Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

jueves, 19 de octubre de 2023

MILEI, TOLSTOI Y MI BISABUELO
(Por Sebastián Plut)



I. Todo apellido contiene la cifra de la muerte pues en ese horizonte hacia el pasado, que está escrito en lo más íntimo de nuestra subjetividad, se agolpan nuestros ancestros. Los que ya no están, los que nunca conocimos, los que aportaron un nombre y una tradición, aquellos que nos figuramos como una extensa escalera descendente que nos hace de origen y que, finalmente, nos anticipa un destino.

La diversidad que nos es propia a los humanos, cuyos caracteres posibles son tantos que sería imposible inventariar, nos distingue a unos de otros, y nos estimula porque la diferencia nos sustrae de nuestras cápsulas narcisistas. Sin embargo, esa inabarcable multiplicación de variaciones se conjuga también con un acotado conjunto de universales que nos reúnen, que nos vuelven inexorablemente afines. Así, aunque tales universales son apenas un puñado, y la muerte es uno de ellos, su abarcatividad le otorga un lugar de igual peso junto a la inconmensurable pluralidad.

También es cierto, y pese al humano destino común, que cada apellido es el nombre singular del morir, cada quien escenifica --consigo mismo y con los otros-- los caminos para consentir o resistir la posibilidad de un acelerado retorno a la inercia.

La ética, en última instancia, no es sino una exigencia para la también humana pretensión de ilusionarse con la omnipotencia. Esto es, nos impone asumir la inevitabilidad de nuestro desvalimiento y, sobre todo, nos reclama no ser ajenos, indiferentes, ante el desvalimiento del otro.

II. El apellido Milei, hoy, es el nombre del dejar morir. Aunque su repertorio de frases no es demasiado vasto, aborde el tema que sea su programa político es reductible a eso, dejar morir.

Negacionista del terrorismo de Estado, del cambio climático y de las múltiples desigualdades de clase y de género, su plan de gobierno, en materia de trabajo, economía, seguridad, salud o educación, se condensa en aquel sintagma.

La invalidez de sus rancias teorías se ratifica en cada ocasión en que se anima a hablar más espontáneamente: “si te querés matar, matate, pero no me hagas pagar a mí la cuenta”, “si no es rentable [por ej., pavimentar una calle] no es deseable socialmente”, son apenas dos expresiones, entre tantas otras, de su ominosa cosmovisión.

III. Según relata Eduardo Galeano, en Memorias del fuego III, mi bisabuelo, Isaac Zimerman, se derrumbó y lloró cuando en 1910 se enteró de que había muerto León Tolstoi. Posiblemente, el episodio sucedió en diciembre de aquel año, en la Colonia Mauricio de la localidad bonaerense de Carlos Casares. Isaac y su familia, para ese entonces, hacía poco más de cinco años que habían llegado de Rusia, escapando de la miseria y del antisemitismo.

¡Qué comunidad de sentimientos es capaz de producir la escritura para que la muerte de su autor conmueva así a un inmigrante que, junto con su mujer y sus hijos, trataban de sobrevivir en la otra punta del planeta!

No sé a cuántos estaré plagiando si afirmo que la muerte es el motor de la escritura, pero no solo porque la civilización se empeña en la posteridad, no solo porque la letra perdura más allá de los cuerpos o, como decía Freud, porque la escritura es el lenguaje del ausente.

Escribir es el acto de producir interrogantes, y preguntar es el nombre de la angustia. Escribimos, pues, para sobreponernos al sufrimiento, a un dolor que proviene del propio cuerpo, de los vínculos con otros y de la realidad. Eso también es enseñanza freudiana. Las palabras, entonces, procuran transformar las amenazas en lo opuesto: que el propio cuerpo no perezca antes de tiempo, que el otro devenga un semejante y que la naturaleza sea abrigo.

IV. El apellido Milei, hoy, es el nombre de la crueldad. Sin embargo, el mayor espanto no es la destructividad que anida en su subjetividad, sino cómo, por qué, su personalidad se traduce en una particular psicología social. No habrá, desde luego, una respuesta única, pues no es verosímil suponer una homogeneidad que comprenda a todos sus votantes. Los habrá fascistas, indiferentes, crédulos, incautos, y seguramente las alternativas son más.

Son dos, entonces, las preguntas que sobrevuelan: ¿sus votantes perciben su crueldad? Y luego, si acaso la registran, ¿es que les parece irrelevante o los excita?

No lograremos acertar con las respuestas; no obstante, en todos los casos, contestemos de uno u otro modo sendos interrogantes, el peligro es mayúsculo.

Si no la divisan, si la captan con indiferencia, o se contagian de ella, son tres caminos que convergen en una tragedia irreparable, incluso para esos mismos sujetos.

V. Para la época en que mi bisabuelo se casó, en Rusia, con mi bisabuela, Sara Snirman, León Tolstoi escribió ¿Qué hacer?, libro que fue inspirador de textos posteriores. Por haber visto que los mendigos eran detenidos, allí dice: “no podía comprender que estuviese prohibido que un ser humano les pidiese algo a sus semejantes”.

Se trata, en suma, de comprender al otro como un semejante y, en consecuencia, la sociedad, una comunidad, la humanidad, no puede tener como punto de partida ni como fundamento último la competencia, el mercado o, como repite Milei, “ofrecer un mejor producto a un mejor precio”. Esto es, los vínculos humanos, la intersubjetividad, para Milei no difieren de la relación de cada sujeto con las cosas, una relación de posesión, monetizada o de indiferencia.

En rigor, no se trata solo de ricos y pobres o de qué deben hacer los primeros respecto de los segundos. El asunto, finalmente, es qué es lo que hace que una sociedad se mantenga unida.

VI. La conocida frase que se le atribuye a Tolstoi, “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, sin duda no describe únicamente el isomorfismo entre un pequeño pueblo y la Tierra toda. También nos advierte que un hilo de Ariadna liga cada singularidad con la humanidad, para que nadie se extravíe en el laberinto, sea del desamparo, sea de la opulencia, para que nadie que esté afuera se vea impedido de ser incluido.

VII. Mi abuela paterna, hija de Isaac y Sara, al lamentarse solía exclamar “¡San Pedrito, San Pedrito!”. Durante años me pregunté por qué una mujer judía y rusa invocaba a un santo ante las adversidades. Gracias a textos familiares y de historia de la inmigración, descubrí que en la institución judía que organizaba el traslado desde Rusia de los judíos (pobres y perseguidos) había dos grupos: uno que proponía que se embarcaran solo aquellos que podían costear sus propios pasajes y otro que, en cambio, sostenía que la asociación debía solventarlos. Este segundo grupo, cuya posición prevaleció, tenía su sede en San Petersburgo. Así comprendí, entonces, el lamento de mi abuela.

VIII. El apellido Milei, hoy, es el nombre de la injusticia. Para él, la justicia social no es más que la aspiración envidiosa de los fracasados. Así, opera una deformación trágica que no califica siquiera de reduccionismo; es decir, pretende revestir de envidia lo que no sería sino una injusticia. La solidaridad, para Milei, no tiene lugar, el individuo no se referencia de ningún modo a su comunidad, y basta en su cosmovisión la competencia. ¿Y no es, acaso, esta última la fuente más potente de la envidia, en la aldea de la ley del más fuerte?

IX. Ya señalé que escribimos para crear interrogantes y para transformar las amenazas en algo diverso. Podemos parafrasear a Tolstoi: escucha una entrevista a Milei y escucharás a toda La libertad avanza. Milei no responde preguntas, no las entiende ni las acepta. Solo conversa con periodistas cuyas preguntas ya están respondidas de antemano, cuyas preguntas son apenas el molde diseñado para el contenido que Milei recita una y otra vez. En consecuencia, su discurso y su acción, por su propia naturaleza, no podrían nunca convertir las amenazas en lo opuesto. Al contrario, impone morir, que el otro no sea más que un extraño y que la naturaleza se consuma al calor del mercado.

X. Milei afirmó ya tantas veces que él entiende al Estado como una organización criminal. Que haga tantos esfuerzos por ser presidente, es decir, por ser el Jefe del Estado, nos autoriza a concluir: a confesión de parte, relevo de pruebas.

El antagonismo con su proyecto no podría ser más radical. En efecto, el valor y la necesidad de una economía a escala humana, la cultura edificada durante siglos y la historia de mi propia familia no solo me deniegan toda posibilidad de apreciar la más mínima propuesta de Milei, sino que convergen para advertir su irrefrenable destructividad.

 




jueves, 12 de octubre de 2023

JAVIER MILEI: AVISO DE INCENDIO
(Por Luciano Sanguinetti)



Un gobierno progresista fracasado. Una deuda leonina impagable impuesta por potencias extranjeras al gobierno conservador precedente. Los sectores concentrados de la economía apoyando a un líder histriónico anticomunista. Una inflación imparable. La crisis de las mediaciones culturales producida por una transformación en las tecnologías de comunicación. La omnipresente guerra geopolítica de dos potencias mundiales. No estoy hablando de Argentina, es la Alemania previa a la asunción de Adolf Hitler como primer ministro en 1933.

Conocemos la historia. En 1919, las fuerzas progresistas del partido socialdemócrata alemán y la izquierda socialista formaron gobierno impulsando una serie de reformas que se plasmaron en una Constitución de vanguardia. Ese período de entreguerras se conoce como la República de Weimar. El acuerdo de Versalles le impuso a Alemania concesiones que condicionaron su economía dando lugar a una inflación imparable. Hitler, después del putsch de 1923, irrumpió en la escena política concitando importantes apoyos de la elite conservadora y los grandes grupos económicos, como los Krupp, que le temían al ascenso del comunismo. En el campo de la cultura, todo este periodo fue escenario de profundas modificaciones en el consumo artístico, producto del avance de las entonces nuevas tecnologías de la comunicación como el cine y la radio. En ese marco, dos potencias mundiales en ascenso (Estados Unidos y la Unión Soviética) marcaron todo este periodo hasta llegar a su máxima expresión en la Guerra Fría.

