Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

lunes, 18 de marzo de 2019


SALVADOR ALLENDE: "NO EN MI NOMBRE"
(Por Atilio A. Boron)



Ariel Dorfman publicó en la edición del 21 de Febrero del 2019  de Página/12 una nota titulada “Palabras de Salvador Allende para Maduro”  en la cual imaginó los consejos que supuestamente el difunto presidente chileno le ofrecería al líder bolivariano para enfrentar exitosamente los desafíos de la actual coyuntura. A continuación, la imaginaria réplica que Allende le dirigiría a su intérprete.

Usted sabe muy bien, querido Ariel Dorfman, que soy respetuoso con los demás pero inflexible en la defensa de mi dignidad personal y la integridad de mis creencias y valores. Y usted ha abusado la confianza que le supe otorgar “imaginando” razonamientos y consejos que yo le podría dar al presidente legítimo de Venezuela que no reconozco como propios. Son suyos, y los respeto, pero no los comparto y le solicito, con amabilidad pero con firmeza, que no me los atribuya a mí. Son demasiadas las tergiversaciones que usted hace de mi pensamiento y los olvidos o silencios en que incurre en su carta. Esto me obliga a escribir estas líneas como un aporte para arrojar cierta luz sobre la enorme confusión que, desgraciadamente, hoy se ha instalado en la izquierda de nuestro país y que la induce a adoptar posturas incompatibles con su noble tradición anticapitalista y antiimperialista.

Como usted sabe, yo soy médico, y como tal nunca limité mi conducta profesional al mero estudio de las manifestaciones externas de una enfermedad. Debía, y siempre lo hice, buscar el origen, sus causas. Y lo misma actitud mantuve a lo largo de toda mi vida política. Voy al grano. En su imaginaria carta al presidente Nicolás Maduro usted dice que el “experimento chileno –llegar al socialismo por medios pacíficos– se encontraba asediado, padeciendo formidables problemas económicos, aunque nada en comparación con el desastre humanitario que aqueja a Venezuela.”  Le confieso que me sorprende que un hombre de su talento haya obviado toda mención a las causas que se encuentran en el origen de las innegables dificultades económicas que agobian a Venezuela. Y que, además, haya asumido sin beneficio de inventario la propaganda maliciosa y perversa -como la que sufrí durante mi gobierno-  que le impide preguntarse si es cierto, como lo asegura la prensa dominada por el imperialismo, que ese país quise sufre un “desastre humanitario.” Esta expresión, cargada de maligna intencionalidad política, evoca las lacerantes imágenes que hemos visto producto de la agresión norteamericana en Irak, Siria, Yemen, Afganistán o, antes, en los Balcanes. Pero nada semejante existe en la tierra de Bolívar. ¿Desequilibrio entre salarios y precios? Seguro. ¿Hiperinflación? También. ¿Especulación, acaparamiento de bienes esenciales, mercado negro como tuvimos en Chile? De acuerdo. Pero también está la ayuda alimentaria que otorga el gobierno a través de las cajas CLAP (por Comité Local de Abastecimiento y Precios) que cada tres semanas entrega a millones de familias. Esas cajas contienen diez rubros básicos de alimentación a un irrisorio costo de unos veinte centavos de dólar.  ¿Salarios bajos? Sí. Pero también precios extravagantemente bajos, de regalo, en alimentos básicos, electricidad, gas, gasolina, transporte. No obstante,  es cierto que esto no alcanza; que subsisten muchos problemas, que se cometieron errores en el manejo macroeconómico, así como que no se procedió –hasta ahora- a combatir con el rigor necesario a la corrupción que infecta tanto a los agentes económicos privados como algunos sectores del aparato estatal.  Pero hablar de “desastre humanitario” es un disparate y convalidar desde la izquierda el discurso sedicioso de la derecha. Además,  ¿cuál es el origen de este desorden?  

Su respuesta a esta pregunta es decepcionante y jamás podría serme atribuida en cuanto señala como la causa de todos estos males al gobierno bolivariano al tiempo que ignora por completo el pérfido accionar del imperialismo norteamericano. No es un dato anecdótico que en su fantasiosa reconstrucción de mi pensamiento la palabra “imperialismo”, tantas veces utilizada a lo largo de mi vida política para denunciar la prepotencia yankee en América Latina sobre todo durante mis años como presidente de Chile, brille por su ausencia. Su asimilación del  pensamiento dominante lo impulsa a equiparar la ofensiva que en mi contra desatara aquel perverso dúo conformado por Richard Nixon y Henry Kissinger con la que hoy lanzan Donald Trump, Mike Pence, Mike Pompeo, Elliot Abrams, John Bolton, Juan Cruz y compañía. Se equivoca de medio a medio. La Casa Blanca está hoy poblada por hampones y sicarios, alguno de los cuales son asesinos seriales –Abrams, ex convicto indultado por George Bush padre es el caso más extremo pero está  lejos de ser la excepción- mientras que en mi época tenía que vérmelas con reaccionarios pero no con gangsters. Además, no puede usted desconocer que los métodos de sometimiento del imperialismo, lesivos como fueron en nuestro caso, son hoy incomparablemente más virulentos y brutales. ¿No vió acaso la filmación del linchamiento de Gadafi y la nauseabunda carcajada de HIllary  Clinton al recibir la noticia? ¿Usted cree que en algún momento Nixon hizo un llamado a las fuerzas armadas chilenas para que consumaran un golpe de estado? No. Pero Trump lo hace, y esta diferencia no es una nimiedad que pueda pasar desapercibida para un hombre de su inteligencia. En nuestro gobierno nacionalizamos el cobre, la banca, vastos sectores industriales, regulamos los mercados e hicimos la reforma agraria y jamás tuvimos que enfrentar algo semejante a las tremendas “sanciones económicas” que hoy padece el gobierno de Maduro. Teníamos muchas dificultades pero podíamos importar repuestos, medicamentos, alimentos, insumos esenciales para nuestra economía; nadie confiscaba nuestros activos en el exterior como se ha hecho con total atropello a la legalidad misma de Estados Unidos y del derecho internacional en el caso de PdVSA y sus subsidiarias; pese a las tensiones con Washington comerciábamos libremente con el resto del mundo y Europa no nos cerraba sus puertas. Tampoco compartíamos una larga frontera con un país cuyo gobierno se hubiera  convertido en un “proxy” de Estados Unidos (como desgraciadamente ocurre hoy con Colombia) y desde el cual se fomentara el contrabando de bienes básicos y se destruyera nuestra moneda.  Y ni siquiera un bandido como Nixon se atrevió a emitir una orden ejecutiva como la que, para su eterno deshonor, produjera el presidente Barack Obama el 9 de Marzo del 2015 declarando que Estados Unidos se enfrentaba a una “emergencia nacional” a consecuencia de la “amenaza inusual y extraordinaria” que Venezuela representaba para la “seguridad nacional y la política exterior” de Estados Unidos. Resumiendo: el papel del gobierno de Estados Unidos y sus cómplices europeos (el oro robado por el Banco de Inglaterra es apenas un ejemplo de tantos) ha sido una causa principalísima –por cierto que no la única- para producir la crisis económica que afecta a Venezuela y las penurias de su pueblo. Bajo tales condiciones es casi imposible construir una gobernanza macroeconómica eficiente o políticas estatales adecuadas toda vez que las principales variables no están controladas por el gobierno bolivariano sino por el de Estados Unidos. ¿No le parece que estas diferencias tendría usted que haberlas considerado cuando equiparó, a la ligera, las presiones que el imperialismo aplicó hace medio siglo contra el gobierno de la Unidad Popular con las que ejerce en nuestros días sobre la Venezuela bolivariana, muchísimo más duras y demoledoras?

