Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

viernes, 21 de junio de 2019


LA LLUVIA DE INVERSIONES TERMINÓ SIENDO UNA TREMENDA SEQUÍA
(Por Marcelo Zlotogwiazda, INFOBAE)


De las dos malas noticias que difundió el miércoles el Indec los datos negativos sobre el mercado de trabajo han sido los que más repercusión y cobertura mediática tuvieron. Sin embargo, una mirada macroeconómica con perspectiva más amplia lleva a la conclusión de que el resultado más preocupante ha sido la abrupta caída en el nivel de actividad. En particular, el derrumbe estrepitoso que sigue teniendo la inversión, y en menor medida la escasa reacción que vienen mostrando las exportaciones frente a la devaluación.

La mayor relevancia que se le ha dado al aumento en el desempleo y de la subocupación en el trimestre pasado no obedece a que hayan alcanzado los valores más elevados de la gestión de Mauricio Macri y los más altos de los últimos 13 años, con el 10.1% de desocupados y 11,8% de subocupados, que implican un salto de 1 y 2 puntos respectivamente en relación a igual período del año pasado. La prioridad que se le dio a estas noticias se explica por la sencilla razón de que reflejan el padecimiento de alrededor de 4 millones de personas en un aspecto central de sus vidas.

Pero esas malas noticias no son sino la consecuencia inevitable de la brusca recesiónque arrastra la economía, que en el primer trimestre del año registró un descenso interanual del Producto Bruto Interno del 5,8%, acumulando cuatro caídas trimestrales consecutivas.

Por ende, si bien la consecuencia es el dato negativo más sensible y perceptible por la población, lo más importante para el análisis está en las causas. No solamente porque la recesión es el factor determinante de la falta de trabajo ya existente, sino, además y fundamentalmente, porque el panorama que se vislumbra para la actividad económica global, y particularmente para dos variables claves de la macroeconomía, generan escepticismo sobre lo que puede ocurrir en el mercado de trabajo de ahora en más.

Si de por sí los cuatro trimestre de reducción del PBI son una muy mala noticia, la situación es aún peor cuando se observa cuál ha sido la evolución de sus distintos componentes. Lo primero a destacar es la inmensa caída en la inversión, o Formación Bruta de Capital Fijo en la jerga económica, que se desplomó un 24,6% en relación al primer trimestre de 2018.

Al revés de la lluvia de inversiones que Macri auguró durante su campaña electoral y en los primeros tiempos de su gestión, lo que está sucediendo con esa variable es una tremenda sequía. Y no se trata de una sequía circunstancial sino de una muy prolongada y profunda: ese 24,6% de retroceso interanual está precedido por una reducción del 5,7% en todo el año pasado, con dos últimos trimestres que bajaron 11,7% y 24,4%.

Tras esas gigantescas caídas, la proporción que ocupa la inversión en la generación de actividad ha llegado a mínimos históricos en la serie que publica el Indec. Tal como se observa en el gráfico, la Formación Bruta de Capital Fijo se ubicó en el 13,5% del PBI (medida a precios corrientes), bastante más abajo que el muy bajo nivel que aún registraba en 2004 o que los valores del último año del gobierno de Cristina Kirchner, y lejísimos del 19,5% que alcanzó en 2007, cuando la economía kirchnerista crecía a tasas chinas, mantenía superávits fiscal y externo, y niveles de inflación civilizados.

Del gráfico también se desprende que salvo los primeros años, la performance en materia de inversión del kirchnerismo no fue buena. La de Macri la empeoró, desperdiciando incluso la posibilidad que tuvo el Estado y la economía en su conjunto para tomar deuda con un destino productivo en lugar de sólo financiar el déficit fiscal y alimentar una obscena bicicleta financiera.

La situación es peor aún si de los componentes de la inversión se excluye la construcción(que muy poco aporta a la ampliación de la capacidad productiva) y la compra de Material de Transporte, y sólo se toma en cuenta la inversión productiva por antonomasia, que es la incorporación de Maquinaria y Equipo. La caída en el primer trimestre de este componente fue del 31,5% respecto a igual período del año pasado, con un descenso del 37,5% en la parte nacional y del 28,5% en lo importado. Los dos trimestres previos registraron descensos del 14,2% y 30,5%, y el año 2018 cerró con una baja del 6,9%.

Si no aumentan, y de manera considerable, esos niveles de capitalización, el futuro de la economía argentina es sombrío. Entre otras cosas, para pensar en un aumento perdurable en el empleo que vaya atenuando el drama de los que no tienen suficiente o nada de trabajo.

Mirando hacia adelante, el próximo gobierno tendrá la paradójica ventaja de disponer de un hándicap para poder aumentar la producción y el empleo sin necesidad inmediata de incrementar la inversión. Y eso debido a que encontrará muchos sectores con elevada capacidad ociosa. Algo similar a lo que encontró Néstor Kirchner al asumir. Pero ese hándicap se agota más temprano o más tarde, de acuerdo a la magnitud y velocidad de la recuperación de cada sector en particular. El gobierno anterior padeció ese agotamiento en la segunda mitad de sus 12 años.

En un contexto general muy malo, hay algunos sectores que escapan a la regla: sobresalen los agronegocios, la industria del petróleo y gas vinculada con Vaca Muerta, el turismo, la minería y los servicios basados en el conocimiento. Ahí sí hay inversión y futuro promisorio, incluso con proyectos orientados a la exportación.

Lo de Vaca Muerta es muy conocido, tanto en lo referido a petróleo y gas como a algunos proyectos petroquímicos en evaluación. Otro ejemplo menos conocido es el de Simplot, un joint venture entre esa multinacional estadounidense y Fabio Calcaterra, primo del presidente y hermano de quien está seriamente involucrado en un par de casos de corrupción. La sociedad que preside Fabio Calcaterra (con larga trayectoria en el negocio de la papa) inauguró el mes pasado una fábrica en Mendoza para elaborar papas fritas congeladas. En un principio emplean a 250 personas y proyectan facturar 120 millones de dólares anuales, de los cuales más de la mitad será por ventas al exterior.

Otro caso es el de Patagonian Trade Fruit, una compañía perteneciente al grupo empresario que encabeza Hugo Sánchez, el mismo dueño del complejo hotelero Bahía Manzano en Villa La Angostura, entre otros emprendimientos. Es líder en la producción de frutas en el Alto Valle, y le ha sumado kiwi en Balcarce y Sierra de los Padres. También está muy orientado a la exportación.
Una duda crucial es si con lo que exportarán ese puñado de sectores alcanza para que la Argentina revierta su recurrente escasez de dólares.

