ROSAS A
CREDITO
(31 de
Enero de 2025)
La plusvalía sigue estando, y es la esencia de la explotación, llevamos más de
160 años supuestamente sabiéndolo, pues entre enero de 1862 y Julio de 1863 el
no tan joven Marx preparo el manuscrito que llevaría el nombre de “Teoría sobre
la Plusvalía”. El concepto ya había sido abordado por Adam Smith y David
Ricardo, aunque no con ese nombre, reconociendo que había un excedente que se
lo quedaba el dueño de los medios de producción. Marx desarrollando y
criticando la teoría del valor de David Ricardo, pudo llegar a diferenciar
entre trabajo y fuerza de trabajo y en El Capital desarrolla con plenitud el
plusvalor, como el valor no pagado del trabajo del obrero que crea un
“plusproducto” que se lo apropia el empresario dueño. Allí no solo explicita lo
anterior, sino que se rebela ante semejante injusticia económica y social.
Milei es un alumno actual del Smith, que en su
tiempo defendió a capa y espada que el Estado debía ocuparse únicamente de la
defensa, la seguridad y la justicia, y que en definitiva debía garantizar que
las personas y las empresas actuaran económicamente libres de cualquier
atadura. No por gusto se considera a ese Adam como el padre del liberalismo
económico, porque el otro Adán con ene, es el padre de todos los humanos, ¡por
Dios!
Ahora bien, El Estado podría, interviniendo
social y económicamente de forma eficaz, “reparar” en parte la distribución de
esa plusvalía, al menos la concentración de la riqueza no quedaría en manos de
unos pocos, al decir que 62 personas en el planeta Tierra amasan la riqueza
equivalente acumulada de 3500 millones de seres humanos, sin embargo, los
actuales vientos que soplan, en una parte de los países del Mundo, se encaminan
a destrozar, lo poco o mucho de “beneficio” alcanzado por el Estado Capitalista
actual, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.
Y fíjense que hasta ahora no hable de
Socialismo y mucho menos de Comunismo, aunque nuestro presidente denomina con
esos nombres a todo aquel que simplemente quiere distribuir mejor la “torta” de
la plusvalía y no acabar definitivamente con ella, socializando todos los medios
de producción como nos propuso el “viejito” Marx.
Marx lo decía entonces, la plusvalía en
definitiva en un “hecho oscuro” que queda camuflado para el común de las
personas y hoy en día, el gran capital hasta ha logrado que se acepte como
indispensable para el desarrollo de las personas y los países, se escucha decir
con frecuencia en el común de la gente cuando se habla de estos temas, “pero
si no hay inversión no hay trabajo y desarrollo”, “Y el tipo tiene
que ganar porque él se está arriesgando”, “yo me voy a la casa
tranquilo, pero él se queda con la preocupación de si se vende o no la
mercadería”…con lo cual ese argumento de la plusvalía y la explotación del
hombre por el hombre, no convence a nadie. Y del lado del frente, el intento de
socializar los medios de producción y acabar definitivamente con la plusvalía,
no logró y no ha logrado donde se aplicó a raja tabla esa solución, el
desarrollo de las fuerzas productivas que sean un ejemplo a seguir, ya sea
porque el estado al final era un armatoste que tenía dificultades extremas para
caminar como por el encadenamiento extraordinario con “violencia y alevosía” de
libertades individuales. Se pone en dudas entonces, la idea que, en las
condiciones actuales de globalización y distribución del trabajo en el Mundo,
un solo país aislado pueda hacer uso de semejante drástica solución de acabar
con la plusvalía, en definitiva, no nos queda otro remedio que aceptar la
presencia de ella por un largo periodo de tiempo humano y utilizar el estado
como interviniente fundamental en la distribución más socializada de los
dividendos que se obtienen por su presencia.
Sin embargo, hay otro aspecto introducido en
las sociedades capitalista actuales, que viene de vieja data que llama
poderosamente mi atención y que es fuente no solo de sojuzgamiento de países
poderosos hacia los medianos y pobres países, sino el “nuevo” tipo de
sometimiento del empresariado a los trabajadores, me refiero a EL CREDITO.
El crédito no es la plusvalía. La plusvalía pertenece a la esfera de la
producción: es una categoría que intenta explicar la apropiación del excedente
generado en la relación entre trabajo y capital.