Habiendo establecido esta distinción pasemos a la política. Es   cierto que en mi gobierno nunca se restringieron “los derechos de asamblea y prensa, ni menos encarceló a opositores.” ¡Pero tampoco lo hizo Maduro! ¿Cómo puede acusar de tal cosa al presidente  bolivariano, cómo puede acusarlo de “dictador” –cosa en la cual desgraciadamente coinciden vastos sectores de la extraviada izquierda  chilena y latinoamericana- cuando en las sangrientas “guarimbas” del 2014 y 2017 debió enfrentarse a una oposición que quemaba vivas a personas por “portación de cara chavista”, atacaba con bombas incendiarias jardines infantiles y hospitales, destruía la propiedad pública y privada, erigía barricadas que restringían totalmente el libre tránsito de las personas, obligadas a permanecer en sus hogares y no concurrir a sus trabajos so pena de ser ajusticiadas en el acto, disparaba con armas de fuego a quienes desobedecían sus órdenes o a las fuerzas encargadas de mantener el orden público? Todo esto, además, con el aplauso de la derecha mundial y la prensa canalla elevando a la categoría de “combatientes por la libertad” a los falsos líderes “democráticos” que promovían abiertamente la violencia sediciosa. Usted que lleva décadas viviendo en Estados Unidos, ¿cuál cree que sería la respuesta de la Casa Blanca ante una situación como la que acabo de describir? ¿Consideraría como “dictador” al presidente que hiciera todo lo posible para restablecer el orden público? No hay presos políticos en Venezuela. Sí hay políticos presos, algo totalmente distinto. Es más, le aseguro que algunos de esos políticos presos, autores intelectuales de disturbios que ocasionaron centenares de muertes en 2014 y 2017, están sufriendo condenas leves en Venezuela mientras en otros países, Estados Unidos por ejemplo, estarían sentenciados a cadena perpetua o condenados a la pena capital.

En cuanto a la libertad de reunión y expresión, el “presidente encargado” Juan Guaidó –un títere sedicioso manejado a voluntad por Washington- mantuvo en la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, a pocas cuadras del Palacio de Miraflores donde despacha el supuesto “dictador” Nicolás Maduro, reuniones periódicas con personalidades de la política y la cultura venezolanas que acudían sin ser acosados por las autoridades. Hay fotos en los cuales se testifica esto de manera irrefutable. Este mediocre impostor puede citar a conferencias de prensa, otorgar entrevistas por radio y televisión, entrar y salir del país sin ser molestado ni él ni su familia. Los dirigentes de la oposición circulan por las calles de Caracas sin ser molestados –le consta personalmente a un amigo mío que anduvo por allí estos días y tropezó con varios de sus líderes en las inmediaciones de la Asamblea Nacional- y desarrollan sus actividades políticas sin cortapisas. ¿Podía hacer eso la oposición chilena bajo la dictadura de Pinochet? ¿Se imagina usted lo que le hubiera ocurrido a quien, en medio de una intoxicación alcohólica, se hubiese encaramado a una tarima y autoproclamado “presidente encargado” de Chile? ¿O que hubiera salido al exterior y promovido una invasión de “guarimberos” contra su propio país, como en estos días se hace en el puente internacional Simón Bolívar, para luego iniciar una gira dizque presidencial por Brasil, Paraguay y Argentina en un avión de la Fuerza Aérea Colombiana? La dictadura lo hubiera apresado, torturado y ejecutado sin piedad en cuestión de días. Pero ahí anda Guaidó, jugando a ser el presidente de nada, mandando sobre nadie, ignorado y ridiculizado en su país aún por los opositores de Maduro, y contando para ello con la colaboración del turbio narcogobierno de Iván Duque que pone un avión a su disposición y la lambisconería de personajes del bajo mundo de la política latinoamericana como Mauricio Macri, Jair Bolsonaro y Mario Abdo Benítez.

Mire Ariel, hágase un favor a usted mismo: vaya a Venezuela,  alójese en un hotel de cinco estrellas y examine la grilla de canales de televisión que podrá ver desde su habitación. Allí notará la presencia de casi todos los canales internacionales que satanizan al gobierno de Maduro –CNN, Televisión Española, TV de Chile, etcétera- y la estruendosa ausencia de Telesur, la única señal televisiva que ofrece una visión alternativa a la dominante en la conspiración mediática. Y la feroz “dictadura” de Maduro nada hace para obligar a los cableoperadores a incluir en su grilla a Telesur.  En ese confortable hotel también podrá ver a una mayoría de canales nacionales despotricando permanentemente contra el gobierno? ¿Usted cree que tal cosa puede ocurrir bajo una dictadura? Pero no se quede en el hotel. Salga y camine por las calles de Caracas, o cualquier otra ciudad. Dígame si ve, como en casi toda América Latina, familias enteras durmiendo en la calle o niños pidiendo limosna o sacando comida de la basura. Por mi pasada investidura presidencial me abstendré de nombrar países en los cuales cosas como esas forman parte del paisaje cotidiano, pero usted sabe muy bien a cuáles me estoy refiriendo. Vaya a las barriadas populares de Caracas: a Petare, la 23 de Enero, métase en el metro y hable con los pasajeros. Los caribeños son muy extrovertidos y le evacuarán todas sus dudas. Criticarán al gobierno por la carestía, los bajos salarios, se quejarán de la ineficiencia en algunos sectores de la administración pública, de la corrupción en otros, pero no encontrará muchos que le digan que quieren ser gobernados por un presidente impuesto por los gringos como a diario miente la prensa concentrada, o que les vengan a quitar su petróleo y sus riquezas naturales, como explícitamente lo anunciaran Trump y Bolton. Es más, comprobará, como lo hicieron varios amigos míos recientemente, que ante la desfachatez de la agresión de la Casa Blanca el sentimiento antiimperialista y chavista se ha fortalecido considerablemente a pesar de las penurias económicas. Hágame caso: vaya, vea, hable y sobre todo escuche. Escuche a la gente y olvídese de los medios de comunicación hegemónicos, todos comprados o alquilados por el poder corporativo mundial para envenenar a la sociedad con “fake news”, “posverdades” y blindajes mediáticos que ocultan la fenomenal inmoralidad y corrupción de los supuestos salvadores de la democracia venezolana, dentro y fuera de ese país. Y olvídese también del “saber oficial” de la academia, tanto en Estados Unidos como en Europa y América Latina, que en su escandalosa capitulación se ha convertido en una agencia de propaganda al servicio de los peores intereses de las clases dominantes del imperio.
  .
Usted se permitió aconsejarle al presidente Maduro, en mi nombre, que haga lo que yo traté de hacer y no pude: convocar “a un plebiscito para que el pueblo decidiera el rumbo futuro de la patria. Si yo perdía, renunciaría a la Presidencia y se llevarían a cabo nuevas elecciones.” ¿No se enteró usted que entre mediados del 2017 y comienzos del 2018 se intentó llegar a un arreglo institucional en negociaciones sostenidas en Santo Domingo bajo la dirección de José Luis Rodríguez Zapatero y que en el momento de sellar el acuerdo una orden del presidente Trump hizo que los representantes de la MUD, la Mesa de Unidad Democrática de la oposición, abandonaran presurosos el recinto cuando se estaba a punto de firmar el documento final en presencia del ex presidente del gobierno español y de Danilo Medina, el presidente de República Dominicana? ¿Ignora usted que el gobierno de Estados Unidos y sus operadores dentro de Venezuela han dicho hasta el cansancio que no quieren elecciones sino la “salida” de Maduro, el tan anhelado “cambio de régimen”, a quien incluso amenazan con asesinarlo, como lo ha hecho Marco Rubio, un verdadero “malandro oficial” como diría la canción de Chico Buarque, en un infame tuit emitido recientemente. Pero suponiendo que aquel acuerdo de Santo Domingo hubiera prosperado, ¿cree usted sinceramente que la derecha y el imperialismo aceptarían el veredicto de las urnas en el más que probable caso de un nuevo triunfo del chavismo? Recuerde lo que pasó conmigo: el golpe se produjo precisamente para evitar la realización de un plebiscito que hubiera ratificado mi gestión en el palacio de La Moneda. ¿Cree que sería diferente en el caso del presidente Maduro? No se puede ser tan ingenuo.

