Viaje a la Luna
Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.
QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR
martes, 26 de enero de 2016
lunes, 25 de enero de 2016
ni de que haya tan mala memoria
El problema no queda en la gloria
ni en que falten tesón y sudor...
sábado, 23 de enero de 2016
GATITO A LA PARRILLA
(por Fernando Cibeira, publicado en Pagina12)
Si nos abstraemos del mensaje de paz y amor que emiten sus funcionarios, si hay algo que no se le puede reprochar a lo que va de gestión macrista es hipocresía. Todas sus medidas han ido en la misma dirección, aquella en la que tanto se alertó durante la llamada “campaña del miedo”, que –todo indica– quedó corta. El episodio sobre la detención de Milagro Sala y la ofensiva que apunta a desbaratar su organización social en medio de un panorama de despidos en la esfera pública y privada es indicativo de la orientación del proceso abierto el 10 de diciembre.
Las organizaciones sociales se expandieron en el país al calor de la crisis de 2001. Los partidos políticos habían volado por los aires y a sus dirigentes les costaba caminar por la calle. Los movimientos sociales –algunos como ramificación de un partido, otros aliados a un sindicato y un tercer grupo independientes del todo– fueron engrosando sus filas con la legión de despedidos que quedaron de un día para el otro fuera del sistema y sin posibilidades de reinsertarse. Desde esas organizaciones se hicieron fuertes para hacer oír sus reclamos, desde los medios se los identificó como “piqueteros”.
El kirchnerismo sirvió de cobijo a los que se sintieron convocados con su discurso nacional y popular. Varias de estas agrupaciones –en algunos casos encabezadas por militantes políticos de los 70– se convirtieron en la expresión de base del kirchnerismo y aportaron su poder de movilización al proyecto. Se estableció una relación de ida y vuelta entre el Estado y las organizaciones para el reparto de beneficios sociales. De alguna manera, estos movimientos –que surgieron y se expandieron en los márgenes del sistema– pasaron a integrarse al aparato estatal como su “pata social”. “La hipótesis de la integración e institucionalización comenzó a perfilarse como una de las tendencias centrales del gobierno de Kirchner, alimentada por el accionar de ciertas organizaciones sociales que vieron en el nuevo presidente la posibilidad de un retorno a las ‘fuentes históricas’ del justicialismo”, analizaron Maristella Svampa y Sebastián Pereyra en Entre la ruta y el barrio: La experiencia de las organizaciones piqueteras.
En este esquema, la Tupac Amaru de Milagro Sala representa un caso especial. En las provincias del norte del país persiste un esquema casi colonial, con el poder repartido entre una determinada cantidad de familias –una “clase”– mientras que una abrumadora mayoría se mantiene a la expectativa de, al menos, integrarse al sistema como su mano de obra. En Jujuy, con un Estado prácticamente inexistente que había dejado buena parte de la sociedad a la intemperie, Milagro Sala tuvo un amplio campo para actuar empezando desde la nada, organizando merenderos barriales para los chicos. Luego pasaron a administrar la entrega de bolsones de comida y planes de ayuda. Con la llegada del kirchnerismo comenzaron con la construcción de viviendas, barrios que incluyen pileta de natación, un polideportivo y un mercado. Después siguieron las escuelas, los centros de salud, los talleres textiles, las fábricas y hasta un centro cultural. La Tupac Amaru es la cabeza de la red de organizaciones sociales que agrupa a pequeñas cooperativas, con alrededor de 70 mil afiliados en total. El gobernador Gerardo Morales acusa a Milagro Sala de haber montado un “Estado paralelo”. En verdad, lo que hizo fue hacer llegar el Estado a lugares donde no existía.
Desde que se profundizó el enfrentamiento con Morales, unos años atrás, una variedad de denuncias cayó sobre Milagro Sala y su agrupación. Muchas acusaciones fueron desestimadas, otras no avanzaron. Nadie reclama que no se investigue lo que haya que investigar si es que existen pruebas de corrupción, amenazas o desvío de fondos. Pero lo cierto es que el motivo de la detención de Sala el lunes pasado fue por la protesta que lleva adelante por la continuidad de los planes sociales que reciben las cooperativas. La “acumulación de causas” que argumentó Morales para justificar la detención por delitos que son excarcelables –“instigación a cometer ilícitos y tumulto”– fue considerada un disparate por los especialistas. También que se le rechazaran hábeas corpus y que el juez resolviera además endurecer las condiciones de detención enviándola a un penal de mujeres.
