Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

martes, 6 de enero de 2026

Uno todavía está en shock, y trata de buscar respuestas, encontré esto, es una narrativa alternativa de lo que acaba de ocurrir en Venezuela, al menos alejada de mi profunda sensación, de que todo ha sido una gran traición al pueblo venezolano…

Del Valle a Caracas: este filósofo es el arma militar más mortífera de Donald Trump
(Por Daniel Arjona)

El destino de Nicolás Maduro no se ha sellado en los pasillos del Pentágono, ni siquiera en el Despacho Oval de un Donald Trump exultante. No. El hilo de la parca que se cortó ayer, en la madrugada del 3 de enero de 2026 en Caracas, se empezó a tejer mucho antes, y no por un general con medallas en el pecho, sino por un excéntrico doctor en teoría social neomarxista que prefiere el esquí de fondo a las reuniones de directorio y que cita a Theodor Adorno mientras diseña la arquitectura de la vigilancia total.Hablamos de Alex Karp, el CEO de Palantir, una figura que parece escapada de una película de Woody Allen para aterrizar, con la contundencia de un misil Hellfire, en el centro del complejo militar-industrial del siglo XXI. Mientras el mundo digiere las imágenes de los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR) sobrevolando a baja altura Fuerte Tiuna y la base de La Carlota, conviene detenerse a mirar más allá de la pirotecnia cinética. Lo que ha ocurrido en Venezuela, bautizado como “Operación Resolución Absoluta”, no es solo una incursión; es el triunfo epistemológico de una nueva forma de hacer la guerra. Es el momento en que el algoritmo devoró al dictador.Final del formulario

[Este artículo se ha construido sobre los cimientos de tres fuentes documentales: la exhaustiva investigación de Michael Steinberger en 'The Philosopher in the Valley: Alex Karp, Palantir, and the Rise of the Surveillance State', que disecciona la psique y el ascenso de Karp; la biografía crítica 'The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley's Pursuit of Power', de Max Chafkin, esencial para entender el ecosistema ideológico de Palantir; y un informe técnico exclusivo elaborado por Gemini Deep Research que detalla la logística y la tecnología detrás de la captura de hoy y que se ha servido de 33 fuentes que aparecen reseñadas en el enlace]

Parte I: La Fenomenología del Asalto

Para entender la magnitud de lo sucedido, enviemos al cementerio de la historia la idea de que la tecnología es neutra. Karp, un judío birracial criado en un hogar de izquierda radical en Filadelfia, comprendió algo que a sus contemporáneos de Silicon Valley, ocupados en vender publicidad y “likes”, se les escapó: en un mundo peligroso, el software es la espada y el escudo de Occidente. Karp no es un tecnólogo al uso; es un hombre que obtuvo su doctorado en la Universidad Goethe de Frankfurt, bajo la sombra intelectual de su maestro Jürgen Habermas, intentando descifrar cómo el lenguaje y la agresión se entrelazan en la psique humana. ¿Quién iba a decir que aquel estudiante que buscaba comprender las raíces del fascismo terminaría construyendo el panóptico digital que ayer permitió a un comando de la Fuerza Delta extraer a un jefe de estado hostil sin sufrir una sola baja?

La narrativa oficial nos hablará de valor, de inteligencia humana y de la determinación de la administración Trump. Pero la realidad subyacente, la verdadera “fontanería” de la operación reside en la capacidad de procesar lo inabarcable. Según los informes preliminares de la operación, lo que permitió localizar a Maduro no fue un chivatazo de un coronel desleal, sino la fusión de petabytes de datos: patrones de consumo eléctrico, firmas térmicas, comunicaciones encriptadas y movimientos logísticos sutiles. Todo ello procesado por el Maven Smart System y la plataforma de Inteligencia Artificial (AIP) de Palantir.

Ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo

Karp suele bromear diciendo que su trabajo consiste en gestionar a gente inmanejable” , refiriéndose a sus ingenieros, a quienes llama cariñosamente “hobbits” en una alusión a Tolkien que vertebra la cultura corporativa de la empresa: su misión es “salvar la Comarca”. Pero ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo.

