Viaje a la Luna
Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.
QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR
miércoles, 1 de julio de 2015
lunes, 29 de junio de 2015
MARIO CONDE, el policía más famoso de la literatura cubana, salta al cine
( por Alejandro Ernesto EFE, sacado del elnuevoherald.com)
Mario Conde, el popular personaje del escritor Leonardo Padura, dará el salto al cine con una película y una miniserie televisiva que se rueda actualmente en La Habana bajo la dirección del español Félix Viscarret y con Jorge Perugorría en la piel del policía más famoso de la literatura cubana.
El desencantado investigador con vocación de escritor con el que Padura, galardonado recientemente con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, construyó todo un retrato de la Cuba contemporánea ya está tomando forma cinematográfica en la primera adaptación de las novelas de la “saga Conde”, en concreto las cuatro primeras: “Pasado Perfecto”, “Vientos de Cuaresma”, “Máscaras” y “Paisaje de Otoño”.
“Es una adaptación de la novela ‘Vientos de Cuaresma' y luego esa película continúa adaptando las otras tres novelas que conforman la tetralogía de ‘Las Cuatro Estaciones’. Será una película para cine a la que se le sumarán otros tres episodios más para televisión”, explicó a Efe Félix Viscarret durante una de las sesiones del rodaje, que comenzó hace varias semanas en La Habana.
Un proyecto que Viscarret asume como “un honor” y “una tremenda responsabilidad” pero que ante todo “es un regalo para un director”: “Hacer un ‘noir' (cine negro) en La Habana con todo lo que tiene esta ciudad de riquezas de matices, misterios, contradicciones, niveles ocultos, callejones poco iluminados, coches antiguos… ¿Hay algo más apetecible y fascinante que llevar eso al cine?”.
El director de “Bajo las estrellas” se declara un enamorado de la literatura de Padura y en especial de su personaje Mario Conde al que define como “un antihéroe”.
“A mi me enamora Conde porque es un perdedor, porque es amigo de sus amigos, es enamoradizo, irónico, sabe conectar con el pueblo de forma rápida, tiene sentido del humor, instinto, inteligencia. Por el talento especial que tiene, muy a su pesar. Diría que es alguien que tiene un don aunque quizás preferiría no tenerlo”, señaló el realizador.
Con el salto de Mario Conde al celuloide, el actor Jorge Perugorría, la cara más internacional del cine cubano, también cumple el sueño de encarnar a “uno de los personajes más importantes de la literatura contemporánea cubana”, en un papel “fascinante, lleno de complejidad y matices”.
“Es una responsabilidad muy grande porque todo el mundo tiene un Mario Conde en la cabeza cuando uno se lee las novelas de Padura. Cada cual se imagina un Mario Conde diferente y es siempre es un reto”, dijo a Efe Perugorría durante el rodaje en un caserón del habanero barrio de Víbora que se ha ambientado como la vivienda del policía de Padura.
Perugorría — que saltó a la fama internacional por su papel protagonista en la “Fresa y Chocolate”— se siente en cierto modo identificado con Conde, un personaje que “representa y evoca” una generación de cubanos “nacida y criada con la Revolución, con sueños cumplidos y otros sin cumplir, con unas vivencias muy particulares y colectivas que tuvieron como generación”.
En “Vientos de Cuaresma”, Perugorría o “Pichi”, como le conoce todo el mundo en Cuba, comparte reparto con la actriz colombiana Juana Acosta, quien da vida a Karina, una bella y enigmática ingeniera con vocación de saxofonista que se cruza como un “torbellino” en la vida de Mario Conde, con quien tiene una historia de amor.
Dos personajes que “se unen en los sueños rotos, en esos sueños no cumplidos, en ese dedicarse a lo que no querían dedicarse (…) Es un encuentro de dos almas muy necesitadas que encuentran una efervescencia precisamente en las soledades que tienen los dos”, según Acosta.
La actriz destaca que la película está impregnada de “ese aroma de nostalgia al que nos remite Cuba normalmente”, una sensación que se refuerza porque la historia está situada “en una época en la que no hay ordenadores, no hay tabletas, no hay teléfonos móviles. Decimos que en los 90, pero realmente aquí en Cuba está todo un poco detenido en el tiempo”.
Una Cuba con la que Juana Acosta se ha reencontrado varios años después de su primer viaje a la isla y donde ahora sí percibe algunos cambios: “Noto una apertura que se empieza a sentir en muchos detalles. No es una cosa muy evidente pero es mucho más de lo que la gente piensa”, destacó.