Otra cosa: siempre fui un demócrata, pero jamás un adorador de la concepción burguesa de la democracia. He sido un marxista a lo largo de toda mi vida y, fiel a esa teoría, sé que la lucha de clases es el motor de la historia, y que sus efectos son tan irresistibles como la ley de la gravedad. Ese es uno de los más notables olvidos de su carta, a los que me refería al inicio. Sé que para la burguesía la democracia es tolerable en la medida en que no afecte sus intereses. Cuando esto ocurre la destruye sin más trámite y sin remordimiento alguno y erige en su lugar regímenes despóticos, fascistas, racistas que restauren el orden amenazado. La historia de mi gobierno comprueba irrefutablemente la omnipresencia y la excepcional gravitación de la lucha de clases. Por eso apoyé desde el principio a la Revolución Cubana, porque ví que allí nacía una nueva forma de democracia con justicia social. También supe que no era ese el modelo que se podía aplicar en Chile porque las historias, instituciones, fuerzas sociales y tradiciones políticas de ambos países eran muy diferentes. Pero rápidamente me convencí que la democracia radical, de base, instituida en la isla rebelde era tan válida como nuestra “vía chilena al socialismo.” Y por las mismas razones acepté, aun ejerciendo la presidencia del Senado chileno, ser presidente de la OLAS, la Organización Latinoamericana de Solidaridad creada por Fidel en 1967  para apoyar las luchas por la liberación nacional que se estaban librando en el Tercer Mundo, y en particular la del Che Guevara en Bolivia. Y por eso colaboré en garantizar la salida, sanos y salvos, de los hombres que acompañaron al Che en la guerrilla de Ñancahuazú así como de los seis jóvenes argentinos fugados de la cárcel de Trelew, donde estaban detenidos por su oposición armada a la dictadura reinante en ese país. Y por esas mismas razones invité a Fidel a realizar una extensa visita a Chile, que despertó los peores odios de la derecha y el imperialismo.  Por eso creo que tiene razón Maduro cuando me considera como el precursor del ciclo de izquierda relanzado en Latinoamérica con la elección de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en diciembre de 1998. Y por la misma razón discrepo radicalmente con usted cuando afirma que haber sacrificado “mi vida por la democracia y una revolución pacífica es un ejemplo leal y luminoso para los pueblos sedientos de libertad y justicia social.” En política no se trata de crear santos o héroes dispuestos a inmolarse sino de construir sociedades más justas y libres, tarea ardua y erizada de peligros bajo el capitalismo y las presiones del imperialismo. Por ningún motivo le recomendaría al presidente Maduro hacer virtud de lo que en mi caso fue una desgraciada necesidad, producto de la debilidad de mi gobierno frente a la coalición reaccionaria  y de la incapacidad de la izquierda para calibrar en sus justos términos la naturaleza perversa y tiránica de los sectores oligárquicos chilenos y sus mentores norteamericanos. Mi muerte en La Moneda, como la del Che en Bolivia, fue una convocatoria a la lucha para abrir las grandes alamedas, no para fomentar el derrotismo y la resignación ante las fuerzas más retardatarias de nuestras sociedades.

Habida cuenta de todo lo anterior es que le exijo no prosiga usted hablando en mi nombre. Si todo lo que he expuesto no le resulta convincente persista en su prédica, pero hágalo a nombre propio y no en el mío. Nadie, ni aún quienes participaron en mi gobierno, incluida la dirección del Partido Socialista, del cual fui fundador, o llevan mi apellido, o participan en este lamentable extravío que afecta a vastos sectores de la izquierda chilena, construida a base de más de cien años de esfuerzos, sacrificios, cárceles y persecuciones de todo tipo, tiene derecho a bastardear el legado político que sellé con mi sangre en La Moneda. Y no puedo ocultarle el profundo dolor que me embarga al ver en esta tremenda coyuntura venezolana, cuando el gobierno bolivariano se enfrenta a un “tránsito histórico” como el que yo aludiera en mi postrero mensaje al pueblo chileno, que usted tome partido junto a los Vargas Llosa (padre e hijo), Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze, Jorge Castañeda y toda la derecha “bienpensante” y complaciente de Latinoamérica amparada, financiada y promovida por la NED, la Open Society Foundation y la enorme red de fundaciones y ONGs que sirven de vehículos para la dominación cultural del imperialismo. O que su nombre figure al lado de Macri, Bolsonaro y Abdo Benítez. Preferiría verlo en el otro bando, donde se agrupan quienes creen que en este momento o se está con un gobierno surgido del voto popular, que acabó con el analfabetismo, extendió como nunca antes la salud pública, entregó más de dos millones y medio de viviendas a su pueblo y recuperó las riquezas naturales de su país, ganó en 23 de las 25 elecciones convocadas desde su llegada al poder (y si tiene dudas acerca de ellas hable con Jimmy Carter que podrá ilustrarlo al respecto);  o se está con Trump y sus lacayos dentro y fuera de Venezuela y cuyo excluyente objetivo es apoderarse del petróleo, del oro y del coltan, entre otros recursos naturales estratégicos, que se encentran en demasía en territorio venezolano. Y espero que no insulte mi inteligencia afirmando que el objetivo del intervencionismo norteamericano es establecer el imperio de la justicia, la libertad, los derechos humanos y la democracia. Muéstreme un país en donde tal cosa haya ocurrido. ¿Honduras, Granada, Panamá, Brasil en 1964, Chile después de 1973? ¿Irak, Afganistán, Yemen? Lo que los mueve a propiciar este tipo de políticas de “cambio de régimen” es su afán por apoderarse de recursos naturales cada vez más escasos y posicionarse más favorablemente en el complejo tablero geopolítico internacional. Todo a costa del sometimiento de nuestros pueblos y al avasallamiento de la soberanía y autodeterminación nacionales.

Confío en que podrá usted abstraerse de las opiniones dominantes en Estados Unidos y, por proyección casi “natural” en sus países satélites de Europa y Latinoamérica y el Caribe, tan fuertemente influidas por la dictadura mediática que nos agobia en todo el mundo, y pueda someter a revisión las ideas que ha expuesto como si fueran mías y no lo son. En el pasado usted escribió algunas páginas notables que enriquecieron el pensamiento crítico latinoamericano. Vuelva a sus orígenes porque ha perdido el norte. Su imaginaria reconstrucción de mi pensamiento es una inadmisible desvirtuación de mis ideas. Por eso le reitero: diga lo que quiera, pero no en mi nombre. Y esto no es un favor que estoy pidiendo sino una exigencia nacida del respeto que merece mi trayectoria, mi coherencia  política y la vida que ofrendé por ser leal a mis ideas y a mi pueblo.
Espero fervientemente que pueda usted recapacitar y retomar el rumbo que lo llevó a acompañarme en mi proyecto de gobierno.

Atentamente,

Salvador Allende Gossens


viernes, 15 de marzo de 2019


EL GOBIERNO ESTÁ ASUSTADO PERO EMPECINADO EN UNA RECETA QUE FRACASÓ
(Por Marcelo Zlotogwiazda, publicado en INFOBAE)



El Jefe de Estado, Mauricio Macri, acompañado por el ministro de Producción y Trabajo de la Nación, Dante Sica, en el anuncio de tasas subsidiadas para el descuento de documentos de las pyme

El lanzamiento de créditos subsidiados para las pymes por un total de 100.000 millones de pesos anunciado anteayer y el adelantamiento de junio a marzo para la entrada en vigencia de un salario mínimo vital y móvil de $12.500 son dos ejemplos que probablemente sean seguidos por otros.

Puede discutirse cuán eficaz en términos de reactivación productiva o de inversión pueden ser créditos para las pymes que en su inmensa mayoría enfrentan una demanda flojísima. Y si bien es indudable que la anticipación del aumento del salario mínimo implica una mejora, los $12.500 de marzo tendrán un poder adquisitivo inferior a cuando en junio del año pasado se acordó el cronograma original de suba.

Pero más allá de eso, las iniciativas revelan que la preocupación los ha hecho reaccionar. De manera insuficiente, pero peor es nada.

La alteraciones anímicas que se perciben en el Gobierno por cuestiones económicas no están acotadas a los horribles datos oficiales sobre el nivel de actividad, la caída en el empleo y la pérdida de poder adquisitivo, a lo que se suman noticias diarias de suspensiones, achicamientos o cierres de fábricas.

El susto también fue provocado por el 2,9% de inflación que se registró en enero y que ayer fue reconocida como muy alta por el presidente del Banco Central Guido Sandleris en una presentación ante la Fundación Libertad. No sólo admitió el mal dato de enero sino que además señaló que la inflación de febrero también va a ser demasiado elevada, confirmando los pronósticos de la mayoría de las consultoras que la ubican por encima del 3 por ciento, y la del año arriba del 30 por ciento.

Guido Sandleris fue sincero en la descripción de lo inmediato, pero no pudo resistir –como tampoco lo están haciendo Mauricio Macri y Nicolás Dujovne- caer en la tentación de los pronósticos, un ejercicio en el que el Gobierno ha venido fallando garrafalmente.

Desequilibrios heredados y presentes

El presidente del Banco Central afirmó convencido que la economía "está ante la posibilidad de bajar la inflación de manera sostenida" y lo fundamentó en que, según él, han corregido casi en su totalidad los tres desequilibrios macroeconómicos que arrastraba la economía: el atraso cambiario, el tarifario y el déficit fiscal".

En la Argentina es harto sabido que el atraso cambiario es pan para hoy y hambre para mañana, además de que emite incentivos contraproducentes.
En la Argentina también estaba aceptado que el esquema tarifario del gobierno anterior era insostenible, despilfarraba recursos y generaba un enorme déficit energético.

Y no hay economista que niegue que hay más riesgo de inflación con déficit fiscal que con superávit.

