Siempre han existido opiniones
aberrantes, que circulan en medios marginales de cualquier sociedad, la
supuesta “civilización humana”, con sus preceptos construidos durante su corta
vida (teniendo en cuenta el tiempo del universo), siempre a base de sangre y
muchos sacrificios humanos, ha tratado de mantener al margen algunas de esas
ideas, sistemas de dominio, como las religiones, por ejemplo, se encargaron de
ello, los herejes, las brujas, fueron sacrificados para que tales ideas no
llegaran a conformar el estatus quo de las viejas sociedades, eso conllevo a
atrasos humanos, porque a la larga, esos sistemas de dominio, impusieron sus
preceptos oscuros y descartaron otros, que daban luz y prosperidad a la
humanidad. Les toca a las nuevas sociedades discutir si el regreso a viejos
preceptos, supuestamente superados porque eran deshumanizados, podrían
"convivir" con las sociedades actuales.
El siguiente artículo de Tenembaum, ha
pasado desapercibido, por obvias razones, se publicó el 4 de Enero, y ya
sabemos lo sucedido el día 3, pone foco en algo peligroso que ya está en el
nuevo poder de la Argentina y que sin dudas forma parte de su batalla cultural,
la idea es un cambio de “paradigma”, y para ello necesita reciclar a “nuevos
profetas”. Walter Block, es un economista estadunidense de la Escuela
Austriaca, teórico del anarcocapitalismo, y discípulo de Murray Rothbard,
supuestamente era un comunista en los años 50 y 60 y se “reconvirtió”, esos
siempre son los peores, porque para “esconder” su pasado y demostrar que su
reconversión ha sido efectiva, tratan de ser “los más aguerridos” luchadores
del anticomunismo, exultantes teóricos de un Capitalismo “libre y sin reglas”,
donde todo es posible, como es de esperar en los reconvertidos, sus ideas pasan
a extremos no humanos inimaginables.
LECTURA DE VERANO: El regalo que dejó Milei en el arbolito
(Por Ernesto Tenembaum)
En el año 2010, la industria petrolera sufrió
un golpe, cuando las instalaciones de Deepwater Horizon, de British
Petroleum, estallaron en altamar. Más de 750 millones de litros de petróleo se
desparramaron por el Golfo de México. Además, murieron 11 trabajadores,
cuyas familias reclamaron una indemnización. La demanda parecía justa ya que
una empresa –sobre todo una tan poderosa—debe responsabilizarse por las
condiciones de trabajo de sus empleados. Pero no todos pensaban así. “Según la ley libertaria no les corresponde
ninguna indemnización. Esos desafortunados trabajadores asumieron la
responsabilidad de lo que hacían. Presumiblemente, cobraron un extra salarial
debido a los riesgos que entraña este tipo de empleo”, escribió Walter
Block, en su libro Defendiendo lo indefendible.
Unos días antes de Navidad, Javier Milei invitó
a todo su gabinete a Olivos. La reunión dejó una foto de recuerdo donde se
destacan algunos elementos. Mientras todos los ministros estaban vestidos,
digamos, de elegante sport, el Presidente lucía su mameluco de YPF, el mismo
que usa para juguetear con sus “hijitos de cuatro patas”. Todos estaban
demasiado abrigados, para un día en el que hacía 35 grados: es que Milei, al
mismo tiempo, se abriga, pero vive en ambientes muy refrigerados. Pero el dato
más interesante es que los ministros posaban sosteniendo un librito
-justamente, Defendiendo lo indefendible, de Walter Block- que
Milei les había repartido como regalo de navidad.
Defendiendo lo indefendible es un viaje hacia un pensamiento, como decirlo, disruptivo. Block promueve la existencia de un mundo sin indemnizaciones, donde el Estado no persiga a evasores, narcotraficantes, voyeurs o difusores de pornografía, donde quien quiera pueda casarse con varias mujeres o varios hombres, en el que se permita comerciar con órganos y con niños, el libre comercio se imponga sin ningún límite ni estrategia, las calles sean privatizadas, la salud pública no exista, y la discriminación no sea sancionada. En otros tiempos, esas ideas podrían haber generado interés pero como una excentricidad académica. Las cosas han cambiado y ahora un presidente exitoso las difunde entre sus ministros. Parece motivo suficiente para espiar ahí adentro.