Además de Perugorría y Acosta, el resto de personajes principales de “Viento de Cuaresma” lo interpretan actores cubanos como Carlos E. Almirante, en el papel del sargento Manuel Palacios y compañero de las andanzas policiales de Mario Conde; Laura Ramos como Tamara, su amor de juventud; o Luis Alberto García como Carlos “El Flaco”, el mejor amigo del protagonista al que una herida en la guerra de Angola lo dejó en una silla de ruedas.
El proyecto cinematográfico-televisivo de “Las Cuatro Estaciones”, que ha tenido como guionistas al propio Leonardo Padura y a su esposa Lucía Coll, es una producción de Tornasol Films y Nadcom Production y cuenta con la participación de Televisión Española (TVE).
lunes, 22 de junio de 2015
DE LA POESÍA Y EL SER
(Rolando López del Amo, sacado del blog de Silvio Rodríguez "Segunda Cita")
La poesía lírica es la necesidad que tiene el poeta de hacer objetivo lo que siente y pasar del soliloquio al diálogo. Es un reclamo íntimo de comunicación porque vivir no es otra cosa que estar en relación con la otredad. Cada criatura es parte de lo vario en lo uno.
Lo primero en poesía, como en cualquier otra forma de la comunicación interhumana, es tener algo que decir, que transmitir. Lo segundo es la forma en la que va a
hacerlo.
En los tiempos antiguos de transmisión oral de la creación literaria, era imprescindible lograr un ritmo, una cadencia, una musicalidad que ayudara a la memorización. Métros, rimas, metáforas, símiles, epítetos, fueron también elementos coadyuvantes. Esa fue la mayéuyica del lenguaje en verso, necesariamente eufónico, con toda la variedad de estructuras que cada cultura creó y compartió con las otras. Todas perseguían un ideal de belleza expresiva más allá del lenguaje cotidiano. Estas características de la poesía se extendieron a la prosa para que fuera no sólo utilitaria.
Sabemos que los ideales de belleza son diferentes según las geografías, niveles de desarrollo humano, épocas. Todo cambia. La vida es movimiento y desarrollo. Lo importante en la poesía, como en todas las ramas del arte, es su capacidad de impresionar al que la recibe, de forma tal que pueda compartir el sentimiento que se le expone, hacerlo suyo. Para el sabio Carlos Marx, lo importante de la obra de arte consistía en su capacidad de deleitar, de atrapar la atención, con agrado, independientemente del contenido. Para otro alemán, W. Goethe, la poesía era lo que quedaba del poema después de traducirlo a otra lengua. O sea, el sentimiento puro. Para José Martí El arte sumo…es el que saber sacar el alma de las cosas, producir con el detalle la emoción de la armonía, inundar las entrañas de deleite (15-438)
Ética y estética andan por la vida moviéndose por líneas paralelas, tomadas de la mano y entrcruzándose, en su paso por el tiempo. Ninguna de las dos es inmutable, pero sus propósitos últimos se mantienen: el bien y la belleza. Estos dos principios se cubren con mantos diversos de modos y modas, pero, en su esencia última, forman una unidad inseparable. Tanto el uno como el otro son distintivos de lo mejor de la condición humana, de su inteligencia sentimientos, de eso que llamamos, como expresión quintaesenciada, el espíritu.
En poesía hay, básicamente, dos actitudes formales. Una prefiere la diafanidad. La otra, la sombra intrincada y laberíntica. Lo sencillo o lo recargado. Cada criatura tiene su modo y uno no excluye al otro. Sus extremos son el páramo y la selva. Entre ellos hay prados, jardines y macetas, arboledas y ríos, mares y montañas.
Todo tiene su valor. Uno será más de nuestro gusto y otro menos o nada; pero todo es parte del proceso colectivo por apropiarnos de la realidad, desentrañarla, comprenderla y tratar de explicarnos a nosotros mismos, de saber qué somos entre la temporalidad y la eternidad.
Calderón de la Barca decía que la vida es un sueño y William Shakespeare la veía como una actuación teatral. Para José Martí la vida era novela, taller, lucha. La vida es inspiración, la vida es fraternidad, la vida es estimulo, la vida es virtud! (22-82), escribió. La vida está en la compañía y el sacrificio (5-436)
Sea sueño, pieza teatral, novela o como queramos definirla, la vida humana es nuestra participación en el ser y en el estar. La temporalidad y la decadencia vencen a nuestra lozanía y deseos de permanencia. Por Desde La Iliada, se muestra la vida de los hombres es drama y tragedia, en tanto la de los dioses en que nos sublimamos, es comedia, diversión.