Pero lo anterior no significa que una devaluación que elimine o reduzca el atraso cambiario, combinada con un sinceramiento tarifarios mal ejecutado y un ajuste fiscal draconiano, sean garantías de que estén dadas las condiciones para bajar la inflación, como afirmó Sandleris.

Muy por el contrario, la experiencia del año pasado muestra que con esos ingredientes la inflación lejos de bajar subió bruscamente.

A lo que el Gobierno responde que como el atraso cambiario ya quedó atrás y que una parte considerable de los tarifazos ya fueron hechos, lo único que resta es perseverar con la reducción del déficit tal como fue comprometido ante el FMI.

A las condiciones que enumeró Guido Sandleris, presidente del BCRA, para bajar la inflación, le faltan algunos ingredientes (Bloomberg)

Lo inquietante es que al listado de las condiciones de Sandleris le faltan algunos ingredientes fundamentales. En primer lugar, omite un tema clave que es la inercia inflacionaria, un problema que por los antecedentes de la Argentina no se puede soslayar, y es muy difícil interrumpir. En la historia reciente, la inercia inflacionaria sólo se pudo cortar por muy corto tiempo con el desagio del Plan Austral, por un período más largo durante el atraso cambiario de la Convertibilidad, y por la feroz recesión de principios de este siglo.

Sandleris tampoco toma en cuenta que, como parte de la inercia inflacionaria y debido a que el país cuenta con un movimiento obrero que todavía conserva una considerable cuota de poder y capacidad de movilización, y con una sociedad bastante resistente a ceder terreno, los precios y salarios están en constante competencia y retroalimentando la inercia.

Y en tercer lugar, olvida que a pesar de que a pesar de que hubo un notable aumento en el tipo de cambio real, no faltan factores como para descartar nuevas turbulencias que agiten el dólar. Entre ellas la constante amenaza de una corrida dolarizadora alimentada por temores electorales del establishment y aceitada por una masa de pesos retenida en los bancos con tasas de interés insostenibles.

Pero aún si se le concede la razón a Guido Sandleris respecto a que la materia pendiente es el déficit fiscal y su correspondiente contrapartida monetarista, la eventual desaceleración inflacionaria bien puede convivir con un estancamiento productivo e incluso con una prolongación de la recesión.

Contrapunto a las ideas del neoliberalismo

Al respecto, es interesante atender a un trabajo que acaba de publicar la Fundación Friedrich Ebert, la institución de apoyo intelectual de la socialdemocracia alemana que lleva el nombre del primer presidente de la República de Weimar – la etapa política entre la derrota de la Primera Guerra Mundial y el ascenso del nazismo -, de cuyo fallecimiento se cumplieron ayer 94 años.

El trabajo recopila ensayos críticos de las políticas de Austeridad (tal el título) y desmitifica varias de las verdades defendidas a capa y espada por el neoliberalismo. Uno de los artículos se titula "¿Sirve el recorte de gastos para resolver los problemas fiscales y estimular la inversión? y tiene como autora a Sheila Block, una economista del Canadian Center for Policy Alternatives.

Uno de los mitos que combate es que la mejor manera de equilibrar las cuentas es a través de un recorte de gastos en lugar de aumenta los impuestos progresivos de forma de recaudar más y achicar la desigualdad. También cuestiona la idea de que las políticas de austeridad no agravan la recesión, y pone como uno de los tantos ejemplos recientes lo ocurrido en Grecia. Por el contrario, sostiene que con buenos estímulos fiscales que frenen la caída, "la recuperación bien puede darse mediante una acción coordinada de inversiones públicas y privadas".

Sheila Block describe cómo la austeridad europea "ha estado asociada con aumento en el desempleo y desaceleración productiva, al revés de la mayor confianza y más alto crecimiento que se prometía".

La canadiense cita investigaciones de Paul Krugman "que demostró que la austeridad gubernamental suele ser recesiva, y que la recesión empeora cuánto más intensa sea la política de austeridad".

La autora se pregunta el por qué de la persistencia de las políticas de austeridad. "La respuesta requiere tener en cuenta los intereses y las ideas de los poderosos. Esos intereses no se benefician de una expansión del rol de los gobiernos que afecte la propiedad. Esos intereses se benefician de un Estado más chico. Los ricos no dependen del Estado como el resto, ya que cuentan con seguridad privada, salud privada y educación privada. Y cualquier aumento en la participación del Estado muy probablemente recortaría considerablemente sus riquezas mediante una mayor presión impositiva y más regulaciones a sus negocios".

Todas cuestiones que son motivo de encendidas polémicas entre los ciudadanos y los políticos. Al respecto, el mencionado premio Nobel Paul Krugman escribió: "la política determina quien tiene el poder, pero no quien tiene la razón".

Casualmente, Krugman cumplió ayer 66 años.



BALANCE ECONOMICO PRELIMINAR DEL 2018 EN CUBA Y ALGUNAS PERSPECTIVAS PARA EL 2019 (Parte II)
(Por: José Luis Rodríguez, publicado en CUBADEBATE)

Revisando las cifras previstas en el plan de 2018,[1] se esperaba un crecimiento en las exportaciones de bienes y servicios, basadas en la actividad de turismo y producciones seleccionadas de la industria, el tabaco y las bebidas. Igualmente se preveía un incremento en las importaciones.

También se informaba que –a pesar de las tensiones previstas- se pronosticaba obtener un saldo comercial positivo de 54.8 millones de dólares. Para tener una idea de lo que esta cifra significaba es preciso tomar en consideración que –de acuerdo al Anuario Estadístico de Cuba 2017- el saldo comercial positivo había sido de 2 774 millones en ese año, por lo que en la proyección se suponía una reducción de 2 719.2 millones para el 2018, es decir un comercio prácticamente balanceado y sin margen de flexibilidad para operar.

Sin embargo, como ya se mencionó anteriormente, se estima que el valor total de las exportaciones de bienes descendió un 12,6% este año mientras que las importaciones crecieron un 2,9%. Por su parte, el saldo externo de los servicios se pronosticaba que caería un 5,5%.[2]

Tomando en consideración lo anterior, puede suponerse que el estimado del impacto financiero total del comercio exterior durante 2018 fue negativo en 1 187 millones de dólares,  cálculo que se basa en un saldo negativo en el comercio de bienes superior en 660 millones –sobre todo por caída de producciones de azúcar y níquel-  así como del turismo –cuya reducción en alrededor de un 6% del número de visitantes hasta mayo se estima redujo ingresos en unos 400 millones de dólares contra el plan-,[3] todo lo cual se resume en un saldo positivo menor en servicios por 527 millones durante el año, considerando –además- afectaciones para el cobro de la exportación de fuerza de trabajo calificada.

El enfrentamiento a esta situación nos lleva a analizar las posibilidades de financiamiento externo en base a lo planificado, más allá del comercio exterior.
En primer lugar, la inversión extranjera directa registró compromisos de inversión por unos 6 000 millones de dólares desde el 2014 –un promedio lineal de unos 1 200 millones comprometidos anualmente- promedio que fue mayor en el 2018 cuando se reportaron intenciones inversionistas por unos 1 500 millones de 40 negocios. De entre ellos destaca la Zona Especial de Desarrollo del Mariel ZEDM, con una inversión captada desde el 2013 por 2 130 millones en 43 proyectos, de ellos 17 ya en ejecución.[4]

No obstante, el ritmo de inversión previsto, si bien se ha acelerado, no es aún suficiente ya que en el plan 2018 se calculaba que debía ser del 5,8% del plan de inversiones total, aproximadamente 626 millones de dólares. De esta cifra se reportó como entrada efectiva de capital extranjero por un monto de 474 millones el pasado año, o sea un 24,3% menos.
Por otro lado, el financiamiento corriente es sin dudas la variante de acceso a recursos externos que enfrenta las mayores dificultades.

La presión que ejerce el bloqueo económico de EEUU mediante multas millonarias a aquellos que se atreven a “traficar” con activos cubanos no es un dato menor. En ese sentido se destaca la multa por valor de 1 340 millones de dólares aplicada al banco francés Societe Generale por violar la legislación norteamericana contra Cuba el pasado año, así como la que se impuso al banco BNP Paribas en el 2014 por casi 9 000 millones de dólares por la misma causal.

Este ha sido un factor fundamental para que se clasifique la capacidad de pago cubana como de “alto riesgo” por agencias como Moody’s, que la califica como Caa2.[5] Esto se traduce en altas tasas de interés por los préstamos que el país pueda recibir, siendo la tasa actual de “riesgo soberano” para Cuba de 9.23%, tasa que se cobra superando el interés normal de un crédito en el mercado financiero internacional.

