Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

miércoles, 20 de mayo de 2020


EL CAPITAL EN SU LABERINTO
(Por: Ariel Terrero, en CUBADEBATE)

Todo era previsible con la Covid-19. Ocurrió como en cualquiera de las grandes pestes que asolaron a la humanidad, muchas de oriente a occidente también. Entre tantas cosas –cuarentenas, muertes, consternación-, hasta la incertidumbre era predecible, por más que parezca un contrasentido. Es difícil saber hacia dónde vamos. La crisis de sistemas sanitarios alimenta dudas sobre la hora final y el alcance real de la pandemia. Los estragos en la economía, evidentes pero con curso indeterminado, agravan la ansiedad.
El destino de cada nación está sujeto como nunca al rumbo sanitario y económico global. Y las previsiones de la economía mundial inquietan tanto como la caldera social de calles y aeropuertos vacíos, millones de desempleados y el apiñamiento humano ante tiendas, hospitales y cementerios.
Los gobiernos de no pocos países intentan reiniciar actividades económicas sin haber acorralado aún a este coronavirus. En gesto de desesperación, le han dado un giro a las políticas de confinamiento social. Se debaten entre pérdidas de vidas y pérdidas económicas. Y corren el riesgo de precipitarse en ambos sentidos. Un repunte de la epidemia sería costoso en términos financieros también.
Nada nuevo. El azote económico es una carta habitual de las plagas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé en 2020 contracciones récords del PIB en las economías líderes: zona euro (-7,5 por ciento), Estados Unidos (-5,9 por ciento) y Japón (-5,2 por ciento). Cinco de las principales economías europeas (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España) caerían entre un 6 y un 9 por ciento. El PIB de China apenas crecería un 1,2 por ciento. Con tal lastre, la economía global perdería un 3 por ciento.
Otros expertos pronostican desplomes mayores por la contracción simultánea de producción y consumo, de oferta y demanda. El economista Paul Krugman calcula que en EEUU “el PIB puede llegar a caer, aunque de forma temporal, entre un 20 y un 30 por ciento”. Este estudioso de recesiones de la historia, Premio Nobel de Economía, cavila que “posiblemente esta crisis será entre tres y cinco veces peor que la crisis financiera de 2008” . La mayoría de los expertos equipara la actual contracción con la Gran Depresión de los años 30.
Y eran previsibles las respuestas. Las grandes economías capitalistas volvieron a una fórmula aplicada en EEUU y la zona euro durante la crisis que comenzó en 2008: imprimir billetes sin miramientos. Ante las primeras señales de recesión con signos de Covid-19, los bancos centrales de las principales economías abrieron las compuertas de dólares, euros, yenes y libras esterlinas.
Mediante las llamadas inyecciones masivas de liquidez, la Reserva Federal planea agregar 2,3 billones de dólares a la economía estadounidense. El Banco Central Europeo (BCE), tradicionalmente mucho más cauteloso, no demoró esta vez para aprobar la inyección de 1,1 billones de euros. Esos montos equivalen a alrededor del 10 por ciento del PIB de EEUU y de la eurozona, respectivamente.
De manera casi simultánea, las autoridades monetarias de otros países, incluidas las economías con divisas de referencia -Reino Unido, Canadá, Japón y Suiza-, aplicaron una pauta similar.
Los bancos centrales no encuentran otra salida ante la contracción generalizada de ventas e ingresos, la ruptura de cadenas globales de valor y la paralización casi total de grandes empresas, como las aerolíneas. Se persignan por el peligro inflacionario latente en el aumento desproporcionado de la masa monetaria, pero confían porque después del 2008 la inflación nunca estalló, ni siquiera amenazó a pesar de que la Reserva Federal inyectó 3,8 billones de dólares entre ese año y 2014 mediante la denominada “flexibilización cuantitativa”. En la rancia Europa los indicadores de inflación se mantuvieron más bien deprimidos a pesar de aplicar igual recurso monetario. Es previsible que en esta oportunidad se arriesguen a inyectar montos de dinero mayores en sus economías.
Con esa droga monetaria, los impresores de dinero prometen socorrer a empresas, gobiernos y consumidores. Pero si la partitura es la misma que interpretaron después de 2008, los verdaderos beneficiados serán los grandes bancos y empresas que integran el gran capital, mientras el resto de la sociedad permanece narcotizado.

