Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

lunes, 11 de julio de 2016

STILL BREATHING 
(Dig the Kid) 

I left the world today
Every second that it takes and far away...
And if I hesitate then
there is nothing at all.
I step into the flame
Go on and take the wheel
turning back to the stars
and let the fate collide
If you choose to leave
then it's life on the edge
so close until I touch the great devide.
Still breathing... The air, the air, the air.
Still breathing... the air, the air, the air.
For all the ones I've ever loved...
and all the past I crossed that led me to the place
I may never find my way back to you
Still I step into the flame
Go on and take the wheel
turning back to the star and
let the fate collide...
If I choose to leave... live on the edge.
So close until I touch the other side
Still breathing... the air, the air
the air.
still breathing... the air, the air, the air
the air, the air, the air.
still breathing... the air, the air, the air.
Still breathing... the air, the air, the air.
Still breathing... the air, the air, the air the air, the air, the air.
Still breathing... the air, the air, the air.
Still breathing...

sábado, 9 de julio de 2016

Nunca pensé encontrarme a un  Presidente contemporáneo de una Nación convertido en "cipayo" (pensé que solo lo podía leer en los libros de historia),  Macri todos los días se supera a si mismo, me da pena ajena, por no decir otra barbaridad...

FIRME JUNTO AL REY

(escrito sin firma publicado en pagina12.com.ar)

Sin mandatarios extranjeros y en medio de un gran operativo de seguridad, el Presidente le dijo al monarca que los héroes de la Independencia “deberían tener (sic) angustia de tomar la decisión”.

Sin ningún presidente de América del Sur y ante el rey Juan Carlos en representación de la monarquía española con la que rompieron los congresales en 1816, el presidente Mauricio Macri encabezó ayer en Tucumán la celebración del bicentenario de la independencia. “Deberían tener angustia de tomar la decisión, querido rey, de separarse de España”, imaginó en el pasaje más notable de su discurso. El jefe de Estado exaltó una y otra vez el “esfuerzo personal”, criticó conquistas gremiales como la reducción de la jornada de trabajo o derechos laborales como las licencias, pidió “evaluaciones sistemáticas” a los docentes y reclamó “consumir la menor cantidad de energía posible” para luchar “contra el cambio climático”. Volvió a apelar a la supuesta herencia de un Estado “castigado por la mentira y la corrupción” para justificar “decisiones difíciles” sobre las que dijo no haber tenido alternativa, y aseguró que hay un “desborde de entusiasmo” del mundo para “acompañar” a la Argentina. “Viva la Patria y el amor”, cerró.

En la gobernación tucumana, junto al anfitrión Juan Manzur y la vicepresidenta Gabriela Michetti, Macri recibió al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti y a gobernadores (los únicos ausentes fueron los de Chubut, San Luis y Santa Cruz). “Este 9 de Julio tiene que servir para unir a todas las provincias argentinas en un país federal”, aseguró el mandatario entrerriano Gustavo Bordet, uno de los mandatarios peronistas que participó de los festejos junto a Domingo Peppo (Chaco), Juan Manuel Urtubey (Salta) y Lucía Corpacci (Catamarca), entre otros.

Luego, acompañado por la canciller Susana Malcorra, Macri recibió al rey emérito Juan Carlos, a los vicepresidentes de Bolivia, Álvaro García Linera, y de Uruguay, Raúl Sendic, y a funcionarios de Chile, Brasil, Perú e Italia. A diferencia de los festejos del Bicentenario de la Patria y pese al esfuerzo de Casa Rosada, que daba por confirmada la presencia de presidentes de Chile, Paraguay e Italia, ningún jefe de Estado estuvo en el acto.

Tras la entonación del himno, Macri y su esposa Juliana Awada asistieron al Tedéum en la Catedral. Desde allí se trasladaron a la Casa Histórica, donde junto a los gobernadores refrendó el “Acta acuerdo 200 años de Independencia”. “Nuestro primer siglo fue el de la emancipación y la organización nacional. El segundo fue el de la conquista de los derechos y la democracia. Hagamos juntos que el tercero sea el del diálogo y la convivencia, el del fin de las injusticias y el cumplimiento estricto de nuestra constitución nacional. En paz, en unión y en libertad. Viva la patria”, manifiesta el último párrafo.

“Es una jornada de muchísima emoción”, arrancó Macri en medio de un silencio sepulcral. Dijo que la noche anterior Humahuaca fue “una fiesta de alegría y esperanza” e imaginó “que debe haber pasado en todo el país”. Explicó que hace 200 años “un conjunto de ciudadanos se animaron a soñar”, contó que “con los gobernadores” trató de “pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento” y compartió su conclusión. “Claramente deberían (sic) tener angustia de tomar la decisión, querido rey, de separarse de España”, afirmó. “Nunca es fácil asumir ser libres porque eso conlleva una responsabilidad”, explicó. “Significa que no le podemos echar la culpa a nadie de lo que nos suceda porque somos los dueños de nuestro destino”, agregó.

Macri reveló que los congresales no eran “superhombres”, que “seguro tuvieron dudas, miedos y angustias” pero que los impulsó “el coraje, la convicción y la decisión de ser protagonistas de su futuro”. Luego saltó al presente para pedir que “nos tengamos fe”, que “no tengamos miedo y no escuchemos a aquellos que se han enfermado con el poder, porque ya empezamos a caminar en dirección hacia un futuro mejor y con otros valores: con la cultura del trabajo, del esfuerzo personal, del diálogo después de años”. El segundo pedido fue “que la verdad gobierne entre nosotros”. Para eso sugirió alejarse “de esa viveza criolla mal entendida”. Machacó con la idea del “esfuerzo”, la exigencia “por superarse” y se dirigió a los docentes para reclamarles “que tienen que evaluarse sistemáticamente”. “Tenemos que alejarnos de lo que nos pasó en los últimos tiempos, que creció el ausentismo, las licencias, las jornadas horarias reducidas”, arremetió contra derechos y conquistas. “Cada vez que un gremio consigue reducir una jornada horaria eso todos los demás argentinos lo estamos asumiendo como parte de un costo y no está bien”, opinó.