También ha operado negativamente para Cuba el no tener un banco fiador de última instancia de primer nivel. En tal sentido se negoció hasta el 2016 el posible ingreso de Cuba a la Corporación Andina de Fomento (CAF), que es uno de los mayores bancos de la región. Posteriormente se logró el ingreso en el Banco Centroamericano de Integración Económica en agosto de 2017, lo que ofrece –potencialmente- nuevas fuentes de financiamiento para el país.
Sin embargo, el factor de mayor importancia para el acceso a nuevos créditos, que resultan indispensables para el desarrollo y la operatoria corriente de la economía cubana, ha sido el proceso de renegociación y pago de la deuda cubana vencida. En este sentido se estima que hasta el 2017 Cuba renegoció unos 54 372 millones de dólares, obteniendo la cancelación del 82% de esa cifra, aunque hubo que realizar un enorme esfuerzo en los pagos, que alcanzaron unos 23 000 millones de dólares aproximadamente durante más de 5 años para lograr esos resultados.

Los pagos de la deuda reestructurada se comportaron adecuadamente hasta el 2017, pero –desafortunadamente- se incumplieron con un grupo de acreedores en el 2018, lo que supone un esfuerzo adicional para retomar el programa de liquidación de adeudos pactado. Adicionalmente, se ha acumulado un volumen de deudas de corto plazo no pagadas, que al cierre del 2018 se calculaba en unos 1 500 millones de dólares que deberán liquidarse prioritariamente, ya que son –fundamentalmente- los créditos comerciales de corto plazo que inciden directamente en el nivel de importaciones del país.

En estos momentos se estima que la deuda total de Cuba se encuentra en torno a 29 820 millones de USD, según estimados del EIU, lo que representa un 30,4% del PIB, cifra que proporcionalmente no es alta de acuerdo a la situación financiera internacional, pero que en el caso cubano tiene una elevada significación a partir de las dificultades presentes para el acceso al financiamiento internacional. En este sentido diversos análisis apuntan a que la capacidad de endeudamiento del país puede llegar al 40% del PIB, pero en condiciones de crecimiento superiores al 4%.

En medio de esta compleja situación el país aún cuenta con potencialidades para movilizar recursos financieros en condiciones aceptables, lo que se examinará más adelante en este trabajo. (Continuará)

Referencias
[1] Ver Intervención del Ministro de Economía y Planificación en la ANPP, periódico Granma, 22 de diciembre de 2017 en www.granma.cu
[2] Estimados de EIU “Country Report Cuba” November 3 2018 en www.eiu.com
[3] En relación al turismo se informó que crecieron los ingresos brutos, pero en una cifra inferior a lo planificado.
[4] Ver “Inversión extranjera. De complemento a sector clave en el desarrollo cubano” Cuba y la Economía, diciembre 18 2018 en www.cubayeconomia.blogspot.com
[5] La clasificación tiene tres categorías: letra A países que no presentan riesgos, letra B aquellos que muestran algún riesgo y letra C aquellos que se consideran de alto riesgo.



BALANCE ECONOMICO PRELIMINAR DEL 2018 EN CUBA Y ALGUNAS PERSPECTIVAS PARA EL 2019 (Parte I)
(Por: José Luis Rodríguez, publicado en CUBADEBATE)

El año que concluyó ha sido de una elevada complejidad para la economía cubana, lo cual se expresa en la cifra de crecimiento que se alcanza en el 2018. En efecto, el Ministro de Economía y Planificación informó en la Asamblea Nacional que se había logrado un crecimiento en torno al 1,2%[1], cifra inferior al 2% planificado, a pesar de los esfuerzos realizados para mitigar la negativa coyuntura.

La cifra de crecimiento anunciada coincide con la tasa de crecimiento alcanzada por América Latina y el Caribe en el 2018, según estimados de CEPAL.

Dado el nivel de apertura de la economía nacional,[2] un balance objetivo de lo ocurrido necesariamente debe partir de considerar preliminarmente el impacto de los factores externos en el presente año.

En primer lugar, la situación económica internacional ha evolucionado  negativamente durante el 2018, lo cual ha estado determinado fundamentalmente por los efectos de la guerra económica desatada por Estados Unidos contra China a partir de la fuerte elevación de los aranceles a las exportaciones de esta última como una vía para tratar de eliminar el déficit comercial norteamericano con el país asiático. Por otro lado, la administración de Donald Trump ha elevado las tasas de interés en EEUU con el objetivo de atraer recursos financieros de otros países, lo que induce a una fuga de capitales en estos –especialmente en países de bajo desarrollo-, con las imprevisibles onsecuencias que esto puede provocar, especialmente al encarecer los créditos en la economía norteamericana. Todo esto se añade a una coyuntura donde no se han superado los efectos de la crisis que estalló hace 10 años atrás y no ha desaparecido el peligro de su repetición.

Esta negativa coyuntura genera incertidumbre y efectos negativos en todas partes, a lo que no escapa nuestro país, especialmente en relación al financiamiento externo y la inversión extranjera. Al respecto, el Ministro de Economía y Planificación también expresó recientemente: “La situación de la economía ha estado determinada por una tensa situación financiera, en la cual ha influido el incumplimiento de ingresos por exportaciones en un grupo de actividades como el turismo, la producción azucarera y los servicios médicos, a lo que se unen las afectaciones ocasionadas en varios sectores por diversos eventos climatológicos.”[3]

En cuanto al comercio exterior, la economía cubana ya mostraba una reducción del 24,5% en las exportaciones de bienes y servicios y una contracción similar en las importaciones entre 2012 y 2017, aún cuando se mantuvo un saldo positivo en el intercambio total.

La caída de ingresos por la vía de las exportaciones ha estado marcada –en primer lugar- por el descenso de la producción de níquel, que pasó de 72 530 TM en el 2011 a un plan de solo 50 000 este año, el cual –si bien parece cumplirse según las últimas noticias disponibles-[4] resultaría inferior a la producción lograda el año precedente, según estimados. Esta situación se asocia a la descapitalización de las fábricas y a dificultades con el financiamiento suficiente para frenar esta tendencia, aunque en el año que concluye se han invertido 50 millones de pesos solo en la planta Che Guevara. Tampoco puede obviarse la fluctuación de los precios de este mineral, que si bien en el 2018 se estima que alcance 13 344 USD por TM para un incremento del 28,5% sobre el año anterior, en los últimos 5 años se registra un descenso del 21% y los crecimientos previstos hasta el 2020 son solo de un 5,1%.

No obstante, las perspectivas mejoran si se considera que los precios del cobalto -asociado al níquel en los yacimientos cubanos- se sitúan en estos momentos en torno a los 55 000 dólares por tonelada, con perspectivas de crecimiento superiores a corto plazo. También el contenido de las colas que se acumulan a partir del proceso industrial, contienen una significativa cantidad de minerales potencialmente valiosos –se estima su valor en miles de millones de dólares- y se busca inversión extranjera para su explotación.

En el caso del azúcar[5] la producción estimada del presente año fue solo de alrededor de un millón de TM –una caída calculada del 43,7% en relación a la zafa anterior-, muy afectada por problemas climáticos con la alternancia de períodos de sequía y lluvias a destiempo, a lo que se sumó el negativo impacto del huracán Irma que en septiembre del pasado año arrasó con 380 000 hectáreas de caña y daño seriamente a 24 centrales. Por su parte, el precio promedio de la libra de azúcar se estima en 12.27 centavos este año, un 22,8% inferior al logrado en el 2017.

Por otro lado, las exportaciones de servicios también se han visto afectadas.
En el caso del turismo, de un plan original de 5,1 millones de visitantes, este año se prevé llegar a 4 millones 750 mil debido a la reducción registrada inicialmente de turistas norteamericanos –menos 6,8% hasta noviembre- y su recuperación posterior al cierre del año –alrededor del 1% de crecimiento-. Por otro lado, se produjo una reducción de turismo de países europeos durante el 2018. De tal modo, el crecimiento del número de visitantes estará en el orden del 1,3%. Igualmente vale señalar que se incrementó el número de visitantes por la vía de los cruceros un 92,8%, pero con un gasto por turista día inferior y una estancia menor, todo lo cual apunta a una caída en los ingresos brutos en relación al año anterior.[6] Las capacidades disponibles en hoteles alcanzan ya 70 879 habitaciones, a lo que se añaden más de 23 000 habitaciones de arrendadores privados.