Neoliberales en confinamiento temporal

La mayoría de los gobiernos han adoptado planes para socorrer a empresas, autoridades territoriales, hospitales, desempleados y familias. Unos les llaman eufemísticamente programas de estímulo económico, pero en casi todos los casos se trata de planes de emergencia o sobrevivencia. El límite de los montos depende del nivel de endeudamiento que tenían cuando el Sars-Cov-2 entró en escena, pero las economías dominantes en la red financiera global no conocen de frenos.
En EEUU este programa fiscal llegó a casi 3 billones de dólares en abril, cuatro veces el paquete aprobado tras la recesión de 2008. Los gobiernos europeos también han movilizado volúmenes inéditos de dinero en planes de emergencia. Pero los expertos prevén que la crisis económica y sanitaria se tragaría el socorro fiscal en pocos meses. El protagonismo mayor quedará entonces para los bancos centrales y sus políticas monetarias ultraexpansivas, como después de 2008. O para programas de gasto fiscal más agresivos, acorde con el manual que popularizó John M. Keynes en la Gran Depresión de los años 30.
Después de ser desplazados por la tendencia neoliberal durante casi medio siglo, los economistas de la escuela keynesiana han encontrado una oportunidad de oro con la crisis de la Covid-19 . Krugman, uno de los más conocidos, aboga incluso por duplicar el monto previsto en el programa de emergencia fiscal de EEUU frente a la pandemia. Piden compensar la caída del gasto privado con un aumento del gasto gubernamental, dirigido a inversiones en infraestructura, proyectos de investigación y desarrollo (I+D) y programas de asistencia social. Es el recurso para levantar economía y empleo en medio de la crisis.
Krugman admite, sin embargo, que se convertiría en una “gran bomba de tiempo fiscal”, al gravitar sobre una economía con alto endeudamiento y un peligroso déficit presupuestario ya. La deuda pública de EEUU trepó a poco más del 100 por ciento del PIB en 2019 y puede llegar al 131 por ciento este año, según el FMI.
A pesar de que esta fórmula traslada las amenazas para el futuro, los economistas de casi todas las escuelas postulan la intervención protagónica del Estado ante la actual crisis. El francés Pierre-Olivier Gourinchas habla de medidas o “candados de seguridad” disponibles por los gobiernos para aplanar la curva de la pandemia primero, limitar los daños económicos y levantar luego la economía de manera gradual. Este estudioso delinea una inteligente relación entre solución de la pandemia y recuperación económica, en que el apuntalamiento del sistema de salud, la protección de los desempleados y el sostén de la actividad crediticia serían prioridades para el fisco.
El británico Michael Roberts acepta esa idea, aunque advierte que fuera de las economías del G-7 quedan pocas posibilidades de maniobra a países con elevado endeudamiento y alto déficit fiscal. Como buen marxista, Roberts tuerce el timón más a fondo que los keynesianos: “Esta depresión solo puede revertirse con medidas similares a las de la guerra, a saber, la inversión masiva del gobierno, la propiedad pública de los sectores estratégicos y la dirección estatal de los sectores productivos de la economía”.
Hasta los neoliberales aprueban esta vez la intervención de los gobiernos para apagar un incendio sanitario, económico y social ante el cual el mercado se mostró incompetente.
¿Una derrota del pensamiento neoliberal? Sería ingenuo creerlo. Si hablamos en términos militares, se trata apenas de un repliegue táctico, similar al adoptado en 2008. Aquella vez, ante la incapacidad del mercado para enfrentar los riesgos que amenazaban con congelar a la economía mundial, el recurso fue “obligar a los Estados a asumirlos”, razonó el filósofo John Gray.
 Asustados por la quiebra de uno de los bancos aparentemente imbatibles de la época, el Lehman Brothers, las economías neoliberales tocaron a la puerta de los estados, y postularon las peligrosas inyecciones de liquidez con el fin explícito de salvar de la ruina a otros bancos y empresas de gran porte.
El beneficio mayor de los billones de dólares y euros que la Reserva Federal y el BCE inyectaron a partir del 2008 quedó en las cajas fuertes de Goldman Sachs, Bank of America, Citigroup y otros grandes bancos y empresas financieras. A las inversiones productivas, a la economía real, llegó muy poco. Tras provocar la crisis financiera con el festín de las hipotecas subprime o hipotecas basura, el gran capital global tomó los préstamos casi regalados de los bancos centrales para limpiar sus balances contables y hacer nuevos negocios, pero sin salir de su paraíso bursátil.
La recompra de acciones y el juego sucio de los llamados derivados financieros se generalizó en las bolsas de valores después de 2008, como un hueco negro que absorbía el dinero que imprimían los bancos centrales. Las grandes empresas financieras y no financieras emiten nuevas acciones para recomprarlas y elevar artificialmente su valor, fieles a la sacrosanta lógica capitalista: ganar más, con el menor gasto posible, en el menor tiempo posible. En mercados cada vez más desregulados por la pauta neoliberal, la especulación financiera resulta más tentadora que las inversiones a mediano y largo plazo en producciones o en el desarrollo de tecnologías.
Empresas mundialmente conocidas por su liderazgo tecnológico amasan sus ganancias más jugosas a cuenta de la llamada financiarización: recompra de acciones, de títulos de deuda y derivados financieros. Alphabet (dueña de Google), Facebook, Amazon, Hewlett Packard, IBM, Motorola, Xenox y Symantec (NortonLifeLock ahora) invierten más en la especulación financiera que en el desarrollo tecnológico. Microsoft se enganchó en 2019 con una recompra de acciones por valor de 40.000 millones de dólares. Entre dos tercios y tres cuartas partes de los activos de Apple, Oracle y Ebay son créditos a otras empresas: piden préstamos a la gran banca para ofrecer a su vez préstamos con tasas de interés más altas a otras compañías de mayor riesgo. General Electric, General Motors, Ford y Pfizer también se sumergen en laberintos financieros cada vez más retorcidos, para mantener las ganancias que se les escapan en los mercados de la economía real.
“En el mundo imaginario del sistema capitalista enseñado en los manuales de economía –concluía Eric Toussaint ante tales evidencias-, las empresas emiten acciones en Bolsa para recaudar capital a fin de invertirlo en la producción. En el mundo real, las empresas capitalistas piden prestado capital en los mercados financieros o a los bancos centrales para recomprar sus acciones en Bolsa a fin de aumentar la riqueza de sus accionistas y dar la impresión de que la salud de la empresa es excelente”.
El analista Brian Reynolds estima que desde 2009 la recompra de acciones ha sido la "única fuente neta de dinero que entra en el mercado de valores". Otro economista estadounidense, William Lazonick, calcula que estas recompras equivalen al 52 por ciento de todas las ganancias corporativas, con dividendos en acciones que representaron otros 3,3 billones de dólares en 2016 y 2017, monto muy cercano, por cierto, a los 3,8 billones que la Reserva Federal inyectó entre 2008 y 2014 en samaritano socorro de Wall Street.
¿Renunciarán estas empresas a ese pastel ahora? ¿Quién garantiza que no se repita la historia cuando se diluyan los nubarrones de la Covid-19? ¿O se estará repitiendo ya, en plena tormenta, mientras la población global delira tras una vacuna que ponga fin a la catástrofe sanitaria?

