Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

lunes, 27 de enero de 2020


DARWIN Y EL TALMUD
Conversación sobre Centro América y las Hormigas
(Por José Martí, La América. Nueva York, mayo de 1884)


Un paciente leedor de libros antiguos ha hallado en el Talmud pruebas numerosas de que los escritores hebreos eran perspicaces observadores de la naturaleza; y acaba de publicar una colección de escritos del libro sagrado de los judíos que demuestran que ya en aquel tiempo se tenían ideas semejantes a las que ahora pasan como novísimas, y nacidas de Darwin.

Un escritor hebreo habla muy minuciosamente de lo mucho que tiene que hacer el que la cresta del gallo esté entera en su capacidad como jefe del serrallo, y diserta sobre la pérdida visible de ánimo y vigor que se nota en las aves cuando van perdiendo aquellos ornamentos que constituyen su hermosura: así el quetzal de ahora en la América del Centro, que es fama que muere cuando se le quita la larga y tornasolada pluma que le hace de cola. Y cuando lo cautivan también muere: por eso hace el quetzal gallarda figura, como símbolo de independencia, en el escudo de Guatemala: sólo que no siempre obran los pueblos en conformidad con lo que establecen sus escudos.

Salomón señaló a la hormiga como ejemplo de criaturas cuerdas e industriosas; y un observador hebreo de aquellos tiempos viejos, afirma que Salomón tuvo razón, pues la hormiga es animal que fabrica sus casas en tres pisos y almacena sus provisiones, no en el piso más alto de la casa, donde estarían expuestas a las lluvias, ni en el piso bajo, donde podrían sufrir de la humedad, sino en el piso del medio, donde deposita todo lo que puede recoger.

Ese mismo escritor se entretiene contando que la hormiga es además muy honrada, y nunca toma lo que pertenece a sus vecinos, cuya propiedad ayuda y respeta. También esto nos trae a la memoria a un hombre de hermoso corazón, clarísimo pensamiento y notable cultura, de Centro América; al que sacudió al país de su apatía conventual, y lo echó a vivir como hubiera podido con un hijo, sin entristecerse grandemente el día en que la fortuna le quitó el premio de su valor, previsión y atrevimiento de las manos; al mantenedor brioso en Parlamentos y batallas, del decoro y librepensamiento humanos, que de Thiers tuvo tanto que hubiera sido en Francia o compañero o rival suyo, y fatigado de la pequeñez de lo común de los hombres, se sentó al fin a ver correr la vida y murió sin entusiasmo, sin fe y sin quejas; al caudillo civil y militar de la revolución liberal que sacó, para siempre acaso, de las manos de la Compañía de Jesús y sus servidores laicos a su patria Guatemala, y a Centro América tal vez: a don Miguel García Granados. Era profundo pensador, estratégico consumado, ajedrecista notabilísimo, y tan curioso en cosas de ciencia que había llegado a formar una teoría nueva, fundada en muchos hechos sobre la inteligencia, dotes de administración y gobierno y lenguaje de las hormigas. Para aquella vasta mente, servida por una razón limpia y un corazón sencillo, nada había indigno del más atento estudio.

Entre aquellos hebreos de que hablamos hubo uno, que se llamó Simón ben Chalafta. El “Experimentador” observó también mucho los hábitos de las hormigas. Un periódico de ahora, hablando de él, dice que Simón hizo, entre otros, un experimento digno de Lubbock, que los ha hecho tan buenos:–en un día muy caluroso, puso una especie de toldo sobre un hormiguero. Salió una hormiga, que iba como de centinela avanzada, vio la cubierta, y se volvió a contar el caso a sus compañeras. Asomáronse todas enseguida, visiblemente contentas de la sombra que les daba el toldo, y de cuyo recinto no salían. Pero aquí viene lo que demuestra que la naturaleza humana no es distinta de la de los demás seres vivos, en todos los cuales, como en el hombre, se mezclan a los instintos más tiernos los más injustos y feroces: quitó Simón el toldo, para ver lo que las hormigas hacían, y éstas entraron en tan gran cólera que creyéndose engañadas por la hormiga centinela y que con un falso informe las había racado a los rigores del sol, cayeron sobre ella y la dejaron muerta–En cambio, Simón cuenta otros muchos sucesos en que se ve que la hormiga gusta de contribuir y aun de sacrificarse, al bien de sus semejantes.

El lector de libros hebreos a quien nos referíamos al comenzar estas líneas cita pasajes del Talmud que dejan creer que ya para entonces se tenía como diferente sólo en cantidad la inteligencia del hombre y la de los demás animales.

Pero parece que el Talmud, después de observar mucho, había hallado que cuando se ha explicado todo lo que se ve, todavía no se sabe todo lo que se desea, ni se explica lo que no se ve y se siente, como no entendería la naturaleza del vapor, ni podría más que deducir la necesidad de su existencia, aquel que conociere solamente, aunque de un modo acabado, todas las partes de una locomotora. Así dice el Talmud, con más prudencia de la que debe guiar a los hombres, que tienen el derecho de investigar lo que entrevén, y de apagar la sed que les inquieta;–así dice el Talmud:–”No procures alcanzar lo que está demasiado alto para ti, ni penetrar lo que está fuera de tu conocimiento; ni descubrir lo que ha sido colocado más allá del dominio de tu mente. Encamina tu pensamiento hacia aquello que puedas llegar a conocer, y no te inquiete el deseo de llegar a conocer las cosas escondidas.”

Pasa el positivismo como cosa nueva, sin ser más que la repetición de una época filosófica conocida en la historia de todos los pueblos: porque esa que hemos trascrito del Talmud no es más que la timorata doctrina positivista, que con el sano deseo de alejar a los hombres de construcciones mentales ociosas, está haciendo el daño de detener a la humanidad en medio de su camino.

Se debe poner tierra primero antes de adelantar un paso en ciencia: pero no se puede hacer calzada al cielo.

El viaje humano consiste en llegar al país que llevamos descrito en nuestro interior, y que una voz constante nos promete.

Sin querer hemos llegado a este punto del extracto de la noticia de un periódico.


viernes, 24 de enero de 2020


LA INDUSTRIA EN LOS PAÍSES NUEVOS
(Por José Martí, La América. Nueva York, junio de 1883)

Florece hoy en México la industria:–y como están entrando en el país capitales nuevos; como es sabido que a la voz de las locomotoras la tierra abre sus senos; como se están poniendo ya en circulación los capitales del país, antes tímidos y enmohecidos, o consagrados a la cómoda usura; como va a haber más gente a quien vender y más dinero con que comprar, las industrias de México se avivan, y se ponen en pie para seguir a la par de la corriente que empuja, tiempo arriba, a la nación.

¡Qué bueno fuera que, con ojo seguro, los acaudalados del país se diesen a ayudar las verdaderas industrias de México,–que no son las imitaciones pálidas, trabajosas y contrahechas de industrias extranjeras, sino aquellas nacidas del propio suelo, que ni para nacer ni para vivir necesitan pedir prestado el alimento a pueblos lejanos, sino que trabajan de cerca e inmediatamente los productos propios! Y ¡qué malo fuera que en vez de echar por este campo industrial, fértil, ancho y legítimo, se diera México a emprender una lucha desesperada, penosa e infecunda, para colocar en su territorio a altos precios productos que aunque se puedan hacer mecánicamente en el país, no se pueden económicamente hacer, esto es, no se pueden producir de una manera ventajosa para el país, y vencedora de las industrias similares rivales!

