésta; ésa ébano; y aquella
De esos diestros barrillos italianos
De diversos colores... ¡cuenta! Es fijo...
¿Cuántos años cumpliste? Treinta? Es fijo
Que has amado, y es poco, a más de ciento:
¡Se hacen muy fácilmente, y duran poco,
Las estatuas de cieno! Gruñes, gruñes
De estas cosas de viejo...
A ver qué tienen
Las cáscaras por dentro! ¡Abajo, abajo
Esa hermosa de nácar! ¡qué riqueza
Viene al suelo de espalda y hombros finos!
¡Parece una onda de ópalo cuajada!
¡Sube un aroma que perfuma el viento,—
Que me enciende la carne, que me anubla
El juicio, a tanta costa trabajado!:
Pero vuélvela a diestra y a siniestra,
A la luna y el sol: no hay nada adentro!

Y en la de bronce ¿qué hallas? ¡con que modo
Loco y ardiente buscas!: aún humea
Esa de bronce en restos: ¿qué has hallado
Que con espanto tal la echas en tierra?:
¡Ah, lo que corre el duende negro: un cerdo!

Y ésa? ¡una uña! Y ¿ésa? ¡ay! una piedra
Más dura que mis bucles: la más terrible
Es esa de la piedra! Y ¿esta moza
Toda de colorines? saca! saca!
¡Esta por corazón tiene un vasillo
Hueco, forrado en láminas de modas!
Esa? nada! Esa? nada! Esa? Una doble
Dentadura, y manchado cada diente
De una sangre distinta: ¡mata, mata!
¡Mata con el talón a esa culebra!
Y ésa? Una hamaca! Y ¿ésa, pues, la última,
La postrer de las cien, qué le has hallado
Que le besas los pies, que la rehaces
De prisa con tus manos, que la cubres
Con sus mismos cabellos, que la amparas
Con tu cuerpo, que te echas de rodillas?
¿Qué tienes? ¿qué levantas en las manos
Lentamente como una ofrenda al cielo?
¿Entrañas de mujer? No en vano el cielo
Con una luz tan suave se ilumina,
¡Eso es arpa: eso es sol: [.........]!
¿De cien mujeres, una con entrañas?
¡Abrázala! arrebátala! con ella
Vive, que serás rey, doquier que vivas:

Cruza los bosques, que los lobos mismos
Su presa te darán, y acatamiento:
Cruza los mares, y las olas lomo
Blando te prestarán; los hombres cruza
Que no te morderán, aunque te juro
Que lo que ven lo muerden, y si es bello
Lo muerden más; y dondequier que muerden
Lo despedazan todo y envenenan.
Ya no eres hombre, Jóveno, si hallaste
Una mujer amante! o no:— ya lo eres!



JOSÉ MARTÍ, LA “SUPREMACÍA CUÁNTICA” Y UN SOCIALISMO COMPETENTE
(Por: Luis A. Montero Cabrera, en CUBADEBATE)


El siglo XX nació con una revolución del conocimiento científico. Lo que se suponía inmutable por filósofos, teólogos y brujos acerca de la materia no lo era. Antes se creía que la luz era una cosa y las piedras otra. La luz es impalpable, solo detectable con nuestros ojos, y las piedras las podemos tocar y pesar, para comparar sus cantidades de masa con respecto a la gravedad de la tierra. La ciencia nos demostró que la masa puede comportarse como la luz y que la luz tiene masa, pero de tamaño muchísimo menor que el de nuestros propios cuerpos humanos.

Una cosa es como vemos el universo con nuestros sentidos y desde nuestras individualidades y otra como es realmente. No somos sus dueños, solo parte de él. Habitamos nuestras propias escalas de espacio y tiempo en este grandioso escenario. Martí se asombraba de las similitudes y diferencias en los procesos naturales y sociales en 1884 y escribía: “Universo es palabra admirable, suma de toda filosofía: lo uno en lo diverso, lo diverso en Io uno”.[1]

El razonamiento matemático fue el que nos permitió entender el asunto. Esa ciencia que había nacido y crecido contando estrellas y ovejas, se convirtió en nuestra principal herramienta lógica. Permite pensar más allá de nuestra limitada habitación en el cosmos para comprender mucho de lo que no está directamente al alcance de nuestros sentidos.

Un éxito particular se tuvo con la llamada Mecánica Cuántica. Nació sin intención alguna de resultados económicos y gracias al Álgebra y a la Estadística que se habían desarrollado antes y tampoco habían creado valor material notable. Los que las desarrollaron no trabajaban para aplicaciones inmediatas, sino por lo más característico y singular del género humano: la sabiduría. La Mecánica Cuántica se usó entonces para comprender, modelar y calcular fenómenos físicos originados en las dimensiones atómicas. Tuvo un éxito extraordinario gracias a que con ella pudo predecirse de forma muy precisa algunas magnitudes de esas escalas que antes solo podían medirse con extraños experimentos.

Dentro de las herramientas algébricas que se usan en la Mecánica Cuántica está la “combinación lineal”. Se trata del nombre matemático de una suerte de suma donde varios términos independientes contribuyen de alguna forma a un valor resultante. El peso de cada una de sus contribuciones en la combinación lineal está dado por ciertos “coeficientes”, que multiplican a tales términos de referencia[2]. Es como si intentáramos describir la biología de cada uno de nosotros como una suma de términos basada en la biología de cada uno de nuestros tatarabuelos. De esa forma, nuestro ADN sería aproximadamente el resultado de la combinación lineal de los 16 tatarabuelos que todo ser humano tiene. La diferencia entre hermanos vendría dada por la forma (o el “coeficiente”) con que cada uno de esos ADN tatarabuelos participa en la suma. Tenemos el mismo árbol genealógico de ADN que una hermana de padre y madre. Nos diferenciamos de ella porque los “coeficientes” que aportan cada uno de los ancestros no tiene que ser igual: una tatarabuela española pudo influir más en la hermana y un tatarabuelo africano más en su hermano.

La mayor parte de los éxitos recientes en las aplicaciones de la Mecánica Cuántica se deben precisamente a la combinación lineal. El estado o la forma en que se encuentra un sistema en un momento dado siempre se puede representar así en términos de otros estados asociados.

