Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

jueves, 14 de septiembre de 2023

SÍSIFO
(Por Roberto Feletti)

La Argentina atraviesa un escenario de aceleración inflacionaria inédito en las últimas tres décadas. La presión sobre el índice de precios es simétrica a la escasez de divisas en el Banco Central. La definición de país “bimonetario”, en el que el peso funciona como una moneda para las transacciones y el dólar como una reserva de valor —en la que se valúan los patrimonios de las empresas y los ahorros de los individuos—, define que cualquier desequilibrio en el sector externo inmediatamente impacta en los precios internos de la economía, pues todos los agentes económicos intentan ajustar sus beneficios y sus ingresos al alza del dólar provocada por el desequilibrio mencionado.

Esta correlación directa entre el dólar y los precios internos, impropia de la diversidad productiva y de la disponibilidad de recursos vigente en la Argentina, se ha ido agudizando con los sucesivos ciclos de endeudamiento público y con la salida privada de capitales ocurridos en la historia reciente (1978-1981, 1996-2001, 2016-2019).

Un Estado recurrentemente quebrado por una deuda improductiva y la formación de activos privados en el exterior que se apropian de ese flujo de divisas conforman el factor decisivo de los péndulos de crecimiento, deuda y crisis, y nuevamente volver a empezar, como el mito de Sísifo.

En el presente, y con claridad desde la crisis de 2018-2019 (amortiguada por el monumental préstamo que el FMI otorgó al gobierno de Macri), la Argentina se desliza hacia episodios de aceleración cambiaria e inflacionaria, provocados por el desequilibrio de las cuentas externas que genera la deuda pública con financistas privados y con el propio Fondo.

El gobierno de Alberto Fernández intentó evitar las gravosas consecuencias del desbalance provocado por los créditos contraídos durante la administración de Macri, pero estuvo muy lejos de aplicar políticas que resolvieran el problema y le otorgaran consistencia al balance de pagos, desperdiciando las siguientes oportunidades:

No atesoró reservas internacionales con la oferta de divisas proveniente del superávit de la balanza comercial, que en el trienio 2020-2022 fue de 34.000 millones de dólares. Tampoco aprovechó el desembolso sin condicionalidades efectuado en la pandemia por el FMI de 4.200 millones de dólares. El excedente de dólares en ese lapso alcanzó un total de 38.200 millones de dólares, pero las reservas internacionales se redujeron en 300 millones de dólares.

Se aceleró en plena pandemia la reestructuración de deuda con el sector privado, reconociendo un valor presente de los nuevos bonos (57 dólares por cada 100 dólares emitidos), superior al vigente en el mercado (40 dólares por cada 100 dólares en el mercado). Además, no se gestionó una quita relevante y no se produjo un efecto favorable para el ingreso de dólares financieros, dado que el riesgo país, a pesar del canje de bonos, se duplicó (de 1.000 pb a 2.000 pb).

El acuerdo con el FMI estableció condicionalidades impropias para las debilidades de otorgamiento que este presentaba. Es un acuerdo que subordina la política económica nacional a generar excedentes para el pago sin contemplar el devenir propio de una economía como la argentina.

Este recorrido sobre los factores que debilitan la solvencia del sector externo y que necesariamente impactan en el régimen de precios argentino tiene por objetivo crear un marco que explique la presente aceleración inflacionaria.

La estabilización de las variables económicas depende entonces de un sector externo robusto oferente de divisas que se acumulen en el Banco Central. La política fiscal y monetaria tiene capacidad de incidir en la estabilización, en tanto se parta del sector externo.

En este contexto electoral, se abre un debate entre los candidatos sobre el programa necesario para reducir, e inclusive erradicar, definitivamente la inflación. Todas las ideas esbozadas por los postulantes de la derecha conservadora remiten a la experiencia de los ‘90 conocida como régimen de convertibilidad, durante el cual, a lo largo de una década (1991-2001), el valor del dólar se igualó al peso en una unidad (1 dólar = 1 peso). La paridad fija se estableció por ley.

Javier Milei, si bien ahora ha relativizado el planteo inicial, arrancó planteando la supresión definitiva del peso y su reemplazo por el dólar, en un esquema conocido como “dolarización”. Al igual que en la convertibilidad —pero ya de forma irreversible, porque no existen experiencias en la historia económica que revelen que un país abandonó su moneda y luego volvió a ella—, la dolarización implica que la actividad económica de la Argentina dependerá exclusivamente de la oferta de divisas, habida cuenta de que la enorme mayoría de sus oferentes son agentes económicos privados y, consecuentemente, tendrán la capacidad de moldear el esquema productivo del país conforme a sus intereses. Bullrich ha expresado un sendero de fijación del tipo de cambio con las reservas en el marco de un mercado libre en un sistema muy similar al de la convertibilidad.

En ambos casos, la estabilización se da por el sector externo, pero con un régimen cambiario que suprime completamente la autonomía de la actividad productiva nacional respecto de la oferta de divisas, habida cuenta de que el sector privado oferente es el primario-financiero. En definitiva, los dueños de los recursos naturales (agro, minería y energía), con mentalidad extractivista, y los fondos de inversión tenedores de deuda pública argentina en dólares, conformarán (no sin tensiones) el bloque empresarial que manejará la economía nacional. Estos modelos de estabilización quitan al Estado la capacidad de enfrentar una crisis global, dado que no pueden proteger la economía interna porque no administran el valor del dólar, con lo cual un shock externo golpea de lleno al país.

La segunda limitante, asociada a la primera, radica en la incapacidad de utilizar la política monetaria y fiscal para atenuar los ciclos negativos de la actividad.

Por último, y relacionado con lo anterior, en los modelos que proponen Milei y Bullrich, una política de ingresos redistributiva en favor de los asalariados, es inviable. En síntesis, la estabilización de la economía desde el sector externo, a partir de fijar a largo plazo el valor del dólar por cualquier instrumento, y quitarle al Estado la capacidad para administrar el tipo de cambio, deja inerme al país frente al devenir de la economía internacional y congela la distribución del ingreso existente al momento de aplicar el régimen.

Los ejemplos históricos aportados por la convertibilidad son elocuentes. El tipo de cambio fijo en el tiempo planchó los precios, pero —desde su entrada en vigencia— comenzó a crecer exponencialmente el desempleo. En efecto, la convertibilidad se inició en abril de 1991 y para octubre de 1994, el desempleo ya había trepado al 12 %. El segundo elemento grave es que se desvinculó la creación de empleo en la Argentina respecto de la tasa de crecimiento económico.

En los mejores años de la convertibilidad, 1991-1994, la tasa de crecimiento promedio anual superó el 6 %, sin embargo, el desempleo trepó del 7 % al 12 %.

La gravedad de este esquema económico se vio en toda su dimensión en la segunda mitad de la década del ‘90, dado que en 1995 se produjo el golpe de una crisis internacional comenzada en México, que se propagó a Brasil y a la Argentina con fuerte salida de capitales. En tanto la Argentina no podía mover su tipo de cambio para amortiguar los efectos internos de la crisis, sostener el régimen de paridad fija implicó que el desempleo alcanzara el 18,6 %, creciendo un 50 % por sobre el ya elevado nivel de 1994.

