Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

lunes, 4 de noviembre de 2019


EL TRIUNFO DE LA SENSATEZ
(Por Horacio Verbitsky, en “EL COHETE A LA LUNA” ) 

No es una revolución. No implica una redefinición ideológica. No funda una nueva identidad política. No es seguro que se trate de una combinación estable. No garantiza una salida rápida ni fácil a la grave crisis económica que, por primera vez, combina lo peor de dos mundos: estancamiento con inflación.

Pero constituye el triunfo de la sensatez, luego de años de extravíos. Nada más, pero nada menos. La victoria de Alberto y Cristina prueba la extraordinaria resiliencia de la sociedad argentina y el vigor del peronismo, a tres cuartos de siglo de su irrupción y a casi medio de la muerte de su fundador. Más aún, en otros lugares del mundo comienza a observárselo como una fórmula posible para contrarrestar la peste de la globalización asimétrica. Observadores del PT brasileño se ilusionan con que estos resultados incidan en la decisión del tribunal supremo que el mes próximo debe pronunciarse acerca de la posible libertad de Lula.

Ponerle un freno terminante al experimento macrista no es un logro menor. Desde la reforma constitucional de 1994, sólo Fernando De la Rúa fue derrotado en la primera prueba en las urnas posterior a su elección y ni siquiera cumplió su mandato de cuatro años, concluido por un senador bonaerense de la oposición designado para ello por la asamblea legislativa. Macrì logró consolidar un núcleo duro, de antiperonismo rabioso, al que sumó el manosantismo evangélico, con el que aspira a convertirse en jefe de la oposición. De este modo, la campaña de este año fue la de mayor interés ideológico, porque se enfrentaron en forma explícita dos proyectos antagónicos: el conservador oligárquico que aquí se enmascara como republicano, y el nacional y popular que encarna en el peronismo.

Horacio Rodríguez Larreta, el único triunfador de PRO en la jornada de ayer, tiene una idea distinta a la de Macrì. La ayuda del Hada Buena con la que cuenta, quedó devaluada por sus pobres resultados bonaerenses, este año en que la jerarquía católica se opuso al gobierno y no a los candidatos peronistas bonaerenses, uno por los nexos que le inventaron con el narco, otro por su pasado comunista.

Durante toda la campaña, el poder económico y parte de la dirigencia política propia planteó que el Hada Buena era mejor candidata que Macrì y llegó a pedir que lo reemplazara en la fórmula. Sin embargo, sus resultados frente a Axel fueron más pobres que los de Macrì en la elección nacional. Varios intendentes de PRO pudieron conservar sus posiciones en el conurbano, al precio de cortar de la boleta a Macrì y a Vidal: es lo que ocurrió en Bahía Blanca, La Plata, Mar del Plata, Tres de Febrero y Lanús, que se sumaron a los inamovibles municipios prósperos de Vicente López y San Isidro. No les bastó en Quilmes, donde Mayra Mendoza batió en forma nítida al cocinero de las inundaciones. Los únicos resultados aceptables que Macrì obtuvo ayer fueron en la Capital, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, San Luis y Mendoza, si bien por márgenes inferiores a los de 2015. En cambio, perdió incluso en Corrientes y Jujuy, gobernadas también por aliados radicales. Junto con Horacio Rodríguez Larreta, el otro gran triunfador entre los derrotados es Alfredo Cornejo, que le saca varios campos de distancia a Gerardo Morales, el carcelero de Milagro Sala, quien pagó su excesiva cercanía con Macrì, explicable por algunos negocios. Junto con Martín Lousteau, o sea Enrique Nosiglia, Cornejo forma parte del eje con Horacio Rodríguez Larreta que pugnará con Macrì por el liderazgo de la oposición. No son diferencias sólo personales. Para Rodríguez Larreta, sin un cambio de fondo en las relaciones entre oficialismo y oposición, lo que viene después es un Bolsonaro. Macrì, en cambio, está dispuesto a endurecer sus planteos todo lo que sea necesario y no le disgustaría ser él ese ominoso Bolsonaro.

El domingo no fue tan notorio porque no le tocó el turno a Mister Hyde, como luego de las PASO, sino al amable doctor Jeckyll, que invitó al Presidente electo a desayunar. Con precisión, Cristina dijo en la sede del Frente de Todos que hasta el 10 de diciembre el único responsable del gobierno es Macrì. Medialunas sí, pero sin enchastrarse con la mermelada. A la medianoche, el Banco Central hizo ejercicio de esa facultad, al reducir de 10.000 a 200 dólares mensuales la restricción para la compra de dólares. Es muy claro que las reservas fueron descuidadas hasta que Macrì reconoció que el remate de 22.000 millones de dólares no bastó para impedir el desenlace cantado. “Nos obligaron a hacer kirchnerismo”, dijo el ocurrente ministro Dante Sica.

La travesía de Alberto

El ahora Presidente electo fue jefe de gabinete durante los cuatro años de Kirchner y el primero de su esposa, con quien disintió acerca del conflicto con la Sociedad Rural por cómo controlar el precio de los alimentos. Rompió a mediados de 2008 y pasó a la oposición, aunque nunca tuvo una base partidaria relevante. Eran él y su historia como integrante del Grupo Calafate, donde se gestó el kirchnerismo.

Luego de la notable elección de 2011, donde Cristina fue reelecta con el 54%, sólo por debajo del 62% de Perón en 1973, estaban las condiciones dadas para organizar la sucesión, apostando a un candidato que expresara las líneas centrales del proceso iniciado en 2003. En cambio, el gobierno se ilusionó con un batacazo en las legislativas de 2013 que permitiera suprimir el impedimento constitucional a un tercer mandato. Era una apuesta temeraria, porque aun repitiendo las cifras de 2011, el FpV estaría lejos de los 2/3 de cada cámara necesarios y debería contar con quienes estuvieran dispuestos a acudir en auxilio de la victoria.

Además, no hubo congruencia entre el principal candidato bonaerense y el tono de la campaña. Martín Insaurralde fue seleccionado porque su perfil coincidía con el de quien desafiaba a Cristina alejándose de sus filas, el intendente de Tigre Sergio Massa: joven, fachero, indefinido, obsesionado por la seguridad. Pero todos los avisos seguían el eje En la vida hay que elegir, que acentuaba las diferencias. Candidato y publicidad no coincidían. El original batió a la copia en forma holgada y se proyectó como aspirante presidencial para la renovación de 2015.
Intendentes y gobernadores peronistas apoyaban la candidatura de Daniel Scioli, a la que Cristina se resistió cuanto pudo. Para mellarlo, propició el lanzamiento de Florencio Randazzo, quien contó con un presupuesto mil millonario en dólares para remediar décadas de abandono ferroviario, que se pagaron con la derrota electoral en toda la línea del Oeste luego de la catástrofe de Once. Pero no era un buen candidato y sus ataques cada vez más duros a Scioli fueron contraproducentes.

