Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

miércoles, 7 de enero de 2026

Siempre han existido opiniones aberrantes, que circulan en medios marginales de cualquier sociedad, la supuesta “civilización humana”, con sus preceptos construidos durante su corta vida (teniendo en cuenta el tiempo del universo), siempre a base de sangre y muchos sacrificios humanos, ha tratado de mantener al margen algunas de esas ideas, sistemas de dominio, como las religiones, por ejemplo, se encargaron de ello, los herejes, las brujas, fueron sacrificados para que tales ideas no llegaran a conformar el estatus quo de las viejas sociedades, eso conllevo a atrasos humanos, porque a la larga, esos sistemas de dominio, impusieron sus preceptos oscuros y descartaron otros, que daban luz y prosperidad a la humanidad. Les toca a las nuevas sociedades discutir si el regreso a viejos preceptos, supuestamente superados porque eran deshumanizados, podrían "convivir" con las sociedades actuales.

El siguiente artículo de Tenembaum, ha pasado desapercibido, por obvias razones, se publicó el 4 de Enero, y ya sabemos lo sucedido el día 3, pone foco en algo peligroso que ya está en el nuevo poder de la Argentina y que sin dudas forma parte de su batalla cultural, la idea es un cambio de “paradigma”, y para ello necesita reciclar a “nuevos profetas”. Walter Block, es un economista estadunidense de la Escuela Austriaca, teórico del anarcocapitalismo, y discípulo de Murray Rothbard, supuestamente era un comunista en los años 50 y 60 y se “reconvirtió”, esos siempre son los peores, porque para “esconder” su pasado y demostrar que su reconversión ha sido efectiva, tratan de ser “los más aguerridos” luchadores del anticomunismo, exultantes teóricos de un Capitalismo “libre y sin reglas”, donde todo es posible, como es de esperar en los reconvertidos, sus ideas pasan a extremos no humanos inimaginables.

LECTURA DE VERANO: El regalo que dejó Milei en el arbolito
(Por Ernesto Tenembaum)

Javier Milei y los integrantes de su Gabinete posan con copias del libro Defendiendo lo indefendible

En el año 2010, la industria petrolera sufrió un golpe, cuando las instalaciones de Deepwater Horizon, de British Petroleum, estallaron en altamar. Más de 750 millones de litros de petróleo se desparramaron por el Golfo de México. Además, murieron 11 trabajadores, cuyas familias reclamaron una indemnización. La demanda parecía justa ya que una empresa –sobre todo una tan poderosa—debe responsabilizarse por las condiciones de trabajo de sus empleados. Pero no todos pensaban así. “Según la ley libertaria no les corresponde ninguna indemnización. Esos desafortunados trabajadores asumieron la responsabilidad de lo que hacían. Presumiblemente, cobraron un extra salarial debido a los riesgos que entraña este tipo de empleo”, escribió Walter Block, en su libro Defendiendo lo indefendible.

Unos días antes de Navidad, Javier Milei invitó a todo su gabinete a Olivos. La reunión dejó una foto de recuerdo donde se destacan algunos elementos. Mientras todos los ministros estaban vestidos, digamos, de elegante sport, el Presidente lucía su mameluco de YPF, el mismo que usa para juguetear con sus “hijitos de cuatro patas”. Todos estaban demasiado abrigados, para un día en el que hacía 35 grados: es que Milei, al mismo tiempo, se abriga, pero vive en ambientes muy refrigerados. Pero el dato más interesante es que los ministros posaban sosteniendo un librito -justamente, Defendiendo lo indefendible, de Walter Block- que Milei les había repartido como regalo de navidad.

Defendiendo lo indefendible es un viaje hacia un pensamiento, como decirlo, disruptivo. Block promueve la existencia de un mundo sin indemnizaciones, donde el Estado no persiga a evasores, narcotraficantes, voyeurs o difusores de pornografía, donde quien quiera pueda casarse con varias mujeres o varios hombres, en el que se permita comerciar con órganos y con niños, el libre comercio se imponga sin ningún límite ni estrategia, las calles sean privatizadas, la salud pública no exista, y la discriminación no sea sancionada. En otros tiempos, esas ideas podrían haber generado interés pero como una excentricidad académica. Las cosas han cambiado y ahora un presidente exitoso las difunde entre sus ministros. Parece motivo suficiente para espiar ahí adentro.