En las elecciones presidenciales de 1995, el pueblo argentino se vio entrampado en una discusión parecida a la actual, en la que el temor a la hiperinflación, vivida recientemente en el año 1989, determinó que se votara por sostener la estabilidad de precios sin priorizar la creación de empleo. La economía volvió a crecer en el trienio 1996-1998 a una tasa promedio anual del 3 %, pero el desempleo se sostuvo en torno al 14 %, ratificando que la convertibilidad era un modelo que divorciaba el crecimiento económico de la creación de empleo por primera vez en la historia argentina.

El rechazo electoral a este régimen y la incapacidad de los gobernantes electos para resolver este cuadro de situación desembocaron en la catástrofe del 2001, cuyos determinantes ya estaban vigentes desde mucho antes.

Este recorrido histórico sirve para fundamentar que cualquier plan anti-inflacionario que suponga estabilizar el sector externo congelando el valor del dólar sólo puede desembocar en la configuración de un modelo económico con elevado desempleo. La convertibilidad determinó que la Argentina tuviera el ciclo más largo de desempleo de dos dígitos de toda su historia, doce años consecutivos entre 1994 y el 2006, algo que no había ocurrido ni siquiera en la crisis de 1930. Es muy peligroso alcanzar la estabilización de precios a costa del sistema productivo.

En cambio, la política que viene llevando adelante Sergio Massa, en procura de fortalecer el sector externo, pero preservando actividad y empleo, es un tránsito hacia un escenario de mayor holgura de divisas en el año 2024, que permita estabilizar precios con una economía creciendo y un desempleo bajo.

Es real la necesidad de acumular dólares en el Banco Central como mecanismo de estabilidad. Pero eso no es antagónico con una economía industrial y un régimen de pleno empleo. Definir hasta dónde se puede poner en marcha un modelo productivo con autonomía de su sector externo es un trabajo diario y sereno como el que viene llevando adelante el actual equipo económico. El año que viene, con un excedente de balanza comercial que según las estimaciones superará los 18.000 millones de dólares, este tipo de esfuerzo se verá decisivamente robustecido.

 



UN VIAJE EN EL TIEMPO
(Por Pablo Vera)

Como a miles de argentinos, me gustaría viajar en el tiempo. Algunos para ver si Van Gaal, el técnico de Holanda, sigue protestando contra Argentina y Messi. Otros para ver si Tinelli en 2040 sigue con el “Bailando”. Alguno para enterarse de cuántas veces Patricia Bullrich va a seguir cambiando de partido político. En lo particular, quiero viajar al futuro para ver como sería una Argentina con Milei presidente.

Un científico del Conicet me presenta al notable físico Stephen Hawking y le pregunto si es posible que pueda viajar en el tiempo a la Argentina de 2024/2027. Después de contarme que él visitaría a Marilyn Monroe o a Galileo, me recomienda leer el capítulo seis, “Es posible viajar en el tiempo”, de su libro  de 2018 “Breves Respuestas a las Grandes Preguntas”.

Como tengo apuro, Hawking me manda a hablar con el físico y escritor Paul Davies, especialista en cosmología y astrobiología. Y me recomienda que en el camino vaya leyendo su “Cómo Construir una Máquina del Tiempo” (2002).

Davies me recibe muy amablemente. Y lo que me sale, ahora que leí el capítulo tres de su libro, es preguntar si se puede hacer. Resulta que sí, que se puede, pero el problema es que es carísima. Le pregunto si sabe de alguien que la haya fabricado y me puede conseguir un viajecito promocional. Davies se sonríe y me pide un rato, a ver qué puede hacer.

Davies se retira por un largo pasillo de su casa, vaya a saber a buscar qué  Me quedo dormido. El cansancio del viaje y la comodidad del sillón conspiran.

Davies me despierta. "Pablo,  lo esperan para viajar en el tiempo, pero con una condición: que averigüe si Italia clasifica para el Mundial de Fifa 2026 y si Alemania pasa de ronda". Le prometo averiguarlo y me avisa que me van a vendar los ojos en el viaje, porque no puedo ver la máquina ni de dónde sale.

El viaje en el tiempo me hace acordar a la sensación de velocidad y de vacío en el estómago de una montaña rusa. 

Capricho del tiempo o del destino, caigo en medio de una manifestación de cientos de jóvenes con una gran bandera del Movimiento de Jóvenes Ex Libertarios. Pregunto qué pasa y me miran raro: "¿Usted donde vive? Milei nos traicionó, nos prometió acceso a dólares sin trabas, pero con la cotización que tienen, necesito días de 48 hs para hacer un verde". 

Otro grita “¿cómo podés hacer negocios y guita si es imposible renovar el celu?".

¿Pero la importación no es libre? "Sí, claro, pero también es libre mi sueldo", dice. "Bueno vos tenes sueldo, yo necesito multiplicar mi pedaleo para vivir…"

La manifestación de los ex libertarios se cruza con otra de productores ganaderos que reclaman el cese con hostilidades con China ¿Le declaramos la guerra? Un ganadero me mira y me dice: "amigo, ¿usted vive en un agujero o es un marciano?" No me animo a explicarle y le invento que no le doy bola a la política. "Bueno, lo que pasa es que el genio de Milei, al privatizar el SENASA, nos está llevando a la ruina. China no quiere comprar nuestros productos…"

Camino un par de cuadras y otra manifestación. Esta vez veo pymes y CGT. El reclamo es parar importaciones y rechazo a que la competitividad de la industria se gane con rebajas salariales.

¿Pero no podrán bajarse los costos de producción con el gas de Vaca Muerta YPF? "Usted vive en un frasco", me contesta enojado un empresario. "YPF hace meses fue privatizada."

Cerquita del Congreso veo salir una columna de la UCR de su Comité Nacional. Reclaman  la inconstitucionalidad de la dolarización por violar el artículo 75 inciso 6 de la Constitución Nacional.

Decido ir para la provincia de Buenos Aires. Veo vecinos ambientalistas reclamando contra la privatización del Rio de la Plata. Lo exigen en un abrazo simbólico sobre el Camino de Sirga del Riachuelo. Pregunto qué pasa. "¿Cómo que pasa? El presidente Milei dice que no hay problema con contaminar el río, que eso sólo expresa que hay abundancia de agua. Cuando el rio sea un negocio, la contaminación va a estar tarifada… ¿No vio cómo ya privatizó el Mar Argentino? ¿O usted es un mileista?" A la mirada desconfiada de la vecina de Piñeiro le contesto con un nada que ver, hace tiempo que estoy de viaje… 

Voy hacia La Plata y hay poco tránsito. En el peaje me explican que "con lo que sale la nafta quién puede cargar el tanque. La nafta privatizada YPF se vende al precio internacional". Estoy llegando. Otra manifestación reclamando por el arancelamiento de la Salud Pública.

Me tomo un café y le pregunto al mozo sobre la seguridad. Sorprendido, me explica que "con el blanqueo de dólares sin control, los narcos se fortalecieron. Y la construcción de establecimientos penitenciarios por sistema de gestión pública-privada, mercantilizó las privaciones de la libertad". ¿Se puede comprar la libertad? El mozo no responde pero me guiña el ojo. ¿Y la tolerancia cero contra la delincuencia que prometió en su plataforma electoral? "Mire si usted frente al narcotráfico sólo agarra perejiles y le blanquea la guita a los narcos grandotes, no pretenda milagros".