Llegó a decir que con ese candidato el proyecto quedaba manco. Cada vez que profería un exabrupto contra el rival interno, bajaba en las encuestas. Cristina debió resignarse a Scioli. Le ofreció a Randazzo la candidatura a la gobernación de Buenos Aires, pero le respondió que la presidencia o nada, bien alavagnado. Le propuso entonces que enfrentara en internas a Scioli-Zannini, llevando a Axel Kicillof como candidato a vice. Tampoco lo aceptó y se recluyó en su pago chico de Chivilcoy.

Así y todo, Maurizio Macrì apenas ganó por 2,68% en el balotaje. La noche inolvidable del 9 de diciembre de 2015 los mayores estaban preocupados por lo que se venía. Los jóvenes tenían una extraña tranquilidad. Contra el pueblo movilizado no van a poder, decían.

Sí y no. No pudieron consolidar un proyecto, pero ejercieron el gobierno en plenitud, como si hubieran ganado por veinte puntos. El poder es así. En 2003 Kirchner llegó con menos de la mitad, pero en el primer mes consolidó el poder con un hiperactivismo que lo mostró al mando, aplicando medidas anheladas por la sociedad. En apenas cuatro años, Macrì produjo una catástrofe económica y social: ató una vez más a la Argentina a la rueda del interés compuesto (la expresión es de Scalabrini Ortíz), endeudándola como nunca antes; autorizó tarifazos de los servicios públicos prestados por empresas de sus socios y amigos, en niveles que decenas de miles de usuarios no pudieron afrontar; destruyó la producción y el empleo), empoderó a las fuerzas represivas como respuesta al conflicto social.

Una victoria en la derrota

En mayo de 2017 un acuerdo secreto del gobierno y la Iglesia Católica generó el fallo de la Corte Suprema de Justicia que aplicó la derogada ley del 2×1 a militares detenidos por Crímenes de Lesa Humanidad. La impactante reacción de la sociedad, convocada a manifestarse por los organismos defensores de los derechos humanos, forzó al Congreso a sancionar una ley interpretativa que la Corte usó para retractarse. En agosto, el Poder Ejecutivo ordenó invadir con fuerzas federales una comunidad mapuche de Chubut sin orden judicial. En la desbandada desapareció el artesano Santiago Maldonado, cuyo cuerpo sin vida apareció en el río 77 días después. En diciembre, Macrì y su ministra de Seguridad Patricia Bullrich recibieron y presentaron como ejemplo al policía Luis Chocobar, quien había matado de un disparo en la espalda a un joven desarmado que huía, luego de haber robado y herido con arma blanca a un turista estadounidense.

Ese fue el contexto de las elecciones legislativas de 2017. Cristina presentó su candidatura en la provincia de Buenos Aires por Unidad Ciudadana, la combinación electoral que propició desde los primeros meses del gobierno de Cambiemos, instando a unirse a todos quienes sufrían las consecuencias de la política oficial. Randazzo se negó en forma empecinada a cualquier acuerdo, incluso rechazó el ofrecimiento de CFK de encabezar la lista de diputados. A Cristina le faltó entonces un operador capaz de torcer una voluntad que no se sostenía más que en un capricho. Alberto era en ese momento el jefe de campaña de Randazzo, quien apenas llegó al 5% de los votos. Quienes lo acompañaron entonces entendieron el mensaje.

Cristina fue vencida por el ex ministro de Educación Esteban Bullrich, el dirigente de Cambiemos que postuló una educación para la incertidumbre (respecto del empleo y el ingreso de cada uno) y afirmó nada menos que en la casa de Anna Frank en Holanda que el nazismo “no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia”. Pero el 37% que la acompañó reordenó todas las piezas dentro del peronismo. No bastó para imponerse al gobierno de Cambiemos, que logró mejorar su representación legislativa, pero mostró que nadie estaba en condiciones de disputar con ella el liderazgo de la oposición.

Dos meses después de esas elecciones, la resistencia masiva a la reforma del sistema previsional (por primera vez con coordinación entre la movilización callejera y el recinto del Congreso) dio comienzo a la decadencia cambiemosa, que no pudo aprobar la reforma laboral. Un día después de que se votara el presupuesto 2018, el gobierno anunció en conferencia de prensa que duplicaba la previsión inflacionaria. Esto a su vez incidió para que los mercados voluntarios de deuda se cerraran al gobierno argentino y comenzara la corrida.

De ahí en adelante todo fue cuesta arriba para el gobierno. Pero sin la movilización social primero y la combinación electoral después, eso podría haberse agotado como en Chile, donde el repudio a las políticas del neoliberalismo no tiene expresión política. Con todas las diferencias que hay entre las sociedades a ambos lados de la Cordillera, como los respectivos movimientos de derechos humanos y la diferente profundidad de los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, no es aventurado decir que la democracia chilena está viviendo su 2001, es decir el repudio colectivo a las políticas seguidas por los gobiernos de los distintos partidos que sucedieron a la dictadura. Los doce años de gobierno del kirchnerismo; la disposición del peronismo a reunificarse frente al adversario común; el sindicalismo, que desde las bases resistió las políticas de despojo de derechos; los movimientos sociales que organizaron y canalizaron el descontento para que no se agotara en estallidos anárquicos; el movimiento de mujeres que se constituyó en una nueva actriz política, son algunos de los elementos a tener en cuenta. Y también la visión estratégica de Cristina, que desde el primer día promovió esa unidad, sin ambiciones personales, con una lucidez que reconfiguró la escena nacional en términos incontrolables para el gobierno.