Por ejemplo, en medio del debate sobre la reforma laboral, muchos analistas intentan razonar si esa reforma es útil para blanquear trabajadores informales o impulsar el desarrollo productivo. Al leer a Block, aparece otra posibilidad: que el espíritu de esa reforma no responda sólo a cuestiones instrumentales sino también a una convicción filosófica profunda. Porque Block, por ejemplo, no cree que deban existir indemnizaciones en ningún caso. Para él, se debe equiparar una relación laboral con un matrimonio. Y así como cualquier persona tiene el derecho a divorciarse porque dejó de querer a su pareja, de la misma manera se puede romper una relación laboral.

“El patrón que desea ‘divorciarse’ de su empleado, debería poder efectuar dicho divorcio sin motivo. El despido improcedente no es injusto ni inapropiado, no más de lo que lo es el divorcio sin motivo. Si uno es un avance progresista en las relaciones humanas, también lo es el otro…Los hombres libres tienen el derecho de renunciar a sus empleos, y también de despedir a sus empleados -sin que exista motivo alguno-. A menos que el contrato especifique lo contrario, el patrón y su empleado deberían poder finalizar su relación en el momento en que lo deseen, por cualquier motivo, o sin motivo alguno”.

Defendiendo lo indefendible es muy ilustrativo también porque algunos discursos recientes de Milei parecen extraídos textualmente de ese trabajo. Por ejemplo, hace algunas semanas, el presidente argentino defendió su política aperturista con este argumento: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.

En el libro que Milei repartió entre sus colaboradores, se lee: “Si a los compradores se les ofrece elegir entre un par de vaqueros regionales por cincuenta dólares y un par idénticos fabricados en el sureste de Asia —en Hong Kong, por ejemplo — por diez dólares, caben pocas dudas de que la práctica totalidad de los consumidores elegirán ser económicos y ahorrarse cuarenta de sus dólares conseguidos con arduo esfuerzo, lo que inevitablemente resultará en la pérdida de trabajos regionales de producción de vaqueros. Pero no nos quedemos aquí, como hacen los proteccionistas, pues existen muchos más casos a considerar. ¿Qué harán los consumidores con cuarenta dólares extra? Puede que se lo gasten en otros productos de la zona, y, si lo hacen, algunos de los fabricantes de vaqueros desempleados podrán encontrar trabajos en estos otros sectores. También puede que ahorren el dinero, y entonces los bancos podrán ofrecer préstamos en términos más accesibles, creando con ello puestos de trabajo adicionales en construcción o en industrias".

Gran parte de los dogmas que el gobierno libertario intenta trasladar a la realidad están escritos o sugeridos por Block: por ejemplo, la idea de que no debe existir salud pública. Eso aparece en el capítulo dedicado a los fumadores. El autor sostiene que no debe haber ninguna prohibición para los fumadores porque, en todo caso, cada uno es dueño de hacer lo que quiere con su cuerpo y el Estado no debería decidir en qué casos interviene para proteger a las personas de sí mismas, y en qué casos no. Ante el argumento de que eso puede implicar un costo para la salud pública, responde que no debería ser así ya que la salud pública tampoco es un asunto del que deba ocuparse el Estado.

“Si se puede prohibir a la gente fumar en base a que el Estado encuentra inconveniente la resultante amenaza a la salud, se podría prohibir a la gente tomar parte de otras actividades potencialmente peligrosas. Pero, ¿queremos realmente una sociedad supernanny que ilegalice el fútbol, el rugby, el hockey, las maratones, los triatlones, el parapente, el motociclismo, los helados, los caramelos, el alcohol, y cualquier otra cosa que pudiera ponernos en peligro? Es poco probable. Sería mucho mejor eliminar la financiación pública de cuidados médicos”.

En el capítulo titulado “El homófobo”, Block explica por qué no se debe sancionar a una organización que expulse a uno de sus miembros por ser homosexual. Primero, porque sostiene que cada uno en una sociedad libre tiene derecho a contratar a quien quiera: “Cada persona tiene, por tanto, el derecho a ignorar, boicotear, discriminar a aquellos a quienes preferiría evitar”.