En una muy reciente noticia, y aparte del tufo sensacionalista que tiene este término, el consorcio de “Google” anunció que ha logrado la “supremacía cuántica”. Resulta que construyeron e hicieron funcionar una de las llamadas “computadoras cuánticas” con más capacidad que su competidora de la “IBM”. Expresaron las posibles combinaciones de los estados activos o no, cambiantes, de un sistema de objetos en un tiempo ínfimo en comparación a como lo haría una computadora clásica. Se logra gracias a que trabajan combinando todos los posibles estados casi simultáneamente. Usan intensivamente la lógica del Álgebra y la Mecánica Cuántica.

Es en este punto en el que nuestras necesidades de “destrabar”, como suele expresar nuestro presidente, las formas socialistas de producción pueden encontrar una referencia útil siguiendo el ideario martiano de que el universo es único y también diverso. El socialismo y el capitalismo están en el mismo universo. Se diferencian esencialmente por la forma de propiedad y consecuentemente por la utilidad final de la plusvalía. Este es el valor que los trabajadores crean y que no va directamente sus bolsillos como salario. En el capitalismo es para unos pocos dueños y en el socialismo es para todos. La competencia con IBM y otras muchas organizaciones llevó a Google a producir ese resultado científico en una carrera sin freno por la innovación y el progreso. El proceso competitivo e innovador que lo impulsa es parte del mismo universo común al capitalismo y al socialismo, donde es la forma de propiedad y no los métodos de gestión son los que dan la diversidad.

Siguiendo patrones de intentos socialistas dolorosamente fracasados, nuestro muchas veces “trabado” sistema económico es hoy ajeno a la competencia entre las entidades que son de todo el pueblo. Nos privamos así de un motor que bien administrado podría hacer que se maximicen la innovación, el progreso y la eficiencia en la gestión. Experimentar con la competencia podría propulsarnos sin trabas gracias a la diversidad, en este universo que Martí nos ayudó a entender. Podemos hacer un ejercicio mental con nuestras realidades diarias y seguramente se nos ocurrirán muchos escenarios económicos y sociales donde la diversidad y la competencia podrían transformar y “destrabarlo” todo. ¿No es de revolucionarios experimentar con la competencia para cambiar esto que debe ser cambiado?


Notas:
[1] José Martí, crítica del libro “MANUAL DEL VEGUERO VENEZOLANO” por el Sr. Lino López Méndez, aparecida en La América, Nueva York, en enero de 1884.
[2] Esto nada tiene que ver con un dispositivo burocrático que tenemos en nuestra administración pública que se denomina igualmente como “términos de referencia”, pero que solo sirve en este caso para complicar y “trabar” a los científicos cubanos la gestión de sus proyectos internacionales.


lunes, 27 de enero de 2020


DARWIN Y EL TALMUD
Conversación sobre Centro América y las Hormigas
(Por José Martí, La América. Nueva York, mayo de 1884)


Un paciente leedor de libros antiguos ha hallado en el Talmud pruebas numerosas de que los escritores hebreos eran perspicaces observadores de la naturaleza; y acaba de publicar una colección de escritos del libro sagrado de los judíos que demuestran que ya en aquel tiempo se tenían ideas semejantes a las que ahora pasan como novísimas, y nacidas de Darwin.

Un escritor hebreo habla muy minuciosamente de lo mucho que tiene que hacer el que la cresta del gallo esté entera en su capacidad como jefe del serrallo, y diserta sobre la pérdida visible de ánimo y vigor que se nota en las aves cuando van perdiendo aquellos ornamentos que constituyen su hermosura: así el quetzal de ahora en la América del Centro, que es fama que muere cuando se le quita la larga y tornasolada pluma que le hace de cola. Y cuando lo cautivan también muere: por eso hace el quetzal gallarda figura, como símbolo de independencia, en el escudo de Guatemala: sólo que no siempre obran los pueblos en conformidad con lo que establecen sus escudos.

Salomón señaló a la hormiga como ejemplo de criaturas cuerdas e industriosas; y un observador hebreo de aquellos tiempos viejos, afirma que Salomón tuvo razón, pues la hormiga es animal que fabrica sus casas en tres pisos y almacena sus provisiones, no en el piso más alto de la casa, donde estarían expuestas a las lluvias, ni en el piso bajo, donde podrían sufrir de la humedad, sino en el piso del medio, donde deposita todo lo que puede recoger.

Ese mismo escritor se entretiene contando que la hormiga es además muy honrada, y nunca toma lo que pertenece a sus vecinos, cuya propiedad ayuda y respeta. También esto nos trae a la memoria a un hombre de hermoso corazón, clarísimo pensamiento y notable cultura, de Centro América; al que sacudió al país de su apatía conventual, y lo echó a vivir como hubiera podido con un hijo, sin entristecerse grandemente el día en que la fortuna le quitó el premio de su valor, previsión y atrevimiento de las manos; al mantenedor brioso en Parlamentos y batallas, del decoro y librepensamiento humanos, que de Thiers tuvo tanto que hubiera sido en Francia o compañero o rival suyo, y fatigado de la pequeñez de lo común de los hombres, se sentó al fin a ver correr la vida y murió sin entusiasmo, sin fe y sin quejas; al caudillo civil y militar de la revolución liberal que sacó, para siempre acaso, de las manos de la Compañía de Jesús y sus servidores laicos a su patria Guatemala, y a Centro América tal vez: a don Miguel García Granados. Era profundo pensador, estratégico consumado, ajedrecista notabilísimo, y tan curioso en cosas de ciencia que había llegado a formar una teoría nueva, fundada en muchos hechos sobre la inteligencia, dotes de administración y gobierno y lenguaje de las hormigas. Para aquella vasta mente, servida por una razón limpia y un corazón sencillo, nada había indigno del más atento estudio.

