Viaje a la Luna

Viaje a la Luna

Una memoria a mis antepasados, a mis vivencias...unos versos de futuro.

QUIEN NO SE OCUPA DE NACER SE OCUPA DE MORIR

jueves, 4 de enero de 2024

PARTE 2

El Estado y los trabajadores durante el primer gobierno de Menem en Argentina (1989-1995)
(Por Hernán Fair)
 

La metamorfosis

En medio de una hiperinflación inédita en la historia del país, con índices que llegarían al 114.5% en junio, sumando un total de 613% en sólo 6 meses (Clarín, 07-07-89), y mientras muchos de sus votantes esperaban el “salariazo” y la “revolución productiva”, Menem emprendió el rumbo contrario. Con el respaldo de los grandes empresarios del sector concentrado, expresado en la incorporación a su gobierno de directivos del conglomerado nacional Bunge & Born, y del ingeniero Álvaro Alsogaray, símbolo del liberalismo vernáculo; así como de Estados Unidos, con cuya política exterior se alineó al punto tal de constituir “relaciones carnales” (Russell, 1994; Tulchmin, 1997), se dedicó a aplicar un programa de reforma estructural de fuerte orientación neoliberal que intentaba ganarse el respaldo y la confianza de los grandes inversores (Gerchunoff y Torre, 1996; Palermo y Novaro, 1996). Como consecuencia, se asistió en esos años a una verdadera reestructuración económica y social que terminaría por descomponer la antigua “matriz estadocéntrica” (Cavarozzi, 1997) de posguerra. En su reemplazo, se consolidó un nuevo modelo de acumulación (17) un programa de reformas de mercado que venía implemen­tándose, no sin contradicciones, desde mediados de la década del setenta.(18)

A pesar de esta metamorfosis en relación con las banderas tradicio­nalmente asociadas al peronismo, lo que le permitió a los grandes grupos económicos internos y externos consolidar un proceso de creciente centra­lización y concentración del capital iniciado durante el régimen militar (19) al tiempo que incrementó hasta niveles inéditos los índices de desocupación (20) e inequidad distributiva de amplios sectores sociales (21) el presidente logró evitar una ruptura inmediata con su electorado, e incluso mantuvo el respaldo de gran parte de los principales afectados: los sectores populares. ¿Qué es lo que permitió este extraño apoyo popular por parte de los sectores que constituían, al menos a priori, los principales perjudicados por las políticas de reforma estructural del menemismo?

(17) A diferencia de algunos autores (véanse, entre otros, Nun, 1995; Basualdo, 2000; 2006; Castellani, 2006), que se refieren al cambio en el “régimen social de acumulación”, creemos que resulta más adecuado referirse a las transformaciones en el “modelo social de acumulación”, o bien en el “patrón de acumulación” (Portantiero, 1988), para diferenciar las distintas fases dentro del modelo político-económico industrialista. Sobre el particular véase especialmente Torrado (1994).

(18) La llegada al poder del régimen militar del Proceso (1976-1983) significó un profundo cambio en el modelo de acumulación que caracterizaba al peronismo, al colocar el eje en la valorización e internacionalización financiera y la destrucción del aparato productivo (al res­pecto, véanse Azpiazu, Basualdo y Khavisse, 1989; Azpiazu y Basualdo, 1990). La mayoría de los trabajos que analiza este periodo destaca, sin embargo, el poder de veto que ejercieron los sectores militares, quienes no veían con agrado la reducción del papel interventor del Estado ni las consecuencias, principalmente en relación con la desocupación ―aunque también a ni-vel desindustrialización―, que ese modelo traía aparejado para la “seguridad nacional” y el restablecimiento del orden social (véanse Schvarzer, 1986; Novaro y Palermo, 2003). Téngase presente, en este sentido, que la desocupación durante el periodo 1976-1983 varió de un 5.2% en mayo de 1976, a un máximo de 6% en mayo de 1982, para terminar cayendo a sólo 3.9% en octubre del año siguiente (indec, 1998). No obstante, también debemos tener en cuenta que los militares no sólo temían a la desocupación o seguían la tradición de nacionalismo económico; sino que, además, defendían las empresas públicas para preservar sus negocios corporativos en relación con esas empresas (Sidicaro, 2003; Canelo, 2004). Además, existían sectores dentro del empresariado nacional, particularmente los contratistas y/o proveedores del Estado, que seoponían a las reformas neoliberales en razón del beneficio que tenían por su vinculación directa con el Estado regulador, principalmente subsidios estatales, regímenes de promoción industrial, diferimientos impositivos y contratos con sobreprecios (Castellani, 2004). Por otra parte, varios autores sostienen que en los primeros años del alfonsinismo se implantaron algunas medidas heterodoxas que luego serían olvidadas, principalmente a partir de 1987 (Basualdo, 2006:226-238; Ortiz y Schorr, 2006a). Ello se debe particularmente al veto del empresariado ligado a los beneficios de su relación con el accionar estatal (Beltrán, 2006; Castellani, 2006), pero también a la oposición de la mayoría de los sindicatos peronistas y sectores del propio partido gobernante, que impedirán al gobierno concretar reformas neoliberales más audaces y consistentes (Thwaites Rey, 1993; 2003). Para un análisis que resume estas contradicciones, véase Fair (2008a).560 Estudios Sociológicos XXVII: 80, 2009

(19) Durante la década del noventa, los grandes grupos de poder nacional e internacional lograron incrementar hasta niveles extraordinarios su tasa de ganancias. Para ello deben tener­se en cuenta los grandes beneficios promovidos por el Estado durante el proceso de apertura, privatización y desregulación de la economía, que llegarían a su apogeo durante aquellos años, y en especial a partir de 1991, con la implementación del Plan de Convertibilidad. A diferencia de periodos anteriores, cuando una o más de las fracciones del capital se veía perjudicada por las medidas tomadas, ya fueran los agroexportadores, los grupos agroindustriales o los acreedores, a partir de las reformas de los noventa cada una de las fracciones logró acceder a amplios beneficios económicos. En ese contexto, podemos destacar los regímenes especiales de protección para las grandes industrias electrónica y automotriz, la eliminación de regulaciones estatales y retenciones favorables al sector industrial y agroexportador, la reducción de aportes patronales e indemnizaciones laborales y el incremento de salarios de acuerdo con los índices de productividad. Además, a partir de 1990 se inició un proceso de privatización y concesión de las empresas públicas, que permitió al gran capital concentrado formar monopolios no transitorios ni innovadores a partir de la eliminación de marcos regulatorios, los diferimientos imposi­tivos y los fuertes incrementos tarifarios, entre otros beneficios. Finalmente, debemos señalar que estas rentas extraordinarias se vieron potenciadas por la fuga de capitales al exterior, lo que les permitió valorizar fuertemente sus capitales mediante el mecanismo de la valorización financiera, y aprovechando el diferencial de tasas a partir del Plan Brady, de 1992. Del mismo modo, los acreedores se vieron ampliamente favorecidos, ya que el déficit fiscal y comercial generado por el sector privado fue absorbido por el Estado mediante la toma de deuda externa por activos nacionales (principalmente empresas públicas) y luego mediante el endeudamiento externo con los organismos multilaterales de crédito. Entre los muchos trabajos que han ana­lizado detalladamente este proceso de reformas neoliberales en los años noventa en relación con los grandes grupos de poder empresarial, pueden citarse Azpiazu (1995), Nochteff (1995), Basualdo (2000; 2006), Thwaites Rey (1999; 2003), y Kulfas (2001). Para un resumen de estas transformaciones, véase Fair (2007b; 2008a).

(20) El índice de desocupación, luego de haber permanecido debajo del dígito durante los años setenta y ochenta, alcanzó en mayo de 1995 la cifra récord de 18.5%, un nivel que contrastaría fuertemente con el pleno empleo que caracterizaba al periodo peronista. Para un análisis en detalle del fenómeno, véase Rofman (1997).

(21) En efecto, entre 1974 y 1988 el decil más bajo de la población en su conjunto disminuyó en un 15% su nivel de ingreso, al tiempo que el decil más alto incrementó, en el mismo periodo, un 28% su ingreso. Si el análisis se concentra, en cambio, en la distribución del ingreso familiar per cápita, las diferencias son aún mayores, alcanzando el decil más bajo una caída del 42%, frente a una ganancia porcentual del orden del 25% del decil más alto (Beccaria, 1993:95 y 98). En ese contexto, varios trabajos se han referido a la emergencia de una nueva categoría sociológica que han denominado los “nuevos pobres” (véanse Minujin, 1993; Murmis y Feldman, 1993).

La estabilización monetaria

Para entender el respaldo de los trabajadores a las reformas de mercado instauradas por Menem a partir de su llegada al gobierno debemos tener en cuenta, en primer lugar, la estabilización que éste lograría de la economía. En efecto, como vimos, el presidente Menem asumió en medio de una crisis hiperinflacionaria inédita en la historia del país, legado del gobierno anterior. Para algunos autores, esta situación de “caos” generaría un “consenso de fuga hacia adelante” que le habría permitido al presidente obtener el respaldo de los sectores populares a partir de que constituyó un liderazgo “decisionista” (22) que garantizaría orden, seguridad y certidumbre (23) (Palermo, 1992; Palermo y Torre, 1992; Novaro, 1994; Palermo y Novaro, 1996). Para otros, en cambio, el contexto de crisis hiperinflacionaria en que emerge el menemismo lleva­ría a la instauración de un “discurso hobbesiano de superación del caos” (24) (Aboy Carlés, 2001a; 2001b; 2003), lo que ameritaría que se denominara al menemismo como el “Partido del orden” (Sidicaro, 1998; 2003).