Los dirigentes políticos “tenemos que dar ejemplo”. Todo argentino “debe saber hasta el centavo en que invertimos su dinero” y fiel a su cuna consideró que “es más importante invertir que gastar”, sin explayarse en qué entiende por gasto. Encomió la “importante labor” de los jueces y volvió a cargar contra el gobierno anterior. “Todas transiciones son difíciles pero este punto de partida es especialmente difícil porque encontramos un país y un Estado realmente muy castigado por la mentira y la corrupción”, afirmó. “A los más vulnerables los hemos empezado a acompañar”, aseguró. Dijo que “las primeras inversiones empiezan a llegar” y, recién llegado de Europa y Estados Unidos, habló de un “impresionante desborde de interés y entusiasmo”. “El mundo nos quiere acompañar”, sostuvo. Los tucumanos cantaban “si se puede, si se puede”. “Estamos trabajando denodadamente para volver a tener el gas, la electricidad y la energía suficiente”, afirmó y, sin la presencia del ministro de Energía, Juan José Aranguren, pidió que “aprendamos a consumir la menor cantidad de energía posible”. “Dañamos el medio ambiente” cuando deberíamos “luchar contra el cambio climático”. Para cerrar levantó la voz y apeló a sus habituales consignas cargadas de contenido: “Es aquí y es ahora, y es juntos, y es con la verdad y la solidaridad, y vamos Argentina, y vamos Argentina, viva la patria, viva el amor, viva la patria y el amor”.

martes, 5 de julio de 2016

PROHIBICIONES,  PREJUICIOS, Y PRINCIPIOS

(Por: Harold Cárdenas y Roberto Peralo publicado en blog https://jovencuba.com)

Hay situaciones en las que se debe tomar partido, esta es una de ellas. Ayer corrió como pólvora la prohibición a jóvenes periodistas de publicar en determinados medios extranjeros. De forma verbal, sin una palabra escrita pero sin lugar a dudas, se presenta como incompatible participar en la prensa nacional mientras se colabora con algunos de los nuevos medios. En esto, como en casi todo, hay matices que vale la pena abordar.

En realidad se veía venir. No existe un marco legal en Cuba que permita esta actividad económica, tolerada hasta ahora. ¿Cuánto margen se deja entonces para que un periodista se desarrolle realizando su profesión si sabe hacerlo con decoro en otro espacio? ¿Cuántos de los jóvenes afectados ahora lo hacían con responsabilidad y cuántos no? ¿No estaremos poniendo a todos en el mismo saco? El futuro de una revolución no se construye creando daños colaterales.

No estamos ante un fenómeno homogéneo. Todos los chicos que colaboran no lo hacen con la misma responsabilidad ni el mismo objetivo. Algunos se frustran por las necesidades económicas y las eternas mediaciones que tiene el sistema de prensa nacional. Acuden entonces a otros espacios donde desarrollarse profesionalmente con mejor remuneración. Y todo estaría bien si se hiciera el periodismo que necesita el país, pero en ocasiones hemos visto la hipercrítica o el facilismo que terminan por hacerle un favor a sus críticos. Aún así, no vale seguir botando el sofá por la ventana.

Entonces llega el día en que se prohíben las colaboraciones, llamémosle el 4J. Que como ya decía un periodista, será el comienzo de una era de seudónimos en estos medios. Queda claro que ni estos desaparecerán ni sus colaboradores tampoco, solo que el contexto abierto y transparente hasta ahora, se sucederá por uno más oscuro y lleno de subterfugios.

La esfera pública cubana en la que se desenvuelve este fenómeno es compleja. Existen predisposiciones y prejuicios tanto en este segmento de jóvenes como en los decisores que han tomado esta medida. Sabemos que se promovió un debate en varias provincias del país pero, ¿fue realmente un diálogo? ¿no sería más una intención de imponer agendas y decisiones ya dispuestas? Quizás sea la falta de empatía la que complica todo.

La comunicación es un asunto de seguridad nacional pero esto no significa aplicar posiciones hegemónicas sobre ella sino la búsqueda de un ambiente saludable para su desarrollo. Pero en Cuba todo es más complicado de lo que se ve a simple vista. Después de medio siglo en la batalla que todos conocemos, muchos cubanos somos paranoicos, con cierta razón. Aunque algunos no entienden que no todo es un proyecto de la CIA, que la USAID no está en todas partes y no podemos seguir poniendo barreras entre nosotros mismos por esa razón. Tenemos que aprender a arriesgarnos cautelosamente.

En el fondo estamos hablando de un debate ético. ¿Se puede publicar en un medio extranjero y seguir siendo revolucionario? ¿No existirán prejuicios cuando se enjuicia sin siquiera leer el contenido que ellos publican? Hay jóvenes afectados por esta medida que no han dejado de creer en la Revolución cubana, que siguen apostando a esta y sus contenidos. Lo más inteligente sería sentarse con ellos y agradecerles que ocupen un espacio que otros harían con irresponsabilidad, pero no ha ocurrido así.

Una medida como esta logrará amedrentar, contra su voluntad, a unos cuantos que regresarán a sus medios oficiales. A otros los empujará a convertirse en freelancers, cuentapropistas del periodismo, algo muy normal en el mundo aunque acá parezca que así se acaba el mundo. Y los medios pasarán a tener muchos seudónimos.

¿Acaso esta estrategia tiene como objetivo que solo permanezcan los más críticos, los resentidos y los que sencillamente no creen en un futuro socialista para este país? No parece ser una estrategia muy inteligente.

Lo más importante siempre son las personas, los muchachos afectados. Muchos de ellos se pagan su alquiler con las colaboraciones que hacen, incluso compran equipos que luego utilizan en los medios oficiales y su desarrollo profesional. Hoy les dicen que deben conformarse al mes con lo que gana un taxista habanero en un día de trabajo. La mejor respuesta a esto la dio Federico Engels ante la tumba de Marx, el hombre para pensar, debe tener garantizadas las condiciones materiales más básicas. Apelando a posiciones voluntaristas, argumentos gastados o prohibiendo el desarrollo profesional de estos chicos, se logrará bien poco.

Hay preocupaciones de quienes toman esta medida que nos parecen válidas. Un colaborador cubano con un medio extranjero no puede hacer concesiones de soberanía, ni puede prestarse para atacar a un proyecto social que de por si lo tiene difícil, ni puede utilizar ese espacio para irse al extremo de la crítica que destruye más que construir. Precisamente por ser un medio extranjero, precisamente por ser de pago.

Es importante que existan canales de diálogo entre los chicos que colaboran y quienes muestran preocupación. Lo que no vale es evitar primero esa interacción y luego reclamar o prohibir cuando quizás poniendo cartas sobre la mesa se puedan lograr los consensos necesarios. Lo que no vale tampoco es utilizar los nuevos medios como herramienta de resistencia pasiva contra el proyecto socialista por el que se sacrifican tantas personas en este país. Todos tenemos responsabilidades.

Esta situación nos motivó a tomar a expresarnos porque en Cuba está ocurriendo una batalla silenciosa por los corazones y las mentes de cada uno de sus jóvenes. Esta medida que nos llega entre susurros parece más un error que una victoria, aunque presentimos que es la punta del iceberg y el debate apenas comienza.

viernes, 1 de julio de 2016

SHHHH!