Luego, porque no sería una posición coherente ya que los homosexuales discriminan por el solo hecho de serlo. “Los homosexuales practicantes discriminan de hecho a las mujeres como objeto de relaciones sexuales. El movimiento de ‘derechos humanos’ es lógicamente incoherente. No puede ponerse de parte de un homosexual, discriminador confeso donde los haya, en nombre del apoyo a la lucha contra la discriminación. En su lugar, si deseara ser coherente con su lógica, este movimiento debería limitarse a apoyar los derechos de los bisexuales, gente que se implica en relaciones románticas con miembros de ambos sexos, pues ellos son los únicos que no discriminan en materia sexual”.

Y luego concluye que todo el mundo debería tener derecho a discriminar porque todo el mundo discrimina. “Todos discriminamos de algún modo. Lo hacemos en base a la honestidad, a la belleza, al talento, a los intereses comunes, etc. Incluso los bisexuales son culpables de esto, por lo que es totalmente imposible adoptar una política coherente de anti discriminación”.

Por lo demás, el texto ofrece múltiples ejemplos sobre las particularidades del pensamiento libertario, cuanto trata temas como el voyeurismo, la compra venta niños y de órganos o la poligamia.

-“El “macabro” mercado negro beneficia a los donantes de órganos al ofrecerles remuneración financiera así como la satisfacción de saber que los órganos que donen tras su fallecimiento permitirán vivir a otros. Al hacerlo, aumentará también el número de órganos disponibles, lo que será de inestimable beneficio para aquellos que de otro modo tendrían que haber sobrevivido sin riñón sano… Dejemos que la libre empresa opere en el campo de la sangre, la médula, y los órganos transplantables, y ahorrémonos una gran cantidad de dolor, agonía, sufrimiento, y tragedia”.

-“¿Cuál es la perspectiva libertaria sobre el matrimonio polígamo? Ya sea poliginia (un hombre con más de una mujer), poliandria (una mujer con más de un marido), o poligiandria (cuando varias esposas y maridos se casan entre ellos), la respuesta libertaria es la misma que para todo lo demás. Si la institución constituye una violación per se del principio de no agresión, debe ser prohibida, si no, debe ser legal”.

-“¿La poligamia es socialmente peligrosa, en cuanto que los hijos de matrimonios con múltiples esposas llevarán una vida más disoluta, delinquirán, y se darán a las drogas, con una frecuencia mayor que la progenie derivada del matrimonio tradicional? No hay pruebas para tal proclama. Y aún si las hubiera, incluso si se diera un patrón claro a este respecto, seguiría sin justificar una razón legítima para prohibir la práctica”.

-“Cualquiera puede casarse con cuantas esposas (adultas) desee siempre y cuando haya consentimiento mutuo”.

-“¿De qué modo, pues, debemos considerar al ‘fisgón’. Usa su derecho a abrir sus ojos y mirar aquí y allá de un modo procaz. Su escrutinio de señoritas desnudas y semidesnudas, sin lugar a dudas, no pasa del ‘examen olfativo’. Es ciertamente cuestionable desde un punto de vista moral. Pero, si esta actividad fuese ilegalizada, cualquier contacto ‘ojo a pecho’, algo de lo que prácticamente todo hombre heterosexual es culpable, y por una significativa proporción de sus horas activas, también sería ilegal. Así pues, el voyeurismo no es un delito…Pero ¿acaso esta actividad no deriva en delitos más serios, como la violación? ¿No debería bastar esta justificación para prohibir la práctica? Pues no. De ser así, Victoria’s Secret sería ilegal”.

-“A primera vista pocas cosas podría haber más atroces que la venta de niños. El simple concepto evoca imágenes de abuso infantil, corrupción y avaricia. Los pequeños están entre los seres humanos más indefensos por lo que nos compadecemos de las presuntas víctimas de la venta infantil y entramos en cierta cólera contra quienes perpetran un acto tan vil. Pero una breve reflexión nos convencerá de que esta imagen es errónea. Porque la venta de niños es como la adopción, pero solo que incluye la transferencia de dinero…Si es una buena acción adoptar un chiquillo, ¿por qué sería un delito si los padres naturales reciben dinero a cambio de ceder a su progenie?”.

Y esto es apenas una pequeña parte.

Defendiendo lo indefendible, de Walter Block.

Gran regalo para pedírselo a los Gaspar, Melchor y Baltasar que ya estarán cruzando el planeta en sus viejos camellos.