Entre aquellos hebreos de que hablamos hubo uno, que se llamó Simón ben Chalafta. El “Experimentador” observó también mucho los hábitos de las hormigas. Un periódico de ahora, hablando de él, dice que Simón hizo, entre otros, un experimento digno de Lubbock, que los ha hecho tan buenos:–en un día muy caluroso, puso una especie de toldo sobre un hormiguero. Salió una hormiga, que iba como de centinela avanzada, vio la cubierta, y se volvió a contar el caso a sus compañeras. Asomáronse todas enseguida, visiblemente contentas de la sombra que les daba el toldo, y de cuyo recinto no salían. Pero aquí viene lo que demuestra que la naturaleza humana no es distinta de la de los demás seres vivos, en todos los cuales, como en el hombre, se mezclan a los instintos más tiernos los más injustos y feroces: quitó Simón el toldo, para ver lo que las hormigas hacían, y éstas entraron en tan gran cólera que creyéndose engañadas por la hormiga centinela y que con un falso informe las había racado a los rigores del sol, cayeron sobre ella y la dejaron muerta–En cambio, Simón cuenta otros muchos sucesos en que se ve que la hormiga gusta de contribuir y aun de sacrificarse, al bien de sus semejantes.

El lector de libros hebreos a quien nos referíamos al comenzar estas líneas cita pasajes del Talmud que dejan creer que ya para entonces se tenía como diferente sólo en cantidad la inteligencia del hombre y la de los demás animales.

Pero parece que el Talmud, después de observar mucho, había hallado que cuando se ha explicado todo lo que se ve, todavía no se sabe todo lo que se desea, ni se explica lo que no se ve y se siente, como no entendería la naturaleza del vapor, ni podría más que deducir la necesidad de su existencia, aquel que conociere solamente, aunque de un modo acabado, todas las partes de una locomotora. Así dice el Talmud, con más prudencia de la que debe guiar a los hombres, que tienen el derecho de investigar lo que entrevén, y de apagar la sed que les inquieta;–así dice el Talmud:–”No procures alcanzar lo que está demasiado alto para ti, ni penetrar lo que está fuera de tu conocimiento; ni descubrir lo que ha sido colocado más allá del dominio de tu mente. Encamina tu pensamiento hacia aquello que puedas llegar a conocer, y no te inquiete el deseo de llegar a conocer las cosas escondidas.”

Pasa el positivismo como cosa nueva, sin ser más que la repetición de una época filosófica conocida en la historia de todos los pueblos: porque esa que hemos trascrito del Talmud no es más que la timorata doctrina positivista, que con el sano deseo de alejar a los hombres de construcciones mentales ociosas, está haciendo el daño de detener a la humanidad en medio de su camino.

Se debe poner tierra primero antes de adelantar un paso en ciencia: pero no se puede hacer calzada al cielo.

El viaje humano consiste en llegar al país que llevamos descrito en nuestro interior, y que una voz constante nos promete.

Sin querer hemos llegado a este punto del extracto de la noticia de un periódico.


viernes, 24 de enero de 2020


LA INDUSTRIA EN LOS PAÍSES NUEVOS
(Por José Martí, La América. Nueva York, junio de 1883)

Florece hoy en México la industria:–y como están entrando en el país capitales nuevos; como es sabido que a la voz de las locomotoras la tierra abre sus senos; como se están poniendo ya en circulación los capitales del país, antes tímidos y enmohecidos, o consagrados a la cómoda usura; como va a haber más gente a quien vender y más dinero con que comprar, las industrias de México se avivan, y se ponen en pie para seguir a la par de la corriente que empuja, tiempo arriba, a la nación.

¡Qué bueno fuera que, con ojo seguro, los acaudalados del país se diesen a ayudar las verdaderas industrias de México,–que no son las imitaciones pálidas, trabajosas y contrahechas de industrias extranjeras, sino aquellas nacidas del propio suelo, que ni para nacer ni para vivir necesitan pedir prestado el alimento a pueblos lejanos, sino que trabajan de cerca e inmediatamente los productos propios! Y ¡qué malo fuera que en vez de echar por este campo industrial, fértil, ancho y legítimo, se diera México a emprender una lucha desesperada, penosa e infecunda, para colocar en su territorio a altos precios productos que aunque se puedan hacer mecánicamente en el país, no se pueden económicamente hacer, esto es, no se pueden producir de una manera ventajosa para el país, y vencedora de las industrias similares rivales!

Pues ¿dónde hay caudales mayores que en los Estados Unidos? ¿dónde han llegado a tal desenvolvimiento la asociación y el crédito, que son las dos claves con que ha de leerse en el interior, a primera vista maravilloso, y en verdad sencillo, de este pueblo? ¿dónde se cerraron jamás con más dureza las puertas de la nación a los productos de las industrias que cultivaban los fabricantes nacionales? Pues, en no siendo en aquellas labores que legítimamente arrancan de su propio suelo, y se dan naturalmente en él, en las que llegan a pasmoso desarrollo las industrias americanas, no han podido aún acercarse a sus rivales perfectas de Europa, a pesar de que no hubo nunca país industrial favorecido a la vez por capitales tan grandes, por tal monto de condiciones generales benéficas, y por suma tan recia y severa de leyes prohibitivas.

Pueblos nuevos que han de vivir con sustos y trabajos, aun en medio de alzas aparentes y de irrupciones vertiginosas, hasta tanto que se serene la polvareda de la marcha, y se vea qué queda después de ella;–pueblos nuevos a quienes el ansia ajena y la propia pueden llevar, como globo con exceso de gas, a alturas donde la atmósfera ya no es respirable;–pueblos nuevos, sin los beneficios, crisoles y tamices de la experiencia, que depura y decanta, y deja lo útil, sino con los hervores, prisas y ceguedades de la mocedad, pagada de lo premioso, fantástico y brillante;–pueblos nuevos sin facilidades mecánicas generales, ni habilidad hereditaria, ni grandes organismos industriales que favorezcan la producción, ni comodidad geográfica, ni posibilidad racional para enviar a distancias considerables por vías caras, productos imperfectos, a luchar en los mercados donde éstos se dan naturalmente, perfectos, sin transportes que los graven ni viaje que los deteriore, y más baratos; pueblos nuevos sin abolengo, ni vecindades, ni constitución industriales, no pueden producir ventajosamente industrias que vienen siendo el patrimonio, necesidad espoleadora y ocupación secular de países poco fértiles, donde la pobreza de la tierra aviva el ingenio,–de países constituidos industrialmente, de manera que el arte mismo es torcido a los propósitos de la industria, y las escuelas, los talleres, las leyes mismas talladas de manera que coadyuven a las grandezas y facilidades industriales. Los Estados Unidos, con relojeros de todas partes del mundo: con caudales pasmosos, y con la legislación más amparadora de los productos nativos que puede apetecer pueblo alguno, producen a $2.75 relojes inferiores, en seguridad, material y apariencia, a los que pueden por cinco francos obtenerse en Suiza.