(22) Algunos prefieren utilizar el término “neodecisionismo” para referirse a un modelo de decisión política que se encuentra fuertemente concentrado en la figura presidencial y que se caracteriza por ser plebiscitario, avasallar al Poder Legislativo, defender el liberalismo económico, descalificar al adversario y abusar de los “decretos de necesidad y urgencia”. A diferencia del decisionismo, que es entendido ―según Carl Schmitt― como el que toma la decisión en momen­tos de excepción y representa al pueblo en su unidad (véase Schmitt, 2005), el neodecisionismo no es estatista, sino antiestatista (véanse Bosoer y Leiras, 1999; Kers y Leiras, 2004). Otros, en cambio, prefieren hablar de un “decisionismo democrático” que, a diferencia del decisionismo schmittiano, no elimina el Estado de derecho sino que lo atenúa a través del abuso de decretos de necesidad y urgencia, vetos parciales y legislación delegada (véase Quiroga, 2005:116 y ss.). En relación con el tema del decisionismo en Schmitt, véase Negretto (1994). Para un análisis aplicado del concepto de liderazgo decisionista que engloba varios casos presentes en América Latina, véanse Torre (1991), y Bosoer y Leiras (2000). Sobre el tema del abuso de decretos de “necesidad y urgencia”, vetos y legislación delegada que trascienden la función legislativa del Congreso en relación con el caso argentino, véanse Mustapic (1995), y Ferreira Rubio y Goretti (1996). Para un análisis comparativo de estos mecanismos extrainstitucionales en relación con los países de la región latinoamericana, véase Shugart y Mainwaring (2002).

(23) Muchos de los aspectos de esta teoría pueden encontrarse también en el análisis en términos de “democracia delegativa” de Guillermo O’Donnell (1992; 1996; 1997). Para un análi-sis del fenómeno latinoamericano que continúa esta línea teórica, véase Mainwaring (1996). No obstante, debemos decir que mientras que para la “teoría del consenso de fuga hacia adelante” el menemismo logró constituir nuevos vínculos de representación política, la perspectiva “delegati­va” de O’Donnell señala que el liderazgo de Menem se basó en vínculos “anti-representativos”. Al respecto, véanse las críticas de los propios Novaro (1995a), y Palermo y Novaro (1996) a este enfoque.

(24) Schmitt, al igual que Hobbes (1980), sostiene que todo Estado se basa, primordialmente, en “una pacificación completa”, esto es, en procurar “paz, seguridad y orden”, ya que “no hay subordinación ni jerarquía, no hay legitimidad ni legalidad fuera del nexo de protección y obe­diencia” (Schmitt, 1987:75, 81). Sin embargo, a diferencia de aquél, que sostiene que cualquier orden que garantice el soberano es preferible al desorden del Estado de naturaleza (véase Laclau 2005), Schmitt hace hincapié en la importancia de un líder decisionista que actúe en momentos de excepción (véase Schmitt, 2005).

En este trabajo, sin embargo, nos alejaremos de ambas perspectivas do­minantes. Para ello debemos recordar los vaivenes con los que tuvo que lidiar su liderazgo hasta lograr la estabilización efectiva de la situación política, económica y social. En efecto, durante los primeros 18 meses, los diferen­tes ministros de economía (Miguel Ángel Roig, Néstor Rapanelli y Erman González) tratarían sucesivamente de controlar la inflación con impuestos de emergencia, reducciones del gasto público, ajustes en la tasa de cambio y políticas de ingresos negociadas con los empresarios (Lozano y Feletti, 1991; Gerchunoff y Torre, 1996). El gobierno, sin embargo, no logró dominar del todo la inflación, e incluso experimentó una nueva recaída hiperinflacionaria hacia fines de 1989 (25) En ese contexto, enmarcado por una fuerte incerti­dumbre, que potenció a su vez la especulación y la hiperinflación (con subas de más del 100% en sólo dos días en algunos productos) (Clarín, 29-12-89 al 31-12-89), se llevó a cabo una serie de paros de empleados judiciales y trabajadores de Líneas Aéreas del Estado (lade), a los que siguieron los de pilotos de Austral, empleados telefónicos, técnicos de turismo, trabajadores de subterráneos, petroleros, empleados textiles, papeleros, médicos y trabaja-dores de la empresa siderúrgica somisa (Clarín, 08-01-90 al 26-01-90). En un clima de retorno de la hiperinflación, con índices que alcanzarían un 40.1% en diciembre y 79.2% en enero, sumando luego un 61.6% en el mes de febrero (Clarín, 09-01-90, 08-02-90 y 10-03-90), y mientras importantes sectores industriales (Unión Industrial Argentina, Fabricantes de Autopartes, Consejo Argentino de la Industria) protestaban por la apertura indiscriminada de la economía —llevada a cabo por el gobierno― y la falta de crédito (Clarín, 29-12-89, 08-01-90, 10-01-90, 11-01-90, 17-01-90, 19-01-90, 24-01-90 y 31-01-90), en febrero y marzo, ignorando el “estado de emergencia” que había declarado el presidente poco antes, regresarían los saqueos de alimentos y combustible en comercios y supermercados de Rosario, Mendoza, Tucumán, Córdoba y algunas localidades pobres del Gran Buenos. En ese contexto de saqueos, hiperinflación, desabastecimiento y fuerte conflictividad social, con paros de docentes, judiciales, telefónicos, aeronáuticos, universitarios y bancarios, masivas movilizaciones sociales contra el gobierno, asalto a ca­miones que transportaban alimentos y protestas con intentos de barricadas, además de fuertes críticas sindicales al modelo económico (Clarín, 17-02-90 al 27-03-90), podemos decir —con Canelo— que el “consenso de fuga ha-cia adelante” en realidad durará poco26 (Canelo, 2002:18).

(25) Durante 1989 la inflación alcanzó un récord histórico del orden de 4 923.6% anual. Un año después, si bien se redujo sensiblemente, sumó un total de 1 343.9% (indec, 1998).

Del mismo modo, la situación de caos político y social, que retornó nuevamente a finales de 1990 con una nueva estampida inflacionaria que sumaría un 7% en enero, alcanzando un alarmante 27% en el mes de febrero (Clarín, 06-03-91), y el resurgimiento de fuertes conflictos laborales, que mo­vilizarían a un millón de trabajadores en los sindicatos de médicos, policías, transportistas, magistrados, funcionarios de la justicia nacional, metalúrgicos, bancarios, textiles y alimentación (Página 12, 16-03-91), difícilmente puede ser asimilado a un discurso hobbesiano que garantice el establecimiento de un orden político y un principio de autoridad frente al Estado de naturaleza previo de “guerra de todos contra todos” (27) En la situación descrita más bien parecía asistirse al retorno al pasado caótico de inestabilidad económica y social que se pretendía dejar atrás.

Pero además, si el vértigo ante la hiperinflación hacía demandar un líder “decisionista” o un “discurso hobbesiano” que garantizara principalmente el reestablecimiento del orden público, las demandas excedían esta cuestión (28) En efecto, como lo demuestran las encuestas, más importante aun que el restablecimiento de una “autoridad política” que otorgara “protección” y “gobernabilidad”, resultaba la demanda social de un liderazgo que produ­jera cambios económicos visibles para afrontar la creciente inestabilidad económica (29) En ese contexto, tras el fracaso estrepitoso de la alianza con el grupo Bunge y Born, de 1989, y las políticas de ajuste ortodoxo aplicadas bajo el mando de Erman González durante 1990 (Lozano y Feletti, 1991; Basualdo, 2006), en enero de 1991 el gobierno nombró como nuevo ministro de Economía a Domingo Cavallo, por entonces canciller.

(26) Para una crítica más amplia de la teoría del “consenso de fuga hacia adelante”, véase Navarro (1995:455-456, 462).

(27) Por otra parte, creemos que el nivel de desestructuración de la hiperinflación no llegaba al extremo de exigir la reintegración de cualquier orden que garantice el “soberano” con tal de tener alguno, como había sido, por ejemplo, previo a la última dictadura militar. En esta línea de análisis, véase particularmente O’Donnell (1982).

(28) Como señala Novaro, para 1989 los partidos políticos en Argentina eran asociados al bloqueo en la toma de decisiones y la debilidad para imponer políticas efectivas, el Congreso era asociado a la inactividad, el fraude y la inoperancia, mientras que la deliberación entre partidos era considerada improductiva. En ese contexto, sumado a la necesidad de generar “señales” hacia el empresariado sobre la permanencia del nuevo rumbo tomado, el gobierno justificaría la aplicación de políticas de reforma mediante metodologías que evitaran la deliberación parlamentaria (Novaro, 1994:65-67; Palermo y Novaro, 1996). No obstante, este enfoque parece olvidar que las demandas no se limitaban simplemente a la constitución de un orden político que garantizara autoridad y “ejecutivismo” (Novaro, 1995a; 1995b), sino que incluían también la necesidad de terminar con el “impuesto inflacionario”, que licuaba los salarios de los sectores populares que constituían la base de apoyo al gobierno. Para una crítica más detallada de las limitaciones de este enfoque “ejecutivista” o “decisionista”, véase Fair (2007a).