Pues ¿dónde hay caudales mayores que en los Estados Unidos? ¿dónde han llegado a tal desenvolvimiento la asociación y el crédito, que son las dos claves con que ha de leerse en el interior, a primera vista maravilloso, y en verdad sencillo, de este pueblo? ¿dónde se cerraron jamás con más dureza las puertas de la nación a los productos de las industrias que cultivaban los fabricantes nacionales? Pues, en no siendo en aquellas labores que legítimamente arrancan de su propio suelo, y se dan naturalmente en él, en las que llegan a pasmoso desarrollo las industrias americanas, no han podido aún acercarse a sus rivales perfectas de Europa, a pesar de que no hubo nunca país industrial favorecido a la vez por capitales tan grandes, por tal monto de condiciones generales benéficas, y por suma tan recia y severa de leyes prohibitivas.

Pueblos nuevos que han de vivir con sustos y trabajos, aun en medio de alzas aparentes y de irrupciones vertiginosas, hasta tanto que se serene la polvareda de la marcha, y se vea qué queda después de ella;–pueblos nuevos a quienes el ansia ajena y la propia pueden llevar, como globo con exceso de gas, a alturas donde la atmósfera ya no es respirable;–pueblos nuevos, sin los beneficios, crisoles y tamices de la experiencia, que depura y decanta, y deja lo útil, sino con los hervores, prisas y ceguedades de la mocedad, pagada de lo premioso, fantástico y brillante;–pueblos nuevos sin facilidades mecánicas generales, ni habilidad hereditaria, ni grandes organismos industriales que favorezcan la producción, ni comodidad geográfica, ni posibilidad racional para enviar a distancias considerables por vías caras, productos imperfectos, a luchar en los mercados donde éstos se dan naturalmente, perfectos, sin transportes que los graven ni viaje que los deteriore, y más baratos; pueblos nuevos sin abolengo, ni vecindades, ni constitución industriales, no pueden producir ventajosamente industrias que vienen siendo el patrimonio, necesidad espoleadora y ocupación secular de países poco fértiles, donde la pobreza de la tierra aviva el ingenio,–de países constituidos industrialmente, de manera que el arte mismo es torcido a los propósitos de la industria, y las escuelas, los talleres, las leyes mismas talladas de manera que coadyuven a las grandezas y facilidades industriales. Los Estados Unidos, con relojeros de todas partes del mundo: con caudales pasmosos, y con la legislación más amparadora de los productos nativos que puede apetecer pueblo alguno, producen a $2.75 relojes inferiores, en seguridad, material y apariencia, a los que pueden por cinco francos obtenerse en Suiza.

Es imposible, por otra parte, que un gran territorio agrícola y minero no sea también un gran territorio industrial. Es imposible que tan gran reino vegetal no traiga en su diadema, toda de joyas nuevas, industrias propias y originales. Es imposible que del maguey no surjan nuevos telares, nuevas ruedas de dientes poderosos, nuevos cobertores, nuevo cordelaje, nuevos paños, espíritus nuevos. Es imposible que tales riquezas industriales queden en abandono o en desmayo; porque lo que tiene razón de vivir trae consigo tal pujanza que no hay preocupación de escuela, ley hostil, o capricho pasajero que lo ahoguen.–Y bien puede ser que haya en México industrias viables, que en el primer momento no lo sean, por ser también industria de otros países: mas a esto viene el genio industrial, que preveé que a la larga, por dolorosos que sean los comienzos, e idénticas a las propias las ventajas del pueblo rival, no podrá suceder al fin–que en el propio suelo venzan, ni asomen a lidiar con los productos directos, otros iguales que aunque sean también directos en el país que los produce, tienen que echarse a la mar y salvar tierras para entrar, con armas ya vencidas, en el combate.–Es, pues, de alentar toda industria que tenga raíces constantes en el territorio que la inicia:es de rechazar como una rémora, como una catástrofe vecina, como un vicio de la mente, como un mal público, toda industria que, sin más mercado que el reducido del país propio, se empeñe en vencer, por sobre constantes e incontrastables elementos adversos, a industrias perfectas, antiguas, probadas y baratas, cuyos productos pueden venir, sin pérdida inútil de fuerza, fe, tiempo y caudales nacionales, de otros países.
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Palabras de Abel Prieto Jiménez, en la inauguración de la edición 61 del Premio Literario Casa de las Américas 2020


Quiero reiterar la bienvenida a los miembros del Jurado que vinieron desde distintos países de la región. Les agradecemos muy especialmente que hayan aceptado la invitación de la Casa de las Américas en tiempos tan turbulentos y que nos hayan traído su apoyo y solidaridad. Reciban también nuestro abrazo y gratitud los jurados cubanos, todos ellos parte de la familia de la Casa.

Este concurso se fundó en 1960, unos meses después del nacimiento de la institución. Cuando uno revisa el libro que prepararon Jorge Fornet e Inés Casañas (Premio Casa de las Américas. Memoria. 1960-1999), con la relación completa en ese período de premiados y jurados, comprende enseguida que la historia del Premio “es también la historia de buena parte de la literatura latinoamericana y caribeña de las últimas cuatro décadas”. Muchas figuras centrales de nuestras letras participaron como jurados del concurso, Nicolás Guillén, Asturias, Carpentier, Cortázar, Arreola, Lezama y un largo etcétera de nombres ineludibles.

El Premio sirvió al propio tiempo, como se dice en el libro, para “estimular el esfuerzo de los nuevos escritores”. “De hecho, autores como Soler Puig, Roque Dalton, Ricardo Piglia, Bryce Echenique, Skármeta y Eduardo Galeano daban sus primeros pasos en la literatura cuando fueron galardonados y publicados por la Casa”.

Organizar anualmente el Premio, lograr divulgarlo y que llegaran a tiempo a Cuba los manuscritos y los miembros del Jurado, publicar luego los libros premiados y distribuirlos internacionalmente, no eran tareas fáciles para una pequeña Isla bloqueada y hostigada desde muy temprano por los EEUU; una Isla satanizada, además, con la cual todos los países de América Latina rompieron relaciones diplomáticas (con excepción de México); una Isla rodeada de agua, de amenazas y calumnias.

Quisiera compartir aquí los testimonios de dos escritores latinoamericanos muy cercanos a nosotros, muy nuestros, que aparecen en el libro de Jorge e Inés.
Dijo Julio Cortázar:

“La Casa empezó cuando todo era abrumadoramente precario y difícil (…). El Premio representaba entonces algo así como un desafío inesperado, (…) no solamente era difícil participar en él como candidato o como jurado, sino que todo el (…) proceso resultaba aún más difícil; la composición e impresión de los libros (…), el papel, las tintas y las máquinas casi siempre ausentes o deficientes, y la distribución al exterior que en muchos casos tenía más de ideal que de realización práctica.”