Desde entonces no han parado de escribirse libros que buscan la respuesta a una sola pregunta. ¿Por qué sucedió? Los frankfurtianos como Theodor Adorno o Max Horkheimer explican el proceso como consecuencia de la caída de la autoridad paterna producto del desempleo y la inflación después del crack del 29 y la búsqueda en un líder autoritario que compensara aquella seguridad perdida; el historiador Jeffrey Herf, en Tecnología, cultura y política en la República de Weimar y el Tercer Reich, interpretó, en la amalgama entre antiiluminismo nacionalista y fascinación tecnológica, la constitución de una cultura guerrera y expansionista; para otros la causa fue el manejo omnipotente de los medios de comunicación, en especial la radio, de Joseph Goebbels, quien hizo un uso político de la cultura de masas emergente. No es difícil pensar que las causas eran múltiples y que todo funcionó como un reloj en beneficio del infausto monstruo que llevó a Alemania al horror y a Europa a una de las guerras más cruentas de su historia.

Pero hay una diferencia con la Argentina, Milei no es fascista. Los neoreaccionarios son liberales, son anarcocapitalistas, aceleracionistas de derecha como Nick Land, el ideólogo de este movimiento que hoy vive su retiro en Japón (el verdadero pensador detrás de Steve Bannon), autor de una serie de ensayos, como La Ilustración oscura, que fulguraron en la primera década del siglo XXI. Son los creadores de la singularidad tecnológica. Su argumento es que hoy los consensos del Estado de Bienestar, es decir, lo que Marx llamaría la superestructura ideológica, atrasan el desarrollo de las fuerzas productivas. Y por eso, en esa lucha de clases, el mundo está ante una nueva crisis civilizatoria. ¿En dónde podemos verlo? En las diferencias abismales que las tecnologías están generando en el mundo del trabajo, no solo en cuanto a salarios (en especial el teletrabajo que se paga en dólares) sino también en las rutinas productivas: homeoffice, trabajo cognitivo, gestión deslocalizada. En la descomposición del Tercer Mundo en el que hay islotes de riqueza nunca jamás vista (Dubai, por ejemplo). En el fútbol, como espectáculo global, que mueve millones de dólares de una punta a la otra del planeta sorteando barreras de todo tipo.

En esta encrucijada, los sectores neoreaccionarios quieren aprovechar la crisis para dar otro zarpazo. Y es obvio como se mueven en las sombras (¿Macri?). Porque finamente contra este capitalismo financiero global desterritorializado lo único que lo puede enfrentar son naciones organizadas democráticamente con altos consensos en su interior articuladas con otras naciones del mismo tipo, que defiendan a sus poblaciones, que busquen la igualdad y el interés común de un planeta en riesgo de un cataclismo. Recientemente, el intelectual y exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera lo expresó con claridad en la conferencia que brindó en el Teatro Argentino de la Plata: el auge de los extremismos de derecha es la respuesta combinada de los sectores conservadores a la incertidumbre económica y de los sectores populares a la defraudación de los gobiernos progresistas.

Entonces, cabe la pregunta, ¿qué vamos a hacer para evitar que todo termine como puede terminar? La película de Quentin Tarantino Bastardos sin gloria plantea esta hipótesis, desafiándonos con la idea de que la historia no está escrita para siempre. ¿Podrían haber pasado otra cosa? El filósofo Walter Benjamin, contemporáneo de aquella república alemana idealizada, en un texto titulado Aviso de incendio, inesperadamente actual, dijo que pensar que el capitalismo concluiría inexorablemente en una revolución como la que imaginaba Marx era por lo pronto dudoso. En ese caso, aconsejó, sería mejor apagar la mecha antes de que todo estalle. ¿Podemos hacerlo o estamos atrapados en el juego de los prisioneros en el que movidos por el egoísmo terminan perjudicándose? Los que vivimos el 2001 podemos imaginarlo. Pero la maximización de las ganancias parciales de los protagonistas no siempre funciona. Resulta una paradoja, pero pareciera que la única alternativa es ceder. ¿Cómo lograrlo cuando parece que la consigna es yo o el caos? Si el inconsciente colectivo existe, la expresión de campaña de Patricia Bullrich ya es una confesión de parte: todo o nada. Del lado de la motosierra promueven la desaparición de la casta. Apagar el fuego con nafta no parece lo más prudente. La inteligencia de las fuerzas populares reside en este caso en reconocer los errores cometidos, rearticular un amplio campo popular democrático y tomar medidas redistributivas claras con horizonte de futuro. No es fácil, pero no hay otro camino.

 




martes, 10 de octubre de 2023

 MENEMISMO RECARGADO 2.0

Uno diría primero que si luego de una experiencia fallida, vienen años mejores mantenidos en el tiempo, un “revival de aquello fallido” no sería necesario, la sola imposición de esas nuevas ideas mejores harían trizas esa mala pasada anterior, pero en caso contrario ante la recaída de las nuevas ideas por su mala praxis, habrá más de uno que echara mano a aquellos malos tiempo y los tratara de traer al presente con algún peinado novedoso. Cualquier alusión al estado actual de la Argentina, es pura coincidencia.

El menemismo pudo haber resuelto en un principio la angustiante inflación de finales de 1989, e incluso la privatización del servicio telefónico o de la distribución eléctrica pudo atraer capitales y tecnología que de otra manera en aquellas condiciones de desarrollo iba ser difícil para el Estado Argentino invertir con tantas problemáticas a resolver al mismo tiempo, la táctica, sin embargo se convirtió en estrategia de desarrollo, Menem fue el caballito de batalla en el tercer mundo bajo condiciones “democráticas”, de un primer Mundo que con las políticas neoliberales de Thatcher y Reagan habían fracasado y volvían su mirada al Mundo bajo “su mando”. Menem privatizo “lo que es y no debido”, y un supuesto “crecimiento económico del PBI” vendiendo todas las joyas de la abuela, no se vio acompañado de un crecimiento económico social sentido por la mayoría de la gente, de hecho unos de los indicadores como el desempleo aumento a más del triple en los primeros años (1996, 17.3%), con un pequeño descenso hasta 12.4% (1998) y cuando De la Rua salió chiflando bajito en el helicóptero de la Casa Rosada el desempleo ya era de nuevo grande del 18.3%. Algo, por otro lado, que ya había pasado en Chile durante la dictadura de Pinochet después del 11 de Septiembre de 1973 (el primer ensayo latinoamericano de los Chicago Boys), solo que allí donde había una dictadura sangrienta, no iban a permitir que Pinochet saliera volando como De la Rua. En Chile hubo un ensayo neoliberal bajo dictadura, en la Argentina en condiciones de “democracia”.

Para escribir un poco más de Chile, me he acercado a un estudio realizado por Claudio Llanos R. de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. En ese estudio Claudio platea algunas ideas interesantes, entre ellas que esta bueno acercarse a los mensajes presidenciales de Augusto Pinochet a la nación y las sesiones secretas de la Junta de Gobierno entre 1973 y 1978, donde  se manifiesta la política de balance, discusiones y proyectos de quienes integraban el régimen, sobre los cambios que Chile debía cumplir para integrarse al concierto del desarrollo capitalista de la época, donde tomaba centralidad las políticas de corte monetarista, la pérdida de centralidad del empleo dentro de la economía política a favor de la estabilidad de precios y la inflación, así como los cuestionamientos a las políticas fiscales de orientación pública.

Entre 1960 y 1972, el desempleo en Chile presentaba un desenvolvimiento caracterizado por bajos niveles, en línea con lo que en gran parte de los países capitalistas occidentales representaba tanto la búsqueda del pleno empleo, como la expansión de la función económica del Estado para mantener los niveles de ocupación, producción y consumo. El porcentaje de desocupados que en 1960 fue de 7,1%, había pasado a 5,7% en 1970; 3,8% en 1971; 3,1% en 1972 y 4,8% en 1973. Para la dictadura el crecimiento del empleo hasta el 11 de septiembre de 1973, era el resultado de una historia de distorsión política sobre la demanda de trabajo. Así afirmaban en sus diagnósticos que muchos sectores productivos y de servicios públicos habrían crecido sin ninguna relación con las necesidades y capacidades productivas. Esta línea de argumentos era parte de la crítica que desde la dictadura y sus colaboradores se hacía del desarrollo histórico de la democracia en Chile, particularmente en el gobierno de Salvador Allende.

El genocida de Pinochet y sus acompañantes presentaron una “solución” ante la situación antes expuesta:

1.- Prohibición absoluta de aumentar las dotaciones de personal existentes.

2.- Prohibición de contrato nuevo personal por la vía de la contrata o jornal,

3.- Prohibición para llenar las vacantes que se produzcan, salvo casos justificados de jefatura de los ascensos. (…).

4.- Estudiar concretamente las posibilidades de reducción de personal por sectores de actividad de la Administración pública, en especial:

a - Sector Obras Públicas, mediante el traspaso al sector privado, de acuerdo con la política de entregar las construcciones mismas a este sector a través de propuestas,

b - Sector Recursos Naturales Renovables, mediante la supresión del Ministerio de Tierras y Colonización y la reorganización interna del Ministerio de Agricultura (‘ya iniciada),

c - Sector Vivienda, mediante la reorganización del Ministerio y supresión de duplicaciones con Obras. (…).

Se empezó a ver como normal y hasta beneficioso la idea del desempleo dentro del mercado, lo veían como un factor que podía llevar a un “correcto” funcionamiento de la economía, puesto que éste se daría mayormente en áreas obsoletas e ineficientes, reemplazables y reabsorbidas por el mercado, además se apuntaba a que los trabajadores y sus demandas de beneficios salariales y seguridades laborales eran los elementos responsable de la poca demanda de empleo.

Las medidas económicas tomadas por la Dictadura de Pinochet hicieron que de 1973 al 1977 el desempleo en Chile subió hasta el 16% (cuatro veces), luego bajo al 13% en 1978 y se mantuvo al 10% anual hasta 1982 que volvió a subir grandemente hasta el 20%.



Algo parecido sucedió en la Argentina con Menem y puede verse en el siguiente grafico.