(29) En efecto, encuestas realizadas poco después de las elecciones presidenciales muestran y que un 64.7% de los votantes de Menem lo habían elegido para que solucionara la crisis econó­mica (Página 12, 28-05-89). Además, ya desde sus primeros discursos presidenciales Menem se refería a la importancia de terminar con la hiperinflación para recuperar los niveles salariales. Así, en su discurso del 9 de julio de 1989 sostenía: “Entiéndase bien: la primera y fundamental batalla que deberá ganar esta economía de emergencia, es la batalla contra la hiperinflación. El principal enemigo contra la justicia social es la hiperinflación, que devora salarios y bienestar en millones de hogares argentinos”. Del mismo modo, en un discurso con fecha 3 de julio de 1991, el presidente dijo, en esta misma línea, que: “Al hacernos cargo del gobierno, nuestro primer objetivo fue combatir el más injusto impuesto que recaía no tan sólo sobre los jubilados, sino sobre toda la sociedad argentina: largos periodos de inflación y, además, como si esto fuera poco, una hiperinflación que dejó al país, cuando nosotros asumimos la responsabilidad de conducir su destino, con más de un 200% mensual y cerca del 3 000% anual de inflación”. Para un análisis más amplio del particular, véase Fair (2007a; 2008b).

El flamante ministro, aprovechando el elevado nivel de reservas legado de la política monetaria restrictiva del ministro anterior, propuso implan-tar un régimen de paridad cambiaria 1 a 1 de la moneda nacional con el dólar estadounidense. El régimen, aprobado por ley en el Congreso a fines del mes de marzo(30) promovió un “boom” de consumo e inversión que logró, finalmente, estabilizar la economía. En efecto, la evidente sobrevaluación cambiaria, sumada a las expectativas favorables generadas por la institucio­nalización de la paridad en los sectores empresariales(31) y la reducción de las tasas de interés(32) promovió un ingreso masivo de capitales externos un fuerte incremento del consumo interno (33) que logró reducir rápidamente el “impuesto inflacionario”. En ese contexto, la inflación, que en marzo de1991 había sido de un 11% (La Nación, 04-04-91), disminuyó a sólo 3.1% en junio y 2.6% en julio, llegando a un mínimo de 1.3% en agosto (Página 12, 05-07-91; La Nación, 02-08-91 y 31-08-91). De este modo, con tasas que registraban el índice más bajo desde marzo de 1974 (Clarín, 04-09-91), y que al mes siguiente decaerían aún más, al sumar sólo un 0.4% (Página 12, 04-10-91), el presidente terminaría de coronar la demanda, incompletamente satisfecha hasta ese momento, de estabilización económica (34) En esas circunstancias, Menem lograría además, en abierto contraste con los dos prime-ros años de su gobierno —cuando los conflictos sindicales se habían incre­mentado sensiblemente (Gómez et al., 1996)—, una marcada reducción de las huelgas y movilizaciones sociales (Bonanotte, 1996; Senén González y Bosoer, 1999) y un firme apoyo de una porción del campo sindical nucleada en la cgt San Martín (35)

Ahora bien, a diferencia de algunos trabajos, que centran el respaldo popular al menemismo íntegramente en la estabilización monetaria (Mora y Araujo, 1991; Labake, 1996; Mainwaring, 1996), creemos que la estabi­lización, si bien muy importante, no resultaría suficiente para mantener el apoyo de algunos trabajadores. En consecuencia, el presidente acudiría al otorgamiento de beneficios suplementarios.

(30) El proyecto de Ley de Convertibilidad de la moneda, enviado al Parlamento el 20 de marzo de 1991, fue aprobado por la Cámara de Senadores en la sesión del 22 de marzo con 27 votos a favor (oficialismo y bloques provinciales) y 7 en contra (ucr). Luego de una larga sesión en la Cámara de Diputados, la ley sería sancionada el 27 de marzo con 115 votos a favor (bloque oficialista, 4 diputados de la ucedé, Demoprogresistas, Federales, Fuerza Republicana y mayoría de los partidos provinciales) y 54 en contra (ucr, Democracia Popular, Izquierda Unida, Partido Intransigente, Democracia Cristiana, Socialismo Popular, Socialismo Unificado y 6 diputados ucedeístas) (Clarín, 21-03-91 y 23-03-91; Página 12, 28-03-91).

(31) Debemos recordar que el régimen de paridad cambiaria fue establecido mediante una ley aprobada por el Congreso. Por lo tanto, sólo podía ser derogado mediante la aprobación de una nueva ley parlamentaria. En ese contexto, los empresarios accedían a un “seguro de cambio” gratuito que les permitía un principio de previsibilidad o “seguridad jurídica” sobre el futuro de sus acciones.

32 Las tasas de interés, que oscilaban entre un 10% y 40% en marzo de 1991, se redujeron a valores de tan sólo 0.8% y 4% en los primeros días de vigencia del Plan (Clarín,03-04-91), manteniéndose en torno al 4% en todo 1991 (Informe Económico de Coyuntura, 1992).

(33) Los índices de consumo, que habían caído fuertemente en 1989 y 1990, se elevaron un 25.1% en 1991, 30.9% en 1992, 13.7% en 1993 y 18.2% en 1994 (Síntesis informativa, núm. 323,1995).

(34) Mientras que en 1988 la inflación anual había sido de 343%, en 1989 fue de 3 079.5%, y en 1990 de 2 314%; en 1991 se redujo a 171.7%, decayendo fuertemente hasta alcanzar un 24.9% en 1992, 10.6% en 1993, 4.3% en 1994 y 3.4% en 1995. Un año después, la inflación ya había alcanzado el 0% anual (véase Gerchunoff y Torre, 1996:758). Para un análisis detallado y comparativo con otros casos similares sobre el largo proceso de inflaciones, megainflaciones e hiperinflaciones en Argentina, véase Llach (1997).

(35) Entre los gremios que más firmemente apoyaron las reformas de mercado durante el gobierno menemista podemos incluir a los petroleros, mercantiles, gremios de la construcción, sanidad, personal civil de la nación, telefónicos, ferroviarios, encargados de edificios, luci­fuercistas y mecánicos. Sobre el particular, véanse Palermo y Novaro (1996:343-349), Murillo (1997), Fernández (1998), Senén González y Bosoer (1999), Torre (1999), Alonso (2000), y Svampa (2005).

 

miércoles, 3 de enero de 2024

SI LA VEMOS (y como la vemos)



Hace poco el Presidente de la Nación Argentina, между прочем, un gran fan a las redes sociales, tuiteo o mejor “Xmeo” una foto con la bandera Argentina y en el centro de ella la frase “NO LA VEN”. Hubo varias interpretaciones sobre aquel mensaje, algunos decían que era dirigido contra la oposición toda (incluyendo a Radicales) que habían puesto muchos reparos a sus dos grandes “lanzamientos” en apenas 20 días de gestión, un DNU de Necesidad y Urgencia derogando en 366 artículos más de 300 leyes y disposiciones y un proyecto de Ley con el rimbombante título de “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” con 664 artículos, desregulando no solo la economia sino muchos aspectos de convivencia de los argentinos, cualquier semejanza con Napoleón, es pura coincidencia, sin embargo hay un 44% que no voto al actual presidente que podría sentirse aludido. En general MILEY (nunca mejor escrito) tiene una tendencia (mirando con un solo ojo) a menospreciar a todos aquellos que no comparten su visión sobre cómo salir de esta crisis que sin tapujo hay que decirlo con todas las letras (y si fuera fosforescente, mejor) nos metió Alberto, Cristina y Massa.

Hay una anécdota (a esta altura) que muchos no conocen, y fue cuando en plena campaña como precandidato a diputado de la nación por la Libertad Avanza en Ciudad de Buenos Aires, el 13 de Agosto de 2021 en el canal de televisión TN una periodista le pregunto a MILEY si él creía en la “democracia y su sistema democrático”, y su respuesta fue tan evasiva, (aunque coincido con lo que dijo al inicio de su respuesta “la democracia tiene muchísimos errores” sobre esto yo también puedo hacer un tratado) haciendo alusión a el Teorema de la imposibilidad de Arrow, que como conocimiento para explayarse esta bueno (dicho de paso me permitió alfabetizarme sobre el mencionado teorema) pero que muchos esperaban su respuesta tajante en ese momento de “Si creo” y con aquel razonamiento del famoso teorema dejaba entrever que no le gustaban ni ahí, las instituciones que había creado la democracia occidental para resolver los problemas y que por tanto él se saltaría a mas de una si alguna vez “hipotéticamente” llegaba ser Presidente de la Nación. Por cierto en esa respuesta nos anticipo lo que hoy vemos en la práctica habiéndose convertido meteóricamente dos años y medio después en Presidente de “todos” los Argentinos, utilizo una fabula para explicar el Teorema de Arrow “…si usted pone en una votación a elegir entre tres lobos y una gallina, quien va hacer el plato de la noche, ¿sabe cómo termina?...”

Bueno, lo cierto es que MILEY ha cumplido con su palabra de entonces, con sus 1030 artículos derogando cosas a diestra y siniestra (sobre todo con la primera) nos ha dejado como gallinas entre lobos y sobre todo demostrando que no quiere ni ahí, no ya discutir con el pueblo sobre su neoliberales propuestas sino ni siquiera con los representantes de ese pueblo reunidos en el senado y congreso de la nación.

Lo que plantea MILEY hoy no es un cambio para la Argentina ni mucho menos algo nuevo, esto ya fue vivido y para ello solo hay que recurrir a la historia reciente de apenas 35 años atrás. En ese sentido les dejo algo que he encontrado que me parece significativo y que se sentirá como un gran Déjà vu.