Y a su vez Mario Benedetti, cuyo centenario recordaremos en los próximos días, durante la Feria del Libro, nos dejó un testimonio muy revelador de la tenacidad de esta Casa, que fue, sin ninguna duda, su Casa, durante muchos y muy fecundos años:

“La Casa (…) hizo tremendos y exitosos esfuerzos por vencer el bloqueo cultural y siguió trayendo a latinoamericanos (…), aunque para ello tuviera que traerlos a través de complicadísimos itinerarios que pasaban por Checoslovaquia, Irlanda y Canadá. (…) La primera vez que vine a Cuba, en enero de 1966, (…) tuve que volar nada menos que cincuenta horas, (…) e incluso quedar anclado durante 18 días en Praga porque los viejos y beneméritos aviones Britannia (los únicos que entonces tenía Cuba) (…) era imprescindible que fueran urgentemente atendidos por los geriatras de la aeronáutica. Pero estoy seguro de que la Casa nos hubiera traído en avionetas, o en barcos de vela, o en lanchas con motor fuera de borda, con tal de que el Premio siguiera derrotando el bloqueo.”

Este Premio Casa 2020 hubo que hacerlo en condiciones de extrema tensión por la política de la administración Trump, que ha reforzado ese bloqueo y su agresividad hasta límites inconcebibles, realmente inéditos. Estuvimos hasta evaluando si podríamos finalmente trasladar a los Jurados hasta Cienfuegos o si nos movíamos hacia algún otro lugar más cercano. Por supuesto, contamos con todo el apoyo del Ministerio de Cultura, del Ministerio de Turismo, de las autoridades de Cienfuegos, y pudimos mantener el programa como se había concebido.

Lo que nunca estuvo en duda, puedo asegurárselo, es que íbamos a llevar adelante el Premio y que iba ser una nueva victoria de la cultura cubana y de la cultura latinoamericana y caribeña.

Ahora quisiera hablar de alguien que nos falta en este acto: Roberto Fernández Retamar, director de la revista Casa desde 1965 y presidente de esta institución durante más de treinta años. Es una ausencia dolorosa, una herida muy difícil de curar (incurable seguramente). Su liderazgo, la hondura de sus reflexiones y de su poesía, llenaron los espacios de la Casa, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la Universidad de la Habana, del Centro de Estudios Martianos y de toda nuestra cultura y dejaron una huella irrepetible. Nos legó una obra mayor, trascendente, que ha nutrido de modo decisivo el pensamiento de la descolonización a escala universal.

Nadie como Roberto supo desmontar de manera tan lúcida y aguda los estereotipos, las palabras y conceptos engañosos, la mirada colonizadora, eurocentrista y yanquicentrista, y el mito de la superioridad de Occidente sobre los pueblos del Oriente y del Sur.

La Casa se levanta sobre una plataforma conceptual que tiene que ver con todo ese desmontaje que hizo Roberto. Y tiene que ver obviamente con Bolívar, Martí y Fidel; con los aportes de muy numerosos creadores, de la cultura popular, del patrimonio vivo tan rico que tenemos, de toda esa impresionante acumulación multicultural (liberadora y anticolonial) del ámbito latinoamericano y caribeño.

Martiano de los más devotos y penetrantes que hemos tenido, intérprete genial de la cosmovisión del Apóstol, de su ideario antimperialista, latinoamericanista y tercermundista, Roberto siguió la misma ruta de Fidel y de otros intelectuales nuestros: llegaron al marxismo después de haber convivido intensamente con Martí.

Roberto trabajó muy cerca de Haydée Santamaría y, por tanto, muy cerca de Fidel. Se alimentó en un diálogo incesante de sus concepciones. Entendió a fondo su modo singularísimo de razonar, de debatir, de hilvanar ideas disímiles a través de aparentes digresiones y de regresar una y otra vez al núcleo central de su pensamiento antidogmático, inagotable, enemigo de las respuestas simplistas, esquemáticas, siempre dispuesto a explorar los entresijos de la historia, a extraer de esa búsqueda lecciones sorprendentes, y a viajar al futuro para prever trampas, peligros, distorsiones e imaginar todas las soluciones posibles e incluso las imposibles.

Recuerdo que Roberto decía que Fidel era martiano sin necesidad de citar a Martí, de una manera tan natural y orgánica como quien respira. Y hoy podríamos decir que en Roberto estaban instalados orgánicamente, juntos, Martí y Fidel. Conoció además al Che, que lo impresionó como político, como fundador de la Cuba nueva, y como profundo intelectual, y escribió páginas excepcionales sobre él. Y lo leyó todo y lo debatió todo —y por eso nos ha dejado tantas pistas indispensables.

Haydée encontró en Roberto un colaborador fraterno, leal, de enorme utilidad, en medio de las complejísimas batallas de los años 60 y 70, cuando EEUU reforzó su ofensiva en el ámbito cultural para aislar a Cuba e impedir a toda costa que se articulara un movimiento artístico e intelectual crítico, no controlado por el sistema.
Para recordar a Haydée, en una ocasión como esta, hay que darle la palabra una vez más a Roberto:

“…la Casa tiene el sello de Haydée Santamaría. Ella marcó para siempre con su impronta de fuego la Casa. (…) Era una persona única, extraordinaria, que marcaba con su sello cuanto hacía e hizo muchas cosas. (…) Haydée (…) llevó a la Casa de las Américas no la sabiduría académica, que no tuvo ni le interesaba para nada, sino la frescura de entrar en el mundo de la cultura sin prejuicios. (…) Tenía una inteligencia deslumbrante, que era, creo yo, particularmente deslumbrante porque no se atenía a norma alguna. (…) Ella conoció horas extraordinariamente graves de nuestra América. Logró, a través de la Casa, que Cuba mantuviera relaciones culturales a menudo muy intensas, con muchos de los mejores escritores, intelectuales y artistas de América Latina.”

Una de las claves para establecer este vínculo con todo el continente tiene que ver con la convicción de que la cultura es ante todo una vía para la emancipación del ser humano. Esta es una idea básica. Se traiciona a la cultura si se le emplea como instrumento de dominación, si se le ve como algo colateral, como ornamento, como mercancía.

Este Premio resulta ciertamente un espacio insólito en medio del clima que predomina en los circuitos hegemónicos de promoción artística y literaria, donde el mercado se ha erigido en juez supremo. La atención hoy se concentra en los productos o subproductos culturales que se venden bien con el respaldo del eficaz aparato publicitario de la industria. Como dijo amargamente hace ya varios años Dubravka Ugresic, el mercado literario ha tocado fondo; ha llegado al punto en que las memorias de Mónica Lewinsky merecen más publicidad que las obras completas de Marcel Proust.

En un contexto así, la Casa de las Américas, desde la Habana, sigue convocando tenazmente a su Premio literario, sin hacer concesiones, sin perder un ápice de su naturaleza libre y creadora, sin distanciarse ni un milímetro de aquello que lo ha caracterizado desde su fundación.