 






martes, 6 de enero de 2026

Uno todavía está en shock, y trata de buscar respuestas, encontré esto, es una narrativa alternativa de lo que acaba de ocurrir en Venezuela, al menos alejada de mi profunda sensación, de que todo ha sido una gran traición al pueblo venezolano…

Del Valle a Caracas: este filósofo es el arma militar más mortífera de Donald Trump
(Por Daniel Arjona)

El destino de Nicolás Maduro no se ha sellado en los pasillos del Pentágono, ni siquiera en el Despacho Oval de un Donald Trump exultante. No. El hilo de la parca que se cortó ayer, en la madrugada del 3 de enero de 2026 en Caracas, se empezó a tejer mucho antes, y no por un general con medallas en el pecho, sino por un excéntrico doctor en teoría social neomarxista que prefiere el esquí de fondo a las reuniones de directorio y que cita a Theodor Adorno mientras diseña la arquitectura de la vigilancia total.Hablamos de Alex Karp, el CEO de Palantir, una figura que parece escapada de una película de Woody Allen para aterrizar, con la contundencia de un misil Hellfire, en el centro del complejo militar-industrial del siglo XXI. Mientras el mundo digiere las imágenes de los helicópteros del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR) sobrevolando a baja altura Fuerte Tiuna y la base de La Carlota, conviene detenerse a mirar más allá de la pirotecnia cinética. Lo que ha ocurrido en Venezuela, bautizado como “Operación Resolución Absoluta”, no es solo una incursión; es el triunfo epistemológico de una nueva forma de hacer la guerra. Es el momento en que el algoritmo devoró al dictador.Final del formulario

[Este artículo se ha construido sobre los cimientos de tres fuentes documentales: la exhaustiva investigación de Michael Steinberger en 'The Philosopher in the Valley: Alex Karp, Palantir, and the Rise of the Surveillance State', que disecciona la psique y el ascenso de Karp; la biografía crítica 'The Contrarian: Peter Thiel and Silicon Valley's Pursuit of Power', de Max Chafkin, esencial para entender el ecosistema ideológico de Palantir; y un informe técnico exclusivo elaborado por Gemini Deep Research que detalla la logística y la tecnología detrás de la captura de hoy y que se ha servido de 33 fuentes que aparecen reseñadas en el enlace]

Parte I: La Fenomenología del Asalto

Para entender la magnitud de lo sucedido, enviemos al cementerio de la historia la idea de que la tecnología es neutra. Karp, un judío birracial criado en un hogar de izquierda radical en Filadelfia, comprendió algo que a sus contemporáneos de Silicon Valley, ocupados en vender publicidad y “likes”, se les escapó: en un mundo peligroso, el software es la espada y el escudo de Occidente. Karp no es un tecnólogo al uso; es un hombre que obtuvo su doctorado en la Universidad Goethe de Frankfurt, bajo la sombra intelectual de su maestro Jürgen Habermas, intentando descifrar cómo el lenguaje y la agresión se entrelazan en la psique humana. ¿Quién iba a decir que aquel estudiante que buscaba comprender las raíces del fascismo terminaría construyendo el panóptico digital que ayer permitió a un comando de la Fuerza Delta extraer a un jefe de estado hostil sin sufrir una sola baja?

La narrativa oficial nos hablará de valor, de inteligencia humana y de la determinación de la administración Trump. Pero la realidad subyacente, la verdadera “fontanería” de la operación reside en la capacidad de procesar lo inabarcable. Según los informes preliminares de la operación, lo que permitió localizar a Maduro no fue un chivatazo de un coronel desleal, sino la fusión de petabytes de datos: patrones de consumo eléctrico, firmas térmicas, comunicaciones encriptadas y movimientos logísticos sutiles. Todo ello procesado por el Maven Smart System y la plataforma de Inteligencia Artificial (AIP) de Palantir.

Ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo

Karp suele bromear diciendo que su trabajo consiste en gestionar a gente inmanejable” , refiriéndose a sus ingenieros, a quienes llama cariñosamente “hobbits” en una alusión a Tolkien que vertebra la cultura corporativa de la empresa: su misión es “salvar la Comarca”. Pero ayer, la Comarca era el interés geopolítico de Estados Unidos, y los orcos, a ojos del algoritmo, eran la cúpula del chavismo.