Es imposible, por otra parte, que un gran territorio agrícola y minero no sea también un gran territorio industrial. Es imposible que tan gran reino vegetal no traiga en su diadema, toda de joyas nuevas, industrias propias y originales. Es imposible que del maguey no surjan nuevos telares, nuevas ruedas de dientes poderosos, nuevos cobertores, nuevo cordelaje, nuevos paños, espíritus nuevos. Es imposible que tales riquezas industriales queden en abandono o en desmayo; porque lo que tiene razón de vivir trae consigo tal pujanza que no hay preocupación de escuela, ley hostil, o capricho pasajero que lo ahoguen.–Y bien puede ser que haya en México industrias viables, que en el primer momento no lo sean, por ser también industria de otros países: mas a esto viene el genio industrial, que preveé que a la larga, por dolorosos que sean los comienzos, e idénticas a las propias las ventajas del pueblo rival, no podrá suceder al fin–que en el propio suelo venzan, ni asomen a lidiar con los productos directos, otros iguales que aunque sean también directos en el país que los produce, tienen que echarse a la mar y salvar tierras para entrar, con armas ya vencidas, en el combate.–Es, pues, de alentar toda industria que tenga raíces constantes en el territorio que la inicia:es de rechazar como una rémora, como una catástrofe vecina, como un vicio de la mente, como un mal público, toda industria que, sin más mercado que el reducido del país propio, se empeñe en vencer, por sobre constantes e incontrastables elementos adversos, a industrias perfectas, antiguas, probadas y baratas, cuyos productos pueden venir, sin pérdida inútil de fuerza, fe, tiempo y caudales nacionales, de otros países.
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Palabras de Abel Prieto Jiménez, en la inauguración de la edición 61 del Premio Literario Casa de las Américas 2020


Quiero reiterar la bienvenida a los miembros del Jurado que vinieron desde distintos países de la región. Les agradecemos muy especialmente que hayan aceptado la invitación de la Casa de las Américas en tiempos tan turbulentos y que nos hayan traído su apoyo y solidaridad. Reciban también nuestro abrazo y gratitud los jurados cubanos, todos ellos parte de la familia de la Casa.

Este concurso se fundó en 1960, unos meses después del nacimiento de la institución. Cuando uno revisa el libro que prepararon Jorge Fornet e Inés Casañas (Premio Casa de las Américas. Memoria. 1960-1999), con la relación completa en ese período de premiados y jurados, comprende enseguida que la historia del Premio “es también la historia de buena parte de la literatura latinoamericana y caribeña de las últimas cuatro décadas”. Muchas figuras centrales de nuestras letras participaron como jurados del concurso, Nicolás Guillén, Asturias, Carpentier, Cortázar, Arreola, Lezama y un largo etcétera de nombres ineludibles.

El Premio sirvió al propio tiempo, como se dice en el libro, para “estimular el esfuerzo de los nuevos escritores”. “De hecho, autores como Soler Puig, Roque Dalton, Ricardo Piglia, Bryce Echenique, Skármeta y Eduardo Galeano daban sus primeros pasos en la literatura cuando fueron galardonados y publicados por la Casa”.

Organizar anualmente el Premio, lograr divulgarlo y que llegaran a tiempo a Cuba los manuscritos y los miembros del Jurado, publicar luego los libros premiados y distribuirlos internacionalmente, no eran tareas fáciles para una pequeña Isla bloqueada y hostigada desde muy temprano por los EEUU; una Isla satanizada, además, con la cual todos los países de América Latina rompieron relaciones diplomáticas (con excepción de México); una Isla rodeada de agua, de amenazas y calumnias.

Quisiera compartir aquí los testimonios de dos escritores latinoamericanos muy cercanos a nosotros, muy nuestros, que aparecen en el libro de Jorge e Inés.
Dijo Julio Cortázar:

“La Casa empezó cuando todo era abrumadoramente precario y difícil (…). El Premio representaba entonces algo así como un desafío inesperado, (…) no solamente era difícil participar en él como candidato o como jurado, sino que todo el (…) proceso resultaba aún más difícil; la composición e impresión de los libros (…), el papel, las tintas y las máquinas casi siempre ausentes o deficientes, y la distribución al exterior que en muchos casos tenía más de ideal que de realización práctica.”

Y a su vez Mario Benedetti, cuyo centenario recordaremos en los próximos días, durante la Feria del Libro, nos dejó un testimonio muy revelador de la tenacidad de esta Casa, que fue, sin ninguna duda, su Casa, durante muchos y muy fecundos años:

“La Casa (…) hizo tremendos y exitosos esfuerzos por vencer el bloqueo cultural y siguió trayendo a latinoamericanos (…), aunque para ello tuviera que traerlos a través de complicadísimos itinerarios que pasaban por Checoslovaquia, Irlanda y Canadá. (…) La primera vez que vine a Cuba, en enero de 1966, (…) tuve que volar nada menos que cincuenta horas, (…) e incluso quedar anclado durante 18 días en Praga porque los viejos y beneméritos aviones Britannia (los únicos que entonces tenía Cuba) (…) era imprescindible que fueran urgentemente atendidos por los geriatras de la aeronáutica. Pero estoy seguro de que la Casa nos hubiera traído en avionetas, o en barcos de vela, o en lanchas con motor fuera de borda, con tal de que el Premio siguiera derrotando el bloqueo.”

Este Premio Casa 2020 hubo que hacerlo en condiciones de extrema tensión por la política de la administración Trump, que ha reforzado ese bloqueo y su agresividad hasta límites inconcebibles, realmente inéditos. Estuvimos hasta evaluando si podríamos finalmente trasladar a los Jurados hasta Cienfuegos o si nos movíamos hacia algún otro lugar más cercano. Por supuesto, contamos con todo el apoyo del Ministerio de Cultura, del Ministerio de Turismo, de las autoridades de Cienfuegos, y pudimos mantener el programa como se había concebido.

