Viaje a la Luna

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Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

lunes, 10 de junio de 2019


CAPITALISMO CONTRA CAPITALISMO
Del menemismo anglo-sajón al kirchnerismo renano
(Por Ricardo Aronskind, en el blog de Horacio Verbitsky "EL COHETE A LA LUNA")


A comienzos de los años ’90, el autor francés Michel Albert escribió un estimulante ensayo titulado Capitalismo versus Capitalismo, en el que planteaba que en realidad no existía una sola forma de capitalismo –pensando sólo en los países centrales—, sino al menos dos modelos bien diferenciados: el modelo anglosajón y el modelo renano (por el río Rin y las zonas que atraviesa).

El primero era mucho más desregulado, hecho a medida de las necesidades empresariales, sin demasiada protección laboral ni molestas leyes que impidieran la movilidad del capital y la extracción de jugosas ganancias. El segundo estaba mucho más regulado, promovía un grado mayor de protección social y era más rígido en materia de legislación laboral.

El libro dio lugar a interesantísimas y extensas polémicas, ya que los norteamericanos, que se sentían ampliamente representados en el primer modelo, se burlaban del bajo crecimiento económico de los europeos del otro modelo, de los índices más altos de desempleo que se registraban del otro lado del Atlántico y de la escasa innovación empresarial en relación a los cambios que ocurrían en territorio norteamericano.

Los europeos del modelo renano, a su vez, no dejaban de escandalizarse por las disparidades distributivas de los anglosajones, de los peligrosos desequilibrios que se generaban en los mercados debido a la falta de regulación, y de algunos estándares tercermundistas que aparecían en materia social.

Si bien todo el mundo se ha ido desplazando en las últimas décadas hacia el modelo anglosajón, debido a la persistente presión del capital sobre los logros sociales y las instituciones keynesianas de la posguerra, la grave crisis mundial de 2008 y las grietas del modelo basado en la libertad corporativa absoluta parece darle la razón a los partidarios del capitalismo renano en cuanto a la necesidad de mantener regulaciones que impidan que los mercados caigan en desequilibrios desmesurados.

El modelo anglo-sajón-renano argentino

En el caso argentino, en nombre del “dinámico modelo anglosajón”, en los ’90 se ensayó la transferencia de monopolios estatales al sector privado, una apertura financiera indiscriminada con reendeudamiento, destrucción de capacidades productivas nacionales para facilitar negocios de importación y concesión de actividades rentísticas hacia sectores privados privilegiados.

La extranjerización que atravesó toda las transformaciones de esa década cambió también la composición de la cúpula empresarial, incrementando fuertemente la presencia de multinacionales cuyas lógicas de inversión dependen de estrategias globales que se diseñan en las casas matrices.

Se configuró así un capitalismo que coincide con el modelo anglosajón en materia de debilitamiento y precarización de los standards de vida sociales, pero que rescata cierta capacidad regulatoria del capitalismo renano, no en función de resguardar la estabilidad y previsibilidad del sistema productivo, sino de reforzar desde el estado la rentabilidad de sectores empresariales privilegiados.

Cuando se retoma la categorización que formuló Michel Albert hace 30 años, es claro que el gobierno menemista mostró afinidades discursivas ideológico-culturales con el capitalismo anglosajón, mientras que la experiencia kirchnerista encontró más cercanía, al menos en el terreno de los principios, con un capitalismo más regulado, y con preocupaciones sociales más fuertes.
El menemismo –versión local de un neoliberalismo agresivo y antisocial—, y el kirchnerismo, encarnaron dos formas de entender al capitalismo que ponen énfasis en distintos aspectos. El menemismo, en promover la rentabilidad empresarial –local o extranjera— sobre cualquier otro valor, y el kirchnerismo en intentar compatibilizar la rentabilidad empresarial con la viabilidad social del sistema. Mientras en el menemismo la gobernabilidad reposa en una sociedad debilitada y fragmentada, en el kirchnerismo en una sociedad integrada a la producción y el consumo masivo.

Es decir, en nuestro país también hemos tenido nuestra versión –periférica— de capitalismo versus capitalismo, y en ningún caso ha estado en juego otro tipo de disyuntiva más radical, o de impugnación sistémica. La discusión era qué tipo de forma asumiría el capitalismo local, en qué se asentaría su viabilidad en el largo plazo, bajo qué criterios se modelaría la sociedad argentina contemporánea.

Extremismo ideológico neoliberal y desinformación de masas

Sin embargo la Argentina fue perdiendo progresivamente los parámetros políticos y culturales que caracterizaron su progreso como sociedad desde los años ’40, y fue cayendo en un enrarecido clima ideológico que la caracteriza hasta la actualidad.

A nuestra versión local light del capitalismo renano —caracterizada por cierta recuperación de la capacidad estatal para manejar algunos resortes económicos—, debido al ideologismo de la derecha local y a su dominio sobre el sistema de comunicación social, se la llamó chavismo.

Los chavistas François Mitterand o Gerhard Schröeder se hubieran reído de los planteos extremistas de los conservadores argentinos, pero lo cierto es que una parte de la sociedad –y del propio poder corporativo— pareció creer que estaba en presencia de un proceso económico que apuntaba a la socialización de los medios de producción, cuestión que el propio chavismo, a pesar de sus apelaciones al Socialismo del Siglo XXI, tampoco concretó.
Para aumentar aun mas la confusión pública, algunos sectores internos del kirchnerismo tampoco tuvieron una lectura lúcida de lo que se jugaba durante de gestión de Néstor y Cristina Kirchner, y fantasearon con radicalizaciones ulteriores, que no figuraban ni en los planes de la conducción política, ni en las demandas de la población.

Por supuesto contribuyó a la confusión generalizada la virulencia política que se desarrolló en torno a varios puntos de la gestión kirchnerista, como el pago al FMI, la Resolución Nº125, la estatización del sistema de jubilaciones y pensiones, la política de administración cambiaria –bautizada como cepo por ciertos sectores habituados a la fuga de capitales—, las restricciones parciales tanto a ciertas importaciones como a exportaciones de bienes relevantes o la política de control de ciertos precios.

Pero, despojados estos fuertes enfrentamientos reales de una lectura realizada desde anteojeras ideológicas, se trató en la mayoría de los casos de intentos de regulación pública sobre ciertas actividades y mercados que tienen un alto impacto sobre el resto de la economía y sobre la situación social, el empleo y el nivel de vida de la población.

La particular debilidad de la economía periférica y la falta de capacidades y de legitimidad del Estado para intervenir con contundencia, pueden generar efectivamente errores en cuanto a la eficacia de ciertas políticas, pero no puede dudarse sobre la importancia de una intervención reguladora pública para compensar los peligrosos vaivenes de los mercados librados al azar de sus impredecibles movimientos, o para limitar los frecuentes comportamientos predatorios de la producción o del bolsillo de usuarios y consumidores.

Toda la filosofía regulatoria en economía parte de la base de que los mercados no son infalibles, que por lo tanto pueden generar acontecimientos de alta peligrosidad social y que las corporaciones toman decisiones que no tienen por qué coincidir con el interés general de la sociedad.

Lo que no puede admitirse, en nombre de una discusión seria e informada, es que se intente hacer pasar la regulación económica por socialismo, porque es vaciar de sentido los conceptos. Todo el mundo desarrollado está estructurado por una compleja trama de regulaciones públicas, que en muchos casos son las responsables de grandes logros económicos o de la envidiable integración y estabilidad que muestran las economías más avanzadas.