(Por Eduado Del Llano 
en su blog https://eduardodelllano.wordpress.com/)

Cuando era joven y estaban mis padres, a cada rato empezaba en voz alta la frase El problema es que el gobierno… o El comunismo lo que tiene es que… y enseguida mi padre freía huevos y mi mamá me decía muchacho, cállate, que te pueden oír. Yo lo hacía para joder, para provocar; ella ni siquiera sabía lo que venía a continuación, pero estaba convencida de que sólo podría acarrearme complicaciones. Es más, no importaba si la frase seguía o no, si el cierre era crítico o laudatorio: del gobierno y del comunismo no se hablaba, y punto.

Uno de tantos chistes brillantes del gran Álvarez Guedes era aquel del americano y el cubano que hablan de sus libertades civiles: el norteño afirma orgulloso que puede ir a ver a James Carter –bueno, es un chiste viejo-, pararse delante de James Carter y decirle a James Carter todo lo que a él le dé la gana decir de James Carter. Pues yo puedo ir a ver a Fidel Castro, replica el cubano, pararme delante de Fidel Castro y decirle a Fidel Castro todo lo que a mí me dé la gana de… James Carter. Uno lo escuchaba en el Pre o la Universidad y se reía, pero era una risa extraña, porque aquel chiste iba más allá de los taxis y las croquetas, más allá incluso del funcionario corrupto. Uno se daba cuenta entonces de que lo estaba oyendo en una copia de décima generación en un cassette resobado, bajito y con un grupo de socios haciendo pantalla…

En Adorables mentiras, de Chijona, el personaje de Nancy –interpretado por Mirta Ibarra– pone música cuando va a tratar un tema escabroso, y comenta Esto me lo enseñó uno de la Seguridad. En La otra orilla, refiriéndose a la mitad  de la familia que había emigrado, Frank Delgado canta que Había que hablar de ellos en voz baja, a veces con un tono de desprecio. Como los peces, precisa Carlos Varela. En tales casos y otros muchos el silencio, todo lo más el susurro para evitar que te escucharan. Podías poner salsa a todo volumen o tener una bronca con un vecino, pero los temas políticos, los criterios heréticos no debían rebasar el rango de murmullos. Es más, si veías a dos o más cubanos hablando bajito y mirando de reojo, podías apostar acerca del espectro de la conversación.

Carecemos de experiencia en faenas de diálogo, en hablar según el timbre de cada uno. Eso se cimentó durante décadas, y se nota, por ejemplo, cuando un periodista extranjero enfoca su cámara hacia un cubano: éste se siente incómodo antes de haber abierto la boca, porque una voz interior le advierte que lo que diga es irrelevante, que el verdadero crimen estriba simplemente en aceptar el reto, en asumir que uno tiene una opinión y derecho a expresarla. Conminados, los más se muestran radicales en su adhesión al gobierno y empiezan a repetir giros y frases de la retórica oficial, se ponen enérgicos asumiendo que ese es el único modo posible de hablar de política, virilizan el tono hasta hacerse irreconocibles, en tanto el que se atreve a mostrar su desacuerdo descubre que no encuentra las palabras, que tiene que calcular el alcance de cada una, y aunque se deja llevar por la embriaguez de la transgresión, el lado prudente de su ego chilla adentro ehhhh, te volviste loco… A los que consiguen expresar un pensamiento coherente y crítico, los demás los miran como se mira a quien acaba de descubrir una manchita rara en su radiografía.

Durante mucho tiempo eso fue normal. Va cambiando, pero todavía es normal para mucha gente. Está insertado en nosotros, y es tan difícil de remover como el impulso de acaparar cualquier mercancía disponible, porque se acaba. No son pocos en la calle y en diferentes instancias del gobierno los que dan por sentado que las cosas tienen que ser así y después de algún bandazo volverán a serlo.

Tengo ganas de escuchar a muchos cubanos discutiendo de política como de pelota, al aire libre y a voz en cuello. De tener en cada parque una speakers’ corner como la de Hyde Park. De que los conocidos no se aparten del que disiente, y se atreve a decirlo, como si tuviera algo contagioso en la piel. Lo cierto es que la gente cada vez tiene menos miedo, o menos que perder, o da menos importancia a lo que perdería. Alguien me dijo que ahora el chiste es más o menos a la inversa: Caballeros, si van hablar bien del gobierno háganlo bajito, que miren cuánta gente hay aquí, se van a buscar un bateo…


jueves, 30 de junio de 2016

VIVA LA REVOLUCION

(Por Ernesto Estévez Rams*, publicado en el blog de Iroel Sánchez https://lapupilainsomne.wordpress.com/)

“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo”
Luis Eduardo Aute

Para la reciclada mentalidad colonial criolla toda trascendencia es, no solo irrelevante, sino dañina. Al fin y al cabo para ellos, el planeta, en toda su diversidad y riqueza, se reduce a la hegemonía cultural norteamericana. Es la mentalidad de que “outside is America”. Cómo esperar entonces que puedan reconocer trascendencia en la cultura propia. Mucho menos reconocerle utilidad a la virtud y necesidad al ideal emancipatorio. Como bien señala Luis Britto en El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad, “las bombas empiezan a caer cuando han fallado los símbolos” (Luis Britto, Editorial arte y literatura, 2005) . En el caso de Cuba, que ciertos sectores del poder imperial en EE.UU hayan decidido dejar de insistir en las bombas, aunque reconocimiento al fracaso de la violencia física para derrocar la Revolución, es también resultado de la certeza de que hoy pueden lograr el mismo propósito con la violencia cultural.

La mejor arma de dominación y conquista en la historia siempre ha sido la cultura. Originalmente llegada después, o junto, a la conquista de las armas, acompañó al conquistador español, con la cruz en la mano, a la larga mucho más efectiva para asegurar la hegemonía que el arcabuz.

Una república frustrada, resultado del encontronazo entre una nacionalidad cristalizada en la manigua cubana por décadas de lucha y la intervención recolonizante de la potencia imperial emergente de los EE.UU, no podía ser circunstancia social favorecedora del desarrollo armónico de una cultura nacional. Todo el siglo XVIII y XIX fue testimonio de un creciente sentido de cultura propia, pimero criolla y luego cubana, que fue gradualmente abarcando todas sus dimensiones: artística, literaria, científica. Más aún, ese sentido creciente de empeño intelectual propio se forjó sobre la certeza de que una Cuba independiente sería no sólo condición necesaria, sino suficiente, para el florecimiento de la cultura que sería base de una sociedad educada en la virtud. Todo ello se frustró con la intervención recolonizadora. Las consecuencias fueron terribles. Un complejo de inferioridad social, civil e intelectual, sobre todo a partir de la segunda intervención norteamericana, fue penetrando en todos los estamentos de la sociedad cubana.