Por ejemplo, en medio del debate sobre la
reforma laboral, muchos analistas intentan razonar si esa reforma es útil para
blanquear trabajadores informales o impulsar el desarrollo productivo. Al leer
a Block, aparece otra posibilidad: que el espíritu de esa reforma no responda
sólo a cuestiones instrumentales sino también a una convicción filosófica
profunda. Porque Block, por ejemplo, no cree que deban existir indemnizaciones
en ningún caso. Para él, se debe equiparar una relación laboral con un
matrimonio. Y así como cualquier persona tiene el derecho a divorciarse porque
dejó de querer a su pareja, de la misma manera se puede romper una relación
laboral.
“El
patrón que desea ‘divorciarse’ de su empleado, debería poder efectuar dicho
divorcio sin motivo. El despido improcedente no es injusto ni inapropiado, no
más de lo que lo es el divorcio sin motivo. Si uno es un avance progresista en
las relaciones humanas, también lo es el otro…Los hombres libres tienen el
derecho de renunciar a sus empleos, y también de despedir a sus empleados -sin
que exista motivo alguno-. A menos que el contrato especifique lo contrario, el
patrón y su empleado deberían poder finalizar su relación en el momento en que
lo deseen, por cualquier motivo, o sin motivo alguno”.
Defendiendo lo indefendible es muy ilustrativo
también porque algunos discursos recientes de Milei parecen extraídos
textualmente de ese trabajo. Por ejemplo, hace algunas semanas, el presidente
argentino defendió su política aperturista con este argumento: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y
qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va
a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia
de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es
porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más
barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar
en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en
realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es
más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los
individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.
En el
libro que Milei repartió entre sus colaboradores, se lee: “Si a los compradores
se les ofrece elegir entre un par de vaqueros regionales por cincuenta dólares
y un par idénticos fabricados en el sureste de Asia —en Hong Kong, por ejemplo
— por diez dólares, caben pocas dudas de que la práctica totalidad de los
consumidores elegirán ser económicos y ahorrarse cuarenta de sus dólares conseguidos
con arduo esfuerzo, lo que inevitablemente resultará en la pérdida de trabajos
regionales de producción de vaqueros. Pero no nos quedemos aquí, como hacen los
proteccionistas, pues existen muchos más casos a considerar. ¿Qué harán los
consumidores con cuarenta dólares extra? Puede que se lo gasten en otros
productos de la zona, y, si lo hacen, algunos de los fabricantes de vaqueros
desempleados podrán encontrar trabajos en estos otros sectores. También puede
que ahorren el dinero, y entonces los bancos podrán ofrecer préstamos en
términos más accesibles, creando con ello puestos de trabajo adicionales en
construcción o en industrias".
Gran parte de los dogmas que el gobierno
libertario intenta trasladar a la realidad están escritos o sugeridos por Block:
por ejemplo, la idea de que no debe existir salud pública. Eso aparece en
el capítulo dedicado a los fumadores. El autor sostiene que no debe haber
ninguna prohibición para los fumadores porque, en todo caso, cada uno es dueño
de hacer lo que quiere con su cuerpo y el Estado no debería decidir en qué
casos interviene para proteger a las personas de sí mismas, y en qué casos no.
Ante el argumento de que eso puede implicar un costo para la salud pública,
responde que no debería ser así ya que la salud pública tampoco es un asunto
del que deba ocuparse el Estado.
“Si se
puede prohibir a la gente fumar en base a que el Estado encuentra inconveniente
la resultante amenaza a la salud, se podría prohibir a la gente tomar parte de
otras actividades potencialmente peligrosas. Pero, ¿queremos realmente una
sociedad supernanny que ilegalice el fútbol, el rugby, el hockey, las
maratones, los triatlones, el parapente, el motociclismo, los helados, los
caramelos, el alcohol, y cualquier otra cosa que pudiera ponernos en peligro?
Es poco probable. Sería mucho mejor eliminar la financiación pública de
cuidados médicos”.
En el capítulo titulado “El homófobo”, Block
explica por qué no se debe sancionar a una organización que expulse a uno de
sus miembros por ser homosexual. Primero, porque sostiene que cada uno en una
sociedad libre tiene derecho a contratar a quien quiera: “Cada persona tiene, por tanto, el derecho a ignorar, boicotear,
discriminar a aquellos a quienes preferiría evitar”.
