MEDIDAS DE ASFIXIA CONTRA CUBA: Mas niños con cáncer
están muriendo.
(Por: Mariuska Forteza Sáez)
No acostumbro a usar las redes sociales para referirme a temas tan sensibles como la atención a niñas, niños y adolescentes que padecen cáncer. Lo que nos toca es curarlos y atenderlos de la mejor manera posible en ese duro tránsito por una enfermedad que puede arrancarles la vida. También atender a la familia, comprendiendo el duro momento por el que pasan. Soy madre de dos hijos y, aun así, a lo que se suma los años de experiencia en la atención oncológica, varios al frente de la sala pediátrica del Instituto de Oncología, me es difícil imaginar lo que puede sentir una madre al ver a su hijo en estas circunstancias.
Cada año unos 400 niños y adolescentes cubanos
son diagnosticados con cáncer, viven en Cuba alrededor de 1400 con esa
enfermedad. Todo nuestro empeño se centra en brindar una atención especializada
para lograr control de la enfermedad, y tenemos los conocimientos y la voluntad
para ello; pero cada día eso se hace más difícil.
Conozco perfectamente los avatares de mis
colegas en su lucha diaria contra la falta de medicamentos idóneos en el
momento idóneo para atender cualquier enfermedad. Es terrible y algo que se
viene acentuando cada vez más. Pero cuando se trata del cáncer, cada minuto
cuenta y es decisivo en el propósito de salvar vidas y proteger la felicidad de
las familias cubanas que pasan por una situación así. A las carencias de
medicamentos se suman las roturas de equipos, un diagnóstico oportuno también
salva vidas al permitir tomar las mejores decisiones con el esquema de
tratamiento.
La suma de todas estas dificultades y otras, ha
provocado el descenso de la supervivencia de nuestros niños con cáncer. Antes
llegamos a sobrepasar el 75 %, un comportamiento similar a los países
desarrollados, sin serlo, y ahora es del 65 %, hemos bajado 10 %. No son cifras
de producción de algo material o de cualquier otra índole, son seres humanos,
niños que no pudieron disfrutar de la vida, los perdimos, pudiéndolo evitar.
Duele.
Por eso hay días que no sé cómo hablarles a
ellos, a sus madres, cómo encontrar la mejor manera de explicarles esto. No es
lo mismo decirlo en una reunión, en un congreso médico, que a una madre
mirándote directo a los ojos y cada palabra que le diga le llega a los más
profundo del alma. A veces lo hago al final de la tarde y la verdad es que no
encontré en todo el día la forma de decirlo, ni la fuerza.
Parece, cuando menos impropio, que diga aquí
que a todo ello se suman las carencias en nuestras propias vidas. No somos
superhéroes, somos seres humanos, también. Tenemos familia y desafíos con la
alimentación, la ropa y el calzado de nuestros hijos, con las meriendas para la
escuela, un tormento diario, con la electricidad, con el transporte, con los
precios que suben y los salarios no. Todo ello cuenta, aunque uno lo quiera
separar, y lo logremos más veces creo de lo que cabría esperar.
Pese a que toda mi sala es bella, las cocineras
traen cebollas y ajos de sus casas para mejorar la comida. Ellas también hacen
mucho porque nuestros niños estén mejor, todos, son historias tan anónimas como
cotidianas. Puede que un niño y su acompañante, generalmente la madre, pasen largos
periodos en la sala, días, semanas, meses … Son de otras provincias
frecuentemente y se esfuerzan mucho, ellos, sus familiares, amigos en esta
lucha contra la enfermedad.
Historias tenemos muchísimas, conmovedoras.
Cuánto hace una familia por la vida de un niño, de un hijo. Eso no se puede
describir.
No sé la razón por la que escribo esto, quizás
porque en estas últimas semanas nos han visitado muchos periodistas cubanos y
extranjeros. Estamos un poco saturados. Me he visto hasta en la televisión, como
parte de la serie Asfixia, y cuando me grababan se fue la luz. Puede alguien
pensar que fue algo preparado, pero no, aquí también se va la luz, o más bien
la electricidad, pero hasta ahora viene rápido. No ha pasado nada por eso.
Aunque recuerdo bien cuando una madre, que ha hecho todo por su hijo, comentó
que un barco con petróleo eso sí no lo podía traer. Yo tampoco.
El descenso de la supervivencia de nuestros
niños con cáncer se corresponde con exactitud asombrosa con los años más duros
para Cuba, con las medidas de asfixia que se han venido incrementando. Ahora es
el cerco energético, sin electricidad y transporte no es posible brindar
asistencia médica. En nombre de nada puede afectarse la vida de un niño. Los
médicos no hacemos milagros. Se necesita una infraestructura, recursos,
medicinas, combustible. Voluntad existe, también conocimientos y personas
dispuestas, pese a todo.
En medio de este acoso, llegó en estos días un
barco de combustible de Rusia, seguíamos cada noticia, o cada falsa noticia en
las redes sociales sobre su travesía hasta Cuba. Todos sentimos orgullo de que
Cuba no esté sola, no estén solo nuestros niños con cáncer. Pero un barco, dos,
tres, no bastan. Se necesita mucho más. Los médicos no hacemos milagros, aunque
cada día acá puede considerarse un milagro sostenido por mucha gente, por las
familias, por quienes contribuyen a la atención médica de maneras muy diversas.
Perdonen ustedes tan larga publicación, todo en
mí hoy es distinto. Dejo las palabras y vuelvo a la batalla diaria por la vida
de cada uno de los niños con cáncer que tengo en mi sala. Ellos siempre son la
prioridad.