La unidad y los riesgos

Alberto fue de los primeros en entender el significado de las elecciones bonaerenses y acercarse a Cristina. El acuñó la consigna Sin Cristina no se puede, sólo con Cristina no alcanza. Cuando la tarea de armado que emprendió junto con Máximo Kirchner estaba dando frutos y CFK ya acariciaba la victoria como candidata, sorprendió a propios y ajenos proponiendo que el candidato fuera Alberto. “Ganar sí gobernar es otra cosa”, le respondió ella. Esto favoreció la reunificación del peronismo e incluso el acercamiento de Massa, quien eludió así el triste final de Lavagna. Cada día que pasaba, Massa quedaba más relegado por la polarización. La presidencia de la Cámara de Diputados no es una mala recompensa por haber pegado el salto y ayudado a demostrar que el peronismo unido sigue siendo imbatible. Cristina exhortó anoche a preservar esa unidad. Massa estaba muy serio cuando Axel, Cristina y Alberto reiteraban los compromisos asumidos durante la campaña con los sectores desprotegidos por el macrismo. Mientras muchos especulan con una fisura entre Alberto y Cristina, que ambos niegan con igual énfasis, Massa apunta a ocupar posiciones en el gobierno vinculadas con la energía y las relaciones exteriores, que pueden constituir la primera contradicción seria al interior de la nueva coalición de gobierno.



viernes, 1 de noviembre de 2019


CLAVES PARA PENSAR LO QUE VIENE (y para no perder la oportunidad de construir)
(Por Ana Castellani, en “EL DESTAPE”)


Los resultados de las elecciones generales del último domingo confirman que en nuestro país aún sigue vigente un régimen particular de dominación política en el que dos bloques sociales de configuración diversa, que propician modelos socioeconómicos y culturales prácticamente opuestos, pugnan por convertirse en el actor central de un régimen estable y duradero. Un tipo de régimen de hegemonía escindida en el que dos proyectos de país, que hoy se expresan en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, disputan “la conducción moral de la sociedad”. Estos dos proyectos se fueron configurando desde 2008 en torno al clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo, condensando ahí ideas, creencias, valores y prácticas que recuperan tradiciones e identidades políticas previas, pero que fueron resignificadas a partir del llamado “conflicto con el campo”, delineando dos núcleos identitarios nuevos y distintivos.

Veamos cuáles son las características de cada uno de estos proyectos y los rasgos sociodemográficos de sus núcleos duros de adhesión:

En el caso del núcleo duro del actual oficialismo sabemos que está compuesto mayoritariamente por varones, mayores de 55 años, con estudios superiores, ubicados en niveles de ingreso medio-medio alto y alto de la pirámide social, residentes en CABA, zona norte del AMBA y zona central del país.

En términos identitarios se trata de un conglomerado heterogéneo donde conviven antiperonistas, liberales, radicales, socialistas, peronistas pero que tienen un denominador común: son profundamente antikirchneristas, con una valoración muy negativa de esos gobiernos y de sus dirigentes. En especial, de Cristina Fernández.

Este grupo detenta una doble distinción, moral y social. En términos morales se ufana de su superioridad ética e impugna a su adversario desde lo moral por considerarlo deshonesto (“no banco corruptos”, “se robaron un PBI”); y en términos sociales, defiende la desigualdad y el principio meritocrático de organización social (“no somos todos iguales”, “nos merecemos distintas cosas”).
El perfil sociodemográfico del otro núcleo es distinto; en su mayoría se trata de mujeres, jóvenes, con estudios básicos, pertenecientes a sectores medios bajos y bajos, residentes en Conurbano, Patagonia y NEA.

En términos identitarios vienen de tradición peronista y del centro izquierda. Creen en la solidaridad como principio de organización social, la igualdad como horizonte, la acción colectiva como herramienta de lucha social, reivindican la política como mecanismo de transformación, la defensa de la soberanía, y el rol activo del Estado en la economía. Valoran la experiencia de gobierno kirchnerista, con mayor o menor nivel de crítica, y tienen un compromiso militante fuerte.

Ahora bien, además de estos núcleos duros más definidos, existen “periferias blandas” que están integradas por votantes fluctuantes, más desafectados de la política, sin identificaciones partidarias sólidas, que reivindican su independencia para decidir en cada coyuntura a quién votar según un conjunto de razones que no derivan de una afinidad política definida sino de motivaciones instrumentales, valorativas y/o emocionales propias del momento. Opciones que se definen ante cada escenario electoral.

Vale aclarar que a pesar de definirse como apartidarios y de no involucrarse en la política, estos ciudadanos tienen un conjunto de ideas firmes sobre lo político, el país, la sociedad, los grupos que la integran, sus relaciones, etc. O sea tienen tanta ideología como cualquiera aunque no la reconozcan de manera explícita o consciente. En términos sociodemográficos sabemos que se trata mayoritariamente de mujeres, jóvenes, con estudios básicos, de sectores medios, medios bajos y bajos, residentes en zonas urbanas.

Realizan una clara distinción social entre el que trabaja y el que no. Entre el decente y el delincuente. Tienen expectativas típicas de sectores medios aunque objetivamente no lo sean: quiere ascender, estar mejor, creen que puede hacerlo a través del esfuerzo personal pero también necesitan “un Estado que los cuide”.

Para salir de la dinámica propia del régimen de hegemonía escindida, que no permite estabilizar un proyecto viable de país, necesitamos encontrar ciertas demandas transversales a los dos proyectos que puedan ser recuperadas y resignificadas desde el campo nacional y popular. De esta forma se podrá correr el clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo que galvaniza al núcleo duro de la futura oposición, permitiendo avanzar en un proceso de legitimación mucho más amplio que otorgue perdurabilidad a la orientación de las políticas públicas del futuro oficialismo. Sólo así se podrá iniciar un sendero de desarrollo inclusivo y sostenido. Para eso es importante entender algunas cosas: ni todos los votantes de Macri son “gorilas cipayos”, ni todos los votantes de Fernández están convencidos de que “la patria es el otro”. Es más complejo. Y a pesar de las heterogeneidades, hay algunas ideas y prácticas comunes que pueden ser recuperadas para tender los puentes necesarios.

El desafío del Frente de Todos como gobierno y como construcción política es enorme. Tanto a nivel de las dirigencias como de los militantes y adherentes. Básicamente podemos resumirla en cuatro puntos:

1. Sostener la unidad del espacio. Es una condición indispensable para poder crecer acumulando densidad política. La fragmentación derivada de la defensa de intereses particulares de corto plazo y de “la pureza ideológica” sólo favorecen el debilitamiento del proyecto. Esa unidad no implica unanimidad de ideas, ni consenso completo, ni dominio de una fracción sobre otra. Sencillamente reconoce la importancia crucial de cada una de las partes para sostener la unidad. Unidad necesaria para la continuidad y el fortalecimiento del proyecto de gobierno.

2. Gobernar de una forma innovadora. La eficiencia, la transparencia, la integridad, la coordinación estratégica y la articulación política tienen que ser los ejes rectores del nuevo equipo de gobierno. Tenemos la oportunidad histórica de hacer un gobierno distinto, no sólo en el contenido de las políticas públicas sino en la forma de implementarlas. Donde el cuidado de los recursos públicos sea el principio rector de cada acción gubernamental porque son necesarios para desarrollar el país. Donde se pueda comunicar a toda la ciudadanía cada una de las decisiones que se toman de forma clara y precisa. Donde la idoneidad profesional y moral sea la marca distintiva de aquellos que sean convocados para gestionar, formando equipos capaces de trabajar coordinadamente, teniendo en claro que la función pública es, antes que nada, servicio.