Una duda que se irá despejando con el tiempo.

Por ahora, tanto el informe del primer trimestre que difundió el miércoles el Indec donde las exportaciones sólo suben un 1,7% interanual, como las cifras del comercio exterior que muestran que las exportaciones del primer cuatrimestre no subieron nada a pesar de la gran devaluación, no justifican el optimismo discursivo del gobierno.

Porque así como sin inversión no hay posibilidad de crecer ni de aumentar el empleo,tampoco la habrá si la Argentina no resuelve su crónico problema externo.



NO SOLO DE ALEPH VIVIRÁ EL HOMBRE

Lo más basto,
es que dejaré todo sin saberlo,
apenas recordaré tu pierna tibia
sobre mi abdomen,
¿el beso tierno de mi madre cuando tuve varicela?
ya ahora lo imagino, no lo registro,
como el inicio,
tengo una vaga idea
de cómo se gesto el todo,
algunas lecturas, de corrida,
lo otro es que me preocupa, el sinpan,
la injusticia nuestra de cada día,
allí El sale del bar,
se confunde con la noche,
se parece a nosotros,
busca en la basura bajo la lluvia,
solo llega a preguntarse, donde dormirá hoy,
¿y el Estigia?, ¿Para qué vinimos?,
podemos vivir, sin ello,
lo más basto,
es que dejaré todo sin saberlo,
apenas soy el polvo sobre la mesada.


miércoles, 19 de junio de 2019

DILUVIO

El cobre en una lagrima
un perro que camina mojado
la lluvia que no cesa
me parece, es el de Ziusudra
pecados que para que contar
vivir con un pan dormido
en la nuca
vaya pasajes de mi barrio
la Luna ya me tapa
para mañana descansar
a oscuras, otra vez



martes, 18 de junio de 2019


ENTRETANTO

Dale, con dos pastillas
calmo el dolor
hoy es el día
del padre
suspirando o pasando de largo
llegue original a este momento
mientras,
you hang me out to dry
ya estoy desaparecido
aún así, tengo mis dudas
porque me une a vos,
que soy una desventura
pongo una foto en mi funeral
viendo de lejos lo que falta
mientras,
you hang me out to dry




viernes, 14 de junio de 2019


EL PEOR FINAL
(Por Luciana Peker, PAGINA12)


América puso sus manos para cortar uvas y puso sus brazos para juntar aceitunas. Cargó en sus hombros el peso de la cosecha para acarrear los cajones que llegarían a las picadas o el postre de las mesas que no reconocían sus dedos en la trama de producción de la tierra fértil y el trabajo ingrato. Trabajaba desde las plantaciones hasta los camiones que transportaban la cosecha. Salía a la mañana y volvía a la noche. Al final de la jornada le quedaba el cansancio, los 8 pesos por día, pero no los aportes para pensar en el futuro. América nació sin conocer el amparo. Se quedó huérfana a los diez años y vivió con sus tíos. A los diez años empezó a limpiar casas, cuidar niñxs y hacer mandados. A los veinte ya sus manos eran verdes y violetas entre las líneas que no son adivinadas sino trazadas por la informalidad no como excepción, sino como la precarización en las venas de las mujeres. América Ramona Ontivero se quedó embarazada. Y trabajó igual con su panza a cuestas, sin licencia por maternidad. No una, sino ocho veces. Tuvo ocho hijos. Seis hijxs vivieron y dos murieron. Ella así lo cuenta y los cuenta. América Ramona Ontivera nació en 1948, en Chilecito, La Rioja y todo su trabajo no era visto por nadie, ni estaba anotado en los registros oficiales. No hubiera tenido jubilación, pero en marzo del 2015 accedió a la moratoria previsional que le permitió tener la mesa con comida y el botiquín con sus remedios.

“Yo trabajé toda mi vida juntando aceitunas y cortando uvas, un trabajo muy bruto, muy pesado” le contó América a Las12, el 18 de marzo del 2016, en la nota “Sin resguardo”. El caso de América no es excepcional, sino emblemático. Ella es una de las más de 2.700.000 personas que pudieron jubilarse a pesar de no tener el total de aportes registrados. El 86 por ciento -casi nueve de cada diez- beneficiarias/os de la mora previsional dictada en 2014 fueron mujeres y el 14 por ciento varones. Igual que América –antes de la moratoria– el 37 por ciento de las trabajadoras, no tiene asegurada su jubilación y obra social. Además, las mujeres son las que dejan de trabajar, son despedidas, no consiguen empleo o aceptan changas porque no encuentran jardines maternales o tienen que correr para la llegada de la salida de les chiques del colegio. Pero eso no consta en el boletín en el que el Estado garantiza una vejez digna. 

La jubilación para amas de casa, en realidad, fue una moratoria previsional que benefició más a las mujeres y que adquirió su nombre por aclamación popular. Bueno, no de todo el mundo, ni de todo el arco político. El actual Senador (PJ) y candidato (en la fórmula de Mauricio Macri) a Vicepresidente Miguel Angel Pichetto subestimó: “Mucha gente de la clase media argentina se pudo jubilar, pagando abogados: mujeres que toman el té a la tarde fueron y se jubilaron con el sistema ama de casa, qué se yo”, lanzó en la discusión del Presupuesto 2019, el 16 de noviembre del 2018, desde su banca en la Cámara Alta. 