El Premio Casa ha sido anticolonial, martiano, calibánico, expresión de apego innegociable a la cultura; ajeno por esencia a las operaciones de marketing de los conglomerados editoriales en que se han convertido muchos concursos de los más publicitados. El Premio se concentra en el rigor y la calidad de las obras que concursan, en su calado, en los desafíos que se proponen, y no en el “gancho” ni en los efectos baratos ni en los potenciales éxitos de venta.

Tampoco ha sido jamás un concurso para promover literatura panfletaria. En una ocasión similar a esta, Roberto les solicitó a los jurados que recordaran una observación de Martí: “La poesía, que es arte, no vale disculparla con que es patriótica o filosófica, sino que ha de resistir como el bronce y vibrar como la porcelana.”

Actualmente el panfleto que está de moda, en realidad, y se difunde y premia con mucho entusiasmo y mucho dinero es el panfleto de derecha. Nadie se permite llamarlo “panfletario”; pero esa es verdaderamente su función: secuestrar la subjetividad del lector en un estilo divertido y ligero y conducirlo a aceptar el sistema y adaptarse a su posición de sumiso consumidor.

La crisis cultural que vive el mundo está acompañada de una crisis moral, política, institucional, jurídica. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, dijo Marx en 1848, y luego, en 1992, Marshall Berman tituló así un libro suyo muy valioso. Hoy habría que repetir la frase, todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado. La verdad y la mentira conviven promiscuamente. Para vencer a tu enemigo, para ganar, cualquier recurso es válido. No hay límites, no hay decoro, no hay pudor.

Por otra parte, todo tiende a trivializarse y a convertirse en show, la política, la guerra misma, las amenazas del Emperador a través de Twitter. Su arrogancia y la de su corte no conocen fronteras. Los conflictos no se negocian. Terminan (o empiezan) con ataques, sanciones y más sanciones, y se quiebran una y otra vez los principios sobre los que se creó la ONU, el multilateralismo, el consenso, la igualdad de los países independientemente de su tamaño o de su fuerza militar o económica. Las normas más elementales de la convivencia internacional son ignoradas por un grotesco Emperador a quien Roberto llamó certeramente “Calígula atómico”.

Este Premio se ha convocado en medio de circunstancias históricas muy dramáticas y convulsas en la región. Si Haydée “conoció horas extraordinariamente graves de nuestra América”, nosotros hemos estado viviendo horas similares. Presenciamos los incendios en la Amazonía, y otros incendios asociados a la ofensiva de la ultraderecha y de EEUU, a la resurrección de la Doctrina Monroe y del macartismo, a conspiraciones y trampas judiciales contra líderes progresistas, a crímenes atroces.

Hemos visto en las redes, y por Telesur, fosas comunes recién descubiertas con cientos de cadáveres; jóvenes que han perdido la vista por balines de los carabineros; niños migrantes en jaulas, separados de sus familias; manifestantes golpeados, torturados, quemados con chorros de agua mezclada con ácido, asesinados; expresiones impúdicas de asedio, persecución política y venganza. Han resurgido formas de terrorismo de estado que parecen provenir de los años de Pinochet, de Videla, del Plan Cóndor.

El 2019 se inició en Nuestra América con un “presidente” apócrifo que se autoproclamó en Venezuela, fue reconocido apresuradamente por 50 países encabezados por EEUU, y se inauguró una escalada de todo tipo de agresiones contra el gobierno legítimo de esa nación hermana. Y el año terminó en Colombia con una cifra record de líderes sociales sacrificados y en Chile con los carabineros arremetiendo contra miles de manifestantes que se habían reunido en la Plaza de la Dignidad en espera del año nuevo mientras rendían homenaje a las víctimas de la represión.

No por azar en el 2019 se multiplicaron en EEUU los delitos y los grupos de odio. Fue un año pródigo en tiroteos masivos. El 3 de agosto un joven supremacista blanco asesinó en El Paso, Texas, a 22 personas e hirió a otras 24. Había ido allí con un fusil y muchas municiones “a matar mexicanos”, según declaró. Los analistas más serios concuerdan en que el crecimiento vertiginoso de estos fenómenos se inició a partir de la campaña electoral del 2016 de Trump. Su retórica antiinmigrante, agresiva y racista, ha funcionado hacia dentro del país y hacia el exterior. Sus desplantes frecuentes con relación a América Latina y el Caribe están cargados todo el tiempo de desprecio y racismo.

No debemos olvidar que los métodos de demolición cultural de los pueblos considerados inferiores para justificar las guerras de conquista fueron usados por griegos y romanos, por los rapaces caballeros de las Cruzadas, por los “descubridores” de América, por los que cazaron en África a hombres, mujeres y niños “salvajes” para esclavizarlos.

El genocidio de Hiroshima y Nagasaki fue precedido en EEUU por el internamiento de más de 120 mil inmigrantes japoneses en campos de concentración y una campaña crudamente racista. Al hacer una crónica sobre la batalla de Iwo Jima (febrero-marzo de 1945), la revista Time dijo que “el japonés medio es irracional e ignorante. Quizás sea humano, pero nada lo indica”. ¿Cuántas veces en la historia de Occidente se les ha negado la condición humana a las víctimas “inferiores” de los poderosos?

Hoy argumentos muy parecidos se repiten para legitimar la violencia del sistema contra quienes se le oponen en los medios de comunicación y en las redes sociales —empleadas cada vez más de manera fraudulenta, para manipular electores y elecciones y fomentar prejuicios y corrientes de opinión falsas.

Hemos visto escenas en Bolivia, tras el golpe de Estado, que recuerdan los días de la Conquista, cuando se juntaron la cruz y la espada para imponer la opresión y el saqueo. Han brotado manifestaciones fundamentalistas, contra los movimientos indígenas y contra la vida y la integridad física de su gente.

El resentimiento que ha salido a flote contra símbolos y tradiciones indígenas, contra las mujeres que usan pollera, contra una bandera como la wiphala, tiene raíces muy profundas y vínculos genéticos con el fascismo. Por eso es tan significativo que la Casa haya convocado este año al Premio de Estudios sobre Culturas Originarias de América. Por eso este Programa, el dedicado a las Culturas Originarias, que coordina Jaime Gómez Triana, adquiere en el contexto actual una jerarquía mayor.

Mientras más belicosa y primitiva es la barbarie, resulta más importante mantener el rigor de las investigaciones que debe promover la Casa sobre estos procesos culturales específicos, acompañadas, obviamente, por la más amplia difusión de sus resultados. La cultura auténtica es un antídoto de eficacia incuestionable frente al neofascismo.

Cuando hicimos la conferencia de prensa sobre el Premio, estuve comentando un texto de Roberto (“Notas sobre América”), publicado en la revista Casa. Allí habla, con la misma angustia de Eric Hobsbawm, del ascenso incontrolable de la barbarie durante todo el siglo XX y lo que va de XXI y nos convoca a no abandonar nunca, ni en las peores circunstancias, la fe en las utopías y en la esperanza.