Lo que nunca estuvo en duda, puedo asegurárselo, es que íbamos a llevar adelante el Premio y que iba ser una nueva victoria de la cultura cubana y de la cultura latinoamericana y caribeña.

Ahora quisiera hablar de alguien que nos falta en este acto: Roberto Fernández Retamar, director de la revista Casa desde 1965 y presidente de esta institución durante más de treinta años. Es una ausencia dolorosa, una herida muy difícil de curar (incurable seguramente). Su liderazgo, la hondura de sus reflexiones y de su poesía, llenaron los espacios de la Casa, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la Universidad de la Habana, del Centro de Estudios Martianos y de toda nuestra cultura y dejaron una huella irrepetible. Nos legó una obra mayor, trascendente, que ha nutrido de modo decisivo el pensamiento de la descolonización a escala universal.

Nadie como Roberto supo desmontar de manera tan lúcida y aguda los estereotipos, las palabras y conceptos engañosos, la mirada colonizadora, eurocentrista y yanquicentrista, y el mito de la superioridad de Occidente sobre los pueblos del Oriente y del Sur.

La Casa se levanta sobre una plataforma conceptual que tiene que ver con todo ese desmontaje que hizo Roberto. Y tiene que ver obviamente con Bolívar, Martí y Fidel; con los aportes de muy numerosos creadores, de la cultura popular, del patrimonio vivo tan rico que tenemos, de toda esa impresionante acumulación multicultural (liberadora y anticolonial) del ámbito latinoamericano y caribeño.

Martiano de los más devotos y penetrantes que hemos tenido, intérprete genial de la cosmovisión del Apóstol, de su ideario antimperialista, latinoamericanista y tercermundista, Roberto siguió la misma ruta de Fidel y de otros intelectuales nuestros: llegaron al marxismo después de haber convivido intensamente con Martí.

Roberto trabajó muy cerca de Haydée Santamaría y, por tanto, muy cerca de Fidel. Se alimentó en un diálogo incesante de sus concepciones. Entendió a fondo su modo singularísimo de razonar, de debatir, de hilvanar ideas disímiles a través de aparentes digresiones y de regresar una y otra vez al núcleo central de su pensamiento antidogmático, inagotable, enemigo de las respuestas simplistas, esquemáticas, siempre dispuesto a explorar los entresijos de la historia, a extraer de esa búsqueda lecciones sorprendentes, y a viajar al futuro para prever trampas, peligros, distorsiones e imaginar todas las soluciones posibles e incluso las imposibles.

Recuerdo que Roberto decía que Fidel era martiano sin necesidad de citar a Martí, de una manera tan natural y orgánica como quien respira. Y hoy podríamos decir que en Roberto estaban instalados orgánicamente, juntos, Martí y Fidel. Conoció además al Che, que lo impresionó como político, como fundador de la Cuba nueva, y como profundo intelectual, y escribió páginas excepcionales sobre él. Y lo leyó todo y lo debatió todo —y por eso nos ha dejado tantas pistas indispensables.

Haydée encontró en Roberto un colaborador fraterno, leal, de enorme utilidad, en medio de las complejísimas batallas de los años 60 y 70, cuando EEUU reforzó su ofensiva en el ámbito cultural para aislar a Cuba e impedir a toda costa que se articulara un movimiento artístico e intelectual crítico, no controlado por el sistema.
Para recordar a Haydée, en una ocasión como esta, hay que darle la palabra una vez más a Roberto:

“…la Casa tiene el sello de Haydée Santamaría. Ella marcó para siempre con su impronta de fuego la Casa. (…) Era una persona única, extraordinaria, que marcaba con su sello cuanto hacía e hizo muchas cosas. (…) Haydée (…) llevó a la Casa de las Américas no la sabiduría académica, que no tuvo ni le interesaba para nada, sino la frescura de entrar en el mundo de la cultura sin prejuicios. (…) Tenía una inteligencia deslumbrante, que era, creo yo, particularmente deslumbrante porque no se atenía a norma alguna. (…) Ella conoció horas extraordinariamente graves de nuestra América. Logró, a través de la Casa, que Cuba mantuviera relaciones culturales a menudo muy intensas, con muchos de los mejores escritores, intelectuales y artistas de América Latina.”

Una de las claves para establecer este vínculo con todo el continente tiene que ver con la convicción de que la cultura es ante todo una vía para la emancipación del ser humano. Esta es una idea básica. Se traiciona a la cultura si se le emplea como instrumento de dominación, si se le ve como algo colateral, como ornamento, como mercancía.

Este Premio resulta ciertamente un espacio insólito en medio del clima que predomina en los circuitos hegemónicos de promoción artística y literaria, donde el mercado se ha erigido en juez supremo. La atención hoy se concentra en los productos o subproductos culturales que se venden bien con el respaldo del eficaz aparato publicitario de la industria. Como dijo amargamente hace ya varios años Dubravka Ugresic, el mercado literario ha tocado fondo; ha llegado al punto en que las memorias de Mónica Lewinsky merecen más publicidad que las obras completas de Marcel Proust.

En un contexto así, la Casa de las Américas, desde la Habana, sigue convocando tenazmente a su Premio literario, sin hacer concesiones, sin perder un ápice de su naturaleza libre y creadora, sin distanciarse ni un milímetro de aquello que lo ha caracterizado desde su fundación.

El Premio Casa ha sido anticolonial, martiano, calibánico, expresión de apego innegociable a la cultura; ajeno por esencia a las operaciones de marketing de los conglomerados editoriales en que se han convertido muchos concursos de los más publicitados. El Premio se concentra en el rigor y la calidad de las obras que concursan, en su calado, en los desafíos que se proponen, y no en el “gancho” ni en los efectos baratos ni en los potenciales éxitos de venta.

Tampoco ha sido jamás un concurso para promover literatura panfletaria. En una ocasión similar a esta, Roberto les solicitó a los jurados que recordaran una observación de Martí: “La poesía, que es arte, no vale disculparla con que es patriótica o filosófica, sino que ha de resistir como el bronce y vibrar como la porcelana.”

Actualmente el panfleto que está de moda, en realidad, y se difunde y premia con mucho entusiasmo y mucho dinero es el panfleto de derecha. Nadie se permite llamarlo “panfletario”; pero esa es verdaderamente su función: secuestrar la subjetividad del lector en un estilo divertido y ligero y conducirlo a aceptar el sistema y adaptarse a su posición de sumiso consumidor.