La idea de que éramos incapaces de valernos por nosotros mismos fue la premisa ideológica esgrimida por los interventores y sus amanuenses locales, para justificar la colonización desde el norte. Ese “complejo” en lo político fue trasladado a los demás ámbitos sociales, incluyendo la cultura. La educación pública, cuando fue promovida por los invasores, en particular por Magoon en la segunda intervención, se hizo en buena medida como instrumento de penetración cultural norteamericanizante. No sólo se introdujo en las escuelas el mantra de que la independencia de Cuba era resultado del altruismo de los Estados Unidos de América, sino además, que el futuro de Cuba estaba indisolublemente ligado a su supeditación al vecino norteño. Lo peor no es la visión que de nosotros tenía el interventor, sino que esa perspectiva penetró en no poca medida en la sociedad insular, aupada por la medio burguesía nacional clientelar de las migajas que dejaba el capitalista transnacional. Apareció la idea de que la prosperidad entraba por el puerto o los aviones, desde los EE.UU, como la tierra mítica del cuerno de la abundancia. Junto a ello, la convicción de América como “continente vacío”, lo cual en la cultura afirmaba que siempre seríamos provincianos, imitativos, atrasados y hasta patéticos.

Todo ello vino acompañado del secuestro de los símbolos de la nacionalidad cubana, incubados dolorosamente durante más de un siglo, primero de desarrollo criollo y luego cubano e insurgente. La bandera era admirada como símbolo supremo y demostración de que éramos una nación independiente. Pero la pomposa formalidad oficial en su uso, era sólo un juego de máscaras. En un complejo, pero no menos claro, propósito de engaño, los sucesivos gobiernos genuflexos pretendieron hacer de la apropiación superficial  de la simbología de lo nacional, una manera de canalizar el irreductible ímpetu patriótico hacia cauces de esterilidad no transformadora. La idea de que ya no había nada que hacer en términos emancipatorios, que todo estaba hecho, era parte del mensaje que se intentaba transmitir detrás del uso fatuo de la bandera. Luego, y de manera creciente, sobre todo en la corrupción y decadencia moral de los gobiernos auténticos hasta Batista, los símbolos patrios fueron tornándose cada vez más en mercancía o promotores de mercancía. La mercantilización de la vida en Cuba, especialmente en La Habana alcanzó nuevos niveles. Con la promoción del negocio del turismo dirigido al ocio más banal y degrandante, los símbolos nacionales no escaparon de la ola de relajo. La televisión que comenzaba y el anuncio publicitario agregaron el uso de los símbolos culturales de lo cubano como puro fetichismo promotor del consumo. Todo valía en función de la ganancia, en especial de esquilmar al turista norteamericano, ávido de engullir lo prohibido en su casa pero permitido en nuestra tierra, cercana y a la vez éxotica, vista como paraiso de pecado y excesos.

Sólo la Revolución, culminación de un largo y azaroso proceso de regeneración nacional desde el pueblo, puso fin a todo eso y recuperó como arma redentora de la nación los símbolos de la patria. Redifinió su función de síntesis de todo lo que nos hace distintos del otro, a la vez que nos une en función de un destino y propósito común basado en lo socialmente emancipador. En ese último sentido, se da, solo posible desde una revolución como la nuestra, que los símbolos de la nacionalidad propia se tornan para nosotros mismos en recordatorio de lo universalizador de nuestra gesta. La bandera no es plasmación simbólica de chovinismo o arrogancia imperial, superioridad cultural, fetichismo consumista, sino recordación de un deber de justicia social y humildad, que va más allá de la geografía nacional para estar en todo rincón del planeta donde haya un revolucionario cubano o no que lleve por dentro la enseña de la isla redentora.

La bandera ahora acompaña la firma de la reforma agraria, al alfabetizador lo mismo en el campo cubano que en el nicaraguense, en el angolano, en el venezolano; al pueblo soldado lo mismo en Girón que en Bolivia, Argelia, el Congo, Angola, Etiopía; al médico lo mismo en cualquier rincón del país que en Guatemala,  Bolivia, Ecuador, Mozambique, Sudáfrica, Sierra Leona; al deportista lo mismo en el Pedro Marrero o el Latinoamericano que en San Juan, Montreal, Moscú, Madrid, Atenas, Londres.

Toda esa historia viene a la mente al ver la triste manera en que se usó la bandera sobre el cuerpo de bailarinas para recibir al primer crucero norteamericano llegado a Cuba desde hace mucho tiempo.

Pero más allá de lo anecdótico del hecho en sí, lo que debe llevarnos a reflexionar es, en que medida este suceso es reflejo de un mal más profundo, que silenciosamente hemos ido incubando desde adentro y hoy se siente con suficiente fuerza para mostrar la cara. Perfumes con nombres de Celia, Alejandro, Chávez o el Che; una proliferación en establecimientos de venta en divisas o del sector turístico, de modelos de publicidad que recuerdan esos empeños de asociar los símbolos de lo cubano con la mercantilización y la mercachiflería. Ninguno de esos ejemplos nacieron huérfanos, fueron diseñados, aprobados o aceptados por personas con poder de decisión empresarial, administrativa o política. Son reflejo de la emergencia de actores sociales con importantes lagunas culturales e históricas, que los conducen a no rebasar en la apropiación de la simbología nacional, su dimensión utilitaria mas pueril. La realidad demuestra que las carencias culturales en el plano de los valores que defiende la Revolución, no se quedan vacías, son llenadas consciente o inconscientemente por una simbología ajena y contrapuesta a esos mismos valores. Y en el contexto cubano, las lagunas no conquistadas por la cultura revolucionaria, son llenadas con aguas recicladas del neoautonomismo o el neoanexionismo.

Conceptualizado por el Che en “El hombre y el socialismo en Cuba” y desarrollado por otros como Alfredo Guevara, la Revolución necesita del revolucionario “difícil”, contestatario y a la vez, fiel en la médula y culto en la expresión más cabal del término, para que su rebeldía resulte cósmica y no la del aldeano ignorante del gigante de siete leguas. El peor enemigo de la Revolución es la entronización de la mediocridad en los espacios de decisión política, administrativa, económica. Personas sin sentido del titanaje universalizador que Fidel de manera permanente le confirió a la Revolución. Debemos negarnos a aceptar que el destino de la Revolución más grande del tercer mundo sea el naufragio en las costas de lo culturalmente estéril.