Una barbarie, como dice Roberto, que se expresa en una capacidad destructiva abrumadora que nunca tuvo Hitler y sí tiene en cambio el Emperador de este nuevo Reich, el “Calígula atómico”. Para colmo, Trump se niega a aceptar el cambio climático y sus consecuencias ya prácticamente irreversibles para el planeta y para la especie.

En cuanto a Cuba, ya les hablé un poco al principio de la obsesión de EEUU contra nosotros. Por primera vez desde que se dictó la Ley Helms-Burton, un presidente yanqui ha firmado los capítulos que permiten presentar demandas ante tribunales estadounidenses a los supuestos dueños o a descendientes de dueños de propiedades nacionalizadas por la Revolución contra cualquier empresa o ciudadano del mundo que esté invirtiendo en una de esas propiedades. Es una aberración jurídica, extraterritorial, inadmisible. Máxime si recordamos que Cuba ofreció negociar indemnizaciones, y EEUU siempre se negó, pensando, claro, recuperarlas por la fuerza cuando llegara el momento.

Aspira a espantar a los inversionistas extranjeros. Aspira a asfixiarnos, como todas las nuevas medidas restrictivas que ha venido tomando EEUU contra Cuba, prácticamente cada semana, a los cruceros, a los vuelos, a las remesas, a los intercambios profesionales y académicos. Todo eso acompañado de un diluvio cada vez mayor y más desvergonzado de mentiras.

Con la persecución a navieras, barcos y compañías aseguradoras que debían traer a la Isla el combustible comprado, trataron a partir de abril de 2019 de estrangularnos con acciones de abierta piratería y una presión desmedida y cruel. Pero el país no se detuvo. No se detuvieron los programas básicos, vinculados a la construcción de viviendas, a la producción de alimentos, a la sustitución de importaciones, a impulsar la exportación de los rubros tradicionales y de otros nuevos. No se detuvo la batalla contra todo vestigio de burocracia, contra la insensibilidad, contra la rutina.

No se detuvo la intensa vida cultural del país. Se celebró con mucho éxito el Festival de Cine. Ahora acaba de terminar un prestigioso evento internacional de Jazz. En febrero tendremos nuestra Feria del Libro.

Como dijo el Presidente Díaz-Canel, usando una frase popular que sintetiza las situaciones peligrosas por las que hemos pasado, “Nos tiraron a matar, y estamos vivos”.

Sabemos que en este 2020 van a seguir cerrando el cerco y tirándonos a matar; pero vamos a sobrevivir. En nuestra gente hay una conciencia muy clara de que nos estamos jugando cosas medulares y demasiado trascendentes —y nadie va a venir a engañarla con espejismos.

Este mismo Premio Casa de las Américas es sin duda una victoria sobre el afán enfermizo de destruirnos. Representa otra apuesta de Cuba por la cultura, por la vida, el pensamiento, la poesía, la inteligencia, la solidaridad, ante el discurso del odio, del neofascismo, de la estupidez arrogante, de la mentira y la manipulación.

Es una victoria de Cuba a la que ustedes, los jurados, han contribuido decisivamente. Sin ustedes, sin la solidaridad y el respaldo de ustedes, este Premio hubiera fracasado.

La Casa de Haydée, Roberto, Mariano, de los fundadores, Marcia, Silvia, Chiqui, y de los que se fueron sumando sucesivamente a este equipo, Nancy, Miriam, Idelisa, Aurelio, Luisa, María Elena, Vivian, Jorge, Jaime, Yolanda, la otra Silvia, Camila y muchos más, está habituada a trabajar en medio de obstáculos y adversidades. Es un modelo sorprendente de resistencia. Hasta ciclones y marejadas la han embestido con saña, pretendiendo arrasarlo todo, la memoria conservada aquí, los libros, las cartas, las revistas, las piezas de arte. Le han hecho daño a la Casa; pero no han podido destruirla. Tenemos un admirable colectivo de trabajadores (como les decía el otro día a los periodistas) que se caracteriza por su sentido de pertenencia, por el orgullo de formar parte de esta institución, por llevar en sí una chispa vivificadora de la mística de Haydée.

A veces me parece que la Casa es como una réplica en pequeño de la Cuba que enfrenta ciclones, tornados, bloqueos y golpes bajos, y sigue empecinada en no renunciar a la utopía.

2003 se asemeja de algún modo a 2019 y a este 2020. En marzo de aquel año, Bush anunció la invasión a Irak. En Miami, los grupos extremistas de origen cubano salieron a la calle a gritar “Irak ahora; Cuba después”. Antes, en 2002, Bush dijo que su ejército tenía que transformarse en “una fuerza militar lista para atacar inmediatamente 60 o más oscuros rincones del mundo”. “Oscuros”, dijo, y a nadie se le escapó la intención racista de la palabra.

En enero del 2003, en un evento dedicado a Martí, Fidel afirmó que “la gran batalla se librará en el campo de las ideas y no en el de las armas” y exhortó a los participantes a trabajar sin descanso por “sembrar ideas” y “sembrar conciencia”.

La Casa de las Américas se ha apropiado de aquella exhortación. Es uno de los mandatos que nos dejó a los hombres y mujeres de la cultura. Ideas, conciencia, frente a los que creen que el dinero y las bombas y la fuerza bruta lo pueden todo.

Ya voy a terminar estas palabras, que han resultado demasiado extensas; pero, antes de concluir, quiero anunciar el estreno de un audiovisual que tiene un significado muy particular para nosotros. Nació de la relación que tuvo siempre Haydée con Martí. Desde la Casa, Haydée invitó a trovadores cubanos a musicalizar sus poemas. Así se hicieron varios discos muy hermosos. Entre ellos, Versos de José Martí cantados por Sara González. Dentro de unos minutos vamos a escuchar una de las piezas de ese disco.

El audiovisual tiene un texto introductorio brevísimo que explica la intención de la Casa. Los amigos que vienen del extranjero quizás no están al tanto; pero en los primeros días de enero de 2020 circularon en las redes sociales imágenes de bustos de Martí manchados ofensivamente. Aquí en Cuba la gente ha reaccionado con mucha indignación ante la afrenta, y se han hecho muchos actos de desagravio al Apóstol y de rechazo a la infamia.

(Estos hechos, por cierto, tuvieron un antecedente en noviembre de 2019, en Santa Cruz, Bolivia, donde unos fascistas partidarios del golpe de Estado cubrieron con tinta negra un retrato en cerámica de Martí hecho por el escultor boliviano Lorgio Vaca. Otra coincidencia: hace unos pocos días profanaron la tumba del trovador chileno Víctor Jara, torturado salvajemente antes de ser asesinado por Pinochet y resucitado ahora con sus canciones en las jornadas de protesta contra Piñera. Al fascismo lo exasperan los símbolos de la emancipación, sobre todo si mantienen su presencia.)

Volviendo a Cuba y a Martí, debo terminar diciendo que la Casa de las Américas se suma a las expresiones de reivindicación martiana de nuestro pueblo con el audiovisual que vamos a ver y a escuchar ahora.

Muchas gracias.




Bolivia: la brújula de la derecha señala cinco puntos cardinales
(Por Jaime Iturri Salmón, en PAGINA12)


Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho competirán en las elecciones de mayo. 