Los ingresos por exportación de fuerza de trabajo calificada se estima disminuyan al cierre del año debido a la retirada de la colaboración cubana del personal de salud ubicado en Brasil, a partir de la inadmisible posición asumida frente a Cuba por el presidente Jair Bolsonaro. A esto se añaden dificultades con los ingresos de la colaboración cubana en otros países.

En relación a las importaciones, se estima un incremento en el precio[7] por tonelada de una serie de alimentos al compararlos con el año anterior, entre los que destacan el arroz (5,3%); frijol de soya (2,2%); trigo (20,7%) y carne de pollo (3,8%). La factura de alimentos importados del presente año se encuentra en torno a 1 700 millones de dólares, de los cuales pueden sustituirse con producciones nacionales entre el 35 y el 47%, según estimados.

También crece el precio del barril de petróleo –WTI- de 53 a 65,2 USD, para un aumento del 23% y se mantienen restricciones con el suministro tradicional registradas desde el 2016, lo que se ha tratado de compensar con la compra a suministradores de Rusia y Argelia.

En síntesis, según estimados internacionales, se calcula que el valor total de las exportaciones de bienes descienda un 12,6% este año mientras que las importaciones se crezcan un 2,9%. Por su parte, el saldo externo de los servicios debe descender un 5,5%.[8]

Esta situación en el comercio exterior es necesario examinarla en su relación con las finanzas internacionales del país. (Continuará)

Referencias

[1] En general la fuente de los datos en el presente trabajo se encuentra en Granma “Fragmentos de la versión taquigráfica del informe presentado a la Asamblea Nacional por Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación “Diciembre 22 de 2018 en www.internet.granma, salvo indicación expresa de otra fuente. Ver también Miguel Díaz Canel: La batalla fundamental de Cuba es la económica”, CUBADEBATE, diciembre 16 2018 en www.cubadebate.cu
[2] Este indicador muestra la relación entre la suma de exportaciones e importaciones en relación al PIB y en el 2017 fue de 37,8%.
[3] Ver “Consejo de Ministros analiza Plan de la Economía para 2019 y Presupuesto del Estado”, periódico Granma, noviembre 30, 2018.
[4] Ver “Cuba estima producir unas 50 000 toneladas de níquel y cobalto en 2018” en www.cubayeconomia.blogspot.com diciembre 13 2018.
5 Ver “Cuba necesita elevar la eficiencia industrial en su zafra azucarera” en www.rebelion.org diciembre 6 2018.
[6] Ver “Cuba proyecta para 2019 un aumento del 17 por ciento de sus ingresos turísticos” en www.cubayeconomía.blogspot.com noviembre 26 2018.
[7] Ver “Commodities Prices Forecast” www.pubdocs.worldbank.org
[8] Estimados de EIU “Country Report Cuba” November 3 2018 en www.eiu.com


jueves, 14 de marzo de 2019


POR QUÉ LOS MOVIMIENTOS POPULARES VUELVEN A LAS CALLES
(Por Juan Grabois (*), publicado en INFOBAE)



Una vez más el gobierno de Cambiemos ajusta por el lado de los más débiles. Con la urgencia de correr a mostrarle cómo le cierran las cuentas al Fondo, el gobierno de Mauricio Macri, además de destruir la producción industrial, el empleo formal y el salario real de quienes todavía tienen el privilegio de laburar en blanco, además de arruinar a los pequeños comerciantes y profesionales con la destrucción del mercado interno, ha iniciado una ofensiva contra los más vulnerables que pone en peligro la propia capacidad de subsistencia.

El autor material del ahorcamiento a los sectores más pobres entre los pobres es Matías Kelly, uno de los tantos tecnócratas inoperantes e insensibles del impresentable staff de limosneros tacaños que rodea a la Ministra Stanley. La única virtud de esa cartera, la predisposición al diálogo de la propia Ministra, ha sido abolida por Durán Barba. El coach ecuatoriano, macho alfa del macrismo violento, le ha exigido a Stanley que rompa los espacios de diálogo con los movimientos populares y adopte la retórica electoralista confrontativa de la grieta. Como prueba de lealtad, le exige que aplique recortes salvajes en los programas sociales y valide el relato duranbarbiano de buenos y malos. Lamento que la Ministra haya pactado con el demonio para aspirar a la vicepresidencia.

El verdugo del Ministerio, Matías Kelly, es un hipster cool sin la más mínima trayectoria ni capacitación, que llegó al cargo por su capacidad para lamer las botas y obedecer órdenes de sus superiores. Este CEO sensible es un autodenominado "banquero ético" que responde directamente a Marcos Peña. El señorito cobra sin ruborizarse un sueldo de 170.000 pesos mensuales como Secretario de Economía Social y no usa precisamente el hospital público. A juzgar por los resultados de su gestión, no trabaja ni estudia demasiado, pero su meteórica carrera de trepador no se detiene. Hoy, es algo así como el "planero" VIP a cargo de los principales programas sociales del país. A Kelly le han encargado ocultar el recorte de prestaciones sociales bajo el disfraz de la "capacitación". Para ello, lanzó hace unos meses el Programa "Hacemos Futuro" que es algo así como decir "pensá en el futuro porque en el presente te vamos a arruinar". Tiene como doble objetivo atacar a los movimientos populares y ahorrarle plata a Macri para que Dujovne se la lleve a su jefa, la señora Lagarde.

El programa "Hacemos Futuro" garantiza una prestación que no cubre ni siquiera la canasta básica de indigencia. Son unos 6.000 pesos mensuales que, verbigracia, los beneficiarios ya tenían con el programa Argentina Trabaja. En la práctica, el "nuevo" programa es muy distinto al que dice en los medios. Básicamente la orden es "no trabaje", no vaya más a su cooperativa, a su merendero, a su grupo comunitario. En los medios se dice que el beneficiario debe acreditar la realización de terminalidad educativa y cursos de formación. El verdugo Kelly sabe bien que esto es fácticamente imposible para al menos un 50% por de ellos, sobre todo en las zonas más pobres del país, por la sencilla razón de que no hay lugares habilitados para cumplir los requisitos.
Con retórica mediática y demagógica, Kelly le miente a la opinión pública y azuza al enano fascista que un sector de nuestra sociedad lleva adentro afirmando que finalmente está educando a los negros ignorantes. La realidad es muy distinta: no hay vacantes para terminalidad educativa porque ellos mismos han cerrado miles de aulas FINES y destruido las escuelas para adultos. Imagínese el lector que si la escuela pública no está en condiciones de recibir a los alumnos regulares, muchos menos a medio millón de adultos trabajadores. Los únicos cursos de capacitación que se ofrecen en el territorio son, casualmente, los que brindamos las mismas organizaciones sociales que ellos estigmatizan mientras hacen acuerdos políticos con sospechosas asociaciones de iglesias neopentecostales para "disputar el territorio".

Las medidas de Kelly apuntan a la destrucción de los Proyectos Productivos Comunitarios de los Movimientos Populares. Aunque digan lo contrario, ellos no quieren que los pobres trabajen, porque saben que quien trabaja toma conciencia de sus derechos y comienza a reclamar una vida digna. Con su maniobra, Kelly ataca las unidades productivas de economía popular que brindan un lugar de contención laboral para cientos de miles de trabajadores en actividades socioambientales que van desde el reciclado hasta la construcción de viviendas, de la agroecología hasta la limpieza de arroyos, de los comedores infantiles hasta los bachilleratos populares, de las casas de rehabilitación de adicciones hasta las cooperativas para la reinserción de liberados. Estos espacios de contención son lo que permite que la Argentina no estalle por los aires, evitando que la delincuencia se transforme en una espiral creciente con los niveles de pobreza que provocó este gobierno. Pero claro… mientras más violencia, mejor para ellos. Su mercancía de crueldad cotizará más alto.

En lo que respecta al derecho a la salud, además de los recortes que venimos padeciendo en el hospital público (implica falta de medicamentos, de insumos, de personal médico, de ambulancias, guardias saturadas, etc.) también venimos asistiendo a un recorte en lo que es la atención en la salud de las personas con discapacidad, como el vaciamiento del programa Incluir Salud que brinda cobertura a este grupo particularmente vulnerable. Esto afecta a muchos de mis compañeros que vienen realizando tratamientos médicos y de estimulación, que necesitan traslados, sillas de rueda, maestras integradoras, etc.

Las pensiones no contributivas para discapacitados están siendo recortadas en forma totalmente arbitraria a partir de la imposición de requisitos incumplibles para los discapacitados pobres. La Cámara de Apelaciones de la Seguridad Social está demorando sospechosamente la sentencia en la causa "REDI" que precisamente denuncia la crueldad del decreto 268/18 que establece un método de notificación para la suspensión de pensiones y un mecanismo de reempadronamiento diseñado perversamente para imposibilitar en los hechos ejercicio de los derechos de los discapacitados.