De repente mi esposa me despierta. ¿Entonces fue una pesadilla? ¿No viajé al futuro y estoy en septiembre de 2023?

Van Gaal sigue criticando a Messi, Alemania se comió 4 con Japón en un amistoso , cuatro derrotas consecutivas en cinco partidos. Aunque parece queTinelli levanta el Bailando.

No existe el MJEL, pero habría que ir buscando a esos jóvenes, escucharlos, entender sus enojos y, por qué no, decirles que les pedimos disculpas. Hay que decirles que es comprensible que muchos se sientan defraudados. Y hay que hablarles mirándolos a los ojos y sin subestimarlos, porque la máquina del tiempo no existe y es mejor evitar las frustraciones desde ya.

 



viernes, 28 de julio de 2023

Los días en que se nublaron los sueños. La primera intervención norteamericana
(Por
Eduardo Torres Cuevas)

Cuando era niño, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, una frase era común entre mis mayores para indicar un verdadero desastre: “Le cayó un 20 de mayo”.

Me llevó cierto tiempo entender lo que querían expresar personas sencillas en conversaciones variadas y simples. Cierto es que ese día se celebraban desfiles, actos cívicos, discursos oficiales y no oficiales, pero cierto es también que podían observarse las críticas en las cuales aparecían, reiteradamente, las palabras “Enmienda Platt”, “intervención”, “despojo”, “Guantánamo”.

Fui también un joven afortunado en mis estudios de bachillerato. Entre los más destacados profesores del Instituto de la Víbora estaban los doctores Fernando Portuondo y del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, que cubrían la asignatura de Historia de Cuba.

El libro del primero sobre esta materia era el texto de la asignatura. Editado por primera vez en 1949, es uno de los libros que cuenta con más reediciones y reimpresiones; es una joya pedagógica, de rica documentación y fino patriotismo. [1] La doctora Pichardo, por su parte, construyó durante décadas los tomos de sus Documentos para la Historia de Cuba, obra indispensable y no superada para conocer y meditar sobre el pasado-presente de nuestra nación. [2] Era su obsequio a los jóvenes que quieren conocer nuestra historia en sus propias fuentes. Los que pasamos por aquellas aulas supimos por qué las tropas de Calixto García no pudieron entrar en Santiago de Cuba al terminar la contienda con España y leímos los contenidos de la Enmienda Platt.

En aquellos años de formación y de lecturas permanentes, las obras de Emilio Roig, Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos Historia de la Enmienda Platt (por cierto, debían reimprimirse y editarse en digital), [3] así como las de otros destacados estudiosos cubanos, ayudaron a entender parte de la complejidad de nuestro siglo XX.

Sin embargo, para profundizar en un proceso tan complejo como el que conduce al 20 de mayo de 1902, ese conocimiento era insuficiente. Había que penetrar más en aspectos diplomáticos, sociológicos, económicos y, en especial, culturales y de mentalidades; había que comprender mejor el sangriento nacimiento de la época en que surgía la República de Cuba. Durante los últimos 60 años, son numerosos los trabajos específicos, dispersos en libros y revistas especializadas y culturales, nacionales e internacionales, que rodean y cercan el tema de lo ocurrido entre el 1 de enero de 1899 y el 20 de mayo de 1902.

La historia, esa constante aventura del pensamiento que se desliza sobre terrenos quebradizos, conforma una parte esencial de lo que se es y de lo que se piensa. Sufre, como pocos espacios científicos, interferencias ajenas que diluyen en especulaciones resultados de investigaciones serias, ricamente documentadas. Creo que no deben olvidarse las fechas trascendentes, pero no creo que recordarlas el día de su aniversario sea suficiente para tener conocimiento y conciencia históricos de su significación. Es necesario, más allá de un reportaje de ocasión, cultivar la riqueza interior en el individuo que se aproxima a ellas; motivar ideas, sembrar cultura. Las fechas históricas, como la del 20 de mayo de 1902, son el resultado de un proceso histórico concretado en un día. También, el inicio de una nueva complejidad. Un cambio profundo en la historia de la nación cubana.

El 1 de enero de 1899 cesa la soberanía española en Cuba y se inicia la norteamericana. Los independentistas cubanos no habían previsto semejante situación. Se regían por la Constitución de la Yaya, que regulaba el funcionamiento de la República de Cuba en Armas. A tenor de esta carta magna, aprobada en 1897, estaba establecido el Gobierno republicano independentista, cuyo presidente lo era Bartolomé Masó Márquez. Era una constitución provisional. Estaría en vigor, según se estipulaba, mientras durara la guerra. Establecía que, si las armas cubanas no habían triunfado dos años después, se efectuaría una nueva Asamblea Constituyente. Una vez concluida la contienda con el triunfo del Ejército Libertador y pactadas las condiciones de paz con España, se convocaría, según sus artículos 40 y 41, a una nueva Asamblea Constituyente que elaboraría la definitiva carta magna para la República de Cuba, independiente, democrática, laica y soberana. No fue lo que ocurrió. [4]

En los destinos de Cuba estaban interesadas dos fuerzas externas: una en plena crisis y decadencia con potencia mundial, España; la otra, Estados Unidos, en condiciones de presentar sus cartas credenciales como potencia mundial en lo político, lo económico y lo militar. Los políticos españoles sabían que no podrían enfrentar a la potencia del norte, pero preferían una derrota “honrosa” frente a esta que no ante las fuerzas del Ejército Libertador. A comienzo de la contienda, el general Arsenio Martínez Campos le recomendaba a la Corona: “Y si en su empeño a favor de la independencia enviasen los Estados Unidos un cuerpo de ejército, en vez de una guerra deslucida, lucharíamos, tendríamos batallas y si la suerte no nos favoreciese, si perdiéramos a Cuba, la perdería España con honra”. [5] Más que un pacto de familia se prefiere salvar un mal concepto de la honra. En el momento decisivo de la guerra, el jefe del Gobierno español, Práxedes Mateo Sagasta, repite la misma idea: “Perder un pedazo de territorio en lucha con una nación más poderosa es sensible, pero después de todo no es una deshonra (…) Pero un pedazo de terreno perdido en lucha con Máximo Gómez y Calixto García, eso más que sensible, sería verdaderamente deshonroso”. [6]

El secretario de Estado de la unión norteamericana, John Hay, calificó la contienda con España como “una guerrita espléndida”. La contienda en Cuba duró menos de un mes, del 22 de junio de 1898, primera acción militar norteamericana en suelo cubano, al 17 de julio, rendición de Santiago de Cuba. El saldo militar resulta significativo: 3 469 muertos (3 245 españoles y 224 norteamericanos). A ello se añadía la pérdida de lo fundamental de la armada española en Santiago de Cuba y en Filipinas. La honrosa y sangrienta rendición de España no se hizo esperar. Una nueva sorpresa esperaba a los cubanos. No fue invitado el Gobierno de la República de Cuba en Armas a las conversaciones de paz, que culminaron el 10 de diciembre de ese año con la firma del Tratado de París entre España y Estados Unidos. La potencia norteamericana se convertía en la primera no europea en la discusión por el reparto del mundo. Adquiría del León Ibérico las Filipinas y la isla de Guam –perteneciente al archipiélago de las Marianas–, lo que la colocó a las puertas de Asia. Además, España le cedía la isla de Puerto Rico. En cuanto a Cuba, el problema era otro.