Si hay una palabra en que todas las fuerzas contrarias al Movimiento al Socialismo coinciden esta es Unidad. El problema es cómo se entiende esto. Porque todos los candidatos señalan Unidad pero detrás de mí.

Así es muy posible que la derecha vaya atomizada en cuando menos 5 fórmulas. Todas ellas buscando salir segundos con la esperanza de que haya ballottage y reciban el apoyo de los otros contra ese fantasma que recorre Bolivia y que se llama proceso de cambio.

El primero en anunciar su candidatura fue Luis Fernando Camacho, abogado cruceño hijo de cochabambino que fue formado en la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista y llegó a ser su vicepresidente. Entre 2008 y 2009 la Unión Juvenil fue acusada de organización paramilitar por la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Meses antes de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, Camacho juró al Movimiento Nacionalista Revolucionario cuyo mandato concluyó con la renuncia de Goni el 2003.

El 2019 fue elegido presidente del Comité Por Santa Cruz. Irá acompañado de otro cívico. El potosino Marco Pumari quien coqueteó con el troskismo y posteriormente fue jefe de juventudes del MAS en su región organización de la que fue expulsado por un manejo “irregular” de dineros.
Agrupaciones como las del alcalde cruceño Percy Fernández han manifestado su apoyo al grupo cívico.

Tutito busca carguito
El segundo en lanzarse al ruedo fue Jorge Tuto Quiroga, un cochabambino que fuera ministro de gobiernos neoliberales, vicepresidente de Banzer y que finalmente asumió cuando el exdictador ya estaba desahuciado por el cáncer.
Fue candidato perdedor en otras dos contiendas electorales.
Recientemente Quiroga renunció a ser vocero internacional de Jeanine Añez para convencer al mundo que en Bolivia no hubo golpe de Estado.
Él siempre proclamó su admiración por el partido Republicano en Estados Unidos y estudio en Texas. Dice que Bolivia es demasiado pobre para ser de derecha. Bueno …

Verde que te quiero verde
La otra derecha cruceña es la comandada por el también excívico Rubén Costa cuyo nombre es Demócratas pero son conocidos como los verdes (uno de los dos colores de la región junto al blanco)

Ellos son los que actualmente se encuentran en el poder ya que Jeanine Añez es su militante.
En las elecciones del 2019 obtuvieron el 4.5 % de los votos pero ahora corren el peligro de desaparecer.

Camacho y Quiroga les disputan el electorado de ultraderecha. Pero de todos los verdes, la mejor posesionada es la actual presidenta Añez a quien un importante sector de su militancia quiere llevarla a las elecciones.

Ya la mandataria de facto ha abierto las compuertas a la posibilidad. Hay sillas que tienen la maldición del que se sienta no quiere irse más. La presidencial en Bolivia parece ser una de ellas.

El problema en los Demócratas (sólo tienen algún peso electoral en Santa Cruz y el Beni) es que Rubén Costa quiere apoyar a Camacho (para salvarse él mismo de las acusaciones de traición al movimiento autonomista cruceño) pero eso significaría subsumirse en un grupo inestable y aceptar las imposiciones de excívico que ha dicho: con todo gusto pero sin que éste obligado a nada y sin varios de sus cuadros a los que no quiero ni ver. En esta lista estaría incluso Oscar Ortiz.

Y por si fuera poco un sector del Partido Demócrata Cristiano anuncia la candidatura de Jasmine Barrientos, nieta del ex dictador René Barrientos y furibunda crítica de Morales.

Mesa tras el voto del centro
El expresidente Carlos Mesa pretende desprenderse de izquierda y derecha y por ello ha señalado que su propuesta será respetuosa de los Derechos Humanos. No tiene el arrastre del 2019 donde primó el voto útil pero sí de sectores sobre todo de clase media que temen la violencia de cualquiera de los dos extremos. Al miedo a los indios se suma que más de uno considera que el actual gobierno está cometiendo arbitrariedades y abusos peores a los que le endilgan al partido de Evo Morales.

Mesa es sobre todo un intelectual de centro y sueña con terciar en la segunda vuelta y retornar al voto útil que lo llevó al 35 %.
Junto a él podría presentarse Samuel Doria Medina, un empresario y político que aún desoja margaritas para ver con quién irá a las elecciones.

Los milagros de Evo
Morales logró nuclear alrededor suyo a militantes de todas las izquierdas. Trotskystas, guevaristas, maoístas, kataristas, militantes del viejo PC. Los mejores cuadros de 40 años de lucha de esa histórica izquierda que había combatido a las dictaduras y al neoliberalismo se sumaban al llamado de eses indígena dirigente de los muy combativos cocaleros.

La derecha parece no tener el hombre, o la mujer, que posea ese imán.



jueves, 23 de enero de 2020


INTOLERANTE

No lo puedo aceptar
y mira que estudié el tunel
la luz corpuscular
o de onda
que alguien me explicó en el MEI
pero es la Mamma,
yo quiero bendita mujer
que me dures como Uruk
porque vos estuviste
en el Estigia y a la izquierda de EL
viniste luego, para contarnoslo
no por gusto allá en Lawton,
te llamaban, la gitana Lisso,
mi brother como devoto que te cuida
lo sabe
yo de lejos,
siempre tu nimbo vi
Dame una chance que falta poco
para volverte a ver
yo quiero bendita mujer
que me dures como Uruk
un beso mas


...Мать моя, кончай рыдать,
Давай думать и гадать,
Когда меня обратно привезут!







¿CUÁNTO GANA UN SOJERO?
(Por Medardo Ávila Vázquez, en el blog “El Cohete a la Luna”)


Es la pregunta a media voz que se hacen los argentinos, entre ellos los vecinos de los 2.172 pueblos fumigados de la zona donde se cultiva soja y maíz transgénico. Porque a pesar de todas las evidencias del daño que producen los agrotóxicos a la salud, los productores siguen aferrados al modelo de la agricultura tóxica. Y la misma pregunta se hacen los que observan azorados cómo se comienzan a reproducir los tractorazos del campo tóxico con la excusa de que el nuevo gobierno actualizó el valor de las retenciones que impulsó el gobierno de Macri.

Entre las respuestas a la pregunta se encuentra el análisis del economista cordobés Fernando Oviedo, que se llega a la conclusión de que un productor dueño de un campo de 200 hectáreas en la zona núcleo alcanzaría este año una renta mensual de 480.000 pesos por mes (7.620 dólares por mes). Esta cifra se alcanza considerando que como el rendimiento por hectárea es de 4,5 toneladas (45 quintales), ese campo produce 900 toneladas de soja, lo que multiplicado por $ 14.330 (227 dólares en ese momento) de la cotización de la tonelada de soja en la Bolsa de Comercio de Rosario (cotización en ascenso en el último mes), se genera un ingreso bruto de $12.897.000. Si a esa cifra le restamos las retenciones que le descuenta el acopiador/exportador, $ 3.869.100 (equivalentes al 30% de $12.897.000), le restamos gastos de estructura por $ 1.512.000 ($ 7.560 por hectárea), le restamos los gastos de cosecha por $ 756.000 ($ 3.780 por hectárea) y le restamos $1.008.000 de gastos de comercialización ($5.040 por hectárea), nos da un margen de $ 5.751.900 por cosecha de soja. Suponiendo que no haga nada más en el campo y que trabaje solo esos 4 meses, estamos hablando de un resultado neto mensual para todo el año de $479.325, habiendo ya detraído impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales (incluidos todos en los gastos de estructura).


