ASEDIO
MEDIEVAL
(Por Rosa
Miriam Elizalde)
La idea de un asedio medieval contra Cuba ha
dejado de ser una metáfora. Describe una realidad material que se vive
cotidianamente y ya tiene expresiones dramáticas con niños que mueren al nacer,
alimentos que no llegan y contenedores de ayuda humanitaria detenidos porque no
hay combustible ni transporte ni capacidad logística. Un estudio del Center for
Economic and Policy Research (CEPR) estima que la mortalidad infantil en Cuba pasó de 4 por cada mil nacidos
vivos en 2018 a 9.9 en 2025, un aumento de 148 por ciento.
El mismo informe calcula que, si la tasa se
hubiera mantenido en los niveles previos, alrededor de mil 800 bebés no habrían
muerto. Cubadebate publicó, por su lado, una radiografía demoledora
del impacto actual del bloqueo estadunidense. Según sus datos, mil 400 megavatios de generación eléctrica
distribuida no pueden utilizarse porque Cuba no logra adquirir el diésel y el
fueloil necesarios para grupos electrógenos, motores y patanas generadoras.
No es una cifra menor: equivale a casi la mitad
de la demanda eléctrica nacional en horario pico y a cerca de cinco
termoeléctricas Antonio Guiteras (la mayor de la isla) funcionando al mismo
tiempo. El resultado de su ausencia es conocido por cualquier familia cubana:
más de 20 horas, en promedio, de apagones diarios con efectos directos sobre la
cocción de alimentos, el bombeo de agua, la conservación de medicinas, las
comunicaciones y el funcionamiento básico del país. La salud pública cubana, durante décadas
reconocida por sus indicadores de primer mundo, está siendo empujada a una
situación desesperada.
La supervivencia de niños con cáncer ha
descendido a 65 por ciento, frente a un 85 por ciento registrado antes del
recrudecimiento del bloqueo energético. Más de 100 mil personas esperan
cirugías electivas o reconstructivas, entre ellas 5 mil 152 pacientes
oncológicos y unos 12 mil niños. También se describe el deterioro en la
atención a 2.8 pacientes que dependen de hemodiálisis, un tratamiento que exige
agua, electricidad, insumos y equipamiento especializado. La agresión se
expresa también en los medicamentos.
De los 395 fármacos que Cuba produce dentro de
su cuadro básico de salud, 300 están en falta por dificultades para acceder a
materias primas e insumos farmacéuticos. El asedio medieval no sólo impide
importar productos terminados; también asfixia la producción nacional. Lo mismo
ocurre con pruebas diagnósticas esenciales, incluidas las que se utilizan para
la detección precoz del cáncer. El cerco también llega a los alimentos. Más de 100 mil niños no reciben diariamente
el litro de leche subsidiado por el Estado, principalmente por la falta
de combustible para transportarla hacia las ciudades.
Las dificultades
para comprar trigo han dejado al país con apenas la mitad de la harina
necesaria, mientras el pan racionado, que aún se entrega milagrosamente a cada familia,
ha bajado de 80 a 60 gramos. No es una presión contra una “élite”, como dice el
sicópata secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, obsesionado con Cuba,
sino contra la mesa familiar. Incluso la ayuda humanitaria queda atrapada
dentro del mismo mecanismo de asfixia. Según los datos de Cubadebate, 170
contenedores de productos esenciales, valorados en 6.3 millones de dólares, no
han podido ser repartidos por falta de combustible.
El Programa Mundial de Alimentos mantiene 11
mil toneladas de alimentos básicos en almacenes cubanos, pero se distribuyen a
un ritmo mucho más lento del necesario. La Unicef y el PNUD también han
informado de contenedores en puertos cubanos cuya extracción avanza con enorme
lentitud. El alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk,
dijo esta semana, literalmente, que “Cuba se está ahogando”. El caso cubano muestra una forma moderna de
guerra sin bombardeos masivos, pero con consecuencias igualmente devastadoras
sobre la población civil.
No hace falta cercar una ciudad con murallas y
catapultas cuando se puede impedir que entren combustible, piezas de repuesto,
medicinas, materias primas, pagos bancarios o donaciones. El asedio
contemporáneo se ejecuta con bancos, aseguradoras, navieras, listas negras,
amenazas regulatorias y sanciones extraterritoriales. Por tanto, la pregunta central no es si Cuba tiene
dificultades internas, errores propios o problemas de gestión.
El asunto es si alguna nación puede garantizar
condiciones normales de vida en esta atmósfera medieval en que se intenta por
todas las vías la destrucción implacable de un pueblo. Destrucción silenciosa,
además, porque éste es el mundo de Canudos, la comunidad acorralada que
describe Mario Vargas Llosa en La guerra del fin del mundo, donde “es más fácil
imaginar la muerte de una persona que la de cien o mil. Multiplicado,
el sufrimiento se vuelve abstracto”.