Bomba de tiempo: la deuda global

El juego sórdido de las bolsas tiene el atractivo del bajo riesgo para los mayores especuladores. Cuando los enredos de un gran banco o empresa no financiera se van de rosca y llegan a un punto de quiebra y crisis como la de 2008, cuentan con la protección de un banco central dispuesto a inyectar, prestar, imprimir, inventar dinero, bajo el criterio de que la quiebra de un gigante pondría en riesgo al resto de la economía. “Too big to fail” (demasiado grande para dejarlo fracasar) es la filosofía pública de la Reserva Federal y del BCE.
La especulación, por tanto, no tiene frenos ni miedos. Las respuestas de las autoridades monetarias tampoco. En forma de títulos de deuda soberana y otros activos, los mayores bancos centrales del mundo imprimen dinero con fervor que deja como niños de teta a los asaltantes de la popular serie española Casa de Papel.
Entre 2008 y 2014, la Reserva Federal triplicó la base monetaria en EEUU y llevó las tasas de interés casi a cero. Pero el efecto sobre la economía real fue pobre. En la zona euro y en EEUU, las políticas monetarias cayeron en esos años en un saco roto que Keynes definió como trampa de liquidez en la década del 30: ni las inyecciones masivas de dinero ni las tasas de interés reducidas a mínimos consiguieron reanimar la actividad crediticia ni la economía empresarial. Los analistas más agudos observan que el alza de las bolsas en esos años tuvo expresión mínima en la industria y el comercio de EEUU y la eurozona. China también dio señales de desaceleración.
Ante evidentes síntomas de agotamiento de la economía –visibles antes de la pandemia-, la Reserva Federal tuvo que acudir a fines del 2019 a otra inyección de liquidez, justo cuando se suponía que debía maniobrar para retirar del mercado las anteriores. Ni los bancos prestaban, ni las empresas invertían. Optaban por conservar el dinero líquido en cuentas de ahorro o en negocios bursátiles sin impacto en la economía real. Los bancos centrales de otros países acudieron a igual salvavidas monetario.
Las mayores economías no han logrado salir de esa trampa de liquidez por más que inyectaban billones y más billones. El BCE ha recortado actualmente las tasas de interés por debajo de cero, para presionar a los bancos comerciales a que no escondan en sus cuentas o negocios los recursos financieros que reciben.
Pero con la severa contracción global de oferta y demanda que generó la Covid-19 es poco probable que las empresas se arriesguen en inversiones en la economía real. El sentimiento empresarial dominante en una coyuntura de crisis alienta a reducir gastos, suspender inversiones, reducir créditos. Los billones de dólares y euros que se están sumando a una circulación monetaria que ya estaba desbordada en 2019 corren el riesgo de permanecer en un limbo bancario, si no se los traga la especulación bursátil de nuevo y en particular la recompra de acciones, como advertía en abril una investigación publicada por el Wall Street Journal.
La economía se contrae en el mundo, el dinero se desborda sin límites y la deuda global crece a escalas incontroladas.
El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) alertó en un reciente informe que la deuda global había escalado en 2019 hasta 255 billones de dólares, equivalente al 322 por ciento del PIB del planeta, o sea, más de tres veces la dimensión de la economía mundial. Y teme que ascienda a 342 por ciento en 2020 en un contexto de recesión en que la mayoría de las economías no encuentran otra alternativa que no implique mayor endeudamiento. En abril, la emisión de deuda trepó a 2,1 billones de dólares, frente a una media mensual de 700.000 millones entre 2017 y 2019, según el IIF.
Para mayor conflicto, las tasas de interés ancladas en cero en las mayores economías favorecen que las grandes empresas financieras y no financieras se refugien en el negocio de vender y revender deuda.
Toussaint, opuesto a echar las culpas de la actual crisis económica a la pandemia, advirtió el año pasado sobre el peligro de estallido de la burbuja especulativa que se ha formado en el mercado de valores por las políticas de los bancos centrales. “La deuda pública contraída para rescatar a los bancos es claramente ilegítima”, concluyó.
El bombillo rojo lo perciben no solo los analistas de izquierda. El Banco de Pagos Internacional (BPI), con sede en Basilea, Suiza, advirtió a mediados de 2019 el peligro de una nueva crisis financiera , esta vez a cuenta de la abultada deuda corporativa. Esta suerte de comisario de los bancos centrales del mundo alertó por el sobrecalentamiento visible en el mercado de préstamos “apalancados”, como le llaman a los préstamos a empresas endeudadas en exceso. Sectores económicos completos, como la industria del petróleo y el gas y el comercio minorista en EEUU, están totalmente amarrados a este respirador artificial, estimado en 3,5 billones de dólares.
La filosofía capitalista dominante ya resolvió el problema: ha optado por dejar a las generaciones políticas del futuro la solución del peligroso enredo financiero.
Si la historia se repite, la gran banca mundial y las mayores empresas volverán a hacer su agosto bursátil con el mar de dinero barato que les proporcionan los bancos centrales. Las bolsas resistirán como refugio perfecto, en momentos en que el colapso global de la producción y del comercio arrastra a las economías de menor porte –países y empresas que no saben contar todavía en escala de billones.
Con sibilina habilidad para flotar y ganar siempre, el gran capital financiero quedó como principal beneficiado en la crisis financiera que provocó en 2008. Y apunta a serlo de nuevo, en este desastre de salud y de economía causado, más que por un coronavirus, por la destrucción previa de sistemas sanitarios a cuenta de la doctrina neoliberal que tiene al gran capital como defensor mayor. Todo es previsible con la Covid-19.


lunes, 11 de mayo de 2020



CONTINUUM

Acá estoy por la rendija de la ventana
veo un árbol y la casa del de enfrente
del de enfrente
lo veo también por la rendija de la red
no esta el de Burkina Faso
o al menos no lo busco
sino muchas noticias
del estúpido del Imperio
ese placer de no decir nada
y suelto de cuerpo como lo que es
mandarte a tomar lavandina
esta plaga no es mayor
que los incautos que comen
de la moneda falsa
Acá estoy por la rendija de la ventana
poco aporte a mi soledad encamada
claro que cuento con CBU
para la transferencia
¿no seré el miserable
sin respirador en Camerún?
solo por el azar
un gitano
nacido después del 59
en una minúscula Isla
de este planeta ¿Tierra?
así le hemos llamado
cuando es lo poco que abunda
Lo poco es lo mucho que nos venden
y compramos
hace mas de 500 años
¿Por qué sino hay PCR para todos, tendré que aceptar que si habrá vacuna para 7500 millones?
Acá estoy por la rendija de la ventana...









lunes, 4 de mayo de 2020


UN RABO DE NUBE NECESITAMOS


Si me dijeran pide un deseo,
Preferiría un rabo de nube,
Un torbellino en el suelo
Y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
Un aguacero en venganza…
Silvio nos dejo esto en su entrañable canción, y de alguna manera es mi mayor deseo ahora, en estos días de injusticia, porque para mí esta pandemia ha sacado a la luz, la falacia de un sistema capitalista atroz, las verdaderas causas de todas nuestras desgracias. El Mundo es cruel, si por día mueren tantos en todo el planeta por el Covid-19, al mismo tiempo y en tamaños siderales unos cuantos acumulan ganancias que divida entre todos los 7500 millones de terrícolas seriamos cada uno millonarios en dólares, ¿Qué proporciona semejante aberración?, muy sencillo, un sistema que ha organizado nuestras sociedades con la premisa que primero está la ganancia, luego la ganancia y más tarde cuando te acuestes, la ganancia.

Veamos algunos numeritos a la vista de todos, solo hay que buscarlos y relacionarlos:

Recientemente en la Asamblea General Anual Ordinaria de Accionistas celebrada el 29 de abril de 2020 de Cablevision Holding a partir del 13 de Mayo de 2020 se procederá al pago de los dividendos en efectivo correspondientes al ejercicio finalizado el 31 de diciembre de 2019 por un monto total de US$ 12.000.000 (Dólares Estadounidenses doce millones) en dólares de libre disponibilidad sobre la plaza bancaria de Nueva York, equivalentes a $800.940.000 pesos argentinos, sin embargo el Grupo Clarín a su 4977 empleados que figuran como “Colaboradores” en sus estados contable le ha expresado su pésame, porque tendrá que pagarles sus salarios correspondiente al mes de Abril en dos “cómodas” (esta frase es mía) cuota a principio de mayo y a finales de mayo, y además es posible con alguna quita dada las circunstancia que viven el país (Argentina) por la pandemia (https://www.eldestapeweb.com/politica/clarin/clarin-reparte-800-millones-entre-accionistas-mientras-paga-sueldos-en-cuotas--202043018400)

Paolo Rocca, dueño de la siderúrgica mas grande de la Argentina, Techint, el año pasado fue “honrado” por la revista Forbe como uno de los grande multimillonario de la Argentina con un patrimonio de 8000 millones de dólares, sin embargo acto seguido que comenzó la cuarentena obligatoria el 19 de Marzo de este año, los directivos de la misma decidieron despedir a 1450 trabajadores hasta nuevo aviso.

En las últimas semanas, mientras treinta millones de personas en los Estados Unidos han quedado desempleadas, un reducidísimo grupo de billonarios norteamericanos acrecentó su riqueza en 282.000 millones de dólares (https://inequality.org/great-divide/billionaire-bonanza-2020/).

Ojala entonces,
Que cuando escampe parezca
Nuestra esperanza






El mundo y Cuba: Barcos negreros, colas y escaseces en tiempos de Covid-19.
(Por Iroel Sánchez, en su blog “La Pupila Insomne”)

De inmediato recordé la imagen incluida en uno de  los libros de historia que me acompañaron en la escuela primaria: El barco negrero. Aquellos hombres hacinados, como piezas de una geometría perfecta hecha con seres humanos.