El crédito pertenece fundamentalmente a la
esfera financiera: es una relación contractual mediante la cual alguien
adelanta recursos a cambio de recuperar posteriormente el capital y obtener,
normalmente, un interés.
Pero que sean diferentes no quiere decir que no
estén profundamente relacionados.
Porque el crédito permite algo extraordinariamente
poderoso: anticipar hoy una parte del
ingreso que todavía tendremos que producir mañana.
El banco presta.
El empresario invierte.
El trabajador produce.
La empresa obtiene ingresos.
El Estado recauda.
La familia cobra su salario.
Y sobre una parte de esos ingresos futuros ya
existe una obligación previamente establecida. El interés, entonces, no es
automáticamente plusvalía, pero puede representar una transferencia hacia el
capital financiero de una parte del excedente o del ingreso generado en otras
actividades.
Y aquí, creo, comienza la verdadera cuestión. No
estamos ante una “nueva plusvalía”. Estamos ante algo quizás más sofisticado: la
posibilidad de convertir el futuro ingreso de una persona, de una empresa o de
un Estado en un activo financiero negociable hoy.
Recuerdo una famosa novela en Cuba que se pasó
por televisión en 1983 y que coronó con el estrellato a la iniciada entonces
actriz cubana Susana Pérez, se llamaba “Rosas a Crédito”, la misma estaba
basada en la novela del mismo nombre escrita por la escritora ruso-francesa
Elsa Triolet, publicada en francés originalmente en 1959. La novela se
desarrolla precisamente en ese tiempo europeo después de la Segunda Guerra
Mundial, específicamente en Francia de los años 50, donde para su
reconstrucción después del desastre de la guerra recibió la enorme ayuda de
Estados Unidos con el Plan Marshall, en ese contexto Martine, una joven
adolecente pobre, hija de Marie y hermana de varios menores varones, vivía en
un cuchitril de madera, en el campo francés, ella estaba perdidamente enamorada
de Daniel Donelle, mayor que ella cuatro años e hijo de un cultivador de rosas,
que su anhelo más grande, era lograr una rosa con el perfume de la rosa
antigua, pero con el diseño y el color de la rosa moderna. Martine por su parte
no quería aquella vida miserable y en las noches a oscuras y entre ratas, soñaba
con irse de allí, comienza a trabajar en una peluquería cercana a su casa y
utilizando los mecanismos que aun hoy se brindan con bastante efectividad, para
consumir ya, lo que más tarde tendrás que agenciártela para pagar en cuota, me
refiero al mecanismo del crédito, se muda a un moderno departamento en la
ciudad y comienza a equiparlo con lo más sofisticado de la época, incluyendo un
colchón a muelles. La historia de Martine termina trágicamente cuando ella,
llena de deudas y tratando de escapar de la enfermedad del consumismo de la
ciudad, regresa y se pierde en el bosque, y allí desmallada es devorada por las
ratas, que la habían “acompañado” en el pasado en la pocilga donde vivió con su
madre y hermanos, todo un símbolo la escena, para colmo su incondicional amor
Daniel Donelle, cuando se entera de lo sucedido decide en conmemoración al
sufrimiento de su amada crear un perfume con el nombre “Martine Rosado” que
llega hacer un éxito de ventas.
¿Es el crédito una nueva forma de
explotación?
Quizás la pregunta no esté correctamente
formulada.
Tal vez sea esta:
¿Se ha convertido el
crédito en uno de los mecanismos mediante los cuales el capital financiero
puede apropiarse anticipadamente de una parte del ingreso futuro producido por
individuos, empresas y Estados?
Una empresa pide dinero para comprar una
máquina, produce más, contrata trabajadores, vende más, obtiene beneficios, devuelve
el préstamo y paga los intereses. Perfecto. El crédito ayudó al desarrollo.
Pero imaginemos ahora otra situación.
Una familia cuyo salario no alcanza para comprar
comida pide una tarjeta, compra alimentos, el mes siguiente tiene que pagar la
comida del mes anterior, no alcanza, vuelve a utilizar la tarjeta, y así
sucesivamente. Entonces aparece una cadena:
ingreso insuficiente → crédito →
intereses → menor ingreso disponible → nuevo crédito. Ahí el crédito ya no
está financiando desarrollo. Está financiando supervivencia, y entonces la cosa
cambia. Porque una cosa es endeudarse para producir más. Otra muy distinta es
endeudarse para poder comer. En el primer caso, el crédito puede aumentar la
capacidad productiva. En el segundo, puede convertirse en un mecanismo de
dependencia, y esa dependencia no es solamente individual, también puede ser
nacional.