La moratoria previsional no tendría que ir de luto a su propio funeral. Pero tampoco debería ser una moratoria, como una condonación de deuda o un perdón y gracias. Falta que no sea como un cheque a morosas incobrables, sino un derecho para trabajadoras no reconocidas y que sea ley, para que no dependa de los vientos oficialistas que el derecho llegue cuando ya las piernas y los brazos no llegan a todos lados. Sin embargo, la jubilación para las acuerpadoras de cuidados, empleadas domésticas o cosecheras (en su mayoría no registradas) tiene fecha de entierro. El 23 de julio el gobierno de Mauricio Macri termina con la moratoria previsional. Las más perjudicadas van a ser no solo quienes lavan los platos de su casa, sino quienes lavan los platos de las casas en donde trabajan. “Hoy en la Argentina una de cada cinco trabajadoras se desempeña en el servicio doméstico. Este es el trabajo peor pago y con mayor nivel de informalidad del país. En términos generales, el 37 por ciento de las asalariadas tiene un empleo informal. Las mujeres menores de 29 años enfrentan las tasas más altas de desocupación superando el 20 por ciento. En este contexto, el acceso a una jubilación para las personas que hoy no pueden hacer sus aportes es un problema no solo del presente sino también del futuro. La alternativa vigente, la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM) otorga un monto que no alcanza para cubrir la mera subsistencia y que además impide tener otros ingresos. El finalizar la moratoria sin alternativas dignas es solo condenar a la pobreza a miles de trabajadores y sobre todo trabajadoras a lo largo del país”, advierte la Doctora en Economía Mercedes D’Alessandro e integrante de Economía femini(s)ta. Ella también señala que el empobrecimiento de lxs adultxs mayores genera mayores cargas en sus hijas e hijos: “Es también un problema para quienes ayudamos a nuestres padres y madres que pudieron acceder a una mínima y que no llegan a cubrir sus medicamentos. Nos hace más pobres a todes”. Por eso, convoca: “Pensar un sistema previsional en un contexto de desempleo y precarización como el de Argentina es un desafío urgente”.

Dar una jubilación o una curita no es igual. La diferencia es tan tajante como ser pobre o no serlo. “Desde inicio de 2017 y hasta marzo de 2018 se han incrementado en 122.487 los casos de personas mayores que perciben la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM). De haberse mantenido la moratoria previsional esas personas se encontrarían por encima de la línea de pobreza, mientras que al reemplazar la moratoria por la PUAM y como resultado del aumento de la Canasta Básica Total medida por INDEC estas personas hoy se consideran pobres por ingresos”, apunta la Doctora en Desarrollo Económico Julia Strada, integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), periodista económica de C5N y Futurock. Los datos del CEPA indican que al menos 100 mil personas han quedado debajo de la línea de pobreza medida por ingresos (INDEC) por haber recibido PUAM en lugar de la jubilación mínima a través de las moratorias previsionales.

La moratoria previsional implicaba una jubilación. En cambio, la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM) es similar a un subsidio. No es lo mismo un parche o un regalo que una política para dar derechos donde había falta de reconocimiento o incumplimiento de derechos laborales. “En este caso el subsidio que se entrega tiene más que ver con la condición de pobre que con el reconocimiento de un derecho de jubilación por ser un trabajador o una trabajadora. No hay reconocimiento de derecho, como sí lo hace la moratoria previsional”, diferencia Strada y sentencia: “El fin de la moratoria previsional constituye un castigo patriarcal”. 
“Sacar la moratoria de las amas de casa, la moratoria de ‘Néstor’ cómo la llaman las mujeres en los barrios populares, es terminar con la política pública con perspectiva de género más importante de la última década”, crítica Pamela Ares, especialista en políticas públicas de género, Presidenta de Fundación Contemporánea, una ONG que promueve el desarrollo local con perspectiva de género y referente social de Salta. Ella enmarca: “Es dejar de reconocer el trabajo invisible y no reconocido de las mujeres adentro de sus familias, pero también el de esa enorme cantidad de mujeres trabajadoras de casas particulares que lo habían hecho toda su vida en condiciones informales”. 

Llegar sin jubilación a la madurez no es casualidad. Las mujeres dedican de 3 a 6 horas por día a tareas domésticas y cuidado de los hijos e hijas y los varones 1,9 horas, según una investigación de la consultora Inmediata, de Rosario. Esa diferencia entre el tiempo que lleva rasguñar con virulana las cacerolas, levantar la ropa tendida cuando se anuncia tormenta, ir a buscar a cumpleaños a les hijes o esperar en la sala del dentista u oftalmólogo de la nieta tiene un precio en tiempo. En tiempo presente y en futuro. Porque si alguien lo hace no es gratis. Pero no se paga. Y el tiempo que se dedica a cuidar en muchos casos se tiene que quitar al trabajo pago o aceptarlo en peores condiciones. Por eso, aunque el polvo vuelve después de barrer, no se pude barrer con los derechos de mujeres y disidencias sexuales (ya que la ANSES también reconoció a personastrans en la moratoria previsional) como si fueran un polvo que se olvida. 

En ese sentido, la economista y docente Candelaria Botto, e integrante de “Economía femini(s)ta” también subraya: “La no renovación de la moratoria este 23 de julio imposibilitará a las mujeres que no cumplen con los años de aportes acceder a una jubilación mínima, dejando únicamente la opción de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) que es el 80 por ciento de una jubilación mínima y para la cual deben cumplir requisitos que básicamente muestren que son pobres. No es una jubilación, es una pensión. Más que nunca es necesario avanzar en un proyecto de ley de Jubilación para amas de casa para garantizar el derecho de estas mujeres que trabajaron dentro de los hogares sin pago ni reconocimiento, sin que deban pagar los aportes que deben en forma de moratoria”. 

Hacer un parche o un favor no es lo mismo que reconocer derechos. Y hacer una política temporaria no es igual que garantizar una decisión pública por ley como se hizo con la Asignación Universal por Hijo (AUH). La movilidad de la AUH se aprobó, el 16 de julio del 2015, por unanimidad (sin ningún voto en contra) en el Congreso de la Nación para que se actualice cada seis meses. La AUH perdió contra la inflación y se deterioro de su valor de compra y su efectividad como política social contra el hambre. Pero, al menos, no se pudo quitar o enterrar como la moratoria previsional. En ese momento, probablemente, se tendría que haber garantizado también que el reconocimiento de las mujeres que realizan tareas de cuidado no sea tan volátil como el voto o los mandatos políticos, sino un pacto sellado y cerrado por las políticas públicas. 

En ese sentido, es central como va a actuar no solo el próximo gobierno, sino también el Poder Legislativo. La diputada nacional Mayra Mendoza (FpV-PJ) define: “La eliminación de las moratorias previsionales no puede sorprender a nadie. Hay un recorrido antiderechos del macrismo que simplemente va cumpliendo etapas. Y sobre todo en materia jubilatoria, donde hay que dedicar grandes recursos para hacer una política de dignidad especialmente a un sector tan castigado como las mujeres que no tuvieron aportes. En un gobierno que siempre tuvo en miras el ajuste, y más desde que el FMI le impuso acelerarlo, era algo obvio que esto iba a pasar. Sirve para terminar de desmentir aquello del feminista menos pensado, que nunca fue cierto porque se veía con los recortes a los programas de combate contra la violencia de género. Sólo con un gobierno que tenga al pueblo como eje y no a los mercados podemos discutir la recuperación, ampliación y garantía de todos estos derechos que estamos perdiendo”. 