La justificación para intervenir en la guerra hispano-cubana se presentó con la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana. Independientemente de las causas que motivaron el estallido, el cuarto poder en Estados Unidos, la prensa, culpó a los españoles y creó un estado de efervescencia patriótica antiespañola. Acuñaron una vieja consigna, utilizada durante la guerra contra México, “Remember el Álamo”, solo cambiándole el nombre, “Remember el Maine”. La comisión norteamericana encargada de la investigación determinó que la explosión había sido causada por un factor externo; a la comisión española se le impidió actuar in situ. Se sostuvo el absurdo de que los españoles, interesados en evitar una guerra con Estados Unidos, habían causado la explosión. En una investigación tardía se demostró que la explosión había sido interna, accidental. [7] El Senado y la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos emitieron la Resolución Conjunta en la que se afirmaba que “el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”. Por cierto, no se mencionaba el Maine. El “motivo bélico” era la situación cubana. A tenor de ello, le declararon la guerra a España. En el Tratado de París, la monarquía española renunciaba a cualquier tipo de soberanía y propiedad sobre Cuba, traspasando la soberanía y la administración del país a Estados Unidos. Este se comprometía a cumplir las obligaciones que, por el derecho internacional, se establecen para la protección de vidas y haciendas. Al terminar la “ocupación” –concepto establecido en el propio Tratado– solo se limitarían a “aconsejar” al nuevo Gobierno cubano sobre las obligaciones establecidas para cualquier Estado.

El desconcierto, el caos y la ruina se habían extendido por toda Cuba como consecuencia de la Reconcentración de Weyler, de la guerra desgarradora (denominada Guerra Total), del bloqueo al que la armada norteamericana sometió al archipiélago cubano y de la incertidumbre sobre el destino del país. Los revolucionarios cubanos lo habían sacrificado todo por la creación de una nueva nación, independiente y soberana, donde gozaran de libertad, igualdad, democracia, bienestar y concordia todos los habitantes del país, incluso los españoles.

En medio de las desgracias personales, surgieron los oportunistas sin escrúpulos. Muchos patriotas habían abandonado casa, familia, propiedades. Al terminar la contienda, solo encontraron ruinas y, lo más grave, sin recursos para iniciar una nueva vida. Un mambí, un simple mambí, escribía: “He sufrido mucho, !mucho! (…) Es la historia de todos, casi todos humildes que liberamos a Cuba y hoy no tenemos que comer (…) En mi propio suelo (…) Me veía sin protección o amparo”. [8] Otro libertador afirma: “¿Usted sabe? que, abandonando mis intereses y mi familia, fui entre los primeros en empuñar las armas y secundar la revolución (…) Yo, que he servido a mi país, que todo lo he sacrificado, no puedo ni siquiera tener a mi lado a mi familia por carecer de recursos para ello. No puedo emprender ningún negocio ni reconstruir mi finca por carecer de recursos…”. [9]

Lo más triste era que muchos de los voluntarios que sirvieron en las fuerzas españolas o que las apoyaron se habían enriquecido despojando a los cubanos o especulando en negocios turbios con el poder colonial. El propio cónsul de Estados Unidos en Santiago de Cuba señala: “Las casas de empeño florecieron (…) Los prestamistas se convirtieron en un grupo sin escrúpulos”.

Ante el pedido de créditos, préstamos a bajos intereses o subsidios, el gobernador interventor, John R. Brooke, “después de estudiar la situación”, llega a las siguientes conclusiones, por cierto, muy contemporáneas: primero, desechar lo solicitado, porque ello responde a un sistema paternalista extraño al espíritu de un pueblo libre; segundo, que la solución estaba en los bancos.[10]

Efectivamente, florecieron los bancos; los que no tenían nada, nada recibieron. Comenzaron a exhibirse riquezas y pobrezas. Se entristeció el campo al brotar poderosos latifundios; la ciudad ocultaba cuarterías y espacios de miseria. Sucedió algo inevitable. Ante la falta de justicia y la depredación, muchos comenzaron a tomarse la justicia por su mano. Contra el bandidismo rural en ciernes, se creó la Guardia Rural, el cuerpo armado más importante del futuro Estado. En nada se parecía a la sociedad pensada y soñada por Martí “con todos y para el bien de todos”. No se pensaba en todos ni se actuaba para el bien de todos. Al conformarse la nueva república, ya la sociedad había dispuesto el lugar de cada cual. Los vencedores de la guerra eran los vencidos de la paz.

Un testigo excepcional del proceso de ocupación norteamericana fue el Generalísimo Máximo Gómez. Como jefe del Ejército Libertador, tenía una visión panorámica de los acontecimientos. En su Diario de campaña va dejando constancia de sus impresiones. Ante el pacto hispano-americano, anota: “Se ha firmado la paz, es cierto, pero también lo es que fue una lástima, que los hombres del Norte, largo tiempo indiferentes, contemplaran el asesinato de un pueblo, noble, heroico y rico”. [11] Hace constar: “Aquí se me ha reunido todo un pueblo hambriento y desnudo”. Ya producida la ocupación americana, escribe: “Los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del país, su espontánea intervención…”. [12] Ese mismo día, agrega: “La actitud del Gobierno americano con el heroico pueblo cubano, en estos momentos históricos, no revela a mi juicio más que un gran negocio…”. [13] Termina su diario con el siguiente párrafo:

“La situación pues, que se le ha creado a este pueblo, de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”. [14]

En el terreno político, el movimiento independentista quedó acéfalo. Las tres instituciones que le habían dado su fuerza y coherencia –y sus contradicciones-: el Gobierno de la República en Armas, el Partido Revolucionario Cubano y el Ejército Libertador, por distintas circunstancias, fueron disueltas. Ninguna de las tres había previsto una situación como la que se presentaba. El Gobierno de la República en Armas, cumpliendo con lo estipulado en la Constitución de la Yaya, se disolvió para dar paso a una nueva Asamblea que analizaría el camino ante las nuevas circunstancias y prepararía las condiciones para la redacción de la Constitución de la República de Cuba, independiente, soberana y democrática. No fue oficialmente tenida en cuenta por el Gobierno interventor. Simplemente, la ignoró. Para contribuir más al desastre, los asambleístas fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Atacándose entre ellos, llegaron a amenazar al Generalísimo Máximo Gómez.

La desunión impidió la acción coherente. Terminaron, después de varios traslados, por disolverse sin ningún acuerdo. Si algo se hizo evidente, fue la falta de liderazgo. Máximo Gómez expresaba la necesidad de la presencia de José Martí en aquellas circunstancias “porque él si sabía qué hacer”. Cierto que había excelentes tribunos, escritores, abogados, médicos, periodistas, autodidactas, pero ninguno ejercía un verdadero liderazgo sobre la mayoría. Brillantes algunos, carecían de una visión global y real de lo que significaba la ocupación norteamericana, del lugar que se le asignaba a Cuba en la geopolítica de esa nación. El pensamiento de Martí era desconocido por la mayoría. Unos pocos pensaban, como Gómez, “este era el momento de Martí”.