En el tránsito hacia el polvo del origen, la poesía puede ser cercana compañera, amiga íntima, espejo y consolación, acicate y sosiego, revelación y enigma.
En todo caso, siempre, ayuda para ascender un paso más en el sendero que permite al animal que somos alcanzar sus más altas posibilidades, aproximarse a lo mejor de su naturaleza, que se manifiesta en la capacidad de amar y agradecer el formar parte del misterio y milagro de La Gran Ilusión, a la vez tangible y desconocida.
viernes, 19 de junio de 2015
domingo, 7 de junio de 2015
Unánime
(José Luis Fariñas)
Serás el pino que arde en un remoto páramo,
cuando le falten las luces más difíciles al rio,
cuando se despierte el aura de tu corazón,
cuando se incendie la corriente que devuelve los corderos,
cuando ya yo no esté, y puedas respirar tranquilamente
a pesar de las llamas que te envuelven.
domingo, 31 de mayo de 2015
sábado, 23 de mayo de 2015
¿POR QUÉ NO AUMENTA LA PRODUCCIÓN?
Por Guillermo Rodríguez Rivera
(sacado del blog "Segunda Cita")
Desde hace unas cuantas décadas nos dijeron a los cubanos que debíamos tener mentalidad de productores y no de consumidores. Algún ideólogo casero, quizá lleno de fervor militante y deseando que nuestro país avanzara lo más rápidamente posible, desintegró el par dialéctico que integran producción y consumo y decidió quedarse únicamente con la producción. El consumo es imprescindible para todos, porque una cosa es el consumo y otra su deformación, su enfermedad, su vicio, o sea el “consumismo”.
El cubano no puede, no tiene oportunidad ser consumista: la oferta de nuestro modesto mercado no es tan variada, ni tan opulenta, ni tan abundante como para generar una clientela consumista. Pero, además, el consumismo tiene todo un aparato que lo acompaña: la publicidad, las rebajas, la competencia, las tarjetas de crédito, que le permiten a uno casi arruinarse sin notarlo.
En Cuba, a la inversa, hemos desarrollado una economía –permítanme el juego verbal– de “sinsumo”: el propósito es que uno consuma lo menos posible.
Nuestro comercio es un comercio sin estabilidad: es un comercio minorista estatal –acaso el único que exista en el mundo–, donde usted nunca puede estar seguro de encontrar lo que ha salido a buscar y necesita: uno sale a comprar calzoncillos y regresa a la casa con una llave inglesa. Uno casi nunca encuentra el producto que busca sino que otro producto lo encuentra a uno, y uno, si puede, acaba por comprarlo porque sabe que no lo habrá en las tiendas el día en que lo necesite.
Pudiera ser que el artículo que uno quiere comprar esté en el almacén de la tienda, pero el vendedor no irá a buscarlo para vendérselo: como afirma su vocabulario, esas tiendas estatales no tienen clientes, sino usuarios. Al margen de eso, el vendedor tiene “amigos”. Para recibir un buen trato lo más seguro es ser amigo del vendedor.
Me parece que todo ese caos, que siempre va en perjuicio del normal consumo del ciudadano, genera en el cubano más deseos consumistas que el propio capitalismo.
La cosa se complica mucho más si el “usuario” pretende adquirir un objeto de más valor: ponga usted, un refrigerador o un televisor, que solo comercializan las tiendas recaudadoras de divisas. Todos los precios de esas tiendas se triplicaron cuando se despenalizó la tenencia de dólares: el litro de aceite de soya, que un cubano paga a 2.40 cuc, se vende a 80 centavos en cualquier lugar del mundo. El ama de casa cubana se las agencia para conseguir el dinero, aunque no cobre en esa moneda, pero cuando necesita un refrigerador cuyo precio es 500 cuc, la cosa se pone muy seria.
Muchas de esas tiendas están vendiendo ahora en moneda nacional (cup), pero a la tasa de cambio existente ese refrigerador cuesta 12.500 pesos cubanos, que deben pagarse al contado: quien gane 500 pesos mensuales, tiene que destinar su salario íntegro durante 25 meses para acumular el dinero que paga el refrigerador. Eso significa una cosa: nadie que trabaje para el estado puede comprarlo, porque la tienda no da crédito.