Es fascinante observar la trayectoria de Karp. De niño, en el barrio de Mount Airy, sus padres lo llevaban al Museo de Arte de Filadelfia, donde su padre, Bob, le señalaba insistentemente una estatua de Ícaro, quizás advirtiéndole sobre la hubris, acerca de volar demasiado cerca del sol. Sin embargo, Karp ha hecho de esa cercanía al sol su modus vivendi. Su empresa, cofundada con el polémico Peter Thiel —el libertario que soñaba con erosionar el estado-nación a través de las criptomonedas antes de decidir que era más rentable convertirse en el contratista favorito del Estado —, ha sido la arquitecta invisible de esta operación.

Mientras Silicon Valley jugaba a ser pacifista y rechazaba contratos militares, Karp abrazó la controversia con la ferocidad de un converso. “Nuestro software está en la lucha”, escribió en una carta pública cuando estalló la guerra en Ucrania. Hoy, esa lucha se ha materializado en el Caribe. La “Operación Southern Spear” , preludio naval de la captura, no fue solo un despliegue de fuerza bruta; fue una red de sensores alimentando a una inteligencia artificial capaz de predecir fallos logísticos antes de que ocurrieran gracias al sistema ShipOS.

Estamos ante el fin de la inocencia digital y el comienzo de la guerra cognitiva aplicada. Karp, el filósofo que en su juventud recorría Berlín buscando la “teoría crítica” y quizás algo de desenfreno, ha entregado a Trump la herramienta definitiva: la capacidad de ver a través de los muros de un palacio presidencial a miles de kilómetros de distancia. La pregunta que flota en el aire no es cómo lo hicieron, sino qué significa para la condición humana que un algoritmo decida el destino de las naciones.

Parte II: El Disidente del Valle y la Máquina de la Verdad

Para comprender la arquitectura invisible que permitió la extracción quirúrgica de Nicolás Maduro, debemos retroceder desde el calor de Caracas hasta los fríos seminarios académicos de Frankfurt y los pasillos de Stanford. Allí se fraguó la improbable alianza entre Alex Karp y Peter Thiel, dos hombres que representan, quizás mejor que nadie, las contradicciones del poder estadounidense en el siglo XXI.

Karp no encaja en el molde del tecnócrata de Silicon Valley. Es un “disidente” autoproclamado, un hombre que en su juventud académica escribió una tesis doctoral titulada “Aggression in the Lifeworld” (“Agresión en el mundo de la vida”), un estudio denso sobre cómo el lenguaje puede preparar el terreno para la violencia. Resulta de una ironía shakespeariana que el hombre que dedicó sus años formativos a estudiar la agresión teórica sea hoy el proveedor de la herramienta más sofisticada para ejercer la agresión estatal. Karp, que se describe a sí mismo como un “neo-marxista” convertido, ha declarado sin ambages: “Mi mayor miedo es el fascismo”. Y, sin embargo, sus críticos argumentan que ha construido el instrumento definitivo para cualquier aspirante a autócrata.

La génesis de Palantir, la empresa que ayer hizo transparente el techo del Palacio de Miraflores, nace de las cenizas del 11 de septiembre. Peter Thiel, el cerebro libertario detrás de PayPal y antiguo compañero de Karp en la Facultad de Derecho de Stanford, tuvo una epifanía. El fallo de inteligencia que permitió los atentados no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos. La CIA y el FBI tenían las piezas del rompecabezas, pero estaban aisladas en silos burocráticos. Thiel vio que la tecnología que habían desarrollado en PayPal para cazar fraudes financieros —un sistema llamado IGOR que detectaba patrones delictivos en el caos de las transacciones— podía reorientarse para cazar terroristas.

El fallo de inteligencia que permitió los atentados del 11 de septiembre no fue por falta de datos, sino por la incapacidad de conectarlos

Así nació Palantir, bautizada en honor a las “piedras videntes” de J.R.R. Tolkien, esos orbes mágicos que permitían ver a través del espacio y el tiempo, aunque a menudo corrompían a quien los miraba. La misión fundacional de la empresa, conocida internamente como “salvar la Comarca”, era proporcionar a Occidente la superioridad analítica necesaria para sobrevivir. Y ayer, esa superioridad se manifestó en la “Kill Chain” digitalizada que atrapó a Maduro.