La diputada nacional Lucila De Ponti (Movimiento Evita) define: “La moratoria previsional es una experiencia inédita de inclusión e igualación de derechos que le permitió a millones de personas acceder al beneficio previsional, especialmente a mujeres amas de casa, reconociendo el valor de esta tarea y la de todos los que forman parte de la economía informal. Es junto a la AUH y el establecimiento del régimen de trabajadoras de casas particulares, una de las políticas públicas fundamentales orientadas a combatir la desigualdad de género y reconocer el aporte económico que hacemos las mujeres con las tareas del hogar y el cuidado de personas. Esta decisión del gobierno nacional de limitar el acceso al beneficio previsional a millones de mujeres porque no cumplen con los aportes es otro eslabón en la cadena de medidas que profundizan  la situación de desventaja que sufrimos y es sin duda un retroceso en materia de derechos y oportunidades”.


miércoles, 12 de junio de 2019





Desguazando la Comisión Nacional de Energía Atómica

Esta semana fueron suspendidos un centenar de operarios de las obras del reactor CAREM, en Lima, Zárate, Buenos Aires. Los trabajadores suspendidos son empleados de la contratista Tecna, filial de Isolux Corsán, compañía española encargada de la construcción del «Balance de Planta»: las instalaciones y equipos necesarios para la generación de energía eléctrica.

El reactor CAREM es -lo hemos señalado muchas veces en AgendAR- el proyecto de bandera de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es también el mayor y más ambicioso proyecto de exportación de ingeniería de la historia argentina. Puede venderse de a decenas, transformar nuestra industria, cambiar nuestro perfil.

Es otro síntoma más de la ruptura del Programa Nuclear y del desinterés del actual gobierno en el mismo. Los gráficos siguientes, publicados por CEPA (Centro de Economía Política Argentina) lo dejan claro:







MIENTRAS AVANZA LA DERECHA, NOSOTROS...
(Por: Giordan Rodríguez Milanés, en "LA JOVEN CUBA")


Mi abuelo Wanchy olía a tinta y cobre. Montaba en la caja de linotipos los poemas de Navarro Luna para la revista Orto. Nunca estuvo en un cocktail ni recibió cartas credenciales. A veces bebía una porción del alcohol de la imprenta sin haber aspirado nunca a escanciar un vaso de vodka junto a Stalin, o a fumarse un hábano frente a Churchill.  Sus compañeros de la primera célula del Partido Comunista de Manzanillo contaban que era un hombre de silencios trascendentes. Cuando, en vez de versos, le pedían imprimir octavillas, sus compañeros sabían que antes de delatarlos se dejaría matar si lo sorprendían los sicarios de Machado. Si un día cualquiera se animaba a conversar, hacía alta política, quizás, sin saberlo.

La noche en que Lennon le pidió a los ricos que agitaran sus joyas, él no lo sabía: nos estaba hablando de El Manifiesto Comunista. Sin disparar un proyectil, los Beatles contribuyeron decisivamente a derrotar el obsoleto sistema de valores sobrevivientes de las dos guerras mundiales. Puesto que es más difícil y laborioso destrozar un prejuicio que incinerar los tanques de Guderian, cuando Lennon promulgó aquella deliciosa tontería de que eran más famosos que Cristo, nos daba una clase de materialismo histórico, y enfrentaba a millones de adolescentes contra sus padres domeñados por los créditos y la ilusión de bienestar. Aunque lo hicieran sir, nunca ni el dinero ni el disparo a orillas del Dakota pudieron exorcizarle a Lennon el espíritu de los soldadores de los astilleros de Liverpool. Pueda ser que me equivoque, creo que Lennon jamás estuvo en un palacio de convenciones, ni esgrimió desde la tribuna los argumentos de una conferencia magistral.

Zuckeberg, el gran capitalista de las redes sociales, no podría imaginar que estaba fundando el instrumento comunicativo que, al fin, podría servir de plataforma para la comprobación empírica de las ideas de Paulo Freyre. Con Facebook los alumnos al fin podrían disentir de sus maestros, cuestionarle a las autorities su sistema de valores sin correr el riego de que los desaprobaran o los expulsaran de una organización estudiantil patrocinada por el Estado.

Cuando los españoles dieron aquel voto de castigo a Aznar por, entre otros chanchullos, culpar a los separatistas vascos del atentado del 11M, la intelectualidad de izquierda del mundo dio -dimos- loas a las redes sociales y la internet, y los sms y la transferencia de datos. Unos cuantos años después, algunos gurús de la izquierda criolla poseída por el poder, declaran a esas mismas redes sociales enemigas de la cultura y el progreso. Contrarias a la decencia y las buenas normas de conducta. Territorio libre de intelectuales amigos de la Revolución.

La culpa la tienen los chicos del equipo de campaña de Trump por dejar en el ridículo a todos los que auguraron la derrota del blanquito supremacista. En ridículo quedaron, incluso , nuestros analistas de La Mesa Redonda, algunos de esos tipos con un par de doctorados y constantes viajes a Caracas o New York. Unos cuantos de los que colman los anaqueles de las editoriales políticas y académicas en las ferias del libro de La Habana. Embajadores, agentes de inteligencia de alta gama, politólogos de un mundo inexistente y comediólogos de la poética aristotélica. Nada, que no los vieron venir.

A los ricitos de oro del equipo de campaña de Trump no les importó la estulticia de ningún posible votante. No se detuvieron ante si a los electores les gustaba bailar tap o regueton, se inyectaban heroína o fumaban marihuana. No excomulgaron a los que posaban en Instagram o nos contaban en Facebook sus cuitas insalubres. Si alguien podía o no recitar de memoria el acta de la independencia en el inglés de Shakaspeare o en spanglish, no era trascendente por tal de que votaran por el nuevo Hitler.

Y ganaron allí donde donde las joyas son de bisutería, y hay candilejas y oropeles, y los eminenes y pitbules son los beatles del momento. Y ganaron con el lenguaje incorrecto que los políticos de cuello y corbata no saben usar, mucho menos los de guayabera. Y ganaron contra la prensa tradicional, los medios hegemónicos y los emergentes, los cómicos liberales de Broadway y los comics conservadores del lejano western.

Lo usan todo: memes, fakes news, falsos positivos, citas apócrifas, desde el reguetón hasta el jazz, desde una novela rosa hasta Juego de Tronos. Desde un youtuber misógino y payaso hasta The Washington Post.