O sea, ese mercado solo resulta accesible para quienes reciban dinero del extranjero o tengan negocios de cualquier tipo –legal o ilegal– que les permitan ese desembolso.
Nuestra dirección afirma: únicamente cuando aumente la producción, se podrán subir los salarios. Pero está teniendo en cuenta solo dos factores de un tríptico. El tercer factor es el mercado, que permite que los salarios se realicen.
Con cualquier aumento salarial que obtenga, el trabajador cubano sabe que ese mercado seguirá siendo inaccesible para él: el aumento que pueda obtener casi no va a cambiar su vida. El cambio vendrá de un negocio en el que se meta (legal o ilegal). Por eso que la producción aumente no le da frío ni calor, porque ello no va a significar casi nada para su vida cotidiana.
Yo pienso que la única solución es el reordenamiento de todo el comercio minorista cubano. Pero de eso valdría la pena hablar en otro artículo.
viernes, 15 de mayo de 2015
martes, 5 de mayo de 2015
Dolor con amor se cura, la vida es un dos por tres…
Cántame nuestra canción
lunes, 13 de abril de 2015
domingo, 12 de abril de 2015
viernes, 3 de abril de 2015
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!...
miércoles, 1 de abril de 2015
lunes, 30 de marzo de 2015
FIDEL, ARQUITECTO DE LA SOBERANÍA CUBANA
(por Salim Lamrani, sacado del blog La pupila insomne)
El triunfo de la Revolución en Cuba el 1 de enero de 1959 engendró la más importante transformación social de la historia de América Latina. Al derrocar el orden y las estructuras establecidas, Fidel Castro puso en tela de juicio el poder de la oligarquía batistiana y de los conglomerados de dinero y ubicó al ser humano en el centro del nuevo proyecto de sociedad dedicando los recursos nacionales al pueblo.
La principal conquista de la Revolución cubana es la independencia y la soberanía tan anheladas por el pueblo cubano desde el siglo XIX y por las cuales José Martí sacrificó su vida en 1895. Al poner fin a más de 70 años de dominio de Estados Unidos sobre la Isla, Fidel Castro devolvió a los cubanos su dignidad perdida durante la intervención estadounidense en la guerra de independencia de Cuba en 1898 y la ocupación militar que había transformado a la Isla en simple protectorado. El presidente John F. Kennedy no se equivocó: “Fidel Castro forma parte del legado de Bolívar. Deberíamos haber dado al fogoso y joven rebelde una bienvenida más calurosa en su hora de triunfo”[1].
Para entender la importancia simbólica de Fidel Castro en la historia de Cuba resulta necesario remontarse a principios del siglo XIX, en el momento en que la isla empezó a suscitar las apetencias del “vecino pujante y ambicioso”.[2] En efecto, Cuba es una de las más antiguas inquietudes de la política exterior de Estados Unidos. En 1805 Thomas Jefferson evocó la importancia de la isla enfatizando que su “posesión [era] necesaria para asegurar la defensa de la Luisiana y de la Florida pues [era] la llave del Golfo de México. Para Estados Unidos, la conquista sería fácil”.[3] En 1823 John Quincy Adams, entonces secretario de Estado y futuro presidente de Estados Unidos, aludió al tema de la anexión de Cuba, elaborando la famosa teoría de la “fruta madura”: “Cuba, separada por la fuerza de su propia conexión desnaturalizada con España e incapaz de sostenerse por ella misma, tendrá necesariamente que gravitar en torno a la Unión Norteamericana y sólo a ella”. [4] Así, durante el siglo XIX, Estados Unidos intentó comprar Cuba a España al menos seis veces.
Durante la Primera Guerra de Independencia, de 1868 a 1878, los insurrectos cubanos, afligidos por profundas divisiones internas, fueron derrotados por el ejército español. Estados Unidos brindó su apoyo a España vendiéndole las armas más modernas y se opuso resueltamente a los independentistas, persiguiendo a los exilados cubanos que intentaban brindar su contribución a la lucha armada[5]. El 29 de octubre de 1872 el secretario de Estado Hamilton Fish hizo partícipe a Daniel Edgar Sickles, entonces embajador estadounidense en Madrid, de sus “augurios de éxito para España en la supresión de la revuelta”. Washington, opuesto a la independencia de Cuba, deseaba tomar posesión de la Isla.[6]
Durante la Segunda Guerra de Independencia entre 1895 y 1898, los revolucionarios cubanos, unidos en torno a su líder José Martí, tuvieron que enfrentar otra vez la hostilidad de Estados Unidos, que brindó su concurso a España vendiéndole armas y arrestando a los patriotas cubanos en su territorio que intentaban suministrar a los insurrectos.