Fernández-Fernández en la disputa de modelos

Algunos de los interesantes intercambios sobre la fórmula presidencial Fernández-Fernández se han centrado en las características personales de los miembros de la fórmula, siendo Alberto el que tendría mayores capacidades de diálogo, negociación y consenso y Cristina la que sostendría posturas más principistas, y tendría una menor disposición a realizar concesiones. No parece que ambas disposiciones sean antagónicas en el terreno de la acción política pública.
Pasando a un terreno más despersonalizado, se ha discutido sobre las ventajas y desventajas de un modelo confrontativo versus un modelo dialoguista para atravesar la muy difícil coyuntura inicial que aguarda al próximo gobierno.

En esos intercambios se observa que algunos analistas han pretendido reducir las batallas políticas reales ocurridas durante el gobierno de Cristina Kirchner a problemas de personalidad o a la orientación ideológica extrema de la ex Presidente.

La realidad es que la viabilidad del gobierno posterior al derrumbe de la convertibilidad dependió de que éste fuera capaz de controlar un conjunto de variables, y hay que decir que el gobierno de Néstor no tuvo jamás un programa maximalista en ese sentido, sino que actuó y reaccionó de acuerdo a las necesidades que dictaron las coyunturas. Baste recordar que en ese tramo de la gestión no existieron límites importantes a la venta de dólares, precisamente por la abundancia de las divisas extranjeras y la necesidad de evitar una sobrevaluación cambiaria.

El kirchnerismo entendió el manejo de la cosa pública en forma pragmática, rompiendo cuando fue necesario ciertos tabúes caros al mundo corporativo –como la estatización, el control de precios o de cantidades—, no por vocación anticapitalista, sino por la necesidad de encausar el proceso económico y social más allá de los requerimientos puntuales de los actores privados, por más importantes que fueran.

En el par de términos a los que es tan afecta la derecha argentina, moderación/extremismo, el kirchnerismo representó la moderación –en materia cambiaria, de precios, de regulación del comercio exterior— en función de un conjunto de prioridades mucho más amplio que la estrecha mirada de los negocios privados.

El extremismo, la intransigencia, el ideologismo, estuvo encarnado por un sector privado cortoplacista y empoderado por los años menemistas.

Gobernar no es obedecer a las corporaciones

Por supuesto que ejercer la regulación pública de la economía requiere inteligencia, conocimiento y visión de mediano plazo, para no terminar generando efectos contrarios a los que se buscan, pero lo relevante políticamente del período kirchnerista fue que el sector privado concentrado impugnó abiertamente la disposición regulatoria del Estado en función de otros intereses que no fueran los del propio sector.

A partir de la gestión de Cristina, más allá de cada uno de los enfrentamientos puntuales sobre las decisiones gubernamentales, se agudizó la exigencia desde el sector privado a ser consultado por el gobierno sobre cada una de las decisiones importantes, pretendiendo reservarse el poder de veto sobre aquellas iniciativas que no coincidían con sus intereses particulares.

No creemos que los fuertes roces políticos que se dieron con el gobierno kirchnerista obedecieran a la personalidad de Cristina, a un supuesto ideologismo izquierdista de sus funcionarios, o a errores puntuales de la gestión, que los hubo, pero infinitamente menores a los actuales.

La índole de la furia opositora, la evidente vocación desestabilizadora que se desató a partir de 2008, no pueden entenderse por esas razones.

Los choques obedecieron a un desacuerdo político y económico fundamental: ninguna decisión importante que no esté estrictamente alineada con negocios privados puede ser tomada desde el Estado, sostienen desde el alto empresariado. Quien está en la cabeza del Estado y sus funcionarios deberán entender que tienen que gestionar en función de las demandas de las fracciones empresariales y no de los intereses plurales que existen en la sociedad.

Cabe destacar que el modelo macrista se caracterizó, hasta desembocar en la crisis de 2008, por el cumplimiento al pie de la letra de lo que demandaban las diversas fracciones del capital que lo apoyaron, y que el actual cuadro económico y social desastroso guarda estrecha relación con esa forma de entender y administrar el capitalismo, entendido como mera asistencia estatal a las necesidades de negocios privados.

En el léxico del alto empresariado argentino, la palabra diálogo significa consulta vinculante con los actores privados. Y la palabra autoritarismo representa la disposición de los gobernantes a respetar el mandato de las mayorías.

Regulación y gobernabilidad

Si el próximo gobierno es nacional y popular, no tendrá otra alternativa que regular la economía en función de intereses mucho más amplios que los de 5 fondos de inversión extranjeros, las 10 firmas exportadoras, los 20 bancos locales o el puñado de prestatarios de servicios públicos o productores de energía.

Las metas iniciales de ese gobierno no tendrán relación alguna con el chavismo ni con el comunismo, sino con la construcción de un capitalismo productivo capaz de incorporar en su funcionamiento las necesidades de las mayorías nacionales.

Siempre es bueno para quien gobierna mantener puentes con los diversos actores y comprender las necesidades y las lógicas sectoriales. Pero no debe confundirse ese necesario insumo para la tarea de conducir el país, con la relación de subordinación que parte de la dirigencia empresarial le reclama a todo dirigente que aspire a gobernar la Argentina.

El experimento macrista que estamos sufriendo no puede ser encuadrado dentro del modelo anglosajón, porque carece de todos los elementos dinámicos que debería mostrar ese estilo de funcionamiento capitalista. Es precisamente desde este peculiar capitalismo de decrecimiento y de rapiña financiera, que se califica como chavista, peligrosa y extremista a una versión más reguladora y viable del capitalismo periférico.

Para garantizar su supervivencia política, para sostener la gobernabilidad económica, y para ir satisfaciendo las esperanzas que se generarán en torno a una nueva gestión nacional y popular, el próximo gobierno deberá regular aspectos vitales de nuestra economía, sin ninguna concesión a las acusaciones de los fanáticos del capitalismo de rapiña. La conducción del gobierno deberá prever que al poner bajo control el actual desbarajuste generará tensiones y fricciones con los protagonistas de las formas más predatorias de capitalismo local.

El espacio político nacional y popular, en vista de las características de los actores existentes, debería ya propiciar un amplio debate público —que no se dio con suficiente claridad en los 12 años de la gestión kirchnerista—, en torno a dos grandes cuestiones que se plantearán en diciembre: el deber que tienen los representantes democráticos de incorporar las necesidades de las mayorías a todo el espectro de decisiones a tomar, y el derecho de los sectores populares a defender la democracia de quienes quieren hostigarla y suprimirla cuando no responde estrictamente a su plan de negocios.