Aquí es donde aparece la otra palabra que
considero indispensable para entender todo este asunto: HEGEMONÍA.
Porque cuando hablamos de crédito internacional
no estamos hablando de un Mundo compuesto por Estados iguales, sentados
alrededor de una mesa tomando decisiones en condiciones idénticas. Nunca fue
así. Probablemente nunca lo será.
La historia de la humanidad está llena de
imperios que llegaron, crecieron, dominaron, impusieron sus condiciones y
finalmente fueron reemplazados o desplazados por otros: Roma, España, Gran
Bretaña, Estados Unidos. Y veremos qué ocurre mañana, puede ser China, puede no
ser China, puede aparecer un Mundo multipolar, puede surgir otra potencia que
hoy ni siquiera imaginamos, no lo sabemos, pero hay algo que sí sabemos: las
potencias dominantes no construyen el orden internacional de la misma manera
que las potencias dominadas.
El crédito, en definitiva, es un préstamo de
algo, muchas veces de dinero para devolver de a poco (en “cómodas” cuotas, es
siempre la propaganda) con un plus encima, que se llama interés. Está claro, el
que presta, quiere su dinero, pero también quiere tener ganancias de esa
operación, y como casi siempre el dinero se devalúa, pierde valor con el
tiempo, el que presta pone un interés por encima de esa devaluación en el
tiempo. Mises (de quien es admirador nuestro presi y que ha hecho que al menos,
intentemos saber de quien se trata) en su libro “Teoría del dinero y del
crédito” planteó cosas interesantes, sobre todo porque su obsesión era explicar
de dónde venía la famosa inflación o en definitiva la devaluación del dinero,
en ese sentido decía, que el dinero no era un invento con el surgimiento del
estado como tal, sino una relación social que se establece en la interacción
comercial o no entre los individuos de una comunidad o sociedad, y que además
pierde valor de intercambio cuando los estados emiten dinero solo para
financiar “sus” gastos sin ningún sustento de convertibilidad. En su teorema de
regresión del dinero, plantea que el dinero es una mercancía más y su valor se
expresa por el valor que tiene en ese intercambio. En el caso del papel moneda
su valor original estaba respaldado en su momento por un producto básico, en
muchos casos fue el oro.
Si nos adentramos un poco en la historia del
dólar, por ejemplo, su preponderancia Mundial, como patrón de referencia para
otras monedas surgió después de la Segunda Guerra Mundial. Entre el 1 y 22 de
julio de 1944 en el famoso entonces Hotel Mount Washington, en Bretton Woods,
se llevó a cabo la famosa Conferencia con la participación de 44 naciones que
dio lugar más tarde a lo que se conoce como el Acuerdo de Bretton Woods. Allí
se determinó que el dólar seria la moneda de referencia de todas las demás
existente, pero hay que entender el contexto de aquella determinante
conclusión.
En aquel entonces, la mayoría de las naciones
del llamado Tercer Mundo, sobre todo de África y parte de Asia aún eran
colonias europeas o de Estados Unidos, por lo que no tuvieron representación
propia. Los representantes de América Latina eran muy permeables (como si ahora
no lo son) al control de la Casa Blanca. India todavía no había alcanzado la
independencia plena y su delegación fue de conjunto con la británica. Los
países comunistas del oeste, a la cabeza de la Unión Soviética, no eran lo que
fueron después en 1955 con el Pacto de Varsovia, pero no ratificaron los
acuerdos. En China todavía no había ocurrido la Revolución Comunista de Mao del
22 de enero de 1949, aunque estaba en proceso interno desde 1927, así que
participo como la Republica de China y aunque voto a favor, una vez que
llegaron los comunistas en 1949 al poder se retiraron del acuerdo. Alemania,
Japón e Italia, era el bloque del mal y en 1944 estaban a punto de ser
derrotados en la Segunda Guerra Mundial, ya había ocurrido el Día D con el
desembarco tarde de “los aliados” por Normandía el 6 de Junio de 1944, los
Soviéticos por su parte habían comenzado la ofensiva Leópolis-Sandomierzen en
el suroeste de la Unión Soviética y de Polonia Oriental, también había tenido
lugar la Operación Bragation que permitió que el Ejército Rojo liberará
Bielorrusia, Lituania, Letonia, Polonia oriental, y el este de Rumania. Las
naciones de Europa occidental aún eran campo de batalla de la guerra y estaban
desangradas, específicamente Francia, donde la Liberación de Paris se logró el
25 de agosto de 1944. En esas condiciones Estados Unidos, que producía la mitad
del carbón mundial, dos tercios del petróleo, más de la mitad de la
electricidad e inmensas cantidades de barcos, coches, armamento, maquinaria, en
fin, era toda una potencia mundial, iba a tener un considerable control sobre
las decisiones finales de la conferencia, al punto que terminó imponiendo su
diseño, derrotando la propuesta inglesa diseñada nada menos que por John Maynard
Keynes (nuestro Presi lo odia).