3. Desafiar el sentido común de manera efectiva. Esta tarea constante es clave para lograr mayores grados de legitimidad social. Poner a la dirigencia y a la militancia en modo persuasivo permanente para tensionar las ideas más naturalizadas y arraigadas en la ciudadanía. Partiendo desde la escucha para poder llegar a la resignificación que permita construir nuevos sentidos comunes. Dejando atrás definitivamente los discursos de odio. Con serenidad y humildad, sin caer en la soberbia o la descalificación del otro. Siempre buscando la empatía. No se convence a nadie desde la subestimación o el agravio. Y eso no implica perder firmeza en las convicciones. Es el tono que debería primar en los discursos públicos de los dirigentes pero sobre todo el que tiene que estar presente en cada barrio, club, lugar de trabajo, etc. “Estamos al lado del otro, no estamos arriba de nadie”.

4. Mantener una conducta ejemplar. Predicar con el ejemplo siempre. Si valoramos la unidad y creemos en la justicia social es necesario actuar con humildad, autocrítica y austeridad. Con propios y ajenos. Hay demandas que atraviesan horizontalmente a la ciudadanía. La honestidad de las dirigencias es una de ellas. Recuperar el valor de la palabra, cuidar los recursos y bienes públicos, ponernos al servicio del otro es crucial para dar señales claras de la dirección elegida. Para evitar procesos de desafección política que pueden llegar a habilitar salidas antisistema con el discurso de “todos son lo mismo”.

El Frente de Todos es una construcción política nueva. Incluye y recupera la experiencia kirchnerista pero a la vez, la excede. Y eso hay que demostrarlo en cada gesto, en cada palabra y en cada política del próximo gobierno. Porque la oportunidad de “volver mejores” se abre ahora y no hay que desperdiciarla.


miércoles, 30 de octubre de 2019


AUDITORIA DE LA OEA AL PROCESO ELECTORAL EN BOLIVIA
(Publicado en CUBADEBATE)


El canciller boliviano, Diego Pary, informó que la auditoría integral de la Organización de Estados Americanos (OEA) a las elecciones del pasado 20 de octubre se iniciará este jueves 31."Este proceso va a permitir resolver todas las dudas acerca del resultado del proceso electoral", aseguró.

Tras la lectura de los puntos del acuerdo entre el Gobierno boliviano y el organismo, Pary puntualizó que el resultado del informe de auditoría será VINCULANTE para las dos partes.
También subrayó que "el equipo de expertos entregará un informe con el resultado de la auditoría electoral, al secretario General OEA, que lo enviará al Gobierno de Bolivia por los canales diplomáticos correspondiente"

"Bolivia garantizará todas las facilidades para el cumplimiento adecuado de la auditoría al cómputo oficial de votos de las elecciones generales 2019", puntualizó el diplomático.
Además, el canciller reiteró la invitación a países de la región y extraregionales con el objetivo que puedan acompañar el proceso de la auditoría.

"Se ha invitado a España, México, Paraguay para que también puedan acompañar este proceso de auditoría electoral que está realizando el país", manifestó.

La auditoría de los resultados de las elecciones generales 2019 de Bolivia se va a llevar a cabo luego que observadores de la Unión Europea y la OEA realizaron una petición al Tribunal Supremo Electoral del país para constatar los resultados de los comicios que dieron como ganador a Evo Morales con 47 por ciento de los votos.



¿POR QUÉ EN CUBA NO HAY ESTALLIDOS SOCIALES?
(Por Iroel Sánchez, en su blog “La pupila Insomne”)

Una amiga brasileña que como periodista ha estado unos días en Cuba me comentaba su asombro acerca de cómo todos los cubanos con quien habló saben quién es Bolsonaro, quién es Dilma y quién es Lula, lo que no le sucedía en otros países latinoamericanos que había visitado recientemente.

El excepcional interés con el que los cubanos siguen los acontecimientos internacionales es algo muy particular que suele pasar inadvertido para quienes vivimos en la Isla. Ahora mismo, los estallidos sociales en Haití, Chile, Panamá y Ecuador, el conflicto de poderes en Perú, las interminables represiones y asesinatos de líderes sociales en Honduras y Colombia, la ingobernabilidad heredada que obliga al gobierno de México a liberar a un narcotraficante, la prisión injusta del líder de la izquierda brasileña para impedir su segura victoria electoral y las elecciones en Bolivia y Argentina, las agresiones constantes de Estados Unidos contra Venezuela, o el Ucraniagate en que anda sumido Donald Trump,  pueden ser tema de conversación en cualquier lugar de Cuba, desde una esquina donde se juega dominó a un aula universitaria.

Por supuesto, esas conversaciones no evaden las graves dificultades que atraviesa la economía cubana contra la que cada semana se dan a conocer nuevas sanciones del gobierno estadounidense, ni tampoco cualquiera de las deficiencias en los servicios con los que choca la ciudadanía, en los que el impacto del bloqueo económico se puede mezclar con la desidia burocrática y provocar molestias e insatisfacciones  injustificadas. Sin embargo, esa mezcla de guerra económica con insuficiencias internas no provoca estallidos sociales y cuando el sistema -socialismo de Partido único- se ha sometido a la prueba de las urnas, como en el reciente referendo constitucional, a pesar de la intensa propaganda contra el proceso a la que cada año Estados Unidos destina decenas de millones de dólares y una bien financiada “Cuba Internet Task Force”, los resultados le son aplastatantemente favorables a la dirección revolucionaria que Washington lleva seis décadas tratando de derribar.

La explicación de la maquinaria mediática dominante es que la mezcla de la “intensa represión del régimen” y el “relajo cubano” impiden un estallido. Pero en la historia de Cuba -de la reconcentración de Weyler a la dictadura de Batista, pasando por la de Machado- ningún régimen basado en la represión logró permanecer por tiempo prolongado al frente del país, a pesar de un “relajo” en el que la corrupción era la dinámica de funcionamiento de la política y la economía a todos los niveles.

Por el contrario, si en vez de en febrero, la consulta electoral se efectuara ahora, en medio de un bloqueo recrudecido, el por ciento de aprobación superaría con creces los obtenidos entonces, y eso sería fruto, sin dudas, de la combinación de tres factores coyunturales y dos estructurales.

Coyunturales:

.El recrudecimiento de la agresividad del gobierno estadounidense fortalece el sentimiento patriótico y la unidad nacional.