¿HAY UNA REVOLUCION EN VENEZUELA?
(Por Atilio A. Boron, "REBELION")


Un par de recientes viajes a España e Italia me ofrecieron la posibilidad de conversar con muchos intelectuales, académicos y políticos del menguante arco progresista que aún existe en esos países. Luego de repasar la inquietante situación europea y el avance de la derecha radical mis interlocutores me pedían que les hablase de la actualidad latinoamericana pues, me aseguraban, les costaba comprender lo que allí estaba ocurriendo. Recogiendo el guante yo comenzaba por reseñar la brutal ofensiva restauradora del gobierno de Donald Trump contra Venezuela y Cuba; proseguía pasando revista a la desgraciada involución política sufrida por Argentina y Brasil a manos de Macri y Bolsonaro y los alentadores vientos de cambio que provenían de México; la centralidad de las próximas elecciones presidenciales que tendrían lugar en Octubre en Argentina, Bolivia y Uruguay y finalizaba esta primera ojeada panorámica de la política regional denunciando la perpetuación del terrorismo de estado en Colombia, con cifras espeluznantes de asesinatos de líderes políticos y sociales que causaban sorpresa entre mis contertulios por ser casi por completo desconocidas en Europa, lo cual dice mucho acerca de los medios de comunicación ya definitivamente convertidos en órganos de propaganda de la derecha y el imperialismo. Al detenerme para brindar información más pormenorizada sobre los criminales alcances de la agresión perpetrada en contra de la República Bolivariana de Venezuela siempre surgía, como si fuera un cañonazo, la siguiente pregunta: pero, dinos: ¿se puede realmente hablar de una revolución en Venezuela?

Mi respuesta siempre fue afirmativa, aunque tenía que ser matizada porque las revoluciones –y no sólo en Venezuela- siempre son procesos, nunca actos que se consuman de una vez y para siempre. Impresionado por una visita que hiciera a la Capilla Sixtina para contemplar, una vez más, la genial obra de Miguel Angel se me ocurrió pensar que para muchos de mis interlocutores –y no sólo europeos- la revolución es algo así como el pintor florentino representaba la creación del hombre o de los astros: Dios, con un gesto, una mirada ceñuda, un dedo que apunta hacia un lugar y ¡he ahí el hombre, allí está Júpiter, allá la revolución! Esta suerte de “creacionismo revolucionario” sostenido con religioso ardor incluso por contumaces ateos. –¡que en lugar de Dios instalan en su lugar a la Historia, con hache mayúscula, bien hegeliana ella!- contrasta con el análisis marxista de las revoluciones que desde Marx, Engels y Lenin en adelante siempre fueron interpretadas como procesos y jamás como rayos que caen en un día sereno para dar vuelta, irreversiblemente, una página de la historia. Siguiendo con la analogía inspirada en la Capilla Sixtina uno podría decir que contra el “creacionismo revolucionario”, expresión de un idealismo residual profundamente anti-materialista, se impone el “darwinismo revolucionario”, es decir, la revolución concebida como un proceso continuo y evolutivo de cambios y reformas económicas, sociales, culturales y políticas que culminan con la creación de un nuevo tipo histórico de sociedad. En otras palabras: la revolución es una larga construcción a lo largo del tiempo, en donde la lucha de clases se exaspera hasta lo inimaginable. Un proceso que desafía al determinismo triunfalista de los "creacionistas" y que siempre se enfrenta a un final abierto, porque toda revolución lleva en su seno las semillas de la contrarrevolución, que sólo puede ser neutralizada por la conciencia y la organización de las fuerzas revolucionarias. Esta sería la concepción no teológica sino secular y darwinista -es decir, marxista de la revolución. Y no está demás, anticipándome a mis habituales críticos, recordar que no por casualidad Marx le dedicó el primer tomo de El Capital a Charles Darwin.

Las revoluciones sociales, por consiguiente, son acelerados procesos de cambio en la estructura y también, no olvidar esto, en la superestructura cultural y política de las sociedades. Procesos difíciles, jamás lineales, siempre sometidos a tremendas presiones y debiendo enfrentar obstáculos inmensos de fuerzas domésticas pero sobre todo del imperialismo norteamericano, guardián último del orden capitalista internacional. Esto ocurrió con la Gran Revolución de Octubre, y lo mismo con las revoluciones en China, en Vietnam, en Cuba, en Nicaragua, en Sudáfrica, en Indonesia, en Corea. La imagen vulgar, desgraciadamente dominante en gran parte de la militancia y la intelectualidad de izquierda, de una revolución como una flecha que sube a los cielos del socialismo en línea recta es de una gran belleza poética pero nada tiene que ver con la realidad. Las revoluciones son procesos en donde las confrontaciones sociales adquieren singular brutalidad porque las clases instituciones que defienden el viejo orden apelan a toda clase de recursos con tal de abortar o ahogar en su cuna a los sujetos sociales portadores de la nueva sociedad. La violencia la imponen los que defienden un orden social inherentemente injusto y no los que luchan por liberarse de sus cadenas. Eso lo estamos viendo hoy en Venezuela, en Cuba y en tantos otros países de Nuestra América.

Dicho lo anterior, ¿cuál fue mi respuesta a mis interlocutores? Sí, hay una revolución en marcha en Venezuela y la mejor prueba de ello, la más rotunda, es que las fuerzas de la contrarrevolución se desataron en ese país con inusitada intensidad. Una verdadera tempestad de agresiones y ataques de todo tipo, que sólo pueden comprenderse como la respuesta dialéctica a la presencia de una revolución en vías de construcción, con sus inevitables contradicciones. Es por eso que un test infalible para saber si en un país hay un proceso revolucionario en curso lo brinda la existencia de la contrarrevolución, es decir, de un ataque, abierto o solapado, más o menos violento según los casos, destinado a destruir un proceso que algunos “doctores de la revolución” consideran como un inofensivo reformismo o a veces ni siquiera eso. Pero los sujetos de la contrarrevolución y el imperialismo, como su gran director de orquesta, no cometen tan gruesos errores y con certero instinto procuran por todos los medios poner fin a ese proceso porque saben muy bien que, cruzada una delgada línea de no retorno, el restablecimiento del viejo orden con sus exacciones, privilegios y prerrogativas sería imposible. Aprendieron de lo ocurrido en Cuba y no quieren correr el menor riesgo. ¿Es una revolución aún inconclusa la que hay en Venezuela? Sin dudas. ¿Enfrenta gravísimos desafíos por las presiones del imperialismo y por déficits propios, por el cáncer de la corrupción o por algunas políticas gubernamentales mal concebidas y peor ejecutadas? Indudable. Pero es un proceso revolucionario que tendencialmente apunta hacia un final que es inaceptable para la derecha y el imperialismo, y por eso se lo combate con saña feroz.

En Colombia, en cambio. las fuerzas de la contrarrevolución actúan de la mano del gobierno para tratar de aplastar a la revolución en ciernes que se agita del otro lado de la frontera. ¿Están aquellas fuerzas operando para derrocar a los gobiernos de Honduras, Guatemala, Perú, Chile, Argentina, Brasil? No, porque en estos países no existen gobiernos revolucionarios y por lo tanto el imperio y sus peones se desviven por apuntalar esos pésimos gobiernos. ¿Operan en contra de Venezuela? Sí, y con el máximo rigor posible, aplicando todas y cada una de las recetas de las Guerras de Quinta Generación, porque saben que allí sí se está gestando una revolución. ¿Y por qué tanto encono en contra del gobierno de Nicolás Maduro? Fácil: porque Venezuela posee la mayor reserva petrolera del planeta y es junto a México uno de los dos países más importantes del mundo para Estados Unidos, aunque sus diplomáticos y sus paniaguados de la academia y los medios rechacen con burlas este argumento. Es ocioso enfadarse con ellos porque esa gente simplemente está cumpliendo el papel que les fuera asignado y por el cual son generosamente recompensados. Venezuela tiene más petróleo que Saudiarabia, y además muchísima más agua, minerales estratégicos y biodiversidad. Y además, todo a tres o cuatro días de navegación de los puertos estadounidenses. Y México también tiene petróleo, agua (sobre todo el acuífero de Chiapas), grandes reservas de minerales estratégicos y, como si lo anterior fuera poco, es país fronterizo con Estados Unidos. Un imperio que se cree inexpugnable al estar protegido por dos grandes océanos pero que se siente vulnerable desde el sur, donde una extensa frontera de 3169 kilómetros es su irremediable talón de Aquiles que lo coloca frente a frente con una Latinoamérica en perpetuo estado de fermentación política en pos de su Segunda y Definitiva Independencia. De ahí la importancia absolutamente excepcional que tienen esos dos países, cuestión ésta incomprensiblemente subestimada aún por gentes de izquierda ¿Y Cuba? ¿Cómo explicar los más de sesenta años de ensañamiento en contra de esta heroica isla rebelde? Porque ya desde 1783 John Adams, segundo presidente de Estados Unidos, reclamaba en una carta desde Londres (donde había sido enviado para restablecer los lazos comerciales con el Reino Unido) que dada la gran cantidad de colonias que la Corona británica poseía en el Caribe había que anexar sin más demora a Cuba a los efectos de controlar la puerta de entrada a la cuenca caribeña. Cuba, excepcional enclave geopolítico, es una vieja y enfermiza obsesión estadounidense que arranca muchísimo antes que el triunfo de la Revolución Cubana.