Es decir, en definitiva, en aquella Conferencia
de Julio de 1944 en Bretton Woods, había dos propuestas a discutir, una
británica que había elaborado Keynes y otra yanqui que había elaborado el
economista, Director del Dpto. del Tesoro Harry Dexter White. La de Keynes era
más “solidaria y democrática” y en principio pretendía crear una moneda nueva
BANCOR que emitiera un órgano internacional de compensación, a llamarse
International Clearing Unión (ICU), que estuviera atada a las monedas fuertes
de entonces y fuera canjeable en moneda local por un cambio fijo. Este nuevo
órgano ICU sería un intermediario para que los países con excedentes
financiaran a los deficitarios, vía transferencia en BANCOR de sus excedentes, por
supuesto en forma de créditos, eso haría crecer la demanda y alentaría el
desarrollo, siendo beneficioso para todos. La clave de la propuesta británica
era que los países acreedores y los deudores estarían obligados a mantener una
balanza comercial equilibrada y, en caso de incumplimiento, se pagarían
intereses sobre la diferencia; de los Gobiernos dependerían las medidas para
mantener una cuenta cero.
Claro está, minga dirían los yanquis, que por
ese entonces conservaban en sus arcas el 80% del oro del Mundo y no querían
compartir su superávit comercial con una Europa destruida y deudora de por sí.
Los británicos y su propuesta estaban en desventajas pues necesitaban de los
créditos americanos para avanzar después de la guerra, así que se impuso la
propuesta de White en la conferencia, el dólar respaldado en oro como moneda
única de intercambio y la creación de un Fondo Monetario Internacional con un
capital inicial de 8800 millones de dólares, con cuotas a cumplir por cada
miembro en función de su poder de fuego avalado por su PBI. A Estados Unidos le
correspondería una cuota de 2740 millones (equivalente al 31,1 %), al Reino
Unido 1300 millones (14,8 %), la Unión Soviética 1200 (13,6 %), China 550 (6,3
%) y Francia 450 (5,1 %), para los cinco primeros. y que en definitiva
determinó el poder de veto y de aprobación de las decisiones del Fondo a crear
y aun hoy en día sigue igual. El restante 29% se repartió entre otras naciones
participante del Acuerdo de Bretton Woods, en proporciones muy chica, América Latina
en total le toco el 8.38% repartido en 18 paises, entre ellos, México, Brasil,
Bolivia, Republica Dominicana, Cuba, Chile, Colombia, Nicaragua, Venezuela,
Uruguay, Ecuador, Perú, el Salvador, Panamá, Paraguay. Argentina no
participó en la Conferencia de Bretton Woods de 1944 debido a que Estados
Unidos la excluyó como represalia por su neutralidad durante la Segunda Guerra
Mundial. A África le toco 2,34% y estuvo representada por "tres
Paises", Egipto, Etiopia, La Unión Surafricada. El Oriente Medio disponía
de un 2,24 % de votos, con Turquía, Líbano, Irán, Siria, Iraq. Europa
Central y del Este tenían un 3,90 % de votos, con Polonia, Checoslovaquia
y la Yugoslavia de Tito.
El Acuerdo de Bretton Woods dio lugar sin dudas
al Nuevo Orden Económico Internacional, con Estados Unidos asumiendo el patrón
de oro para el dólar, establecido en ese momento en 35 dólares fijos para la
onza de oro. Al mantenerse fijo el precio del dólar, los demás países deberían
fijar el precio de sus monedas con relación a aquella, y de ser necesario,
intervenir dentro de los mercados cambiarios con el fin de mantener los tipos
de cambio dentro de una banda de fluctuación del 1 %. Con este acuerdo, cada
vez que algún país miembro tuviera déficit en la balanza de pago, debían acercarse
al FMI de entonces para gestionar prestamos cortos que debían pagar en tres o
cinco años.