Barco negrero neerlandés

Aunque esta vez no se trataba de historia, sino de actualidad. Las imágenes que han recorrido el mundo desde las cárceles de El Salvador, muestran cómo trata a sus desechos el sistema que se erige en modelo para el mundo. Cierto que son delincuentes, miembros de bandas criminales que ejercen una violencia extrema,  fruto de las condiciones económicas y sociales que el modelo impuesto desde Estados Unidos a su “patio trasero” ha dejado muchas veces como única opción para los jóvenes de familias humildes. Pero nada justifica el trato humillante y casi animal a seres humanos, mucho menos su politiquera y demagógica exhibición mediática, como ha hecho el gobierno salvadoreño. Sin embargo, los vigilantes de los Derechos Humanos en la región, aquellos que desde Washington sancionan países en nombre del respeto a lo que llaman “valores universales” no han tenido más que silencio ante semejantes hechos.

Presos en El Salvador, 28 de de abril 2020 . Foto AP

Las cárceles latinoamericanas en tiempos de pandemia por el virus Covid-19 han vivido desde contagios masivos (Perú), motines por no garantizar mínimas condiciones de salubridad para quienes las ocupan (Argentina, Colombia, Brasil…), hasta espectáculos que recuerdan el fascismo como lo que testimonian las imágenes de las cárceles salvadoreñas. Hay excepción, pero no es noticia. 
El gobierno cubano ha informado que no se reportan casos de Covid-19 en sus establecimientos penitenciarios y en medio de esta situación global ha excarcelado a 421 personas en prisión provisional y a 6158 les concedió la libertad anticipadamente. ¿Cómo es posible? Una sociedad donde no hay crimen organizado, en la que la primera misión de las instituciones penitenciarias es reeducar, y su sistema de salud, con el mayor número de médicos per cápita del mundo, alcanza también a las prisiones, puede hacerlo a pesar de tener una economía a la que Estados Unidos se empeña en que no le llegue un solo dolar ni un barco con combustibles, tampoco medicamentos ni equipos relacionados con la salud.

Pero Cuba es observada con lupa. Mientras el vecino poderoso, que la bloquea y supera en 30 veces su población, igualaba con el Covid-19 las muertes de su guerra más cruenta (Vietnam), llegando al millón de contagios, la noticia para una revista estadounidense acreditada en La Habana era que 48 nuevos casos del contagioso virus  eran detectados por el sistema de salud cubano en un día, y The Washington Post hablaba sin pruebas y con una sola fuente no contrastada de que “los cubanos combaten la censura de su gobierno en plena pandemia” porque supuestamente  no se le permite a una persona lucrar con la escasez que la política del gobierno de Estados Unidos busca provocar y a la vez presentarla como algo que nada tiene que ver con esa política. Eso hace un medio de comunicación del país que persigue con saña a Edward Snowden y Julian Asange y tiene de aliados en la OTAN a “democracias” como la española que sólo en 2019 impuso 766.416 multas en razón de la llamada “Ley Mordaza”, con una cuantía total de 416.527.489 euros.


Cuba acumulaba hasta las 12 de la noche del sábado 2 de mayo 1 649 personas positivas al SARS-CoV-2, 67 fallecidos  y 827 pacientes ya recuperados, según informó este 3 de mayo en conferencia de prensa el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública.

¿Hay colas en Cuba? Sí y muchas. ¿Hay escasez? También la hay. ¿Es única y exclusivamente el bloqueo la causa de los problemas económicos cubanos? No, y el primero que lo ha dicho es el gobierno cubano, pero también, como ha reconocido una abrumadora cifra de países en la ONU, ha planteado que el bloqueo es el principal obstáculo al desarrollo de la Isla y la principal violación a los Derechos Humanos de su pueblo. Hace sesenta años que un funcionario del Departamento de Estado le escribió un memorando al Presidente estadounidense diciendo que la estrategia eficaz para derrocar a la Revolución cubana es provocar carencias y escaseces para que el pueblo se canse y derribe al gobierno, política que nadie ha llevado más lejos que la administración de Donald Trump.

¿Hay colas en el capitalismo? Las hay. ¿Menos que en Cuba? Menos. ¿Incluso en el capitalismo tercermundista hay menos colas que en Cuba? Sí. ¿Por qué? Porque en el capitalismo la cola es la del ejército de excluidos para sobrevivir en empleos precarios que apenas les dan para pagar electricidad, agua y alquiler, si tienen alguna o varias de las tres cosas, y cuando algo escasea, como ha sucedido ahora con el gel de alcohol o las mascarillas por el Covid-19, se le multiplica el precio y ya está ¿Por qué entonces vemos colas en estos días en ciudades de Estados Unidos y Europa? Esas colas son por acceder a comida gratuita  para el número creciente de desempleados y pobres y no están reguladas por la oferta y la demanda, aunque en estos días hemos visto allí otras no presentes en Cuba: Colas para recibir atención médica, colas para morir y colas hasta para ser enterrados. ¿Qué ocurriría si sufrieran un bloqueo como el que sufre Cuba? Como ha afirmado el Doctor en Ciencias Económicas Rafael Correa, ex Presidente de Ecuador:

“Evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía. Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar.”


La fila para almorzar en Sharing Caring Hands el martes 24 de marzo en Minneapolis. David Joles / Star Tribune / AP
Aún sin bloqueo, esta mega crisis provocada por la pandemia de Covid-19 está haciendo visibles grietas en las cadenas logísticas, incluso entre los más ricos, como plantea el diario The Chicago Tribune:

“Después de semanas de preocupación por la escasez en las tiendas de comestibles y las revueltas para encontrar la última caja de pasta o rollo de papel higiénico, muchas de las granjas más grandes de la nación están luchando con otro efecto espantoso de la pandemia. Se ven obligados a destruir decenas de millones de libras de alimentos frescos que ya no pueden vender.”
(…)
“La cooperativa lechera más grande de la nación, Dairy Farmers of America, estima que los granjeros están vertiendo hasta 3.7 millones de galones de leche por día. Un único procesador de pollo está rompiendo 750,000 huevos sin eclosionar cada semana.”

A propósito, la analista económica Stacy Herbert señalaba en el programa Keiser Report que cuando retornen los huevos será a cuatro veces su precio anterior, por supuesto que no habrá colas para comprarlos.