 


Luego de la crisis del 2001 en la Argentina y la llegada primero de Duhalde, y luego de Néstor Kirchner el desempleo comenzó a bajar abruptamente a partir del 2003 hasta un 7.5% en el 2007 cuando asumió Cristina, luego se mantuvo la cifra cerca del 6% cuando dejo su gobierno en el 2015.  La subida tuvo lugar más tarde cuando Macri asumió definitivamente en el 2016 y volvió a aplicar las mismas políticas de Menem, terminando su mandato con un 8.9% habiendo pasado por un 9.10% en el 2018 en plena crisis cuando endeudo a la Argentina en unos 44 000 millones de dólares con el FMI.

 


Los momentos actuales con un desempleo de 6.2% y una alta inflación anual del 140% nos recuerda la misma condición del año 1989 donde había bajo desempleo pero los que trabajaban eran pobre y no llegaban a fin de mes. Sin dudas estamos en presencia de un nuevo ciclo con condiciones creadas para una reproducción de las políticas de los 90 en la Argentina. No por gusto han aparecido en la actualidad tipos como Milei con patillas incluidas como las de Menem.

Me viene a la mente la principal idea del desarrollo humano de Marx que enuncio como universal en medio de aquella maleza ideológica de la segunda mitad del siglo 19, el hombre primeramente necesita comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte y religión.

Marx percibió la historia de la humanidad como una gigantesca espiral que trazaría el desarrollo de la productividad del trabajo (las fuerzas productivas) en relación con la cambiante estructura social en la que tiene lugar (las relaciones sociales de producción). Las fuerzas productivas tienden a crecer a lo largo de la historia, pero su velocidad varía dependiendo de que las relaciones sociales imperantes generen un clima favorable o desfavorable al progreso material.

Evidentemente por los datos que accedemos, el PBI argentino creció entre 1990-1998 en el doble, aunque hacia el 2001 este volvió a los niveles de 1989, en ese mismo periodo el desempleo creció tres veces.

Con la llegada de Néstor Kirchner en el 2003 y hasta 2015, que Cristina dejo su gobierno, el PBI creció 4.5 veces y el desempleo decreció en tres veces. Mirando estas cifras podemos afirmar que un crecimiento de las fuerzas productivas no siempre está vinculado a una mejor situación social de las mismas, porque falta el factor distribución de la riqueza y en ello el Estado es fundamental. El periodo de Menem produjo más agonía en las masas trabajadoras que el desarrollo económico (PBI) que provoco esas fuerzas productivas, la distribución de la riqueza creada se concentro en unos pocos. En el caso de Macri que trato de imitar a su mentor de los 90, hizo todo mal, su PBI se recorto en 1.2 veces del 2016 al 2019 y además vino aparejado al mismo tiempo de un aumento del desempleo.

Los “nuevos” Menemistas ante la situación actual muy parecida a la de 1989, pretenden convencer a una buena parte del electorado que teniendo en cuenta “la espiral de Marx”, podemos pasar por el mismo lugar pero un escalón más arriba, con ello es posible que se le dé una vuelta de rosca al desarrollo de las fuerzas productivas, incluso que el PBI argentino aumente significativamente como a partir del año 1989, pero lo que no te cuentan es las desgracias sociales que se verán con ese “progreso material en el PBI”, entre ellas, el desempleo.

La arremetida comunicacional de estos VIEJOS liberales encabezados por Milei, puede ser explicada por otra espiral, la llamada espiral del silencio que la politóloga alemana Noelle-Neumann ha esbozado en el pasado. En ella Neumann expone una idea fundamental, que se ve reflejada en la práctica,  las sociedades en general intimidan con el aislamiento a los individuos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento del público está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante. En general hay una tendencia en nosotros a ir calibrando nuestra opinión personal con las opiniones que se van dando mayoritariamente en el espacio público en que nos desenvolvemos.


Los Multimedios y hoy la internet con sus “redes sociales” crean estados de opiniones favorables o no a determinados estados de ánimos, y determinados conjuntos de ideas. La predisposición de la espiral de Neumann es silenciar a quienes tienen posiciones diferentes a las mayorías, pero se frena cuando se encuentra con un “núcleo duro”, que son aquellas personas que, aunque pocos, se consolidan en sus posiciones y opiniones y no abandonan el empeño de que su voz sea escuchada. Este ha sido el “fenómeno Milei”, amplificado por todos los medios ante sus estridentes pronunciamientos, incluso ideas aberrantes que en otro contexto hubieran sido fuertemente condenadas pero que inmersas en este caldo de cultivo, que es la situación económica y social desesperante de la  Argentina encuentran poco a poco el apoyo ciego y sin razonamiento, incluso de los que serán afectados en el futuro.

Neumann habla de un mecanismo psicológico interesante que se produce: “Los medios de comunicación influyen en que la gente hable o no. En primer lugar las personas son más valientes para apoyar públicamente una opinión si esta aparece como dominante en los medios de comunicación. En segundo lugar, los medios ofrecen a los ciudadanos, las palabras, los textos, los medios, los argumentos e ideas con las que defender las opiniones en debate. Generalmente habla de cómo se forma la opinión pública (el proceso), que parte de la observación que hace el individuo de su entorno social”…”“el resultado es un proceso en espiral que incita a otros individuos a percibir los cambios de opinión y a seguirlos hasta que una opinión se establece como la actitud prevaleciente, mientras que la otra opinión la apartarán y rechazarán todos, a excepción de los duros de espíritu, que todavía persisten en esa opinión”.

Queda claro algo muy importante, si una mayoría se considera minoría, tenderá a declinar en el futuro. A la inversa, si una minoría es vista como mayoritaria, irá en aumento. Milei ha logrado que su minoría sea vista como mayoría, primero gracias a su desempeño en las redes sociales, donde circularon sus “ideas locas”, luego el batacazo del apoyo concreto del 30% de los votantes en la pasada elección de candidatos del 13 de Agosto, y a partir de ahí, los medios de comunicación le hicieron sentir que sus opiniones “podrían” ser mayoritarias. A esta altura ya comienzan a difundir la idea de que Milei podría ganar en primera vuelta el próximo 22 de Octubre. Una vez más la espiral del silencio de Neumann nos ayuda a entender lo que está ocurriendo actualmente en la Argentina.

El menemismo recargado 2.0 está en la puerta de la Rosada, hagamos todo lo posible para que se quede en la entrada. No podemos permitirnos por el bien de todos, que nuestras opiniones mayoritarias den la sensación de ser minoritarias. La debacle a que nos convoca Milei no puede finalmente efectivizarse próximamente, de lo contrario las desgracias de hoy serán niños de pecho comparado a lo que padezcamos en el futuro.

 



 

 

 

 

 

miércoles, 20 de septiembre de 2023

HACIA UN FUTURO CONOCIDO

A veces me pregunto cómo se mueve esa conciencia social que dicen que existe. La Argentina está quebrada, no hay dudas y ante esa desesperación todo puede suceder. ¿La culpa la tiene la pandemia?, ¿La culpa es de la sequia?, ¿La culpa es de Macri y su deuda con el FMI?, ¿La culpa es de la incapacidad de este gobierno para resolver los problemas y tener un 50% de pobres?, si uno mira la propaganda de todos los colores, al final como dice la canción de Buena Fe, “La Culpa, La Maldita Culpa,  No la tiene nadie” y por tanto como también dice la canción, “para enfermarse de rechazo irreflexivo” , lanzo unos golpes sin rumba, que ojala sea una “linterna en la penumbra”.

Milei ya está ahí, a la puerta de la Rosada, es verdad que solo hablamos del 30% de los votantes y que el resto se repartió en iguales proporciones más o menos entre los muchachos de Macri y los muchachos de Cristina. Milei, que hasta el 13 de Agosto era el Guasón Argentino que pululaba por los canales de televisión, haciendo “la parodia del artista” se ha convertido en un presidenciable a tener en cuenta ya que 7 116 352 de los votos emitidos lo hicieron posible.

Fue el primero de los postulantes que dejo por escrito lo que iba hacer si ganaba la presidencia, y es más, lo presento ante la justicia, firmado y acuñado. Es algo increíble pero cierto, si Macri nos engaño con su Revolución de la Alegría, mintiendo descaradamente antes las cámaras de televisión en aquel famoso debate frente a Scioli, Milei por el contrario, lo reafirma todos los días antes las cámaras en cada programa de televisión que aparece con su show de caras al mejor estilo guasonesco, pero además en sus recorridas por los barrios populares grita con una motosierra en la mano (literalmente) que “La justicia social es una aberración”.



Veamos en concreto su Plan:

-Reducción del gasto público: prevé una meta del 15% después de avanzar en un “reordenamiento del Estado”.

-Eliminación de impuestos: la propuesta prevé quitar “el 90%” de los tributos que tienen un impacto del 2% en el PBI y “entorpecen” la economía

-Reforma laboral: propone implementar el modelo de la UOCRA, un esquema de seguros de desempleos “con mayor profundidad financiera”.

-Apertura comercial irrestricta: se propone seguir la experiencia chilena y quitar todo tipo de limitaciones, tanto para exportar como para importar.

-Eliminación del Banco Central: “No hay otra manera de terminar con la inflación”, señala el documento que prevé la extinción del organismo como “agente de emisión monetaria”.

-Reforma monetaria: se propone rescatar “los pasivos” del Banco Central, desarrollar planes alternativas para recuperar y avanzar a un esquema en el que “los argentinos puedan comerciar en la moneda que quieran”.

-Energía: eliminar los subsidios económicos recalibrando la ecuación económica financiera de los contratos “para bajar el costo” de las empresas; de esta manera se implementarán “esquemas tarifarios realistas” que, según se manifiesta, “no afectaran directamente el bolsillo de los argentinos”.

-Se propone también una reforma de los entes reguladores de la energía.

-Reformar los ministerios de Salud, Desarrollo Social, Trabajo y Educación en un solo ministerio que se llamará de Capital Humano.

-Continuará con la asistencia social hasta tanto se haya adoptado un modelo económico que permita “la creación de riqueza, la generación de trabajo y bienestar”.

-Un sistema de salud y un sistema educativo privado, después de un “reordenamiento del Estado”.

-Combatir la pobreza en la niñez a través de planes de nutrición, programas de protección de ingresos e incentivos para estudiantes, entre otras propuestas.