Pero la ofensiva contrarrevolucionaria no se detiene en los tres países arriba nombrados. También arrecia contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, que logró una prodigiosa transformación económica, social, cultural y política convirtiendo a uno de los tres países más pobres del hemisferio occidental (junto a Haití y Nicaragua) en uno de los más prósperos y florecientes de la región, según atestiguan organismos tales como la CEPAL, el Banco Mundial o la prensa financiera mundial. Recuperó el control de sus riquezas naturales, sacó a millones de la pobreza extrema y además lo hizo con Evo Morales, un miembro de una de sus etnias originarias fungiendo como presidente, un logro histórico sin parangón en esta parte del mundo. Y Nicaragua también está en la línea de fuego, porque por más defectos o errores que pueda tener la revolución sandinista la sola presencia de un gobierno que no esté dispuesto a ponerse de rodillas frente al Calígula americano (como hacen Macri, Bolsonaro, Duque y compañía) es más que suficiente para desatar todas las furias del infierno en contra de su gobierno. Y, además, está la crucial -en términos geopolíticos- cuestión del nuevo canal bioceánico que podrían construir los chinos y que constituye un verdadero escupitajo en el rostro de quienes se reapoderaron del Canal de Panamá y los saturaron, otra vez, con bases militares prestas a sembrar muerte y destrucción en nuestros países.

Termino recordando una sabia frase de Fidel cuando dijo que “el principal error que cometimos en Cuba fue creer que había alguien que sabía como se hacía una revolución”. No hay un manual ni un recetario. Son procesos en curso. Hay que fijar la vista no sólo el momento actual, en los desconcertantes relámpagos de la coyuntura que hoy agobian a Venezuela, sino también visualizar la dirección del movimiento histórico y tener en cuenta todas sus contradicciones. Al hacer esto, no cabe duda que en Venezuela se está en medio de un convulsionado proceso revolucionario que, ojalá, y "por el bien de todos", como decía Martí, termine prevaleciendo sobre las fuerzas del imperio y la reacción. Nuestra América necesita esa victoria. Todo esfuerzo que se haga para facilitar tan feliz desenlace será poco.


viernes, 7 de junio de 2019


BOLIVIA FRENTE AL "NO HAY ALTERNATIVA"
(Por Alfredo Serrano Mancilla (*), PAGINA12)


Vuelve con toda su fuerza. La vieja receta del “no hay alternativa” cobra su máxima importancia en estos tiempos de alta intensidad en la disputa geopolítica y geoeconómica. La vieja tesis resurge como si fuera nueva, con gran ímpetu y con la intención de convencernos de que el único camino es el neoliberal. 

La fuerte restricción externa que acecha a Latinoamérica desde hace varios años ha puesto en tensión a la mayoría de los modelos económicos, con independencia del signo político que los gestione. Salvo en contadas excepciones, la mayoría de las economías no ha sabido conducir el nuevo ciclo a la baja del precio de los commodities. La caída de las divisas procedente de la venta de materias primas ha resultado, finalmente, ser el principal adversario electoral para muchos gobiernos de la región, que siguen buscando la fórmula para superar un frente externo tan adverso. 

La ecuación se hace cada vez más compleja. ¿Cómo contentar a todos los sectores de la economía en un marco de escasez de divisas? ¿Cómo sostener la política de derechos sociales en aquellos países que no están dispuestos a renunciar a ello, a pesar del frente externo desfavorable? ¿Cómo reactivar economías altamente extranjerizadas si no hay divisas? ¿Cómo cambiar el modelo productivo si hay una elevada dependencia de los insumos productivos importados? Son preguntas que no tienen respuestas sencillas. Y es en este contexto donde pretende imponerse el “no hay alternativa”. Es habitual que, ante la generalizada falta de previsión por la caída de divisas, aparezca el gran prestamista que está dispuesto a entregar dólares únicamente a cambio de la implementación de sus políticas económicas, las llamadas “pragmáticas”, las únicas posibles, esto es, todas las medidas económicas neoliberales que ya conocemos. 

Es así como juntan “el hambre con las ganas de comer”. Por un lado, ganan los que se beneficiaron del exceso de liquidez propiciado por la megaemisión monetaria realizada en el periodo 2008-2015 en Estados Unidos y Europa; y, por el otro lado, están los necesitados de divisas. El caso argentino, seguramente, es el más emblemático por la velocidad de implementación del programa made in FMI. Algo similar se está haciendo también en Ecuador. Te presto dólares a cambio de no tomar otra salida que no sea la neoliberal. 

De esta forma, la restauración conservadora procura ganar el pulso geopolítico regional con el “no hay alternativa” como bandera. Y, sin embargo, les salió un incómodo caso que contradice todo su relato. Se les olvida, adrede, lo que pasa en Bolivia, donde sí hubo alternativa, y aún la hay. De hecho, muy exitosa. Y, además, con el aval y satisfacción de la mayoría. En la encuesta realizada por CELAG en marzo de este año, 6 de cada 10 personas creen que ha habido una mejora de las condiciones de vida gracias al actual modelo económico. 

En la fórmula económica boliviana se parte de un principio básico: no sólo es posible conciliar la justicia social con la eficacia económica, sino que, además, crean sinergia entre sí. La demanda interna es la base sólida del crecimiento económico que permite, asimismo, tener capacidad de amortiguar cualquier shock externo adverso. Las políticas redistributivas en materia de derechos sociales en Bolivia (Bono Juancito Pinto, Bono Juana Azurduy de Padilla, Renta Dignidad) fueron fundamentales para constituir una robusta demanda interna sostenida en el tiempo. Esas políticas sociales se lograron financiar con recursos que antes se iban del país. Gracias a la nacionalización se evitó esa fuga y, además, se demostró que lo estatal, si se hacen bien las cosas, es capaz de presentar un funcionamiento eficaz y eficiente en clave económica. La mayoría de las empresas públicas nacionalizadas en sectores estratégicos (YPFB, Entel o Boa) revalorizaron su patrimonio y tienen un flujo de caja con un saldo muy positivo, que permite mayor inversión pública productiva, así como garantizar derechos sociales. En reciente estudio de CELAG se demostró que, si no se hubiera producido nacionalización, Bolivia hubiera dejado de generar riqueza económica por un valor de 74.000 millones de dólares (que, por ejemplo, representa 2 veces el PIB del año 2017). 