Los chicos de Trump se propusieron ganar, y ganaron. Con una fórmula tan sencilla que espanta: escándalo en función de la tontería que multiplica la suma de la descalificación y el rumor, todo elevado a la falsa promesa. Su área bajo la curva es esa zona de la condición humana donde el hedonismo nubla cualquier razón y el divertimento soslaya el dicurso rancio, con una ojeada. Y ganaron justamente porque entraron en las únicas dimensiones donde un imbécil derrota la sapiencia.

Y mientras la derecha gana, nosotros con el acto “político-cultural”  -como le llaman-  que no emociona ni a quienes lo programan, la seriedad importada de los discursos de barricadas, las consignas con hambre creativa. Así nuestros doctores de la izquierda reniegan de mi abuelo con olor a tinta y a cobre, que no sabía una mierda de filosofía, pero su machismo ancestral le dictaba dejarse matar antes de delatar a un compañero. Y de Lennon, que nunca anduvo por el Palacio de las Convenciones.

Tú, por ejemplo, para defender la Revolución en la radio cubana necesitas un título universitario, si tienes una maestría mejor. No importa que tu voz sea descolorida y fea, que tu entonación aburra o desconcierte, que no tengas talento para la imaginería y la persuasión. Si has pasado los diplomados correspondientes y portas un carnet de militante, adelante compañera o compañero, aunque no cautives a nadie, y tu programa no lo oigan ni los custodios en la recepción de tu propia emisora.

Y aquí estás, en la asamblea o el congreso, ya sea porque te conceden la palabra o la tomas desde el podio. Vienes a pedirnos que sigamos perdiendo, ahora por abandono, que demos por perdidos 800 millones de enlaces y otras tantas cuentas en las redes sociales, del mismo tipo de aquellos que derrocaron a Aznar. Caramba, que hay cada gurú que andan tan a nivel Dios, que ni siendo ateos uno los entiende cuando nos conminan a dejarle ciertos asuntos a los que saben.



SUPERFLUIDEZ DEL TIEMPO

La partícula del tiempo
siempre está en pasado
un ciego escritor lo vio
de ahí que tus piernas de ayer
el lapso que espero hoy
así ha sido este invierno
que yo no lo he sentido
tus cuerdas de calor
complacen mi frió desnudo
fluye el tiempo en grado extremo
sin resistencia
ya somos pretérito
que aguardamos vernos


All I ever wanted

All I ever needed
Is here in my arms
Words are very unnecessary
They can only do harm



martes, 11 de junio de 2019


EXORCIZANDO LAS LEVEDADES
(Por Ernesto Estévez Rams, en el blog de Iroel Sanchez "LA PUPILA INSOMNE")


«“Einmal ist keinmal”, repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre puede vivir una vida es como si no viviera en lo absoluto»
La insoportable levedad del Ser
Milan Kundera

Qué tiene la Insoportable Levedad del Ser que el lector, casi desde el mismo inicio, frente a su adictivo ambiente depresivo y contra toda lógica, sigue sumergiéndose en él hasta que es demasiado tarde. Hay algo en sus páginas que trasciende la anécdota para entregarnos la manera escondida en que algunas tormentas se incuban en Europa. En cada uno de sus personajes hay un fantasma ibseniano en un ambiente que bien pudiera ser el adecuado para un grito interminable sobre un puente.

En Europa a todo ahogo social le llega su primavera de Praga. A París le llegó vestido de chalecos amarillos. Que el dramatismo del hecho haya sido disfrazado en los medios no disminuye su potencialmente inmensa trascendencia gestadora.  Si hay gritos que cargaron en sí una esterilidad anuladora en cielo fantasmagórico, el de París, con el tiempo, conduce a decapitaciones de las que no se salvan ni reyes, ni concubinas, ni siquiera esposas.  Lo mejor es que transforman sistemas y destrozan relaciones. Algo más que una catedral se quemó este año en Francia, algo para cuya reparación no sirven todas las donaciones financieras posibles.

Un exultante Ronald Reagan le exclamó al cobarde de Gorbachov en un discurso, conclusión de un aquelarre de mediocres: “Presidente, derribe usted ese muro” a lo que siguió poco después precisamente la caída de esa muralla y la absorción de la RDA por la RFA. Como principio del fin, el efecto dominó no se detuvo hasta la caída de la URSS. La embraguiadora sensación de victoria absoluta que envolvió al capitalismo global condujo a un orgasmo intelectual como el de Fukuyama, que decretó el fin de la historia avanzando una idea que no era ni suya. Desafortunadamente para ellos, la historia tozuda demostró, no mucho después, que el orgasmo era resultado de una masturbación y no el presunto parto del siglo XXI americano.

A los conversos les sucedió además como a los franceses monárquicos, cuyas expectativas luego de la derrota de Napoleón y la restauración no fueron satisfechas ni con mucho. En palabra de William Gaunt “Quice años después de la batalla de Waterloo, la desesperación cundía entre quienes poseían suficiente inteligencia para experimentar alguna emoción. La espléndida época que supuestamente vendría después de terminada la guerra nunca se materializó”.

La misma enseñanza pudiera ser extraída de lo que ha sucedido luego de las derrotas de izquierda en Argentina y otros lugares. Los que añoraban los “buenos” tiempos de Menem, despertaron a la pesadilla de Macri, esta vez, sin embargo, no hubo ni tan siquiera un breve período en que las medidas neoliberales crearan una ilusión de avance.

Ningún salto hacia atrás ha sido feliz, no lo ha sido antes, no lo es ahora, no lo será nunca.

En Cuba están los que añoran, fundamentalmente desde Miami, pero también en el patio, una imagen idílica de la Cuba prerrevolucionaria que nunca existió.  Dibujan un mundo que se les antoja recuperable en un absurdo histórico, dialéctico y sentimental. Su expresión concreta, en estos momentos, es la ley Helms-Burton, que, como realización política y económica de ese anhelo retro, pretende devolver las propiedades a los burgueses criollos y norteamericanos expropiados por la Revolución cubana. Como si ello fuera posible. En un escenario hipotético donde tal cosa aconteciera, es claro que el aborto social sería de magnitud catastrófica. La pesadilla de ese escenario es que tiene detrás, empujándola, a la potencia militar y económica más grande del planeta. La buena noticia es que no lo permitiremos.

Solo la mediocridad cree que hay algo sublime en los retrocesos.