-Reformas de seguridad: se plantean cambios en el sistema penitenciario y en las leyes de Seguridad Interior, Defensa Nacional y de Inteligencia. También, proponen detener la ocupación de tierras, priorizar la lucha contra el narcotráfico y asegurar el libre tránsito en todo el territorio.

-Política de defensa: revalorizar las Fuerzas Armadas y reformular el actual sistema de Inteligencia Nacional.

-Relaciones exteriores: la promoción del comercio libre y la alineación con todas las democracias liberales del mundo.

-Infraestructura: reemplazar la obra pública por un esquema de iniciativa privada a la chilena con wayouts a la peruana y esquema de incentivos “a la suiza”.

-Gasto público: creación del área de control del gasto de cada ministerio, eliminación de choferes, y personal de seguridad para funcionarios en general (con excepciones por relevancia)

-Medios públicos: Cierre o privatización de Télam, TV Pública. También prevé hacerse lo mismo con el Instituto Nacional de Cines y Artes Audiovisuales (Incaa), y el Instituto Nacional contra Discriminación (Inadi).

-Eliminación de restricciones cambiarias, de todas las retenciones y derechos de exportación, generación “de un régimen especial de fomento para las inversiones de largo plazo”.

-Negociar la eliminación del impuesto a los ingresos brutos. Se trata de un tributo que cobran las provincias.

Es decir estamos en presencia de un programa neoliberal, que los Chicago Boys implantaron en Chile con el golpe de estado de Pinochet pero con una “rosca de tuerca” mas, volviendo a vender algunas de las joyas de la abuela que Menem había finiquitado en los noventa y que el Kirchnerismo había recuperado, léase YPF, Aerolíneas Argentinas, AySA (servicios de aguas potable), algo que ya habíamos escuchado en un acto fallido de Roberto Dromi, Ministro de Obras y Servicios Públicos de Menem (el mejor presidente que tuvo la Argentina, según Milei) “…Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado” y además dinamitando el Banco Central de la República Argentina.

Es evidente que dentro de esos 7 millones de votantes de Milei (hasta ahora, veremos el 22 de Octubre), hay nostálgicos menemistas y muchachos jóvenes entre los 16 y 35 años que no tienen memoria de haber sentido los estragos que produjeron aquellas políticas neoliberales de los noventas.

Pero Milei no viene a repetir los noventas simplemente, viene a ponerle su impronta “creadora” cuando dice que hará explotar por los cielos el Banco Central y que el mercado regulara todas nuestras actividades cotidianas incluyendo la posibilidad de vender los órganos “que no necesitemos”, además de que su “Tercer Reich” vera la prosperidad de Argentina convertida en Primer Mundo al cabo de 35 años y entonces allí, será el primer país del Mundo sin Estado.

Lo peligroso de Milei, no es solo su verborragia agresiva hacia el que piensa distinto a él, sus descalificaciones son banales, el decirle al otro estúpido esta siempre en la punta de su lengua, lo peligroso es realmente que en lo profundo de su “yo”, él se ha creado un colchón teórico, basado en ideas liberales radicales de finales del siglo 17, que fueron la base en su momento para decapitar al Monarca por parte de la burguesía en su ascenso al poder con el apoyo indiscutido de su propio “sepulturero futuro” a quien embauco con el lema de la libertad. Aquellas ideas revolucionarias por supuesto para la época, las transporta al presente, transmutando El Monarca que impedía la “libertad” en el Estado de hoy, por tanto esto último lo lleva a la conclusión que una sociedad sin Estado es lo mas liberador que podemos construir, pero no en un futuro lejano sino creando las bases ahora mismo para su total abolición.

Por cierto su conclusión teórica no está muy alejada, a lo que en su momento planteo Marx con el devenir del Comunismo, solo que Lenin como ya sabemos planteo que para llegar allá, hacía falta primero la “dictadura del proletariado”, es decir mas Estado, que creara las condiciones para luego abolirse a sí mismo. Algo que no hemos podido construir satisfactoriamente en el tiempo, aun después de la Revolución de Octubre en 1917, porque la base económica completamente estatal en el tiempo solo creó una burocracia anquilosada que puso freno verdaderamente al desarrollo de las fuerzas productivas de un país. Milei sin embargo en su planteamiento teórico se regodea afirmando que se puede lograr la desaparición del Estado con las ideas liberales porque la base económica que él plantea, es la de la propiedad privada sin concentración del capital.

Ya sabemos lo que pasa cuando intentamos aplicar ideas utópicas futuras para construir sociedades en contextos concretos del desarrollo humano, las experiencias de adelantamientos de ideas comunistas en sociedades concretas con bajo desarrollo industrial y económico en general, llevaron a grandes errores autoritarios y voluntaristas. Por otra parte Milei teóricamente hablando aborrece de la concentración de capital que lleva intrínseco las sociedades capitalista construidas sobre la base de la propiedad privada como eje fundamental y su cruzada contra el achicamiento del Estado solo traerá más hambre y miseria de la que ya de por si es innata a las sociedades capitalistas tercermundistas.

El futuro que propone Milei ya lo conozco, la historia de la Argentina me da los indicios necesarios del Guernica que se avecina si Milei finalmente sale presidente de todos los argentinos. Es una lástima que solo tenga un voto para oponerme a semejante delirio, el mío.






 



viernes, 15 de septiembre de 2023

 LA REALIDAD SUPERA A LA FICCION...










 

Vengan a bailar con los payasos
El pasito del fracaso
Regalando una sonrisa y vendiendo abrazos
Vengan, para hacernos una foto
A todos nos volvieron locos
Esperando por un sueño, por un sueño roto
Y esperando por un viejo sueño roto






jueves, 14 de septiembre de 2023

SÍSIFO
(Por Roberto Feletti)

La Argentina atraviesa un escenario de aceleración inflacionaria inédito en las últimas tres décadas. La presión sobre el índice de precios es simétrica a la escasez de divisas en el Banco Central. La definición de país “bimonetario”, en el que el peso funciona como una moneda para las transacciones y el dólar como una reserva de valor —en la que se valúan los patrimonios de las empresas y los ahorros de los individuos—, define que cualquier desequilibrio en el sector externo inmediatamente impacta en los precios internos de la economía, pues todos los agentes económicos intentan ajustar sus beneficios y sus ingresos al alza del dólar provocada por el desequilibrio mencionado.

Esta correlación directa entre el dólar y los precios internos, impropia de la diversidad productiva y de la disponibilidad de recursos vigente en la Argentina, se ha ido agudizando con los sucesivos ciclos de endeudamiento público y con la salida privada de capitales ocurridos en la historia reciente (1978-1981, 1996-2001, 2016-2019).

Un Estado recurrentemente quebrado por una deuda improductiva y la formación de activos privados en el exterior que se apropian de ese flujo de divisas conforman el factor decisivo de los péndulos de crecimiento, deuda y crisis, y nuevamente volver a empezar, como el mito de Sísifo.

En el presente, y con claridad desde la crisis de 2018-2019 (amortiguada por el monumental préstamo que el FMI otorgó al gobierno de Macri), la Argentina se desliza hacia episodios de aceleración cambiaria e inflacionaria, provocados por el desequilibrio de las cuentas externas que genera la deuda pública con financistas privados y con el propio Fondo.

El gobierno de Alberto Fernández intentó evitar las gravosas consecuencias del desbalance provocado por los créditos contraídos durante la administración de Macri, pero estuvo muy lejos de aplicar políticas que resolvieran el problema y le otorgaran consistencia al balance de pagos, desperdiciando las siguientes oportunidades:

No atesoró reservas internacionales con la oferta de divisas proveniente del superávit de la balanza comercial, que en el trienio 2020-2022 fue de 34.000 millones de dólares. Tampoco aprovechó el desembolso sin condicionalidades efectuado en la pandemia por el FMI de 4.200 millones de dólares. El excedente de dólares en ese lapso alcanzó un total de 38.200 millones de dólares, pero las reservas internacionales se redujeron en 300 millones de dólares.

Se aceleró en plena pandemia la reestructuración de deuda con el sector privado, reconociendo un valor presente de los nuevos bonos (57 dólares por cada 100 dólares emitidos), superior al vigente en el mercado (40 dólares por cada 100 dólares en el mercado). Además, no se gestionó una quita relevante y no se produjo un efecto favorable para el ingreso de dólares financieros, dado que el riesgo país, a pesar del canje de bonos, se duplicó (de 1.000 pb a 2.000 pb).

El acuerdo con el FMI estableció condicionalidades impropias para las debilidades de otorgamiento que este presentaba. Es un acuerdo que subordina la política económica nacional a generar excedentes para el pago sin contemplar el devenir propio de una economía como la argentina.

Este recorrido sobre los factores que debilitan la solvencia del sector externo y que necesariamente impactan en el régimen de precios argentino tiene por objetivo crear un marco que explique la presente aceleración inflacionaria.

La estabilización de las variables económicas depende entonces de un sector externo robusto oferente de divisas que se acumulen en el Banco Central. La política fiscal y monetaria tiene capacidad de incidir en la estabilización, en tanto se parta del sector externo.

En este contexto electoral, se abre un debate entre los candidatos sobre el programa necesario para reducir, e inclusive erradicar, definitivamente la inflación. Todas las ideas esbozadas por los postulantes de la derecha conservadora remiten a la experiencia de los ‘90 conocida como régimen de convertibilidad, durante el cual, a lo largo de una década (1991-2001), el valor del dólar se igualó al peso en una unidad (1 dólar = 1 peso). La paridad fija se estableció por ley.

Javier Milei, si bien ahora ha relativizado el planteo inicial, arrancó planteando la supresión definitiva del peso y su reemplazo por el dólar, en un esquema conocido como “dolarización”. Al igual que en la convertibilidad —pero ya de forma irreversible, porque no existen experiencias en la historia económica que revelen que un país abandonó su moneda y luego volvió a ella—, la dolarización implica que la actividad económica de la Argentina dependerá exclusivamente de la oferta de divisas, habida cuenta de que la enorme mayoría de sus oferentes son agentes económicos privados y, consecuentemente, tendrán la capacidad de moldear el esquema productivo del país conforme a sus intereses. Bullrich ha expresado un sendero de fijación del tipo de cambio con las reservas en el marco de un mercado libre en un sistema muy similar al de la convertibilidad.