En estos días Cuba libra, como el mundo entero, su batalla contra el Covid-19 junto a otras dos que sólo le tocan a ella y a un grupo de elegidos por el gobierno estadounidense: la del bloqueo económico y la guerra mediática. Para la prensa que la juzga, todo lo que en la Isla esté mal es culpa del socialismo, como todo lo malo que está sucediendo con el Covid 19 en Estados Unidos, solo es, cuando más, culpa de Donald Trump. Mientras tanto, la Cuba bloqueada, donde escasean los reos exhibidos como animales de presa en barcos negreros, las colas de cadáveres sin enterrar y de enfermos sin atención médica, va delante en la batalla mundial contra el Covid 19, y no le basta luchar por ella sino que envía sus médicos a decenas de naciones en las que el capitalismo ha fracasado para garantizar el más elemental de los derechos: la vida.


viernes, 1 de mayo de 2020


Hubiera querido los signos de interrogación en el titulo, pero hay algunos con mucho entusiasmo…

CORONAVIRUS: EL FIN DEL CAPITALISMO TAL COMO LO CONOCEMOS
(Por Telma Luzzani en PAGINA12)  


Nunca antes había sucedido que, simultáneamente, el mundo entero estuviera bajo la amenaza real de una epidemia y que, en una rara sintonía hecha de pánico e incertidumbre, en todo el planeta fuera el virus el único tema que ocupara las mentes.

¿Qué mundo puede emerger después de esta catástrofe?

La preocupación no es frívola porque, como analizó sagazmente la canadiense Naomi Klein en su libro La doctrina de shock, las elites poderosas suelen aprovechar los acontecimientos catastróficos para instalar reformas impopulares, rediseñar sistemas económico-sociales o, directamente, saquear los bienes públicos y hacer pasar la operación como una “atractiva oportunidad del mercado”.
El libro se detiene en dos ejemplos y explica, paso a paso, las acciones de esas elites. Uno es el tsunami de 2004 en Asia; el otro, las dictaduras genocidas de la Argentina y Chile en los 70.

En el primero, tras la catástrofe natural, los pescadores de Sri Lanka vendieron por moneda sus propiedades y hoy hay allí uno de los más exclusivos centros turísticos del mundo. En el segundo, “algunas de las violaciones de derechos humanos más despreciables, que parecían meros actos de sadismo fruto de regímenes antidemocráticos, fueron de hecho un intento deliberado de aterrorizar al pueblo y se articulan activamente para preparar el terreno e introducir las ‘reformas’ radicales del libre mercado. En la Argentina de los años 70, la sistemática política de ‘desapariciones’ que la Junta llevó a cabo eliminando a más de 30.000 personas, la mayoría activistas de izquierda, fue parte esencial de la reforma económica que sufrió el país, con la imposición de las recetas de la Escuela de Chicago. Lo mismo sucedió en Chile, donde el terror fue cómplice del mismo tipo de metamorfosis económica”, escribió Klein.

Es lo que ella llama “el capitalismo del desastre”: cuando una sociedad, aterrada, sólo piensa en su sobrevivencia y es incapaz de reflexionar sobre lo que más le conviene. Esta situación es aprovechada por el 1 por ciento más rico para instalar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a los poderosos y hambrean al resto.

OTRO MUNDO ES POSIBLE
Pero no todo está perdido, Klein, como muchos otros pensadores, cree que esta pandemia puede ser también una oportunidad de cambio.
De hecho, una de las señales más impactantes y extendidas es el reverdecer de las políticas keynesianas y la revalorización del papel del Estado que la pandemia produjo.

La Covid-19 dejó al desnudo el daño que las políticas de mercado y las privatizaciones han producido en los sistemas de salud de Occidente. En Nueva York, la ciudad más rica del país más rico del mundo, trabajadores de los hospitales comenzaron a protestar, a mediados de marzo, por la falta de insumos básicos como barbijos y guantes. Pocos días después, el gobernador de ese estado, Andrew Cuomo, mandó un mensaje desesperado a la Casa Blanca para que envíe 30.000 respiradores, y el 20 de marzo, el presidente Donald Trump, que hasta ese momento había ridiculizado el coronavirus, salió a anunciar –en un estilo muy estadounidense– medidas belicosas y espectaculares. “Soy presidente en período de guerra”, clamó, e inmediatamente prometió acabar con el “enemigo invisible”.

(Se deja de lado en este análisis un punto importantísimo: el aprovechamiento político de la pandemia que está haciendo la Casa Blanca, declarando la guerra al “virus chino” y enviando parte de la fuerza aérea y naval del Pentágono al Caribe en un gesto inaceptablemente violento contra Venezuela y América latina.)
A partir de aquel 20 marzo, Trump no dejó de tomar medidas keynesianas como aplicar la Ley de Producción, que habilita a controlar precios y salarios; enviar cheques de hasta 1.200 dólares por persona (¿subsidios?) para todos los estadounidenses que ganen menos de 70.000 dólares al año y ordenar a las empresas privadas a producir bienes para el Estado.

De la misma manera, Alemania anunció una línea de créditos sin límite para las pymes; el presidente francés, Emmanuel Macron, redescubrió que “el Estado protector no significa un costo sino un bien indispensable”, y la Unión Europea anunció una ayuda de 100 mil millones de euros para España e Italia, los países de la UE más golpeados por la Covid-19, para frenar los despidos.

Hay quienes se ilusionan conque esta repentina conciencia sobre los efectos que la mercantilización de la salud y la destrucción del medio ambiente tienen sobre las personas sea el principio del fin de la hegemonía neoliberal. Por el contrario, hay quienes temen que el actual estado de excepción sea la llave que estaban esperando el neocapitalismo y el neocolonialismo para dar una vuelta de tuerca aun más extrema.

Si va a haber una transformación verdadera –la toma de la Bastilla, del Palacio de Invierno–, debe ser un cambio que venga de abajo y, por el momento, el control sobre los cuerpos –y muy probablemente sobre las mentes– del globo entero es total.

Lo que resulta innegable es que el coronavirus ha introducido nuevos problemas y nos ha obligado a reflexionar sobre conductas y valores.
El riesgo de un parate de la economía mundial es uno de los puntos de mayor preocupación. Así lo explica el economista Julio Gambina: “Si hasta ahora se hablaba de desaceleración, ahora se teme una recesión o incluso una depresión de la economía mundial. Ya no se trata sólo de problemas con los bancos, las bolsas o la valorización de los títulos sino que estamos hablando del impacto en la producción a nivel industrial. Además está el riesgo del desempleo. Por el momento, hay países que están adoptando medidas creativas, con creciente participación estatal. Algunas naciones europeas están financiando gran parte de la masa salarial de las empresas del sector privado de la economía, por ejemplo”.

UN FALSO DILEMA
¿Existe la tan mentada dicotomía entre economía y salud? El médico Jorge Rachid, con la claridad que lo caracteriza, responde: “No existe contradicción alguna entre salud y economía. Quienes la plantean están proponiendo enterrar un derecho humano esencial, que nos viene dado y al cual debemos cuidar y proteger como comunidad y un proceso productivo que sólo puede ser realizado por personas sanas, por lo cual sin lo primero –la salud–, no existe lo segundo. Presentar como dicotómicos los términos ‘salud’ y ‘economía’ sería similar a comparar la paz o la guerra en términos de humanidad. Sin duda, durante las guerras unos pocos ganan mucho y muchos miles lloran por lo que la guerra les quitó. Si los que presentan las guerras como necesarias fuesen los que enviasen sus hijos a morir, lo pensarían dos veces. Lo mismo sucede con la pandemia y los trabajadores: algunos empresarios quieren que los demás trabajen y ellos y sus familias permanecer protegidos, mientras acumulan ganancias”.