Pero esas nostalgias del pasado se dan en casi todos los contextos y no sólo en términos de desconstrucciones sociales. Hay revolucionarios que paradójicamente creen posible regresar a la década del ochenta, idealizada en términos económicos, políticos e ideológicos. Olvídenlo, es anti dialéctico, no ocurrirá.  Lo más preocupante de ese anhelo es que esconde la idea de que, entonces, al socialismo le iba bien. No es cierto. Lo demostró la historia. En términos económicos las fuerzas productivas enormes que habían dado el salto colosal de convertir a la URSS de un país destruido a una potencia mundial, mostraban un agotamiento resultado de concepciones políticas fallidas y una cultura predominante de la ineficiencia, en particular energética. En términos políticos, la URSS estaba anquilosada y había perdido buena parte de su filo como agente de cambio revolucionario a nivel internacional. En términos ideológicos tampoco la cosa iba bien, un pensamiento rígido había vencido la batalla ideológica interna y sobre su base se erigía una visión positivista de la historia que ocultaba el carácter retrógrado de muchas ideas, y ello ya tenía tal alcance, que algunos consideran que había perdido su capacidad de regeneración.

Kundera juega desde el mismo inicio con la idea del retorno interminable a partir de una idea de la que culpa a Nietzsche: hay determinado orgullo en lo irrepetible pero también hay determinada intrascendencia, aún en lo más heroico. Por el contrario, si la historia fuera el repetir de lo ya ocurrido, cada hecho tendría la responsabilidad que carga su propia recurrencia. Lo no recurrente, como ha sido único, lleva como encargo la levedad de no trascender. Nada de lo que hagamos es realmente importante porque no ha de ser vivido otra vez. En ese sentido, lo recurrente lleva una pesadez inalcanzable por lo otro.  Y entonces la pregunta esencial del libro la resume en ¿Qué es lo positivo, el peso o la levedad?
Es de lógica generacional que los más viejos piensen que sus tiempos fueron paradigmas de lo que debe ser. En todas las sociedades hay tensiones generacionales. Como combustible están los problemas que las generaciones anteriores no pudieron o supieron resolver y que han sido heredadas por las más jóvenes. Estas últimas sienten, colectivamente, que tienen que pagar una factura que no le corresponde. No se dan cuenta que esa factura es también de ellos, porque se contrajo en la búsqueda permanente que es la existencia humana. Quién les dijo que cada generación es independiente y ajeno a un organismo más gigante que los incluye y cuyo tiempo poco tiene que ver con la cortedad de sus presencias. Ese organismo es el que sirve los escenarios incompletos pero reales al que ellos llegan. Pero aun así, si no se les da espacio, te la dejan en la mano y se van a otros lares con la creencia de que tienen en su posesión un cheque en blanco. A pesar del engaño (los cheques en blanco no existen) tienen algo de razón en su discurso.

Contrario a la tesis de Kundera, aunque la realidad es irrepetible, Nietzsche no tenía razón y la memoria colectiva, esa tozuda incorruptible, evita que la levedad se apodere de lo que en apariencia es fugaz. La trascendencia no está en lo que se repite, sino en lo que funda nuevos tiempos.

Quien crea que en Cuba no hay tensiones generacionales tiene la cabeza metida en un cubo.  Por suerte las hay, lo contrario significaría que el cuerpo social está muerto.

El problema no es lo inherentemente subversivo que hay en todo lo joven, sino cuando las generaciones ya mayores, pretenden constreñir a las que han llegado luego, al querer forzarlas a que se parezcan a ellos. En todo esto, hay la pretensión de revivir el mito del retorno eterno. Querer que ellos sean como nosotros y que nuestras heroicidades sean sus heroicidades. Si pretendemos que nos repitan, lo harán por igual de nuestros aciertos y de nuestras cortedades. No fundarán nada cuando hay mucho que fundar. Lo verdaderamente heroico y lo dialéctico para cada generación es siempre no repetir a sus padres.

Lo siento por Tomás, los seres humanos solo vivimos una vida, pero ello no significa que no hayamos vivido. Es cierto que nos vamos, pero la memoria queda de tal manera, que volvemos a vivir con suerte variable en los que nos heredan, aún contra su voluntad, si es el caso. Lo que es cierto es que no vivimos otra vez la misma vida, no hay recurrencia eterna, todo momento siendo continuidad es ruptura. Que no lo olviden los agoreros del calco aburrido, todo su esfuerzo está irremediablemente condenado al fracaso.

Crear agentes de la repetición no gestará al actor social que la Revolución necesita. Lo que se necesita es del talento creador que surge de la irreverencia. Lo otro solo genera mediocridad disfrazada de la incondicionalidad del ovejo (Santiago Álvarez era más radical, decía que al mediocre había que fusilarlo).

Frente a la infeliz idea de que la juventud es la única enfermedad que se cura con el tiempo, vale la pena contraponer aquella máxima de Malraux: La juventud es la única religión a la que terminamos todos convirtiéndonos. Parece que, a pesar de algunos, la juventud es eterna, se renueva constantemente y, por tanto, es una enfermedad crónica y maravillosamente incurable.

No es útil indoctrinar a los jóvenes en ver el pasado, por heroico que sea, como culto, en vez de referencia. La primera visión es más religiosa que marxista, la segunda, puede llegar a ser dialéctica. Fidel dejó como última enseñanza que no le hicieran iconos de adoración. Ello no fue resultado de su mítica modestia, fue resultado de su comprensión dialéctica de la historia como suceso irrepetible.   Quienes ponen esfuerzo en circunvalar esa voluntad, como si de un capricho inconfesable se tratase, no han entendido nada.

Enseñar a pensar, he ahí nuestra ventaja discursiva. El capitalismo no puede darse ese lujo.

Todo esto ya fue dicho por el irrepetible e irreverente Alfredo Guevara. Prefiero contar hasta diez, diez veces, por oir la insolencia contestaria de igual número de jóvenes, que caerme de sueño por oir diez declamaciones iguales, en emulación entre ellas, recitando al mismo ritmo loas empalagosas y poco útiles a la Revolución o buscando quien acompaña el nombre de Fidel con más adjetivos.  El Che los llamaba guatacones. Realmente se debería emplear  el intelecto en algo más productivo para la Revolución.