En demasiadas ocasiones se promueve a personas a espacios de decisión que desconfían de la mirada culta, de la necesidad de la reflexion pausada, del espacio para el pensamiento. A ello no escapa la seleccion de los que dirigen entidades económicas, políticas, educativas o culturales con casi nula cultura y poco sentido del diálogo, resultado de la incomprensión de la complejidad social actual. La busqueda del buen administrador capaz de atenerse a una disciplina, no niega la necesidad del dirigente capaz y culto que logra conducir procesos complejos y diseñar e implementar respuestas adecuadas, frutos de su pensamiento. Si promovemos la incultura, no podemos luego escandalizamos cuando se le ocurre diseñar o aprobar manifestaciones vulgares y sietemesinas de identidad nacional o de lo revolucionario.

Debemos entender además que la lucha contra la corrupción económica comienza en primer lugar por una batalla contra la corrupción cultural. Por la incultura entra la vanidad de creer que el “sacrificio” de dirigir te hace merecedor de privilegios. Por la incultura entra el afán desmedido de lucro, de poseer bienes materiales como fin primero de la actividad  humana.

Tenemos un problema serio en la degradación de lo político, lo histórico y lo ideológico como símbolo cultural en todos los grupos etáreos de nuestra sociedad. El neoautonomismo y neoanexionismo que nunca murió, sino buscó refugio durante décadas fuera del país, hoy siente que comienza a llegar su hora. La hora de su ofensiva cultural, con la reescritura de la historia, la invocación de la nostalgia, con el desenterrar de la mentalidad de inutilidad nacional, del fatalismo frente a la hegemonía norteamericana. Y siente que las condiciones están dadas para que esa ofensiva se haga desde adentro de manera tal, que toda resistencia sea inútil. Hoy, los revolucionarios no estamos llevando la iniciativa, estamos cediendo terreno en el imaginario social, solo hay que salir a la calle para darnos cuenta. En esta guerra cultural, cada espacio que es tomado por la incultura colonizante, es una trinchera que abandonamos para ser ocupada por el enemigo. A ello contribuye, cada vez que la entronización del silencio es la respuesta pública a los cuestionamientos argumentados.

El silencio tiene extrañas maneras de aullar las ausencias.

Algunos decisores nuestros creen revolucionaria la práctica de imitar a Dorian Gray y creen necesario mostrar al público una falsa belleza, a sabiendas de que detrás de la puerta, un cuadro más real refleja las cicatrices necesarias o no, de la práctica de la autoridad. Frente a la pretensión enemiga de mostrar una imagen falsificada del ejercicio del poder revolucionario por más de cinco décadas, no hay mejor respuesta que no sentir angustia de enseñar el curtido rostro del veterano combatiente y estar dispuesto a debatir cada una de sus marcas, erradas o no, todas testigos de su entrega heroica. Al fin y al cabo, no serán esas las últimas huellas en su tesitura: la Revolución estará viva mientras su rostro siga reflejando el paso del tiempo.

En la etapa actual de la Revolución, la batalla por el triunfo se plantea contra tirios y troyanos: tanto hacia afuera contra las fuerzas imperialistas, como hacia dentro contra los representantes de la incultura estéril y colonizada. La primera se seguirá oponiendo a la trascendencia de la Revolución cubana con todas sus fuerzas, la segunda no entiende qué es trascender. Ambas batallas no pueden ni deben ser eludidas. No olvidemos las enseñazas de la historia, fue esa costra inculta la que traicionó a la Unión Soviética cuando esta se constituyó en freno a su desmedida ambición aldeana.

Hemos ido incubando durante años una pequeña protoburguesía propia, heredera de aquella clientelar con alma enana. Hoy ella siente menos verguenza en mostrarse públicamente posando para fotos en pasarelas de modas importadas y excluyentes, frecuentando espacios sociales hechos exclusivos a razón de su carácter económicamente inalcanzable para el resto. Rescatando para si y sus familias modos de vida consumistas y vacíos. Promoviendo su incultura elitista, su imagen de éxito, creando sus propias tribus sociales.

Viendo los procesos de desmerengamiento del socialismo europeo, la pregunta sobre cuándo la protoburguesía emergente toma conciencia de si misma como clase y busca aliarse con la burocracia no ha sido contestada. Preguntas como esa no sólo son importantes como curiosidad académica, son esenciales para abortar amenazas y conjurar peligros a tiempo. Hay que trascender lo descriptivo en los estudios sobre el fracaso del socialismo europeo, en particular el soviético, y ahondar para lograr periodizar, descubrir dinámicas, entender cómo se comporta el tiempo como variable social. Otras muchas preguntas de la misma índole y mirando hacia nosotros mismos esperan respuestas.

Estamos viendo en el país el paso de una forma participativa pero centralizada y verticalmente estructurada de democracia, a otras formas participativas desde lo individual y donde la centralizacion vertical se debilita necesariamente y en ciertas áreas pasa a ser irrelevante. El fenómeno, con todas sus aristas es sencillamente el resultado objetivo de un decursar social determinado.

Hay que entender que las consecuencias de ese proceso de paso a formas democráticas, igualmente participativas pero no verticales, de toma de decisiones, ha abierto la puerta a cambios importantes en las dinámicas políticas y sociales. La pretensión de imponer el silencio social a opiniones contrarias es hoy irrealista. No ya la opinión minoritaria, sino incluso la opinión éticamente rechazable (léase en ello, por ejemplo, puntos de vistas misóginos, machistas, racistas y hasta neofacistas) puede lograr y logran transmitirse por el carácter descentralizado de los mecanismos digitales de divulgación.  Estos fenómenos conducen igualmente a la desjerarquización de la información y los medios. Si en la opinión pública, la veracidad y calidad de una información se daba no sólo por su presencia en los canales aprobados como la radio y la televisión, sino además por la ausencia social de la “otra” información, hoy, en buena medida, una información no se califica de calidad solo por su presencia en los medios oficiales (por el contrario, para ciertos sectores sociales, la presencia de una información en medios oficiales la hace de por sí sospechosa). Los medios de comunicación  hasta ayer considerados marginales, cada vez se vuelven más centrales. Las consecuencias de todo esto aún no las apreciamos en todo su alcance.

El enemigo, en su guerra de símbolos, apuesta a nuestra lentitud en reaccionar frente a las nuevas dinámicas. Ellas, siendo irreversibles, le plantean a las ciencias sociales, como sustento de las decisiones políticas, retos en sus investigaciones básicas o fundamentales. Es evidente que la supervivencia de nuestro proyecto social pasa por encontrar formas de estructurar, dentro de las relaciones de producción socialista, una superstructura que asimile estas formas participativas no verticales, como formas también fundamentales de una democracia realmente desterradora de la enajenación humana. Alienación que aún se da en buena medida en nuestra sociedad por ser heredada en primer lugar de las prácticas del ejercicio del poder en el capitalismo, pero también fertilizadas desde nuestras propias carencias actuales.