Falta todavía mucho tiempo para saber qué consecuencias ha tenido el coronavirus en el mundo material y en la subjetividad de los humanos de este siglo XXI. Por lo pronto, nos ha confrontado con las relaciones con nuestros hijos y pareja, con el ocio, con la futilidad del consumo, con las tareas domésticas y nuevas formas de trabajo, con la sumisión a las pantallas y a los medios, con lo bella que es la naturaleza sin nuestra mano depredadora, con cuánto se extrañan los abrazos, con la importancia de la solidaridad y con nuestra propia fragilidad.

¿Con el fin de la cuarentena barreremos todo ese aprendizaje bajo la alfombra? He ahí la cuestión.


jueves, 30 de abril de 2020


SALUD Y DESIGUALDAD
( Por Guillermo Wierzba en el blog “El Cohete a la Luna”)


Felix Nussbaum

A pesar de la grave situación de la economía mundial producto de la pandemia, los países centrales no han modificado el nivel de sus gastos militares. Es decir que no han desplazado presupuesto de guerra para la atención de la salud. La discusión establecida respecto de la elección entre economía y salud no se ha extendido a otra entre gasto en ésta y gasto militar, ni entre éste y economía productiva para la igualdad social.

El intelectual David Harvey sostiene en El nuevo imperialismo que “la acumulación de capital mediante las operaciones de mercado y el mecanismo de precios se desarrolla mejor en el marco de ciertas estructuras institucionales (leyes, propiedad privada, contratos, seguridad monetaria)… (que) Un Estado fuerte armado con fuerzas policiales y el monopolio sobre los instrumentos de violencia puede garantizar ese marco institucional… (y que) La organización del Estado (ha) sido (característica) crucial de la larga geografía histórica del capitalismo”. La cita obliga a reiterar una distinción crucial respecto de la valoración y caracterización del Estado en las actuales circunstancias del drama del Covid-19.

La revaloración que se hace en los países periféricos del papel del Estado, en varios casos, tiene una raíz distinta a la planteada por Harvey. La idea que se plantea desde el gobierno argentino, respecto a recuperar la acción estatal que la circunstancia exige, lo hace bajo la toma de conciencia en el discurso público respecto de que la sociedad individualista de mercado no puede resolver objetivos constitutivos de una sociedad con justicia social, como la recuperación del valor de la igualdad y la eliminación de la pobreza. La priorización de la salud, concepto que discursivamente sostienen Alberto Fernández y su gobierno, se debe entender como un despliegue de políticas que desestructuren la mercantilización de los servicios que constituyen derechos sociales. Esa concepción está guardada en la memoria de un Estado que, cuando gobernaron los movimientos populares, enfrentó al poder económico con reformas que promovieron el respeto de la dignidad humana y avanzaron tanto en la ciudadanización política como en la económica y social. Ese ese estilo de poder estatal, que hoy se esgrime desde el gobierno de los Fernández, no es para garantizar la afirmación del mercado como organizador central de la economía, sino –por el contrario— para colocar al Estado en ese rol. Afrontar la peste, implicó la adopción de una propuesta de sociedad distinta, que se construya sobre la base de la solidaridad y abandone el individualismo como eje de su dinámica.

En cambio, el concepto de Harvey es exacto para definir el rol del Estado en los dispositivos neoliberales de las potencias centrales de Occidente. Allí cumple una función instituyente del mercado como organizador y garantiza la reproducción de la sociedad mercantil, siendo, además, colocado en un papel subsidiario para completar lo que el mercado no puede resolver. No se trata de reconocimiento de derechos sino de conservación de un régimen de privilegios, que supone y exhibe una prescindencia estatal, que vacía la democracia de ciudadanía mientras mantiene intacto el instrumento de preservación del poder de la propiedad concentrada.

El gobierno democrático, nacional y popular de la Argentina del presente ha tomado el tema de la salud como fundamental y planteado a partir de la presencia del virus un cambio de lógica social que privilegia la igualdad. Veamos algunas características del sistema de salud en el país y los desafíos para modificarlas, siendo que hoy mantiene la herencia de las transformaciones neoliberales del último cuarto de siglo pasado.

En una nota del viernes, el economista macrista Hernán Lacunza menciona que el gasto público en salud es del 6,6% del PBI y el privado del 2,8, atendiendo este último al 25% de la población y el primero al 75%. Sin embargo, estas cifras aunque dan cuenta de la desigualdad, no reflejan su real profundidad, pero lo que sí se debe acotar es que el total del gasto revelado por el ex Ministro da cuenta de una reducción del gasto en más del 1% respecto de su relación con el PBI durante los cuatro años de gobierno de Cambiemos. Francisco Leone y Rodolfo Kaufmann, en su trabajo Financiamiento subsectorial del sistema de salud por niveles de atención (Departamento de CyT de la UNTDF, 2019), concluyen que el sistema de salud se estructura en tres niveles:

un sistema hospitalario con 1.271 establecimientos y 6.290 centros de atención primaria de salud, que cuentan con 76.885 camas. Pueden acceder a él todos los argentinos, pero se estima que atiende al 37% de la población que no tiene ningún otro tipo de cobertura. Sin embargo, la excelencia de sus médicos y determinados servicios no hacen infrecuente que recurran a los mismos ciudadanos con otras coberturas. El financiamiento de estos centros es con recursos públicos generales del presupuesto nacional, provincial y municipal.

Otro subsistema es el de los servicios de seguridad social que cubren al 54% de la población, atendiéndose a 25,4 millones de habitantes del país. Este se financia mediante aportes y contribuciones del régimen salarial formal, y cuenta con un relativamente reducido número de establecimientos propios, subcontratando el resto en el ámbito privado, o con derivación a hospitales. El número de obras sociales de carácter nacional, provincial y municipal articulados por este sistema es de 313 más el INSSJP.

El tercer segmento es el privado el que vende sus servicios al 9% de la población, unos 4.000.000 de personas. Está integrado por 139 empresas y posee 8.040 clínicas que disponen de 63.800 camas para internación y 8.078 para pacientes ambulatorios. Este subsistema se financia con los aportes privados de quienes se atienden en el mismo.

Como expresa Gonzalo Basile en ¿Cobertura o Sistema Universal de salud en Argentina?: hacia dónde vamos y quién decide, “casi al mismo sistema de salud de 1.600 Hospitales públicos y 6.000 unidades sanitarias que en el año 1975 acudían 2 millones de personas (en situación de pobreza y empleo informal), hoy demandan entre 15 y 20 millones. De ahí no podemos sorprendernos del cóctel de sobredemanda poblacional, pérdida de capacidad de respuesta de los servicios públicos, deshumanización en la atención, malas condiciones de trabajo, enfermología pública (todo gira alrededor del hospital y atención clínica-curativa a enfermedad) con abandono de estrategias preventivo-promocionales, epidemiológicas.