Eficacia política del gobierno cubano, explicando de modo convincente la relación de las escaceses con el incremento de la agresión y el modo en que la estrategia para enfrentar las sanciones estadounidenses busca aminorar su impacto en la vida cotidiana del pueblo.

Situación internacional con visible fracaso de las políticas neoliberales y descrédito de las fórmulas de la democracia burguesa.

Estructurales:

Cultura política masiva entre los cubanos, asentada durante 60 años por la pedagogía de Fidel Castro, acerca de la naturaleza del imperialismo y del proyecto de justicia social y soberanía nacional de la Revolución.

Vínculo la dirección revolucionaria con el pueblo, renovado por el gobierno de Miguel Díaz Canel, que ha reforzado la pecepción de que el gobierno escucha al pueblo y trabaja para él.

Ningún país latinoamericano de los que ahora mismo reprime con disparos y gases la protesta social y/o viola  abiertamente las reglas de la democracia formal que ellos mismos defienden ha sido sometido a la guerra económica, al financiamiento multimillonario para crear una oposición artificial y mucho menos al linchamiento mediático y académico global  permanente hacia sus líderes y su proyecto político y social.

Pero a pesar de todo eso hay que reconocer que hay gente insatisfecha en Cuba y muchos de esos insatisfechos se van a Miami. La acumulación de casi seis décadas de privilegios migratorios junto al desarrollo de capacidades educativas y el estado de salud propiciados por el socialismo cubano les hacen muy competitivos con respecto al resto de las comunidades no nativas, pero no los convierten en más libres: Más de un millón de cubanos en Estados Unidos sufren graves limitaciones para relacionarse con sus familias en Cuba gracias a las medidas de Trump, sin embargo no hay noticias de que eso provoque protestas allí. Tampoco leemos en ninguna parte que esa ausencia pública de desacuerdo se atribuya a la corrupción y las prácticas represivas nada democráticas  que la clase dominante en la Isla hasta 1959 parece haber implantado en Miami durante su ya larga permanencia en esa ciudad, sin desdeñar el ejemplo edificante que le ha ofrecido un sistema que hoy pone a competir  en corrupciones a Donald Trump y Joe Biden.


...El problema será siempre sembrar amor


lunes, 28 de octubre de 2019


¿QUIÉN GANO?


Hay algo en medio de todo esto que se llama elección en un país capitalista que tengo claro, estoy en contra de políticas NEOLIBERALES, un poco por mi formación ideológica, otro poco porque solo hay que observar la realidad para demostrar lo que dichas políticas le hacen a la gente de a pie.

Los que ganaron en la Argentina este fin de semana, no bajaron de la Sierra Maestra, ni Asaltaron al Palacio de Invierno, no llevan la hoz y el martillo como estandarte, pero hicieron su cometido, sacar al menos por los próximos cuatro años y espero que por muchos más un modelo económico que atrasa socialmente y lleva consigo intrínsecamente mucha desigualdad.

El país se queda dividido como en el 2015, y son las reglas del juego “democrático” en esta parte del Mundo (a no deslumbrarse con tantas guirnaldas en la marquesina), solo que ahora le toco a la otra parte del pastel ser gobierno, 12.3 millones de Argentinos del lado ganador, 10.4 millones del otro, la diferencia un poco más (tres veces mas como mínimo) que la vez pasada cuando Macri gano con 670 000 votos por encima de su contrincante, tampoco es para tirar manteca al techo, hay que consensuar tratando de tener en el centro de las políticas públicas al ciudadano común, los ricos no necesitan del Estado (salvo para sus negociados y llenarse sus bolsillos a costa de él), el resto de los indefensos argentinos si, aquí en estos últimos debe estar puesta la mirada, sobre todo en la pobreza y la indigencia que duele y mucho.

El trabajo dignifica, los laburantes dan de comer y restablecen sus fuerzas si tienen trabajo y pueden comprar alimentos. Hay 2.1 millones desocupados, cifra record desde 2006, a esos hay que atender, logrando que las fabricas vuelvan a producir. Hay 4.8 millones de trabajadores en relación de dependencia en la informalidad, por utilizar esa fuerza, el empresariado no paga nada al estado, además que ellos mismo no cuentan con todas sus necesidades de cobertura médica y previsional garantizada, a esos hay que atender. Las políticas económicas de Macri llevaron a una caída abismal del salario real de la gente, lo que explica que el 35.4% de la población en la Argentina está por debajo de la línea de pobreza, y más aun lastimoso es el hecho que el 50% de la niñez y la juventud es pobre, a esos el Estado debe prestar especial atención.

No se trata del color político de la gente que gano este domingo, se trata del modelo económico aplicar, con que hagan una pequeña parte de lo que prometieron guiados por políticas económicas y sociales que traiga alivio,  tranquilidad a las familias argentinas y se emprenda de nuevo el camino del desarrollo social, económico y científico, no solo mantendran adeptos entre ese 48% que les dio su voto, sino que cosecharan agradecimiento a la larga de toda la sociedad.

Al final no es que ganan los que llegan al poder, ellos deberían sentirse solo el vehículo para que ganemos todos los argentinos, la historia demuestra con convincente énfasis que la silla los embelesa en el mejor de los casos, o los hace muy ladinos para sus propios intereses.

viernes, 25 de octubre de 2019


…Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario
Con el las palabras que pienso y declaro
Madre, amigo, hermano y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando






ELECCIONES 2019
Diez Nuevas Razones para Votar por el Frente de Todos
(Por Daniel Arroyo, en “El Destape”)




En estos cuatro años, la presidencia de Mauricio Macri desmanteló el mercado interno y dejó en la banquina a una gran mayoría de los argentinos. El desempleo volvió a estar arriba del 10%, afectando especialmente a los jóvenes. Más de la mitad de la niñez hoy es pobre. Por eso, este domingo no es una elección más: se pone en juego qué Argentina queremos para las próximas décadas. Aquí los motivos para votar por la fórmula encabezada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

1.- El gobierno de Cambiemos cruzó una línea que desde hacía décadas no se traspasaba en la Argentina: son muchas y muchos los que sufren el hambre. Hay más de 15 millones de personas con problemas de inseguridad alimentaria. Alberto Fernández se puso a la cabeza del Plan Argentina Contra el Hambre, una política de Estado que convoca a todos los actores productivos, sociales, sindicales, eclesiales y académicos para garantizar que los alimentos de la canasta básica lleguen a la mesa de cada familia.

2.- Uno de cada dos niñas y niños es pobre. El hambre y la malnutrición están generando que nuestros pibes tengan problemas desde el arranque en su desarrollo como personas. Pondremos en marcha una red de promotores comunitarios para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional, y facilitar la articulación de las políticas alimentarias con las políticas sanitarias y educativas.