En la pugna entre los nacientes políticos provenientes del bando independentista, el problema del Ejército Libertador ocupaba un lugar especial. Algunos especulaban con un suculento préstamo de Estados Unidos, lo que endeudaría a la república antes de nacer. Lo cierto es que parte de los miembros de las fuerzas libertadoras abandonaban sus filas por creer que, con el fin de la guerra, se había terminado su deber patriótico; otros, por la perentoria necesidad de ocuparse de sus familias hambrientas y desarrapadas. Las tropas con que contaba Máximo Gómez carecían de todo tipo de recursos. Dependían de ayudas espontáneas de los pobladores. Sin embargo, a pesar de lo difícil de la situación, el general Wood y sus oficiales constataban que, pese a la hambruna y la falta de recursos, unidades completas mambisas se mantenían con sus armas, en espera de una definición de la situación. Se siguió la política de no brindar recursos a quienes asumían dicha actitud. El interventor decretó una orden militar que disponía que: “Ningún cubano que porte un arma debe obtener trabajo o comida”. [15] Sin muchas alternativas, y motivado por el desastre político, el Generalísimo pactó el licenciamiento del Ejército Libertador. Al menos, sus miembros recibirían algún subsidio y siempre, por su condición patriótica, en caso necesario, podría contarse con ellos.

La disolución del Partido Revolucionario Cubano fue más simple. Por sus estatutos, había sido creado para lograr la independencia de Cuba y fomentar y ayudar a la de Puerto Rico. Tenía como figura principal a Tomás Estrada Palma, quien había sustituido a Martí como delegado. Internamente, después de la muerte del Apóstol, se observa una clara división y un cambio de política. Estrada Palma suprime la elección anual del delegado, por lo cual se mantuvo en el cargo hasta la disolución del Partido; centra su política en promover la ayuda norteamericana; se distancia del mundo de los trabajadores y desarrolla un acercamiento a la burguesía criolla sin muchas distinciones. Se podía entender que, con el fin de la guerra, Cuba había alcanzado su objetivo, pero también que, en esas circunstancias, previstas por Martí, no se había alcanzado la independencia, real objetivo del Partido. En esta segunda visión, el Partido era más necesario que nunca antes. Primó la primera, el Partido fue disuelto.

Cuba quedó, sin contraparte, al arbitrio del Gobierno interventor, que, por medio de órdenes militares, y apoyado por sectores internos, reorganizó y reestructuró el país. Para algunos ojos avisados, tanto cubanos como norteamericanos, de lo que se trataba era de la organización eficiente y moderna de “nuestra colonia de Cuba”. En el siglo XX, algunos estudiosos le otorgaron al país la condición de “satélite privilegiado”. Sin embargo, lo más trascendente estaba aún por ocurrir. Si Puerto Rico y Filipinas eran el resultado de una trasferencia de posesión, sobre Cuba había un acuerdo de que debía ser “libre e independiente”. El mundo entero conocía este argumento utilizado por Estados Unidos para declararle la guerra a España. Se diseñó un modelo diferente de dominación: formalmente libre, dependiente en lo económico, político y militar. No sería una colonia clásica, al viejo estilo, sino un nuevo tipo de dominación que fue denominada “neocolonial”. En lugar de un territorio físicamente ocupado, crearon un satélite que fuerzas centrípetas –económicas, políticas, militares y culturales– mantuvieran orbitando alrededor de la potente constelación de estrellas.

El 25 de julio de 1900, un año y siete meses después de iniciada la ocupación, el Gobierno interventor consideró que ya estaban creadas las bases para el funcionamiento del nuevo Estado dependiente. Publicó en la Gaceta Oficial la convocatoria a elecciones para conformar la Asamblea Constituyente encargada de redactar la constitución por la que se regiría la nueva república. Fueron electos los asambleístas. Resultó que la mayoría eran prestigiosas figuras del movimiento independentista. Cuba, con dificultad, aún respiraba. Trece altos oficiales del Ejército Libertador, antiguos miembros del Gobierno de la República en Armas y del Partido Revolucionario Cubano conformaban la mayoría absoluta de los constituyentistas. Nombres como Salvador Cisneros Betancourt, Juan Gualberto Gómez, Manuel Sanguily, Juan Rius Rivera, Gonzalo de Quesada, le daban especial calidad patriótica a la Asamblea. El 5 de noviembre se efectuó la sesión inaugural en el teatro Irijoa (hoy Martí) y 56 días después estaban redactadas las bases de la constitución que se sometieron a discusión entre los asambleístas a partir del 25 de enero de 1901. Los 115 artículos divididos en 14 títulos fueron firmados por los constitucionalistas la tarde del 21 de febrero de 1901.

El texto constitucional respondía a las concepciones del pensamiento jurídico liberal de finales del siglo XIX y a la herencia constitucional mambisa. Incluso, era más avanzado que el de otros países de referencia. Cuba dejaba de ser colonia dependiente de una metrópoli para constituirse en república soberana e independiente de democracia representativa estructurada en los tres poderes del Estado liberal: ejecutivo, legislativo y judicial. Se declaraba como Estado laico, por lo que no asumía ninguna religión en particular, y los ciudadanos podían libremente ejercer la de su preferencia. Con ello, se ponía fin al absolutismo de la Iglesia católica dependiente del Real Patronato de los reyes españoles. La Iglesia cubana también era liberada de su atadura colonial. Se organizaba la sociedad civil y se estipulaban los derechos y deberes fundamentales del ciudadano, antiguo vasallo del rey. Hoy, el Estado laico está generalizado, pero en aquellos tiempos de monarquías absolutas y religiones oficiales era un paso de avance en la liberación de las conciencias. Era un triunfo del independentismo liberal radical. El Estado laico francés, uno de los primeros en Europa, surgió tres años después que el cubano.

La Constitución de 1901 establecía la enseñanza pública, gratuita, obligatoria y laica. Uno de los puntos de discrepancia con los interventores era el relativo al voto. En varios estados de Estados Unidos no tenían derecho al mismo ni los negros ni los analfabetos. Los constitucionalistas aprobaron el voto universal masculino, que incluyó a negros y analfabetos. ¿Cómo negarle el voto a gran parte de los hombres que lucharon por la libertad de Cuba? Según la Constitución, todos los hombres eran iguales ante la ley. No es este el espacio para un estudio detallado de la Constitución de 1901, pero es importante tener en cuenta, a la hora de los análisis, qué se logró y qué no se logró en el tránsito de colonia a neocolonia. [16] Era una época en que el marxismo apenas conquistaba posiciones en las ciencias sociales y el leninismo no existía. Las generaciones formadas en el siglo XX entrarían de lleno en el estudio de la problemática social. Incluso, tendrían acceso al pensamiento martiano, cuyos principales documentos eran desconocidos por los hombres de 1902. La carta inconclusa a Manuel Mercado, que define la posición del Apóstol frente a Estados Unidos, no se conoció hasta 1910.