PARTE 1

El Estado y los trabajadores durante el primer gobierno de Menem en Argentina (1989-1995)*
(Por Hernán Fair)

Introducción

Desde sus inicios, el peronismo estuvo en Argentina estrechamente ligado al sector trabajador, al punto tal de constituir su “columna vertebral” (James, 1990; Torre, 1990). Esta relación orgánica se cimentaba en la presencia de un Estado que intervenía fuertemente en el mercado para regularlo y asignar bienes y servicios para consumo interno a través de una política industrializadora y distributiva basada en un esquema de sustitución de im­portaciones. En ese contexto, motorizado por el fuerte gasto público social, los trabajadores sindicalizados lograron acceder a amplios e inéditos bene­ficios sociales en áreas como vivienda, educación y salud, elevados niveles salariales y el establecimiento y la garantía de cumplimiento de sus derechos sociales(1) (convenios colectivos por actividad, tribunales laborales, salarios mínimos, seguridad social, aguinaldo) (Basualdo, 2000; 2004; 2006). Este tipo de reformas sociales, al tiempo que modificaron de manera drástica la estructura económica que caracterizaba al modelo agroexportador dominante en Argentina desde 1880 (Nochteff, 1995; Ferrer, 2004), lograron al mismo tiem­po una homogeneización e integración social de los sectores populares que modificó profundamente la estructura social excluyente y elitista que había dominado hasta entonces (García Delgado, 1994; Torrado, 1994).

(*) Este trabajo forma parte de una investigación más amplia presentada como tesis de maes­tría en 2007 para acceder al grado de maestro en ciencias sociales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flacso), sede Argentina. Agradezco muy especialmente los comentarios realizados por Gerardo Aboy Carlés, Sebastián Barros y Paula Biglieri a una versión preeliminar y los eximo, por supuesto, de los errores y omisiones que pudiera presentar este texto. Asimismo, quisiera agradecer a los evaluadores anónimos de esta revista por sus atinadas sugerencias.

(1) Decimos “garantía de cumplimiento” debido a que muchos de los derechos ya estaban presentes legalmente desde décadas atrás. Sin embargo, en la práctica no eran cumplidos (Basualdo, 2004:9). Estudios Sociológicos XXVII: 80, 2009

Con la llegada de Carlos Menem al poder, en julio de 1989, se inició una profunda transformación que modificó los parámetros que guiaban la configuración entre el Estado y la sociedad civil. En ese contexto, los seguidores del caudillo justicialista vieron con asombro cómo el nuevo presidente dejaba de lado sus promesas de campaña acerca del “salariazo” y la “revolución productiva”, (2) y se dedicaba a aplicar un programa de reformas neoliberales que contrastaba fuertemente con las políticas económicas tradicionalmente asociadas a su partido (Azpiazu, 1995; Thwaites Rey, 2003; Basualdo, 2000; 2006). En el marco de las reformas y los ajustes estructurales promovidos por los organismos multilaterales de crédito y las grandes potencias mundiales —y respaldado por los sectores empresariales más concentrados―, el nuevo gobierno no dudaría en privatizar gran parte de las empresas estatales, flexi­bilizar el mercado de trabajo, desplegar una apertura comercial y financiera al capital transnacional y desregular la economía.

Resulta un tema evidentemente problemático y al mismo tiempo fasci­nante para la sociología política el análisis de gobiernos que desde diferentes espectros del arco político-ideológico aplican políticas de reforma de mercado que obtienen el respaldo de sectores que constituyen sus principales perju­dicados. Más fascinante aún resulta indagar casos como los de Argentina, México o Venezuela, donde los partidos que históricamente defendían a los trabajadores mediante políticas de redistribución progresiva del ingreso y altos salarios pudieron aplicar reformas pro-mercado y mantener, sin embargo, el respaldo de sus bases de apoyo social. En ese contexto, el argentino resulta un caso extremo en la región. Por un lado, debido a la fuerte relación cimentada entre el Partido Justicialista y los trabajadores a lo largo de varias décadas; por el otro, debido al grado de aplicación de las políticas neoliberales en aquel país, lo que representa un caso único en la región y quizás en el mundo, con la excepción de la ex Unión Soviética, en el que las reformas y los ajustes estructurales incluyeron la privatización de recursos naturales como el petróleo y la inexistencia de algún grado de regulación de los capitales financieros.(3)

(2) En efecto, durante la campaña presidencial Menem afirmaba que iba a implementar una “revolución productiva”, que terminaría con la especulación, y un “salariazo” que iba a con­solidar el mercado interno (Clarín, 25-02-89, 26-02-89 y 12-05-89). Sobre el particular, véase también Menem y Duhalde (1989).

(3) En efecto, en países como Chile, el gobierno dejó en manos del Estado la industria clave del cobre, al tiempo que incentivó el control del movimiento de capitales “golondrinas” y aplicó una política fiscal anticíclica (véase French Davis, 2004). En México, Venezuela y Brasil, por su parte, las reformas neoliberales, al igual que sus efectos, fueron menos pronunciados. Además, aunque en el primero de ellos no hubo mecanismos de regulación del capital financiero, el sector petrolero se mantuvo, al igual que en Venezuela y Brasil, en manos del Estado, evitando el drenaje de recursos que significó en Argentina la privatización de la empresa estatal ypf. Para un análisis comparativo de la aplicación de las reformas neoliberales en América Latina, véanse Main-waring (1996), Torre (1997, 1998), y Murillo (2005). Para un análisis más general, véase Haggardy Kaufman (1995).

En ese contexto, la sociedad presenciaría atónita un proceso de regre­sividad económica cuya magnitud pocas veces fue observada en la región, con índices de desocupación cercanos al 20%, un incremento de la pobreza del orden del 500%, una pérdida del ingreso global de los trabajadores en el Producto Bruto Interno (pbi) cercano al 30% y una retracción salarial mayor al 50% en relación con la vigente en 1974.(4) Al mismo tiempo, el régimen neoconservador inaugurado en 1989 profundizaría un proceso de desin­dustrialización iniciado a mediados de los años setenta que reprimarizó la fuerte estructura productiva e industrialista que caracterizaba al peronismo, eliminando el 15% del total de establecimientos industriales, al tiempo que garantizaba al gran capital concentrado el acceso a cuasi rentas de privile­gio sustentadas en monopolios u oligopolios no innovadores ni transitorios (Nochteff, 1995).

No obstante la magnitud y el efecto regresivo que significaban las inéditas políticas implementadas por el caudillo que se situaba como principal heredero de las políticas aplicadas durante el peronismo, aunque aggiornadas al nuevo contexto mundial caracterizado por el irremediable triunfo de la “democracia liberal”, el presidente argentino obtuvo ―y logró mantener a lo largo del tiempo― el respaldo de una amplia y heterogénea gama de sectores sociales, que incluyó desde los grandes grupos del poder concentrado hasta los sectores populares e incluso una parte considerable del campo sindical. Frente a este panorama surge, inevitablemente, una serie de interrogantes que parecen inexplicables. ¿Cómo se entiende que los a priori principales per­judicados por las políticas de reforma de mercado llevadas a cabo por el menemismo, los sectores trabajadores, hayan apoyado medidas que afectaban sus propios intereses?, ¿se trató de un respaldo netamente activo?, ¿qué rol jugó al respecto la implantación del Plan de Convertibilidad?, ¿y el discurso hegemónico neoliberal?

(4) En 1993, el 10% más rico de la población recibió en Argentina el 34.8% del ingreso global, lo que representa un 28.9% más que lo registrado en 1974, al tiempo que el 30% más pobre recibió sólo el 9% del ingreso global, lo que representa un 27.4% menos que lo recibido en 1974. Del mismo modo, la pobreza se incrementó de un 4% en 1974, a un total de 20% en 1992, y el porcentaje de hogares que no llegan a comprar lo necesario para sobrevivir aumentó en 600%. Finalmente, mientras que en 1976 el salario real cayó un 33.6%, para el año 1993 el salario era inferior a la mitad de lo que había sido antes de 1976 (véanse Azpiazu y Nochteff, 1995:8-13).

Este trabajo intentará desentrañar estas cuestiones a partir de un análisis del primer periodo de gobierno de Carlos Menem (1989-1995). Para ello, en una primera etapa polemiza con las corrientes dominan-tes que enfatizan la importancia de la estabilización política en la legitimación de los trabajadores hacia las reformas neoliberales aplicadas por el gobierno, señalando que este tipo de enfoque los lleva a descuidar el rol ejercido por la estabilización monetaria y el fin del “impuesto inflacionario” tras la caótica experiencia de la gestión anterior. En una segunda etapa com­plementa el estudio a partir de un detallado análisis del discurso menemista, en un intento por enriquecer y contribuir a una comprensión más profunda de la complejidad y multidimensionalidad del tema abordado. En particular intenta trascender ciertos análisis reduccionistas que colocan el eje de explica­ción ya sea en los factores “politicistas” que entienden el surgimiento de este tipo de liderazgos como gobernantes “pilotos de tormentas” (que garantizan un orden político frente al caos anterior), ya sea aquellos que se centran en un enfoque instrumentalista, señalando la importancia unidimensional de los factores económicos. En ese contexto, pretende enriquecer y abrir el debate hacia otras realidades latinoamericanas sobre la importancia crucial ejercida por el tipo de discurso de estos líderes que, desde diversos espectros ideológi­cos, presentan sus programas de reforma estructural como la única alternativa posible para evitar el caos, ya sea inflacionario, devaluatorio o de otro tipo, vinculado a las políticas “ineficientes” y “burocráticas” del “estatismo” o del “populismo” demagógico.(5)

Al mismo tiempo, este tipo de estudio puede resultar útil para comprender las estrategias discursivas abordadas por el “pensamiento único” neoliberal en su intento de desprestigiar toda alternativa que proponga algún tipo de regreso a las políticas de “aislamiento” que han mostrado su “evidente” fracaso político, económico y social, y están situadas irremediablemente en un “pasado” caótico que se opone a los nuevos tiempos de modernización tecnológica y progreso vinculados al actual e “inevitable” proceso de inser­ción mundial al orden global.(6)

(5) En esta línea de análisis crítica del “populismo estatizante”, véase particularmente Dornbusch y Edwards (1990). En cuanto a la utilización abusiva del concepto de populismo, remito al lector interesado al trabajo de Ernesto Laclau (2005).