Es fascinante observar la trayectoria de Karp. De niño, en el barrio de Mount Airy, sus padres lo llevaban al Museo de Arte de Filadelfia, donde su padre, Bob, le señalaba insistentemente una estatua de Ícaro, quizás advirtiéndole sobre la hubris, acerca de volar demasiado cerca del sol. Sin embargo, Karp ha hecho de esa cercanía al sol su modus vivendi. Su empresa, cofundada con el polémico Peter Thiel —el libertario que soñaba con erosionar el estado-nación a través de las criptomonedas antes de decidir que era más rentable convertirse en el contratista favorito del Estado —, ha sido la arquitecta invisible de esta operación.

Mientras Silicon Valley jugaba a ser pacifista y rechazaba contratos militares, Karp abrazó la controversia con la ferocidad de un converso. “Nuestro software está en la lucha”, escribió en una carta pública cuando estalló la guerra en Ucrania. Hoy, esa lucha se ha materializado en el Caribe. La “Operación Southern Spear” , preludio naval de la captura, no fue solo un despliegue de fuerza bruta; fue una red de sensores alimentando a una inteligencia artificial capaz de predecir fallos logísticos antes de que ocurrieran gracias al sistema ShipOS.

Estamos ante el fin de la inocencia digital y el comienzo de la guerra cognitiva aplicada. Karp, el filósofo que en su juventud recorría Berlín buscando la “teoría crítica” y quizás algo de desenfreno, ha entregado a Trump la herramienta definitiva: la capacidad de ver a través de los muros de un palacio presidencial a miles de kilómetros de distancia. La pregunta que flota en el aire no es cómo lo hicieron, sino qué significa para la condición humana que un algoritmo decida el destino de las naciones.

Parte II: El Disidente del Valle y la Máquina de la Verdad

Para comprender la arquitectura invisible que permitió la extracción quirúrgica de Nicolás Maduro, debemos retroceder desde el calor de Caracas hasta los fríos seminarios académicos de Frankfurt y los pasillos de Stanford. Allí se fraguó la improbable alianza entre Alex Karp y Peter Thiel, dos hombres que representan, quizás mejor que nadie, las contradicciones del poder estadounidense en el siglo XXI.

Karp no encaja en el molde del tecnócrata de Silicon Valley. Es un “disidente” autoproclamado, un hombre que en su juventud académica escribió una tesis doctoral titulada “Aggression in the Lifeworld” (“Agresión en el mundo de la vida”), un estudio denso sobre cómo el lenguaje puede preparar el terreno para la violencia. Resulta de una ironía shakespeariana que el hombre que dedicó sus años formativos a estudiar la agresión teórica sea hoy el proveedor de la herramienta más sofisticada para ejercer la agresión estatal. Karp, que se describe a sí mismo como un “neo-marxista” convertido, ha declarado sin ambages: “Mi mayor miedo es el fascismo”. Y, sin embargo, sus críticos argumentan que ha construido el instrumento definitivo para cualquier aspirante a autócrata.

La génesis de Palantir, la empresa que ayer hizo transparente el techo del Palacio de Miraflores, nace de las cenizas del 11 de septiembre. Peter Thiel, el cerebro libertario detrás de PayPal y antiguo compañero de Karp en la Facultad de Derecho de Stanford, tuvo una epifanía. El fallo de inteligencia que permitió los atentados no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos. La CIA y el FBI tenían las piezas del rompecabezas, pero estaban aisladas en silos burocráticos. Thiel vio que la tecnología que habían desarrollado en PayPal para cazar fraudes financieros —un sistema llamado IGOR que detectaba patrones delictivos en el caos de las transacciones— podía reorientarse para cazar terroristas.

El fallo de inteligencia que permitió los atentados del 11 de septiembre no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos

Así nació Palantir, bautizada en honor a las “piedras videntes” de J.R.R. Tolkien, esos orbes mágicos que permitían ver a través del espacio y el tiempo, aunque a menudo corrompían a quien los miraba. La misión fundacional de la empresa, conocida internamente como “salvar la Comarca”, era proporcionar a Occidente la superioridad analítica necesaria para sobrevivir. Y ayer, esa superioridad se manifestó en la “Kill Chain” digitalizada que atrapó a Maduro.