Fue entonces, Constitución en mano, que llegó el golpe definitivo a las aspiraciones cubanas: la Enmienda Platt. Los constituyentistas ignoraban lo que se tramaba en Washington. Nombraron una comisión de cinco miembros para elaborar una propuesta de relaciones bilaterales. El gobernador militar los invitó a una cacería de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata. Allí les dio a conocer la posición de su Gobierno sobre el tema: Cuba no podrá concertar acuerdos con potencias extranjeras, sin el consentimiento de Estados Unidos; Cuba otorgaría a esa nación el derecho de intervención cuando lo considerase necesario y el de adquirir tierras para establecer bases navales.

El 27 de febrero, después de deliberaciones secretas, los asambleístas aprobaron cinco bases contrapuestas a la posición norteamericana. La oposición a la imposición creció, tanto dentro de la Asamblea como en la opinión pública, pero sin plan ni liderazgo. En el Congreso norteamericano no se presentó la Constitución cubana como estaba previsto. En ese mes, el Senado norteamericano aprobó con amplia mayoría la enmienda del senador Orville H. Platt a la Ley de Presupuestos del Ejército que contenía las exigencias que le fueron impuestas a Cuba, entre ellas la omisión de la Isla de Pinos del territorio cubano y todas las obligaciones contraídas con el gobernador militar interventor. El 1 de marzo, era aprobada la enmienda por el Congreso de los Estados Unidos; al día siguiente, la sancionaba el presidente de la Unión.

Los constitucionalistas, desorientados, intentaron varias maniobras. Todas fracasaron. La posición norteamericana era intransigente; no había nada que negociar. El gobernador militar fue más explícito: o aprueban la enmienda o no nos vamos. Al final, los asambleístas estaban divididos, unos eran partidarios de aprobarla con tal de que los norteamericanos abandonaran el país; otros, de no ceder ante la imposición externa a la nación.

El 12 de junio de 1901, se aprobó la Enmienda Platt, una enmienda a una ley del Congreso norteamericano, como apéndice a la Constitución cubana, por 11 votos en contra y 16 a favor. Esa fecha es trascendente para la historia de Cuba y no debe ser olvidada; luctuosa por la castración de una república durante un parto doloroso. Para los estudiosos de nuestra historia, significa una nueva época. Habían desaparecido las viejas y obsoletas estructuras del colonialismo; en su lugar, había surgido un nuevo tipo de dominación, la del neocolonialismo. Cuba era la primera carta de presentación del neosistema imperial norteamericano. Lenin llamó a la Guerra Hispano-Americana la primera guerra imperialista. Como lo previó Martí, nacían por Cuba las nuevas formas de dominación y la potencia que dominaría a toda Europa y se extenderían por el mundo:

“En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarles el poder –mero fortín de la Roma americana–, y si libres –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–, serían en el continente la garantía del equilibrio, de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del norte, que en el desarrollo de su territorio –por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles–, hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo (…) Un error en Cuba es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”. [17]

Ningún otro político en el mundo apreció en sus verdaderas dimensiones el primer paso por el dominio del mundo que daba Estados Unidos en Cuba. Lo que entonces nacía, tiene hoy sus expresiones más desgarradoras:

“Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a libertar. ¡Cuán pequeño todo, cuán pequeños los comadrazgos de aldea, y los alfilerazos de la vanidad femenil, y la nula intriga de acusar de demagogia, y de lisonja a la muchedumbre, esta obra de previsión continental ante la verdadera grandeza de asegurar con la dicha de los hombres laboriosos en la independencia de su pueblo, la amistad entre secciones adversas de un continente y evitar, con la vida libre de las Antillas prósperas, el conflicto innecesario entre un pueblo tiranizador de América y el mundo coaligado contra su ambición!”. [18]

Como consecuencia de la aprobación de la Constitución, se organizaron los partidos políticos electoralistas y se presentaron como candidatos a la presidencia de la República dos candidatos, Bartolomé Masó Márquez y Tomás Estrada Palma. Masó había sido el último presidente de la República en Armas; Estrada, el último delegado del Partido Revolucionario Cubano. Masó era un abierto opositor al apéndice Platt; Estrada un partidario del tutelaje norteamericano. Los dos eran hombres del 68. La balanza se inclinó hacia Estrada. Era conocido nacional e internacionalmente y tenía, en los papeles y en la imagen, la figura de independentista consecuente: levantado en armas en octubre del 68; presidente de la República en Armas durante la guerra del 68; preso en España hasta el fin de la guerra, se negó a regresar mientras estuviese el régimen colonial; maestro de escuela para niños cubanos en Estados Unidos; fundador con Martí del Partido Revolucionario Cubano y su dirigente tras la muerte del Apóstol. Con estas características, no fue necesario imponerlo. Se puso la esperanza en una imagen equivocada.

Pocos conocían, por entonces, el interior de su pensamiento y sus inconsecuencias. Ello fue revelando poco a poco después de su elección, sobre todo cuando provocó la intervención norteamericana en 1906. No tenía fe en el pueblo de Cuba y así lo dejó escrito. Para él, era necesario el tutelaje norteamericano. En 1902, estos aspectos de su pensamiento eran poco conocidos por la mayoría de los cubanos. Hombre honrado, ha pasado a la historia como el único presidente que no robó y el primero que, al no aceptar su derrota electoral, en 1906, y provocar la intervención no deseada ni por los norteamericanos ni por los cubanos, destruyó la imagen democrática de la República e hizo evidente el dominio norteamericano sobre Cuba.

El 20 de mayo de 1902 se iniciaba la República con una constitución secuestrada, sin soberanía; con un pueblo desprotegido, hambriento y sin acceso a los recursos necesarios, y un presidente de mentalidad dependiente. Ver arriar la bandera norteamericana y elevar la cubana constituyó una profunda alegría. ¡Al fin se fueron!, ¡al fin podemos intentar reconstruir los sueños! El nuevo escenario era novedoso y complejo, lleno de contradicciones y paradojas. Los problemas no eran ya los de una estructura obsoleta de dominación colonial; ahora se trataba del naciente y moderno, casi desconocido, ordenamiento neocolonial. De súbditos de la Corona española, los cubanos se convertían en ciudadanos de su república inacabada. Patria, nación, cultura e identidad serían los ejes, y los campos de debates y enfrentamientos de la reafirmación nacional.

La herida era profunda. Un sentimiento de indignación y de frustración recorría amplios y diversos sectores del país. La nueva etapa revolucionaria se inició con el movimiento antiplattista que se convertiría, pocos años después, en el movimiento antimperialista. El insobornable patriota Salvador Cisneros Betancourt, participante en las Asambleas Constituyentes mambisas de Guáimaro, Jimaguayú y la Yaya, promovió los clubes patrióticos antiplattistas. En las nuevas y turbias aguas nadaron y emergieron los oportunistas y los resignados, que le dieron el sello corruptor y demagogo a la república impotente. Por ello, se hicieron más profundos las ideas y sentimientos patrióticos con los instrumentos sociales e ideológicos, propios de la época. Nacieron y crecieron la cultura de la resistencia y las necesarias profundizaciones de la identidad nacional.

La república neocolonial no logró estabilizar el sistema de dominación. Levantamiento de los liberales (conocido como el partido de la chancleta), una nueva intervención, alzamiento de los independientes de color, dos sangrientas dictaduras y dos revoluciones conmovieron, periódicamente, los cimientos mismo de la república inacabada. El 1 de enero de 1959, justo cuando se cumplían 60 años de iniciada la ocupación militar norteamericana, triunfaba la revolución antimperialista. Cincuenta y siete años después, en el pueblo aún se decía, para señalar lo peor, “le cayó un 20 de mayo”.