3.- Hay dos índices que miro con atención mes a mes. Uno es el consumo de leche, que no para de caer y muestra la grave situación de la niñez. El otro indicador es el desempleo en los jóvenes, que hoy afecta a casi un 30%. Y esa tasa es aún más alta en las mujeres jóvenes. Avanzaremos en el derecho al primer empleo joven, impulsando la formación laboral y estableciendo exenciones impositivas a las empresas que generen empleos formales para los jóvenes.

4.- Un eje clave de lo que viene son las políticas de cuidado de nuestros adultos mayores y de las niñas y niños. Para avanzar en esa línea, es fundamental también cuidar a quienes cuidan, garantizando ingresos y condiciones laborales dignas.

5.- No hay un problema de “cultura del trabajo”: hay un problema de falta de oportunidades laborales en condiciones dignas. Queremos crear un modelo de “empalme” entre planes sociales y trabajo, facilitando que todos puedan insertarse en el mundo laboral y cobrar por su trabajo, conviviendo con ambos sistemas durante dos años. Debe complementarse con una red de tutores y de capacitación permanente.

6.- Los movimientos sociales son parte de la solución. Hoy le ponen el cuerpo y la cabeza a la crisis, armando redes de solidaridad en cada barrio, multiplicando lo poco que hay en merenderos y comedores. Tenemos que potenciar su trabajo, con un fuerte apoyo de la economía popular y la agricultura familiar, encarando proyectos productivos y generando centros culturales, deportivos y de atención primaria de la salud.

7.- Los argentinos sufrimos un endeudamiento de doble vía. A nivel macro, por el incremento de la deuda externa que generaron las políticas económicas del macrismo. A nivel micro, las economías familiares también se encuentran asfixiadas por el sobreendeudamiento, a tasas usurarias y en algunos casos con esquemas de devoluciones diarias. Generaremos un sistema de acceso al crédito no bancario, con tasas bajas, que lleve aire a las familias.

8.- El gobierno desfinanció la ciencia y tecnología. Vamos a convocar a todas las universidades y centros de estudios a participar del Observatorio Nacional Argentina Contra el Hambre. Necesitamos investigadores y científicos comprometidos con la calidad alimentaria y nutricional; que pongan su inteligencia y su energía en el desarrollo de tecnología aplicada para impulsar la economía social y solidaria.

9.- La reconstrucción se va a dar de abajo hacia arriba. Alberto Fernández nos convoca a diseñar otra Argentina, realmente federal, “para que cada punto del país pueda organizar su progreso y su desarrollo”. Vamos a trabajar codo a codo con cada gobernador y cada intendente, que son los que mejor conocen los problemas y la potencia de cada territorio.

10.- Macri deja una verdadera catástrofe social. La vasta mayoría de los actores productivos y sociales ha sufrido una caída muy dura en estos años. Es el tiempo de reconstruir mecanismos colectivos de movilidad social. Alberto y Cristina generan una nueva esperanza. Ahora necesitamos de las energías de todas y todos para generar un nuevo contrato social que ponga a la Argentina de pie. Y ese es el camino que vamos a recorrer a partir del 10 de diciembre.



martes, 22 de octubre de 2019


SE AGUANTO BASTANTE


Latinoamérica está en llamas, literalmente, la burguesía entreguista y prebendaría  tendrá que hacer algo más que no sea, que de la copa de champagne caigan algunas gotas sobre el mantel de las sobras. Hoy casualmente se escucho de la “primera dama” de Chile algo que confirma mi apreciación,vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”, pero esto no bastará. Chile supuestamente era paradigma del triunfo del neoliberalismo, que la derecha burguesa del continente exhibía de ejemplo exitoso. Claro, la Macroeconomía exponía números interesantes, pero de desarrollo social nada, una educación y una salud pública privada con costos cada vez más elevado, un transporte público que hacia consumir el 30% de los salarios promedios de los trabajadores chilenos que están por debajo de los 550 dólares mensuales, unos pensionados en la miseria, la jubilación mínima en Chile es de 320 dólares sin embargo 1 millón de ese 1.5 millones de jubilados recibe 228 dólares por mes. Para que se tenga una idea, alquilar una habitación en Chile puede salir 285 dólares por mes, comer adecuadamente durante 30 días puede salir 142 dólares, está comprobado que los pensionados en Chile dedican el 60% de sus ingresos a medicamentos y calefacción. El desempleo en Chile en los últimos 4 años venia subiendo año a año, con cifras alarmante en cuanto a el desempleo en jóvenes por debajo de los 24 años, la cifra actual es de 25%, y el desempleo general es del 7.1%.

La sola suba del transporte público no justifica semejante rebeldía chilena, que ya había aguantado estoicamente la suba de la electricidad en enero de este año en un 10%, pero si solo se reciben las gotas sobre el mantel de las sobras, es posible que la ultima suba del gobierno del derechista Piñera haya sido la que rebaso no la copa sino el vaso de los obreros y los estudiantes que solo lleva miseria.

No me preocupa lo que está sucediendo en Chile, en Ecuador y en otras tierras de este maravillosos continente, al final los pueblos se cansan de tanta explotación y que no cumplan ni con las cosas más elementales como puede ser la educación, la salud, la jubilación digna, lo que me preocupa es que la derecha en su retirada instale en el continente que solo ellos son la Democracia, sus medios hegemónicos ya reparten pancartas a diestra y siniestra (sobre todo contra esta ultima) y algún que otro “despistao” compra su discurso, cuando en verdad democracia seria no repartir las migas que se caen de su pan tan enorme, sino tener derechos a vivir una vida sana, digna y feliz, algo que como van los tantos y las rebeldías continentales, están cada vez ellos mas lejos de proporcionar.







...Así, los poetas, duran un rato
y se callan:
Nada siempre procede
de nada.
(Jack Kerouac, “Rimbaud”)

(Jose Luis Fariñas)

AMO SUS TETAS AZULES

Amo a una mujer grande
con largas antenas
de caracol
sus tetas son azules
su boca imantada
por el Sol
Me lleva en un dos por tres
vive sin velocímetro
de a pie
a mí me parece un rayo
en una hora a Camagüey en tren
Hay días que llora
en un párate
de café con leche en la mañana
entonces veo su universo
casi un Big Bang de la nada
Amo a una mujer de circo
que su onda es hacer reír
al payaso
yo me anoto en sus funciones
dejando de lado
mi hartazgo
Que mujer increíble
que barbuda sin serlo
se lleva las miradas
cuando va columpiando
su talle
Ayer me hice su historia
dejando pasmada
mi entraña
lleva ríos, placeres, infortunios
que hacen su espalda
alada
Amo a una mujer grande
con largas antenas
de caracol
sus tetas son azules
su boca imantada
por el Sol


lunes, 21 de octubre de 2019


EL DEDO DE ALBERTO
(Por Ricardo Aronskind, en el blog “El COHETE A LA LUNA”)


La ofensiva que lanzó el propio Mauricio Macri desde su estrado en el “debate” presidencial del domingo pasado no fue espontánea, ni menos aún vinculada a la disputa electoral coyuntural.