En ambos casos, la estabilización se da por el sector externo, pero con un régimen cambiario que suprime completamente la autonomía de la actividad productiva nacional respecto de la oferta de divisas, habida cuenta de que el sector privado oferente es el primario-financiero. En definitiva, los dueños de los recursos naturales (agro, minería y energía), con mentalidad extractivista, y los fondos de inversión tenedores de deuda pública argentina en dólares, conformarán (no sin tensiones) el bloque empresarial que manejará la economía nacional. Estos modelos de estabilización quitan al Estado la capacidad de enfrentar una crisis global, dado que no pueden proteger la economía interna porque no administran el valor del dólar, con lo cual un shock externo golpea de lleno al país.

La segunda limitante, asociada a la primera, radica en la incapacidad de utilizar la política monetaria y fiscal para atenuar los ciclos negativos de la actividad.

Por último, y relacionado con lo anterior, en los modelos que proponen Milei y Bullrich, una política de ingresos redistributiva en favor de los asalariados, es inviable. En síntesis, la estabilización de la economía desde el sector externo, a partir de fijar a largo plazo el valor del dólar por cualquier instrumento, y quitarle al Estado la capacidad para administrar el tipo de cambio, deja inerme al país frente al devenir de la economía internacional y congela la distribución del ingreso existente al momento de aplicar el régimen.

Los ejemplos históricos aportados por la convertibilidad son elocuentes. El tipo de cambio fijo en el tiempo planchó los precios, pero —desde su entrada en vigencia— comenzó a crecer exponencialmente el desempleo. En efecto, la convertibilidad se inició en abril de 1991 y para octubre de 1994, el desempleo ya había trepado al 12 %. El segundo elemento grave es que se desvinculó la creación de empleo en la Argentina respecto de la tasa de crecimiento económico.

En los mejores años de la convertibilidad, 1991-1994, la tasa de crecimiento promedio anual superó el 6 %, sin embargo, el desempleo trepó del 7 % al 12 %.

La gravedad de este esquema económico se vio en toda su dimensión en la segunda mitad de la década del ‘90, dado que en 1995 se produjo el golpe de una crisis internacional comenzada en México, que se propagó a Brasil y a la Argentina con fuerte salida de capitales. En tanto la Argentina no podía mover su tipo de cambio para amortiguar los efectos internos de la crisis, sostener el régimen de paridad fija implicó que el desempleo alcanzara el 18,6 %, creciendo un 50 % por sobre el ya elevado nivel de 1994.

En las elecciones presidenciales de 1995, el pueblo argentino se vio entrampado en una discusión parecida a la actual, en la que el temor a la hiperinflación, vivida recientemente en el año 1989, determinó que se votara por sostener la estabilidad de precios sin priorizar la creación de empleo. La economía volvió a crecer en el trienio 1996-1998 a una tasa promedio anual del 3 %, pero el desempleo se sostuvo en torno al 14 %, ratificando que la convertibilidad era un modelo que divorciaba el crecimiento económico de la creación de empleo por primera vez en la historia argentina.

El rechazo electoral a este régimen y la incapacidad de los gobernantes electos para resolver este cuadro de situación desembocaron en la catástrofe del 2001, cuyos determinantes ya estaban vigentes desde mucho antes.

Este recorrido histórico sirve para fundamentar que cualquier plan anti-inflacionario que suponga estabilizar el sector externo congelando el valor del dólar sólo puede desembocar en la configuración de un modelo económico con elevado desempleo. La convertibilidad determinó que la Argentina tuviera el ciclo más largo de desempleo de dos dígitos de toda su historia, doce años consecutivos entre 1994 y el 2006, algo que no había ocurrido ni siquiera en la crisis de 1930. Es muy peligroso alcanzar la estabilización de precios a costa del sistema productivo.

En cambio, la política que viene llevando adelante Sergio Massa, en procura de fortalecer el sector externo, pero preservando actividad y empleo, es un tránsito hacia un escenario de mayor holgura de divisas en el año 2024, que permita estabilizar precios con una economía creciendo y un desempleo bajo.

Es real la necesidad de acumular dólares en el Banco Central como mecanismo de estabilidad. Pero eso no es antagónico con una economía industrial y un régimen de pleno empleo. Definir hasta dónde se puede poner en marcha un modelo productivo con autonomía de su sector externo es un trabajo diario y sereno como el que viene llevando adelante el actual equipo económico. El año que viene, con un excedente de balanza comercial que según las estimaciones superará los 18.000 millones de dólares, este tipo de esfuerzo se verá decisivamente robustecido.

 



UN VIAJE EN EL TIEMPO
(Por Pablo Vera)

Como a miles de argentinos, me gustaría viajar en el tiempo. Algunos para ver si Van Gaal, el técnico de Holanda, sigue protestando contra Argentina y Messi. Otros para ver si Tinelli en 2040 sigue con el “Bailando”. Alguno para enterarse de cuántas veces Patricia Bullrich va a seguir cambiando de partido político. En lo particular, quiero viajar al futuro para ver como sería una Argentina con Milei presidente.

Un científico del Conicet me presenta al notable físico Stephen Hawking y le pregunto si es posible que pueda viajar en el tiempo a la Argentina de 2024/2027. Después de contarme que él visitaría a Marilyn Monroe o a Galileo, me recomienda leer el capítulo seis, “Es posible viajar en el tiempo”, de su libro  de 2018 “Breves Respuestas a las Grandes Preguntas”.

Como tengo apuro, Hawking me manda a hablar con el físico y escritor Paul Davies, especialista en cosmología y astrobiología. Y me recomienda que en el camino vaya leyendo su “Cómo Construir una Máquina del Tiempo” (2002).

Davies me recibe muy amablemente. Y lo que me sale, ahora que leí el capítulo tres de su libro, es preguntar si se puede hacer. Resulta que sí, que se puede, pero el problema es que es carísima. Le pregunto si sabe de alguien que la haya fabricado y me puede conseguir un viajecito promocional. Davies se sonríe y me pide un rato, a ver qué puede hacer.

Davies se retira por un largo pasillo de su casa, vaya a saber a buscar qué  Me quedo dormido. El cansancio del viaje y la comodidad del sillón conspiran.

Davies me despierta. "Pablo,  lo esperan para viajar en el tiempo, pero con una condición: que averigüe si Italia clasifica para el Mundial de Fifa 2026 y si Alemania pasa de ronda". Le prometo averiguarlo y me avisa que me van a vendar los ojos en el viaje, porque no puedo ver la máquina ni de dónde sale.

El viaje en el tiempo me hace acordar a la sensación de velocidad y de vacío en el estómago de una montaña rusa. 

Capricho del tiempo o del destino, caigo en medio de una manifestación de cientos de jóvenes con una gran bandera del Movimiento de Jóvenes Ex Libertarios. Pregunto qué pasa y me miran raro: "¿Usted donde vive? Milei nos traicionó, nos prometió acceso a dólares sin trabas, pero con la cotización que tienen, necesito días de 48 hs para hacer un verde". 

Otro grita “¿cómo podés hacer negocios y guita si es imposible renovar el celu?".

¿Pero la importación no es libre? "Sí, claro, pero también es libre mi sueldo", dice. "Bueno vos tenes sueldo, yo necesito multiplicar mi pedaleo para vivir…"

La manifestación de los ex libertarios se cruza con otra de productores ganaderos que reclaman el cese con hostilidades con China ¿Le declaramos la guerra? Un ganadero me mira y me dice: "amigo, ¿usted vive en un agujero o es un marciano?" No me animo a explicarle y le invento que no le doy bola a la política. "Bueno, lo que pasa es que el genio de Milei, al privatizar el SENASA, nos está llevando a la ruina. China no quiere comprar nuestros productos…"

Camino un par de cuadras y otra manifestación. Esta vez veo pymes y CGT. El reclamo es parar importaciones y rechazo a que la competitividad de la industria se gane con rebajas salariales.

¿Pero no podrán bajarse los costos de producción con el gas de Vaca Muerta YPF? "Usted vive en un frasco", me contesta enojado un empresario. "YPF hace meses fue privatizada."

Cerquita del Congreso veo salir una columna de la UCR de su Comité Nacional. Reclaman  la inconstitucionalidad de la dolarización por violar el artículo 75 inciso 6 de la Constitución Nacional.

Decido ir para la provincia de Buenos Aires. Veo vecinos ambientalistas reclamando contra la privatización del Rio de la Plata. Lo exigen en un abrazo simbólico sobre el Camino de Sirga del Riachuelo. Pregunto qué pasa. "¿Cómo que pasa? El presidente Milei dice que no hay problema con contaminar el río, que eso sólo expresa que hay abundancia de agua. Cuando el rio sea un negocio, la contaminación va a estar tarifada… ¿No vio cómo ya privatizó el Mar Argentino? ¿O usted es un mileista?" A la mirada desconfiada de la vecina de Piñeiro le contesto con un nada que ver, hace tiempo que estoy de viaje… 

Voy hacia La Plata y hay poco tránsito. En el peaje me explican que "con lo que sale la nafta quién puede cargar el tanque. La nafta privatizada YPF se vende al precio internacional". Estoy llegando. Otra manifestación reclamando por el arancelamiento de la Salud Pública.

Me tomo un café y le pregunto al mozo sobre la seguridad. Sorprendido, me explica que "con el blanqueo de dólares sin control, los narcos se fortalecieron. Y la construcción de establecimientos penitenciarios por sistema de gestión pública-privada, mercantilizó las privaciones de la libertad". ¿Se puede comprar la libertad? El mozo no responde pero me guiña el ojo. ¿Y la tolerancia cero contra la delincuencia que prometió en su plataforma electoral? "Mire si usted frente al narcotráfico sólo agarra perejiles y le blanquea la guita a los narcos grandotes, no pretenda milagros".

De repente mi esposa me despierta. ¿Entonces fue una pesadilla? ¿No viajé al futuro y estoy en septiembre de 2023?