La desigualdad y segmentación que estructuran el sistema de salud en la Argentina quedan expuestas en la investigación de Leone y Kaufmann. La observación del número de camas y establecimientos por población atendida disponible para el 9 % de población de mayores recursos en el segmento, contrasta agudamente con el de los establecimientos a los que acuden los sectores populares que están en el 37 % más vulnerable.

La historia moderna argentina muestra al primer peronismo como el momento más trascendente de avance de la atención sanitaria, con el despliegue raudo de un sistema hospitalario de gran dimensión y calidad, que se movilizaba por el objetivo de brindar atención a la mayoría de la población.

Más tarde en el período desarrollista se despliega el sistema de obras sociales, que contaba como marco, una economía con un fuerte grado de formalización de la relación salarial. La atención sanitaria de la clase trabajadora durante esta etapa fue cubierta con eficiencia en este nuevo segmento de la medicina, cuyo financiamiento permitía su desenvolvimiento.

La medicina privada convivió en las dos épocas con un desarrollo menor y en general como servicio privado, no organizado bajo un esquema de seguro de salud voluntario.

Es durante el terrorismo de Estado, con el establecimiento del primer período neoliberal, que se provocó la desindustrialización, la caída del número de trabajadores formales, el crecimiento de la pobreza, el descenso del salario real y un ascenso primero moderado y luego acelerado de la desocupación, que emerge el negocio de la medicina privada organizado como sistema de seguro de salud. Luego el menemismo, en el segundo neoliberalismo argentino, implementa la flexibilización entre el segmento de obras sociales y seguro privado, que permite el traspaso de afiliados del primero al segundo; está medida provocó que los asalariados de mayores ingresos se mudaran a la medicina privada, lo que aumentó este negocio a costa del deterioro de la calidad de muchas obras sociales, las que perdían a sus afiliados de mayores contribuciones. La crema de los recursos se trasladó, así, al área más mercantilizada. Siendo los propietarios de las empresas que lo ejercen los que ahora ponen el grito en el cielo, cuando desde el gobierno se promueve una articulación única de los tres sistemas para afrontar la emergencia frente a la peste.
El neoliberalismo también se despreocupó por el presupuesto y la organización de la salud. A la segmentación del sistema por clase y nivel social, entre incluidos y excluidos agregó con la provincialización de la atención sanitaria, a la que disfrazó como lógica “federalista”, una desigualdad y fragmentación regional y provincial. Los problemas de restricción presupuestaria y las consecuencias de los permanentes ajustes fiscales se sumaron a las dificultades presupuestarias de las provincias.

La desorganización del sistema de salud se refleja también en una inadecuada relación enfermera/médico, muy baja, y que es expresión de la pérdida de salario real durante el neoliberalismo y las malas remuneraciones relativas del personal paramédico. Justamente, el doble o triple empleo de este último se ha convertido en uno de los motivos de aumento de los contagios durante la pandemia en el país. Esa proporción enfermera/médico es la mitad que la de la Unión Europea.

La emergencia de la pandemia dejará como tema urgente y fundamental la reforma de la salud y su reconocimiento como derecho social. Asumirlo como tal, otorgándole al Estado, no el carácter de reproductor del sistema del individualismo de la sociedad de mercado, sino el de agente para la transformación de la vida nacional en pos de una sociedad humanista y solidaria, construida sobre un criterio crítico de aquél, significará la reconstrucción de un sistema de salud con programa único, con igualdad de acceso y de calidad de atención y con un presupuesto adecuado, manejado por un poder único para su distribución. Es una reforma que no puede prescindir de modificaciones constitucionales.

Mientras tanto en los ámbitos del poder económico, financiero y mediático se establecen otras discusiones sobre ejes bien diferentes. En La Nación el columnista Carlos Pagni insiste en un análisis que antagoniza entre el sanitarismo y la economía y las finanzas. Para ese editorialista la defensa de la salud que provee la cuarentena no sería un esfuerzo en el que cooperan la acción social y el gobierno, una actividad productiva –tal vez la más significativa en tanto protege el bien-derecho más preciado: la vida—, sino un gasto y una privación de actividad. Según su estimación esta cuarentena reduce la actividad productiva en un 50% mensual.

Ese intelectual de la derecha argentina, mientras explaya alarmantes presagios cuantitativos, dramatiza negativamente la enérgica oferta argentina a los bonistas acreedores. Esa oferta que, en términos de valor actual no dista mucho de la refinanciación llevada a cabo en 2005, está para él fuertemente afectada por la estrategia de la cuarentena que agregaría, a lo que denomina problema fiscal, otro nuevo inobviable: la necesidad de financiamiento externo que requeriría el sector privado para reactivarse cuando la emergencia haya pasado. Pagni hace la construcción declamatoria perfecta que el capital concentrado reclama. Pone en duda que la continuidad de la cuarentena sea una medida correcta. Mercantiliza la salud, donde los barbijos, los respiradores y la suspensión de actividades por la necesidad del aislamiento social se miden en costos y beneficios monetizables. Un discurso en el que la vida tiene precio. A lo que agrega que la reactivación habría de venir por el lado del sector privado, que necesitaría de inversión externa.

Parece no tomar nota de que, paradojalmente, este año habrá superávit externo alto y que no habrá pagos de deuda, debido al programa que el Ministro Guzmán ha ofertado a los acreedores. El editorialista del diario conservador parte del axioma que sostiene que la actividad deberá reanudarse por la iniciativa privada, porque supone la inevitabilidad de la disciplina fiscal. En cambio, a su pesar, lo que resultará necesario para una rápida recuperación del país es un shock de gasto público, mientras se combata al Covid-19 y cuando se emprenda la recuperación de la economía. Será el Estado el actor con capacidad de encabezar una rápida reacción.

Ni la pandemia ha dado respiro para que los propagandistas del dogma neoliberal suspendieran su discurso siempre dirigido a proteger un sistema que concentra la riqueza y aboga por un derecho de propiedad irrestricto. El orador de Odisea se preocupa más por el acuerdo y la flexibilidad con los acreedores, y por las ganancias de los empresarios que tienen su actividad mermada, que por las vidas individuales y colectivas de todos los ciudadanos argentinos.

La contrarrevolución conservadora se desplegó en el mundo entero. Una voz que se contrapone con la del paradigma hegemónico en decadencia que defienden los intelectuales de la financiarización es la del médico neumonólogo y profesor de largo ejercicio en el hospital público y en universidades del mismo carácter. Dice Ricardo Gené que “a pesar de los avances del conocimiento, el desarrollo y la tecnología, veo y escucho absorto a médicos de España e Italia contar que hacen esto a diario: elegir por edad a quién ventilar o no; o peor aún, por expectativa de vida, dejarlos en su casa, con analgésicos potentes a morir en soledad, sin la atención necesaria y despidiéndose por teléfono de sus seres queridos… ¿Qué ha pasado en este mundo, injusto, desigual y criminal? ¿Por qué han empleado políticas que ahora queda muy claro que son políticas que matan? Vivo a diario con temor de que la pandemia nos llegue con esa infectividad tremenda y que tengamos que pasar por ese límite maldito, por esa disyuntiva tremenda de decir: sí o no. De decir: Este sí, este no”.