Carencias culturales tenemos en muchos ámbitos esenciales de la sociedad. Estas carencias conducen, en ocasiones, por ejemplo, al mimetismo en nuestra televisión, radio y medios digitales de lo que vemos realizado por los centros de poder imperial capitalista y su industria de producción de símbolos. Si la televisión bombardea desde los productos televisivos norteamericanos, la imagen de la bandera imperial, por qué nos asombra que prolifere su uso en la población. No hay espacio televisivo norteamericano, sea seriado o fílmico, que no muestre en reiteradas ocasiones la bandera de las barras y las estrellas como símbolo poderoso de superioridad cultural. Ello, además, provoca la reacción errada de creer que la respuesta a esa invasión es usar las mismas armas culturales para promover la nuestra. No se dan batallas en el terreno escogido por el enemigo, es estratégico crear nuestros propios escenarios de guerra y obligarlos a pelear en ese espacio, así hemos llegado hasta aqui.

Todo mimetismo cultural por definición es colonial.

No hay revoluciones por revoluciones, como espejo del arte por el arte. La belleza en este caso no es fin en si misma, sino resultado de un propósito social emancipador. Las revoluciones, como el verdadero arte, no tienen que ser bonitas, tienen que ser liberadoras, en eso estriba su belleza. Si un Degas elitista podía preguntarse retóricamente, que el colmo sería que el arte se hiciera para ser mostrado, las revoluciones no pueden darse ese lujo. Las revoluciones se hacen con todos y para el bien de todos, son por tanto, bien público.

La Revolución vale más que todas nuestras vanidades y egos, que pueden llegar a ser muy grandes.

Más allá del análisis de nuestros errores pasados y recientes, o su falsa contraparte, en el halago empalagoso y el abuso de lo hagiográfico, ejercicios ambos que pueden tornarse en un regodeo enfermizo para unos y una agenda deliberada para otros, los cubanos debemos entender que esta es la Revolución que tenemos, no hay otra y no habrá otra. Si esta perece, nuestras generaciones y las que están por venir en un buen tiempo, no tendrán una segunda oportunidad de construir una utopía realizable. Es por ello que esta es la Revolución que debemos defender y que tenemos el deber de defender. Defenderla desde la cultura en todos los ámbitos.  Pero debemos entender que defenderla, no es defender nuestras manquedades en nombre de ella, sino por el contrario, desterrar las manquedades que, secuestrando su nombre, se esconden a la vista de todos. Entender que es desde ese accionar permanente de emancipación, justicia social y carácter universalizador que tiene sentido un socialismo próspero y sostenible por el que siga valiendo la pena gritar: ¡Viva la Revolución !


(*Miembro de la Academia de Ciencias de Cuba)

miércoles, 15 de junio de 2016

Eduardo Galeano entre otras cosas dijo "...Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común..." cuando recibió el premio Stig Dagerman en Suecia en Septiembre de 2010 y para terminar expreso "Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”

Nunca mejor dicho para lo que está pasando en la Argentina, el grado de corrupción del anterior gobierno que ya lo habíamos señalado hace tiempo, ha hecho un daño irreparable para los que confiaron en "las buenas intensiones" de Néstor y Cristina. Siguieron estos "nuevos mesías" confirmando la regla de los políticos en este país (salvo excepciones), "roban pero hacen". Es una lástima, no solo por el dinero que debió emplearse en esa tan ansiada justicia social, sino porque prostituyen "la idea", esa que también ansían las masas trabajadoras de cualquier país en este injusto Mundo, que los gobiernos piensen en ellos.



Crea indignación lo que vemos, pero que no tape lo que venimos soportando desde hace mas de 500 años, la mentalidad de "el patrón tiene razón", los ricos pueden ser ricos, y robar, y explotarnos, y crear leyes para su beneficio. El gobierno de Macri no vino a cambiar nada sino a poner las cosas en su lugar como hace 500 años atrás.

martes, 14 de junio de 2016

14 de Junio no es un día cualquiera, en 1986 nos dejaba Borges, en 1928 nacía el Che. y Maceo hacia lo propio en 1845, vaya día 14 de Junio para un cubano como yo, que se siente parte de esta tierra grande latinoamericana, mortal insignificante al fin solo podemos plagiar sin licencia (y mal) una ínfima parte del legado de estos hombres... 


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A MI TLÖN
Atrás va quedando nuestra Tlön, una isla en el Caribe bañada por aguas cálidas y arenas blancas, donde se calculaba entre veras y burlas, que una generación de tlönistas podía bastar para construirla. ¿Quiénes inventaron  nuestra Tlön?. El Plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor- de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada únicamente. Se conjetura que este brave  new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras…dirigidos por un singular hombre de genio.
Las revistas populares han divulgado, con perdonable exceso, la zoología y la topografía de mi Tlön, yo creo que sus tigres transparentes y sus torres de sangre y dolor merecen, tal vez, la continua atención de todos los hombres, pero no hasta el punto de glorificar el todo.
Las provincias que componen este maravilloso país son congénitamente idealistas. Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje - la religión, las letras, la metafísica - presuponen el idealismo. El Mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio, es una serie heterogéneas de actos independientes, es sucesivo, temporal no espacial, el sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. En la Literatura, abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas.
Este monismo o idealismo total invalida la ciencia. Explicar (o juzgar) un hecho es unirlo a otro, esa vinculación en nuestra Tlön, es un estado posterior del sujeto, que no puede afectar o iluminar el estado anterior. Los metafísicos de mi Tlön no buscan la verdad, ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro.
Han pasado 54 años, 8 meses, 28 días y unas horas, pero una de las escuelas de las tantas que hay en Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado, no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo – y en ellas nuestras vidas y el mas tenue detalle de nuestras vidas – es la escritura que produce un Dios subalterno para entenderse con un demonio. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que solo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres. Entre las doctrinas de nuestra Tlön, ninguna ha merecido tanto escándalo, como el materialismo.
En los hábitos literarios de mi Isla también es todopoderosa la idea de un sujeto único. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obras de un solo autor, salvo raras excepciones que son silenciadas o poco divulgadas.
Medio siglo de idealismo no han dejado de influir en la realidad, las investigaciones en masa producen objetos contradictorios, ahora se prefiere los trabajos individuales y casi improvisados. Las cosas se duplican en mi natal Tlön, propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un Umbral que perduro mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.
Esta todo dicho, atrás va quedando mi Tlön del nacimiento, una obra que alguien decidió, que no pactará con el impostor Jesucristo, una obra que quiso demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un Mundo.
Aquí doy término a la parte personal de mi narración. Lo demás está en la memoria (cuando no en la esperanza o en el temor) de todos mis lectores.
(Plagio sin licencia de "TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS" de JORGE LUIS BORGES)

lunes, 13 de junio de 2016

SECRETOS
(Kelvis Ochoa)