Van Gaal sigue criticando a Messi, Alemania se comió 4 con Japón en un amistoso , cuatro derrotas consecutivas en cinco partidos. Aunque parece queTinelli levanta el Bailando.

No existe el MJEL, pero habría que ir buscando a esos jóvenes, escucharlos, entender sus enojos y, por qué no, decirles que les pedimos disculpas. Hay que decirles que es comprensible que muchos se sientan defraudados. Y hay que hablarles mirándolos a los ojos y sin subestimarlos, porque la máquina del tiempo no existe y es mejor evitar las frustraciones desde ya.

 



viernes, 28 de julio de 2023

Los días en que se nublaron los sueños. La primera intervención norteamericana
(Por
Eduardo Torres Cuevas)

Cuando era niño, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, una frase era común entre mis mayores para indicar un verdadero desastre: “Le cayó un 20 de mayo”.

Me llevó cierto tiempo entender lo que querían expresar personas sencillas en conversaciones variadas y simples. Cierto es que ese día se celebraban desfiles, actos cívicos, discursos oficiales y no oficiales, pero cierto es también que podían observarse las críticas en las cuales aparecían, reiteradamente, las palabras “Enmienda Platt”, “intervención”, “despojo”, “Guantánamo”.

Fui también un joven afortunado en mis estudios de bachillerato. Entre los más destacados profesores del Instituto de la Víbora estaban los doctores Fernando Portuondo y del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, que cubrían la asignatura de Historia de Cuba.

El libro del primero sobre esta materia era el texto de la asignatura. Editado por primera vez en 1949, es uno de los libros que cuenta con más reediciones y reimpresiones; es una joya pedagógica, de rica documentación y fino patriotismo. [1] La doctora Pichardo, por su parte, construyó durante décadas los tomos de sus Documentos para la Historia de Cuba, obra indispensable y no superada para conocer y meditar sobre el pasado-presente de nuestra nación. [2] Era su obsequio a los jóvenes que quieren conocer nuestra historia en sus propias fuentes. Los que pasamos por aquellas aulas supimos por qué las tropas de Calixto García no pudieron entrar en Santiago de Cuba al terminar la contienda con España y leímos los contenidos de la Enmienda Platt.

En aquellos años de formación y de lecturas permanentes, las obras de Emilio Roig, Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos Historia de la Enmienda Platt (por cierto, debían reimprimirse y editarse en digital), [3] así como las de otros destacados estudiosos cubanos, ayudaron a entender parte de la complejidad de nuestro siglo XX.

Sin embargo, para profundizar en un proceso tan complejo como el que conduce al 20 de mayo de 1902, ese conocimiento era insuficiente. Había que penetrar más en aspectos diplomáticos, sociológicos, económicos y, en especial, culturales y de mentalidades; había que comprender mejor el sangriento nacimiento de la época en que surgía la República de Cuba. Durante los últimos 60 años, son numerosos los trabajos específicos, dispersos en libros y revistas especializadas y culturales, nacionales e internacionales, que rodean y cercan el tema de lo ocurrido entre el 1 de enero de 1899 y el 20 de mayo de 1902.

La historia, esa constante aventura del pensamiento que se desliza sobre terrenos quebradizos, conforma una parte esencial de lo que se es y de lo que se piensa. Sufre, como pocos espacios científicos, interferencias ajenas que diluyen en especulaciones resultados de investigaciones serias, ricamente documentadas. Creo que no deben olvidarse las fechas trascendentes, pero no creo que recordarlas el día de su aniversario sea suficiente para tener conocimiento y conciencia históricos de su significación. Es necesario, más allá de un reportaje de ocasión, cultivar la riqueza interior en el individuo que se aproxima a ellas; motivar ideas, sembrar cultura. Las fechas históricas, como la del 20 de mayo de 1902, son el resultado de un proceso histórico concretado en un día. También, el inicio de una nueva complejidad. Un cambio profundo en la historia de la nación cubana.

El 1 de enero de 1899 cesa la soberanía española en Cuba y se inicia la norteamericana. Los independentistas cubanos no habían previsto semejante situación. Se regían por la Constitución de la Yaya, que regulaba el funcionamiento de la República de Cuba en Armas. A tenor de esta carta magna, aprobada en 1897, estaba establecido el Gobierno republicano independentista, cuyo presidente lo era Bartolomé Masó Márquez. Era una constitución provisional. Estaría en vigor, según se estipulaba, mientras durara la guerra. Establecía que, si las armas cubanas no habían triunfado dos años después, se efectuaría una nueva Asamblea Constituyente. Una vez concluida la contienda con el triunfo del Ejército Libertador y pactadas las condiciones de paz con España, se convocaría, según sus artículos 40 y 41, a una nueva Asamblea Constituyente que elaboraría la definitiva carta magna para la República de Cuba, independiente, democrática, laica y soberana. No fue lo que ocurrió. [4]

En los destinos de Cuba estaban interesadas dos fuerzas externas: una en plena crisis y decadencia con potencia mundial, España; la otra, Estados Unidos, en condiciones de presentar sus cartas credenciales como potencia mundial en lo político, lo económico y lo militar. Los políticos españoles sabían que no podrían enfrentar a la potencia del norte, pero preferían una derrota “honrosa” frente a esta que no ante las fuerzas del Ejército Libertador. A comienzo de la contienda, el general Arsenio Martínez Campos le recomendaba a la Corona: “Y si en su empeño a favor de la independencia enviasen los Estados Unidos un cuerpo de ejército, en vez de una guerra deslucida, lucharíamos, tendríamos batallas y si la suerte no nos favoreciese, si perdiéramos a Cuba, la perdería España con honra”. [5] Más que un pacto de familia se prefiere salvar un mal concepto de la honra. En el momento decisivo de la guerra, el jefe del Gobierno español, Práxedes Mateo Sagasta, repite la misma idea: “Perder un pedazo de territorio en lucha con una nación más poderosa es sensible, pero después de todo no es una deshonra (…) Pero un pedazo de terreno perdido en lucha con Máximo Gómez y Calixto García, eso más que sensible, sería verdaderamente deshonroso”. [6]

El secretario de Estado de la unión norteamericana, John Hay, calificó la contienda con España como “una guerrita espléndida”. La contienda en Cuba duró menos de un mes, del 22 de junio de 1898, primera acción militar norteamericana en suelo cubano, al 17 de julio, rendición de Santiago de Cuba. El saldo militar resulta significativo: 3 469 muertos (3 245 españoles y 224 norteamericanos). A ello se añadía la pérdida de lo fundamental de la armada española en Santiago de Cuba y en Filipinas. La honrosa y sangrienta rendición de España no se hizo esperar. Una nueva sorpresa esperaba a los cubanos. No fue invitado el Gobierno de la República de Cuba en Armas a las conversaciones de paz, que culminaron el 10 de diciembre de ese año con la firma del Tratado de París entre España y Estados Unidos. La potencia norteamericana se convertía en la primera no europea en la discusión por el reparto del mundo. Adquiría del León Ibérico las Filipinas y la isla de Guam –perteneciente al archipiélago de las Marianas–, lo que la colocó a las puertas de Asia. Además, España le cedía la isla de Puerto Rico. En cuanto a Cuba, el problema era otro.

La justificación para intervenir en la guerra hispano-cubana se presentó con la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana. Independientemente de las causas que motivaron el estallido, el cuarto poder en Estados Unidos, la prensa, culpó a los españoles y creó un estado de efervescencia patriótica antiespañola. Acuñaron una vieja consigna, utilizada durante la guerra contra México, “Remember el Álamo”, solo cambiándole el nombre, “Remember el Maine”. La comisión norteamericana encargada de la investigación determinó que la explosión había sido causada por un factor externo; a la comisión española se le impidió actuar in situ. Se sostuvo el absurdo de que los españoles, interesados en evitar una guerra con Estados Unidos, habían causado la explosión. En una investigación tardía se demostró que la explosión había sido interna, accidental. [7] El Senado y la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos emitieron la Resolución Conjunta en la que se afirmaba que “el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”. Por cierto, no se mencionaba el Maine. El “motivo bélico” era la situación cubana. A tenor de ello, le declararon la guerra a España. En el Tratado de París, la monarquía española renunciaba a cualquier tipo de soberanía y propiedad sobre Cuba, traspasando la soberanía y la administración del país a Estados Unidos. Este se comprometía a cumplir las obligaciones que, por el derecho internacional, se establecen para la protección de vidas y haciendas. Al terminar la “ocupación” –concepto establecido en el propio Tratado– solo se limitarían a “aconsejar” al nuevo Gobierno cubano sobre las obligaciones establecidas para cualquier Estado.

El desconcierto, el caos y la ruina se habían extendido por toda Cuba como consecuencia de la Reconcentración de Weyler, de la guerra desgarradora (denominada Guerra Total), del bloqueo al que la armada norteamericana sometió al archipiélago cubano y de la incertidumbre sobre el destino del país. Los revolucionarios cubanos lo habían sacrificado todo por la creación de una nueva nación, independiente y soberana, donde gozaran de libertad, igualdad, democracia, bienestar y concordia todos los habitantes del país, incluso los españoles.

En medio de las desgracias personales, surgieron los oportunistas sin escrúpulos. Muchos patriotas habían abandonado casa, familia, propiedades. Al terminar la contienda, solo encontraron ruinas y, lo más grave, sin recursos para iniciar una nueva vida. Un mambí, un simple mambí, escribía: “He sufrido mucho, !mucho! (…) Es la historia de todos, casi todos humildes que liberamos a Cuba y hoy no tenemos que comer (…) En mi propio suelo (…) Me veía sin protección o amparo”. [8] Otro libertador afirma: “¿Usted sabe? que, abandonando mis intereses y mi familia, fui entre los primeros en empuñar las armas y secundar la revolución (…) Yo, que he servido a mi país, que todo lo he sacrificado, no puedo ni siquiera tener a mi lado a mi familia por carecer de recursos para ello. No puedo emprender ningún negocio ni reconstruir mi finca por carecer de recursos…”. [9]

Lo más triste era que muchos de los voluntarios que sirvieron en las fuerzas españolas o que las apoyaron se habían enriquecido despojando a los cubanos o especulando en negocios turbios con el poder colonial. El propio cónsul de Estados Unidos en Santiago de Cuba señala: “Las casas de empeño florecieron (…) Los prestamistas se convirtieron en un grupo sin escrúpulos”.