La partitura fue escrita hace rato, pero ha sido necesario remozarla debido al cambio dramático que introdujo Cristina Fernández cuando anunció el lanzamiento de la candidatura presidencial de Alberto Fernández.

La partitura sostiene que el kirchnerismo es autoritario, antirrepublicano, peligroso para la libertad y la propiedad y filo-chavista. Y chorro, para la gente menos ideologizada.

Poco de todo eso se ha verificado en la realidad, pero sabemos que la comprobación empírica no tiene importancia alguna en el discurso de la derecha.
El discurso les es útil como herramienta política en la lucha por el poder, y si sirve, sirve.

La caracterización del peligro kirchnerista fue trabajada durante más de una década por toda la cadena de medios de la derecha argentina y logró cierta implantación, en base a machaque incesante y sistemático y a la ostensible debilidad de los medios alternativos de difusión en el contexto de una falta de estrategia contrahegemónica.

Al desplazarse Cristina de una eventual candidatura presidencial, la gigantesca artillería montada durante infinitas horas televisivas y kilómetros interminables de notas, tapas y editoriales, además de febriles actividades literarias en ciertos juzgados, corrió repentinamente peligro de obsolescencia. El tipo de ataque estaba diseñado en función de la ex Presidente, cabeza clara de un espacio opositor nítido e irreductible.

La elección de Alberto Fernández tuvo una efectividad política extraordinaria, ya que permitió reunificar varios espacios peronistas alejados, establecer puentes con público independiente, acercar a sectores empresarios no tan ideologizados por el antikirchnerismo y rearmar una importante mayoría electoral a partir de ser capaces de canalizar el malestar poblacional, como se mostró en las PASO.
A pesar del vaciamiento que viene sufriendo la idea democrática en el mundo y en nuestro país, todavía las elecciones juegan un significativo papel en la designación de los representantes de las mayorías. (Aun cuando existen una cantidad de mecanismos previos de selección de partidos y candidatxs que tienden a reasegurar el orden dominante.)

Cristina, por la índole de sus convicciones y su dignidad personal, ha concitado un rechazo rayano con el paroxismo en las fracciones más extremistas de las clases dominantes locales y en los principales centros de poder occidentales, que prefieren políticos y Presidentes fiables, colonizados por la ideología de la globalización. Son esos sectores extremistas los que han acuñado la versión del kirchnerismo chavista, los que han alucinado milicias de La Cámpora, los que fabularon amenazas a la libertad de prensa y peligros inminentes de expropiaciones generalizadas. Mediante el aparato comunicacional que les pertenece, lograron implantar en sectores sociales subordinados el peregrino “recuerdo” de que se vivió con miedo en el período kirchnerista y que a ese “pasado negro” no se debe volver.
La irrupción de Alberto Fernández provocó desconcierto en ese decorado de ideas al gusto de la parte más retrógrada del poder local. Pero también generó en círculos empresariales dejados de lado por el macrismo expectativas de un mayor acceso a las futuras autoridades peronistas. En muchos anti-k, se multiplican las suspicacias en relación a la articulación política Alberto-Cristina.
El domingo del primer debate presidencial se develó cómo se reconfigura el discurso de la derecha local, no sólo para asustar independientes en el tiempo que resta hasta los comicios, sino para empezar a tratar con el enigma Alberto.


El índice del autoritarismo

Pongamos brevemente la campaña electoral en su contexto económico social. El cuadro es tan calamitoso que el registro de 5,9% de inflación mensual pasa casi desapercibido y una caída de la Bolsa del 5% en un día no sorprende a nadie.

No fue producto de una guerra ni de un cataclismo, sino de pésimas políticas aplicadas por la actual gestión. El país aparece fuertemente endeudado, con un Estado severamente comprometido en sus finanzas y sin ningún horizonte alentador. Es un país descerebrado, flotando en el mar embravecido de la globalización, con un gobierno que festeja este hecho y ofrece su territorio a los capitales del mundo que quieran depredarlo.

Si en esas condiciones objetivas cualquier candidato/a que se llame opositor no va a manifestar su malestar, su discrepancia, o el repudio que millones de argentinxs sienten por este cuadro de situación, debería retirarse de la política y dedicarse a otras actividades que no requieran capacidades mínimas para la confrontación.

¿Cómo no va a levantar la voz, enojarse, esgrimir argumentos y señalar responsabilidades un candidato opositor? La acusación de intolerancia, autoritarismo y otros epítetos por parte de Macri y el coro a su servicio, es sólo la bandera de largada de una campaña que se podría titular: “Alberto es tan confrontativo, peligroso y extremista como Cristina, hasta que no nos demuestre lo contrario”.

Hay que decir que todas las democracias occidentales en los últimos 40 años han hecho un culto de la moderación… de los izquierdistas. Una vez realizadas las reformas neoliberales en todos los escenarios políticos, se desató una campaña educativa para que todos los que formaron parte de cualquier sistema político partidario se comportaran “moderadamente”, respetando las reglas e instituciones destinadas a preservar el orden neoliberal.

El culto del político anodino, que no dice nada porque no se anima o porque ya no sabe qué podría decir, se transformó en una cultura política a reproducir e imitar, sinónimo de conducta cívica correcta.

Esta fue la tendencia global, que ahora se está destruyendo porque el líder de la principal potencia mundial la está demoliendo en base a tweets e improperios.
Pero en el caso argentino tenemos un matiz adicional: se pide respeto y moderación republicana frente a un modelo económico y social ruinoso para la mayoría de lxs argentinxs, pero además económicamente inviable. Según el enfoque que difunden los principales medios, no habría razón alguna para indignarse, ni por el tremendo fracaso económico, ni por el desastre social, por el pisoteo de la justicia y la existencia de presos políticos o por los mega-negociados gubernamentales.

Ni levantar la voz, ni levantar el dedo, que no es para tanto. Como diría el Querido Rey: “Tu te callas”.


Lo importante es la inhibición

El mensaje es: los únicos que tienen derecho a la indignación son quienes consideran que sus rentas, sus propiedades o sus dólares, así como las vías para poder extraerlos del país, están amenazados. Fuera de eso lo que corresponde es la moderación republicana.