(6) Para un desarrollo de este enfoque de la modernización en clave neoliberal, véase Llach (1997).

Contexto de emergencia del liderazgo menemista

Resulta imposible analizar el éxito del gobierno de Menem sin adentrarnos previamente en el contexto histórico de donde emerge. El mismo nos remite a la trágica crisis del gobierno del radical Raúl Alfonsín (1983-1989). Como se sabe, Alfonsín se vio obligado a renunciar a la presidencia cinco meses antes de finalizar su mandato frente a la imposibilidad de controlar una inédita y feroz hiperinflación. Esta crisis tiene su origen en una fuerte puja distributiva entre las diversas fracciones del sector empresarial, que se remon­ta varias décadas. En efecto, existía una contradicción flagrante dentro de los sectores dominantes entre aquellas fracciones que exigían profundizar las políticas neoliberales iniciadas durante los años setenta para obtener mayores beneficios económicos ―básicamente los acreedores externos―, que ade­más se hallaban en moratoria externa “de hecho” desde abril de 1988(7) y los sectores agroexportadores, que ahora eran dejados de lado debido al nuevo esquema cambiario establecido en el plan(8) y aquellos empresarios industriales diversificados de la denominada “patria contratista”, que pretendían continuar con los beneficios vinculados al Estado protector y regulador (principalmente subsidios directos e indirectos, regímenes de promoción industrial, programas de capitalización de la deuda y contratos con sobreprecios con el Estado).(9)

(7) Imposibilitado de abonar a la deuda externa frente al escaso ingreso de inversiones ex­ternas, en abril de 1988 el gobierno de Alfonsín cayó en moratoria “de hecho”, interrumpiendo incluso los pagos de los intereses de la deuda, que hasta ese momento se habían realizado (Ba-sualdo, 2006:242).

(8) En efecto, en agosto de 1988, en el marco del nuevo plan de estabilización conocido como Plan Primavera, el gobierno estableció un doble mercado de cambios en el que las divisas del sector comercial, es decir, de los sectores agroexportadores, era un 25% inferior al mercado de cambios financiero, que regía para el resto de las transacciones. En ese contexto, el esquema, que buscaba acceder a una parte de las divisas provistas por las exportaciones de materias pri­mas para reducir el creciente déficit fiscal, funcionaba como un “impuesto a las exportaciones” (Ortiz y Schorr, 2006b:463).

(9) Para un análisis detallado de las contradicciones entre las distintas fracciones del sector empresarial durante el periodo de gobierno de Alfonsín, véanse Beltrán (2006), y Ortiz y Schorr (2006b). En cuanto a los beneficios extraordinarios obtenidos por los grupos económicos vincu­lados al accionar estatal, véanse especialmente los recientes trabajos de Ana Castellani (2006), y Ortiz y Schorr (2006a). Para un análisis más amplio de este proceso, véase Basualdo (2006).

(10) En efecto, desde mediados de la década de 1980, los acreedores externos, principalmente el fmi y el bm, comenzaron a exigir la implementación de un conjunto de políticas de ajuste macroeconómico y reforma estructural de mercado, entre las que se incluía la privatización de las empresas públicas, la apertura comercial y financiera, la desregulación de la economía, la disminución del gasto público, el equilibrio fiscal y la defensa de los derechos de propiedad.Estas políticas, que buscaban cobrar a los países de América Latina los préstamos externos adeudados(Plan Baker), se sistematizarían en 1990 a partir del denominado Consenso de Washington (véase Basualdo, 2006).

En ese contexto, el 6 de febrero de 1989 se inició una espiral que mar­caría el recrudecimiento de la puja distributiva. En esta puja intersectorial se enfrentaron la fracción de los acreedores externos, que querían implementar las reformas y los ajustes estructurales que venían defendiendo desde la crisis de la deuda (10) así como los grandes grupos nacionales diversificados, que pretendían que continuara la transferencia de recursos de los regímenes de promoción industrial, los subsidios, los avales estatales y los sobre precios otorgados en los contratos con el Estado (Lozano y Feletti, 1991:122; Ba­sualdo, 2000; 2006). En esta especie de “golpe de mercado”, como lo deno­minaron varios autores, (11) confluyeron la banca extranjera y el gobierno de Estados Unidos, que habían dejado trascender unos días antes de la “corrida” el retiro de su prometido apoyo de 350 millones de dólares al gobierno de Alfonsín debido al incumplimiento de las metas de ajuste previstas (12) y la acción de los grandes grupos empresariales que, temerosos por lo que veían como la inminente victoria del peronismo en las elecciones presidenciales a realizarse dos meses después y, por lo tanto, como un posible cambio en el modelo de acumulación que marcara el retorno a la tradición de “populismo” y “estatismo” del Partido Justicialista(13) procedieron a una remarcación masiva de los precios, al tiempo que generaron un desabastecimiento del mercado interno (Thwaites Rey, 2003:25). Al mismo tiempo, se vieron involucrados los sectores agroexportadores, que retuvieron divisas en su poder o la liquidaron en otras plazas (Martínez, 1991:16; Ortiz y Schorr, 2006b:475), y sectores específicos de la banca local (principalmente del Banco Macro y Banco del Crédito Argentino), favorecidos por su acceso privilegiado a la conducción gu-bernamental (Basualdo, 2006:284).

(11) El denominado “golpe de mercado” ha sido definido como la expresión de “los nuevos modos de los sectores dominantes para imponer sus dictados a un gobierno surgido del voto popular” (Lozano y Feletti, 1991:124). Esta noción ha sido utilizada también, entre muchos otros, por Martínez (1991), Thwaites Rey (1993:51, 2003:26), y Gambina y Campione (2002:37). Desde una visión diferente, compatible con el discurso liberal, Palermo y Novaro sostienen, en cambio, que la crisis radicó en el exceso de demandas de los distintos sectores sociales, que habrían generado un contexto de ingobernabilidad política del aparato estatal (véase Palermoy Novaro, 1996:73-79). Autores como Ortiz y Schorr (2006b), por su parte, señalan que no pue-de hablarse de intencionalidades conjuntas de los actores económicos, por lo que resulta in­adecuado hablar de la existencia de un “golpe de mercado”. Para una crítica más detallada al supuesto acerca de la existencia de una racionalidad estratégica de los agentes económicos, véase Beltrán (2006).

(12) El bm había exigido la reducción del déficit fiscal a la mitad, pero el gobierno se vio imposibilitado de cumplir con lo reclamado. De este modo, y dado que el Estado drenaba cada vez más recursos, los acreedores se quedaban sin satisfacer su demanda de reanudación del pago de la deuda externa, en moratoria “de hecho” desde mayo del año anterior. En ese con­texto, la banca “desplazó el peso del endeudamiento externo de la mesa de negociaciones al mercado cambiario local en un intento de arrebatar parte del superávit comercial a sus dueños, generando una demanda real y potencial de divisas imposible de satisfacer” (véase Lozano y Feletti, 1991:122-123).

(13) Recordemos que Menem formaba parte del mismo partido que había hecho de la justicia social y la redistribución progresiva del ingreso a favor de los trabajadores su mayor conquista. Además, como vimos, había insinuado durante la campaña electoral que iba a regresar a las políticas “productivistas” y anti-mercado que caracterizaban históricamente a la tradición peronista (Gerchunoff y Torre, 1996:735). En ese contexto, uno de los máximos representantes de los sectores más concentrados del capital, Juan Alemann, había expresado temor unos meses an-tes de las elecciones de 1989, ya que las encuestas mostraban que “va a ganar el partido de la inflación y los sindicatos” (citado en Palermo, 1992:89).

En ese contexto, el Banco Central, en concordancia con lo acordado con los empresarios, decidió abandonar la regulación del precio del dólar y se atuvo a utilizar sus escasas reservas (Clarín, 06/02/89). Como consecuencia se inició a partir de ahí una “corrida” bancaria que terminó incrementando fuertemente el tipo de cambio y, en menor medida, se tradujo en un incremento del nivel de precios a principios de abril. En efecto, el precio del dólar, que durante todo enero había aumentado un 7.47%, se incrementó, sólo el 7 de febrero, un 33.3%, con lo que alcanzó una suma total de 65.3% en sólo dos días (Clarín, 08-02-89 y 09-02-89). En la primera semana de marzo, cuando ocurrió el anuncio de las medidas del gobierno, que confirmaban que no iba a liberarse y unificarse el mercado de cambios ―a contramano de lo que venían reclamando insistentemente los sectores ligados al agro, en especial la Sociedad Rural (Clarín, 08-02-89, 10-02-89, 11-02-89, 12-02-89, 16-02-89 y 19-02-89)―, el dólar se elevó un 41%, alcanzando un 67.82% al finalizar ese mes (Martínez, 1991), al tiempo que la tasa de inflación hacía lo propio en un 17% (14) (Página 12, 08-04-89).

A mediados de abril, el nuevo ministro de Economía, Juan Carlos Pu­gliese, (reemplazante del renunciante Juan Vital Sourrouille), unificó y liberó finalmente el doble mercado de cambios, lo que llevó a una disparada del dólar y de las tasas de interés (Página 12, 18-04-89 y ss.). Los exportado­res, sin embargo, no liquidaron sus divisas, lo que agravó aún más la crisis (Página 12, 04-05-89).