En 1898, a pesar de su superioridad material, España estaba al borde del abismo, vencida en el campo de batalla por los independentistas cubanos. En una misiva el presidente estadounidense William McKinley, con fecha del 9 de marzo de 1898, a Stewart Woodford, embajador en Madrid, le señaló que “la derrota” de España era “segura”. “[Los españoles] saben que Cuba está perdida”. Según él, “Si Estados Unidos quiere Cuba, debe obtenerla por la conquista”. [7]
En abril de 1898, tras la misteriosa explosión del buque de guerra estadounidense The Maine en la bahía de La Habana, el Presidente McKinley solicitó el permiso del Congreso para intervenir militarmente en Cuba e impedir que la isla consiguiera su independencia. Varios parlamentarios estadounidenses denunciaron una guerra de conquista. John W. Daniel, senador demócrata de Virginia, acusó al Gobierno de querer intervenir para evitar una derrota de los españoles: “Cuando ha llegado la hora más favorable para una victoria revolucionaria y menos ventajosa para España, […] se asigna al Congreso a que entregue al presidente el ejército de Estados Unidos para ir a imponer por la fuerza un armisticio entre dos partes, cuando una de dos ya depuso las armas”.[8] Así, en tres meses, Estados Unidos tomó el control del país e impuso un Tratado de Paz a España, del cual los cubanos fueron excluidos, destrozando su anhelo de independencia.
De 1898 a 1902 Washington ocupó Cuba y obligó a la Asamblea Constituyente a que incluyera la enmienda Platt en la nueva Carta Magna, so pena de prorrogar indefinidamente la ocupación militar. El texto redactado por el senador Orville H. Platt prohibía a Cuba que firmara cualquier acuerdo con un tercer país o que contratara una deuda con otra nación. También daba a Estados Unidos el derecho a intervenir en todo momento en los asuntos internos de Cuba y compelía a la isla a que arrendase indefinidamente a Washington la base naval de Guantánamo [9]. En un correo de 1901, el general Leonard Wood, entonces gobernador militar de Cuba, felicitó al Presidente McKinley: “Desde luego, bajo la enmienda Platt, no hay independencia –o poca– para Cuba y la única cosa que resulta importante ahora es buscar la anexión”.[10]
De 1902 a 1958, Cuba tenía el estatus de República neocolonial, totalmente dependiente del poderoso vecino. Una librería estadounidense no se equivocó cuando difundió en 1902 un mapa de la isla bajo el título: “Nuestra nueva colonia: Cuba”.[11] El Tratado de Reciprocidad Comercial impuesto a Cuba en 1902 constituyó de facto una anexión económica.[12]
Estados Unidos intervino militarmente en Cuba en 1906 e instaló al gobernador Charles E. Mangoon hasta 1909, recordando a los cubanos quién era el verdadero dueño de la isla.[13] En 1912, Washington se inmiscuyó otra vez en los asuntos internos de Cuba y mandó a sus fuerzas armadas, tras la revuelta de los Veteranos de Color, independentistas apartados del poder. El encargado de negocios estadounidense Hugh S. Gibson explicó las razones de esa sublevación: “Los cubanos que tomaron las armas por la causa española […] ocupan ahora los cargos públicos”.[14] Estados Unidos había tomado en efecto la precaución –recordaba Gibson– de colocar en puestos claves a “quienes habían tomado las armas contra la causa de la independencia cubana”.[15]
La enmienda Platt, que legalizaba el intervencionismo estadounidense, ubicaba al gobierno cubano en una situación “de inferioridad humillante mediante un desprecio de sus derechos nacionales, causando su desprestigio en el interior y el exterior del país”.[16] Tales fueron las palabras del presidente cubano José Miguel Gómez. Este apéndice legislativo no dejaba de recordar al pueblo cubano que el destino de su patria se subordinaba a los intereses de la potencia neocolonial. Así, en 1917, el presidente Woodrow Wilson mandó varios buques de guerra a Santiago de Cuba y Camagüey cuando unos insurrectos tomaron las armas, bajo el liderazgo de José Miguel Gómez, contra el presidente Manuel García Menocal que deseaba mantenerse en el poder mediante un fraude masivo.[17]
Temiendo una reminiscencia de la revuelta de 1917 durante las elecciones presidenciales de 1920, Washington impuso al Presidente Menocal la presencia del general Enoch H. Crowder, el cual se encargó de elaborar las nuevas leyes electorales y organizar el escrutinio.[18] Menocal hizo partícipe de sus reservas al presidente estadounidense: una supervisión de las elecciones cubanas por parte de Washington “lastimaría el orgullo cubano [y sería] una humillación” para toda la nación. [19] Woodrow Wilson rechazó con desprecio la observación y nombró al Procónsul Crowder presidente del Comité Electoral.