Lo que diferencia a la operación de Caracas de cualquier intervención anterior no es la potencia de fuego, sino la logística predictiva. Según los reportes técnicos filtrados sobre la operación, el sistema ShipOS de Palantir, descrito por sus creadores como un “traje de Iron Man de software”, gestionó la compleja coreografía naval en el Caribe. No se trataba solo de mover barcos; se trataba de predecir fallos mecánicos antes de que ocurrieran y optimizar las cadenas de suministro en tiempo real, asegurando que cuando llegara el momento crítico, la maquinaria bélica estadounidense funcionara con la precisión de un reloj suizo.

Karp ha defendido siempre que Palantir no vende datos, sino la capacidad de entenderlos. “Palantir es la convergencia de software y posiciones difíciles”, ha llegado a decir. Y ninguna posición era más difícil que penetrar el anillo de seguridad cubano-venezolano. El Maven Smart System, la plataforma que fusionó imágenes satelitales, intercepciones de radar y datos de redes sociales, no solo dijo a los comandos dónde estaba Maduro; les dijo hacia dónde iba a moverse. Es el triunfo del determinismo tecnológico: la creencia de que, con suficientes datos, el libre albedrío de un dictador se reduce a una variable predecible en una ecuación.

Mientras el mundo observa atónito las consecuencias geopolíticas de este “jaque mate” digital, Alex Karp probablemente esté en su refugio de New Hampshire, o quizás en una de sus propiedades remotas, practicando Tai Chi y reflexionando sobre la naturaleza del poder. Ha logrado lo que su antiguo mentor Habermas quizás hubiera temido más: la racionalización total de la violencia a través de la técnica. El filósofo del valle ha demostrado que, en la guerra moderna, la pluma —o mejor dicho, el código— es, efectivamente, más poderosa que la espada, siempre y cuando ese código dirija a un equipo de Operaciones Especiales con una precisión infalible.

Parte III: El Leviatán de Silicio y el Fin de la Soberanía

Cuando los helicópteros del 160.º SOAR despegaron de Caracas con su “paquete” de alto valor asegurado, no solo transportaban a un dictador caído; llevaban consigo la prueba de concepto de un nuevo orden mundial. La “Operación Resolución Absoluta” ha confirmado lo que los mercados financieros, con su olfato de sabueso para el poder real, ya anticipaban: Palantir es el pilar central del nuevo “Complejo Militar-Algorítmico”.

En los parqués de Wall Street, esto se conoce ya como el Trump Trade definitivo. Mientras las grandes tecnológicas de la costa oeste —Google, Apple, Microsoft— titubeaban ante contratos militares por escrúpulos éticos o presiones de sus empleados, Alex Karp y Peter Thiel eligieron bando hace mucho tiempo. “Palantir solo suministra sus productos a aliados occidentales. Nunca hemos suministrado nuestros productos a enemigos”, declaró Karp en una llamada con inversores, con la claridad moral de quien ha leído a Carl Schmitt y entiende que la política es, en última instancia, la distinción entre amigo y enemigo.

Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo

Esta alineación ideológica con la administración Trump no es casual. Peter Thiel, el cofundador de Palantir y mentor de Karp, fue una figura clave en la transición de Trump en 2016, llegando a tener una influencia tal que Steve Bannon describió su enfoque como la “teoría de gobierno de Peter Thiel”: la idea de deconstruir el estado administrativo desde dentro. Hoy, esa visión ha mutado. Palantir no ha deconstruido el Estado; se ha convertido en su sistema operativo.

La captura de Maduro plantea interrogantes inquietantes sobre la soberanía en el siglo XXI. La operación se sustentó legalmente en una acusación de narcoterrorismo construida sobre terabytes de evidencia digital: transacciones financieras, comunicaciones interceptadas y patrones de movimiento, todo procesado por la IA de Palantir. Es el triunfo de la jurisdicción digital sobre la territorial. Si el algoritmo puede reconstruir tus finanzas y predecir tu ubicación, las fronteras físicas se vuelven irrelevantes. Es la aplicación definitiva de la “guerra legal” o lawfare, donde la sentencia judicial es el preludio inmediato del misil.

Para China y Rusia, los valedores tradicionales del chavismo, el mensaje es demoledor. La impunidad con la que Estados Unidos ha operado en un entorno hostil, neutralizando las defensas de un aliado de Moscú, demuestra una brecha tecnológica que la fuerza bruta convencional no puede cerrar. No se trata de cuántos tanques tienes, sino de la calidad de tu software de gestión de batalla.

Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada

Resulta paradójico que Alex Karp, el hombre que en su juventud académica abominaba de la agresión inherente al lenguaje, haya perfeccionado la gramática de la violencia estatal. En una carta reciente a sus accionistas, Karp citaba al politólogo Samuel Huntington para recordar que Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, sino por su superioridad en aplicar la violencia organizada.

Desde el 3 de enero de 2026, esa violencia organizada tiene una interfaz de usuario elegante y corre sobre servidores en la nube. Nicolás Maduro vuela hacia una celda en Estados Unidos, y Alex Karp, el filósofo excéntrico que temía el fascismo, se ha convertido en el arquitecto de un poder tan absoluto que haría palidecer al Leviatán de Hobbes. La pregunta que nos queda, mientras miramos nuestras propias pantallas, es si en este nuevo mundo transparente y predecible, queda algún lugar donde esconderse.







 

lunes, 5 de enero de 2026

HAPPY NEW YEAR


 

El Sábado 3 de Enero de 2026 me levante a las once de la mañana, había festejado el día anterior los 6 años y 9 meses que llevábamos junto con mi pareja Silvia, unas copas de vino rosado de más, no me permitió hacerlo más temprano, ya en el inodoro, como una gran metáfora de lo que leería más tarde, me encontré con la noticia que los yanquis habían atacado en esa misma madrugada, sobre las dos de la mañana, la Capital Venezolana, y lograron  sacar por los "pelos" al Presidente Nicolás Maduro, sin mucha resistencia. A Nicolás y a su mujer, no les dio tiempo de ingresar en un supuesto "bunker" que tenían como resguardo para situaciones extremas, 32 guardaespaldas cubanos cayeron en la acción de defensa. En otras épocas, más épicas que estas, como mínimo tenías que salir herido de bala para que te capturen.

Mi primera reacción fue de rabia, no soporto, ni soportaré jamás, que un país invada a otro, los yanquis, lo volvieron hacer, desde 1823 con la famosa Doctrina Monroe, América Latina es "su patio trasero", el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha actualizado la "olvidada" política exterior de un Imperio que ha comenzado a sentirse amenazado por el nuevo Imperio que resurge, CHINA, y su influencia económica creciente en la región.

Sin embargo, con el transcurso de las horas, la llegada de informaciones de muchos lugares, inclusive de un amigo que me mantuvo al tanto y con videos concretos de las calles de Caracas, más la Conferencia de Prensa del Cesar y sus secuaces, mi estado de sensaciones fue cambiando de la ira a la defraudación. El pueblo no se movilizó espontáneamente y las autoridades en un primer momento llamaban a la calma y a seguir en sus casas. Solo 36 horas después de los sucesos, hubo movimiento. Algo no me cerraba, comencé a sacar mis propias conclusiones.

Trump y Marcos Rubios, los dos vaqueros del norte, dejaban claro dos cosas fundamentales, primero, lo único que le importa de Venezuela es su petróleo, ellos mismos sin rodeos lo dejaban esclarecido, y jamás mencionaron la palabra democracia, ni cambio de régimen, inclusive Corina Machado fue descartada por el Cesar, con lo cual llegamos a la segunda cosa que dejaban en claro, Delcy Rodríguez podía seguir gobernando si cumplía con la primera exigencia, que era garantizarles el petróleo. Más Tarde Maduro llegando a la DEA de New York, diciendo " Happy New Year" a sus secuestradores o levantando los pulgares hacia arriba como el entreguista de acá, ponían el moño a mis suspicacias.

Todo lo que habíamos visto, ha sido una puesta en escena, para los boludos de a pie, que todavía creemos en la patria y la soberanía. Maduro, Delcy, Cabello, y Padrino firmaron un acuerdo de cúpula con los yanquis, y han traicionado a su pueblo.

Las declaraciones de Delcy y Padrino han sido una caricatura para mantener el orden social en Venezuela, todo estaba programado "según el Plan". En los próximos meses el Mundo se enterará de este fraude. Ha comenzado un nuevo tutelaje de los del norte para América Latina a base de cañoneras, intimidación y financiación. Regresamos al siglo diecinueve.