En la misma línea de ajuste, los últimos doce meses se dieron de baja 25.000 monotributistas sociales agropecuarios, una modalidad que permitía a los pequeños productores rurales, campesinos e indígenas realizar aportes previsionales, contar con la posibilidad de facturar, y tener la cobertura de salud de una obra social. Hace unas semanas, el verdugo Kelly emitió la resolución 189/2019, que dispone la baja de oficio y automática de 60.500 monotributistas sociales. Esta medida totalmente ilegal e inconstitucional afecta a hombres, mujeres, niños, ancianos, sobre todo de provincias del interior. Personas que en la actualidad están realizando tratamientos médicos que se ven interrumpidos por una decisión que un señor decide tomar desde un escritorio, muy lejos de la realidad de estas familias.

Este panorama negro de deterioro en la salud y en el trabajo de los sectores populares, se expresa todos los días en el aumento de la demanda que tenemos en los comedores, merenderos y ollas populares. Familias enteras que cubren una de sus comidas diarias -en muchos casos, la única-, en los espacios comunitarios que las organizaciones sostenemos en los barrios populares. Sin embargo, el Gobierno se niega a declarar la emergencia alimentaria y garantizar las viandas suficientes para evitar la expansión de la malnutrición entre los argentinos. Hemos llegado a un límite en nuestra capacidad de contención y nos vemos obligados a volver a las calles para garantizar, al menos, que todas las familias tengan un plato de comida en la mesa e intentar que, al menos, no le roben a nuestros compañeros el laburo precario que tienen en las cooperativas y el territorio.

Esteban "El Gringo Castro", secretario general de la CTEP, me hacía reflexionar ayer sobre qué distinta es la ternura de nuestras compañeras que practican ese feminismo popularcomunitario salvando a los pibes del hambre y la droga, que distinto es el compromiso de esos jóvenes militantes que caminan junto al pueblo pobre en las periferias sintiendo como propio el dolor de cada hermano. Cuando pienso en todos ellos y comparo su sacrificio con la insensibilidad tecnocrática y cruel de los funcionarios, reafirmo mi convicción profunda de que sólo los movimientos populares, tan demonizados, tan atacados, van a permitirle a nuestro país un proceso de regeneración nacional, humana, social y ambiental.

Este jueves los Movimientos vuelven a la calle. Ellos van a mentir. Nos van a atacar. Nos van a perseguir. Pero cualquier observador objetivo sabe que son responsables de que 4 de cada 10 argentinos están en la pobreza y 5 de cada 10 trabajadores sin un empleo decente. Ellos son responsables que los pibes tengan más cerca un fierro que un cuaderno. Nosotros sólo pedimos paz, pan, tierra, techo y trabajo.

(*) El autor es Secretario de Formación de la CTEP



CUBA ES EL PAÍS MAS SALUDABLE DE AMÉRICA LATINA Y LE GANA A ESTADOS UNIDOS
.

Cuba es el país más saludable de América Latina y le gana a Estados Unidos por cinco puntos, de acuerdo con el último informe del sitio especializado Bloomberg.
Cuba ocupa el puesto número 30 del ranking de países más saludables del año 2019, que indexa a 169 naciones de acuerdo con sus indicadores de salud pública.




La última edición se publicó en el año 2017 y Cuba ocupaba el 31.
La mayor de las Antillas es el primer país de América Latina que aparece en el listado y uno de los pocos del tercer mundo que se ubica entre los primeros puestos.

Estados Unidos se ubica cinco puestos por debajo, en el escaño 35.
El ranking mide diversas variables como la esperanza de vida, el consumo de tabaco y la obesidad. También incluye factores medioambientales como el acceso al agua y la infraestructura de sanidad. 




miércoles, 13 de marzo de 2019


LOS DESVARÍOS ECONÓMICOS DE MACRI
(Por Alfredo Zaiat, publicado en PAGINA12)



En una lectura rápida, como si quisiera apurar el trámite, con una sucesión de frases de marketing, de tan repetidas que ya dejan de tener impacto, el presidente Mauricio Macri habló poco de la crítica situación económica. Gran parte de ese poco no se ajusta a la verdad. Enfatizó medidas administrativas en el sector público como si fueran lo fundamental en la cuestión económica. No habló del FMI, en una muestra de desagradecimiento al organismo internacional que está financiando la campaña para su reelección y que, con sus dólares, le permitió eludir el default. No mencionó ni una sola vez a la industria y al campo. Sí lo hizo, en varias oportunidades, a los sectores de la construcción, siendo leal de ese modo al origen de su fortuna, al de la energía y de aeronavegación low cost, cuidando los intereses de las corporaciones amigas, y al de turismo, como si fuera una reivindicación a sus más de 100 días de vacaciones que acumula en tres años de mandato presidencial.
  
La frase de su discurso que resume el capítulo vinculado a la economía fue “hoy estamos mejor que en el 2015”. Los datos duros de las principales variables macroeconómicas dejan al desnudo que eso no es así. La estrategia del gobierno, en tono electoral, es jugar con la expectativa social prometiendo un futuro mejor luego de haber generado las bases del progreso, desplazando a la percepción presente de la mayoría de la población, que está viviendo un veloz y profundo deterioro de la calidad de vida. 

Sin hacerse cargo de haber ejecutado una política que derivó en la crisis económica más importante desde la debacle del 2002, señaló que la caída fue por el impacto negativo de tres shocks: salida de capitales financieros de mercados emergentes, la sequía y la causa de las fotocopias de los cuadernos. Dijo además que la economía no crecía desde 2012, cuando no fue así, aunque la variación desde ese año hasta el 2015 fue mediocre; afirmó, sin nada que lo respalde, que la economía iba a colapsar y que él la salvo de ser como Venezuela; y aseguró que en sus primeros dos años y medio de gestión la economía fue “exitosa”, auto calificación que sólo puede generar desconcierto, ya sea por si la cree o por si participa activamente en la estrategia de la mentira planificada diseñada y liderada desde la Jefatura de Gabinete.

La inflación navegando con comodidad hace varios meses cerca del 50 por ciento anual. El salario registrando una impactante caída en términos reales, sólo comparable con el drama vivido en el 2002. Indicadores sociales como la pobreza, la indigencia y el desempleo marcando un deterioro pronunciado. Las suspensiones de personal por caída de ventas son masivas. La destrucción de puestos registrados es constante y, como consecuencia de la acelerada desindustrialización, se perdieron 126.100 empleos de ese sector en tres años de macrismo. Quiebras, convocatorias de acreedores, endeudamiento en dólares asfixiante, reducción de producción, cierre de locales comerciales y pedidos de procedimientos preventivos de crisis de grandes compañías constituyen hoy el cuadro de situación del mundo empresario. El mercado interno está deprimido con ingresos reales de trabajadores y jubilados licuándose con la inflación. El consumo masivo no detiene la caída afectando la rentabilidad de firmas vinculadas a la actividad doméstica. La estructura de costos de empresas y el presupuesto de los hogares se estrujan aún más con niveles de tarifas de luz y gas desproporcionados y tasas de interés elevadísimas. La política económica ha sido entregada a las manos del FMI luego de encarar un endeudamiento vertiginoso, que condicionará mucho al próximo gobierno. Como si no hubiera aprendido nada en estos años de fiascos con sus pronósticos, Macri volvió a prometer que la inflación tendrá una “baja sustancial”. El índice de febrero será más elevado que el del mes anterior, al ubicarse arriba del 3,5 por ciento, y sólo en el primer trimestre acumularía un 10 por ciento. 

El naufragio de la economía es tan evidente que el escaso y engañoso contenido económico del discurso de Macri permite entender las razones de la debacle. No hizo referencia a casi nada de las cuestiones relevantes para abordar una crisis de la actual magnitud. Por caso, enfatizó que el déficit fiscal es el principal causante de la inflación, y que la inflación es causante de la pobreza. Si este es el marco conceptual con el cual se intenta abordar la economía de las características de la argentina, no es difícil comprender por qué Macri arrojó a la economía a semejante crisis. Con un mal diagnóstico, contaminado de mala teoría y pura ideología ortodoxas, acerca del problema de la inflación, el resultado no puede ser otro que el fracaso, como el que exhibe la economía macrista.


martes, 12 de marzo de 2019


EL DEBATE ACTUAL SOBRE LA ECONOMIA CUBANA Y LA SEGURIDAD NACIONAL
(Por Julio Carranza, publicado en el blog de Silvio Rodriguez "SEGUNDA CITA")

El debate sobre la economía y la necesidad de reformas económicas en Cuba tiene ya una historia de casi 30 años, no quiere decir esto que antes este no existiera también; me refiero al debate que se abre en los años 90’s luego de la crisis y desaparición del campo socialista en Europa, hecho que cambió radicalmente el contexto de inserción internacional de la economía cubana y puso en cuestionamiento muchos de los supuestos que habían determinado la organización y planificación de la economía nacional.