Aquel acuerdo sirvió y mucho, pero desde el fin
de la Segunda Guerra Mundial en 1945, estallo la guerra fría y ante el avance
económico y social comunista en Europa Oriental por intervención de la Unión
Soviética, Estados Unidos decidió implantar su conocido Plan Marshall al
Occidente de Europa, con ideas de “fortalecer las democracias, ampliar la clase
media europea y apoyar el desarrollo de la empresa privada”. Para ello usando
su dólar como moneda internacional de cambio, y respaldada con mucho oro en sus
reservas, a sus “nuevos socios” de Alemania, Italia, Francia e Inglaterra dio
préstamos a bajísimos intereses, subsidió a complejos industriales y del campo
europeo, financio obras de infraestructuras, proveyó asistencia técnica en
administración técnica de empresas importantes.
Eso es lo que hacen las grandes potencias
cuando ganan una guerra. No solamente ocupan territorios, también construyen
instituciones, construyen monedas de referencia, construyen bancos, construyen
reglas comerciales, construyen mecanismos financieros, construyen alianzas, y
construyen una arquitectura internacional que, casualmente, suele ser bastante
conveniente para quienes tienen el poder suficiente para diseñarla.
Escribir sobre la guerra fría y el dólar como
patrón de todas las monedas del Mundo es largo y tendido, así que solo
llegaremos al punto cuando todo aquel Acuerdo de Bretton Woods se desarmo por
el mismo país que lo impulso en su momento, los yanquis.
Volviendo al libro de Ludwig von Mises
mencionado arriba, “Teoria…”, encontramos algunos enunciados que
nos sirven para lo que vendría después de 1971, como aquello que dice que “El
dinero pierde valor cuando los gobiernos emiten billetes no convertibles para
financiar sus gastos”. “Las políticas de los bancos que inyectan dinero nuevo
en el mercado de préstamos pueden causar malas inversiones”.” La impresión
continua de dinero puede hacer que el sistema monetario se vuelva inestable y
que los ciclos de auge y caída se vuelvan viciosos”.
Es conocido que la Guerra sucia y despiadada de
Estados Unidos en Vietnam fue el detonante del Acuerdo de Bretton Woods, además
que por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial en 1971 tenían déficit
comercial con todos sus socios de Europa y Japón. Los yanquis necesitaban
financiar en cantidades industriales aquella guerra que se extendía en el
tiempo por la valerosa resistencia del pueblo vietnamita y su gran líder Ho Chi
Minh, Richard Nixon dio la orden y Burns, presidente de la reserva federal le
dio a la maquinita de imprimir, olvidándose del respaldo en oro que debía tener
cada billete que se imprimiera, volando así por los aires, la primera consigna
del Acuerdo firmado en 1944. Los europeos ni lentos ni perezosos,
socios en las ganancias, pero no en las perdidas, exigieron que sus excedentes
en dólares en sus Bancos Centrales fueran cambiados por oro, lo que llevo a una
disminución brutal de las reservas del vil metal en Fort Knox. Nixon, de un
plumazo, y sin mediar palabras, o si, con un discurso que sorprendió a todos,
como un gran Emperador ( y todos los presi de ese país algo de eso sienten, y sino
fíjense en Trump), el domingo 15 de Agosto de 1971 a la noche, en el horario
estelar de la televisión de ese país, interrumpió todas las transmisiones y
dijo llanamente “He ordenado al secretario [del Tesoro] Connally que
suspenda temporalmente la convertibilidad del dólar por oro", la idea
era hacer que las exportaciones estadounidenses fuesen más baratas y aliviar el
desequilibrio comercial, además de no acabar con sus reservas en oro que se le
exigía del otro lado del Planeta.
A partir de allí el Mundo cambio por completo,
el dólar se convirtió en una moneda como las demás flotante, aunque la salvo,
al fin y al cabo, otro hecho económico, cuando sirvió de referencia para otro
producto básico y escaso como decía Mises, que ya no era el oro, sino el petróleo,
dado el acuerdo a que llego Estados Unidos con Arabia Saudita en 1974, para
cotizar en exclusiva el barril de petróleo en dólares.