En esas circunstancias caóticas, con tasas de interés que oscilaban entre un 80% y 180% mensual (Página 12, 10-05-89), mientras la inflación alcanzaba un 33.4% en abril y un 78.6% al mes siguiente (Clarín, 06-05-89; Página 12, 02-06-89), el 14 de mayo se llevaron a cabo las elecciones presidenciales. La fórmula del peronismo, conformada por la dupla Carlos Menem-Eduardo Duhalde, resultó vencedora con el 47.51%, frente al 32.45% de la dupla radical, Eduardo Angeloz-Juan Manuel Casella (indec, 1998).

(14) Esta elevación mayor del dólar en relación con la tasa de inflación, que a su vez era mayor al incremento salarial, nos muestra la falsedad del discurso neoliberal que sostiene que la hiperinflación fue consecuencia del conflicto distributivo entre el capital y el trabajo (Ortiz y Schorr, 2006b:484-485).

A pesar de la elección del nuevo gobierno, el ánimo de la población no se apaciguó. En efecto, la fuerte caída en los salarios y en el nivel de ocupación (15) junto al incesante incremento de los precios, habían generado un vertiginoso aumento de la marginalidad social (16) En ese contexto se produjeron saqueos de alimentos a supermercados y comercios en cientos de barrios pobres de las ciudades de Córdoba, Rosario, Mendoza y el Gran Buenos Aires (Clarín, 25-05-89, 27-05-89 y 28-05-89). En una muestra de incapacidad para resolver la crisis, el 29 de mayo el presidente Alfonsín decretó el estado de sitio. A pesar de ello, los saqueos se repitieron en Rosario, Mendoza, Córdoba y el Gran Buenos Aires. Al mismo tiempo se realizaron cacerolazos de protesta en la provincia de Salta (Clarín, 29-05-89, 30-05-89 y 31-05-89; Página 12, 09-06-89). En esa situación caótica, que dejaría un saldo acumulado de 14 muertos, 80 heridos y 21 detenidos (Página 12, 02-06-89), y sin el respaldo electoral, sindical ni empresarial, el presidente se vio obligado a renunciar al cargo (Clarín, 01-07-89) y el 8 de julio de 1989, cinco meses antes de finalizar el plazo constitucional, se produjo el traspaso del mando.

(15) Mientras que el salario real se redujo ―entre diciembre de 1988 y junio 1989― entre un48% y un 57% (Página 12, 22-06-89), sólo durante abril y mayo lo hizo en más de un 30% (Clarín, 28-05-89). Por su parte, la cantidad de despidos se incrementó, en sólo 40 días, 1 300%, alcanzando un total de 15 200, frente a sólo 1 140 del periodo anterior (Página 12, 18-06-89).

(16) En este sentido, debemos tener en cuenta que durante el periodo enero-mayo el dólar había aumentado un 966.4%; y productos de la canasta básica, como el café, un 2 850%, el queso 1 000%, el aceite un 993% y el pan un 554%. Al mismo tiempo, el salario básico por convenio sólo lo había hecho un 138.1% (Clarín, 28-05-89 y 30-05-89).




jueves, 28 de diciembre de 2023

NO SOY TAN IMPORTANTE
 
Mi vieja que se preocupa a 10 mil kilómetros
no hables mucho
deja de protestar
claro, ese es el miedo que paraliza
para llevar a cabo su involución
en nombre de la Libertad
No soy tan importante
mañana tengo que ganarme los frijoles
y hacerle el amor a mi mujer
Pongo un rock en mis cascos
corro en la plaza para sentirme bien
a la noche leo a Nietzsche
y ya no creo más en Dios
Hace tanto desde el piso
miro el sueño roto
de que no haya más nadie
bajo el puente viviendo de sol a sol
Ahora viene este
rompiendo todo
vendiendo los noventa como nuevo
rugiendo como si fuera un león
pero eres viejo compadre
también tu solución
Lloraremos por el ojo de la aguja
la nostalgia
no servirá de nada
estaremos famélicos
detrás de este
y los próximos gobiernos podridos
del sur


¿Qué pasó en el mundo que se puso tan policía?
¿Qué pasó con la sangre derramada por la libertad?...








miércoles, 27 de diciembre de 2023

ANDA P´allá BOBO
 
Ahora que viene este
a darnos la “libertad”
este tipo no sabe de qué habla
yo corría descalzo en Lawton
llegue a Moscú sin pagar un sope
ya Martí me lo decía
ser culto para ser libre
eso fue lo que mamé
la tuya es muy vieja payaso
te ayude a decapitar al monarca
luego me metiste 16 horas en fabrica
anda p´allá bobo
a otro con tu cuento
ya sé como sale todo
estuve el 19 en Plaza de Mayo
unos cuantos con mucho
los demás al Riachuelo
Tu leíste a Friedrich
te creíste el verso
yo tengo al otro
que me enseño
ser tu sepulturero
La libertad es cuando nosotros mandemos
no tu espuria minoría
mientras tanto
no me vendas un buzón
que yo camine descalzo en Lawton


Al final del viaje está el horizonte
Al final del viaje partiremos de nuevo
Al final del viaje comienza un camino
Otro buen camino que seguir
Descalzos contando la arena...










 

 

 

martes, 26 de diciembre de 2023

SEGUNDA TEMPORADA
 
¿Y abajo la casta?
Vamos dale,
ni tú te lo crees
¿Qué Sturzenegger es tu amigo?
El amigo de mi amigo es mi amigo
entonces llego la segunda temporada
de una serie mal terminada
que la tuya es más rápida y corta
si si corta
cortas los salarios
cortas la salud
habrá hambre mucho mayor
y vendes por supuesto
que leones y ovejas
pacten en igualdad
la tristeza
sabiendo que yo soy el alimento
el espanto de tu bendición
Ya esto lo vivimos
mi fantasma etéreo
circulando con la espalda pegada al esternón
logró levantarse
a base de penas
rezando por el que no
No fuimos libres
menos lo seremos con vos
¿Y abajo la casta?
Vamos dale,
ni tú te lo crees…

 

Si estamos en la cornisa
Vos sos el empujón…






 AMPARO

Esos vientos tormentosos de tu cintura
eso besos de playa y arena
ese Sol en el centro
son mi isla abandonada
mi amparo en soledad
la pretérita sensación
de que te tengo
a pesar de…
mi no existencia

Dos gardenias para ti
Que tendrán todo el calor de un beso…








jueves, 21 de diciembre de 2023

PARA LA LIBERTAD, SANGRO, LUCHO, PERVIVO

 

La palabra Libertad ha sido manoseada durante mucho tiempo humano, pero al escucharla, a uno que nació en Cuba, lo que primero le viene a la mente es ese 10 de Octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes, el  Padre de la Patria, le dio la libertad a sus esclavos para que lo siguieran, el que quería, a la manigua insurrecta a liberar a Cuba del yugo español.

La palabra Libertad tiene un largo recorrido humano, cuando en el siglo XVIII lo comerciantes burgueses querían decapitar al monarca, esgrimieron La Libertad como su bandera de lucha, y aquello fue tan liberador que hasta sus “sepultureros futuros” juntaron sus manos en aquella asta.

Estamos en shock en el Sur del planeta, un presidente recién votado, “liberal libertario”, según se autodefine acaba de derogar por decreto de “necesidad y urgencia” (no sabemos dónde está la urgencia y pongo en duda algunas como necesarias), cerca de 300 leyes y un sinfín de disposiciones con el “único” objetivo de “dar libertad” a los nuevos esclavos que habitamos estas tierras de Argentina (país generoso que da para todo, inclusive para este “nuevo” Cristóbal Colón).

Todavía estoy leyendo el decreto y creo que llevara varios días “comprender” todo el alcance, aun a sabiendas que como ha declarado hoy el presidente, luego de su comparecencia de ayer, “habrá más”, como se dice, si no quieres, te darán tres tazas. Más allá que esto es un gran Déjà vu, y para ello les dejo la presentación que en su momento hiciera el 31 de Octubre de 1991 el entonces presidente Menem, en esta ocasión el DNU de "MI LEY" tiene una “base teórica” que entonces no tenia, pues Menem (bastante burro el Señor) copiaba las tendencias de un Mundo Capitalista Neoliberal que acaba de poner de rodillas nada más y ni nada menos que a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en su cruzada conocida como “guerra fría”. Menem (“peronista el tipo”) fue una simple marioneta de ese poder que arrasaba como una gran ola el planeta tierra, Milei, un outsider de la política, simbolizando en carne sonante el llamado “que se vayan todos”, con un grito “contra la casta”, prometió redención a los nuevos esclavos.


Uno podría encontrar en ese “mejunje” del decreto firmado por Milei, cosas que te perjudican y cosas que te favorecen, según el lugar que ocupas en la sociedad, hay para todos, pero acercarse al análisis con esa lógica me parece errada, porque a la larga hay “una idea central” que agrupa a la derogación de tantas leyes dispares, a mi entender todo esto se une si la premisa a utilizar es la siguiente: El Estado (el nuevo Monarca para Milei) no tiene que meterse en las relaciones económicas y sociales que se establecen entre privados “iguales”, por tanto todo lo que “coarta” esa relación “libre” debe ser abolido. Acá esta el pollo del arroz con pollo que propone Milei y sabiendo esto nuestra critica debe estar encaminada a poner sobre la mesa la injusticia de tal propuesta partiendo de la base que Milei obvia la realidad concreta no solo de Argentina sino del Mundo actual en el Planeta Tierra.