Para nuestros políticos, especialmente para los que asumirán el 10 de diciembre, el mensaje es: habrá tolerancia cero a cualquier cosa que suene a discurso destemplado, a política pública “agresiva” o que desafine con la melodía conservadora dominante. Habrá que mantener y respetar los “logros” de la gestión macrista en cuanto a nuevas rentas generadas desde el Estado, a la nueva distribución del ingreso. A partir de eso, que los peronistas vean cómo se las arreglan para contener las expectativas sociales.

Se recicla el discurso de la furia anticristinista y se lo redirecciona como amenaza hacia Alberto. En principio, la meta del establishment sería alfonsinizarlo: un político con buenas intenciones y que comienza con mucha adhesión popular, al que se le aclara muy bien cuáles son los límites que debe respetar, y al que se va despojando sucesivamente de instrumentos de control económico, hasta que el desgaste político y la incitación mediática hagan lo suyo.

Cuando se le ocurra reducir alguna renta, eliminar algún privilegio, recortar algún abuso, regular algún mercado importante o volver algún precio a la racionalidad, se lo atacará como chavista y títere de la extremista de Cristina. En cambio se lo acompañaría si decidiera desprenderse de la Yegua y emprender el brillante y luminoso camino que ya está recorriendo Lenin Moreno en Ecuador, que ha logrado descender al 5% de adhesión pública pero recibe gran cariño de la elite ecuatoriana y sus medios de difusión.


Todos piden, nadie pone

Salvo una parte de los votantes de Cambiemos –un fenómeno sociológico aparte—, todos saben cómo terminan las elecciones del próximo domingo. Y de hecho se están realizando preparativos en ese sentido.

Desde el espacio del Frente de Todos se insiste con la necesidad de un pacto social, de un acuerdo real y sostenible con los principales actores económicos y gremiales para garantizar la viabilidad económica y política del gobierno de Alberto Fernández en el difícil tramo inicial.

El escenario es sumamente complejo. Un punto central a despejar es cómo se resolverá el manejo de los impagables compromisos externos que deja el macrismo.

Al mismo tiempo se requiere relanzar la producción y poner un énfasis mayor que en el gobierno de Cristina en las posibilidades exportadoras de todas las actividades locales.

La delicadísima situación presupuestaria obligará a un muy preciso manejo de recursos y gastos: no habrá margen fiscal para rescates masivos y menos a empresarios prebendarios.

Pero lo notable son las declaraciones que hacen quienes han sido los impulsores y sostenedores de la gestión macrista, los mismos que deberán ser los participantes necesarios del pacto social, que de ser exitoso debería desembocar en una nueva etapa de crecimiento sostenible de la economía nacional y de recomposición del golpeado tejido social.

Por ahora, los empresarios se aprestan a contribuir al próximo gobierno con nuevas demandas.

La Unión Industrial reclamó recientemente la reducción de una serie de impuestos que afectan a la actividad, en nombre de la competitividad externa. Parece llegada la hora de que el Estado Nacional abandone su rol de dador bobo y comience a exigir compromisos concretos y verificables, a cambio de concesiones a cualquier sector.

Claudio Cesario, de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA), se mostró esperanzado que la renegociación de la deuda se haga respetando al máximo los compromisos fabricados por el macrismo: «No creo que sea necesario una reestructuración de la deuda externa agresiva en términos de quita de capital e intereses». Es notable lo distorsionado que está el debate público en Argentina. Todo actor de la escena nacional debería bregar, aunque sea formalmente, por el mayor alivio financiero posible para el Estado y nuestra población. Sin embargo, aquí se expresa públicamente la solidaridad con la sensible piel de los acreedores externos.

En tanto, ABA emitió un documento reclamando un “fuerte compromiso con el equilibrio fiscal” del próximo gobierno. No se está refiriendo a ser más eficiente en términos recaudatorios, sino en ser más estricto que el macrismo en recortar el gasto público… en un contexto de derrumbe económico. El resultado de la simpática recomendación de ABA sería sumir en la impotencia al próximo gobierno y llevarlo a defraudar las enormes expectativas existentes de alivio social.

A su vez, ABA, el Foro de Convergencia Empresaria, el Club Político Argentino y el Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (IDEA) reclamaron garantizar la estabilidad de los funcionarios en 12 organismos públicos, entre ellos el Banco Central, la AFIP, el ANSES… Es decir, se reunieron varios de los más importantes apoyos empresariales y políticos de la actual gestión (calamitosa) a reclamar la continuidad de los funcionarios designados por… la gestión calamitosa. Entre los funcionarios de los cuales se solicita su permanencia aparece, increíblemente, la militante macrista Laura Alonso, especializada en no investigar la corrupción y perseguir al kirchnerismo.

Según Ámbito Financiero, esta iniciativa fue elaborada luego de las PASO debido a que “el temor y la casi certeza de que el Frente de Todos gane las elecciones por un amplio margen aceleró la preocupación empresarial por garantizar la profesionalidad de algunos organismos clave”.

Ahora llaman profesionalidad a la ocupación del Estado por los CEOs y sus empleados, con los resultados que están a la vista.


Prolegómenos

El comportamiento de los actores, sus declaraciones y exigencias —previsibles, por otra parte—, obligan a tener muy claras las prioridades y el árbol de decisiones en el próximo gobierno.

Ha fracasado un sector social, el más poderoso económicamente del país, que impulsó un programa económico que trajo estas consecuencias. Ahora pretende no sólo desconocer su paternidad sobre el macrismo, su grave responsabilidad social, sino ir asentando en principio una tutela sobre el gobierno entrante, para reducir al mínimo su capacidad de acción.

Es cierto que socialmente aún no se ha visualizado con claridad la estrecha relación entre el poder económico concentrado y el gobierno de Cambiemos, pero tampoco se debe actuar como si estuviera vigente la versión de la realidad acuñada en el punto cúlmine de la hegemonía macrista, incluidos sus anatemas, sus denuestos y sus grandes hits publicitarios.

La crisis es una ocasión para la disputa de conceptos y de sentidos políticos.

La agitación del fantasma del autoritarismo, valor que no le preocupa en absoluto al aparato comunicacional de la derecha, apunta a inhibir políticamente a la futura gestión peronista.

La confusión que se pretende instalar debe ser decididamente rechazada y refutada.

Autoritarios son los que pretenden, con o sin votos, imponer sus criterios a la sociedad.

El próximo gobierno popular no podrá cumplir sus objetivos si no despliega, desde el primer día, una lectura diferente del país y de sus prioridades, y si no demuestra que está dispuesto a ejercer, con toda convicción, la legítima autoridad política que le va a conferir la mayoría nacional.