Bolivia ha demostrado que sí se puede tener una inserción soberana e inteligente contra la restricción externa. Que se puede desdolarizar la economía y tener, al mismo tiempo, un sistema financiero sólido. En la actualidad, el sistema financiero se ha bolivianizado; por ejemplo, más del 95 por ciento de los depósitos se hacen en moneda nacional. Que se puede tener estable el nivel de precios al mismo tiempo que los ingresos y el consumo crece. Que se pueden reducir la desigualdad y la pobreza mientras la economía sigue creciendo a tasas récord en Latinoamérica. Que se puede mejorar notablemente el bienestar social en condiciones macroeconómicas sólidas.

Que se puede y se debe. Es así como Bolivia le viene la ganando la partida al “no hay alternativa”, demostrando que, con una forma diferente de hacer política económica, soberana y ordenada, con justicia y eficiencia, se ven los buenos resultados, que se visualizan tanto en las cifras como en cualquier aspecto de la vida cotidiana del pueblo boliviano. 

(*) Director Celag, Doctor en Economía.



Avancemos en la conformación de listas unitarias de la izquierda
(Por Christian Castillo, "LA IZQUIERDA DIARIO")

A pocos días del cierre de listas, el Frente de Izquierda sigue impulsando una política activa para lograr una mayor unidad de la izquierda anticapitalista.

Este jueves, como saben los lectores de La Izquierda Diario, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores ha mantenido una reunión con los compañeros del MST.

En la misma, desde el FIT hicimos una propuesta de unidad, basada en la necesidad de unir a toda la izquierda anticapitalista en listas comunes, para potenciar en estas elecciones una voz de independencia de clase frente a la catástrofe a la que nos conducen el FMI y todos los partidos tradicionales.

Ya todos los candidatos, tanto del macrismo como del peronismo, han dicho que en caso de ganar las elecciones seguirán adelante con los acuerdos con el organismo internacional, que solo pueden llevar a más pobreza, desocupación y ataques a las condiciones de vida de los sectores populares. Toda promesa de renegociación no es más que un engaño: el FMI exigirá a cambio más ajustes y reformas antipopulares.

A esa perspectiva, desde la izquierda le oponemos un programa para que la crisis la paguen los grandes empresarios, banqueros y terratenientes. Para nosotros, que estamos siempre del mismo lado, la prioridad siempre son los intereses de las grandes mayorías.

En este camino, desde el FIT hemos resuelto integrar en nuestras listas a compañeros y compañeras de Poder Popular, cuya referente principal es María del Carmen Verdú, y del PSTU.

También hemos mantenido reuniones con Autodeterminación y Libertad de Luis Zamora, que tienen personería en CABA, aunque hasta el momento los compañeros han rechazado nuestra propuesta de unidad. Creemos que es un error de su parte anteponer los debates reales que tenemos entre nosotros antes que la necesaria unidad de los que somos anticapitalistas y peleamos por otra salida a la crisis. Es por eso que seguiremos insistiendo con esta propuesta de unidad y llamamos a los compañeros y compañeras a reflexionar, ya que una actitud sectaria es más peligrosa que nunca en este momento y funcional tanto al macrismo como a las variantes peronistas.

Asimismo, nuestro planteo de unidad convoca a los compañeros y compañeras del Nuevo Mas, proponiendo también acordar con ellos un programa de salida a la crisis y su integración a listas comunes de la izquierda.

Finalmente, desde el PTS consideramos también que es necesario hacer extensivo este planteo no solo a las organizaciones, sino también a personalidades y compañeros/ de la izquierda que no harían más que fortalecer nuestro planteo frente a la crisis, como todos aquellos dirigentes obreros, estudiantiles y del movimiento de mujeres que acuerden con el programa del FIT.

Mayores avances en la unidad sin duda contribuirán no solo a plantear con más fuerza una voz anticapitalista frente a la crisis, sino también a conquistar nuevas bancas legislativas (hoy el FIT tiene más de 40) para potenciar las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud de las que participan miles de militantes del FIT junto a luchadores en todo el país.







LA ODA QUE SALGA

Abusaré de mi memoria,
que ha hecho infinito tu goce
y el mío,
declamaré en una esquina cualquiera
(ya he usado en demasía Armas y C)
la voluptuosidad de tus espasmos
con apenas un roce de mis labios,
tomaré la lira
 y no siendo un ángel,
 convocaré a otros,
 mis compadres,
 menos al que cayó,
 (mejor lejos en estos menesteres)
 para evocar las siempre ganas
 de cobijarme en ese paraíso
 que tus piernas esconde
 con álamos al viento,
 No doy garantía,
 de que la Oda que salga,
 abusando de mi memoria,
 sea un digno reflejo
 de la ambrosía
 que es tu estantería



miércoles, 5 de junio de 2019


FONDO MACRISTA INTERNACIONAL
(Por Alfredo Zaiat, PAGINA12)

Como nunca antes, el FMI está interviniendo en forma abierta en la política electoral de Argentina. Christine Lagarde, la número uno del Fondo, se lanzó a participar de la campaña criticando a la principal figura de la oposición a Macri.



Si al plan de gobierno-negocios del macrismo, que ha provocado el naufragio de la economía, se le agrega un escenario financiero y comercial internacional bajo tensión, el panorama no se presenta muy alentador para el gobierno 2020-2023. La herencia M ya es de por sí demoledora. Si Macri se autohereda, la crisis se profundizará en línea a la promesa del oficialismo de avanzar con más velocidad en la actual dirección, cuyos resultados devastadores para el bienestar general no son un misterio después de cuatro años. Si la principal fuerza de la oposición, que hoy es liderada por CFK con la candidatura a presidente de Alberto Fernández, es la que triunfa en las próximas elecciones, la herencia M será un potente limitante para la política económica. El callejón a transitar es tan estrecho que la promesa de mayor ajuste de unos y el voluntarismo de otros colisionarán contra el muro del FMI. 

El Fondo Monetario Internacional siempre ha intervenido en el diseño y control de la política económica de los países con los cuales mantiene acuerdos de auxilio financiero. En casi todos los casos de su larga historia de créditos stand by ha evitado participar abiertamente de la vida política interna de los países, y mucho menos de las campañas electorales. Con la administración Macri, el FMI ha abandonado esa aparente neutralidad. Financia la campaña de la alianza Cambiemos al entregar un paquete total de 57 mil millones de dólares destinado a pagar la deuda y evitar el default de la economía macrista. También autorizó al Banco Central a vender dólares en el mercado y, de ese modo, evitar la disparada del dólar que pondría en jaque mate la aspiración de reelección de Macri.

Además de financiamiento, el Fondo ingresó de lleno en el barro de la campaña electoral. La directora gerente, Christine Lagarde, criticó con ironía a la principal líder de la oposición a Macri. Afirmó que “la gente cambia con el paso del tiempo dependiendo de si están haciendo campaña o están en sus cargos”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Lagarde envió de ese modo el mensaje al mercado y a la sociedad argentina de que el FMI no le cree a CFK y que piensa que ella miente porque se encuentra en campaña electoral.  
Con la activa participación que está teniendo el FMI en estos meses de elecciones, la Alianza Cambiemos no debería dar muchas vueltas respecto a la fórmula presidencial. Macri tendría que imitar a CFK, bajar al lugar de vicepresidente y designar como candidata a presidente por el oficialismo a Christine Lagarde. Participaría en los próximos comicios como el Fondo Macrista Internacional. 