Cuando regresa la noche
los sueños no tienen fin
y ahogado en mi pensamiento
solo el silencio me hace sentir
entonces vuelven las penas
con sus puñales a herir
la vida es una quimera, morena
mi vuelo no tiene fin

¿Dónde está el camino, que me trajo aquí?
yo eche a rodar por el monte
buscando una luz
un reflejo
un vestigio en la oscuridad
la esperanza

Cuando regresa la noche
                                      (oye)
los sueños no tienen fin
                                       (de que no tienen fin)
y ahogado en mi pensamiento
solo el silencio me hace sentir
                                        (solo, solo)
entonces vuelven las penas
con sus puñales a herir
                                     (que me matan)
la vida es una quimera, morena
mi vuelo no tiene fin

Ando buscándome al fin
sin temor
solo aquella vez
sentí miedo de amar y perder
adorar al abismo
sentir mi vida en tu piel
la esperanza

Cuando regresa la noche
                                      (digo)
los sueños no tienen fin
                                       (Ay!  te repito, tú ves)
y ahogado en mi pensamiento
solo el silencio me hace sentir
                                        (solo, solo)
entonces vuelven las penas
con sus puñales a herir
                                     (Ay! que me mata mama)
la vida es una quimera, morena
mi vuelo no tiene fin

Siento que me lleva
la primera voz de la mañana
y hay solo un camino por delante
y una inmensa llama que no para
Brisa que me llega
el olor desnudo de la casa
mil paredes viajan que se rompen
místico sabor de la esperanza

Cuando regresa la noche
los sueños no tienen fin
y ahogado en mi pensamiento
solo el silencio me hace sentir
entonces vuelven las penas
con sus puñales a herir
la vida es una quimera, morena
mi vuelo no tiene fin



jueves, 9 de junio de 2016

(Esto escribí en  Septiembre 2013...Un  Mundo mejor es  posible...)

VERDE VELA

Vamos allá
a la orilla de este Mundo
donde un verso desnudo
se broncea en paz

Vamos allá
con este código en barra
que se resiste
a repartir panes y peces
teniendo tanto para dar

Vamos allá
no porque lo haya dicho
el mesías
                  (que no era tal...)
en aquella plaza donde aplaudí
como uno más

Vamos allá
porque tengo el consuelo
de tu beso vibrado
y mis ganas de amar

Vamos allá
presos todos de algún mal
porque habrá una verde vela
que vale la pena incendiar...

LOS CAMBIOS ACTUALES EN CUBA ¿tienen una base democrática?

(Por Luis Emilio Aybar Toledo, publicado en el blog "La Joven Cuba", https://jovencuba.com/)



Mi propuesta busca estimular la apropiación efectiva de los medios de producción por el control popular de las decisiones económicas; sostiene que el problema de Cuba es político y cultural y se expresa en múltiples espacios, incluido el económico; enfoca los mecanismos capitalistas como un mal coyuntural por las insuficiencias de nuestra construcción; y promueve la transformación radical de las estructuras que monopolizan las decisiones.

Existen múltiples voces que sostienen argumentos similares, muchas de las cuales han jugado un papel cardinal en mi formación. Luego, ¿cómo lograr que entren en contacto con ellas los más amplios sectores, más allá del reducido círculo de lectores de La Joven Cuba, la revista Temas, la editorial Ciencias Sociales?

Con el monopolio de la esfera pública el Partido ha raptado el consenso nacional. Toda visión contrapuesta al programa de gobierno está condenada a ser minoría, y su condición de minoría sirve después para no difundirla, con el argumento de que no es expresiva del consenso social.

Por este camino solo se consigue reforzar la creciente legitimidad de la democracia capitalista, que ha desarrollado una enorme capacidad para generar la ilusión de que se discute algo.

Muy distinto sería el resultado si el pueblo pudiera contrastar las propuestas de algunas de estas minorías; si por ejemplo la Mesa Redonda hubiera invitado a exponer sus posiciones a quienes reclamaban el debate popular de los documentos del Congreso.

El problema sin embargo va más allá de la posibilidad de discutir los documentos entre las cuatro paredes de un centro laboral. De poco vale haber conquistado esa posibilidad si la definición es controlada por un funcionario de más arriba. Ello puede ser suficiente para quienes comparten el planteo de las reformas y proponen cambiar este o aquel aspecto, pero ¿y los que expresan una visión que cambiaría todo el documento? Como dijo Rosa Luxemburgo, la libertad es siempre libertad para los que piensan diferente, y pasa por la capacidad de argumentar públicamente sus puntos de vista en los momentos anteriores y posteriores a la toma de decisiones.

Creo que las demandas no deben centrarse en reeditar las consultas anteriores, sino en señalar las deficiencias de nuestro modelo institucional y promover un proceso de participación integral.

A mi entender, un proceso de esta naturaleza debe incorporar los siguientes pasos:

1. Disponer de una primera etapa de discusión de diferentes propuestas provenientes de las bases del Partido, las organizaciones de masas y otros actores de la sociedad civil, con amplia difusión de sus contenidos por parte de los medios de comunicación.

2. Encargar a un equipo integrado por representantes de los diferentes espacios la redacción de un documento con los principales consensos.

3. Discusión popular de este documento hasta alcanzar una versión definitiva.

4. Control popular en la fase de implementación.

5. Posibilidad en todo momento de que actores no satisfechos con el pacto alcanzado accedan a difundir sus puntos de vista.

Con la consulta popular evitamos que se eliminara la libreta de abastecimiento, atenuamos el proceso de disponibilidad laboral, y recordamos la importancia a las Ciencias Sociales, pero estos logros son insuficientes para una democracia socialista, y siempre van a depender de la bondad de los decisores.

Es necesario que el pueblo organizado tenga poder directo e iniciativa política para enfrentar el futuro.


martes, 7 de junio de 2016

Ayer en la Habana murió un grande, humorista, escritor, persona noble y culta, el Sr. Hector Zumbado, muchos de nosotros le debemos su ironía para criticar la realidad, como un manera saludable de encarar lo mal hecho en cualquier sociedad humana...Me complace volver a exponer lo que escribí el pasado 25 de febrero sobre la visita de Obama a Cuba, donde utilice uno entre tantos textos maravillosos de este buen cubano...Que Dios lo tenga en la gloria , ...y de paso no lo maltrate sino se tendrá que ver con su sátira...



Por si acaso te explico OBAMA...