Ante el pedido de créditos, préstamos a bajos intereses o subsidios, el gobernador interventor, John R. Brooke, “después de estudiar la situación”, llega a las siguientes conclusiones, por cierto, muy contemporáneas: primero, desechar lo solicitado, porque ello responde a un sistema paternalista extraño al espíritu de un pueblo libre; segundo, que la solución estaba en los bancos.[10]

Efectivamente, florecieron los bancos; los que no tenían nada, nada recibieron. Comenzaron a exhibirse riquezas y pobrezas. Se entristeció el campo al brotar poderosos latifundios; la ciudad ocultaba cuarterías y espacios de miseria. Sucedió algo inevitable. Ante la falta de justicia y la depredación, muchos comenzaron a tomarse la justicia por su mano. Contra el bandidismo rural en ciernes, se creó la Guardia Rural, el cuerpo armado más importante del futuro Estado. En nada se parecía a la sociedad pensada y soñada por Martí “con todos y para el bien de todos”. No se pensaba en todos ni se actuaba para el bien de todos. Al conformarse la nueva república, ya la sociedad había dispuesto el lugar de cada cual. Los vencedores de la guerra eran los vencidos de la paz.

Un testigo excepcional del proceso de ocupación norteamericana fue el Generalísimo Máximo Gómez. Como jefe del Ejército Libertador, tenía una visión panorámica de los acontecimientos. En su Diario de campaña va dejando constancia de sus impresiones. Ante el pacto hispano-americano, anota: “Se ha firmado la paz, es cierto, pero también lo es que fue una lástima, que los hombres del Norte, largo tiempo indiferentes, contemplaran el asesinato de un pueblo, noble, heroico y rico”. [11] Hace constar: “Aquí se me ha reunido todo un pueblo hambriento y desnudo”. Ya producida la ocupación americana, escribe: “Los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del país, su espontánea intervención…”. [12] Ese mismo día, agrega: “La actitud del Gobierno americano con el heroico pueblo cubano, en estos momentos históricos, no revela a mi juicio más que un gran negocio…”. [13] Termina su diario con el siguiente párrafo:

“La situación pues, que se le ha creado a este pueblo, de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”. [14]

En el terreno político, el movimiento independentista quedó acéfalo. Las tres instituciones que le habían dado su fuerza y coherencia –y sus contradicciones-: el Gobierno de la República en Armas, el Partido Revolucionario Cubano y el Ejército Libertador, por distintas circunstancias, fueron disueltas. Ninguna de las tres había previsto una situación como la que se presentaba. El Gobierno de la República en Armas, cumpliendo con lo estipulado en la Constitución de la Yaya, se disolvió para dar paso a una nueva Asamblea que analizaría el camino ante las nuevas circunstancias y prepararía las condiciones para la redacción de la Constitución de la República de Cuba, independiente, soberana y democrática. No fue oficialmente tenida en cuenta por el Gobierno interventor. Simplemente, la ignoró. Para contribuir más al desastre, los asambleístas fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Atacándose entre ellos, llegaron a amenazar al Generalísimo Máximo Gómez.

La desunión impidió la acción coherente. Terminaron, después de varios traslados, por disolverse sin ningún acuerdo. Si algo se hizo evidente, fue la falta de liderazgo. Máximo Gómez expresaba la necesidad de la presencia de José Martí en aquellas circunstancias “porque él si sabía qué hacer”. Cierto que había excelentes tribunos, escritores, abogados, médicos, periodistas, autodidactas, pero ninguno ejercía un verdadero liderazgo sobre la mayoría. Brillantes algunos, carecían de una visión global y real de lo que significaba la ocupación norteamericana, del lugar que se le asignaba a Cuba en la geopolítica de esa nación. El pensamiento de Martí era desconocido por la mayoría. Unos pocos pensaban, como Gómez, “este era el momento de Martí”.

En la pugna entre los nacientes políticos provenientes del bando independentista, el problema del Ejército Libertador ocupaba un lugar especial. Algunos especulaban con un suculento préstamo de Estados Unidos, lo que endeudaría a la república antes de nacer. Lo cierto es que parte de los miembros de las fuerzas libertadoras abandonaban sus filas por creer que, con el fin de la guerra, se había terminado su deber patriótico; otros, por la perentoria necesidad de ocuparse de sus familias hambrientas y desarrapadas. Las tropas con que contaba Máximo Gómez carecían de todo tipo de recursos. Dependían de ayudas espontáneas de los pobladores. Sin embargo, a pesar de lo difícil de la situación, el general Wood y sus oficiales constataban que, pese a la hambruna y la falta de recursos, unidades completas mambisas se mantenían con sus armas, en espera de una definición de la situación. Se siguió la política de no brindar recursos a quienes asumían dicha actitud. El interventor decretó una orden militar que disponía que: “Ningún cubano que porte un arma debe obtener trabajo o comida”. [15] Sin muchas alternativas, y motivado por el desastre político, el Generalísimo pactó el licenciamiento del Ejército Libertador. Al menos, sus miembros recibirían algún subsidio y siempre, por su condición patriótica, en caso necesario, podría contarse con ellos.

La disolución del Partido Revolucionario Cubano fue más simple. Por sus estatutos, había sido creado para lograr la independencia de Cuba y fomentar y ayudar a la de Puerto Rico. Tenía como figura principal a Tomás Estrada Palma, quien había sustituido a Martí como delegado. Internamente, después de la muerte del Apóstol, se observa una clara división y un cambio de política. Estrada Palma suprime la elección anual del delegado, por lo cual se mantuvo en el cargo hasta la disolución del Partido; centra su política en promover la ayuda norteamericana; se distancia del mundo de los trabajadores y desarrolla un acercamiento a la burguesía criolla sin muchas distinciones. Se podía entender que, con el fin de la guerra, Cuba había alcanzado su objetivo, pero también que, en esas circunstancias, previstas por Martí, no se había alcanzado la independencia, real objetivo del Partido. En esta segunda visión, el Partido era más necesario que nunca antes. Primó la primera, el Partido fue disuelto.

Cuba quedó, sin contraparte, al arbitrio del Gobierno interventor, que, por medio de órdenes militares, y apoyado por sectores internos, reorganizó y reestructuró el país. Para algunos ojos avisados, tanto cubanos como norteamericanos, de lo que se trataba era de la organización eficiente y moderna de “nuestra colonia de Cuba”. En el siglo XX, algunos estudiosos le otorgaron al país la condición de “satélite privilegiado”. Sin embargo, lo más trascendente estaba aún por ocurrir. Si Puerto Rico y Filipinas eran el resultado de una trasferencia de posesión, sobre Cuba había un acuerdo de que debía ser “libre e independiente”. El mundo entero conocía este argumento utilizado por Estados Unidos para declararle la guerra a España. Se diseñó un modelo diferente de dominación: formalmente libre, dependiente en lo económico, político y militar. No sería una colonia clásica, al viejo estilo, sino un nuevo tipo de dominación que fue denominada “neocolonial”. En lugar de un territorio físicamente ocupado, crearon un satélite que fuerzas centrípetas –económicas, políticas, militares y culturales– mantuvieran orbitando alrededor de la potente constelación de estrellas.

El 25 de julio de 1900, un año y siete meses después de iniciada la ocupación, el Gobierno interventor consideró que ya estaban creadas las bases para el funcionamiento del nuevo Estado dependiente. Publicó en la Gaceta Oficial la convocatoria a elecciones para conformar la Asamblea Constituyente encargada de redactar la constitución por la que se regiría la nueva república. Fueron electos los asambleístas. Resultó que la mayoría eran prestigiosas figuras del movimiento independentista. Cuba, con dificultad, aún respiraba. Trece altos oficiales del Ejército Libertador, antiguos miembros del Gobierno de la República en Armas y del Partido Revolucionario Cubano conformaban la mayoría absoluta de los constituyentistas. Nombres como Salvador Cisneros Betancourt, Juan Gualberto Gómez, Manuel Sanguily, Juan Rius Rivera, Gonzalo de Quesada, le daban especial calidad patriótica a la Asamblea. El 5 de noviembre se efectuó la sesión inaugural en el teatro Irijoa (hoy Martí) y 56 días después estaban redactadas las bases de la constitución que se sometieron a discusión entre los asambleístas a partir del 25 de enero de 1901. Los 115 artículos divididos en 14 títulos fueron firmados por los constitucionalistas la tarde del 21 de febrero de 1901.

El texto constitucional respondía a las concepciones del pensamiento jurídico liberal de finales del siglo XIX y a la herencia constitucional mambisa. Incluso, era más avanzado que el de otros países de referencia. Cuba dejaba de ser colonia dependiente de una metrópoli para constituirse en república soberana e independiente de democracia representativa estructurada en los tres poderes del Estado liberal: ejecutivo, legislativo y judicial. Se declaraba como Estado laico, por lo que no asumía ninguna religión en particular, y los ciudadanos podían libremente ejercer la de su preferencia. Con ello, se ponía fin al absolutismo de la Iglesia católica dependiente del Real Patronato de los reyes españoles. La Iglesia cubana también era liberada de su atadura colonial. Se organizaba la sociedad civil y se estipulaban los derechos y deberes fundamentales del ciudadano, antiguo vasallo del rey. Hoy, el Estado laico está generalizado, pero en aquellos tiempos de monarquías absolutas y religiones oficiales era un paso de avance en la liberación de las conciencias. Era un triunfo del independentismo liberal radical. El Estado laico francés, uno de los primeros en Europa, surgió tres años después que el cubano.