Otra vez

Héctor Torres es miembro del Programa de Investigación de Derecho Internacional del Centro para la Innovación en Gobernabilidad Internacional. Su opinión es interesante por haber sido representante de Argentina ante el FMI entre 2004 y 2008 durante la gestión de Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía, y luego designado en ese mismo cargo por Alfonso Prat-Gay en 2016 y 2017. Escribió en el portal Project Syndicate el artículo “El FMI está alimentando una crisis argentina, otra vez”. 

Recuerda que el país solicitó el primer crédito al Fondo Monetario en 1958. Vale señalar que fue el gobierno de facto autodenominado Revolución Libertadora el que en 1956 adhirió a la Argentina a ese organismo internacional, luego de derrocar al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, que resistió esa membresía. Torres detalla que en las seis décadas posteriores se han firmado 22 acuerdos con el Fondo, para sentenciar que “la mayoría se descarriló posteriormente o terminó en fracaso”. Especula que el rubricado por la administración “pro mercado” de Macri tendría ese mismo destino, sumándose “a ese desfile de decepciones”. Advierte que “los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse”. 

Por lo pronto, el primer acuerdo firmado en junio pasado por 50 mil millones de dólares fue un fiasco con una duración record, por lo breve, de apenas tres meses. Ahora está en vigencia el segundo, con un monto que se amplió a 57 mil millones de dólares y con plazo de expiración no más lejano que la primera mitad de 2020, cuando el próximo gobierno tenga que buscar la renegociación del programa financiero inviable de repago. Este fue definido por una tecnoburocracia de Washington, dominada por los intereses geopolíticos de los Estados Unidos de Trump, y por la desesperación de la alianza macrismo-radicalismo para no declarar el default de la deuda.

Ese acuerdo evitó la cesación de pagos en la segunda mitad del mandato de Macri, pero instaló esa probabilidad, con elevada chance de ocurrencia, para después, evalúan grandes fondos de inversión internacional. Esta estimación queda reflejada en el índice de riesgo país navegando entre los 900 y los 1000 puntos desde hace varios meses, nivel que deja al descubierto que a la economía macrista le han cerrado las puertas de acceso al mercado voluntario de crédito. No sólo se lo han clausurado en Wall Street desde marzo del año pasado, sino que, como parte de la herencia M, el grifo quedará cerrado, por lo menos, en la primera etapa del próximo gobierno.

Cuando se realiza un análisis riguroso acerca del ciclo de la debacle de la economía macrista, queda expuesto con claridad que la fuga de activos argentinos con el consiguiente derrumbe de las cotizaciones no está motivada en la posibilidad de la derrota del gobierno de Cambiemos y el regreso a la Casa Rosada de una fuerza política calificada como populista. Esa debilidad económica y financiera se reconoce fundamentalmente en el fiasco de otro programa neoliberal. 

Preferencial

El gobierno de Macri y el FMI pretendían que con sólo anunciar un plan financiero extraordinario se ahuyentarían los fantasmas que se posaron sobre la economía macrista. Por eso lo denominaron “crédito precautorio”, o sea que no sería necesario utilizar esos recursos, sino que los poseedores de títulos públicos sólo supieran que ese dinero estaba a su disposición. Pero los inversores han preferido llevarse los dólares; no simplemente saber que estaban disponibles.

Aquí aparece una cuestión de volumen. Cuando el préstamo del FMI es pequeño, actúa como señal para que bancos e inversores continúen con el flujo de financiamiento al país. La respuesta es diferente cuando el crédito es de tal magnitud, como el caso argentino, que termina asustando a los inversores. Estos evalúan que si fue necesario una asistencia tan importante significa que esa economía está quebrada y los bonos que acumulan en sus carteras están en riesgo de caer en la insolvencia.

En ciertos círculos de la ortodoxia económica y analistas del mercado existe la idea de que firmar un acuerdo con el FMI es un sello de confianza. Este alteraría las expectativas negativas de los agentes económicos, que se lanzarían entonces a un ciclo de inversión –productiva y financiera– impulsor del motor del crecimiento. Pero no es así. Por dos vías no se verifica esa falsa promesa. Por un lado, el acuerdo con el FMI implica un ajuste recesivo por la exigencia de recortes del gasto público y de contracción monetaria con alza de la tasa de interés. La consiguiente caída de la demanda interna retrae la inversión productiva. Por otro, fondos y bancos del exterior se alejan de países que firman stand by porque ese tipo de acuerdos es sinónimo de una economía quebrada, lo que los inhibe de destinar capitales a la compra de títulos públicos; más bien los incentiva a desprenderse de esos papeles de deuda soberana.

Este comportamiento se consolida todavía más cuando el Fondo se convierte en uno de los principales acreedores, puesto que la posibilidad de que un país le declare default es muy baja. Esa eventualidad convertiría esa economía en un paria del mercado internacional, ya que el no pago del capital e intereses no sería a un grupo de bancos e inversores, sino a los países miembros del FMI, siendo Estados Unidos el principal aportante de recursos de ese organismo.

En el mencionado artículo, Torres indica que el FMI tiene “el estatus de acreedor preferencial”, lo que le asegura estar primero en la línea para cobrar. En esas condiciones, si el cálculo del mercado es que no habrá suficientes dólares el año próximo, cuando se acaben casi todos los dólares del FMI (quedarán disponibles apenas 6800 millones del total), para hacer frente a todos los vencimientos de deuda y con el acceso al mercado de crédito todavía vedado, evalúan como escenario probable una reestructuración de la deuda con quita de capital. Esa pérdida eventual los coloca ante la urgencia de aprovechar estos meses, cuando el flujo de dólares está garantizado por el Fondo, para desprenderse de bonos argentinos. Por eso, ante cada repunte de la cotización de los títulos, aparece una corriente vendedora que interrumpe esa recuperación. Torres lo dice del siguiente modo: “Los inversores tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina y pueden usarla pronto”. 

Locuras

El Ministerio de Hacienda, a través del Banco Central, está liquidando 60 millones de dólares diarios para cubrir parte de las necesidades de recursos del fisco. En una negociación directa con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, consiguió que éste obligara a la conducción del Fondo a permitir al Banco Central la intervención en el mercado vendiendo dólares para evitar saltos bruscos del tipo de cambio. El Fondo está violando de ese modo una de las normas de su estatuto que prohíbe la utilización de los dólares que presta para financiar la fuga de capitales. 

Conociendo la historia financiera reciente de la economía argentina, con la experiencia adquirida por su tránsito en el FMI y señalando que esa medida es para “aumentar las posibilidades de reelección de Macri”, Torres afirma que el organismo no debería haber aceptado ese pedido por las siguientes razones:
“Para empezar, al respaldar tales locuras y argumentos falsos de endeudarse para frenar la corrida contra el peso, el FMI pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo”. 

“Además, los dólares que el Gobierno se propone vender para apuntalar el peso este año serán muy necesarios para la próxima administración para hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020”.

“Mientras más deuda tenga la Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversores privados ‘no privilegiados’ de reinvertir y continuar financiando el país en 2020 y posteriormente”.