Cuando en diciembre de 1920 el presidente Wilson envió a Crowder a Cuba para hacer frente a la grave crisis “política y financiera”, debida en parte al desmoronamiento de la cotización del azúcar, y salvar las inversiones estadounidenses de una quiebra de la economía cubana, ni siquiera se dignó a informar al presidente Menocal.[20] Ante las protestas de éste, la respuesta de Washington fue mordaz y recordó a La Habana, en términos bastante alejados de las costumbres de la diplomacia, quién era el verdadero dueño de la isla: “El presidente de Estados Unidos no considera necesario obtener la autorización previa del presidente de Cuba para enviar a un representante especial”.[21]
En 1933, cuando el movimiento insurreccional que lanzaron los estudiantes contra la dictadura militar de Gerardo Machado tomó un giro revolucionario bajo el impulso de Antonio Guiteras, Washington intervino otra vez para imponer a un sargento estenógrafo llamado Fulgencio Batista. El gobierno “pentárquico” que dirigió Ramón Grau San Martín, que emprendió considerables reformas sociales, no fue del agrado de Estados Unidos. En efecto, bajo la égida de Guiteras, ése creó tribunales para sancionar los crímenes que se cometieron bajo Machado, llamó a elecciones para el 22 de abril de 1934, convocó una Asamblea Constituyente para el 20 de mayo de 1934, otorgó la autonomía a las universidades, bajó el precio de los artículos de primera necesidad, dio el derecho de voto a las mujeres, limitó la jornada laboral a ocho horas, creó un ministerio del Trabajo, redujo las tarifas de gas y electricidad, puso término al monopolio de las empresas estadounidenses, impuso una moratoria temporal sobre la deuda y, sobre todo, nacionalizó la Compañía Cubana de Electricidad, filial de la American Bond and Foreign Power Company[22]
El embajador Sumner Welles indicó la vía a seguir: “Ningún gobierno puede sobrevivir aquí por un periodo prolongado sin el reconocimiento de Estados Unidos y una falta de reconocimiento hundirá a Cuba en una situación aún más caótica y anárquica”.[23] Roosevelt no reconoció al nuevo poder y mandó varios buques de guerra a la isla. Las consecuencias fueron inmediatas: el Gobierno revolucionario fue derrocado por Batista -apenas había durado 127 días– el cual instaló en la presidencia al fantoche Carlos Mendieta, prefiriendo gobernar tras bambalinas.