La crisis cultural que vive el mundo está acompañada de una crisis moral, política, institucional, jurídica. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, dijo Marx en 1848, y luego, en 1992, Marshall Berman tituló así un libro suyo muy valioso. Hoy habría que repetir la frase, todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado. La verdad y la mentira conviven promiscuamente. Para vencer a tu enemigo, para ganar, cualquier recurso es válido. No hay límites, no hay decoro, no hay pudor.

Por otra parte, todo tiende a trivializarse y a convertirse en show, la política, la guerra misma, las amenazas del Emperador a través de Twitter. Su arrogancia y la de su corte no conocen fronteras. Los conflictos no se negocian. Terminan (o empiezan) con ataques, sanciones y más sanciones, y se quiebran una y otra vez los principios sobre los que se creó la ONU, el multilateralismo, el consenso, la igualdad de los países independientemente de su tamaño o de su fuerza militar o económica. Las normas más elementales de la convivencia internacional son ignoradas por un grotesco Emperador a quien Roberto llamó certeramente “Calígula atómico”.

Este Premio se ha convocado en medio de circunstancias históricas muy dramáticas y convulsas en la región. Si Haydée “conoció horas extraordinariamente graves de nuestra América”, nosotros hemos estado viviendo horas similares. Presenciamos los incendios en la Amazonía, y otros incendios asociados a la ofensiva de la ultraderecha y de EEUU, a la resurrección de la Doctrina Monroe y del macartismo, a conspiraciones y trampas judiciales contra líderes progresistas, a crímenes atroces.

Hemos visto en las redes, y por Telesur, fosas comunes recién descubiertas con cientos de cadáveres; jóvenes que han perdido la vista por balines de los carabineros; niños migrantes en jaulas, separados de sus familias; manifestantes golpeados, torturados, quemados con chorros de agua mezclada con ácido, asesinados; expresiones impúdicas de asedio, persecución política y venganza. Han resurgido formas de terrorismo de estado que parecen provenir de los años de Pinochet, de Videla, del Plan Cóndor.

El 2019 se inició en Nuestra América con un “presidente” apócrifo que se autoproclamó en Venezuela, fue reconocido apresuradamente por 50 países encabezados por EEUU, y se inauguró una escalada de todo tipo de agresiones contra el gobierno legítimo de esa nación hermana. Y el año terminó en Colombia con una cifra record de líderes sociales sacrificados y en Chile con los carabineros arremetiendo contra miles de manifestantes que se habían reunido en la Plaza de la Dignidad en espera del año nuevo mientras rendían homenaje a las víctimas de la represión.

No por azar en el 2019 se multiplicaron en EEUU los delitos y los grupos de odio. Fue un año pródigo en tiroteos masivos. El 3 de agosto un joven supremacista blanco asesinó en El Paso, Texas, a 22 personas e hirió a otras 24. Había ido allí con un fusil y muchas municiones “a matar mexicanos”, según declaró. Los analistas más serios concuerdan en que el crecimiento vertiginoso de estos fenómenos se inició a partir de la campaña electoral del 2016 de Trump. Su retórica antiinmigrante, agresiva y racista, ha funcionado hacia dentro del país y hacia el exterior. Sus desplantes frecuentes con relación a América Latina y el Caribe están cargados todo el tiempo de desprecio y racismo.

No debemos olvidar que los métodos de demolición cultural de los pueblos considerados inferiores para justificar las guerras de conquista fueron usados por griegos y romanos, por los rapaces caballeros de las Cruzadas, por los “descubridores” de América, por los que cazaron en África a hombres, mujeres y niños “salvajes” para esclavizarlos.

El genocidio de Hiroshima y Nagasaki fue precedido en EEUU por el internamiento de más de 120 mil inmigrantes japoneses en campos de concentración y una campaña crudamente racista. Al hacer una crónica sobre la batalla de Iwo Jima (febrero-marzo de 1945), la revista Time dijo que “el japonés medio es irracional e ignorante. Quizás sea humano, pero nada lo indica”. ¿Cuántas veces en la historia de Occidente se les ha negado la condición humana a las víctimas “inferiores” de los poderosos?

Hoy argumentos muy parecidos se repiten para legitimar la violencia del sistema contra quienes se le oponen en los medios de comunicación y en las redes sociales —empleadas cada vez más de manera fraudulenta, para manipular electores y elecciones y fomentar prejuicios y corrientes de opinión falsas.

Hemos visto escenas en Bolivia, tras el golpe de Estado, que recuerdan los días de la Conquista, cuando se juntaron la cruz y la espada para imponer la opresión y el saqueo. Han brotado manifestaciones fundamentalistas, contra los movimientos indígenas y contra la vida y la integridad física de su gente.

El resentimiento que ha salido a flote contra símbolos y tradiciones indígenas, contra las mujeres que usan pollera, contra una bandera como la wiphala, tiene raíces muy profundas y vínculos genéticos con el fascismo. Por eso es tan significativo que la Casa haya convocado este año al Premio de Estudios sobre Culturas Originarias de América. Por eso este Programa, el dedicado a las Culturas Originarias, que coordina Jaime Gómez Triana, adquiere en el contexto actual una jerarquía mayor.

Mientras más belicosa y primitiva es la barbarie, resulta más importante mantener el rigor de las investigaciones que debe promover la Casa sobre estos procesos culturales específicos, acompañadas, obviamente, por la más amplia difusión de sus resultados. La cultura auténtica es un antídoto de eficacia incuestionable frente al neofascismo.

Cuando hicimos la conferencia de prensa sobre el Premio, estuve comentando un texto de Roberto (“Notas sobre América”), publicado en la revista Casa. Allí habla, con la misma angustia de Eric Hobsbawm, del ascenso incontrolable de la barbarie durante todo el siglo XX y lo que va de XXI y nos convoca a no abandonar nunca, ni en las peores circunstancias, la fe en las utopías y en la esperanza.

Una barbarie, como dice Roberto, que se expresa en una capacidad destructiva abrumadora que nunca tuvo Hitler y sí tiene en cambio el Emperador de este nuevo Reich, el “Calígula atómico”. Para colmo, Trump se niega a aceptar el cambio climático y sus consecuencias ya prácticamente irreversibles para el planeta y para la especie.