Torres no es optimista, y lo expresa sin inhibiciones al afirmar que “lamentablemente, la historia puede estar a punto de repetirse”. Se refiere a la crisis de 2001, cuando en octubre de ese año, dos meses antes de la declaración del default, el país solicitó un préstamo de 8000 millones de dólares al FMI. Recuerda que la mayor parte de esos recursos fueron utilizados para facilitar la fuga de la plaza local de inversores institucionales. Torres sentencia que “el FMI está a punto de volver a cometer el mismo error” y, por lo tanto, “no debe esperarse un resultado diferente”.

Abrazo de oso

La apuesta del FMI, bajo orden y supervisión de Estados Unidos, es inédita en la historia de ese organismo. Entregó el préstamo más grande jamás otorgado a un país. El Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz detalló que Argentina representa el 61 por ciento del fondeo actual del Fondo, seguido muy lejos por Egipto con el 13 por ciento e Irak con el 6 por ciento. En su más reciente reporte evalúa que esa proporción ubica al FMI “en una posición de debilidad”.  

Esa debilidad relativa es compensada con el poder político que ejerce al ser una institución dominada por las potencias económicas, con Estados Unidos sobresaliendo entre ellas. Una de las máximas tradicionales en el mercado financiero dice que el acreedor tiene problemas cuando concentra gran parte de sus préstamos en un solo deudor. Este sería el caso del FMI con Argentina. Pero como se mencionó arriba, el Fondo es un acreedor privilegiado. En todo caso, las dificultades para cancelar el capital e intereses de la deuda, como las irregularidades formales en la rúbrica del acuerdo, como se detalló en esta columna el domingo pasado, servirían para mejorar un poco la relación desigual en la próxima instancia de renegociación del acuerdo financiero.

Se sabe que el Fondo recibirá con los brazos abiertos la propuesta de redefinir las condiciones financieras del stand by, para convertirlo en uno denominado Extended Fund Facility. Los grandes vencimientos del préstamo por 57 mil millones de dólares concentrados en los últimos tres años del próximo mandato presidencial podrían ser reestructurados a un plazo de 10 años. 

La predisposición a postergar el cobro de esa deuda no será desinteresada. Esos brazos abiertos se cerrarán como los de un oso cuando a cambio reclamen las reformas regresivas que figuran en el tradicional manual de ajuste que excitan a la grey de economistas ortodoxos: previsional (reducción de las jubilaciones y elevación de la edad de retiro), laboral (desregulación del mercado con pérdida de derechos de los trabajadores) e impositiva (eliminación de exenciones y mayor presión tributaria).

En ese paquete, es habitual que el Fondo incluya la sugerencia de una reestructuración de la deuda con el mercado, proceso que lo denomina “reperfilamiento” de los vencimientos de capital e intereses. Es una instancia amigable, sin grandes pérdidas para los inversores, con extensión de los plazos y modificación de la tasa de interés. El antecedente inmediato de esa propuesta fue la realizada por Ucrania con el aval del FMI.

Esta instancia de negociación, que agudizará la dependencia de la economía argentina al Fondo, podría ser menos dramática si el gobierno de Macri no estuviera rifando las reservas acumuladas con los dólares del FMI. Si las cuidaran, en lugar de liquidarlas con el mezquino objetivo político de intentar generar condiciones para que Macri pueda pelear con alguna chance la reelección, el próximo gobierno tendría un poco más aliviada la pesadísima mochila de la herencia M.



CIERRAN 50 PYMES POR DIA
(PAGINA12)


Entidades representativas del sector advirtieron sobre las consecuencias de la política económica del Gobierno. Señalaron que atraviesan una etapa de “devastación”.
La crisis económica se traduce en el cierre diario de pequeñas y medianas empresas. 

Día a día, al menos 50 pequeñas o medianas empresas bajan sus persianas por las políticas económicas del gobierno de Cambiemos, de acuerdo a un relevamiento de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios y la Asociación de Empresarios Nacionales. Esa entidad relaciona directamente la crisis generalizada en la producción nacional con el aumento de la especulación, el endeudamiento, la concentración y la apertura a las importaciones en detrimento de la industria nacional.

En medio de la campaña electoral, Apyme y Enac advirtieron que hay que superar “la devastación” con una agenda de políticas que pongan en el centro de la escena a la “Argentina productiva”. Contrastando la cantidad de empresas aportantes en la base de la Anses y el informe de desempleo del gobierno nacional, que arrojó que se pierden 100 puestos de trabajo por día, esas entidades obtuvieron un detalle de la situación actual. De acuerdo al relevamiento, el Ministerio de Producción discontinuó las estadísticas sobre el cierre de empresas en 2017, cuando la crisis se intensificó.

“Llegamos hasta acá producto del aumento de las tarifas, importaciones, dolarización de los insumos y de los servicios en general, que impacta a la pyme directamente pero también a nuestros clientes, que son nuestros trabajadores también”, explicó a Página/12 el presidente de Enac, Leo Bilanski, quien graficó también las consecuencias: “Entonces hay menos ventas, se comprime la rentabilidad y empezamos con problemas financieros. El que no puede y no tiene espalda, cae.”

Para Bilanski, las pymes están inmersas en una “dictadura financiera” y un “escenario recesivo de perturbación” que no les permite financiarse ni salvar sus actividades hasta que cambien los ciclos económicos. En ese marco, se los integrantes de Apyme y Enac se reunirán mañana para debatir acciones conjuntas de cara a un próximo período de gobierno.

"Nos mueve el convencimiento de que éste es el camino para superar la devastación generada, una vez más, por un modelo económico excluyente y anti industrial como el que promueve el actual Gobierno, cuyo único objetivo es la transferencia de recursos desde las fuerzas del trabajo y la producción hacia los sectores concentrados y especulativos, locales y globales", manifestaron las entidades.

Allí discutirán también la confluencia al “nuevo contrato social” que se está debatiendo junto a dirigentes sociales y sindicales. “Este modelo está mal y nosotros entendemos que tiene que conformar un nuevo contrato social donde las pymes estén en el centro de la escena y los empresarios sean los que conduzcan la política productiva de la Argentina”, destacó Bilanski.

martes, 4 de junio de 2019


26 PERSONAS TIENEN MAS RIQUEZA QUE LOS 3800 MILLONES MAS POBRES
(Por Gustavo Sierra, INFOBAE)

Es un fenómeno global. Se detiene la reducción de la pobreza y aumenta la concentración de riqueza. Los directores ejecutivos de las 200 compañías más grandes de Estados Unidos tienen un sueldo promedio de 18,6 millones de dólares al año. La mitad de las personas en el mundo viven con menos de dos dólares al día

Es una de esas contradicciones de las estadísticas. Desde hace años la pobreza en el mundo viene bajando acompañada de un aumento significativo de las clases medias. Pero en este 2019, según el "Reloj Mundial de la Pobreza", una organización auspiciada por el gobierno alemán que provee datos en tiempo real de los ingresos de las personas, el ritmo de los que escapan de la miseria está disminuyendo en forma considerada. Somos menos pobres, pero la pobreza sigue aumentando. También la concentración. Ya son apenas 26 los multimillonarios que poseen más dinero que los 3.800 millones de personas más pobres del planeta.

Cuando el Reloj Mundial de la Pobreza se lanzó hace dos años, en promedio, una persona escapaba de la pobreza cada segundo. El año pasado, el ritmo de reducción se desaceleró a 0,8 personas por segundo. Las últimas proyecciones para este año muestran que se ralentizó aún más: a 0,6 personas por segundo. Este es el resultado de la desaceleración en el crecimiento de la economía global que afecta particularmente a los países africanos y se alimenta de las grandes crisis como las que viven Siria, Yemen y Venezuela.