Welles expresó su satisfacción. Su acción había sido fructífera y lo explicó en una misiva al Departamento de Estado: “Estoy convencido de que los cubanos nunca podrán autogobernarse hasta que estén forzados a realizar que deben asumir sus propias responsabilidades”. Evidentemente, Washington se encargaría de dicha tarea, imponiendo a su hombre fuerte.[24]
Batista, sumiso a Estados Unidos, tuvo el poder real de 1933 a 1959, excepto el periodo 1944-1952. Su golpe de Estado de marzo de 1952 contra el presidente Carlos Prío Socarrás fue acogido calurosamente en Washington: “Bastita es fundamentalmente amistoso con Estados Unidos y su Gobierno sin duda no será peor que el de Prío e incluso probablemente mejor”.[25] El sargento, convertido en general, se comprometió a proteger los intereses económicos de Estados Unidos en detrimento de los del pueblo cubano, de lo que se felicitó el embajador Beaulac: “Las declaraciones del general Batista relativas al capital privado fueron excelentes”.[26]
Fidel Castro, en nombre del pueblo cubano, se opuso inmediatamente a la dictadura militar y lanzó un movimiento insurreccional en las montañas de la Sierra Maestra. El líder del Movimiento 26 de Julio, retomando la antorcha de José Martí, se hizo muy popular entre la juventud cubana, que veía en él al redentor de una Cuba colonizada y humillada y el símbolo de la resistencia a la hegemonía estadounidense. Durante du discurso en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959, tras la huida de Batista, Fidel Castro advirtió a Washington de que en adelante Cuba sería libre y soberana: “Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder. No será como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto […]. Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas. Esta vez sí que es la Revolución”.[27]
John F. Kennedy fue uno de los pocos dirigentes de Estados Unidos que comprendió la importancia histórica de Fidel Castro. Lo explicó en un discurso de 1960 y reconoció el apoyo de Washington a Batista: “en vez de tender una mano amistosa al pueblo desesperado de Cuba, casi toda nuestra ayuda tomaba la forma de asistencia militar –asistencia que sencillamente reforzó la dictadura de Batista, una asistencia que fracasó completamente en mejorar el bienestar del pueblo cubano”.[28]
Agregó al respecto:
“Usamos la influencia de nuestro gobierno para promover los intereses y aumentar los beneficios de las empresas americanas privadas, que dominaban la economía de la isla. Al inicio del año 1959, las empresas económicas poseían cerca del 40% de las tierras azucareras cubanas, acaso todos los ranchos de ganado, el 90% de las minas y concesiones mineras, el 80% de los transportes y caso toda la industria petrolera […]. Nuestra acción daba la impresión demasiadas veces que nuestro país estaba más interesado en sacar dinero del pueblo cubano que en ayudarlo a edificar una economía autónoma, fuerte y diversificada. Era imposible no suscitar la animosidad del pueblo cubano[29] “
El advenimiento de una revolución radical en Cuba era inevitable pues Estados Unidos, por su estrategia de dominación, negó a los cubanos toda perspectiva de emancipación verdadera, de independencia política y de progreso económico y social. El embajador Philip Bonsal evocó esta realidad: “En la Cuba pre-Castro, la presencia americana aplastante en términos geopolíticos era un permanente recuerdo de la naturaleza imperfecta de la soberanía cubana […]. Suscitaba rechazo ya que se consideraba una transgresión intolerable de la independencia y la dignidad del pueblo cubano”.[30] La intromisión constante del Vecino del Norte en los asuntos internos de la isla había dañado profundamente el sentimiento de orgullo nacional de los cubanos. El último objetivo de la Revolución era recuperar la soberanía de la nación y poner fin a la dependencia de Estados Unidos. Tal fue la misión de Fidel Castro.
Fidel Castro tomó el poder y puso fin a la tutela estadounidense que había aplastado al país durante más de sesenta años. La república neocolonial se desintegró con la huida de Batista. El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 permitió al pueblo cubano realizar finalmente el sueño de una patria libre y soberana, haciendo de Fidel Castro el emblema de la dignidad nacional y continental que supo oponerse a los designios hegemónicos de Washington en América Latina. Se acabó entonces la era del complejo “plattista”, en virtud del cual había que buscar soluciones estadounidenses a los problemas cubanos, con la llegada de Fidel Castro al poder.
domingo, 29 de marzo de 2015
Jose Luis Fariñas (sacado del blog La pupila insomne)
del otro, el mar de abajo.
Los sacrificios no maduran
aunque no nos pertenezcan.
domingo, 15 de marzo de 2015
Una foto recorre por estos días la red en la Argentina, el que escribe en este blog aparece en ella como un integrante más de un equipo de personas que han trabajado para lograr que el dinero de todos los argentinos invertido en los últimos 10 años en la ciencia tenga sus frutos, en mi caso particular agradecido a esta nación que me ha acogido con cariño y me ha dado un lugar, agradecido a mi Cuba, que invirtió sus pocos recursos en mi formación, agradecido a mi familia y a Dios, ojalá los próximos gobiernos que vengan en la Argentina no nos manden "... a lavar los platos" como antaño... Vale recordar en medio de lo que se viene en la Argentina, como estuvo valorada la ciencia en el pasado...
VAYAN A LAVAR LOS PLATOS
(Publicado por el blog de Ricardo "El Mordaz" el 12 de Octubre de 2011)
"Vayan a lavar los platos" Frase que pasará a la posteridad, no por su sabiduría sino por la soberbia e insolencia matizada con machismo conque Domingo Cavallo le contestó a la científica Susana Torrado cuando ésta le reclamó mayor presupuesto para la investigación.