La Constitución de 1901 establecía la enseñanza pública, gratuita, obligatoria y laica. Uno de los puntos de discrepancia con los interventores era el relativo al voto. En varios estados de Estados Unidos no tenían derecho al mismo ni los negros ni los analfabetos. Los constitucionalistas aprobaron el voto universal masculino, que incluyó a negros y analfabetos. ¿Cómo negarle el voto a gran parte de los hombres que lucharon por la libertad de Cuba? Según la Constitución, todos los hombres eran iguales ante la ley. No es este el espacio para un estudio detallado de la Constitución de 1901, pero es importante tener en cuenta, a la hora de los análisis, qué se logró y qué no se logró en el tránsito de colonia a neocolonia. [16] Era una época en que el marxismo apenas conquistaba posiciones en las ciencias sociales y el leninismo no existía. Las generaciones formadas en el siglo XX entrarían de lleno en el estudio de la problemática social. Incluso, tendrían acceso al pensamiento martiano, cuyos principales documentos eran desconocidos por los hombres de 1902. La carta inconclusa a Manuel Mercado, que define la posición del Apóstol frente a Estados Unidos, no se conoció hasta 1910.

Fue entonces, Constitución en mano, que llegó el golpe definitivo a las aspiraciones cubanas: la Enmienda Platt. Los constituyentistas ignoraban lo que se tramaba en Washington. Nombraron una comisión de cinco miembros para elaborar una propuesta de relaciones bilaterales. El gobernador militar los invitó a una cacería de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata. Allí les dio a conocer la posición de su Gobierno sobre el tema: Cuba no podrá concertar acuerdos con potencias extranjeras, sin el consentimiento de Estados Unidos; Cuba otorgaría a esa nación el derecho de intervención cuando lo considerase necesario y el de adquirir tierras para establecer bases navales.

El 27 de febrero, después de deliberaciones secretas, los asambleístas aprobaron cinco bases contrapuestas a la posición norteamericana. La oposición a la imposición creció, tanto dentro de la Asamblea como en la opinión pública, pero sin plan ni liderazgo. En el Congreso norteamericano no se presentó la Constitución cubana como estaba previsto. En ese mes, el Senado norteamericano aprobó con amplia mayoría la enmienda del senador Orville H. Platt a la Ley de Presupuestos del Ejército que contenía las exigencias que le fueron impuestas a Cuba, entre ellas la omisión de la Isla de Pinos del territorio cubano y todas las obligaciones contraídas con el gobernador militar interventor. El 1 de marzo, era aprobada la enmienda por el Congreso de los Estados Unidos; al día siguiente, la sancionaba el presidente de la Unión.

Los constitucionalistas, desorientados, intentaron varias maniobras. Todas fracasaron. La posición norteamericana era intransigente; no había nada que negociar. El gobernador militar fue más explícito: o aprueban la enmienda o no nos vamos. Al final, los asambleístas estaban divididos, unos eran partidarios de aprobarla con tal de que los norteamericanos abandonaran el país; otros, de no ceder ante la imposición externa a la nación.

El 12 de junio de 1901, se aprobó la Enmienda Platt, una enmienda a una ley del Congreso norteamericano, como apéndice a la Constitución cubana, por 11 votos en contra y 16 a favor. Esa fecha es trascendente para la historia de Cuba y no debe ser olvidada; luctuosa por la castración de una república durante un parto doloroso. Para los estudiosos de nuestra historia, significa una nueva época. Habían desaparecido las viejas y obsoletas estructuras del colonialismo; en su lugar, había surgido un nuevo tipo de dominación, la del neocolonialismo. Cuba era la primera carta de presentación del neosistema imperial norteamericano. Lenin llamó a la Guerra Hispano-Americana la primera guerra imperialista. Como lo previó Martí, nacían por Cuba las nuevas formas de dominación y la potencia que dominaría a toda Europa y se extenderían por el mundo:

“En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarles el poder –mero fortín de la Roma americana–, y si libres –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–, serían en el continente la garantía del equilibrio, de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del norte, que en el desarrollo de su territorio –por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles–, hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo (…) Un error en Cuba es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”. [17]

Ningún otro político en el mundo apreció en sus verdaderas dimensiones el primer paso por el dominio del mundo que daba Estados Unidos en Cuba. Lo que entonces nacía, tiene hoy sus expresiones más desgarradoras:

“Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a libertar. ¡Cuán pequeño todo, cuán pequeños los comadrazgos de aldea, y los alfilerazos de la vanidad femenil, y la nula intriga de acusar de demagogia, y de lisonja a la muchedumbre, esta obra de previsión continental ante la verdadera grandeza de asegurar con la dicha de los hombres laboriosos en la independencia de su pueblo, la amistad entre secciones adversas de un continente y evitar, con la vida libre de las Antillas prósperas, el conflicto innecesario entre un pueblo tiranizador de América y el mundo coaligado contra su ambición!”. [18]

Como consecuencia de la aprobación de la Constitución, se organizaron los partidos políticos electoralistas y se presentaron como candidatos a la presidencia de la República dos candidatos, Bartolomé Masó Márquez y Tomás Estrada Palma. Masó había sido el último presidente de la República en Armas; Estrada, el último delegado del Partido Revolucionario Cubano. Masó era un abierto opositor al apéndice Platt; Estrada un partidario del tutelaje norteamericano. Los dos eran hombres del 68. La balanza se inclinó hacia Estrada. Era conocido nacional e internacionalmente y tenía, en los papeles y en la imagen, la figura de independentista consecuente: levantado en armas en octubre del 68; presidente de la República en Armas durante la guerra del 68; preso en España hasta el fin de la guerra, se negó a regresar mientras estuviese el régimen colonial; maestro de escuela para niños cubanos en Estados Unidos; fundador con Martí del Partido Revolucionario Cubano y su dirigente tras la muerte del Apóstol. Con estas características, no fue necesario imponerlo. Se puso la esperanza en una imagen equivocada.

Pocos conocían, por entonces, el interior de su pensamiento y sus inconsecuencias. Ello fue revelando poco a poco después de su elección, sobre todo cuando provocó la intervención norteamericana en 1906. No tenía fe en el pueblo de Cuba y así lo dejó escrito. Para él, era necesario el tutelaje norteamericano. En 1902, estos aspectos de su pensamiento eran poco conocidos por la mayoría de los cubanos. Hombre honrado, ha pasado a la historia como el único presidente que no robó y el primero que, al no aceptar su derrota electoral, en 1906, y provocar la intervención no deseada ni por los norteamericanos ni por los cubanos, destruyó la imagen democrática de la República e hizo evidente el dominio norteamericano sobre Cuba.

El 20 de mayo de 1902 se iniciaba la República con una constitución secuestrada, sin soberanía; con un pueblo desprotegido, hambriento y sin acceso a los recursos necesarios, y un presidente de mentalidad dependiente. Ver arriar la bandera norteamericana y elevar la cubana constituyó una profunda alegría. ¡Al fin se fueron!, ¡al fin podemos intentar reconstruir los sueños! El nuevo escenario era novedoso y complejo, lleno de contradicciones y paradojas. Los problemas no eran ya los de una estructura obsoleta de dominación colonial; ahora se trataba del naciente y moderno, casi desconocido, ordenamiento neocolonial. De súbditos de la Corona española, los cubanos se convertían en ciudadanos de su república inacabada. Patria, nación, cultura e identidad serían los ejes, y los campos de debates y enfrentamientos de la reafirmación nacional.

La herida era profunda. Un sentimiento de indignación y de frustración recorría amplios y diversos sectores del país. La nueva etapa revolucionaria se inició con el movimiento antiplattista que se convertiría, pocos años después, en el movimiento antimperialista. El insobornable patriota Salvador Cisneros Betancourt, participante en las Asambleas Constituyentes mambisas de Guáimaro, Jimaguayú y la Yaya, promovió los clubes patrióticos antiplattistas. En las nuevas y turbias aguas nadaron y emergieron los oportunistas y los resignados, que le dieron el sello corruptor y demagogo a la república impotente. Por ello, se hicieron más profundos las ideas y sentimientos patrióticos con los instrumentos sociales e ideológicos, propios de la época. Nacieron y crecieron la cultura de la resistencia y las necesarias profundizaciones de la identidad nacional.

La república neocolonial no logró estabilizar el sistema de dominación. Levantamiento de los liberales (conocido como el partido de la chancleta), una nueva intervención, alzamiento de los independientes de color, dos sangrientas dictaduras y dos revoluciones conmovieron, periódicamente, los cimientos mismo de la república inacabada. El 1 de enero de 1959, justo cuando se cumplían 60 años de iniciada la ocupación militar norteamericana, triunfaba la revolución antimperialista. Cincuenta y siete años después, en el pueblo aún se decía, para señalar lo peor, “le cayó un 20 de mayo”.

 Notas:

1 Fernando Portuondo: Historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
2 Hortensia Pichardo: Documentos para la historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
3 Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, Ediciones La Tertulia, La Habana,1960.
4 Eduardo Torres-Cuevas, Reinaldo Suárez Suárez: “Constitución de la Yaya (1897)”, En El libro de las constituciones. Constituciones, Estatutos y Leyes Constitucionales en Cuba entre 1812 y 1936, Imagen Contemporánea, 2018, Vol I, pp. 215-245.
La Lucha, 26 de noviembre de 1895.
6 Eugenio Lasa Ayestarán: “La Burguesía catalana hace cien años. De la conquista del mercado colonial a la pérdida del imperio”, en Trienio, noviembre de 1997, No. 30, p. 107.
7 Gustavo Placer Cervera: La explosión del Maine. El pretexto. Editora Política, La Habana, 1998.
8 Louis Pérez Jr: Ser cubano. Identidad, nacionalidad y cultura, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 141.
9 Ibidem.
10 Ibidem.
11 Máximo Gómez: Diario de campaña, vol I, Fundación Máximo Gómez, Santa Domingo, 2007, p. 479.
12 Máximo Gómez: Op. cit., pp. 485-486.
13 Ibidem.
14 Máximo Gómez: Op. cit., p. 487.
15 Hermann Hagedorn : Leonard Wood: Biographiy: 2 vol., New York, 1931, t. 2, p.255. Citado por Louis A. Pérez Jr: Op. cit, p. 221.
16 Eduardo Torres-Cuevas y Reinaldo Suarez Suarez: Op cit.
17 José Martí: Obras Completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, t. III, pp. 138-143.
18 José Martí: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. III, 142-143.