Con bombos y platillos los medios de la Argentina han festejado la próxima visita del Presidente yanqui a Cuba, sobre todo para justificar que dos días mas tardes llegue al Rio de la Plata y permanezca hasta el 24 de Marzo en Buenos Aires mientras se conmemora el 40 aniversario del Golpe Militar dado en su momento con la anuencia del Imperio del Norte. Nada es al azar, y en este Mundo que en lo político se emiten constantemente "señales", es de esperar que Obama, haga lo que hace poco leí en la última novela de Umberto Eco "Numero Cero" , ( ..."nunca he entendido si esta moda de pedir perdón indica un ejercicio de humildad o de desfachatez: haces algo que no deberías, luego pides perdón y te lavas las mano"), vaya a la Escuela de Mecánica de la Armada y pida perdón por los 30 000 desaparecidos entre 1976-1983.

A el Ingeniero Macri lo quieren convertir, como en su momento utilizaron a Menem para la vitrina del Neoliberalismo en América Latina, en la punta de lanza de los "Derechos Humanos", que pareciera que donde único no se respetan en esta parte del Continente, es en Cuba y Venezuela, porque por supuesto matar periodista en México y Guatemala, "es más bien un safari multicolor para los turistas".

Está claro que Barack Obama no es responsable personal de lo realizado por su país no solo en la Argentina, en Republica Dominicana, en Chile, en Nicaragua, en Paraguay, en Colombia, en Guatemala, en Cuba, va, como diría cualquiera de la CIA, "en nuestro patio trasero", y por tanto cree que con un "discurso de compasión" se olvidaran las penas y también la historia.

Yo apruebo que Obama vaya a Cuba, es mas, considero que sin su voluntad política no se podrá terminar nunca el bloqueo, que hemos padecido tanto los cubanos, solo por el hecho de considerarnos una nación soberana, que no le gusta que nadie le diga lo que tiene que hacer, donde nuestros problemas (que son unos cuantos, mirándolo con un solo ojo) lo resolvemos como en cualquier hogar del Mundo, de la puerta para adentro sin invitar al vecino.

Obama tendrá que entender que esta todo bárbaro que seamos moradores fronterizos y hasta socios civilizados en el futuro, pero hemos comido nosotros los cubanos mucha croqueta para mantener lo más apreciado que hemos conservado, nuestra independencia nacional y si su intensión es aplicar un nuevo tipo de "guerra de baja intensidad", de nada le vale su remisión, pues los objetivos del Imperio que antes apoyo los Golpes Militares en nada difieren con los objetivos que él se propone.

Por si acaso te explico Obama que es una croqueta, pero la nuestra, no la que se hace con carne tipo gourmet, deja que aprendamos y podamos mejorar nuestra croqueta, no hace falta que te metas a decirnos "como".





LA CROQUETA
(Héctor Zumbado)

Había sido de todo. Ayudante de electricista, peón de albañilería, plomero, ponchero, cargabates, parqueador de guaguas, entongador, taxista. De todo. Tenía una abundantísima experiencia acumulada en los más disímiles trabajos y una disposición formidable para todo. Listo siempre. Sin titubeos ni boberías.
Por eso dijo que sí, que no faltaba más, cuando le preguntaron si quería hacerse cargo de un quiosco de croquetas. Bueno, dale, eso es tuyo, le dijeron.
Pero entonces se enfrentó a un problemita que no había tomado en consideración. Se enfrentó, de pronto, al problema de cómo hacer una croqueta, cosa que no había hecho nunca.

Primero se quedó unos segundos con la mirada en blanco, igual que Kant cuando meditaba sobre la cosa en sí, reflexionando filosóficamente sobre la croqueta. Y por un momento pensó que, sin experiencia alguna en el contexto culinario de la croqueta, sería imposible acometer la tarea.
Entonces se le iluminó el cerebro. ¡La memoria, claro! Recurriría a la memoria. ¿Cuántas croquetas se habría comido desde la aparición, desarrollo, auge y estabilización de la croqueta?

Recordando que el fenómeno croquético había surgido a mediados de la década del 60, comenzó a reconstruir mentalmente una especie de retrospectiva de la croqueta, viéndose a sí mismo degustando croquetas en los más diversos contextos. Las había comido, que recordara, en cafeterías y restoranes, quioscos, comedores, terminales de ómnibus, cortes de caña, bodas, fiestas de quince, montado en camiones, pedaleando e bicicleta, viajando en avión, caminando, corriendo tras una guagua, empujando un cochecito, subiendo escaleras, bajando en elevador, parado en un andamio, acostado al anochecer, al despertarse, a media mañana, en almuerzos, meriendas y recepciones, en la playa, bajo un sol radiante, en tardes lluviosas y en medio de un ciclón.

En los últimos lustros, pensó, a un promedio por lo bajito de dos croquetas diarias, había deglutido unas 730 croquetas anuales, sin contar los años bisiestos, lo que haría un total de 12 410 croquetas. ¡Doce mil cuatrocientas diez! ¡Qué bárbaro! Las visualizó todas juntas, una detrás de otra, en fila india, y calculando que cada croqueta promediaba unos diez centímetros de largo, vio ante sí una longaniza de 124 100 centímetros, o sea, 1 241 metros de croquetas. ¡Se había comido un kilómetro y cuarto de croquetas! Era un experto. ¡Cómo no se iba a acordar del gusto peculiar, único, sui géneris, de la croqueta!.

Todo se reducía entonces a una cuestión sencilla: hacer un esfuerzo de memoria, de representarse mentalmente los diferentes componentes de la croqueta. Así, dejándose llevar por los recuerdos, concentrándose profundamente como un yoga, quedó como un yogur en reposo, inspirado en el budismo Zen, en la contemplación absoluta, en el éxtasis místico que le permitiera conseguir la sabiduría, penetrar en los secretos de la intimidad de la croqueta. Recordar. Recordar a qué sabía una croqueta.

Y se puso a trabajar. Cortó en tiritas cuatro hojas de papel gaceta, que separó en un platico. Luego batió dos yemas de huevo y picó en trocitos un tallo de soga de tendedera. Añadió una cucharadita de engrudo y espolvoreó con aserrín de pinotea. Derritió un cuarto de vela de las grandes y cortó finito un cordón de botas cañeras. Lo mezcló todo bien y obtuvo una masa del color de la muralla de la Habana. Entonces, con amor en las manos, le dio forma a una croqueta, la cual envolvió con ternura en un pedazo de tela de mosquitero. Ralló un pan de jabón Batey para empanizar, y comenzó a freírla en la sartén, con la candela baja.

Esperó con ansiedad a que la croqueta se dorara lentamente al fuego. Y cuando al fin estuvo doradita, la sacó de la sartén y la escurrió.
Ya iba a morderla, cuando pensó, de pronto, que su opinión pudiera estar parcializada.

Llamó a su mujer y le entregó la croqueta

- Dime

La mujer tomó la croqueta con la punta de los dedos, se la llevó a la boca y la mordió por la mitad. Comenzó a masticarla con lentitud. Tragó. Lo miró fijamente y dijo:


- Está bajita de sal.