El FMI y ese dólar de referencia se convirtió
con Estados Unidos a la cabeza en una nueva forma de dominación, los gobiernos
que han acudido a sus préstamos han perdido su soberanía económica, y deben
exigir a su ciudadanía ajustes miserables en su vida diaria para pagar lo que
deben. Argentina lo está padeciendo.
Hoy el crédito para mí, es la “nueva plusvalía”
que mantiene a países e individuos encadenado a la explotación de los
poderosos. Podría decirse que es el cuento del huevo y la gallina, sino pides
créditos, no podrás contar con dinero suficiente para desarrollarte
rápidamente, y por otra parte cuando lo pides, tu deuda con sus intereses es
tan usurera que corres siempre detrás de la zanahoria y llega a estrangularte y
en el peor de los casos a ser devorado “por las ratas como le paso a Martine”.
Para muchos economistas identificados con el
liberalismo hay un concepto que repiten hasta el cansancio, “una sociedad
desendeudada es una sociedad pobre”, sino hay crédito no avanza la
sociedad, el crédito y la deuda, es la medida para ellos del progreso de una
sociedad.
Siempre ponen de ejemplo a los Estados Unidos
como país con crédito y mucha deuda, pero al fin y al cabo prospero, sin
embargo, según un informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York de
noviembre de 2024, el aumento de la deuda hipotecaria, de los préstamos para
automóviles, de las tarjetas de crédito y de los préstamos estudiantiles trepó
a un máximo de US$ 17,9 billones. Las hipotecas, que constituyen la mayor parte
de la deuda de los hogares, aumentaron hasta la cifra récord de US$12,6
billones. Representan el 70% de los saldos totales de los hogares, sin embargo,
la FED especifica: “Aunque la deuda de los hogares sigue aumentando en
términos nominales, el crecimiento de los ingresos ha superado al de la deuda”, “Aun
así, las elevadas tasas de morosidad revelan estrés para muchos hogares,
incluso en medio de cierta moderación en las tendencias de morosidad este
trimestre”, en definitiva, una “sociedad prospera” debe vivir
estresada. Continua el informe de la FED de noviembre de 2024, por décimo
trimestre consecutivo, un mayor número de propietarios de viviendas se endeudó
usando sus casas de garantía, ya que las líneas de crédito con garantía
hipotecaria aumentaron hasta US$387.000 millones. Los saldos de las tarjetas de
crédito aumentaron en US$24.000 millones, hasta US$1,17 billones, con la cifra
récord de 600 millones de cuentas abiertas. Los créditos para automóviles
aumentaron en US$18.000 millones a US$1,64 billones. Además, los préstamos a
estudiantes aumentaron en US$21.000 millones a un récord de US$1,61 billones.
Si pides crédito progresas, según los liberales.
Ahora veamos esto mismo acá en el Sur. Según el
primer informe sobre inclusión financiera publicado en noviembre de 2019 por el
Banco Central de la República Argentina (BCRA), el 51% de las personas adultas
poseía en ese momento algún crédito con el sistema financiero. En diciembre de
2015, cuando Cristina Fernández de Kirchner dejó el gobierno, esta proporción
era del 46,8%. Cristina dejo una pobreza en la Argentina del 30,1% en el 2015,
Macri dejo una pobreza del 35,5% en el 2019. Pobreza y deuda van aparejadas.
Tanto Macri como Milei aplaudían de pie, con
las dos manos y los pies que aparecieran los créditos hipotecarios y en
general, los bancarios, Macri del 2015 al 2019, y Milei en este año 2024 que
paso.
En un estudio presentado en Julio de 2024, por
el Centro de Almaceneros y Comerciantes Minoristas de la Provincia de Córdoba,
daba cuenta, a partir de 4200 encuestas realizadas en todo el país, que el 93
por ciento de los hogares argentinos tiene deudas y que, aunque más del 25 por ciento
de las familias se endeudan a través de la tarjeta de crédito, también
intervienen otros actores como los bancos, las prepagas, los préstamos
informales y hasta el fiado. Un dato que preocupa es que el 54 por ciento de
las deudas tomadas con crédito corresponden a la compra de alimentos, seguido
de lejos (casi 40 puntos por detrás) por la carga de combustible. En ese
sentido, el estudio advierte que casi el 60 por ciento de las personas tiene
entre dos y tres obligaciones financieras. Ante un contexto que marca inflación
alta, salarios bajos y aumento de la pobreza, la deuda deja de ser una opción
para convertirse en una necesidad. El primer semestre de 2024 el INDEC marco
una pobreza en la Argentina de 52,9%.