Los países europeos vienen de una década de ajustes fiscales y reducciones de gastos sociales. Disciplina fiscal, gustan decir los economistas que hoy se autopromueven para un consejo asesor de Alberto Fernández en la emergencia. Petulantes, a los que ni vergüenza les queda para llamarse a retiro o a silencio frente a la cruda realidad del tendal de muertos que ha dejado esta pandemia mundial, debido al desamparo del sistema de salud neoliberal.



miércoles, 29 de abril de 2020


En estos días de cuarentena, momento propicio para mirarse hacia adentro, recordarnos lo frágiles que somos los seres humanos y sobre todo lo frágil del sistema Capitalista para afrontar los reales problemas de la humanidad, varios periodistas de los MENTIMEDIOS, se han dado a la tarea de despotricar sobre una ayuda que llegaría de Cuba a la Argentina en medio de esta tragedia Mundial.

He participado en varios "debates" entre trolls y gente de "buena fe" que quiere entender tanto empecinamiento por embarrar una imagen de los médicos cubanos, ganada no ahora sino desde hace 60 años de ayuda al Mundo, en algunos casos cobrando, por supuesto, y en otras con un altruismo digno del Cristo de la Cruz. En esos debates he hecho unas mismas preguntas, ¿Porque será que una isla (bloqueada por el inescrupuloso de siempre (al menos desde finales del siglo 19), paladín de muchas de las desdichas de varios países a los cuales ha invadido sin excusas, o con ellas inventadas) ha dedicado tantos esfuerzos para preparar recursos humanos en el campo de la medicina y aun en medio de su pobreza comparada, ha mantenido índices de educación y salud digno de los más ricos del Mundo?, ¿Por qué será que esa Isla tantas veces vilipendiada, aun con recursos limitados, ha decidido no ser egoísta y colaborar en el campo de la medicina con todo aquel que se lo pide, sea país rico o pobre en este Mundo?. ¿Por qué será que se cuestiona a Cuba y su gobierno por lo que hace y todos olvidamos que países alrededor de ella, como República Dominicana, Jamaica, el mismo Puerto Rico (un estado más del poderoso del Mundo) no pueden, no ya crear brigadas medicas de ayuda, si no dar servicios médicos decorosos en sus países?. ¿Por qué países como los mencionados, o Panamá, Hondura, Nicaragua, Ecuador, Belice, Surinam, Guyana, que supuestamente han estado bajo "regímenes democráticos" por 60 años no pueden brindarles servicios médicos decorosos a sus poblaciones?.


Por supuesto he recibido respuestas a mi preguntas en esos foros, “ellos” siempre tienen respuestas, …”P.U.T.O. izquierdista, vete a Cuba a comer frijoles”, “El error fue que solo fueron 30 000”, “Te lavaron el cerebro,… comunista”.
La libertad de expresión es algo maravilloso.
  

Carta abierta de un médico argentino sobre sus colegas cubanos.
(Por Alberto Cerda Expósito en el blog de Iroel Sanchez “La Pupila Insomne”)

 “Me estoy informando por la tele y un destacado médico, panelista del canal de los 60 años, se preguntaba en público, ¿para qué vienen los médicos cubanos si acá tenemos una medicina de excelencia?

La reflexión me suena a un interrogante sincero, pero se mezcla con un tinte prejuicioso. Perdón doctor, también de ignorancia. Soy médico formado en la misma facultad que usted y creo que somos contemporáneos. Conozco Cuba. Tengo amigos y sé de su historia pre y posrevolucionaria. También la Escuela Latinoamericana de Salud de La Habana, donde se formaron cientos de médicos argentinos que, en otras épocas y también en las actuales, no pudieron estudiar acá.

Mi primera observación es la siguiente. Usted y yo, ¿cuánto tiempo trabajamos en las villas de emergencia o barriadas del conurbano de Córdoba enviados por nuestra querida facultad o luego por el ministerio de Salud de la provincia? Los libros son una cosa muy linda, pero in situ, mamando la realidad, compartiéndola y transformándola junto a sus habitantes, es muy distinto. Esa es la gran diferencia que tenemos usted y yo con los colegas cubanos.

Ellos se formaron en MEDICINA SOCIAL, la que no tiene el signo pesos de zanahoria, sino el compromiso SOLIDARIO, COMUNITARIO y TRANSFORMADOR como meta. Ellos cambiaron radicalmente la paupérrima realidad que heredaron de siglos de saqueo por parte de sus vecinos del norte. Luego remaron contra el bloqueo criminal a que fueron sometidos por elegir otro destino, lo que los obligó a tener un nivel de conciencia y compromiso que usted y yo no tenemos ni nunca necesitamos. La salud pública cubana es un derecho adquirido con rango constitucional, que se cumple.

Además, por ideología, la solidaridad internacional es una premisa. ¿Cuántos médicos argentinos fueron a colaborar contra el Ébola en África? ¿o a darles visión ocular a los coyas, cholos o aimaras bolivianos? América central está sembrada de médicos cubanos combatiendo las pestes que la pobreza origina.

¿Cuántos médicos nuestros están RADICADOS O POR LO MENOS ROTAN por el impenetrable chaqueño, en la puna, en el monte santiagueño, en el Bermejo, Pilcomayo o comunidades signadas por la contaminación productiva?

Nosotros fuimos formados para vivir en ciudades o centros con comodidades mínimas y sueldos de medio para arriba.

Aclaro que soy ferviente defensor de lo público y que luché y lucho por ello, pero sé de las deficiencias y los motivos por lo que somos distintos a los cubanos. Ellos se forman para una MEDICINA HUMANISTA y COMUNITARIA, nosotros en una INDIVIDUALISTA y MERCANTILISTA.

Éste es el prestigio y el motivo por lo que los médicos cubanos son CONVOCADOS y recorren el mundo. Si es que vienen, le propongo los invite a su programa y le aseguro que tendrá una agradable sorpresa.





martes, 28 de abril de 2020


ABYECTO y DESALMADO

Pocas veces he sido Vincent Moon
pero he sido
no hay manera que la crucifixión
me salve
He puesto tantas veces la mejilla sin embargo
mi cortada en la cara
la llevo en la oscura planicie
de un lugar remoto del alma
vamos infamia
mi amada compañera
algún día contaré mi historia




…You tell me not to sit around just thinkin' about this life I've had
But it's just so hard, to not
Think about The good, the ugly and the sad
But lord Things have gone my way…








jueves, 23 de abril de 2020


PALIMPBESO

Unánime beso tuyo
que derrumba espejos
de ese yo, tantas veces abordado
interrupto, hastiado de macanas
ya habituales, como los infiernos
a donde iré,
con mis molinos de extravíos
mis recetas sin comer

Unánime beso tuyo
que esconde la fragancia
de tu bondad inmensa
la sutil fantasía de mejorarme
en este caparazón de tortuga
que acumula hormigas rabiosas
de volver al traspié

Unánime beso tuyo
palimpsesto arrasador
para mi boca blasfema y arcaica
que poco tiene que decir

Unánime beso tuyo
que yo depreco
porque intuyo mi madero
agua debajo del puente
esperando abril bisiesto