Vale repasar las particularidades que rodearon la detención de Sala. Como para no queden dudas de su carácter político, el ministro de Seguridad de Morales, Ekel Meyer, encabezó personalmente el operativo. Desde la Tupac aseguran que todos los jueces involucrados tienen relación con el radicalismo gobernante. Gastón Mercau –el juez que rechazó el hábeas corpus y dispuso el traslado– es yerno de la presidenta del Superior Tribunal de Justicia jujeño, la ex diputada radical Clara De Langue de Falcone. Este diario relató la sorprendente manera en que Gerardo Morales consiguió de hacerse de una mayoría automática en el Tribunal. Luego de su triunfo electoral, en una sesión de madrugada, consiguió la ampliación de la Corte de cinco a nueve miembros. Dos diputados radicales que participaron de la sesión después renunciaron para asumir como jueces de la Corte ampliada. Ni Carlos Menem se animó a tanto.
Es otra muestra de que el discurso de respeto a la institucionalidad de Cambiemos quedó archivado junto con la campaña electoral. Los DNU de Mauricio Macri para cambiar leyes votadas por el Congreso o actitudes desfachatadas como la de Morales armando Poder Judicial a su gusto ahora son interpretadas por sus exegetas como una señal de “tener los pantalones bien puestos” o una vocación por gobernar “como la del peronismo”, que en otro contexto sería una crítica pero aquí es un elogio. Y todo ello sin que se modifique el discurso institucionalista oficial. Cuando Mauricio Macri defendió ante los periodistas extranjeros la detención de Milagro Sala, elogió la “independencia” con la que actuaron los jueces.
Organizaciones políticas, sociales, sindicales y de derechos humanos resaltaron el carácter político de la ofensiva contra Milagro Sala, y ayer hubo un reclamo con cortes en todo el país. Con la misma salvedad acerca de que se investiguen las irregularidades que haya que investigar, dirigentes como el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel sostuvieron que el caso de Milagro Sala “es una detención política que debe resolverse cuanto antes”.
El objetivo que denunciaron es el de la criminalización de la protesta social. Se le podría agregar la intención de dividir y debilitar a las organizaciones sociales. Morales busca convencer una a una a las cooperativas jujeñas que abandonen a la Tupac Amaru y arreglen condiciones directamente con la gobernación. Con los que aceptan, los recibe en su despacho y se saca una foto sonriente. Es obvio imaginar que a partir de ahora a esas pequeñas cooperativas les resultará más dificultoso llevar adelante cualquier nuevo reclamo que si se tratara de los 70 mil afiliados a la red de la Tupac en su conjunto.
El contexto agrava la situación. Además del panorama de despidos en el ámbito público y privado de las últimas semanas y el inicio de una negociación paritaria que asoma conflictiva, están los pronósticos que no pintan halagüeños. El último número difundido por la OIT habla de un incremento de 2,4 millones de desocupados entre las economías emergentes sólo para este año. Y pese a todos los gestos de amistad que ensayó con el poder económico durante su paso por Davos, el FMI empeoró ayer sus perspectivas para el país para el que calculó una recesión “leve” del uno por ciento debido al ajuste en marcha.
“Si Macri gana, este gatito morirá”, fue el chiste con imagen que se hizo popular en las redes sociales como ironía ante la suma de desgracias que decía el kirchnerismo que ocurrirían con el candidato de Cambiemos en la Casa Rosada. Podríamos decir ya que el gatito no sólo murió, sino que lo hicieron a la parrilla, como aquella recordada nota trucha de TN que buscaba poner en escena la dramática situación social en el Gran Rosario como consecuencia de las políticas neoliberales de los 90. Como en las historias circulares de Borges, hacia allá vamos.
jueves, 21 de enero de 2016
martes, 19 de enero de 2016
lunes, 18 de enero de 2016
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Estos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
sábado, 16 de enero de 2016
LA SUPERIORIDAD DEL CAPITALISMO
(Por Santiago Alba Rico, leído en el Blog segundacita.blogspot.com.ar de Silvio Rodríguez)
Veamos en primer lugar lo que no es una crisis capitalista.
Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 4.750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 1.000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.
Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.
Que 3 000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.
Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.
Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.
Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.
Que 16 306 especies están en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.
Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?
Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4 700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1.000 empresas multinacionales y 2. 500 000 de millonarios.
Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas estas calamidades humanas -que habrían invalidado cualquier otro sistema económico- no afectan a su credibilidad ni le impiden seguir funcionando a pleno rendimiento. Es precisamente su indiferencia mecánica la que lo vuelve natural, invulnerable, imprescindible. El socialismo no sobreviviría a este desprecio por el ser humano, como no sobrevivió en la Unión Soviética, porque está pensado precisamente para satisfacer sus necesidades; el capitalismo sobrevive y hasta se robustece con las desgracias humanas porque no está pensado para aliviarlas. Ningún otro sistema histórico ha producido más riqueza, ningún otro sistema histórico ha producido más destrucción. Basta considerar en paralelo estas dos líneas -la de la riqueza y la de la destrucción- para ponderar todo su valor y toda su magnificencia. Esta doble tarea, que es la suya, el capitalismo la hace mejor que nadie y en ese sentido su triunfo es inapelable: que haya cada vez más alimentos y cada vez más hambre, más medicinas y más enfermos, más casas vacías y más familias sin techo, más trabajo y más parados, más libros y más analfabetos, más derechos humanos y más crímenes contra la humanidad.
¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tiene que preocuparnos la crisis? ¿Por qué nos conviene encontrarle una solución? Las viejas metáforas del liberalismo se han revelado todas mendaces: la “mano invisible” que armonizaría los intereses privados y los colectivos cuenta monedas en una cámara blindada, el “goteo” que irrigaría las capas más bajas del subsuelo apenas si es capaz de llenar el cuenco de una mano, el “ascensor” que bajaría cada vez más deprisa a rescatar gente de la planta baja se ha quedado con las puertas abiertas en el piso más alto. Las soluciones que proponen, y aplicarán, los gobernantes del planeta prolongan, en cualquier caso, la lógica inmanente del beneficio ampliado como condición de supervivencia estructural: privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Es decir, si las cosas no van bien es porque no van peor. Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: antes de la crisis condena a la pobreza a 4.700 millones de seres humanos; en tiempos de crisis, para salir de ella, sólo puede aumentar las tasas de ganancia aumentando el número de sus víctimas. Si se trata de salvar el capitalismo -con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos- debemos aceptar los sacrificios humanos, primero en otros países lejos de nosotros, después quizás también en los barrios vecinos, después incluso en la casa de enfrente, confiando en que nuestra cuenta bancaria, nuestro puesto de trabajo, nuestra televisión y nuestro ipod no entren en el sorteo de la superior eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos-en-otra-parte y a sus desgraciados-sin-ninguna-esperanza.
Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Se equivoque o no Wallerstein en su pronóstico sobre el fin del capitalismo, tiene razón sin duda en el diagnóstico antropológico. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, con mucho dolor y poca organización, con mucho miedo y poco compromiso -el mundo que ha producido el capitalismo- la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo.
Por eso hay que auparse en los islotes de conciencia y en los grumos de organización. Cuba bloqueada, Cuba azotada por los vientos, Cuba pobre, Cuba incómoda, Cuba a veces equivocada, Cuba improvisada, Cuba disciplinada, Cuba resistente, Cuba ilustrada, Cuba siempre humana, mantiene abierta una tercera vía, hoy más necesaria que nunca, entre el capitalismo y la barbarie. Si no podemos ayudarla, podemos al menos ayudarnos a nosotros mismos pensando en ella con alivio y agradecimiento.
(Comparto con el autor el diagnóstico, en eso no nos vamos a equivocar, de hecho es ya una VERDAD REVELADA, el problema es proponer y más que proponer, llevar a cabo alternativas prácticas viables economicamente en el tiempo, y con el desafío de hacerlas sin corrupción y sin equistamientos burocraticos...siempre será fácil diseñar algo intelectualmente, tamaña tarea humana la de hacerla posible)