Lo que diferencia a la operación de Caracas de cualquier intervención anterior no es la potencia de fuego, sino la logística predictiva. Según los reportes técnicos filtrados sobre la operación, el sistema ShipOS de Palantir, descrito por sus creadores como un “traje de Iron Man de software”, gestionó la compleja coreografía naval en el Caribe. No se trataba solo de mover barcos; se trataba de predecir fallos mecánicos antes de que ocurrieran y optimizar las cadenas de suministro en tiempo real, asegurando que cuando llegara el momento crítico, la maquinaria bélica estadounidense funcionara con la precisión de un reloj suizo.

Karp ha defendido siempre que Palantir no vende datos, sino la capacidad de entenderlos. “Palantir es la convergencia de software y posiciones difíciles”, ha llegado a decir. Y ninguna posición era más difícil que penetrar el anillo de seguridad cubano-venezolano. El Maven Smart System, la plataforma que fusionó imágenes satelitales, intercepciones de radar y datos de redes sociales, no solo dijo a los comandos dónde estaba Maduro; les dijo hacia dónde iba a moverse. Es el triunfo del determinismo tecnológico: la creencia de que, con suficientes datos, el libre albedrío de un dictador se reduce a una variable predecible en una ecuación.

Mientras el mundo observa atónito las consecuencias geopolíticas de este “jaque mate” digital, Alex Karp probablemente esté en su refugio de New Hampshire, o quizás en una de sus propiedades remotas, practicando Tai Chi y reflexionando sobre la naturaleza del poder. Ha logrado lo que su antiguo mentor Habermas quizás hubiera temido más: la racionalización total de la violencia a través de la técnica. El filósofo del valle ha demostrado que, en la guerra moderna, la pluma —o mejor dicho, el código— es, efectivamente, más poderosa que la espada, siempre y cuando ese código dirija a un equipo de Operaciones Especiales con una precisión infalible.

Parte III: El Leviatán de Silicio y el Fin de la Soberanía

Cuando los helicópteros del 160.º SOAR despegaron de Caracas con su “paquete” de alto valor asegurado, no solo transportaban a un dictador caído; llevaban consigo la prueba de concepto de un nuevo orden mundial. La “Operación Resolución Absoluta” ha confirmado lo que los mercados financieros, con su olfato de sabueso para el poder real, ya anticipaban: Palantir es el pilar central del nuevo “Complejo Militar-Algorítmico”.

En los parqués de Wall Street, esto se conoce ya como el Trump Trade definitivo. Mientras las grandes tecnológicas de la costa oeste —Google, Apple, Microsoft— titubeaban ante contratos militares por escrúpulos éticos o presiones de sus empleados, Alex Karp y Peter Thiel eligieron bando hace mucho tiempo. “Palantir solo suministra sus productos a aliados occidentales. Nunca hemos suministrado nuestros productos a enemigos”, declaró Karp en una llamada con inversores, con la claridad moral de quien ha leído a Carl Schmitt y entiende que la política es, en última instancia, la distinción entre amigo y enemigo.

Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo

Esta alineación ideológica con la administración Trump no es casual. Peter Thiel, el cofundador de Palantir y mentor de Karp, fue una figura clave en la transición de Trump en 2016, llegando a tener una influencia tal que Steve Bannon describió su enfoque como la “teoría de gobierno de Peter Thiel”: la idea de deconstruir el estado administrativo desde dentro. Hoy, esa visión ha mutado. Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo.

La captura de Maduro plantea interrogantes inquietantes sobre la soberanía en el siglo XXI. La operación se sustentó legalmente en una acusación de narcoterrorismo construida sobre terabytes de evidencia digital: transacciones financieras, comunicaciones interceptadas y patrones de movimiento, todo procesado por la IA de Palantir. Es el triunfo de la jurisdicción digital sobre la territorial. Si el algoritmo puede reconstruir tus finanzas y predecir tu ubicación, las fronteras físicas se vuelven irrelevantes. Es la aplicación definitiva de la “guerra legal” o lawfare, donde la sentencia judicial es el preludio inmediato del misil.

Para China y Rusia, los valedores tradicionales del chavismo, el mensaje es demoledor. La impunidad con la que Estados Unidos ha operado en un entorno hostil, neutralizando las defensas de un aliado de Moscú, demuestra una brecha tecnológica que la fuerza bruta convencional no puede cerrar. No se trata de cuántos tanques tienes, sino de la calidad de tu software de gestión de batalla.

Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada

Resulta paradójico que Alex Karp, el hombre que en su juventud académica abominaba de la agresión inherente al lenguaje, haya perfeccionado la gramática de la violencia estatal. En una carta reciente a sus accionistas, Karp citaba al politólogo Samuel Huntington para recordar que Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada.

Desde el 3 de enero de 2026, esa violencia organizada tiene una interfaz de usuario elegante y corre sobre servidores en la nube. Nicolás Maduro vuela hacia una celda en Estados Unidos, y Alex Karp, el filósofo excéntrico que temía el fascismo, se ha convertido en el arquitecto de un poder tan absoluto que haría palidecer al Leviatán de Hobbes. La pregunta que nos queda, mientras miramos nuestras propias pantallas, es si en este nuevo mundo transparente y predecible, queda algún lugar donde esconderse.







 

lunes, 5 de enero de 2026

HAPPY NEW YEAR


 

El Sábado 3 de Enero de 2026 me levante a las once de la mañana, había festejado el día anterior los 6 años y 9 meses que llevábamos junto con mi pareja Silvia, unas copas de vino rosado de más, no me permitió hacerlo más temprano, ya en el inodoro, como una gran metáfora de lo que leería más tarde, me encontré con la noticia que los yanquis habían atacado en esa misma madrugada, sobre las dos de la mañana, la Capital Venezolana, y lograron  sacar por los "pelos" al Presidente Nicolás Maduro, sin mucha resistencia. A Nicolás y a su mujer, no les dio tiempo de ingresar en un supuesto "bunker" que tenían como resguardo para situaciones extremas, 32 guardaespaldas cubanos cayeron en la acción de defensa. En otras épocas, más épicas que estas, como mínimo tenías que salir herido de bala para que te capturen.

Mi primera reacción fue de rabia, no soporto, ni soportaré jamás, que un país invada a otro, los yanquis, lo volvieron hacer, desde 1823 con la famosa Doctrina Monroe, América Latina es "su patio trasero", el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha actualizado la "olvidada" política exterior de un Imperio que ha comenzado a sentirse amenazado por el nuevo Imperio que resurge, CHINA, y su influencia económica creciente en la región.

Sin embargo, con el transcurso de las horas, la llegada de informaciones de muchos lugares, inclusive de un amigo que me mantuvo al tanto y con videos concretos de las calles de Caracas, más la Conferencia de Prensa del Cesar y sus secuaces, mi estado de sensaciones fue cambiando de la ira a la defraudación. El pueblo no se movilizó espontáneamente y las autoridades en un primer momento llamaban a la calma y a seguir en sus casas. Solo 36 horas después de los sucesos, hubo movimiento. Algo no me cerraba, comencé a sacar mis propias conclusiones.

Trump y Marcos Rubios, los dos vaqueros del norte, dejaban claro dos cosas fundamentales, primero, lo único que le importa de Venezuela es su petróleo, ellos mismos sin rodeos lo dejaban esclarecido, y jamás mencionaron la palabra democracia, ni cambio de régimen, inclusive Corina Machado fue descartada por el Cesar, con lo cual llegamos a la segunda cosa que dejaban en claro, Delcy Rodríguez podía seguir gobernando si cumplía con la primera exigencia, que era garantizarles el petróleo. Más Tarde Maduro llegando a la DEA de New York, diciendo " Happy New Year" a sus secuestradores o levantando los pulgares hacia arriba como el entreguista de acá, ponían el moño a mis suspicacias.

Todo lo que habíamos visto, ha sido una puesta en escena, para los boludos de a pie, que todavía creemos en la patria y la soberanía. Maduro, Delcy, Cabello, y Padrino firmaron un acuerdo de cúpula con los yanquis, y han traicionado a su pueblo.

Las declaraciones de Delcy y Padrino han sido una caricatura para mantener el orden social en Venezuela, todo estaba programado "según el Plan". En los próximos meses el Mundo se enterará de este fraude. Ha comenzado un nuevo tutelaje de los del norte para América Latina a base de cañoneras, intimidación y financiación. Regresamos al siglo diecinueve.