Pero hay otro aspecto a tener en cuenta con
este tema de los créditos de las familias y es que el tener deuda a pagar en el
tiempo condiciona tu voto político en el futuro.
Nadie ha podido explicar a ciencia cierta, y
definitivamente, no solo la reelección de Menem en 1995, tampoco el apoyo
“popular” por ahora a Milei, yo tampoco tengo una respuesta definitiva para
ello, pero solo dejo un intercambio que tuve con un camionero fletero que vivió
los 90 con Menem y está viviendo ahora lo de Milei.
-
¿Y cómo te va con todo este lio de Milei y tu trabajo?
- Bien, por ahora tengo trabajo, pero este es un loco y para mí no sale nada
bueno de todo esto.
- Che, ¿y vos viviste lo de Menem?, ¿no?
- Si
- ¿Y qué te paso?
- Al principio anduvo, al final estaba todo mal, mucho desempleo.
- ¿Pero lo votaste en la reelección? ¿no?
- Si, pero, ¿sabes qué pasó?, estaba endeudado a mas no poder y el tipo me
mantenía la moneda estable, uno a uno, papá.
La deuda externa de los países condiciona no
solo su impronta hacia fuera del país, sino su desarrollo interno como
sociedad, las deudas individuales o de familia nos acogotan en nuestras
preferencias políticas, además de crearnos muchas angustias en un Mundo ya
estresado.
Como dijimos arriba, La plusvalía surge en la
producción, el interés pertenece al mecanismo financiero, pero el interés puede
representar una transferencia hacia el capital financiero de una parte del
ingreso generado en la economía real, y cuando esa transferencia se vuelve
permanente y creciente, el crédito puede convertirse en un mecanismo de
extracción financiera, ahí sí tenemos una cuestión de fondo, el trabajador
puede estar vendiendo su fuerza de trabajo durante el día, y al mismo tiempo
estar vendiendo, mediante la deuda, una parte de sus ingresos futuros, una
parte de su futuro ya está comprometida.
Una persona sin deuda puede pensar
fundamentalmente en su salario, una persona endeudada puede pensar en su salario,
pero también en la cuota y una persona cuya cuota depende de la inflación, del
dólar o de la tasa de interés puede votar buscando fundamentalmente
estabilidad.
Entonces aparece una cadena que quizás sea más
importante de lo que creemos:
endeudamiento → dependencia económica →
percepción del futuro → comportamiento político, y esto vale para el
individuo, pero también para el Estado.
Un país altamente endeudado no decide
exactamente igual que un país que tiene una enorme capacidad de financiamiento
propio, cuando necesita dólares para pagar deuda, debe conseguir dólares, cuando
no los tiene, necesita crédito, cuando necesita crédito, debe negociar, y
cuando negocia desde la necesidad, su soberanía económica se reduce.
El crédito no es plusvalía, está claro, es algo
más complejo, es una herramienta, puede ser una herramienta de desarrollo si no
es usurera, puede ser una herramienta de inversión, puede ser una herramienta
de consumo, pero también puede convertirse en una herramienta de dependencia, y
cuando esa dependencia se articula con un sistema financiero internacional
dominado por una potencia hegemónica, el crédito deja de ser solamente una
operación entre dos personas, se convierte en una relación de poder. El capitalismo
financiero ha encontrado una manera extraordinariamente eficaz de convertir el
futuro en una mercancía.
El trabajador vende su fuerza de trabajo, el
empresario compra tiempo productivo, el banco compra una promesa de pago, el
Estado vende deuda, el mercado compra esa deuda, y todos terminamos
comprometiendo algo que todavía no tenemos: el futuro.
Efectivamente el crédito quizás no sea la
plusvalía, pero puede ser otra forma de apropiación, no del trabajo que ya
hicimos, sino del ingreso que todavía tendremos que producir. Y cuando una
persona, una empresa o un país debe trabajar durante años para pagar una deuda
contraída en el pasado, entonces la pregunta deja de ser solamente cuánto
posee. Hay que preguntarse
también: ¿Cuánto de su futuro le pertenece todavía?, Y quizás ahí esté
escondida la verdadera rosa, la que compramos a crédito, la que pagaremos
mañana, y que, mientras tanto, alguien más ya está cobrando.