India, por ejemplo, consiguió en la última década tasas muy altas de reducción de la pobreza en enormes capas de la población que pasaron a engrosar la ascendente clase media. Pero en la última etapa del primer gobierno de Narendra Modi –reelegido la semana pasada- muestra una caída considerable del producto bruto per cápita. Ya no hay compradores para los 100.000 nuevos departamentos construidos en New Delhi en los últimos meses, tampoco se venden como antes motos ni autos nacionales. Se detuvo la movilidad social.

A nivel global, la última proyección confirmada por datos del Banco Mundial, el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) y el Instituto de Salud Métricas y Evaluación (IHME), indica que, en 2030, unos 500 millones de personas seguirán viviendo en la pobreza extrema, 44 millones más de la estimación anterior. Con esta actualización, el World Data Lab dice que África tiene hoy 427 millones de personas viviendo en pobreza extrema. Se espera que el continente sea el hogar de casi tres cuartas partes de la pobreza mundial a finales de 2019. "Sin embargo, muchas partes de África, como Etiopía y Kenia, están logrando avances significativos de un Desarrollo Sostenible. Pero Nigeria tuvo un retroceso muy importante", dice un informe del Brookings Institute, el centro de pensamiento demócrata en Washington. África sigue siendo el hogar de la mayoría de los extremadamente pobres del mundo, viven con menos de dos dólares por día.

Las guerras en Yemen y Siria, así como el conflicto social en Venezuela y el estancamiento económico en Tanzania, provocaron las mayores caídas de la población en la indigencia. Casi 18 millones de yemeníes viven en la pobreza extrema, el 57% de la población. En Venezuela, se prevé un aumento de 2,4 millones más de personas en la indigencia. Y ya permanecen en esa categoría 8,6 millones de venezolanos, el 26,5 por ciento de la población. En Tanzania son 23 millones, casi el 42% de sus habitantes.

Steven Pinker, el profesor de Harvard y uno de los divulgadores científicos más reconocidos, decía que en 2018 el éxito en el combate de la pobreza y el ascenso social a la clase media de millones de personas en todo el mundo era "la noticia ignorada" del año. Pero poco después, comentó en su cuenta de Twitter que las mismas estadísticas en las que basó su observación, estaban siendo revisadas. En 2019 sólo 20 millones de personas escaparán de la pobreza extrema. A este ritmo, el número global tardará cinco años en caer por debajo de 500 millones, lo que hace casi imposible cumplir con el objetivo de las Naciones Unidas de acabar con la pobreza extrema para el 2030.

Junto a la pobreza, aumenta la desigualdad económica planetaria. En su último informe, la ONG Oxfam, muestra que la riqueza de los multimillonarios aumentó 900.000 millones de dólares el año pasado. La concentración se acentuó a tal punto en 2018 que 26 multimillonarios poseen más dinero que los 3.800 millones de personas más pobres del planeta. Un año antes eran 43 esos multimillonarios. La cantidad de personas que acumularon más riqueza se duplicó desde la crisis financiera de 2008. "El abismo que aumenta entre ricos y pobres penaliza la lucha contra la pobreza, perjudica la economía y alimenta la rabia en el mundo", afirmó Winnie Byanyima, la directora ejecutiva de Oxfam.
La riqueza de los multimillonarios del mundo aumentó a un ritmo de 2.500 millones por día, mientras que los ingresos de la mitad más pobre del planeta cayeron un 11%. La ONG estimó que el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado una fortuna de 112.000 millones de dólares. El presupuesto de Salud de Etiopía equivale al 1% de esa suma.

Oxfam dice que "los más ricos se benefician no sólo de una fortuna en plena expansión, sino también de los niveles impositivos menos elevados desde hace décadas". La riqueza está particularmente infragravada; de cada dólar de impuestos a los ingresos, sólo cuatro céntimos provienen del impuesto a la riqueza. Y a esto hay que agregarle la evasión impositiva. Se estima que los más ricos esconden al fisco 7,6 billones de dólares, en algunos países como Brasil o Reino Unido, el 10% de los más pobres pagan impuestos más altos en proporción a sus ingresos que los más ricos.

Y la tendencia a la acumulación la propician las mismas empresas que benefician a sus directivos en forma desproporcionada con respecto a los salarios del resto de los empleados. Equilar, una consultora de compensaciones para ejecutivos, hizo una encuesta para el New York Times que muestra cómo los doscientos directores ejecutivos mejor pagados en Estados Unidos obtienen beneficios todavía mayores cada año. En 2018, les fue especialmente bien a los CEO: el promedio recibió pagos equivalentes a 18,6 millones de dólares, un aumento de 1,1 millones, o del 6,3 por ciento, en comparación con el año anterior. Una tasa de casi el doble de la registrada para los salarios comunes. En 2018, un año muy bueno para el mercado laboral estadounidense, el trabajador promedio recibió en el sector privado un aumento del 3,2 por ciento, equivalente a 84 centavos adicionales por hora.

Tesla autorizó en diciembre pasado un paquete de pagos a su director, Elon Musk, por cerca de 2.300 millones de dólares.

El ejemplo más destacado es el de la empresa Tesla, de innovación en automóviles y energía, autorizó en diciembre pasado un paquete de pagos a su director, Elon Musk, por cerca de 2.300 millones de dólares. No solo es la suma más elevada del año pasado para un directivo empresario, sino que es la mayor de la historia. David Zaslav, director ejecutivo de la empresa de entretenimiento Discovery, ocupó el segundo lugar con 129,5 millones de dólares. Palo Alto Networks, proveedora de servicios de ciberseguridad, le otorgó a su nuevo CEO, Nikesh Arora, un paquete que equivale a 125 millones de dólares. Oracle convino en pagarle a cada uno de sus dos directores ejecutivos 108 millones de dólares y un poco más a su presidente, Larry Ellison. Una de estos directores ejecutivos, Safra Catz, fue la mujer mejor pagada en 2018. Y el jefe global de Uber, Dara Khosrowshahi, obtuvo 45,3 millones de dólares y ocupó el décimo lugar en la lista de Equilar.

Pobreza y concentración de la riqueza son dos caras en el mismo espejo. No se puede acabar con una si no se elimina al mismo tiempo a la otra. Todos los especialistas lo saben y lo comparten. Pero no hay un liderazgo global para remediarlo. Por ahora, apenas si comparamos estadísticas y llenamos las notas de frías cifras.



RESURRECIONES (*)
(José Luis Fariñas)

Lavamos entonces los pies y las manos
en el agua turbia de ríos opuestos otra vez reunidos
agua espesa de nuestra propia carne de eclipse.

Y pudimos comprobar que respirábamos mejor
a medida que iba sobrando el fuego y la risa,
dejándonos sofocar por la hora feliz
que se sigue levantando sobre las águilas que caen
a medida que pasan nuestras cruces silvestres,
tuétanos del sueño y carmín de todos estos años,
como huyendo de si, espejeando solas,
abriendo de par en par la entraña de cielos invisibles,
cruces como flamencos perdidos,
aves de paso que se quedan y arden,
lejanos descendientes de ave fénix.


(s.t., tecnica mixta, 2019, Jose Luis Fariñas)

(*) En el blog de Iroel Sanchez "LA PUPILA INSOMNE"