Fue el 26 de septiembre de 1994 y bajo el imperio de Menem, el CONICET agonizaba y su subsistencia estaba en juego.
Los investigadores y científicos ganaban entre 500 y 800 pesos y a fuerza de patriotismo, perseverancia y resistencia a toda prueba seguían trabajando. Cuando llovía ponían tachos para que las goteras no formaran charcos en el piso, mientras el turco bailaba cumbias con las divas de la farándula en la quinta de Olivos.
¿Porqué hubo siempre tanta indiferencia hacia los científicos, cuando todo gobierno de país desarrollado sabe que son el pilar de la evolución tecnológica que le permite estar en el primer mundo?
Tiene coherencia que durante los gobiernos de facto, se despreciara a la ciencia. En el reducido número de neuronas que habita el cerebro de los uniformados, no hay espacio para este rubro. Ya lo había dicho Albert Einstein: “para desfilar no se necesita la corteza cerebral, basta con el encéfalo”. Los declives más grandes se dieron durante la tristemente célebre “Noche de los bastones largos” bajo el desastroso gobierno de Onganía que produjo un éxodo sin precedentes de científicos, profesores e investigadores. El otro episodio fue durante la dictadura del Proceso, donde la maquinaria de desintegración incluyó a las universidades y al CONICET.
Poco se hizo durante el gobierno de Raúl Alfonsín y nada durante los gobiernos de la rata y del autista.
Volvemos a hacer la pregunta: ¿Porqué hubo siempre tanta indiferencia hacia los científicos? La respuesta la escuché el otro día por radio del flamante Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, quién palabras más, palabras menos, se expresó de esta forma: “Las políticas neoliberales que dominaron a la Argentina durante décadas, querían un país productor de materias primas y para eso no se necesitan científicos”.
Es decir que nos habían condenado a ser un país dependiente de las fluctuaciones de las comodities en el Mercado de Cereales de Chicago (Chicago Board of Trade) y relegados al subdesarrollo eterno.
Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner produjeron un punto de inflexión histórico. Se crearon 8 nuevas universidades, se multiplicó por 10 el presupuesto a docentes, a investigadores y al CONICET y donde estaban las bodegas Giol se acaba de inaugurar el Instituto Científico Tecnológico. Un enorme edificio dedicado exclusivamente a la investigación. Parte de este edificio será ocupado por el prestigioso Instituto Max Planck de Alemania y colaborará con los científicos argentinos. Será la primera sede del Max Planck en América Latina, una institución que produjo 13 Premios Nobel.
Los primeros frutos de estas medidas fueron la repatriación de 837 científicos argentinos que ignorados en las décadas anteriores, se habían ido del país en busca de mejores horizontes.
El diario La Nación, que a este acontecimiento trascendental le dedica una nota en la página par 18 mientras que llena 3 páginas, incluida nota de tapa, con la muerte del creador de Apple, dijo que el gran caudal de votos que recibirá Cristina proviene de personas de educación primaria. Debería mencionar que todos los científicos en bloque votarán a quién les devolvió la dignidad y las ganas de trabajar y no tienen precisamente educación primaria.
De “vayan a lavar los platos” a la fecha actual, corrió mucha agua bajo el puente, agua cristalina y purificadora.
martes, 3 de marzo de 2015
que me están escuchando
piensen en lo que digo
yo sé que la divisa
hace la economía
como hace al pan el trigo…
domingo, 1 de marzo de 2015
YO CUANDO SEA GRANDE QUIERO SER COMO TU
No se aprende más, este señor cree que con su cara parecida, su nombre y su apellido, es más que suficiente para "cholulear" en nombre de su padre.
No sabe o nadie le ha refrescado su lugar, su padre "al menos" nos convirtió en país soberano e independiente después de 90 años de lucha de todo un pueblo y ¿ este que hizo para merecer utilizar tamaña figura?... Nada, pero utiliza su parecido para estar y hacerse "selfie" en Cuba entre millonarios que quieren fumar nuestros habanos.
Que importante será en el futuro que todos tengan que pasar por la urnas para refrendar su posición en la sociedad, sobre todos aquellos que llegaron a determinadas posiciones porque eran "hijos de...", debería aprender este señor de su prima que construyó desde abajo su espacio, defendiendo a los desposeídos y discriminados de derechos.