Sin embargo en estos días crece una campaña del agronegocio, argumentando que los productores sojeros con las retenciones actuales pierden plata. Todo se sustenta en un análisis de Néstor Roulet, un ex funcionario de Macri y el principal vocero de los piquetes sojeros del 2008 en la provincia de Córdoba. Según Roulet, los productores sojeros van a perdida en esta campaña 2019-2020 y por hectárea perderán 32 dólares, o sea que en el caso del ejemplo de un campo de 200 hectáreas su propietario no tendrá ninguna ganancia y perderá $ 403.200 al terminar de comercializar su cosecha, mientras para el economista Fernando Oviedo tendrá una ganancia de $ 5.751.900 ($ 479.000 para los doce meses).
Nestor Roulet es muy conocido en Córdoba. Fue candidato a Vicegobernador del Milico Aguad, es un productor originario de Canals, en el sureste cordobés. Un pueblo que tiene la desgracia de contar con la mayor cantidad de muertos de cáncer por año. Un estudio de epidemiologia comunitaria supervisado por la Red de Médicos de Pueblos Fumigados demostró que entre todos los vecinos de Canals difuntos entre abril de 2017 y marzo de 2018, el 55% murió a causa de un cáncer, cuando en todo el país solo mueren de cáncer el 20% de las personas. Los Roulet también han participado del gobierno de la municipalidad de Canals, municipalidad administrada desde hace 16 años por intendentes y concejales sojeros que fumigan masivamente su propio pueblo. Todos los años Roulet publica informes en el portal Agrositio donde supuestamente demuestra cómo los sojeros tienen márgenes de ganancia sumamente exiguos, algo que parece contradecir los niveles de consumo de esos grupos.

Parece que hay dos análisis con resultados muy diferentes, pero recientemente (el 27/12/19) el periódico vocero del agronegocio cordobés AgroVoz publicó un estudio del economista Carlos Ghida Dazza del Inta de Marcos Juárez, demostrando que los márgenes del agro se triplicaron en los últimos 40 años, en los que según sus cálculos, el resultado operativo (lo que le queda al productor después de pagar todos los gastos fijos, como alquileres, siembra, fumigaciones y cosecha; y los de estructura, como impuestos y recursos humanos) de los productores de la zona núcleo cordobesa es de 331,7 dólares por hectárea en la última década. Si tomamos el ejemplo de las 200 hectáreas del productor de Fernando Oviedo, su renta mensual es de $ 347.550. Un poco menos pero aun muchísimo dinero, en este cálculo el productor tiene sumado el costo del alquiler de la tierra.

Tal vez alguien pueda pensar que esta es la situación solo de los empresarios sojeros cordobeses y no se podría generaliza. Pero el INTA de Pergamino (Provincia de Buenos Aires) publicó en mayo del pasado año su estudio del margen bruto de rentabilidad agrícola en su zona. Ese estudio económico para la campaña 2019-2020, calculaba para soja de 1º considerando un campo de 200 hectáreas como en el análisis de Fernando Oviedo y descontando los impuestos, una renta de 4.700.000 pesos lo que es igual a 391.000 pesos por mes. Muy lejos de los cálculos de Roulet, que enviaban a pérdidas a los productores sojeros de todo el país.

Ya no hay dudas. Un sojero pequeño en esta campaña podría aspirar a una renta de entre 347.000 pesos a 479.000 pesos mensuales.

¿Cuanto trabaja un sojero?

Cualquiera podría pensar que el trabajo humano que implica generar tan interesante renta demandaría enormes esfuerzos en numerosas e intensas jornadas de trabajo. Sin embargo no es así. El ingeniero agrónomo Mario Bragachini, quien fuera el responsable del área de Eficiencia de Cosecha, Postcosecha y Agroindustria del INTA EEA Manfredi, afirma que “hoy solo se necesitan 1,6 horas hombre/hectárea/año para producir una hectárea de soja”. Para el ejemplo que utilizó el economista Fernando Oviedo en que 200 hectáreas rinden 478.000 pesos mensuales, se necesitan 320 horas de trabajo por año. En jornadas de 8 horas serían solo 40 días de trabajo al año. Claramente es un solo operario para 200 hectáreas.


¿Qué se hace en esos 40 días de trabajo en un predio de 200 hectáreas de soja transgénica?  Generalmente se dedica un día para sembrar, otro para cosechar y 36 días para fumigar (antes de sembrar en barbecho químico, en pre-emergencia, en post-emergencia y en control de plagas) y dos días para silaje y trasporte. Relevando pueblos del sur cordobés, un grupo del CONICET de la Universidad de Rio Cuarto también llego al dato de que las jornadas de aplicaciones al año son 18, pudiendo variar de 12 a 32 por 100 hectáreas de lote.

Los pools de siembra hasta pueden utilizar menos hora, asegura Bragachini. Un grupo familiar que explote sus 200 hectáreas podría necesitar hasta 3 horas/ hectarea/año, es decir, más de un trabajador del grupo familiar. (Padre e hijo, podrían ser).

¿Quienes producen soja en Argentina?

¿Son muchas las personas que pueden trabajar tan poco en el campo y producir tanta diferencia? ¿Son muchos los sojeros de 200 hectáreas, o mejor aun, quienes producen la soja y el maíz transgénico en Argentina? Son preguntas que casi nadie sabe responder. La respuesta queda encerrada en esa zona gris que llaman “el campo”.

El INDEC publicó los datos del Censo Nacional Agropecuario 2018. Allí se dice que sólo quedan 211.000 productores rurales en el país y que estos establecimientos ocupan más de 86 millones de hectáreas. Pero la soja y el maíz transgénico (la soja algunos años se rota con maíz en el mismo lote) ocupan 24 de esos 86 millones de hectáreas y también se sabe fehacientemente que solo 75.000 productores llevan adelante estos cultivos tóxicos y muy redituables. El 50% de la producción sojera la generan 1400 productores con muchos miles de hectáreas explotadas. Parece que el campo no somos todos.

Siguiendo con el último informe del INDEC (firmado por Jorge Todesca), los productores de 100-200 hectáreas son 25.000, los que tienen o explotan 200-500 hectáreas son 32.000 y los que tienen establecimientos de más de 500 hectáreas son 18.000. Y aquí se evidencia otro fenómeno y es que la tierra no es de quien la trabaja.

El 19% de la superficie de los establecimientos rurales es arrendada. Pero este fenómeno es muchísimo más frecuente en el agronegocio y allí podría superar el 70%. Los reyes de la soja —grandes pools como Los Grobo, MSU, El Tejar, La Redención, Sofro, Cresud y Adecoagro— no tienen tierra propia o su extensión es ínfima, y se puede decir que toda la tierra que trabajan es arrendada, Otros, como Olmedo Agropecuaria del bolsonarista diputado Alfredo Olmedo, cuentan con más de 110.000 hectáreas propias en el NOA, muchas apropiadas porque se las otorgó el Estado salteño, incluso de territorios wichis.