La sociedad humana y sobre todo la capitalista, que es un símil de la jungla, promoviendo leyes ha tratado de crear “algunas jaulas” donde someter a los “leones” y también nos ha enjaulado a nosotros, los “bambis”, en esta selva. Considerar que todos los ciudadanos en la sociedad capitalista actual somos agentes privados libres, iguales en derechos y acción, no es una premisa ingenua sino lleva consigo una intencionalidad perversa. No estamos en los anales del comienzo del capitalismo, que aun allí tampoco se cumplía esa premisa, ha caído mucha lluvia, y ha costado mucha sangre, sudor y lagrima el capitalismo actual a lo largo de su historia, ya nadie se acuerda de los niños que trabajaban 14 y 16 horas en la minas de Carbón de la Inglaterra del siglo XIX por mencionar algo, han sido 400 años de acumulación de Capital que hoy se presenta con todo su poderío ante el indefenso trabajador. Milei pretende abrir todas las jaulas a la vez en esta jungla, para que leones y bambis pacten sus relaciones económicas y sociales “libremente” en “igualdad de condiciones”, sus pretensiones son macabras porque sabemos quién es el alimento de quien.


 



 

miércoles, 6 de diciembre de 2023

NO HABIA DUDAS

(Martin Menem, dirigirá el Parlamento Argentino y Milei)
 

Puede parecer jactancioso de mi parte decir “no había dudas”, sobre lo que va hacer el gobierno de Milei, pero solo había que escuchar atentamente en medio de sus verborrágicas intervenciones y sacar conclusiones en base a lo vivido o leído. La historia para el que le gusta, suele ser una herramienta poderosa. Por supuesto, los futuros acontecimientos tendrán un grado, más o menos, de creatividad diferente al pasado reciente o histórico, aun siguiendo las mismas recetas, porque las condiciones humanas cambian, pero cuando se esbozan ideas y conceptos practicados en el pasado, uno puede determinar por donde irán los tiros.

Milei no es nada nuevo en esencia, salvo que su peinado y algunas ideas defendidas con ahincó llevan el sello de los nuevos tiempos comunicacionales y de nuevas maneras.

Ya lo habíamos dicho, Milei es el Menemismo Recargado 2.0 o el Macrismo rancio que no pudo ser del 2015 al 2019.  Alguien identifico con “violencia y alevosía” a Milei con un revolucionario, y claro hemos perdido la batalla cultural, la derecha miltoniana, ha tenido la capacidad de recrear su espacio decadente de los 90, enamorando a una juventud, más pendiente de tiktok que su propia existencia. En los nuevos tiempos, aun existiendo tantos pobres no solo en la Argentina sino a lo largo y ancho de este planeta Tierra, “los Che Guevaras” han pasado a una jubilación anticipada ganando la mínima, con lo cual, con una liviandad que da espasmo en la hernia de hiato, a un tipo con traje Armani y tomando café Starbucks pasándose por los pasillos de Wall Street le llamamos “revolucionario”, pero es lo que hay, alguna vez Linera dijo, “es la Ola”, ahora les toco a ellos, sobre todo mas por incapacidades de la izquierda latinoamericana que por logros de la derecha neoliberal que nos azota desde 1973. Claro, los cuatro años de Alberto y Cristina han sido tan desastroso, con 45% de pobreza y 10% de indigencia, en un mar de inflación de 928% en cuatro años, que una parte de la juventud que no vivió el menemismo o era muy chica entonces, recibe en su oídos desentrenados los cantos de Milei “contra La Casta”, como una rebeldía al buen estilo de los 60.

La juventud siempre se ha caracterizado por trasgredir las reglas imperantes, Milei supo robarle el protagonismo de la rebeldía a la izquierda en este país, su mensaje “contra La Casta” ha sido el más brillante, y a su vez su GRAN MENTIRA, que poco a poco desvanecerá el encanto que hoy detenta, a días de asumir como Presidente de “Todos” los Argentinos. Milei ha recurrido precisamente a “La Casta” para formar gobierno, pero lo ha hecho inteligentemente, “su CASTA” es la de los años 90 fundamentalmente (con algunas excepciones, como Caputo y su equipo económico, que tiene su fracaso más reciente con Macri) y es por ello, que la juventud que lo ha apoyado no se ha percatado todavía de la mentira. Ahí están los nombres a la vista de todos, Armando Guibert, Daniel Tillard, Guillermo Francos, Rodolfo Barra, Roque Fernández, Darío Epstein y por si fuera poco, ha colocado en la Presidencia del Parlamento al sobrino de Carlos Saúl Menem.

No son solo los nombres menemistas que lo acompañan, lo acompañan las ideas rancias del menemismo, haciendo en todas sus intervenciones apología de aquel gobierno, como el mejor en la historia democrática de este país. Los postulados de Milei para su próximo gobierno han tenido una única idea central miltoniana “el Mercado y el Estado son principios de organización social antagónicos e irreconciliables”, por tanto se espera un Estado reducido a la nada y las leyes de la jungla del mercado operando en todas las facetas de nuestras vidas. Milei irá a fondo con la implementación de la anterior idea,  sabe que tendrá que hacerlo “RAPIDO”, pues todavía cuenta “con las mieles” de su arrollador triunfo y cuando esa juventud “rebelde” se despierte a su mentira, ya será muy tarde para hacer otras cosas, así que lo que veremos en los próximos tres meses alineado con su idea central será determinante y bastante frustrante para la mayoría que lo voto, porque no hay dudas que la motosierra no solo tocara a “la casta”, si es que la toca, sino se sentirá en una población que ha tocado fondo con el gobierno de Alberto y Cristina.

Los próximos seis meses a partir de Enero serán duros, muy duros, ha repetido sin mentir Milei, el tema es que ya hoy hay millones pasando hambre o a penas llegando a fin de mes, ¿Qué pasará con esas personas?. A los vikingos muertos en combate se les ofrecía el Valhalla, inclusive era fundamental que tuvieran a mano su espada en el momento de su muerte, nunca estuve en esa situación, y nadie regreso para contarlo, después de esos seis meses Milei promete mejorías, pero yo diría que estaríamos más cerca de las descripciones del Valhalla, que sería el lugar donde todos los muertos en combate, mas los Dioses anteriores se preparan junto a Odín para el Ragnarök (la batalla final), es decir “La muerte llegará a todos los seres (de esta) Tierra”. Podrá parecer tétrico lo mío, pero yo viví del 2000 al 2002 y la pobreza llego al 66%. ¿Por qué puede ser distinto?.

 

 

 

 

 

martes, 28 de noviembre de 2023

LA LEY

Finalmente gano Milei y lo hizo con 14,5 millones mientras su contrincante, Massa, adquirió 11,5 millones de los votantes, visto así, ha sido arrollador la manera en que “los libertarios” se impusieron, en términos porcentuales, hubo 11% de diferencia. Para que se tenga una idea, Macri le gano a Scioli (representante del peronismo entonces) por solo 670 000 votos.

Analizando en detalle los resultados del balotaje del pasado 19 de Noviembre y el proceso de campaña acaecido desde la primera elección el 13 de Agosto hasta el desenlace final en el balotaje, podemos apreciar que Milei desde las primeras elecciones PASO (donde se determinan los candidatos de cada partido que se presenta a competir) del 13 de Agosto hasta el 22 de Octubre mantuvo su 30% del electorado y no aumento para nada el mismo, sin embargo el rápido “apoyo” de Macri y Bullrich, los perdedores de la contienda electoral del 22 de Octubre con un 24% de los votos, hizo posible sin lugar a dudas el triunfo final de Milei en el balotaje. La anterior aseveración es válida por supuesto pero no recoge la complejidad de lo que acaba de pasar en la Argentina, y mucho menos de la conformación del gobierno que se viene.

Después de la Pandemia (hecho trascendental si los ha habido a nivel Mundial) Argentina no levanto cabeza, todos los índices macroeconómico y fundamentalmente sociales empeoraron con el tiempo, solo se salvo el desempleo, que tuvo una aplastante mejoría hasta llegar a 6.2%, aunque con una inflación galopante, por segunda vez en la historia argentina, una buena parte de los trabajadores aun rompiéndose el lomo, eran pobres. Y sin esto anterior, que se escribe rápido (y furioso) pero que lleva miles de historias de sufrimientos humanos, no se puede explicar porque gano un tipo como Milei.

Desde Octubre del 2000 que ingrese a este país, he visto de todo, inclusive fui participante activo de las protestas en la noche del 19 y madrugada del 20 de Diciembre del 2001, aun sin entender del todo (tampoco ahora lo entiendo mucho, aunque algunas pistas he captado) el panorama político de esta nación que adopte como mía. Hay una constante, “una ley” que se ha estado cumpliendo desde aquel “bendito”, “QUE SE VAYAN TODOS” del 2001, el argentino promedio decidió dar el voto o quitarlo en función si las cosas le iban bien económicamente o no. Veamos la historia reciente vivida por mí que podría confirmar a mi parecer lo que he llamado “La Ley”.