Para algunos, desde principios de los 90 quedaba clara la necesidad de una reforma fundamental de la economía cubana y así lo propusimos en diversos artículos y libros. Esas propuestas fueron a veces rechazadas, otras ignoradas y en un principio poco apoyadas o reconocidas.

Acontecimientos internacionales y nuevas dinámicas en la economía nacional como el impacto del turismo y la articulación de ciertas reformas (aunque limitadas y sin integralidad) permitieron avanzar en el tiempo con cierta recuperación y sin crisis extremas, pero sin resolver los problemas y limitaciones fundamentales que impiden la recuperación de la eficiencia económica y tasas de crecimiento adecuadas.

El establecimiento de gobiernos progresistas en América Latina, fundamentalmente en Venezuela, y el cambio de política de los Estados Unidos bajo la presidencia de Barak Obama favorecieron esos resultados.

Durante esos años, ante la evidencia de que a pesar de haber logrado cierta estabilidad los problemas estructurales no se superaban, se fue asentando la percepción (no sin polémicas y resistencias burocráticas) sobre la necesidad de cambios más profundos que, rompiendo con viejos paradigmas como la estructura de la propiedad, el carácter de la planificación, la autonomía de las empresas estatales, el sistema de incentivos, etc, dieran lugar a una nueva economía socialista que integrará una mayor dinámica de los mercados y nuevos actores económicos.

Este nuevo consenso tuvo su momento más importante cuando sus principales concepciones se integraron en documentos políticos de gran importancia como “Los Lineamientos” y fundamentalmente el conocido como “La Conceptualización”. Detalles y matices más o menos, esos conceptos coincidían con el tipo y el rumbo de la reformas que algunos economistas veníamos argumentando y defendiendo por unos 20 años.

Quizás el punto más débil es la falta de insistencia en lo imprescindible de que un proceso de cambios económicos con este alcance, debe cuidar su integralidad a través de los principios de secuencialidad y simultaneidad que debe tener el conjunto de transformaciones y decisiones que vayan perfilando su rumbo, para garantizar su funcionamiento, así como la definición de las etapas que se deben ir cumpliendo con una prefiguración clara de hacia dónde, hacia qué modelo de organización y funcionamiento se debe conducir a la economía nacional; o sea, cómo producir, qué producir, para qué mercados producir; es decir, cómo replantear las relaciones de producción (producción, distribución, cambio y consumo) y la reinserción internacional, partiendo de las realidades internacionales y de las experiencias propias y ajenas de las limitaciones del socialismo histórico.

La falta de integralidad de las medidas que se toman pueden provocar el fracaso de estas y entonces equivocadamente descalificar la reforma, cuando la causa es su insuficiente implementación. La economía es un sistema complejo donde cada una de las partes influye, a veces de manera determinante, en el comportamiento del todo.

Estas limitaciones de la actual reforma en curso o “actualización”, si se quiere emplear el concepto oficial, explican en gran medida su aún falta de consolidación y la persistencia de resultados económicos insuficientes. Las resistencias de la burocracia y la permanencia de concepciones ortodoxas sobre el socialismo en sectores minoritarios pero influyentes, explican en mucho esta situación, en la cual, a pesar de la clara aceptación y la jerarquía política que documentos como la Conceptualización, aprobados por el Congreso del Partido, la reforma avanza de manera lenta y sin integración.

En lo que ha corrido de este debate durante los últimos años, muchos análisis, propuestas y críticas acertadas han sido presentadas por diversos economistas y otros profesionales y personalidades, todos con una vida de compromiso con el proceso revolucionario cubano, que han consolidado una concepción más certera sobre la necesidad, los contenidos y la urgencia de la reforma y su curso.

Desde discusiones y propuestas más generales y estratégicas hasta muy valiosas referencias a problemas más puntuales de un sector específico, o de la política monetaria y cambiaria, la estructuración de un sector no estatal de pequeñas y medianas empresas más protegido jurídicamente y económicamente, la transformación de las empresas estatales para su mayor autonomía y dinamismo, el carácter esencial y urgente de las transformaclones en la agricultura, la mayor apertura a la inversión extranjera, cambios en los principios de la planificación, etc, se pueden encontrar en estos intercambios y textos, que deberían ser más atendidos y tenidos en cuenta por los que tienen responsabilidades en la toma de decisiones estratégicas.

Hemos visto con agrado como en reciente reunión en el Ministerio de Economía el Presidente de la República ha reclamado mayor atención al debate y nuevas ideas para la transformación de la economía y la superación de sus problemas. En mi opinión, en el debate que aquí he referido que data de más de 20 años y sobre todo los diversos aportes durante los últimos 5 años en los que han participado y están participando personas muy valiosas y muy formadas, hay un invaluable arsenal de ideas y propuestas innovadoras, útiles y oportunas, todas coherentes con lo definido por la Conceptualización, que constituirían un importante aporte al justo reclamo del Presidente. Un debate que se debe profundizar más aún, dado lo complejo de la actual situación.

Ahora, con este texto, quiero añadir una consideración nueva que refuerza las anteriores. 

Con la elección del Presidente Donald Trump en los Estados Unidos y el establecimiento progresivo de un muy negativo y agresivo “dream team” en los puestos ejecutivos que influyen y determinan en la política hacia America Latina, --presionados además por influyentes congresistas conservadores, en un contexto de retroceso de los gobiernos y fuerzas progresistas en la región y la Venezuela Bolivariana, sometida a una agresión sin precedentes, sumado a las amenazas y acciones contra el Gobierno cubano, incluida la nueva activación de la ley Helms-Burton--, lo del avance de la reforma económica no es ya solamente una necesidad para una economía más eficiente y viable, compatible con una estrategia de desarrollo a mediano y largo plazo, sino que es ahora, además, un asunto de seguridad nacional.

El contexto de agresiones y las declaraciones del actual gobierno norteamericano acerca de que “ha llegado el momento de asfixiar financieramente a Cuba” exige una respuesta “hacia adelante”, en busca de un nuevo dinamismo, rompiendo definitivamente con cualquier “parálisis paradigmática” que pueda detener o ralentizar la reforma. Además de los factores económicos más que explicados, hay también urgencias políticas. Es esencial entregarle a las nuevas generaciones un proceso que los incluya y los beneficie, de manera que se eleve su compromiso y apoyo activo, poniendo en sentido positivo toda la creatividad y fuerza de ese sector fundamental de la población, sin el cual sería muy difícil la necesaria resistencia que, una vez más, el país tiene que desplegar para proteger su independencia y soberanía.

En mi opinión, sería contraproducente que la reacción defensiva que lógicamente genera un escenario de agresiones cerrara el camino de la reforma en vez de hacerla avanzar con mayor firmeza e integralidad. La Constitución recientemente aprobada puede favorecer ese avance.

En medio de las tensiones del período especial de los 90’s, cuando la producción de alimentos era crítica y se hacían necesarias reformas en el sector agrícola, entre ellas la restitución del mercado campesino, contra el que se levantaban fuertes resistencias, Raul Castro afirmó en defensa de esa decisión “Los frijoles son tan importantes como los cañones”. En mi opinión, ahora ante los actuales desafíos y tan adversa situación internacional, se debe tener la misma perspectiva de entonces, o sea el avance integral y firme de la reforma económica, en el sentido que claramente recoge el documento de la Conceptualización porque, insisto, se trata también de un asunto de seguridad nacional.

Como he expresado en otros textos y ahora con más razón, el tiempo es una variable crítica. Y no hay en esto el mas mínimo tono alarmista; es el resultado de la observación objetiva de la realidad y sus retos. ¿Alguien puede negarlo? Aquí estamos muchos para argumentarlo con serenidad y compromiso. 

Se pueden referir riesgos políticos en el curso de la reforma, pero en la situación actual no hay escenarios sin riesgos y deben ser enfrentados con la audacia y la inteligencia que un proceso de la naturaleza del cubano exige. La inacción, la parálisis y el conservadurismo serían la peor opción. No tenemos derecho a esperar.