Miles de ex productores ahora son propietarios rentistas que alquilan sus campos a otros productores vecinos o a pools de siembra que los explotan por su cuenta y les pagan por ello. ¿Cuánto les pagan? Según la Bolsa de Cereales de Córdoba, el costo de arrendamientos 2019 es de 10 quintales por hectárea (una tonelada de soja), es decir 244 dólares. 100 hectáreas alquiladas generan 24.400 dólares o al cambio oficial 1.573.200 pesos, que significan 128.100 pesos por mes al año. Si sólo tiene para arrendar 50 hectáreas, estas le generan 64.050 $ por mes sin moverse de la casa y sin ningún riesgo ni actividad. De pronto decenas de miles de familias que antes eran agricultoras, son ahora también socias directas del agronegocio y amparan las fumigaciones con agrotóxicos porque viven parasitariamente de la agricutura tóxica y defienden sus intereses. Tiempo atrás la mayoria de sus abuelos y padres fueron productores de la FAA hoy aliada a la Sociedad Rural y a los monopolios de los agrovenenos y el comercio exterior.

El agronegocio es una práctica extractivista que sobreexplota los bienes naturales y genera apropiación de la renta, desigualdad e injusticia ambiental, en forma muy similar a  las otras prácticas extractivistas de nuestro país como la megamineria y el fracking, pero a diferencia de estas dos que son encabezadas y representadas socialmente por empresas enormes como Barrick o Chevron, el agronegocio tiene como representantes y actores a los productores sojeros de todos los tamaños con un relato que nos intenta hacer creer que ese campo es de todos.


miércoles, 22 de enero de 2020





UNA HIPÓTESIS SOBRE EL FUTURO POLÍTICO
(Por Mempo Giardinelli, en PAGINA12)

Otra semana roja. Bien argentina. Y no de trapo rojo, como desde hace décadas gustan apostrofar los fachos criollos, sino de aguas rojas en las fuentes de Plaza de Mayo teñidas por grupetes del vulgo macrista reaccionario. Y rojo sangre, también, como la del chico que en Villa Gesell fue víctima de la renovada brutalidad de jóvenes energúmenos que, en manada de chetitos, lo asesinó cobardemente a golpes y patadas.

Semana brava, se diría, además, porque la vida nacional exige en estos días y hora a hora los esfuerzos y la imaginación constantes del Presidente, de su gabinete y del pueblo todo para contrarrestar, aminorar y neutralizar la ringlera de incendios y canalladas que dejó el macrismo ­–el hambre y la salud en primer lugar– y los cuales no cesan de mostrar signos que amenazan la recuperación y sobre todo la estabilidad institucional.

Por un lado la cuestión agraria, que mostró los dientes desde el minuto uno del nuevo gobierno, y que desde entonces no deja de mentirle a la población en base a "datos" y macaneos de los grandes diarios que insisten en presentar a la oligarquía agropecuaria como "pobres y esforzados campesinos", que es precisamente lo que no son.

Y por otro lado hay que anotar el absurdo odio antiperonista de los sectores más retardatarios de las burguesías urbanas (la porteña en particular), que confunden e inficionan a tantos necios e ignorantes que se tragan todas las afirmaciones y prédicas engañosas amplificadas mentimediáticamente.

Pero además hay otros asuntos que, igual o más inquietantes, están llamados a fijar las agendas políticas del futuro inmediato. Sobre todo la cuestión ambiental, que no es comprendida por las clases dirigentes. Y no, no lo es aunque algunos discursos aparenten que sí, y aunque se noten los esfuerzos de algunos políticos por actualizar sus pronunciamientos. Lo que puede no estar mal pero es pura cosmética, y se les nota, porque discurso no significa comprensión.

Y es que el problema fundamental del mundo de hoy, y obvio que de nuestro país, es el desastre ambiental.

Días atrás, en amable charla circunstancial con un ascendente político con aspiraciones presidenciales para próximos turnos electorales, fue evidente su sorpresa ante la afirmación de que las dos grandes mutaciones de la sociedad argentina de la última década –sin cuya comprensión será imposible gobernar en el futuro– son el feminismo y la cuestión de género que llegaron para quedarse, es decir para revolucionar todos los comportamientos sociales y políticos, por un lado; y la urgente y sobre todo sincera conciencia ambiental por el otro. Y a su vez ambas revoluciones –que lo son y lo serán de modo irrefrenable– indisolublemente vinculadas a la educación, que ahora empieza a enderezarse de la mano del ministro Nicolás Trotta y de la secretaria de educación Adriana Puiggrós, cuya autoridad es reconocida mundialmente, quienes ya están reorganizando la educación argentina en los tres niveles clásicos que destruyó el macrismo: inicial, primario y secundario.

Ese tripié conceptual (feminismo-ambientalismo-educación) es la base misma de la recuperación moral y espiritual que se necesita para cambiar la política en esta república, debió escuchar el aludido dirigente, quien como cualquiera de sus colegas es de esperar que desarrolle una sincera conciencia, convicción y práctica tanto en materia de género como ambiental, y no pour la galerie. Porque de lo contrario a él y a cualquier otr@ dirigente, en el futuro inmediato y de ahora en más, les será absolutamente imposible gobernar en democracia.

Así, y acaso por lo mismo, mientras el pueblo argentino sigue pagando las ominosas consecuencias del mafioso gobierno macrista, las dirigencias en general empiezan a toparse con despertares populares que, si no los atienden con sinceridad y verdad, van a terminar por arrasarlos. Ahí está como prueba la impactante pueblada mendocina de hace un par de semanas. No eran peronistas ni radicales, ni burgueses ni de izquierdas l@s que se plantaron ante todos los poderes políticos para defender el agua y oponerse a la bestialidad antinatural de la minería a cielo abierto.

Ahí está ya en marcha una nueva conciencia nacional en contra de todo delirio macroeconómico que no respete el medio ambiente, es decir el aire y el agua que son la fuente de vida de los pueblos.

Y ahí están también, ya en alerta amarilla y no amenazantes pero sí en actitud de clara advertencia popular, los movimientos contra el fracking que desde Vaca Muerta y otros emprendimientos y delirios hiperempresariales ya pervierten la naturaleza patagónica, como en todo el país crecen la resistencia al glifosato y a la sarta de venenos agrotóxicos que desde el menemismo tienen las puertas abiertas en la Argentina, y sin control.

Y es que los pueblos pueden equivocarse al votar, como pueden amar lo que los daña o aplaudir a sus verdugos económicos, pero es absolutamente improbable que acepten respirar o beber veneno.

Seguramente l@s polític@s que no se den cuenta de esto, verán enterrarse sus sueños. Y a quienes alcancen el poder les será imposible gobernar en paz las sociedades venideras, si no se ponen, ell@s mismos, a la cabeza de sus pueblos en cuestiones de género y ambientales, pero con sinceridad y convicciones.