 Notas:

1 Fernando Portuondo: Historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
2 Hortensia Pichardo: Documentos para la historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
3 Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, Ediciones La Tertulia, La Habana,1960.
4 Eduardo Torres-Cuevas, Reinaldo Suárez Suárez: “Constitución de la Yaya (1897)”, En El libro de las constituciones. Constituciones, Estatutos y Leyes Constitucionales en Cuba entre 1812 y 1936, Imagen Contemporánea, 2018, Vol I, pp. 215-245.
La Lucha, 26 de noviembre de 1895.
6 Eugenio Lasa Ayestarán: “La Burguesía catalana hace cien años. De la conquista del mercado colonial a la pérdida del imperio”, en Trienio, noviembre de 1997, No. 30, p. 107.
7 Gustavo Placer Cervera: La explosión del Maine. El pretexto. Editora Política, La Habana, 1998.
8 Louis Pérez Jr: Ser cubano. Identidad, nacionalidad y cultura, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 141.
9 Ibidem.
10 Ibidem.
11 Máximo Gómez: Diario de campaña, vol I, Fundación Máximo Gómez, Santa Domingo, 2007, p. 479.
12 Máximo Gómez: Op. cit., pp. 485-486.
13 Ibidem.
14 Máximo Gómez: Op. cit., p. 487.
15 Hermann Hagedorn : Leonard Wood: Biographiy: 2 vol., New York, 1931, t. 2, p.255. Citado por Louis A. Pérez Jr: Op. cit, p. 221.
16 Eduardo Torres-Cuevas y Reinaldo Suarez Suarez: Op cit.
17 José Martí: Obras Completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, t. III, pp. 138-143.
18 José Martí: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. III, 142-143.

 





jueves, 27 de julio de 2023

SON POBRES, QUÉ MÁS DA DE QUIEN SON 

Ya sabemos que dan los ricos
cuando llegan al poder
pero si sos progre
¿tus pobres no cuentan?
vale el esfuerzo
dicen tus proxenetas,
un carajo
son pobres, que importa
si los hizo Macri o la Virgen María
Hace quinientos años
la misma cantaleta
nosotros acá abajo
esperando la migaja fatal
púdrete, tú y tus colores
para mi
resuelve el problema
luego tendrás esa cosa
que se llama boleta
como una sabana, que te sirve de abrigo
y ya sé, si te he visto no me acuerdo
a probar tu turno de hipocresía
bajo el Sol de tu ignominia

el nene sigue descalzo
la barriga grita sin pan-cartas

 

 

…Mis hermanos no la pasan bien
Están buscando un lugar
Una casa en donde poder vivir
Vivir real, de verdad
Un techo donde rezarle a dios y tomar algo de sol
Duele tanto un plato de comida
El hambre vive en el estómago

 





martes, 25 de julio de 2023

ERA PREFERIBLE DECLARARSE UN INOCENTE…

(La Habana, 1993)
He sido (y lo seguiré siendo) desde que llegue a Cuba de la URSS en 1988 un admirador confesado de Fito Páez, tal es así que cuando dio aquel concierto memorable en la Plaza de la Revolución en 1993 asistí a aquella velada loca y experimente tal emoción que todavía la llevo en mi memoria como algo único en la vida.

Mi hija que había nacido un año antes de aquel acontecimiento mío, cuando fue adolecente también incorporo al Fito entre su música favorita, y tal es así que tuvo la oportunidad de verlo en Miami en su concierto en el Fillmore Theater en el año 2021. Hay un video de esa noche que me envió mi hija por whatsapp que guardo como reliquia y donde ella canta junto a Fito y los presente la canción que se encuentra no solo entre mis preferidas de este maravilloso cantautor sino que se encuentra entre las cinco músicas de todos los tiempos que he escuchado que me gustaría llevarme al otro lado de este Mundo para que me acompañen en mi soledad.



Esa canción es “Al lado del camino”, de su disco “ABRE” de 1999, en ella Fito dice:

En tiempos donde nadie escucha a nadie
En tiempos donde todos contra todos
En tiempos egoístas y mezquinos
En tiempos donde siempre estamos solos
Habrá que declararse incompetente
En todas las materias del mercado
Habrá que declararse un inocente
O habrá que ser abyecto y desalmado

Yo ya no pertenezco a ningún ismo
Me considero vivo y enterrado
Yo puse las canciones en tu walkman
El tiempo a mí me puso en otro lado
Tendré que hacer lo que es no debido
Tendré que hacer el bien y hacer el daño
No olvides que el perdón es lo divino
Y errar, a veces, suele ser humano

Hace unos días por estos lares la prensa "libre" acogió con “beneplácito” (no era para menos) las declaraciones de Fito sobre Cuba, que dejo a continuación:

https://cdn.jwplayer.com/previews/13wzeyE6

Fito ha sido siempre un irreverente, y como tal hay que tomarlo, su desparpajo para con la vida y su inmenso talento musical me han “copado” pero con su declaración reciente, toco dos temas que para mi imaginario intelectual son intocable, no porque he sido un conservador en la mirada hacia todo lo que me rodea o allá pasado, sino porque uno ha estudiado literalmente los acontecimientos y la atmosfera de la época donde se desarrollan los hechos históricos. Uno de los hechos que menciona Fito, es la muerte de Camilo y el otro el bloqueo genocida de los yanquis a los cubanos que lo padecen todos los días. No es la razón de este post dar un “teque” sobre estas cuestiones, en este blog encontraran material sobre mis posiciones al respecto, solo diré que el desconocimiento en amplitud de Fito sobre esos hechos, le permiten decir cualquier cosa, y desgraciadamente Fito, no se puede decir “cualquiera” de cualquier cosa.

Porque yo me pregunto cómo se sentiría Fito, si uno se pusiera a cuestionar la famosa cifra de los 30 000 desaparecidos en la Argentina, y todo lo que semejante cifra representa en una parte de la historia de los argentinos y la otra gran pregunta que pudiera poner incomodo al cantautor (creo yo) seria cuestionar el reclamo histórico de este país Argentina sobre la Islas Malvinas argumentando para ello, “que ya esta, que tanto reclamo ni reclamo cuando han pasado tantos años”. Por supuesto acá en este blog encontraran reflexiones sobre estos temas argentinos y no emborronare cuartillas ahora sobre ellos, porque ni siquiera se me ocurriría ofender haciendo semejantes preguntas al Fito, tomándolo (si es que se pudiera, nadie lo es verdaderamente) como representante del pueblo argentino.

Lo diré alto y claro las declaraciones de Fito son lastimosas para con el pueblo de Cuba y uno no esperaría de un amigo semejantes palabras.

Has hecho “lo que es no debido”, igual “el perdón es lo divino, y errar, a veces, suele ser humano”, hubiera sido mejor “declararse un inocente”, y no ser un “abyecto y desalmado”.