Desde Céspedes hasta Fidel, la Revolución se hizo por quienes retaron el “sentido común” de los que le precedieron. Ahora que está en el poder, su ejercicio generacional debe basarse en superar la función reproductiva que el capitalismo le da a la historia pretendiéndola como un suceso aburrido de mediocridades. Frente a su empeño en idiotizar a la juventud como mecanismo de fin de la historia, debemos contraponer el de una sociedad que también es distinta al aupar a la juventud a pensar y actuar como superadora constante y dialéctica de todos los pasados incluyendo el nuestro.

Si de juventud se trata, nuestra función, en términos educativos, es impregnarle a la rebeldía del joven el contenido de insolencia cósmica que los haga continuidad de esencias, y no aldeano vil, ignorante del gigante de las siete leguas que va engullendo mundos y de las batallas que se dan en el cosmos por la existencia humana. Nuestra función es ayudarlos a hacerse revolucionarios de esa cualidad que significa hacer que la Revolución renazca distinta e igual con cada generación. Es educarlos a exorcizar la insoportable levedad del ser con el peso sublime de lo que funda.



INDUSTRIALES CONTRA LA INDUSTRIA
(Por Alfredo Zaiat, PAGINA12)


Apenas la mitad de la capacidad instalada industrial está en funcionamiento y casi 140 mil puestos de trabajo del sector se perdieron en estos años de economía macrista. Mientras que se quejan de la situación, el establishment industrial reclama más ajuste neoliberal, cuyo saldo es la desindustrialización.

La política económica neoliberal tiene como uno de sus previsibles resultados la desindustrialización. El caso argentino ofrece la paradoja de que grupos industriales tienen el gen ortodoxo en la concepción económica, ideología que perjudica al sector en su conjunto. Esta aparente contradicción se puede explicar en que algunos de esos conglomerados terminan consolidándose en las crisis por un proceso de absorción y concentración, mientras que otros terminan vendiendo la empresa si antes no quiebran, destinando gran parte del capital obtenido a la fuga hacia el exterior y otra parte a adquirir campos para volcarse a la actividad primaria exportadora o dedicándose a negocios en el área de servicios. Unos y otros coinciden en ser firmes promotores de las ideas económicas ortodoxas, como las que expresa y despliega el gobierno de Macri, fundamentalmente por una cuestión clasista, aunque sus resultados terminen afectando su propia actividad. 

El otro aspecto notable es que, en el proceso de desindustrialización, como el actual, dirigentes industriales son críticos de los efectos negativos sobre el sector, pero son los primeros promotores de ideas neoliberales, como el ajuste regresivo en el gasto público, las reformas laboral y previsional y la eliminación de subsidios a tarifas de servicios públicos. El economista Ricardo Aronskind hizo una precisa descripción al respecto en su cuenta de Twitter: “Muchos empresarios conocen muy bien cómo funciona el sector de actividad de su empresa. Muy pocos empresarios entienden bien cómo funciona la economía del país y cuáles son los motores del desarrollo. Y, como no saben, tienden a creerles a los neoliberales, que les venden seriedad”.

Verdugo

El desarrollo industrial, como el que propone la heterodoxia, con una estructura social alterada por la irrupción del peronismo a mediados del siglo pasado, arrincona a esos empresarios a enfrentarse a una pauta distributiva progresiva que no quieren convalidar. La reacción frente a esa posibilidad es apoyar proyectos políticos desindustrializadores, como lo estuvieron haciendo en estos años con la administración Macri y ahora militando la reelección del verdugo de la industria. 

Con esa aparente confusión a cuestas, evalúan que el eventual regreso a la Casa Rosada de una fuerza política que denominan despectivamente “populista” sería un retroceso, y confían entonces en que la alianza Cambiemos habría aprendido de los errores de estos cuatro años y emprendería en su segundo mandato un ajuste que no supo o no quiso hacer, lo que les permitiría recuperarse. Es ingenuidad, ignorancia o simplemente anteojeras ideológicas que, con una subjetividad colonizada por la secta de economistas neoliberales o por fanatismo ideológico, termina legitimando política, económica y socialmente un sendero económico que es devastador para la actividad industrial.

En muy breves períodos políticos, esa fracción del establi­sh- ment ha tolerado políticas heterodoxas, que coincidieron con la necesidad de recomponer su tasa de ganancias muy castigada por la crisis. Así fue en los años posteriores al estallido de la convertibilidad: los cuatro años del mandato de Néstor Kirchner. Cuando se recuperaron y la puja distributiva, alentada por ese gobierno, empezó a cuestionar esos niveles de ganancias restaurados, volvieron a  navegar por el cauce de la ortodoxia.

Hegemonía

La actual crisis de la economía macrista debería impulsar al mundo industrial a repetir el comportamiento de esa primera etapa del kirchnerismo, de acuerdo a los abultados resultados negativos que reflejan balances de grandes grupos industriales. Sin embargo, pese a las tensiones existentes al interior del poder económico, no está habiendo esa reacción en forma tan clara y, por el contrario, muchos de ellos han reafirmado en estas semanas el apoyo a la fuerza política que con su gestión de la economía le ha provocado importantes quebrantos. Pérdidas generadas por la megadevaluación, que ha aumentado en forma sustancial la carga financiera por la deuda en dólares acumulada, y por la destrucción del mercado interno, que ha significado una brusca caída en las ventas.

El Grupo Clarín, como conglomerado económico, no simplemente como un diario, lidera ese posicionamiento del establish-ment, que no manifiesta mucha resistencia frente al industricidio. Ejerce la hegemonía al interior de la fracción del capital de origen local, con cada vez menos competidores arrastrando al conjunto hacia su cosmovisión política y económica. La decisión estratégica de los accionistas de Clarín es entendible en función a su propio negocio, puesto que se ha consolidado en el sector servicios de telecomunicaciones al absorber Telecom (Internet, tv por cable y telefonía, además de productora de contenidos periodísticos). La fase descendente del ciclo económico no lo afecta tanto en el nivel de actividad –vale tener en cuenta que ejerce posición dominante–, y sólo el descontrol financiero del macrismo que derivó en una megadevaluación lo impactó en el renglón de la cuenta financiera del balance por la deuda en dólares contraída.

El proyecto desarrollista, que implicaba fortalecer la base industrial del país y del que fue promotor en la década del ‘60 y ‘70, hoy no es necesario para el plan de negocios del Grupo Clarín. El neoliberal, con predominio de las finanzas internacionales y crecimiento de los servicios, encaja en su propia estrategia de expansión. Supone, de acuerdo a lo que expone diariamente a través de sus diversos canales de expresión, que estaría en riesgo en un gobierno “populista”. Por eso, además de la venganza por el atrevimiento de CFK de impulsar la ley de medios cuyo objetivo era desmonopolizar, el fomento de la grieta, con un elevado grado de violencia simbólica, forma parte de la base de su esquema de negocio. Exacerbación que lanza a la sociedad a una especie de “guerra civil” de baja intensidad, donde se repudia y pretende suprimir cualquier expresión política, social y cultural asociada con la letra K. 
    