Con el helicóptero saliendo espantado de la Casa Rosada en el 2001, el pueblo argentino estuvo a los tumbos con cinco presidentes de correcorre, hasta que Duhalde, que de alguna manera precipito la salida De la Rúa en las tinieblas, encauso institucionalmente el país y ordeno con Lavagna al frente del Ministerio de Economía, la paupérrima situación de la gente, no sin antes hacer la “gran estafa del siglo 21”, “el que deposito dólares recibirá dólares, el que deposito pesos recibirá pesos”, sin embargo cumplió con algo prometido en el 2003 llamaría a elecciones, y así fue. En aquel 2003, el pueblo argentino no creía en nadie literalmente y esto se vio reflejado en la dispersión de los votos con varios candidatos entre el 14 y el 24.5% de los votos, finalmente quedaron en carrera para un balotaje, un Menem y un desconocido sureño llamado Nestor Kirchner que impulsaba Duhalde. Menem sabiendo que iba a perder por paliza frente a Néstor no se presento al balotaje, y a sabiendas de ello “dejo” que asumiera Néstor, con un 22.25% que había sacado en las generales, que como se dice acá, enfrentaría una presidencia con poca validación de votos. Pero lo importante a destacar es que según “La Ley” que les enuncie arriba, el argentino promedio ya había conocido las desgracias que Menem había causado y que explotaron con la ineficiencia del Gobierno De la Rúa, que vino a dar continuidad, por tanto votaría, a aquel candidato que impulsaba Duhalde que con Lavagna habían encarrilado la economía.

El Gobierno de Néstor fue sin dudas espectacular, y no lo pongo en mayúscula para no ser exagerado, ahí están los números macros y micros, que nadie puede negar. La idea siempre fue según dicen las malas lenguas y la mía que la repite, que Néstor y Cristina se turnaran en las futuras elecciones, hasta alcanzar el “Olimpo” (todos los políticos tienen un ego grande y acá en la Argentina todos quieren ser como San Martin, por eso las tantas veces “refundada nación”, y sobre todo que sea yo, yo, yo el que lo hizo). La cosa es que después de cuatro buenos años económicos, el argentino promedio voto por Cristina y punto. Cristina en el 2007 con un 45.28% aplastante, sacándole más de 22 punto a Lilita Carrió gano en primera vuelta y comenzó su mandato, que al poco tiempo enfrento grandes dificultades internacionales como la crisis del 2008 en los países “centrales” y serias dificultades con el campo argentino con la famosa ley 125. No obstante Cristina tuvo la pericia, junto a todo su equipo de maniobrar aquellas tempestades que otros le hubieran costado un nuevo helicóptero, pero lo real, real, es que la gente estaba bien económicamente, y cuando llegaron las elecciones del 2011, el argentino promedio dio muestra de su acompañamiento por lo bien que le iba, así que Cristina en aquella inolvidables elecciones arraso como un tsunami, y con un 54.11% de los votos gano en primera vuelta, téngase en cuenta que Cristina le saco 37.3% al segundo que en aquella ocasión era Hermes Binner del Frente Amplio Progresista. Duhalde que se sentía traicionado por los Kirchner se presento en aquellas elecciones y su resultado fue un pobre 5.86% de los votos. Volvía a cumplirse la mencionada “Ley”, que en otras palabras más lunfarda podría decirse “billetera mata galán”, el argentino promedio vota según le vaya bien o no económicamente.

El segundo mandato de Cristina no fue tan bueno como los 8 años anteriores de ella y su esposo, el sistema económico dio muestras de agotamiento y eso se percibió en la calle sobre todo a partir de enero del 2014 y la famosa devaluación de 6 a 8 pesos por dólar de Kicillof (esos números parecen hoy juego de niños, aunque representaba un 33% de devaluación), que entonces era su ministro “marxista” de economía. Hay otros datos macroeconómicos que reafirman lo anterior, si bien la inflación se había mantenido por debajo del 11% anual desde el 2003, el año 2014 fue del 38% y el 2015 fue del 26.9%, aunque a decir verdad estos números también estaba retocados con un INDEC intervenido por el gobierno, en definitiva la gente no es boba y el bolsillo tiene su propio idioma. Hay que decir también que desde el 2003 hasta el 2013 la clase media argentina aumento de 9 millones de personas a 18 millones, algo verdaderamente increíble, y determinados temas que perjudicaban a esa clase social se hicieron presente en el 2010 con el cepo cambiario y las restricciones de dólares para el turismo internacional, que con los años se fueron profundizando, así que llegado el 2014 con una inflación que comenzaba a alterar los ingresos, el descontento popular apareció en las urnas en el 2015 en el balotaje, además de algunas pifias políticas cometidas por Cristina en la entrega de su reinado (no podía por la constitución un tercer mandato). No obstante a lo anterior, Macri que compitió con un ungido por Cristina en el último momento como Daniel Scioli, no gano por mucho, su diferencia fue de apenas 670 000 votos, lo que vuelve a confirmar “La Ley” arriba expresada, la gente sentía malestar económico pero no era para tanto y así se vio reflejado en las urnas con la aparición de la “Revolución de la Alegría” de Macri que como sabemos hoy con  el periódico del lunes, aunque ya personalmente lo había vaticinado, iba ser todo un fracaso.

Macri, apareció con su slogan de “Cambio”, la gente los dos últimos años de Cristina comenzó a sentir algún deterioro económico, quiso probar suerte con otra cosa, aunque a decir verdad, no le entrego un cheque en blanco para que hiciera cualquier cosa, y sobre todo repitiera las barbaridades que había hecho su mentor en los 90, Carlos Saúl Menem, así que Macri se dedico a lo mejor que sabe hacer, que es no trabajar y jugar a la timba, el país lo convirtió en un gran casino, quitando todas las restricciones a que entraran capitales financieros, incluyendo los llamados “capitales golondrinas”, era todo un gran negocio de la ruleta, se traían dólares, se vendían al cambio del peso oficial, se colocaban en las llamadas LEBAC (hoy Leliqs) y con tasas de interés en pesos que no había “ni en los centros espirituales”, tipo 38% anual, las ganancias en pesos se convertían a dólares que vendía libremente el Banco Central y se los llevaban del país. Para mas compresión de cómo Macri convirtió a la Argentina en “Las Vegas del Sur” solo les comento un dato, las llamadas Inversiones Extranjeras Directas que son las que importan para el desarrollo de un país, porque implica invertir en empresas , en la producción de algún bien a largo plazo, estuvieron en el orden de los 8 mil millones de dólares anuales, por debajo de los 10 000 millones anuales de promedio en la época de Cristina que tenia restricciones importante internacionales para acceder a créditos, debido  a los 15 000 millones que le debía a los fondos buitres, que por cierto Macri pago apenas asumió su mandato para así acceder libremente a las grandes mesas de dinero del Mundo Capitalista.

La “Revolución de la Timba” para pocos de Macri y no de la “Alegría” para muchos como había enunciado en su campaña electoral, terminó en abril del 2018, y desde ese momento se vivió una espiral vertiginosa descendente de todos los parámetros macroeconómicos, pero sobre todo lo fundamental, la inflación nos comió vivos y coleando, nuestros ingresos se pulverizaron junto con un aumento del desempleo que hacía años no se veía. Macri acudió al FMI como la tabla salvadora del ahogado, y pidió la frijolera suma de 44 mil millones de dólares y para colmo el Fondo violando sus estatutos le prestó el crédito más grande desde su fundación en 1944 para que de alguna manera ganara las elecciones del 2019.

Pero…, siempre hay un “pero”, se volvió a verificar “La Ley”, la gente estaba mal económicamente y le haría pagar en las urnas sus jueguitos de blackjack en las mesas de dinero internacional. Así que llegado Octubre del 2019 Alberto y Cristina le dieron una paliza al Macri timbero, de tal manera que con 48.24% de los votos en primera vuelta se coronaron Presidente y Vice por cuatro años. La diferencia obtenida por esta fórmula de Alberto-Cristina fue de 8%. Como hemos estado viendo “La Ley” expresada tiene un concepto importante: La diferencia de votos entre el ganador y el segundo en las elecciones presidenciales es directamente proporcional al estado económico del argentino promedio.

Si ahora venimos a estos últimos cuatro años, “La Ley” se vuelve a reafirmar y de paso explica porque Milei gano estas elecciones, mas aun la propia Ley explica porque el argentino promedio busco un outsider de la política argentina para darle su voto contundente finalmente. Los datos macroeconómicos y sociales que deja el gobierno de Alberto conducido por Massa en el último año, son tan malos, pero tan malo, que el argentino promedio habiendo pasado recientemente por la experiencia de Macri, no encontró ningún referente en esos dos partidos para depositar su esperanza de salir adelante.

Si nos detenemos en las siguientes cifras, como son un 45% de pobreza, 10% de indigencia y una inflación del 140% está todo dicho.

Personalmente creo que Milei empeorara las cosas, y ojala me equivoque, quisiera de veras equivocarme porque si pensábamos que ya habíamos tocado fondo, y se viene algo más abajo, no sé realmente como será, escapa a toda compresión e imaginación, además que acá no hay nigromante que valga, aunque...

si seguimos “La Ley” y al argentino promedio no le va bien económicamente, ya sabemos al menos que le pasara a Milei en el 2027.


A bordo de esta expedición
Va un loco, un albañil, un nigromante, un ruiseñor
Y un beso espadachín
Nos falta un día, un niño, un don para sobrevivir...


 



 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

 

ANGEL A…
 
Eran tus pollitos
aun cuando eran grandes en el corral
yo vi sin que nadie me contara
la dedicación
tu impronta
yendo de la cocina al living
También me cobijaste como uno más
no me olvido de tus canelones
y tu pícara sonrisa
cuando hablabas de las locuras
de ese que te cuido
cuando más lo necesitabas
Fuiste madre y esposa leal
claro, con tus miedos
a este Mundo chiflado
Te toco ver partir a tu amor
de toda la vida
creo que una parte grande tuya
se fue con él
Mujer hermosa y coqueta
como los ángeles
viniste a recordarnos
que hay que ser feliz
gastando poca plata