 



 

 

lunes, 24 de julio de 2023

Pocas veces uno tiene la posibilidad de confrontar con su pasado, uno tiene derecho a cambiar de opinión, sobre todo cuando tu experiencia vivida te dicta una conducta o una manera de pensar distinta. Siempre he tenido este pensamiento anterior taladrándome la sien, me preocupa la “coherencia” en la vida, a otro le podrá importar un bledo esa condición, pero más allá que esta bueno “el cambio” como idea, la coherencia es un concepto filosófico que me gustaría conservar, es algo que me mantiene en pie, y me hace reflexionar que “valió la pena” vivir nuestra minúscula existencia, al menos.

Lo que dejo a continuación fue una reflexión escrita en febrero de 2015, me sigue gustando coincidir con aquellas ideas…

SOCIALISMO Y CAPITALISMO, CAPITALISMO Y SOCIALISMO

No voy a dar una conclusión definitiva sobre estos conceptos porque no tengo la altura intelectual para ello, y mucho menos embarcarme en una simpleza de ladridos mecánicos para preponderar uno u otro tipo de sistema, y en tal caso, más de uno dirá “porque no te callas” entonces, sin embargo pienso, que los que miramos desde el suelo y los que sufrimos los embates de los mesiánicos que “supuestamente” la tienen clara de cómo es una cosa y la otra, tenemos derecho a reflexionar así a lo “bestia”  que pensamos de las sociedades que nos ha tocado vivir.

Hasta los 37 años viví bajo la “lupa” del Socialismo REAL en Cuba, un socialismo sui generis que ha pasado por distintas etapas, desde la más idílica y utópica, pasando por la mas centralizada y estalinista posible, llegando al inmovilismo total y finalmente a una resurrección, que todavía no sabemos cómo termina, es decir animadita la cosa, como para no perderse el show en primera fila., todo eso en apenas 55 años de historia humana, NADA en comparación con el tiempo del universo, pero bastante importante para un niño que nació el 1 de Enero de 1959, y que con buena suerte y rabia puede llegar a los 80 años. Una Sociedad en que sin dudas nos dieron participación por primera vez a los de abajo, aunque siempre “bajo la atenta mirada” de los que concibieron el proyecto de país y que con muchas falencias nos hicieron creer que “ellos” si la tenían clara para llevar la prosperidad y felicidad a los del suelo como uno. La clase dirigente en Cuba se arrogo el derecho de pensar por todos, de cultivar una ideología dogmatica en su proyección práctica, la cual por sí sola no trajo mas frijoles y arroz al pueblo, fuimos dirigidos, para no equivocarnos, el intento siempre tenía que ser avalado “por los de arriba” y los de arriba demostraron no ser Dioses del Olimpo, aunque su enfática propaganda nos demostraba a diario lo contrario.

Pero hay cosas para rescatar aun en medio de nuestras calamidades, y una de ellas podría ser, habernos colocado (“los de arriba”) en la posición de país independiente y soberano, que no es poca cosa, al ver cómo está el Mundo actual, haber llevado la cultura y acabar con el analfabetismo en un país tan pobre como Cuba. Con estas dos cosas solamente es posible que para muchos (entre los que me encuentro)  valiera la pena tener un Socialismo como el que tuvimos, y consagrar el 46 % de la vida, pasando y permitiendo muchas otras calamidades, que para muchos serán de menor cuantía.

Hace 14 años vivo bajo la “lupa” del Capitalismo REAL en Argentina, un Capitalismo sui generis que ha pasado por distintas etapas, desde la más entreguista y brutal, pasando por la mas neoliberal posible, llegando a la “populista” y corrupta, es decir animadita la cosa, como para no perderse el show en primera fila, todo esto en apenas 200 años de historia humana, NADA en comparación con el tiempo del universo, pero bastante importante para la vida de un hombre que apenas puede llegar a los 80 años. Llegue a este país cuando se avizoraba una crisis de gran tamaño, como mas tarde ocurrió en el 2001, conocí por primera vez lo que es ser desempleado, no ya ganar un sueldo que apenas te alcanzaba como en Cuba, sino simplemente no tener donde trabajar y ganarte tu sustento. Mientras tanto “los de arriba”, se disputaba el poder para controlar la tajada que se reparte en esos niveles, eso sí, “tenia libertad de expresión”, podía discutir con desenfado mi punto de vista sin consecuencias laborales y hasta mencionar no cariñosamente los progenitores de los cinco presidentes que se sucedieron en apenas unos meses. Ha sido una sociedad donde “los de arriba” nunca han tenido “la atenta mirada” a los del suelo como uno.

Pero hay cosas para rescatar aun en medio de nuestras calamidades, y una de ellas podría ser que los que hoy “están allá arriba”, se preocuparon por desarrollar la industria nacional, por acabar con el neoliberalismo más feroz, por incluir mas y mas personas a los sistema de salud y educación, por invertir en la ciencia y la tecnología. Con estas cosas, es posible que para muchos (entre los que me encuentro) valiera la pena el último gobierno de la Argentina Capitalista que próximamente va a terminar, y consagrar el 17.5 % de la vida, pasando y permitiendo muchas otras calamidades, tal vez no a mi específicamente, pero si a un numero grande de personas, que aun hoy siguen en la más extrema pobreza.

En este recorrido mío,  del 63.75% de mi vida ( si es que llego a los 80 años), he pertenecido siempre a los del suelo, y he mirado con recelo “a los de arriba”, no creo en las varitas mágicas, ni en los mesías de turno, no hemos construido todavía una sociedad en que no haya “los de arriba” que decidan todo, y no visualizo en el corto plazo, que se construya una sociedad donde “los del suelo” sean los verdaderos protagonistas de la construcción de la sociedad, El Socialismo y El Capitalismo, han dado muestra de su incompetencia total, y son una demostración más de nuestra imperfección como raza humana.

Los defensores apostólicos de alguno de los dos tipo de sistema harán una mueca con lo escrito acá, y se referirán descalificando lo dicho, como la retórica de un trasnochado en la crisis de los 50 años, no los juzgaré, cada cual tiene el derecho a pensar lo que quiere, pero solo aclaro que esto no me impide seguir luchando por la supervivencia en esta selva, a la que tiernamente le hemos llamado, Planeta Tierra.

MI PRIMERA DECLARACION SIN LA HABANA
(Junio 2011)

No muchas veces
uno declara
su incompetencia
Andar por el Mundo
con sus ideas
de hombre muerto
que pone sus manos
y su mente
para llevar simplemente
un bocado a la mesa

No cambiara nada
por hacer unos sonetos
como único dato
de desprolijidad
no solo con el español
sino con la realidad

Me llama poderosamente la atención
que la Tierra
siga como hace 50 años
los humildes
seguimos siendo humildes
y ya no hay
Revolución (al menos)
para nosotros
y por nosotros

 





viernes, 21 de julio de 2023

AGUA DEL RECUERDO
(Nicolás Guillén)

 

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.

Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Caña
(febril le dije en mí mismo),
caña
temblando sobre el abismo,
¿quién te empujará?
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?

El tiempo corrió después,
corrió el tiempo sin cesar,
yo para allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá…

Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,
de aquella mulata de oro
que una vez miré al pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.


No hay nada aquí
Sólo unos días que se aprestan a pasar
Sólo una tarde en que se puede respirar
Un diminuto instante inmenso en el vivir
Después mirar la realidad
Y nada más
Y nada más...