Luego, porque no sería una posición coherente
ya que los homosexuales discriminan por el solo hecho de serlo. “Los homosexuales practicantes discriminan
de hecho a las mujeres como objeto de relaciones sexuales. El movimiento de
‘derechos humanos’ es lógicamente incoherente. No puede ponerse de parte de un
homosexual, discriminador confeso donde los haya, en nombre del apoyo a la
lucha contra la discriminación. En su lugar, si deseara ser coherente con su
lógica, este movimiento debería limitarse a apoyar los derechos de los
bisexuales, gente que se implica en relaciones románticas con miembros de ambos
sexos, pues ellos son los únicos que no discriminan en materia sexual”.
Y luego concluye que todo el mundo debería
tener derecho a discriminar porque todo el mundo discrimina. “Todos discriminamos de algún modo. Lo
hacemos en base a la honestidad, a la belleza, al talento, a los intereses
comunes, etc. Incluso los bisexuales son culpables de esto, por lo que es
totalmente imposible adoptar una política coherente de anti discriminación”.
Por lo demás, el texto ofrece múltiples
ejemplos sobre las particularidades del pensamiento libertario, cuanto trata
temas como el voyeurismo, la compra venta niños y de órganos o la poligamia.
-“El
“macabro” mercado negro beneficia a los donantes de órganos al ofrecerles
remuneración financiera así como la satisfacción de saber que los órganos que
donen tras su fallecimiento permitirán vivir a otros. Al hacerlo, aumentará
también el número de órganos disponibles, lo que será de inestimable beneficio
para aquellos que de otro modo tendrían que haber sobrevivido sin riñón
sano… Dejemos que la libre empresa opere en el campo de la sangre, la
médula, y los órganos transplantables, y ahorrémonos una gran cantidad de
dolor, agonía, sufrimiento, y tragedia”.
-“¿Cuál
es la perspectiva libertaria sobre el matrimonio polígamo? Ya sea poliginia (un
hombre con más de una mujer), poliandria (una mujer con más de un marido), o
poligiandria (cuando varias esposas y maridos se casan entre ellos), la
respuesta libertaria es la misma que para todo lo demás. Si la institución
constituye una violación per se del principio de no agresión, debe ser
prohibida, si no, debe ser legal”.
-“¿La
poligamia es socialmente peligrosa, en cuanto que los hijos de matrimonios con
múltiples esposas llevarán una vida más disoluta, delinquirán, y se darán a las
drogas, con una frecuencia mayor que la progenie derivada del matrimonio
tradicional? No hay pruebas para tal proclama. Y aún si las hubiera, incluso si
se diera un patrón claro a este respecto, seguiría sin justificar una razón
legítima para prohibir la práctica”.
-“Cualquiera
puede casarse con cuantas esposas (adultas) desee siempre y cuando haya
consentimiento mutuo”.
-“¿De qué
modo, pues, debemos considerar al ‘fisgón’. Usa su derecho a abrir sus ojos y
mirar aquí y allá de un modo procaz. Su escrutinio de señoritas desnudas y
semidesnudas, sin lugar a dudas, no pasa del ‘examen olfativo’. Es ciertamente
cuestionable desde un punto de vista moral. Pero, si esta actividad fuese
ilegalizada, cualquier contacto ‘ojo a pecho’, algo de lo que prácticamente
todo hombre heterosexual es culpable, y por una significativa proporción de sus
horas activas, también sería ilegal. Así pues, el voyeurismo no es un
delito…Pero ¿acaso esta actividad no deriva en delitos más serios, como la
violación? ¿No debería bastar esta justificación para prohibir la práctica?
Pues no. De ser así, Victoria’s Secret sería ilegal”.
-“A
primera vista pocas cosas podría haber más atroces que la venta de niños.
El simple concepto evoca imágenes de abuso infantil, corrupción y avaricia. Los
pequeños están entre los seres humanos más indefensos por lo que nos
compadecemos de las presuntas víctimas de la venta infantil y entramos en
cierta cólera contra quienes perpetran un acto tan vil. Pero una breve
reflexión nos convencerá de que esta imagen es errónea. Porque la venta de
niños es como la adopción, pero solo que incluye la transferencia de dinero…Si
es una buena acción adoptar un chiquillo, ¿por qué sería un delito si los
padres naturales reciben dinero a cambio de ceder a su progenie?”.
Y esto es apenas una pequeña parte.
Defendiendo lo indefendible, de Walter Block.
Gran regalo para pedírselo a los Gaspar,
Melchor y Baltasar que ya estarán cruzando el planeta en sus viejos camellos.