Lectura

En estas circunstancias críticas, por la debacle de la economía macrista, predominio de la concepción ortodoxa, el acelerado proceso de desindustrialización y la consiguiente modificación de la estructura del poder económico, es muy útil retomar lecturas de textos de Jorge Schvarzer, uno de los más lúcidos estudiosos del proceso industrial y de desarrollo argentino. En uno de ellos, “La industria argentina en la tormenta de los ‘90”, afirma que “el discurso antiindustrialista caló muy hondo en los empresarios locales, que perdieron su imagen autoasignada de dignidad”. 

Schvarzer apunta que en el imaginario social, la industria pasó a convertirse en culpable de los problemas argentinos y comenzó a ser vista como proveedora de bienes de baja calidad, cuyos precios se mantenían elevados pese a los abultados subsidios recibidos. Para sentenciar que esa perspectiva afecta el comportamiento de los empresarios; el contexto social hostil a su actividad repercute en actitudes y políticas públicas en el sentido inverso al que observaba Ger­shenkron como elemento dinámico del progreso. 

La referencia a este economista ruso, crítico del marxismo, que en la década del ‘20 del siglo pasado se fue a Suiza y luego a Estados Unidos, se debe a que su principal contribución a la economía fue la elaboración de un modelo de desarrollo económico tardío. Sería el caso argentino. La hipótesis central de Gershenkron es que el atraso económico relativo puede jugar un papel positivo dado que induce a la sustitución sistemática de los supuestos prerrequisitos para el crecimiento industrial. O sea, se generan condiciones para saltar etapas tradicionales del desarrollo. Para ello, la intervención estatal puede compensar la inadecuada oferta de capital, trabajo calificado, capacidad empresarial y tecnológica.

En línea con ese razonamiento, el predominio de las ideas de la ortodoxia en el mundo empresario argentino fue un obstáculo para aceptar un Estado intervencionista para avanzar y saltar etapas del desarrollo. Se abriría esa oportunidad con un cambio de gobierno de signo político diferente al actual. 

Schvarzer menciona que varios grupos que habían experimentado un rápido crecimiento como industriales, merced al impacto de las políticas de promoción, tendieron a reconvertirse hacia las actividades de servicios. Señala que a medida que los intereses de esos grupos se diversifican, se reduce el peso de la actividad productiva en el conjunto de sus negocios en beneficio de aquellos más ligados a prestaciones de carácter monopólico o bien dirigido a atender la demanda más o menos cautiva de sectores de altos ingresos. Dice además que “las fábricas subsisten pero ya no ocupan el centro de atención de sus propietarios; están más interesados en otras actividades alejadas de la producción”. Para luego realizar una aguda observación: “Resulta sugerente en este sentido el espacio que dedican las revistas locales de economía y negocios a relatar la historia de nuevos empresarios, que crecen y se enriquecen en actividades no fabriles, y hasta directamente opuestas a la industria -como la importación- frente al escaso o nulo interés dedicado a situaciones –poco visibles, si las hay– de empresas industriales exitosas”. 

Una elite antiindustrial

En noviembre de 2017, la industria utilizaba en promedio el 69,2 por ciento de su capacidad instalada. Fue el valor más elevado del ciclo neoliberal iniciado en diciembre de 2015 con el gobierno de Mauricio Macri. El último dato oficial proporcionado por el Indec muestra que ese indicador ha descendido a 57,7 por ciento. Esa diferencia de 11,5 puntos porcentuales es reflejo de la desindustrialización macrista. Este saldo se reconoce en la política neoliberal aplicada en estos años: apertura importadora, tarifazos, tasas de interés reales altísimas, orgía financiera de endeudamiento externo, megadevaluación, reducción del ingreso disponible en la mayoría de la población y la consiguiente depresión del mercado interno, más la desarticulación de regímenes de promoción vía impositiva y/o financiera y el desfinanciamiento de organismos del Estado vinculados al apoyo técnico a la industria como el INTI. 

Pese a que fue escrito pensando el largo ciclo neoliberal iniciado a mediados de los setenta y que estalló en el 2001, ese texto de Schvarzer encaja a la perfección con el actual proceso de desindustrialización. Dice que la evolución de estos años (se refiere a los noventa) sólo puede explicarse por una combinación de factores ideológicos, económicos y sociales que llevaron a este resultado. Indica que no todas esas causas tienen la misma importancia pero su suma resultó un obstáculo formidable en el camino de la industria. Para explicar que una primera causa es la añoranza de la clase alta tradicional por el pasado de riqueza que el país gozó durante el largo periodo de explotación de las ventajas comparativas del área agropecuaria. Señala que ese grupo social no aceptó nunca, y tampoco puede imaginar, que tal riqueza provenía de la prodigalidad de la naturaleza mucho más que de la presunta habilidad de sus ancestros. En cambio cree con firmeza que debe volverse al sistema que imagina como de economía abierta, exportación de productos primarios e importación de bienes industriales, aunque acepte con tono moderno ciertas modificaciones menores al modelo extremo. “La apelación continua a ese pasado imaginado como glorioso cimenta sus convicciones y afirma su unidad social”, sentencia Schvarzer.

Como si estuviera presente y hablara de la economía macrista, afirma que “ese proceso llevó a que la industria quedara huérfana de sus antiguos soportes; hoy no tiene protección del mercado interno, ni promoción oficial, ni ningún sistema de incentivos a sus proyectos y actividades. El ajuste, más la decisión de modificar de raíz la economía argentina, dejó poco o nada en pie de la antigua estructura; en lugar de corregir y adecuar la función de un sistema que no cumplía bien su función, se optó por eliminarlo”. 

Acelerar la desindustrialización es la propuesta de Macri para su segundo mandato, que se deriva de su promesa de profundizar el actual ajuste ortodoxo. Ajuste que sería caótico porque se aplicaría en un escenario de crisis de la deuda y elevada inflación, ambos factores que se realimentan mutuamente. Es el proyecto de país que, por ahora, apoya un sector relevante del establishment industrial. La evidencia de los costos elevados de este sonoro derrumbe puede que lo induzca a modificar el aval al industricidio.