En cuanto a Cuba, ya les hablé un poco al principio de la obsesión de EEUU contra nosotros. Por primera vez desde que se dictó la Ley Helms-Burton, un presidente yanqui ha firmado los capítulos que permiten presentar demandas ante tribunales estadounidenses a los supuestos dueños o a descendientes de dueños de propiedades nacionalizadas por la Revolución contra cualquier empresa o ciudadano del mundo que esté invirtiendo en una de esas propiedades. Es una aberración jurídica, extraterritorial, inadmisible. Máxime si recordamos que Cuba ofreció negociar indemnizaciones, y EEUU siempre se negó, pensando, claro, recuperarlas por la fuerza cuando llegara el momento.

Aspira a espantar a los inversionistas extranjeros. Aspira a asfixiarnos, como todas las nuevas medidas restrictivas que ha venido tomando EEUU contra Cuba, prácticamente cada semana, a los cruceros, a los vuelos, a las remesas, a los intercambios profesionales y académicos. Todo eso acompañado de un diluvio cada vez mayor y más desvergonzado de mentiras.

Con la persecución a navieras, barcos y compañías aseguradoras que debían traer a la Isla el combustible comprado, trataron a partir de abril de 2019 de estrangularnos con acciones de abierta piratería y una presión desmedida y cruel. Pero el país no se detuvo. No se detuvieron los programas básicos, vinculados a la construcción de viviendas, a la producción de alimentos, a la sustitución de importaciones, a impulsar la exportación de los rubros tradicionales y de otros nuevos. No se detuvo la batalla contra todo vestigio de burocracia, contra la insensibilidad, contra la rutina.

No se detuvo la intensa vida cultural del país. Se celebró con mucho éxito el Festival de Cine. Ahora acaba de terminar un prestigioso evento internacional de Jazz. En febrero tendremos nuestra Feria del Libro.

Como dijo el Presidente Díaz-Canel, usando una frase popular que sintetiza las situaciones peligrosas por las que hemos pasado, “Nos tiraron a matar, y estamos vivos”.

Sabemos que en este 2020 van a seguir cerrando el cerco y tirándonos a matar; pero vamos a sobrevivir. En nuestra gente hay una conciencia muy clara de que nos estamos jugando cosas medulares y demasiado trascendentes —y nadie va a venir a engañarla con espejismos.

Este mismo Premio Casa de las Américas es sin duda una victoria sobre el afán enfermizo de destruirnos. Representa otra apuesta de Cuba por la cultura, por la vida, el pensamiento, la poesía, la inteligencia, la solidaridad, ante el discurso del odio, del neofascismo, de la estupidez arrogante, de la mentira y la manipulación.

Es una victoria de Cuba a la que ustedes, los jurados, han contribuido decisivamente. Sin ustedes, sin la solidaridad y el respaldo de ustedes, este Premio hubiera fracasado.

La Casa de Haydée, Roberto, Mariano, de los fundadores, Marcia, Silvia, Chiqui, y de los que se fueron sumando sucesivamente a este equipo, Nancy, Miriam, Idelisa, Aurelio, Luisa, María Elena, Vivian, Jorge, Jaime, Yolanda, la otra Silvia, Camila y muchos más, está habituada a trabajar en medio de obstáculos y adversidades. Es un modelo sorprendente de resistencia. Hasta ciclones y marejadas la han embestido con saña, pretendiendo arrasarlo todo, la memoria conservada aquí, los libros, las cartas, las revistas, las piezas de arte. Le han hecho daño a la Casa; pero no han podido destruirla. Tenemos un admirable colectivo de trabajadores (como les decía el otro día a los periodistas) que se caracteriza por su sentido de pertenencia, por el orgullo de formar parte de esta institución, por llevar en sí una chispa vivificadora de la mística de Haydée.

A veces me parece que la Casa es como una réplica en pequeño de la Cuba que enfrenta ciclones, tornados, bloqueos y golpes bajos, y sigue empecinada en no renunciar a la utopía.

2003 se asemeja de algún modo a 2019 y a este 2020. En marzo de aquel año, Bush anunció la invasión a Irak. En Miami, los grupos extremistas de origen cubano salieron a la calle a gritar “Irak ahora; Cuba después”. Antes, en 2002, Bush dijo que su ejército tenía que transformarse en “una fuerza militar lista para atacar inmediatamente 60 o más oscuros rincones del mundo”. “Oscuros”, dijo, y a nadie se le escapó la intención racista de la palabra.

En enero del 2003, en un evento dedicado a Martí, Fidel afirmó que “la gran batalla se librará en el campo de las ideas y no en el de las armas” y exhortó a los participantes a trabajar sin descanso por “sembrar ideas” y “sembrar conciencia”.

La Casa de las Américas se ha apropiado de aquella exhortación. Es uno de los mandatos que nos dejó a los hombres y mujeres de la cultura. Ideas, conciencia, frente a los que creen que el dinero y las bombas y la fuerza bruta lo pueden todo.

Ya voy a terminar estas palabras, que han resultado demasiado extensas; pero, antes de concluir, quiero anunciar el estreno de un audiovisual que tiene un significado muy particular para nosotros. Nació de la relación que tuvo siempre Haydée con Martí. Desde la Casa, Haydée invitó a trovadores cubanos a musicalizar sus poemas. Así se hicieron varios discos muy hermosos. Entre ellos, Versos de José Martí cantados por Sara González. Dentro de unos minutos vamos a escuchar una de las piezas de ese disco.

El audiovisual tiene un texto introductorio brevísimo que explica la intención de la Casa. Los amigos que vienen del extranjero quizás no están al tanto; pero en los primeros días de enero de 2020 circularon en las redes sociales imágenes de bustos de Martí manchados ofensivamente. Aquí en Cuba la gente ha reaccionado con mucha indignación ante la afrenta, y se han hecho muchos actos de desagravio al Apóstol y de rechazo a la infamia.

(Estos hechos, por cierto, tuvieron un antecedente en noviembre de 2019, en Santa Cruz, Bolivia, donde unos fascistas partidarios del golpe de Estado cubrieron con tinta negra un retrato en cerámica de Martí hecho por el escultor boliviano Lorgio Vaca. Otra coincidencia: hace unos pocos días profanaron la tumba del trovador chileno Víctor Jara, torturado salvajemente antes de ser asesinado por Pinochet y resucitado ahora con sus canciones en las jornadas de protesta contra Piñera. Al fascismo lo exasperan los símbolos de la emancipación, sobre todo si mantienen su presencia.)

Volviendo a Cuba y a Martí, debo terminar diciendo que la Casa de las Américas se suma a las expresiones de reivindicación martiana de nuestro pueblo con el audiovisual que vamos a ver y a escuchar ahora.

Muchas gracias.




Bolivia: la brújula de la derecha señala cinco puntos cardinales
(Por Jaime Iturri Salmón, en PAGINA12)


Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho competirán en las elecciones de mayo. 

Si hay una palabra en que todas las fuerzas contrarias al Movimiento al Socialismo coinciden esta es Unidad. El problema es cómo se entiende esto. Porque todos los candidatos señalan Unidad pero detrás de mí.

Así es muy posible que la derecha vaya atomizada en cuando menos 5 fórmulas. Todas ellas buscando salir segundos con la esperanza de que haya ballottage y reciban el apoyo de los otros contra ese fantasma que recorre Bolivia y que se llama proceso de cambio.

El primero en anunciar su candidatura fue Luis Fernando Camacho, abogado cruceño hijo de cochabambino que fue formado en la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista y llegó a ser su vicepresidente. Entre 2008 y 2009 la Unión Juvenil fue acusada de organización paramilitar por la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Meses antes de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, Camacho juró al Movimiento Nacionalista Revolucionario cuyo mandato concluyó con la renuncia de Goni el 2003.

El 2019 fue elegido presidente del Comité Por Santa Cruz. Irá acompañado de otro cívico. El potosino Marco Pumari quien coqueteó con el troskismo y posteriormente fue jefe de juventudes del MAS en su región organización de la que fue expulsado por un manejo “irregular” de dineros.
Agrupaciones como las del alcalde cruceño Percy Fernández han manifestado su apoyo al grupo cívico.

Tutito busca carguito
El segundo en lanzarse al ruedo fue Jorge Tuto Quiroga, un cochabambino que fuera ministro de gobiernos neoliberales, vicepresidente de Banzer y que finalmente asumió cuando el exdictador ya estaba desahuciado por el cáncer.
Fue candidato perdedor en otras dos contiendas electorales.
Recientemente Quiroga renunció a ser vocero internacional de Jeanine Añez para convencer al mundo que en Bolivia no hubo golpe de Estado.
Él siempre proclamó su admiración por el partido Republicano en Estados Unidos y estudio en Texas. Dice que Bolivia es demasiado pobre para ser de derecha. Bueno …

Verde que te quiero verde
La otra derecha cruceña es la comandada por el también excívico Rubén Costa cuyo nombre es Demócratas pero son conocidos como los verdes (uno de los dos colores de la región junto al blanco)

Ellos son los que actualmente se encuentran en el poder ya que Jeanine Añez es su militante.
En las elecciones del 2019 obtuvieron el 4.5 % de los votos pero ahora corren el peligro de desaparecer.

Camacho y Quiroga les disputan el electorado de ultraderecha. Pero de todos los verdes, la mejor posesionada es la actual presidenta Añez a quien un importante sector de su militancia quiere llevarla a las elecciones.

Ya la mandataria de facto ha abierto las compuertas a la posibilidad. Hay sillas que tienen la maldición del que se sienta no quiere irse más. La presidencial en Bolivia parece ser una de ellas.

El problema en los Demócratas (sólo tienen algún peso electoral en Santa Cruz y el Beni) es que Rubén Costa quiere apoyar a Camacho (para salvarse él mismo de las acusaciones de traición al movimiento autonomista cruceño) pero eso significaría subsumirse en un grupo inestable y aceptar las imposiciones de excívico que ha dicho: con todo gusto pero sin que éste obligado a nada y sin varios de sus cuadros a los que no quiero ni ver. En esta lista estaría incluso Oscar Ortiz.

Y por si fuera poco un sector del Partido Demócrata Cristiano anuncia la candidatura de Jasmine Barrientos, nieta del ex dictador René Barrientos y furibunda crítica de Morales.

Mesa tras el voto del centro
El expresidente Carlos Mesa pretende desprenderse de izquierda y derecha y por ello ha señalado que su propuesta será respetuosa de los Derechos Humanos. No tiene el arrastre del 2019 donde primó el voto útil pero sí de sectores sobre todo de clase media que temen la violencia de cualquiera de los dos extremos. Al miedo a los indios se suma que más de uno considera que el actual gobierno está cometiendo arbitrariedades y abusos peores a los que le endilgan al partido de Evo Morales.

Mesa es sobre todo un intelectual de centro y sueña con terciar en la segunda vuelta y retornar al voto útil que lo llevó al 35 %.
Junto a él podría presentarse Samuel Doria Medina, un empresario y político que aún desoja margaritas para ver con quién irá a las elecciones.

Los milagros de Evo
Morales logró nuclear alrededor suyo a militantes de todas las izquierdas. Trotskystas, guevaristas, maoístas, kataristas, militantes del viejo PC. Los mejores cuadros de 40 años de lucha de esa histórica izquierda que había combatido a las dictaduras y al neoliberalismo se sumaban al llamado de eses indígena dirigente de los muy combativos cocaleros.

La derecha parece no tener el hombre, o la mujer, que posea ese imán.



jueves, 23 de enero de 2020


INTOLERANTE

No lo puedo aceptar
y mira que estudié el tunel
la luz corpuscular
o de onda
que alguien me explicó en el MEI
pero es la Mamma,
yo quiero bendita mujer
que me dures como Uruk
porque vos estuviste
en el Estigia y a la izquierda de EL
viniste luego, para contarnoslo
no por gusto allá en Lawton,
te llamaban, la gitana Lisso,
mi brother como devoto que te cuida
lo sabe
yo de lejos,
siempre tu nimbo vi
Dame una chance que falta poco
para volverte a ver
yo quiero bendita mujer
que me dures como Uruk
un beso mas


...Мать моя, кончай рыдать,
Давай думать и гадать,
Когда меня обратно привезут!